JCMosca
Usuario (Argentina)
Se ha dicho que Big Fish rinde homenaje al padre de Burton pero también a su amor por Helena Bonham Carter y se los ve a ambos reflejados en los personajes de Victor y Emily. La película, que recibió solo una nominación para los Oscar por mejor banda de sonido, cuenta la historia de Edward Bloom, un hombre que relataba su vida añadiéndole características fantásticas e increíbles, y es por ese tipo de exageraciones que su hijo Will se alejó de él. La historia es contada con el uso de flashback, mostrando las aventuras que relataba Bloom, pasando por muchos personajes y situaciones, como la bruja, el gigante, las siamesas y otros. Podríamos decir que es una historia de relatos, en el relato del reencuentro de un hijo con su padre se entremezclan relatos. El personaje de Edward Bloom, el padre, está desdoblado en dos tiempos: su infancia-juventud y elfinal de su vida. La muerte es el horizonte del film, como lo es de la vida. Comienza ubicándonos a Edward Bloom: pescador y vendedor. Los pescadores y los vendedores son cuenteros, mentirosos, o al menos exagerados; exageran el tamaño del pez que pescaron y las virtudes del producto que venden. Edward Bloom era tan exagerado en esta cualidad que su hijