JEGUGERI_1970
Usuario (Argentina)
REPARE SU AUTOMÓVIL SIN PERCANCES Kevin tenía experiencia en cambiar el aceite del motor, así que sabía muy bien cómo quitarle el tapón al cárter para vaciarlo y luego volver a ponerlo. Pero en una ocasión, mientras trataba de girarlo con fuerza, se le resbaló la llave, se golpeó la mano contra una afilada pieza metálica y se hizo un corte en la palma por el que tuvo que recibir varios puntos. AL IGUAL que Kevin, muchas personas acostumbran arreglar ellas mismas su automóvil, a veces sencillamente por ahorrar. Además, tener unas ideas básicas sobre su mantenimiento y reparación conlleva otros beneficios. “Durante un viaje largo por carretera, mi vehículo sufrió una avería —cuenta una conductora llamada Kathy—. Como tenía ciertas nociones de mecánica, logré solucionarla yo sola y continuar la marcha.” Es posible que usted también desee mantener y reparar su vehículo. Ahora bien, ¿cómo hacerlo sin sufrir percances? Más vale prevenir Ante todo, la seguridad es prioritaria.* Como ilustra la experiencia de Kevin, es fácil lastimarse al trabajar en espacios reducidos o al hacer fuerza con una herramienta. ¿Cómo evitarlo? Al apretar una tuerca, asegúrese de encajar bien la llave y prever adónde irá la mano si se le escapa. Estará más protegida si usa guantes o se la envuelve con un trapo. Si es posible, tire de la herramienta hacia usted, y no hacia fuera, pues así controlará mejor la fuerza que ejerce. Igualmente, cuando afloje una tuerca atascada, trate de girarla solo un cuarto de vuelta cada vez. La precaución y la seguridad son esenciales y nunca deben descuidarse porque ande con prisa. Muchos accidentes se producen por no emplear la herramienta precisa. En cierta ocasión se le hizo difícil a Tom cambiar las bujías. ¿Por qué? Se debía a que utilizaba una llave de tubo (o de dado) tan corta que se le salía constantemente de la primera bujía. Al final puso una extensión entre esta y la carraca (matraca), y así logró cambiar las cinco bujías restantes en el mismo tiempo que le tomó la primera, y sin hacerse daño. ¿La lección? Disponer de la herramienta adecuada resulta fundamental. ¿Cómo evitar que le entre algo en los ojos al trabajar bajo el automóvil o el tablero de mandos? “Use gafas u otro protector —aconseja Sean, quien lleva más de diez años de mecánico—. En mi lugar de empleo es obligatorio utilizar ese equipo de seguridad.” También debe protegerse los ojos si está cerca de líquidos peligrosos, como el ácido de la batería. Cuando trabaje bajo el vehículo, utilice siempre gatos de pedestal adecuados, un elevador profesionaloun foso de reparaciones reforzado. Nunca se coloque bajo un automóvil sostenido solo por un gato normal. Algunos manuales del propietario indican dónde deben colocarse los gatos de pedestal a finde proporcionarle el mejor apoyo. Aun así, tenga en cuenta que un movimiento brusco —como el que se realiza al aflojar una tuerca atorada— pudiera mover el coche y sacarlo de los apoyos. Anticípese a las sorpresas peligrosas El vehículo contiene elementos que se calientan mucho y pueden producir quemaduras. Por ejemplo, una vez apagado el motor, el agua del radiador se mantiene a temperatura elevada por algún tiempo. Así pues, no retire la tapa hasta que se enfríe y pueda tocarse sin guantes. En algunos casos, el ventilador del radiador es eléctrico y se pone en marcha de forma automática, aunque el motor no esté encendido. A fin de evitar accidentes, desconecte la toma de tierra de la batería antes de iniciar las reparaciones. Muchos accidentes se producen por no emplear la herramienta adecuada Asimismo, despójese de anillos y alhajas, en especial si el motor está funcionando, pues las joyas metálicas pueden causar un cortocircuito o ponerse al rojo vivo, además de engancharse. De igual modo, las mangas sueltas, corbatas y pañuelos, e incluso el cabello largo, pueden enredarse en piezas que estén en movimiento. Una vez concluida la reparación, hay que seguir una última regla. “Verifique que todo funcione bien —dice Dirk, dependiente de un concurrido taller—. En cierta ocasión, un mecánico olvidó hacerlo después de haber revisado los frenos. Estos fallaron, y el automóvil chocó contra mi escritorio.” Qué hacer en caso de emergencia Cierto día, Tom notó que se recalentaba el motor. Se había roto un manguito, y el radiador perdía agua. Lo arregló provisionalmente utilizando cinta adhesiva especial que guardaba en el vehículo y echándole una mezcla de anticongelante y agua al radiador. Enseguida se dirigió a una tienda de repuestos a comprar un manguito nuevo. Esto ilustra la necesidad de estar preparado y llevar el equipo de reparaciones necesario. Cuando conduzca, esté pendiente de los ruidos y olores extraños. Yvonne, por ejemplo, notó que del motor salía un olor raro. Su esposo lo inspeccionó y vio que la parte superior del manguito del radiador tenía un orificio del que salía un chorrito de anticongelante. Como lo detectaron antes de que se recalentara el automóvil, pudieron llegar a un taller. ¿Qué hacer si se avería el vehículo en la carretera? Primero, hay que apartarlo de la calzada todo lo posible. Los pasajeros, y en particular los niños, deben permanecer dentro con los cinturones abrochados. Si usted tiene que estar fuera, no se acerque al tráfico. Además de encender las luces de emergencia, puede indicar que tiene una avería dejando levantada la cubierta del motor. Con precaución coloque reflectores u otras señales. Si se ha descargado la batería y decide conectarla a la de otro vehículo, no olvide que las baterías producen un gas muy inflamable y que basta una chispa para incendiarlo y causar una explosión que le salpique ácido corrosivo. Por tanto, si usted o quien le esté ayudando no están seguros de cómo manipular los cables de arranque, esperen a recibir ayuda. Como vemos, el mantenimiento del automóvil es una responsabilidad importante. Así pues, sea que trabaje en él para resolver una emergencia o darle el mantenimiento necesario, nunca olvide que la seguridad es lo primordial. * Al realizar por primera vez una tarea, tenga a mano el manual de reparaciones o pida ayuda a un amigo experimentado. Si el vehículo contiene algún sistema computarizado u otro adelanto tecnológico, mejor llévelo a un mecánico que cuente con el instrumental y la experiencia necesarios. Equipo indispensable Rueda de repuesto y gato Cables de arranque Balizas o reflectores Herramientas y gafas protectoras Linterna Recipientes adicionales (de aceite, agua, anticongelante y líquido de frenos) Cinta adhesiva Fusibles de repuesto Cuerda de remolque (en algunos lugares la ley solo permite que remolquen vehículos las grúas autorizadas) Caja para mantener las herramientas ordenadas y los recipientes en posición vertical Quizás desee llevar otros artículos para las reparaciones. No obstante, algunas asociaciones de asistencia en carretera son reacias a intervenir en un coche cuyo propietario haya empezado a repararlo por su cuenta. Si usted pertenece a alguna de tales asociaciones, averigüe qué tipo de reparaciones están permitidas. Publicado en ¡Despertad!

La crianza de niños con necesidades especiales DE NUESTRO CORRESPONSAL EN FINLANDIA Markus (a la izquierda) tiene 20 años de edad, pero no puede comer, beber, ni bañarse sin ayuda. Duerme mal y hay que estar pendiente de él por las noches. Como es propenso a los accidentes, a menudo necesita primeros auxilios. Pero sus padres lo quieren muchísimo. Valoran su carácter tranquilo, amable y cariñoso, y aunque padezca discapacidades, se sienten orgullosos de él. Temas relacionados: Las dificultades han fortalecido nuestra confianza en Jehová Niños con problemas de aprendizaje Presten a sus hijos la atención que necesitan LA Organización Mundial de la Salud calcula que el 3% de la población mundial sufre algún tipo de retraso mental. Este tipo de discapacidad se debe, entre otras causas, a factores genéticos, lesiones en el parto, infecciones cerebrales en la primera infancia y carencias en la alimentación, así como a la exposición a fármacos, drogas, alcohol o sustancias químicas. En la mayoría de los casos se desconoce el origen del trastorno. ¿Cómo viven los padres la experiencia de tener un hijo con necesidades especiales? ¿De qué forma podemos animarlos? Cuando se recibe la mala noticia Las dificultades comienzan desde el momento en que los padres se enteran de que el niño padece una discapacidad mental. Sirkka recuerda: “Al oír que nuestra hija tenía el síndrome de Down, fue como si la casa se nos hubiera caído encima”. Anne, la madre de Markus, relata: “Cuando me dijeron que el niño padecería retraso mental, me preocupé por cómo lo verían otros. Pero pronto superé esa etapa y me concentré en sus necesidades y en lo que podía hacer por él”. Otra madre llamada Irmgard reaccionó de forma parecida: “Cuando los médicos nos explicaron que nuestra hija Eunike sufría una discapacidad, solo pensé en cómo podría ayudarla”. Tras un diagnóstico de ese tipo, ¿con qué opciones cuentan padres como Sirkka, Anne e Irmgard? El Centro Nacional de Diseminación de Información para Niños con Discapacidades recomienda: “Una de las primeras cosas que usted puede hacer [...] es colectar información [...] sobre la discapacidad de su niño, sobre los servicios disponibles, y sobre cosas específicas que usted puede hacer para ayudar a su niño a desarrollarse al mayor grado posible”. De este modo sabrá las medidas que debe adoptar y los objetivos que debe trazarse al cuidar a su hijo. Es algo muy parecido a ir marcando en un mapa el itinerario de un viaje, anotando la distancia recorrida y los lugares visitados. Un rayo de esperanza A pesar de las dificultades, tras la nube negra que supone la discapacidad mental infantil asoma un rayo de esperanza. ¿En qué sentido? En primer lugar, a los padres les consolará saber que por lo general estos niños no sufren. El doctor Robert Isaacson explica en su libro The Retarded Child (El niño retardado mental): “La mayoría son felices, disfrutan de la compañía de otras personas —como sus amigos—, de la música, algunos deportes y la buena comida”. Aunque sus logros sean menores y su mundo sea más reducido que el de los niños normales, a menudo son más felices en su “casita” que los niños normales en su “castillo”. En segundo lugar, los padres tienen motivos para sentirse orgullosos de los logros que con gran esfuerzo alcanza su hijo. Para el niño, aprender cualquier tarea nueva es como escalar una montaña elevada, así que tanto él como sus padres tienen ante sí la satisfacción de mirar desde la cumbre todo lo que han subido. Pongamos por caso a Bryan, que padece esclerosis tuberosa, convulsiones y autismo. Aunque es inteligente, no puede hablar y apenas controla las manos. No obstante, ha conseguido aprender poco a poco a beber de una taza medio llena sin derramar el contenido. Alcanzar este grado de coordinación entre mente y cuerpo ha permitido a Bryan tomar por sí solo su bebida favorita, la leche. Los padres de Bryan ven este logro como otra pequeña victoria sobre sus discapacidades. Laurie, su madre, afirma: “Nuestro hijo es como los árboles de madera noble. Aunque no crecen tan rápido como los demás, dan madera de gran calidad. De igual modo, los niños con discapacidades se desarrollan lentamente, pero para sus padres son como pequeños robles y tecas de valor duradero”. Los niños con discapacidades mentales, como Eunike, siguen necesitando cariño cuando crecen En tercer lugar, a muchos padres les reconforta que estos niños sean por lo general muy cariñosos. Irmgard cuenta: “A Eunike le gusta acostarse pronto y siempre da un beso a cada miembro de la familia antes de irse a la cama. Si se va a dormir antes de que volvamos, deja una nota disculpándose por no estar levantada. Añade que nos quiere y que está deseando vernos por la mañana”. Markus no puede hablar, pero con gran esfuerzo aprendió unas palabras en lenguaje de señas para decirles a sus padres que los quiere. Los padres de Tia, que padece una discapacidad progresiva, expresaron así sus sentimientos: “Ella llena nuestra vida de amor, ternura, afecto, abrazos y besos”. Sobra decir que este tipo de niños necesitan que los padres les brinden expresiones constantes de amor y cariño, tanto verbales como físicas. En cuarto lugar, los padres cristianos sienten una satisfacción profunda cuando sus hijos manifiestan fe en Dios. Un buen ejemplo es el de Juha, quien, durante el funeral de su padre, sorprendió a todo el mundo cuando pidió permiso para pronunciar una breve oración, en la que dijo que creía que Dios tenía en su memoria a su padre y que iba a resucitarlo a su debido tiempo. Luego rogó a Dios que ayudara a los miembros de su familia y los mencionó a cada uno por nombre. De igual manera, la confianza de Eunike en Dios hace felices a sus padres. Ella no llega a entender todo lo que aprende. Por ejemplo, conoce muchos personajes bíblicos, pero en su mente no los relaciona; son como piezas de un rompecabezas que no forman un cuadro completo. No obstante, capta la idea de que el Dios Todopoderoso librará un día a la Tierra de todos sus problemas. Eunike anhela vivir en el prometido nuevo mundo de Dios, donde gozará de plenas facultades mentales. ¿QUÉ PUEDEN HACER LOS PADRES? Informarse para saber más sobre la discapacidad de su hijo. Tratar de mantener una actitud positiva. Ayudar al hijo a desarrollar sus posibilidades de independencia. Pedir a Dios valor, esperanza y fuerzas. ¿QUÉ PUEDEN HACER OTRAS PERSONAS? Comunicarse de forma inteligente y sincera con el niño. Hablar con los padres sobre el niño y reconocer la labor que realizan. Tener en cuenta sus sentimientos y tratarlos con consideración. Participar en actividades con los padres y las familias de niños con necesidades especiales. Fomentar una menor dependencia Los niños discapacitados mentales no vivirán siempre en la infancia; crecerán y se harán adultos, igualmente discapacitados. Por ello, conviene que los padres los ayuden a no ser más dependientes de lo necesario. Anne, la madre de Markus, asegura: “Aunque para nosotros resultaba más fácil y rápido hacer todo por él, nos esforzamos al máximo por ayudarlo a lograr por sí solo todo lo que pudiera”. La madre de Eunike añade: “Tiene muchas cualidades extraordinarias, pero a veces es terca. Para conseguir que haga algo que no quiere, tenemos que apelar a su deseo de agradarnos. E incluso cuando acepta realizar la tarea, debemos estar pendientes y animarla hasta que la termina”. Laurie ha enseñado a su hijo Bryan a escribir en la computadora, fomentando así su independencia Laurie, la madre de Bryan, busca constantemente maneras de hacer más plena la vida de su hijo. Durante un período de tres años, Laurie y su esposo enseñaron a Bryan a escribir en una computadora. Ahora Bryan tiene la inmensa satisfacción de enviar mensajes electrónicos a la familia y los amigos. Pero necesita que alguien le sostenga la muñeca mientras escribe. Sus padres lo están ayudando a progresar hasta el punto en que solo precise apoyo en el codo. Saben que esa distancia mínima del codo a la muñeca representa un enorme aumento de independencia. Sin embargo, los padres no deberían esperar demasiado del hijo o presionarlo en exceso. Las posibilidades de cada niño son diferentes. El libro The Special Child (El niño con necesidades especiales) sugiere: “Lo más sensato es mantener el equilibrio fomentando la independencia del menor y dándole al mismo tiempo la ayuda necesaria para que no se frustre”. La mayor fuente de ayuda Los padres de un niño discapacitado necesitan gran paciencia y aguante. No es raro que, al acumularse los problemas, pasen por rachas de desesperación, se agoten, lloren o se autocompadezcan. ¿Con qué ayuda cuentan? Pueden acudir a Dios, el “Oidor de la oración” (Salmo 65:2). Él nos da valor, esperanza y fuerzas para aguantar (1 Crónicas 29:12; Salmo 27:14). Nos consuela en nuestro dolor y desea que nos “regoc[ijemos] en la esperanza” que proporciona la Biblia (Romanos 12:12; 15:4, 5; 2 Corintios 1:3, 4). Los padres devotos pueden estar seguros de que en el futuro, cuando los ciegos vean, los sordos oigan, los cojos anden y los mudos griten de gozo, su querido hijo disfrutará también de salud física y mental perfecta (Isaías 35:5, 6; Salmo 103:2, 3). http://watchtower.org/images/200604b/28.jpg Cómo pueden ayudar otras personas Tal como el público admira la resistencia de los corredores de maratón, es posible que usted se maraville del aguante de los padres que cuidan de un hijo con discapacidad, veinticuatro horas al día, siete días a la semana. Siguiendo el ejemplo del maratón: a lo largo de la ruta, la gente suele ofrecer a los corredores botellas de agua para ayudarlos a continuar. De igual modo, ¿puede usted brindar apoyo a los padres que cuidan de por vida a un hijo con necesidades especiales? Una forma de colaborar consiste simplemente en hablar con el niño. Puede que al principio usted se sienta incómodo, pues quizás obtenga poca o ninguna respuesta. No obstante, tenga en cuenta que a muchos de estos niños les gusta escuchar y es probable que reflexionen sobre lo que usted diga. En algunos casos su mente es como un iceberg cuya parte principal está bajo la superficie, y es posible que la expresión de su rostro no revele sus sentimientos más profundos.* La doctora Annikki Koistinen, especialista en neurología pediátrica, da las siguientes recomendaciones para facilitar la conversación: “Al principio quizás convenga hablarles sobre la familia o los pasatiempos. Diríjase a ellos de acuerdo con su edad, no como si estuviera hablando con personas más jóvenes. Mencione un solo tema a la vez, usando frases cortas. Deles tiempo para pensar en lo que usted está diciendo”. Los padres también necesitan conversar. A usted le será cada vez más fácil ponerse en su lugar al ir comprendiendo mejor los desafíos emocionales a los que se enfrentan. Por ejemplo, Anne, la madre de Markus, anhela conocer mejor a su amado hijo. La entristece que él no sea capaz de hablar con ella y explicarle lo que pasa por su mente. También le preocupa morir antes que su hijo y dejarlo huérfano. Sin importar cuánto hagan los padres de un niño con discapacidad mental para cuidarlo, a menudo sienten que deberían estar haciendo más. Laurie, la madre de Bryan, se reprocha cualquier pequeño error que comete al cuidarlo. También se siente culpable por no haber podido dar más atención al resto de sus hijos. El interés y respeto que se muestre por tales padres y sus sentimientos los dignifica y fortalece, tanto a ellos como a sus hijos. A este respecto, Irmgard admite: “Agradezco que me hablen de mi hija. Siento cariño por quienes están dispuestos a compartir las sonrisas y las lágrimas de mi vida con Eunike”. Hay muchas formas adicionales de ayudar a estas familias, tanto en cosas grandes como pequeñas. Tal vez pueda invitarlos a su hogar o incluirlos en actividades de su familia. O quizás le sea posible pasar algunas horas con el niño mientras los padres descansan. * Vea el artículo “Loida rompe el silencio” en ¡Despertad! del 8 de mayo de 2000.http://watchtower.org/images/200604b/26a.jpg Mostrar interés genuino dignifica a los padres y al hijo Publicado en ¡Despertad!
CÓMO AFRONTAR la tartamudez “Cuando tartamudeo, me pongo nervioso y hablo aún peor. Es como si estuviera en un hoyo profundo del que no puedo salir. En cierta ocasión, una psicóloga me dijo que necesitaba una novia... alguien con quien tener sexo para aumentar mi autoestima. Por supuesto, nunca más volví a consultarla. Tan solo quería que los demás me aceptaran como soy.” (Rafael, de 32 años) Tema relacionado: Cómo reducir el estrés IMAGÍNESE cómo se sentiría si al tener que pedir un simple billete de autobús le entrara un sudor frío y, cuando intentara hablar, se le atascaran las palabras y no pudiera pasar del primer sonido. Pues eso es lo que viven a diario unos sesenta millones de personas —1 de cada 100— en todo el mundo. A menudo son objeto de bromas y discriminación, y puede que hasta se les considere poco inteligentes porque sustituyen las palabras difíciles por otras más sencillas de articular. ¿Cuáles son las causas de la tartamudez? ¿Tiene cura? ¿Hay algo que los afectados puedan hacer para mejorar su fluidez?* ¿Y cómo pueden ayudarles los demás? ¿Se conocen las causas? En la antigüedad se creía que la tartamudez era causada por espíritus malignos que había que expulsar de la persona. En la Edad Media se le echó la culpa a la lengua. ¿Y cómo se “remediaba”? ¡Con hierros candentes y especias picantes! En siglos posteriores, los cirujanos cortaban nervios y músculos de la lengua y hasta extirpaban las amígdalas. Pero ninguno de esos métodos tan radicales surtió efecto. Estudios recientes sugieren que la tartamudez se debe a la combinación de varios factores. Uno de ellos tal vez sea la respuesta de la persona al estrés. Otro pudiera ser la herencia genética, pues alrededor del 60% de los afectados tienen parientes con el mismo problema. Además, las investigaciones con imágenes neuronales indican que el cerebro de un tartamudo procesa el lenguaje de manera distinta al resto de las personas. Algunos “quizás empiecen a hablar antes de que el cerebro les dicte cómo articular las palabras”, opina el doctor Nathan Lavid en su libro Understanding Stuttering (¿Qué es la tartamudez?).# Por consiguiente, la causa principal tal vez no sea necesariamente psicológica, como en un tiempo se creyó. “En otras palabras, no es cuestión de convencerse de que uno puede dejar de tartamudear sin más”, afirma el libro No Miracle Cures (No existen curas milagrosas). No obstante, la tartamudez sí puede provocar trastornos psicológicos en quienes la padecen. Por ejemplo, quizás sientan miedo ante ciertas situaciones, como hablar en público o por teléfono. CÓMO AYUDAR A ALGUIEN QUE TARTAMUDEA Genere un ambiente relajado y sin prisas. El ritmo acelerado y las tensiones de la vida moderna suelen acentuar el problema. En vez de decirle que hable más despacio, ponga el ejemplo haciéndolo usted. Escuche con paciencia. No lo interrumpa. No acabe las frases por él. Haga una pausa antes de responderle. No lo critique ni corrija. Su mirada, gestos, lenguaje corporal y comentarios deben indicarle que usted se fija en lo que dice, no en cómo lo dice. La tartamudez no debe ser un tema tabú. Sonreír amigablemente y, de vez en cuando, hablar con bondad del problema logrará que la persona se sienta cómoda. Tal vez pueda decirle algo así: “A veces cuesta comunicar lo que queremos decir, ¿verdad?”. Sobre todo, muéstrele que usted lo acepta tal como es. Es posible mejorar Curiosamente, por lo general quienes tartamudean son capaces de cantar, susurrar, hablar consigo mismos o con sus mascotas, hablar a coro o representar personajes con una fluidez total o casi total. Además, el 80% de los niños afectados se curan solos. Pero ¿y el otro 20%? Hoy día existen programas terapéuticos que ayudan a mejorar la fluidez. Algunas técnicas de logopedia entrañan relajar la mandíbula, los labios y la lengua, así como respirar con el diafragma. Los pacientes también pueden aprender a realizar “iniciaciones suaves”, que consisten en aspirar brevemente con el diafragma y liberar un poco de aire justo antes de empezar a hablar. Además, se puede tratar de prolongar las vocales y ciertas consonantes. La velocidad del habla va aumentando a medida que mejora la fluidez. Aprender esas técnicas toma unas pocas horas, pero saber usarlas en situaciones de tensión puede exigir miles de horas de práctica. ¿A qué edad debe comenzar tal aprendizaje? ¿Es conveniente esperar a ver si el niño supera la tartamudez por sí solo? Las estadísticas muestran que menos del 20% de los niños que tartamudean durante cinco años la superan por sí solos. El libro No Miracle Cures señala: “Para cuando el niño tiene seis años, es improbable que se cure sin un programa terapéutico [...]. [Por tanto,] los niños que tartamudean deben llevarse a un especialista lo antes posible”. Del 20% de niños en los que el problema no desaparece solo, entre el 60 y el 80% responden bien al tratamiento.% “POCO A POCO DEJÉ DE TARTAMUDEAR” Víctor tartamudeó varios años, en una época de mucha tensión familiar. Sin embargo, superó su problema sin someterse a ninguna terapia. Como es testigo de Jehová, se matriculó en la Escuela del Ministerio Teocrático, que se celebra semanalmente en todas las congregaciones. Aunque esa escuela no está concebida para tratar problemas del habla, lo cierto es que mejora la oratoria de los estudiantes y les infunde más confianza en sí mismos. El libro de texto empleado se titula Benefíciese de la Escuela del Ministerio Teocrático. Bajo el encabezamiento “Cómo hacer frente a la tartamudez”, el libro dice: “Es importante no rendirse. [...] Si se le asigna un discurso, prepárese bien. Cuando lo pronuncie, enfrásquese en él [...]. Si empieza a tartamudear, esfuércese por mantener la calma y controlar la voz. Relaje los músculos de la mandíbula. Construya oraciones breves y reduzca al máximo el uso de muletillas como ‘eh...’ y ‘este...’”. ¿Le ayudó a Víctor la escuela? Él contesta: “Me concentraba en lo que iba a decir y no en cómo iba a decirlo, tanto que me olvidaba de que tenía el problema. También ensayaba mucho. Y poco a poco dejé de tartamudear”. Sea realista Según el logopeda Robert Quesal, quien también sufre tartamudez, la fluidez perfecta en toda circunstancia no es una meta realista para la mayoría de quienes sufren este trastorno. Rafael, mencionado al principio, no ha podido vencerlo por completo, si bien su fluidez ha mejorado. Él dice: “Mi problema se nota más cuando tengo que leer o hablar en público o si converso con alguna muchacha atractiva. Antes me cohibía, pues la gente se burlaba de mí. Pero últimamente trato de aceptarme como soy y no me tomo demasiado en serio. Así que ahora tal vez me ría cuando me atasco, pero enseguida trato de relajarme y seguir hablando”. Los comentarios de Rafael reflejan el punto de vista de la Fundación Americana de la Tartamudez, la cual afirma que “superar la tartamudez es más una cuestión de perder el miedo a tartamudear que de esforzarse por no hacerlo”. Hay muchos que no han permitido que este problema les amargue la vida. Algunos hasta se hicieron famosos, como el físico Sir Isaac Newton, el estadista británico Winston Churchill y el actor estadounidense James Stewart. Otros han desarrollado habilidades no verbales, como tocar un instrumento, pintar o aprender lenguaje de señas. Quienes hablamos sin dificultad debemos valorar el gran esfuerzo que hacen las personas que tartamudean. En efecto, se merecen todo el estímulo y apoyo que podamos darles. * En este artículo se emplea el género masculino porque más del 80% de quienes tartamudean son varones. # Aunque tienen elementos en común, las teorías actuales en cuanto a las causas y el tratamiento de la tartamudez difieren. ¡Despertad! no favorece ninguna opinión ni tratamiento en particular. % En algunos casos, los especialistas recomiendan aparatos que retardan la recepción del sonido de la propia voz o medicamentos que reducen la ansiedad conectada con la comunicación oral. Publicado en ¡Despertad!
propagan ENFERMEDADES Artículos de esta serie: Enfermedades transmitidas por insectos: un problema cada vez mayor ¿Por qué han resurgido? ¿Mejorará la situación algún día? ¿Cómo protegerse? Temas relacionados: Los microbios resistentes: una amenaza mundial Tuberculosis: el retorno de una asesina La vida en un pacífico nuevo mundo ENFERMEDADES TRANSMITIDAS POR INSECTOS un problema cada vez mayor AL CAER LA NOCHE en cierto país latinoamericano, una madre arropa con ternura a su hijo pequeño y le desea felices sueños. Pero en la oscuridad, una vinchuca negra y reluciente de casi tres centímetros de largo cae de una grieta del techo sobre la cama. La chinche se desliza por el rostro del niño dormido y, de forma casi imperceptible, perfora con el pico su tersa piel. Mientras se atiborra de sangre, deposita su excremento, cargado de parásitos. Sin despertarse, el niño se rasca la cara y restriega por la herida las heces infectadas. La vinchuca Como consecuencia de este encuentro, el pequeño contrae el mal de Chagas. Al cabo de una o dos semanas, le sube mucho la fiebre y su cuerpo se inflama. Si sobrevive, los parásitos anidarán en él y le invadirán el corazón, el sistema nervioso y los tejidos internos. Tal vez no presente ningún síntoma durante diez o veinte años, pero en algún momento quizá sufra lesiones en el tracto digestivo, infección cerebral y una insuficiencia cardíaca que le provoque la muerte. Aunque este relato es ficticio, describe de forma realista cómo puede contraerse el mal de Chagas. En Latinoamérica, millones de personas corren el peligro de recibir el beso letal de la vinchuca. Actualmente, 1 persona de cada 6 padece una afección transmitida por los insectos La mosca doméstica lleva agentes patógenos en sus patas Compañeros de múltiples patas “La mayoría de las infecciones febriles graves que contrae el hombre se deben a microbios transmitidos por insectos”, señala la Encyclopædia Britannica. Mucha gente suele utilizar el término insecto para nombrar no solo a los insectos propiamente dichos —seres invertebrados de seis patas, como las moscas, las pulgas, los mosquitos, los piojos y los escarabajos—, sino para referirse a criaturas de ocho patas, tales como las garrapatas y demás ácaros. Los científicos engloban a todos estos animales en una categoría más amplia: los artrópodos, una de las clasificaciones más numerosas del reino animal, que comprende al menos un millón de especies conocidas. Casi todos los insectos son inofensivos para el ser humano, y algunos son muy beneficiosos. Sin ellos no se polinizarían multitud de flores ni producirían fruto una gran cantidad de plantas y árboles, de los que se alimentan el hombre y otros seres vivos. Algunos insectos ayudan a reciclar los desperdicios. Muchos comen exclusivamente vegetación, mientras que otros son insectívoros. Claro está, hay insectos que molestan tanto a los animales como a las personas, ya sea por sus dolorosas picaduras o simplemente por su gran número. Algunos también destruyen los cultivos o, lo que es peor, propagan enfermedades y muerte. “Desde el siglo XVII hasta principios del siglo XX enfermaron y murieron más personas [debido a infecciones transmitidas por picaduras] que por todas las demás causas juntas”, señala Duane Gubler, de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, de Estados Unidos. En la actualidad, aproximadamente 1 persona de cada 6 padece una infección contraída por dicho medio. Además del sufrimiento que infligen, tales enfermedades contagiosas constituyen una pesada carga económica, sobre todo para los países en vías de desarrollo, que son los que menos medios tienen para soportarla. Un solo brote de enfermedad puede resultar muy caro. Por ejemplo, en 1994, un incidente de este tipo ocurrido en el oeste de la India les costó a aquel país y a la economía mundial miles de millones de dólares. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), las naciones más pobres de la Tierra no podrán crecer en sentido económico hasta que dichos problemas de salud se hallen bajo control. Cómo nos transmiten las enfermedades Los insectos actúan como vectores, o portadores de microorganismos, principalmente de dos formas. La primera es por transmisión mecánica. Igual que introducimos suciedad en nuestra casa si entramos con los zapatos sucios, “las moscas domésticas a veces llevan en sus patas millones de gérmenes que, en cantidades suficientemente elevadas, ocasionan enfermedades”, indica la Encyclopædia Britannica. Las moscas pueden portar, por ejemplo, partículas contaminantes que se hallan en el excremento y depositarlas en los alimentos y la bebida en los que se posan. De esta forma, los seres humanos contraen enfermedades tan debilitantes y letales como el tifus, la disentería o hasta el cólera. Las moscas también contribuyen a la propagación del tracoma, principal causa de ceguera en el mundo. Esta enfermedad, que aflige a unos quinientos millones de personas, ocasiona la cicatrización de la córnea —capa transparente que cubre el iris—, con la consiguiente pérdida de la visión. Parece ser que las cucarachas —las cuales medran en la suciedad— también actúan como vectores mecánicos en la transmisión de enfermedades. Además, los especialistas relacionan el considerable aumento de los casos de asma, sobre todo entre los niños, con una alergia a estos insectos. Pongamos por caso a Ashley, una chica de 15 años que ha pasado innumerables noches luchando por respirar por culpa del asma. Cuando la doctora que la atiende se dispone a auscultarle los pulmones, una cucaracha sale de su camisa y echa a correr por la camilla. Los gérmenes que llevan dentro Cuando los insectos y los ácaros hospedan en su organismo algún virus, bacteria o parásito, pueden propagar enfermedades por un segundo medio: sus picaduras. Sin embargo, solo un pequeño porcentaje de insectos infectan de esta forma al ser humano. Para ilustrarlo: de las miles de especies de mosquitos que existen, solo las del género Anopheles son portadoras del paludismo, la segunda enfermedad infecciosa de mayor mortandad del mundo (la tuberculosis ocupa el primer lugar). Con todo, los mosquitos son vectores de muchas otras dolencias. La OMS informa: “De todos los insectos que transmiten enfermedades, los mosquitos representan la mayor amenaza [...] al propagar el paludismo, el dengue y la fiebre amarilla, que juntos son responsables de varios millones de defunciones y de cientos de millones de casos cada año”. Al menos el 40% de la población mundial corre el riesgo de contraer el paludismo, y otro 40% el dengue. En algunos lugares pueden contraerse ambas infecciones. Desde luego, los mosquitos no son los únicos insectos que portan gérmenes. La mosca tsetsé inocula el protozoo causante de la enfermedad del sueño, que afecta a cientos de miles de personas y obliga a comunidades enteras a abandonar sus fértiles campos. La mosca negra contagia el parásito al que se debe la ceguera de los ríos, que ha privado del sentido de la vista a unos cuatrocientos mil africanos. La mosca de la arena es a veces portadora del protozoo culpable de la leishmaniasis, nombre que agrupa varias afecciones que incapacitan, desfiguran y a menudo matan a quienes las padecen; hoy día, la leishmaniasis afecta a millones de personas de todas las edades. La omnipresente pulga puede ser transmisora de la tenia y de infecciones que provocan encefalitis. También contagia la tularemia o hasta la peste, la cual suele relacionarse con la peste negra que durante la Edad Media acabó, en solo seis años, con un tercio o más de la población europea. Por otro lado, los piojos y algunos ácaros, como por ejemplo las garrapatas, pueden causar varias clases de tifus, entre otras afecciones. Las garrapatas de las zonas templadas del planeta provocan una dolencia, a veces debilitante, denominada enfermedad de Lyme, que es la infección transmitida por vectores más común de Estados Unidos y Europa. Un estudio realizado en Suecia reveló que los pájaros migratorios llegan a transportar las garrapatas a miles de kilómetros de distancia, llevando a otras regiones las enfermedades que estos organismos portan. “Las garrapatas —dice la Britannica— transmiten al ser humano más enfermedades que cualquier otro artrópodo, con la excepción del mosquito.” De hecho, una sola garrapata puede hospedar hasta tres clases diferentes de gérmenes e inocular los tres a la vez. Muchos insectos portan gérmenes en su interior La mosca negra es responsable de la ceguera de los ríos Los mosquitos transmiten el paludismo, el dengue y la fiebre amarilla Los piojos pueden transmitir el tifus Las pulgas pueden causar encefalitis y otras dolencias La mosca tsetsé transmite la enfermedad del sueño Llega cierto alivio Hasta 1877 no se logró demostrar científicamente que los insectos transmiten infecciones. Desde entonces han tenido lugar grandes campañas para controlar o eliminar los insectos culpables. En 1939 se añadió el insecticida DDT a la lucha contra los insectos portadores de enfermedades, y para 1960, estos dejaron de considerarse una grave amenaza para la salud pública de las naciones fuera de África. Comenzó a darse más importancia al tratamiento médico de los casos urgentes que al control de los vectores, de modo que decayó el interés por estudiar los insectos y su hábitat. Se descubrieron nuevos medicamentos, y dio la impresión de que la ciencia podía hallar un “remedio mágico” para cualquier dolencia. Con la disminución de las enfermedades infecciosas, el mundo pudo tomarse un respiro, pero no por mucho tiempo. El siguiente artículo analizará por qué. Publicado en ¡Despertad! del 22 de mayo de 2003 Artículos de esta serie: Enfermedades transmitidas por insectos: un problema cada vez mayor ¿Por qué han resurgido? ¿Mejorará la situación algún día? ¿Cómo protegerse? Temas relacionados: Los microbios resistentes: una amenaza mundial Tuberculosis: el retorno de una asesina La vida en un pacífico nuevo mundo ¿Por qué han RESURGIDO? HACE unos cuarenta años se pensaba que algunas enfermedades comunes transmitidas por insectos, como el paludismo, la fiebre amarilla y el dengue, prácticamente se habían erradicado de extensas zonas del planeta. Pero entonces sucedió lo inesperado: volvieron a aparecer. ¿Por qué? Entre otras cosas, porque los insectos desarrollaron resistencia a los insecticidas, y los microbios, a los medicamentos. Esta adaptación se ha visto favorecida por el abuso de insecticidas y el mal empleo de los fármacos. “Lamentablemente —dice el libro Mosquito—, aunque en muchos hogares pobres se consiguen las medicinas, la gente las toma solo hasta que se alivian los síntomas y entonces las guarda para cuando resurja el malestar.” El tratamiento incompleto a veces permite que los microbios más fuertes sobrevivan y den lugar a una nueva generación de microorganismos resistentes a los medicamentos. El cambio climático Otra importante causa de la reaparición de estas enfermedades infecciosas son los cambios que han afectado a nuestro planeta y a nuestra sociedad. Un ejemplo relevante es el cambio climático de la Tierra. Algunos científicos prevén que el calentamiento global ampliará el hábitat de los insectos vectores, de modo que incluya lugares que ahora son más fríos. De hecho, existen pruebas de que esto ya pudiera estar pasando. El doctor Paul R. Epstein, del Center for Health and the Global Environment, de la Facultad de Medicina de Harvard, observa: “Estamos detectando tanto insectos como las enfermedades que transmiten (entre ellas el paludismo y el dengue) en altitudes cada vez mayores en África, Asia y Latinoamérica”. En Costa Rica, el dengue ha cruzado las montañas que hasta hace poco lo circunscribían a la costa del Pacífico y ahora afecta a todo el país. Pero el calentamiento del planeta repercute también de otras formas. En algunas zonas, los ríos se transforman en charcos, mientras que en otras regiones las lluvias y las inundaciones dejan tras de sí pozas de agua estancada. En ambos casos, esa agua constituye un perfecto criadero de mosquitos. El aumento de las temperaturas también acorta el ciclo de cría de dichos insectos, lo cual acelera su ritmo de reproducción y alarga la estación del año en que estos abundan. Además, cuanto más calor hace, más activos se vuelven. La subida de las temperaturas se deja sentir en el abdomen del mosquito, razón por la cual los microbios intensifican su ritmo de reproducción. Esto significa que hay más probabilidades de que una sola picadura cause una infección. Además de lo mencionado, existen otras preocupaciones. El virus del Nilo occidental invade Estados Unidos El virus del Nilo occidental, que se contrae principalmente a través de la picadura de los mosquitos, se aisló por primera vez en Uganda en el año 1937, tras lo cual se observaron otros casos en Oriente Medio, Asia, Oceanía y Europa. No se detectó su presencia en el continente americano hasta 1999, pero desde entonces se han registrado más de tres mil infecciones y más de doscientas muertes en Estados Unidos. La mayoría de las personas no se dan cuenta de que han contraído el virus, si bien algunas de ellas presentan síntomas parecidos a los de la gripe. Un pequeño porcentaje de los afectados sufren encefalitis, meningitis espinal u otras afecciones graves. Todavía no existe una vacuna preventiva ni un tratamiento específico. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, de Estados Unidos, advierten que el virus del Nilo occidental también puede contraerse mediante el transplante de órganos o las transfusiones sanguíneas contaminadas. “Hasta la fecha no hay forma de detectar el virus en la sangre”, informó en 2002 la agencia de noticias Reuters. Historia de una enfermedad Los cambios sociales también contribuyen a la propagación de las enfermedades transmitidas por insectos u otros artrópodos. Para entender cómo, examinemos más de cerca el papel de estos animales. Muchas veces, el insecto o el ácaro es tan solo uno de los eslabones de la cadena de contagio. Los mamíferos o las aves también pueden ser portadores de infecciones si alojan parásitos o albergan microbios en su torrente sanguíneo. Si sobreviven en tales circunstancias, se convierten en reservorios, o focos de infección. Las garrapatas de los venados transmiten al ser humano la enfermedad de Lyme (ver fotografía ampliada) Tomemos el caso de la enfermedad de Lyme, que lleva el nombre de la localidad ubicada en Connecticut (EE.UU.) donde se observó por primera vez. Es posible que la bacteria causante de esta infección (identificada en 1975) haya entrado en Norteamérica hace cien años alojada en las ratas o el ganado que llegaban por barco procedentes de Europa. Una vez que la diminuta garrapata Ixodes ingiere la sangre de un animal infectado, la bacteria permanece en el abdomen de esta durante toda su vida, de modo que cuando pica a otro animal o a una persona, puede contagiársela. En el nordeste de Estados Unidos, la enfermedad de Lyme se considera un mal endémico, pues hace mucho que está presente en la zona. El principal reservorio de la bacteria causante de la infección es el ratón de patas blancas. Este también tiene garrapatas, en concreto las que están en etapa de desarrollo, ya que los ejemplares adultos prefieren los venados, donde se alimentan y aparean. Cuando las garrapatas adultas se han atiborrado de sangre, se dejan caer al suelo para poner los huevos, de los que en breve salen las larvas, dando comienzo a un nuevo ciclo. Cambio de circunstancias Los agentes patógenos han coexistido con los insectos, los ácaros y otros animales por muchos años sin causar infecciones al ser humano. Pero un cambio de circunstancias puede convertir un mal endémico en una epidemia, es decir, en una enfermedad que afecte simultáneamente a muchas personas de una misma comunidad. ¿Qué cambió en el caso de la enfermedad de Lyme? En el pasado, los depredadores contribuían a limitar el contacto entre las garrapatas Ixodes y el hombre manteniendo bajo control la población de venados. Cuando los primeros colonos europeos talaron los bosques para cultivar la tierra, el número de venados se redujo, y sus depredadores se fueron. Pero a mediados del siglo XIX, muchos agricultores dejaron sus campos para emigrar al oeste, por lo que los bosques comenzaron a reclamar su terreno. Los venados regresaron, pero sus depredadores naturales no, así que se multiplicaron rápidamente, y por tanto, también las garrapatas. Algún tiempo después llegó la bacteria causante de la enfermedad de Lyme, la cual residió en animales durante decenios antes de convertirse en una amenaza para el ser humano. No obstante, cuando comenzaron a edificarse viviendas junto a los bosques, un mayor número de niños y adultos empezaron a adentrarse en el dominio de la garrapata, de modo que estas se adhirieron a las personas, y así la gente contrajo la enfermedad de Lyme. ¿Transmiten el VIH los insectos? Tras más de diez años de investigación, ni la entomología ni la ciencia médica han hallado pruebas de que los mosquitos u otros insectos transmitan el VIH, o virus del sida. En el caso de los mosquitos, por ejemplo, su aparato bucal no es como una jeringuilla, con una sola abertura por la que se reinyecta la sangre; más bien, chupan la sangre por un conducto y segregan saliva por otro. A continuación, el sistema digestivo del mosquito descompone la sangre y destruye el virus, según Thomas Damasso, especialista en el VIH, del District Health Management Team, de Mongu (Zambia). De hecho, no hay rastro del VIH en las heces del insecto. Dicho microorganismo tampoco entra en sus glándulas salivares, a diferencia de lo que sucede con los parásitos causantes del paludismo. Para que una persona contraiga el VIH, tiene que estar expuesta a un gran número de agentes infecciosos. Si se interrumpe a un mosquito mientras está comiendo y este vuela inmediatamente hacia otra víctima, la sangre que pueda quedar en su aparato bucal es tan escasa que no constituye ninguna amenaza. Según los expertos, ni siquiera causaría la infección matar de un golpe a un mosquito lleno de sangre infectada con el VIH, aplastándolo sobre una herida abierta. “Casi todas las afecciones que han resurgido con más fuerza se deben a la intromisión del hombre” Las enfermedades en un mundo inestable El panorama descrito constituye solo uno de los muchos medios por los que se transmiten las enfermedades y no es más que un ejemplo de cómo las acciones del hombre influyen en su aparición. “Casi todas las afecciones que han resurgido con más fuerza se deben a la intromisión del hombre”, escribe el ecologista Eugene Linden en su libro The Future in Plain Sight. El ser humano ha favorecido la propagación de enfermedades de otras formas. Por ejemplo, la popularidad y la velocidad de los medios de transporte modernos han ayudado a esparcir agentes patógenos, así como a sus portadores, por todo el globo terráqueo. El daño infligido al hábitat de muchos animales, tanto pequeños como grandes, ha puesto en peligro la biodiversidad de nuestro planeta. “La contaminación del aire y del agua —dice Linden— debilita el sistema inmunológico de animales y personas por igual.” Este autor cita las siguientes palabras del doctor Epstein: “En esencia, las alteraciones ocasionadas por el hombre en el medio ambiente han debilitado el sistema inmunológico del planeta, lo cual, a su vez, ha favorecido la propagación de los microbios”. La inestabilidad política provoca guerras que dañan los ecosistemas y acaban con la infraestructura de los países, de modo que se interrumpen los servicios médicos y de distribución de alimentos. Sumado a todo esto, el Biobulletin del Museo Estadounidense de Historia Natural señala: “Los refugiados, débiles y desnutridos, a menudo se ven obligados a vivir en campos atestados cuyas pésimas condiciones higiénicas los exponen a una gran variedad de infecciones”. La inestabilidad económica es responsable de la emigración —que se produce tanto dentro como fuera de las fronteras nacionales—, en particular a ciudades densamente pobladas. “A los agentes patógenos les encantan los lugares repletos de gente”, explica el Biobulletin. En vista de que las ciudades crecen muy deprisa, “factores tan esenciales para la salud pública como la educación básica, la alimentación y los programas de vacunación a menudo no pueden satisfacer la demanda”. A veces no hay suficiente agua ni sistemas de desagüe o de eliminación de desechos, lo cual dificulta el aseo personal y el mantenimiento de ciertas condiciones de salubridad. Esto fomenta al mismo tiempo la aparición de insectos y de otros portadores de enfermedades. Ahora bien, aunque el panorama parezca desolador, hay motivos para tener esperanza, como se verá en el siguiente artículo. Las inundaciones, las condiciones antihigiénicas y la emigración contribuyen a la propagación de las enfermedades transmitidas por insectos Publicado en ¡Despertad! del 22 de mayo de 2003 ¿Cómo protegerse? Recomendaciones ¡Despertad! ha entrevistado a personas de distintos lugares del mundo donde son comunes las enfermedades transmitidas por picaduras. He aquí algunos de los consejos que dieron sobre cómo protegerse de tales infecciones. Tal vez le sean útiles en el lugar donde usted vive. La limpieza: su primera línea de defensa Mantenga limpia su casa “Cubra los recipientes que contengan alimentos. Tape la comida que haya cocinado hasta que la vaya a servir. Limpie inmediatamente la comida que se derrame. No deje por la noche los platos sin lavar ni arroje afuera la basura orgánica con la idea de deshacerse de ella por la mañana. Cúbrala o entiérrela, pues los insectos y los roedores salen por la noche en busca de comida. Por otro lado, cubrir el piso de tierra con una fina capa de cemento hace que sea más fácil mantener la casa limpia y sin insectos.” (África.) “No guarde en su casa fruta ni nada que atraiga a los insectos. No deje entrar en su hogar a los animales domésticos: cabras, cerdos, pollos, etc. Tape los inodoros que se encuentren en el exterior. Entierre enseguida el excremento de los animales o cúbralo con cal para que no acudan las moscas. Aunque sus vecinos no tomen estas medidas, usted puede mantener a raya los insectos y, además, dar un buen ejemplo.” (Sudamérica.) Higiene personal “El jabón tiene un precio asequible, así que lávese las manos y la ropa a menudo, sobre todo después de haber tenido contacto con gente o con animales. No toque cadáveres de animales. Tampoco se toque la boca, la nariz ni los ojos con las manos. Lave sus prendas de vestir con frecuencia, aunque parezcan limpias. Ahora bien, tenga presente que algunas fragancias atraen a los insectos, así que utilice jabones y otros productos para la higiene que no estén aromatizados.” (África.) Dejar alimentos o basura al descubierto es como invitar a los insectos a cenar En algunos países, dormir a la intemperie es invitar a los mosquitos a cenárselo a uno Los mosquiteros impregnados de insecticida resultan más baratos que los medicamentos y las facturas del hospital Los insectos no deben ser sus huéspedes. ¡Échelos de su casa! Medidas preventivas Elimine los criaderos de mosquitos Tape los tanques de agua y las tinas de lavar. Deshágase de todo recipiente sin tapadera en el que pueda acumularse el agua. No permita que se estanque el agua en las macetas. Pueden criarse mosquitos en cualquier charco que dure más de cuatro días. (Sudeste de Asia.) Minimice su exposición a los insectos No salga a la hora en que suelen alimentarse los insectos y no acuda a lugares donde estos abundan. El Sol se pone temprano en el trópico, de modo que muchas de las tareas diarias se realizan cuando anochece y los insectos están más activos. Sentarse fuera de la casa o dormir a cielo raso aumenta el riesgo de contraer una enfermedad en sitios donde son comunes las infecciones por picaduras de insecto. (África.) Lleve prendas de vestir que le cubran lo más posible, sobre todo cuando esté en el bosque. Aplíquese repelente de insectos tanto en la ropa como en la piel, de acuerdo con las indicaciones de la etiqueta. Cuando regrese del campo, asegúrese de que ni sus hijos ni usted llevan encima garrapatas. Mantenga sanas y libres de parásitos a sus mascotas. (Norteamérica.) Tenga el menor contacto posible con los animales de granja, ya que los insectos u otros portadores pueden contagiarle sus enfermedades. (Asia central.) Cubra las camas de todos los miembros de su familia con mosquiteros, preferiblemente impregnados de insecticida. Póngalos también en las ventanas y manténgalos en buen estado. Selle las aberturas que haya bajo los aleros del tejado para que no entren los insectos. Estas medidas le costarán dinero, pero tenga presente que gastaría mucho más si tuviera que llevar a su hijo al hospital o si quien sostiene a la familia no pudiera trabajar por estar enfermo. (África.) Elimine de su casa los lugares donde puedan ocultarse los insectos. Cubra con una capa de argamasa o yeso las paredes y el techo, y tape las grietas y los agujeros. Si tiene tejado de paja, cubra su interior con un tejido a prueba de insectos. No amontone objetos, como papeles o ropa, y no cuelgue en las paredes muchos cuadros juntos, ya que también pueden servir de escondrijo a los insectos. (Sudamérica.) A algunas personas no les importa tener roedores o insectos en su casa. Parece que son sus huéspedes. Pero no lo son. No los deje entrar. Emplee repelentes e insecticidas, pero solo según las instrucciones. Utilice trampas y matamoscas. Use la imaginación: una mujer hizo un rodillo de tela relleno de arena y lo colocó en la abertura que quedaba bajo la puerta para impedir el paso de los insectos. (África.) Cuide su salud Mantenga altas sus defensas alimentándose bien, descansando lo necesario y haciendo ejercicio. Reduzca el estrés. (África.) Si planea viajar: infórmese antes sobre las enfermedades infecciosas que son comunes en el país al que va. En los departamentos de salud pública y en sitios oficiales de Internet encontrará información actualizada. Antes de viajar, reciba un tratamiento preventivo adecuado al lugar de destino. Las enfermedades transmitidas por insectos pueden confundirse con otras dolencias. Dígale a su médico dónde ha estado Si se siente mal Consulte a un médico enseguida La mayoría de las enfermedades son más fáciles de curar cuando se diagnostican pronto. Cuidado con los diagnósticos equivocados En caso de que haya estado en el trópico, busque la ayuda de un médico que esté familiarizado con las infecciones transmitidas por vectores y con las enfermedades tropicales. Explíquele todos sus síntomas y dígale en qué lugares ha estado, aunque haya pasado tiempo desde entonces. Tome antibióticos solo si hace falta, y termine por completo el tratamiento. ¿Mejorará la situación algún día? Publicado en ¡Despertad! del 22 de mayo de 2003
Cuando una persona amada sufre un trastorno mental Temas relacionados: Los trastornos del estado de ánimo Consuelo para los afligidos COMENZABA un día como cualquier otro para los Vega.* Los cuatro estaban en pie y listos para emprender las actividades de la jornada. Rebeca le recordó a Javier, su hijo de 14 años, que se le estaba haciendo tarde para tomar el autobús escolar. Nadie se hubiera imaginado lo que ocurrió a continuación. En menos de media hora, Javier roció de pintura una pared del dormitorio, trató de prender fuego al garaje e intentó ahorcarse en el desván. Rebeca y Alberto, su esposo, siguieron a la ambulancia que se llevó a Javier, mientras intentaban con desesperación explicarse lo que acababa de suceder. Lamentablemente, eso fue tan solo el comienzo. Javier sufrió muchos otros episodios psicóticos, que lo sumieron en las tinieblas de la enfermedad mental. Fueron cinco años de angustia durante los cuales pasó por varios intentos de suicidio, dos detenciones, ingresos en siete centros psiquiátricos e infinidad de sesiones con profesionales de la salud mental. Tanto amigos como familiares se encontraban desconcertados y muchas veces no sabían qué decir ni qué hacer. Se calcula que 1 de cada 4 personas padecerá una enfermedad mental en algún momento de su vida. Guiándonos por esta sorprendente estadística, es muy probable que entre los seres queridos del lector —sus padres, hijos, hermanos o amigos— haya alguien con un trastorno cerebral.# ¿Qué puede hacer usted si ese es su caso? • Reconozca los síntomas. El trastorno mental no siempre se diagnostica rápidamente. Es posible que los amigos y la familia achaquen los síntomas a cambios hormonales, enfermedades físicas, flaquezas de personalidad o trances amargos. Por ejemplo, la madre de Javier ya había observado algunas señales de que su hijo tenía un problema, pero tanto ella como su esposo pensaron que sus cambios de humor obedecían a una fase de la adolescencia que no tardaría en pasar. No obstante, cuando se producen cambios importantes en el sueño, la alimentación o la conducta, tal vez se trate de algo más grave. El examen de un profesional puede conducir al tratamiento adecuado y a una mejor calidad de vida para el enfermo. • Infórmese. Las personas con trastornos mentales no suelen estar en condiciones de investigar sobre su problema. Por consiguiente, recopile usted mismo información de fuentes actuales y fidedignas para entender por lo que está pasando su ser querido. Asimismo, puede que le ayude hablar con franqueza y conocimiento de causa con otras personas. Por ejemplo, la madre de Javier les dio folletos a los abuelos del chico para que se informaran y pudieran colaborar con la familia. • Busque tratamiento. A pesar de la naturaleza prolongada de algunos trastornos mentales, muchas personas llevan vidas estables y productivas cuando siguen un tratamiento adecuado. Lamentablemente, un gran número de enfermos se van consumiendo año tras año sin obtener ayuda. Igual que una afección grave de corazón precisa de un cardiólogo, los trastornos mentales necesitan los cuidados de un especialista en la materia. Por ejemplo, los psiquiatras recetan medicamentos que, ingeridos con regularidad, pueden controlar los estados de ánimo, aliviar la ansiedad y corregir los patrones de pensamiento distorsionados.% • Anime al enfermo a buscar ayuda. Es probable que la persona con trastornos mentales no se dé cuenta de que necesita ayuda, por lo que puede proponerle que visite a cierto doctor en concreto, que lea alguna información oportuna o que hable con alguien que se haya enfrentado a un trastorno parecido. Existe la posibilidad de que no quiera aceptar el consejo. Sin embargo, no dude en intervenir si tiene a su cuidado a alguien que corre el riesgo de lastimarse a sí mismo o a otras personas. • No busque culpables. Los científicos aún no comprenden bien la compleja interrelación de los factores genéticos, medioambientales y sociales que llevan a un funcionamiento anormal del cerebro. Entre tales factores figuran las lesiones cerebrales, el consumo de sustancias adictivas, las condiciones de vida estresantes, los desequilibrios bioquímicos y la predisposición heredada. De nada sirve que acuse al enfermo de haber hecho algo que, según usted, ha contribuido a la aparición de la enfermedad. Mejor es que concentre las energías en darle apoyo y ánimo. • Tenga expectativas realistas. El enfermo se puede descorazonar si se espera de él más de lo que puede dar. Por otra parte, insistir en sus limitaciones puede crearle un sentimiento de inutilidad. Por eso, lo mejor es tener expectativas realistas. Naturalmente, no se debe tolerar la mala conducta. Al igual que el resto de las personas, los pacientes con trastornos mentales tienen la capacidad de aprender de las consecuencias de sus acciones. En caso de presentarse comportamiento violento, tal vez se requiera tomar medidas legales o restrictivas para proteger al propio enfermo o a los demás. • Mantenga la comunicación. La comunicación es fundamental, aunque en ocasiones parezca que se malinterprete lo que usted dice. Las personas con trastornos mentales a veces reaccionan de forma impredecible, y sus emociones pueden parecer fuera de lugar en un momento dado. No obstante, criticando los comentarios del paciente solo logrará que se sienta culpable además de deprimido. Cuando las palabras no sirvan de nada, siéntese a escuchar. Acepte los sentimientos y opiniones del enfermo sin condenarlo. Esfuércese por guardar la calma. Si continúa mostrándole a la persona amada que se interesa por ella, ambos se beneficiarán. Así fue en el caso de Javier. Unos años después expresó su agradecimiento a todos los que, según dijo, ‘lo ayudaron cuando no quería ayuda’. • Tome en consideración las necesidades del resto de la familia. Cuando la familia tiene que centrarse en el miembro que está en crisis, otros miembros pueden quedar desatendidos. Durante un tiempo, a la hermana de Javier, Alicia, le daba la impresión de que “vivía eclipsada por la enfermedad de él” y minimizaba sus propios logros para no dirigir la atención hacia sí. Al mismo tiempo, parecía que sus padres querían que ella rindiera más, como para compensar las deficiencias de su hermano. Otros jóvenes a quienes se ha desatendido por el mismo motivo causan problemas para llamar la atención. Frente a estas crisis, las familias necesitan ayuda para satisfacer las necesidades de todos. Por ejemplo, cuando la familia Vega se hallaba totalmente absorta en los problemas de Javier, los hermanos de la congregación de testigos de Jehová del lugar ayudaron a Alicia brindándole mayor atención. • Fomente buenas prácticas de salud mental. Un programa completo de salud mental debe abarcar la alimentación, el ejercicio, el sueño y las actividades sociales. Normalmente, las actividades sencillas con grupos reducidos de amigos intimidan menos. Recuerde también que el alcohol puede acentuar los síntomas e interferir con los medicamentos. En la actualidad, la familia Vega procura mantener un programa de higiene mental por el bien de todos, pero especialmente por el de su hijo. • Cuídese usted también. La tensión de atender a alguien que tiene un trastorno mental puede afectar su propia salud. Por ello, es esencial que esté atento a sus necesidades físicas, emocionales y espirituales. Los Vega son testigos de Jehová, y Rebeca cree que la fe la ayudó a aguantar la crisis por la que pasó su familia. Ella cuenta: “En las reuniones cristianas se me aliviaba la tensión; dejaba a un lado las preocupaciones inmediatas y me centraba en cuestiones más importantes y en la esperanza que tenemos. Hubo infinidad de ocasiones en las que pedí alivio desesperadamente en oración, y siempre sucedía algo que calmaba el dolor. Con la ayuda de Jehová Dios obtuve una tranquilidad mental que parecía imposible en nuestras circunstancias”. Hoy en día, Javier es un adulto joven y tiene una nueva actitud ante la vida. “Creo que lo que viví me hizo mejor persona”, dice. Su hermana, Alicia, opina que la experiencia también la ha beneficiado a ella: “Soy menos crítica con los demás. Nunca se sabe qué circunstancias puede estar atravesando alguien. Solo Jehová Dios lo sabe”. Si un ser querido suyo padece un trastorno mental, recuerde siempre que, si usted está dispuesto a escucharlo y tenderle una mano sin prejuzgarlo, puede ayudarlo a sobrevivir, e incluso a recuperarse. Cuando las palabras no sirvan de nada, siéntese a escuchar -------------------------------------------------------------------------------- * Se han cambiado los nombres. # Hay quienes prefieren la expresión trastorno cerebral porque no conlleva tanto estigma y se asocia rápidamente con una causa neurobiológica. % Se deben sopesar tanto los beneficios como los efectos secundarios. ¡Despertad! no recomienda ningún tratamiento médico en particular. El cristiano debe asegurarse de que el tratamiento que elija no esté en conflicto con los principios bíblicos. Indicios de trastorno mental Si alguien allegado a usted presenta cualquiera de los siguientes síntomas, tal vez sea conveniente que consulte con un médico o profesional de la salud mental: Período prolongado de tristeza o irritabilidad Retraimiento social Agudos altibajos emocionales Enojo exagerado Comportamiento violento Consumo de sustancias adictivas Ansiedades, preocupaciones o temores desmedidos Fobia al aumento de peso Cambio significativo en los hábitos de sueño o alimentación Pesadillas constantes Confusión mental Delirios o alucinaciones Ideas de suicidio o muerte Incapacidad para enfrentarse a los problemas o a las actividades cotidianas Negación de problemas evidentes Numerosas dolencias físicas extrañas Publicado en ¡Despertad! del 8 de septiembre de 2004
CÓMO BRINDAR AYUDA Artículos de esta serie: Mentes atormentadas Vivir con un trastorno del ánimo Existe esperanza Cómo brindar ayuda Temas relacionados: Cuando una persona amada sufre un trastorno mental Merece la pena vivir ¿Por qué permite Dios que suframos? SEGURAMENTE conozcamos a alguien que sufre depresión o trastorno bipolar. En tal caso, ¿qué apoyo puede dársele? He aquí un buen consejo de D. J. Jaffe, de la Alianza Nacional para los Enfermos Mentales: “No confundamos el padecimiento con el paciente; más bien, odiemos la enfermedad y amemos al enfermo”. Susanna, amiga de una paciente bipolar, tiene el aguante y el amor necesarios para obrar así. “A veces —dice Susanna—, ni me soportaba a su lado.” Pero, en vez de abandonar a la enferma, se informó sobre su mal. “Ahora entiendo —prosigue— cuánto influía el trastorno en su conducta.” En su opinión, los resultados compensan con creces el esfuerzo por comprender a la afectada: “Llegas a querer y apreciar a la bella persona oculta tras la enfermedad”. Cuando la víctima es un familiar, es esencial darle apoyo incondicional. Mario —citado antes en este reportaje— no tardó en aprender la lección. Su esposa, Lucia, de quien también se habló antes, es bipolar. “Al principio —señala Mario— me fue útil acompañarla al médico y estudiar esta extraña patología para saber a qué atenernos. Además, Lucia y yo hablábamos mucho, y fuimos lidiando con los problemas según se presentaban.” Apoyo de la congregación cristiana Las Escrituras exhortan a los cristianos a que “hablen confortadoramente a las almas abatidas” y “tengan gran paciencia para con todos” (1 Tesalonicenses 5:14). ¿Cómo pueden lograrlo? En primer lugar, es importante distinguir entre la enfermedad mental y la espiritual. Así, aunque Santiago escribió en la Biblia que la oración puede sanar a los afectados de indisposiciones espirituales (Santiago 5:14, 15), Jesús indicó que las enfermedades físicas requieren la intervención de un médico (Mateo 9:12). Claro, siempre es pertinente y provechoso orar a Jehová acerca de cualquier preocupación, lo que incluye nuestra salud (Salmo 55:22; Filipenses 4:6, 7). Sin embargo, la Palabra de Dios no da a entender que solucionaremos los problemas médicos actuales con tan solo aumentar nuestra participación en las actividades espirituales. Por ello, el cristiano prudente no insinúa que el deprimido tenga la culpa de estarlo. Tales comentarios serían tan inútiles como los de quienes supuestamente pretendían consolar a Job (Job 8:1-6). La realidad es que, en muchos casos, no habrá mejoría a menos que el enfermo reciba tratamiento médico, particularmente si padece depresión grave y tal vez hasta muestra tendencias suicidas. En tales casos es imprescindible la atención profesional. Jesús indicó que las enfermedades requieren la intervención de un médico (MATEO 9:12) Con todo, el cristiano puede dar un gran apoyo a sus hermanos en la fe, si bien va a tener que armarse de paciencia. Por ejemplo, ciertos aspectos de las actividades cristianas resultan sumamente difíciles para quien sufre un trastorno del estado de ánimo. Así lo admite Diana, paciente bipolar: “Me cuesta mucho participar en el ministerio. No es fácil hablar de las animadoras buenas nuevas de la Biblia cuando una misma no se siente ni bien ni animada”. El paciente se beneficiará de nuestra empatía (1 Corintios 10:24; Filipenses 2:4). Sí, hay que tratar de ver los asuntos desde su perspectiva y no agobiarlo esperando demasiado de él. “Cuando me aceptan como soy ahora —dice Carl, enfermo de depresión—, siento que poco a poco vuelvo a integrarme. Varios hermanos mayores me han ayudado con paciencia a fortalecer mi relación con Dios, y he tenido la dicha de ayudar a otros a hacer lo mismo.” Nuestro respaldo aliviará considerablemente la angustia del enfermo. Así le ocurrió a Brenda, cristiana que también es bipolar: “Los hermanos de la congregación me han demostrado un extraordinario apoyo y comprensión en mis horas bajas, y nunca han insinuado que estuviera débil espiritualmente. A veces me han invitado a acompañarles al ministerio haciéndome el favor de hablar solo ellos, y otras me han reservado un asiento en el Salón del Reino para que pueda entrar cuando ya están todos acomodados”. Cherie, que como se indicó en un artículo anterior padece depresión, admite el enorme valor de la asistencia, el amor y la empatía de los superintendentes de su congregación: “Cuando me confirman que Jehová me quiere, me leen pasajes de la Palabra de Dios, me hablan del propósito divino de traer un paraíso donde reinen la paz y el bienestar, y oran conmigo, aunque sea por teléfono, se me quita un gran peso de encima. Entonces sé que ni Jehová ni mis hermanos me han abandonado, lo cual me infunde nuevas fuerzas”. La Biblia promete que Dios traerá un nuevo mundo donde “ningún residente dirá: ‘Estoy enfermo’” (ISAÍAS 33:24) Es innegable que los parientes y amigos que brindan apoyo significativo contribuyen mucho al bienestar del enfermo. “Creo que ahora controlo bastante bien mi vida —dice Lucia—. Mi esposo y yo hemos luchado juntos para salir adelante, y ahora estamos mejor que nunca.” Muchos afectados de diversos males psíquicos comprenden que la lucha será larga. Pero la Biblia promete que Dios traerá un nuevo mundo donde “ningún residente dirá: ‘Estoy enfermo’” (Isaías 33:24). En efecto, habrán desaparecido las angustiosas dolencias que afligen a gran parte de la humanidad. Es reconfortante reflexionar sobre la promesa divina del nuevo mundo, del cual se habrán ido para siempre todos los padecimientos, incluidos los trastornos del estado de ánimo. Como dice la Biblia, en aquel tiempo no habrá lamento ni clamor ni dolor (Revelación 21:4). Publicado en ¡Despertad! del 8 de enero de 2004

¿CÓMO PUEDEN AYUDAR LOS MÉDICOS? Médicos hábiles pueden ayudar al que ha perdido sangre y por lo tanto tiene menos glóbulos rojos. Una vez que se restaura el volumen, los médicos pueden administrar oxígeno en concentración alta. Esto hace que haya más oxígeno disponible para el cuerpo y con frecuencia ha tenido resultados notables. Médicos británicos emplearon este método en el caso de una mujer que había perdido tanta sangre que “su hemoglobina bajó a 1,8 g/dlitro. El tratamiento [...] elevadas concentraciones de oxígeno por vía respiratoria y transfusiones de grandes volúmenes de solución gelatinosa tuvo éxito” (Anaesthesia, enero de 1987). El informe dice también que otras personas que perdieron mucha sangre han sido tratadas con éxito en cámaras hiperbáricas de oxigenación. La máquina cardiopulmonar ha ayudado mucho en la cirugía cardíaca de pacientes que no desean sangre http://watchtower.org/images/hb/machine.jpg Los médicos también pueden ayudar a los pacientes a producir más glóbulos rojos. ¿Cómo? Mediante darles preparaciones que contienen hierro (por inyección en los músculos o las venas), lo que puede ayudar al cuerpo a producir glóbulos rojos a una velocidad de tres a cuatro veces mayor de la normal. Recientemente se ha hecho disponible otra ayuda. Los riñones de uno producen una hormona llamada eritropoyetina (EPO), que estimula a la médula ósea para que esta produzca glóbulos rojos. Ahora se puede obtener EPO sintética (de recombinación). Puede que los médicos la den a algunos pacientes anémicos para ayudarles a formar rápidamente glóbulos rojos de reemplazo. Aun durante una operación cirujanos y anestesiólogos hábiles y concienzudos pueden ayudar, mediante métodos avanzados, a evitar la pérdida innecesaria de sangre. Técnicas meticulosas de operación, como el uso del electrocauterio, son muy importantes para minimizar la pérdida de sangre. A veces la sangre que fluye a una herida puede ser aspirada, filtrada y dirigida de nuevo al sistema circulatorio.# Pacientes en una máquina cardiopulmonar cebada con un fluido no sanguíneo pueden beneficiarse de la hemodilución resultante, pues se pierden menos glóbulos rojos. “Se están abandonando conceptos antiguos sobre el transporte de oxígeno a los tejidos, la cicatrización de heridas y el ‘valor nutritivo’ de la sangre. La experiencia con pacientes que son testigos de Jehová demuestra que la anemia severa se tolera bien”—The Annals of Thoracic Surgery, marzo de 1989. Y hay otras maneras de ayudar. El enfriar al paciente para reducir la necesidad de oxígeno durante la operación. La anestesia hipotensiva. El tratamiento para mejorar la coagulación. Desmopressin (DDAVP) para que no se sangre por mucho tiempo. “Escalpelos” de láser. Usted verá que esta lista crece a medida que médicos y pacientes que consideran con seriedad su situación procuran evitar las transfusiones de sangre. Esperamos que usted nunca pierda gran cantidad de sangre. Pero si así fuera, es muy probable que médicos hábiles puedan darle atención sin usar transfusiones de sangre, en las cuales hay tantos riesgos. CIRUGÍA, SÍ... PERO SIN TRANSFUSIONES Hoy son muchos los que no aceptan sangre. Por razones de salud solicitan lo que los Testigos buscan principalmente por razones religiosas: atención médica de calidad que no incluya el uso de sangre. Como hemos señalado, todavía es posible efectuar cirugía mayor. Si aún tiene dudas, algunas pruebas tomadas de la literatura médica pudieran eliminarlas. ¿Niñitos también? “Se efectuaron cuarenta y ocho operaciones de corazón abierto en niños por técnicas sin el uso de sangre, prescindiendo de la complejidad quirúrgica.” Algunos niños solo pesaban 4,7 kilogramos (10,3 libras). “Por el éxito consecuente de estas operaciones en testigos de Jehová, y porque con la transfusión de sangre hay el riesgo de complicaciones graves, hoy no usamos transfusiones en la mayoría de nuestras operaciones cardíacas en niños.”—Circulation, septiembre de 1984. El artículo “Reemplazo cuádruple de articulaciones principales en miembro de testigos de Jehová” (Orthopaedic Review, agosto de 1986) consideró el caso de un paciente anémico que había experimentado un “grado avanzado de destrucción en ambas rodillas y caderas”. Se empleó, con éxito, dextrán con hierro antes y después de la cirugía. La revista British Journal of Anaesthesia (1982) informó acerca de una Testigo de 52 años de edad cuyo nivel de hemoglobina era de menos de 10. Mediante anestesia hipotensiva para minimizar la pérdida de sangre, se sometió a la paciente a un reemplazo total de cadera y de hombro. En la Universidad de Arkansas (E.U.A.), un grupo quirúrgico también utilizó este método en cien reemplazos de cadera en Testigos, y todos los pacientes se recuperaron. El profesor a cargo de aquel departamento comentó: “Lo que aprendimos de estos pacientes (Testigos) ahora lo aplicamos a todos los pacientes en quienes ejecutamos un reemplazo total de cadera”. La conciencia de algunos Testigos les permite aceptar trasplantes de órganos si esto se efectúa sin sangre. En un informe de 13 trasplantes de riñones se llegó a esta conclusión: “Los resultados generales sugieren que se puede efectuar un trasplante renal sin riesgo y con eficacia en la mayoría de los testigos de Jehová” (Transplantation, junio de 1988). Igualmente, el rechazo de transfusiones de sangre no ha impedido el éxito ni siquiera en trasplantes de corazón. ‘¿Y qué hay de otros tipos de cirugía sin sangre?’, quizás se pregunte usted. Medical Hotline (abril-mayo de 1983) informó de operaciones en “testigos de Jehová en quienes se efectuó cirugía mayor de tipo ginecológico y obstétrico [en la Universidad Estatal de Wayne, E.U.A.] sin transfusiones de sangre”. Este boletín informó: “No hubo más muertes ni complicaciones que en el caso de las mujeres que fueron sometidas a operaciones similares con transfusión de sangre”. Entonces el boletín comentó: “Los resultados de este estudio pudieran justificar un reexamen del uso de la sangre en intervenciones obstétricas y ginecológicas”. En el hospital de la Universidad de Gotinga (Alemania), se sometió a cirugía general a 30 pacientes que no aceptaron sangre. “Las complicaciones que surgieron pudieran haber surgido también en pacientes que aceptan transfusiones. [...] No se debe concentrar demasiado en no poder recurrir a una transfusión, de modo que eso resulte en que no se efectúe una operación necesaria y justificable desde el punto de vista quirúrgico” (Risiko in der Chirurgie [Riesgos en la cirugía], 1987). En muchos adultos y niños hasta se ha efectuado cirugía cerebral sin el uso de sangre, por ejemplo, en el Centro Médico de la Universidad de Nueva York. En 1989 el Dr. Joseph Ransohoff, director de neurocirugía, escribió: “Queda muy claro que en la mayoría de los casos se puede evitar el uso de productos sanguíneos con riesgo mínimo para los pacientes que debido a sus principios religiosos rechazan el uso de estos productos, particularmente si la cirugía se efectúa prontamente y en tiempo relativamente corto. Es interesante el hecho de que con frecuencia olvido que el paciente es un Testigo hasta que llega el momento de darlo de alta, cuando me agradece haber respetado sus creencias religiosas”. Finalmente, ¿puede efectuarse en adultos y niños cirugía cardíaca y vascular complicada? El Dr. Denton A. Cooley fue un pionero en este campo. Como usted puede ver en el artículo médico reimpreso en el Apéndice, en las páginas 27-29, el Dr. Cooley, basándose en un estudio anterior, llegó a la conclusión de “que el riesgo quirúrgico de los pacientes testigos de Jehová no ha sido sustancialmente mayor que el de los demás”. Ahora, después de haber ejecutado 1.106 de estas operaciones, escribe: “En todo caso cumplo con mi acuerdo o contrato con el paciente”, es decir, el acuerdo de no usar sangre. Los cirujanos han notado otro factor en los testigos de Jehová: una buena actitud. “La actitud de estos pacientes ha sido ejemplar —escribió el Dr. Cooley en octubre de 1989—. No presentan el temor a complicaciones, ni siquiera a la muerte, que aflige a la mayoría de los pacientes. Confían profunda y sólidamente en su creencia y en su Dios.” Eso no quiere decir que desean reconocimiento a un derecho de morir. Buscan diligentemente atención de calidad porque quieren recuperarse. Están convencidos de que obedecer la ley de Dios sobre la sangre es proceder con sabiduría, y este punto de vista afecta para bien la cirugía sin sangre. El profesor Dr. V. Schlosser, del hospital de cirugía de la Universidad de Friburgo (Alemania), señaló: “Entre este grupo de pacientes la pérdida de sangre durante el período perioperatorio no fue mayor que en otros casos; posiblemente hubo menos complicaciones. La manera especial de ver la enfermedad, típica de los testigos de Jehová, tuvo una influencia beneficiosa en el proceso perioperatorio” (Herz Kreislauf, agosto de 1987). * Los Testigos no aceptan transfusiones de sangre, glóbulos rojos, glóbulos blancos, plaquetas ni plasma sanguíneo. En cuanto a fracciones menores, tales como la globulina inmunológica, véase La Atalaya del 1 de junio de 1990, páginas 30, 31. # La Atalaya del 1 de marzo de 1989, páginas 30, 31, considera principios bíblicos relacionados con métodos de recuperación de la sangre y sobre equipo (extracorpóreo) para la circulación de la sangre. Usted tiene derecho a escoger Un enfoque médico actual (llamado análisis riesgo/beneficio) está facilitando la cooperación entre médicos y pacientes con la mira de evitar el tratamiento con sangre. Los médicos pesan factores como los riesgos que presenta alguna droga o una intervención quirúrgica contra sus posibles beneficios. En tal análisis pueden participar también los pacientes. Usemos un ejemplo que pudiera entender fácilmente gente de muchos lugares: el de una amigdalitis crónica. Usted probablemente iría a ver a un médico si tuviera este mal. Es posible que hasta consultara con dos, pues los peritos en la salud por lo general recomiendan obtener más de una opinión médica. Un médico quizás recomiende cirugía. Él le da una idea general de lo que eso significa: el tiempo en el hospital, cuánto va a doler, y los gastos. En cuanto a riesgos, le dice que no es común que se sangre mucho, y que es muy raro el que alguien muera por esas operaciones. Pero el médico que le da otra opinión lo insta a aceptar tratamiento con antibióticos. Explica qué droga usará, las probabilidades de éxito, y los gastos. En cuanto a riesgos, dice que muy pocos pacientes ven su vida amenazada por una reacción a la droga. ELIMINACIÓN DE PREOCUPACIONES JURÍDICAS Puede que usted se pregunte: ‘¿Por qué se apresuran algunos médicos y hospitales a conseguir una orden de tribunal para imponer transfusiones de sangre?’. En algunos lugares una razón común es el temor a llevar responsabilidad civil. No hay base para tal preocupación cuando los testigos de Jehová escogen atención médica sin sangre. Un médico del Colegio de Medicina Albert Einstein (E.U.A.) escribe: “La mayoría [de los Testigos] están dispuestos a firmar el formulario de la Asociación Médica Estadounidense que libra de responsabilidad civil a los médicos y los hospitales, y muchos llevan [una tarjeta de] ‘Aviso al personal médico’. Un formulario de ‘Rechazo a los productos sanguíneos’, debidamente firmado y fechado, es un convenio contractual y vigente desde el punto de vista jurídico”.—Anesthesiology News, octubre de 1989. Sí; con espíritu de cooperación los testigos de Jehová ofrecen seguridad jurídica de que un médico o un hospital no incurrirá en responsabilidad civil al suministrar el tratamiento sin sangre que se le solicita. Siguiendo la recomendación de peritos médicos, cada Testigo lleva una tarjeta que es un Documento Médico. Esta se renueva anualmente y está firmada por el portador y por testigos, que con frecuencia son sus parientes más cercanos. En marzo de 1990 el Tribunal Supremo de Ontario, Canadá, sostuvo una decisión que comentaba con aprobación acerca de tal documento: “La tarjeta es una declaración escrita de una postura válida que el portador de la tarjeta puede adoptar legítimamente al imponer una restricción escrita al contrato con el médico”. En Medicinsk Etik (1985), el profesor Daniel Andersen escribió: “Si hay una declaración escrita en la que el paciente diga en términos claros que es testigo de Jehová y no quiere sangre en ninguna circunstancia, el respeto a la autonomía del paciente exige que se respete ese deseo, tal como si se hubiera expresado oralmente”. Los Testigos también firman formularios de consentimiento que provee el hospital. Uno que se usa en un hospital de Friburgo, Alemania, tiene un espacio donde el médico puede describir la información que ha dado al paciente sobre el tratamiento. Entonces, sobre la firma del médico y del paciente, este formulario añade: “Como miembro del cuerpo religioso de los testigos de Jehová, categóricamente rechazo el uso de sangre ajena o componentes de sangre durante mi operación. Estoy al tanto de que así el procedimiento planeado y necesario encierra mayor riesgo debido a complicaciones hemorrágicas. Después de recibir minuciosa explicación, particularmente en cuanto a ese riesgo, solicito que la operación necesaria se efectúe sin el uso de sangre o componentes sanguíneos ajenos”.—Herz Kreislauf, agosto de 1987. En realidad la atención médica sin sangre puede significar menos riesgo. Pero el punto que se hace resaltar aquí es que con gusto los pacientes Testigos libran al personal médico de toda preocupación innecesaria, para que este pueda seguir adelante con lo que se ha comprometido a hacer, es decir, ayudar a la gente a recuperarse. Esta cooperación beneficia a todos, como mostró el Dr. Angelos A. Kambouris en “Operaciones abdominales de importancia en testigos de Jehová”: “El acuerdo preoperatorio debe considerarse vigente por el cirujano, quien debe adherirse a lo concordado prescindiendo de lo que suceda durante la operación y después de esta. orienta favorablemente a los pacientes hacia su tratamiento quirúrgico, y aparta la atención del cirujano de las preocupaciones jurídicas y filosóficas para que se concentre en las quirúrgicas y técnicas, lo que le permitirá desempeñar del mejor modo su profesión y proveer al paciente el servicio que le sea de mayor beneficio”.—The American Surgeon, junio de 1987. Puede que cada médico competente consultado haya pesado los riesgos y los beneficios, pero ahora le toca a usted considerar los riesgos y los posibles beneficios, así como otros factores que nadie conoce mejor que usted. (Nadie puede conocer mejor puntos como su fortaleza emocional o espiritual, la condición económica de su familia, los efectos en ella, y su propio punto de vista ético.) Entonces usted escoge. Puede que dé su consentimiento informado a uno de los tratamientos, pero que rechace el otro. Usted haría lo mismo si fuera un hijo suyo quien tuviera la amigdalitis crónica. Los riesgos, beneficios y tratamientos se les describirían a ustedes, los padres amorosos a quienes más directamente afectaría lo que se hiciera, y quienes serán responsables de enfrentarse a los resultados. Después de considerar todo aspecto, pueden hacer una selección informada en este asunto relacionado con la salud y hasta la vida de su hijo o hija. Puede que consientan en una intervención quirúrgica, con sus riesgos. Otros padres quizás escogieran los antibióticos, con sus riesgos. Tal como los médicos difieren en su consejo, así los pacientes o padres difieren en opinión en cuanto a lo que sea mejor. Se comprende este rasgo del tomar decisiones informadas del tipo riesgo/beneficio. “El uso excesivo de la tecnología médica es un factor de importancia en el aumento actual de los gastos para el cuidado de la salud.[...] La transfusión de sangre es particularmente importante debido a su costo y a su elevado potencial de riesgo. Por consiguiente, la Comisión Conjunta Estadounidense sobre Reconocimiento de Hospitales la clasificó como ‘de mucho volumen, gran riesgo y sujeta a errores’.”—Transfusion, julio-agosto de 1989. ¿Y qué se puede decir de usar sangre? Nadie que examina objetivamente los hechos puede negar que hay gran riesgo en las transfusiones sanguíneas. El Dr. Charles Huggins, director del servicio de transfusiones en el inmenso Hospital General de Massachusetts, señaló muy claramente esto: “Nunca ha encerrado menos riesgos la sangre. Pero inevitablemente hay que considerarla arriesgada. Es la sustancia más peligrosa que usamos en la medicina” (The Boston Globe Magazine, 4 de febrero de 1990). Con buena razón se ha dado este aviso al personal médico: “Es necesario que reevaluemos también el aspecto de los riesgos en la relación beneficio/riesgo para las transfusiones de sangre y que busquemos otros tratamientos”. (Cursivas nuestras.) (Perioperative Red Cell Transfusion, conferencia de los Institutos Nacionales de Sanidad estadounidenses, 27-29 de junio de 1988.) Puede que los médicos no concuerden en cuanto a los beneficios o los riesgos de usar sangre. Un médico quizás dé muchas transfusiones o esté convencido de que vale la pena el riesgo que representan. Otro quizás opine que los riesgos no están justificados, porque él ha tenido buenos resultados al dar atención médica sin sangre. Sin embargo, a fin de cuentas usted, el paciente o padre o madre, tiene que decidir. ¿Por qué usted? Porque todo esto se relaciona con el cuerpo, la vida, la ética y la profundamente importante relación suya o de su prole con Dios. SE RECONOCE SU DERECHO Hoy día, en muchos lugares el paciente tiene un derecho inviolable a decidir qué tratamiento aceptar. “La ley del consentimiento informado ha tenido como base dos principios: primero, que el paciente tiene derecho a recibir suficiente información como para seleccionar como persona informada entre los tratamientos que se recomiendan; y segundo, que el paciente tiene la opción de aceptar o rechazar la recomendación del médico. [...] A menos que a los pacientes se les vea como personas que tienen derecho a decir que no, así como a decir que sí, y hasta que sí con algunas condiciones, gran parte de la razón para el consentimiento informado se evapora” (Informed Consent—Legal Theory and Clinical Practice [Consentimiento informado.—Teoría jurídica y práctica clínica], 1987).* Alemania: “El derecho de libre determinación del paciente va por encima del principio de dar ayuda y conservar la vida. Como resultado: ninguna transfusión de sangre contra la voluntad del paciente”.—Herz Kreislauf, agosto de 1987. España: “La transfusión de sangre o productos derivados de ella a un paciente Testigo de Jehová, adulto, en plenas facultades mentales y contra su voluntad libremente expresada, posiblemente sea ilegal en el sentido de constituir una violación a los derechos básicos de la persona y, en nuestra opinión, es claramente antiética”.—Revista Española de Cardiología, septiembre-octubre de 1981. Estados Unidos: “A la base de lo imprescindible del consentimiento del paciente está el concepto ético de la autonomía individual, que las decisiones sobre lo que haya de sucederle a uno debe tomarlas uno mismo. La razón jurídica para exigir consentimiento es que un acto médico ejecutado sin el consentimiento del paciente constituye agresión”.—Informed Consent for Blood Transfusion (Consentimiento informado a la transfusión de sangre), 1989. Algunos pacientes han afrontado oposición cuando han tratado de ejercer su derecho. Esta oposición quizás haya venido de un amigo que se opone firmemente a una amigdalectomía o a los antibióticos. O puede que un médico se haya convencido de que el consejo que él da es el correcto. Puede que hasta algún ejecutivo de un hospital no haya concordado, por intereses jurídicos o financieros. “Muchos ortopedistas optan por no operar a pacientes [que son Testigos] —dice el Dr. Carl L. Nelson en una revista sobre cirugía de los huesos y las articulaciones—. Nosotros creemos que el paciente tiene derecho a rechazar cualquier tipo de tratamiento médico. Si técnicamente es posible operar sin peligro mientras se excluye algún tratamiento particular, como el de una transfusión, entonces esa opción debe existir” (The Journal of Bone and Joint Surgery, marzo de 1986). El paciente considerado no presiona al médico para que este use una terapia que el médico no domina bien. Sin embargo, como señaló el Dr. Nelson, muchos médicos realmente dedicados a su profesión pueden tratar al paciente con consideración a sus creencias. Un funcionario alemán dijo: “El médico no puede negarse a dar ayuda [...] por razonar que en el caso de un testigo de Jehová no tiene disponible toda la opción médica que quisiera. Todavía tiene el deber de ayudar, aunque tenga menos vías disponibles para ello” (Der Frauenarzt, mayo-junio de 1983). De manera similar, los hospitales no existen simplemente para ganar dinero, sino para servir a toda persona sin discriminación. El teólogo católico Richard J. Devine declara: “Aunque el hospital debe hacer todo otro esfuerzo por conservar la vida y la salud del paciente, debe asegurarse de que la atención médica no viole conciencia [de este]. Además, debe evitar toda forma de coacción, desde la de engañar con promesas falsas al paciente hasta la de obtener una orden de tribunal para imponer a la fuerza una transfusión de sangre” (Health Progress, junio de 1989). PREFERIBLE A LOS TRIBUNALES Muchos concuerdan en que el tribunal no es el lugar donde deben ventilarse cuestiones médicas de índole personal. ¿Qué pensaría usted si, una vez que hubiera escogido que se le tratara con antibióticos, alguien fuera a un tribunal para que a la fuerza le impusieran una amigdalectomía? El deseo del médico pudiera ser darle lo que él considera la mejor atención, pero su deber no es buscar justificación jurídica para pisotear los derechos fundamentales de usted. Y puesto que la Biblia pone el abstenerse de sangre en el mismo nivel moral que el evitar la fornicación, el imponer por fuerza sangre a un cristiano equivaldría a imponerle relaciones sexuales a la fuerza: ultraje o violación. (Hechos 15:28, 29.) Sin embargo, Informed Consent for Blood Transfusion (Consentimiento informado a la transfusión de sangre) (1989) informa que algunos tribunales se angustian tanto porque un paciente está dispuesto a aceptar cierto riesgo por sus derechos religiosos “que se inventan excepciones jurídicas —ficciones jurídicas, si se quiere— para permitir que se dé una transfusión”. Puede que traten de excusar su procedimiento diciendo que hay preñez envuelta en el caso o que hay niños que necesitan su sustento. “Esas son ficciones jurídicas —dice el libro—. El adulto competente tiene derecho a rehusar tratamiento.” Algunos que insisten en dar una transfusión de sangre no saben que los Testigos no rechazan todo tratamiento. Rechazan un solo tipo de tratamiento, del cual hasta los peritos dicen que encierra mucho peligro. Por lo general un problema médico puede atenderse de varias maneras. Uno tiene un riesgo, otro tiene otro riesgo. ¿Puede un tribunal o un médico, adoptando un papel paternalista, saber qué riesgo tomar “para el beneficio de usted”? Es usted quien debe juzgar eso. Los testigos de Jehová adoptan la firme postura de que no quieren que otra persona decida por ellos; es su responsabilidad personal ante Dios. Si un tribunal le impusiera por fuerza un tratamiento que usted aborrece, ¿cómo afectaría esto su conciencia y el elemento vital de su deseo de vivir? El Dr. Konrad Drebinger escribió: “Ciertamente sería una forma mal aconsejada de ambición médica la que llevaría a alguien a obligar a un paciente a aceptar determinado tratamiento en contra de su conciencia, de modo que se le trate físicamente pero se le dé un golpe mortal a su psique” (Der Praktische Arzt, julio de 1978). ATENCIÓN AMOROSA A LOS NIÑOS Principalmente los casos de tribunal relacionados con la sangre tienen que ver con niños. A veces, cuando unos padres amorosos han pedido respetuosamente atención médica sin sangre, algunos personales médicos han procurado apoyo de tribunal para administrar sangre. Por supuesto, los cristianos concuerdan con las leyes o la acción judicial para impedir abuso o descuido de menores. Puede que usted haya leído de casos en que algún padre o alguna madre trató brutalmente a su hijo o hija o le negó toda atención médica. ¡Qué trágico! Está claro que el Estado puede, y debe, intervenir para proteger al niño a quien se descuida. Con todo, es fácil ver cuán diferente es el caso cuando un padre amoroso o una madre amorosa solicita tratamiento médico de alta calidad sin el uso de sangre. “He hallado que las familias [de los testigos de Jehová] son familias muy unidas y amorosas —informa el Dr. Lawrence S. Frankel—. Los hijos son educados, se interesan en los demás y son respetuosos. [...] Hasta puede que cumplan mejor con los dictados médicos, lo que pudiera representar un esfuerzo por demostrar que aceptan la intervención médica hasta el grado que sus creencias se lo permiten”.—Departamento de Pediatría, Hospital e Instituto para Tumores M. D. Anderson, Houston, E.U.A., 1985. Estos casos de tribunal por lo general giran alrededor de algún niño que está en un hospital. ¿Cómo llegó allí el jovencito, y por qué? Casi siempre sucede que los padres preocupados llevaron allí a su hijo para que recibiera atención de calidad. Tal como Jesús estuvo interesado en los niños, los padres cristianos se interesan en sus hijos. La Biblia habla de ‘la madre que cría y acaricia a sus propios hijos’. Los testigos de Jehová aman profundamente a su prole. (1 Tesalonicenses 2:7; Mateo 7:11; 19:13-15.) Naturalmente, todos los padres toman decisiones que afectan la seguridad y vida de sus hijos: ¿Usará la familia gas para calentar el hogar, o usará otro tipo de calefacción? ¿Llevarán consigo al niño en un viaje de larga distancia? ¿Puede el niño ir a nadar? Estos asuntos envuelven riesgos, hasta de vida o muerte. Pero la sociedad reconoce la discreción de los padres, de modo que se otorga a los padres la voz dominante en casi toda decisión que afecta a sus hijos. En 1979 el Tribunal Supremo de los Estados Unidos dijo claramente: “El concepto de la familia que tiene la ley se basa en la suposición de que los padres poseen lo que al niño le falta en lo que se refiere a la madurez, la experiencia y la capacidad para juicio que se requieren para tomar las decisiones difíciles de la vida. [...] El hecho de que la decisión de un padre o una madre [en un asunto médico] envuelva riesgos no transfiere automáticamente la autoridad para tomar esa decisión de los padres a alguna agencia o a algún funcionario estatal” (Parham v. J.R.). “Temo que no sea poco común —comenta el Dr. James L. Fletcher, hijo— el que la arrogancia profesional suplante el buen juicio médico. Tratamientos considerados ‘los mejores de hoy’ se modifican o descartan mañana. ¿Quién es más peligroso?: ¿‘padres religiosos’, o un médico arrogante que está convencido de que su tratamiento es absolutamente vital?”—Pediatrics, octubre de 1988. Aquel mismo año el Tribunal de Apelaciones de Nueva York dio este fallo: “El factor más significativo en determinar si a un niño se le priva o no de atención médica adecuada [...] es el de si los padres han dado o no pasos aceptables de tratamiento médico para su hijo en vista de todas las circunstancias. Esta investigación no se puede hacer en términos de si el padre o la madre ha tomado una decisión ‘correcta’ o ‘incorrecta’, puesto que la condición actual de la práctica de la medicina, a pesar de sus grandes adelantos, rara vez permite conclusiones tan definitivas. Tampoco puede un tribunal adoptar el papel de sustituto de los padres” (In re Hofbauer). Recuerde el ejemplo de los padres que tenían que escoger entre cirugía y antibióticos. Cada tratamiento tendría sus propios riesgos. Los padres amorosos tienen la responsabilidad de pesar los riesgos, los beneficios y otros factores y entonces seleccionar. Con relación a esto, el Dr. Jon Samuels (Anesthesiology News, octubre de 1989) sugirió un repaso de Guides to the Judge in Medical Orders Affecting Children (Orientación para el juez sobre órdenes médicas que afectan a niños), que adoptó esta postura: “El conocimiento médico no está lo suficientemente adelantado como para permitir que un médico prediga con razonable certeza que su paciente ha de vivir o morir [...] Si hay selección de procedimientos —por ejemplo, si el médico recomienda un procedimiento que tiene una probabilidad de éxito de un 80% pero que no tiene la aprobación de los padres, y los padres no objetan a un procedimiento que solo tiene una probabilidad de éxito de un 40%— el médico debe tomar el derrotero que desde el punto de vista médico es más arriesgado, pero al cual los padres no presentan objeción”. En vista de los muchos riesgos mortíferos en el uso médico de la sangre que han salido a la luz, y de que hay otras formas eficaces de manejar los casos, ¿no pudiera ser que el evitar la sangre fuera hasta menos arriesgado? Naturalmente, los cristianos consideran muchos factores si algún hijo suyo necesita cirugía. Toda operación, sea que en ella se use sangre o no, tiene sus riesgos. ¿Qué cirujano da garantías? Puede que los padres sepan que unos médicos hábiles han operado con éxito, sin usar sangre, a menores que son Testigos. Por eso, hasta cuando un médico o algún ejecutivo de un hospital prefiriera seguir otro proceder, ¿no sería razonable que esas personas, en vez de causar una batalla jurídica llena de tensiones y consumidora de tiempo, trataran los asuntos con los padres amorosos? O puede que los padres transfieran a su hijo a otro hospital donde el personal sea experimentado en tratar tales casos y esté dispuesto a hacer eso. De hecho, el manejo sin sangre probablemente sea atención de calidad, porque puede ayudar a la familia ‘a lograr metas válidas, tanto médicas como no médicas’, como hemos señalado antes. * Véase el artículo médico “Transfusiones de sangre: ¿De quién es la decisión? ¿La conciencia de quién debe respetarse?”, reimpreso en el Apéndice. ¿Cómo puede salvarle la vida la sangre? La sangre que en verdad salva vidas De la información anterior se desprenden claramente ciertos puntos. Aunque para muchas personas las transfusiones de sangre son un medio de salvar la vida, están llenas de riesgos. Cada año miles de personas mueren como resultado de transfusiones; muchas otras enferman de gravedad y afrontan consecuencias que se presentan posteriormente. Por eso, hasta desde un punto de vista físico es prudente prestar atención al mandato bíblico de ‘abstenerse de la sangre’. (Hechos 15:28, 29.) Los pacientes se protegen de muchos peligros si solicitan atención médica sin el uso de sangre. Médicos hábiles que han aplicado este trato a los testigos de Jehová a pesar de las dificultades implicadas han desarrollado en su práctica una norma sin riesgos y eficaz, como lo prueban muchos informes médicos. Los médicos que suministran atención de calidad sin sangre no transigen en cuanto a estimados principios médicos. Más bien, muestran respeto al derecho del paciente a conocer los riesgos y los beneficios para poder seleccionar con entendimiento lo que se haya de hacer a su cuerpo y su vida. No somos ingenuos en este asunto, pues sabemos que no toda persona concuerda con este enfoque. La gente difiere en cuanto a conciencia, ética y punto de vista médico. Por lo tanto, para otros, entre ellos algunos médicos, quizás sea difícil aceptar el que un paciente decida abstenerse de sangre. Cierto cirujano de Nueva York escribió: “Nunca olvidaré lo que ocurrió hace 15 años, cuando era un joven interno y estuve al lado de la cama de un testigo de Jehová que murió desangrado debido a una úlcera duodenal. Se respetaron los deseos del paciente y no se le dio ninguna transfusión, pero todavía recuerdo la tremenda frustración que sentí como médico”. Sin duda, él creía que la sangre le habría salvado la vida al paciente. Sin embargo, el año después que él escribió eso, una revista inglesa sobre cirugía, The British Journal of Surgery (octubre de 1986), informó que antes del advenimiento de las transfusiones la hemorragia gastrointestinal tenía “una mortalidad de solo 2,5%”. Desde que las transfusiones se hicieron costumbre, ‘la mayoría de los estudios extensos que se han hecho informan una mortalidad de 10%’. ¿Por qué una mortalidad cuatro veces mayor? Los investigadores sugirieron esto: “Parece que la transfusión de sangre dada temprano invierte la respuesta de hipercoagulación a la hemorragia, de modo que se vuelve a sangrar”. Cuando el Testigo de la úlcera sangrante rehusó aceptar sangre, puede que su decisión en realidad favoreciera sus perspectivas de sobrevivir. El cirujano de quien hemos citado añadió: “El tiempo y el atender a muchos pacientes hacen que uno cambie de punto de vista, y hoy hallo que la confianza entre un paciente y su médico, además del deber de respetar los deseos de su paciente, son mucho más importantes que la nueva tecnología médica que nos rodea.[...] Es interesante que la frustración que sentí se ha convertido en admiración y reverencia por la fe y la devoción firmes de aquel paciente”. El médico llegó a esta conclusión: ‘Esto me recuerda que siempre debo respetar los deseos personales y las creencias religiosas del paciente, prescindiendo de mi parecer personal o de las consecuencias’. Puede que usted ya se dé cuenta de algo que muchos médicos llegan a apreciar con “el tiempo y el atender a muchos pacientes”. Hasta cuando a la gente se le da la mejor atención médica en los mejores hospitales, llega el tiempo en que muere. Con transfusiones de sangre o sin ellas, muere. Todos estamos envejeciendo, y el fin de la vida se acerca. Eso no es adoptar un punto de vista fatalista. Es la realidad. El morir es una realidad de la vida. Las pruebas muestran que por lo general los que pasan por alto la ley de Dios sobre la sangre experimentan daño, sea que este se presente inmediatamente o con posterioridad; algunas personas hasta mueren debido a la sangre. Los que sobreviven no han obtenido vida eterna. De modo que las transfusiones de sangre no salvan la vida para siempre. A la mayoría de las personas que por razones religiosas y/o médicas rechazan la sangre pero aceptan otro tratamiento les va muy bien. Puede que así añadan unos años a su vida. Pero no viven para siempre. El hecho de que todos los humanos somos imperfectos y estamos encaminados a la muerte nos lleva a la verdad central de lo que la Biblia dice sobre la sangre. Si entendemos y apreciamos esta verdad, veremos cómo la sangre puede en realidad salvar la vida... nuestra vida, para siempre. LA ÚNICA SANGRE QUE SALVA LA VIDA Como ya hemos señalado, Dios dijo a toda la humanidad que no debía comer sangre. ¿Por qué? Porque la sangre representa la vida. (Génesis 9:3-6.) Él explicó más acerca de esto en el código de la Ley dado a Israel. Al tiempo de ratificarse el código de la Ley, en un altar se usó la sangre de animales sacrificados. (Éxodo 24:3-8.) Leyes de aquel código mencionaron que todos los humanos son imperfectos; son pecaminosos, según lo expresa la Biblia. Dios dijo a los israelitas que mediante sacrificios de animales ofrecidos a él podían reconocer la necesidad de que se les perdonaran los pecados. (Levítico 4:4-7, 13-18, 22-30.) Es verdad que eso fue lo que Dios les pidió entonces, no lo que pide de los verdaderos adoradores hoy día. Pero aquello es muy significativo para nosotros ahora. Dios mismo explicó el principio que servía de base para aquellos sacrificios: “El alma [o la vida] de la carne está en la sangre, y yo mismo la he puesto sobre el altar para ustedes para hacer expiación por sus almas, porque la sangre es lo que hace expiación en virtud del alma en ella. Por eso he dicho a los hijos de Israel: ‘Ninguna alma de ustedes debe comer sangre’”. (Levítico 17:11, 12.) En la festividad antigua llamada el Día de Expiación el sumo sacerdote de Israel llevaba sangre de los animales sacrificados a la parte más sagrada del templo, el centro de la adoración de Dios. Aquello era una manera simbólica de pedir a Dios que perdonara los pecados del pueblo. (Levítico 16:3-6, 11-16.) Aquellos sacrificios en realidad no eliminaban todo el pecado, y por eso tenían que repetirse cada año. Sin embargo, con este uso de la sangre se estableció un modelo significativo. El pueblo de Dios rehusó sostenerse la vida con sangre, no porque aquello perjudicaría la salud, sino porque no era santo; no porque la sangre estuviera contaminada, sino porque era preciosa. Una de las enseñanzas principales de la Biblia es que Dios con el tiempo proveería un sacrificio perfecto que podría expiar por completo los pecados de todo creyente. Esto se llama el rescate, y tiene como centro el sacrificio del Mesías o Cristo predicho. La Biblia compara el papel del Mesías con lo que se hacía en el Día de Expiación: “Cuando Cristo vino como sumo sacerdote de las cosas buenas que han llegado a realizarse, mediante [el templo] más grande y más no de manos, [...] entró —no, no con la sangre de machos cabríos y de torillos, sino con su propia sangre— una vez para siempre en el lugar santo [el cielo], y obtuvo liberación eterna para nosotros. Sí, casi todas las cosas son limpiadas con sangre según la Ley, y a menos que se derrame sangre no se efectúa ningún perdón”. (Hebreos 9:11, 12, 22.) Esto nos hace ver claramente por qué tenemos que tener el punto de vista de Dios acerca de la sangre. Según su derecho de Creador, él ha determinado la utilidad exclusiva de la sangre. Israelitas de la antigüedad probablemente obtuvieron beneficios para su salud al no ingerir sangre animal ni humana, pero esa no era la razón más importante para no ingerirla. (Isaías 48:17.) Tenían que evitar sostenerse la vida con sangre, no principalmente porque el hacer lo contrario perjudicaría la salud, sino porque para Dios aquello no era santo. Tenían que abstenerse de sangre, no porque esta estuviera contaminada, sino porque era preciosa para obtener perdón. El apóstol Pablo explicó lo siguiente acerca del rescate: “Por medio de él tenemos la liberación por rescate mediante la sangre de ese, sí, el perdón de nuestras ofensas, según las riquezas de su bondad inmerecida”. (Efesios 1:7.) La palabra original griega que se halla en este texto se traduce apropiadamente “sangre”, pero algunas versiones bíblicas cometen el error de sustituirla por la palabra “muerte”. Por lo tanto, pudiera ser que los lectores no notaran el énfasis que se da al punto de vista de nuestro Creador acerca de la sangre y del valor del sacrificio que ha relacionado con ella. El tema de la Biblia gira en torno al hecho de que Cristo murió como sacrificio de rescate perfecto pero no permaneció muerto. Siguiendo el patrón o modelo que Dios fijó en el Día de Expiación, Jesús fue levantado al cielo para “comparecer ahora delante de la persona de Dios a favor de nosotros”. Allí presentó el valor de su sangre derramada en sacrificio. (Hebreos 9:24.) La Biblia recalca que debemos evitar todo proceder que equivalga a ‘pisotear al Hijo de Dios y considerar de valor ordinario su sangre’. Solo así podemos mantenernos en buena relación y paz con Dios. (Hebreos 10:29; Colosenses 1:20.) DISFRUTE DE LA VIDA SALVADA MEDIANTE SANGRE Cuando entendemos lo que Dios dice respecto a la sangre, se desarrolla en nosotros el mayor respeto por su valor de salvar vidas. Las Escrituras describen a Cristo como aquel que ‘nos amó y nos desató de nuestros pecados por medio de su propia sangre’. (Revelación 1:5; Juan 3:16.) Sí; mediante la sangre de Jesús podemos adquirir perdón completo y duradero de nuestros pecados. El apóstol Pablo escribió: “Dado que hemos sido declarados justos ahora por su sangre, seremos salvados mediante él de la ira”. Así es como la vida duradera puede ser salvada mediante sangre. (Romanos 5:9; Hebreos 9:14.) El salvar la vida con la sangre de Jesús abre el camino a la vida sin fin y con salud en un paraíso terrestre Hace mucho tiempo Jehová Dios aseguró que mediante Cristo ‘todas las familias de la tierra se pueden bendecir’. (Génesis 22:18.) Esa bendición incluye hacer que la Tierra llegue a ser un paraíso. Entonces la humanidad creyente ya no será afligida por las enfermedades ni el envejecimiento; ni siquiera por la muerte humana; el género humano disfrutará de bendiciones que exceden por mucho la ayuda temporal que nos puede ofrecer ahora algún personal médico. Tenemos esta maravillosa promesa: “Limpiará toda lágrima de sus ojos, y la muerte no será más, ni existirá ya más lamento ni clamor ni dolor. Las cosas anteriores han pasado”. (Revelación 21:4.) ¡Qué sabio es, entonces, que tomemos a pecho todos los requisitos de Dios! Eso incluye obedecer sus mandatos respecto a la sangre, de modo que no le demos mal uso ni siquiera en situaciones relacionadas con tratamiento médico. Así no viviremos solo para el momento. Más bien, manifestaremos que tenemos en alta estima la vida, lo que incluye nuestra esperanza de vida eterna en perfección humana.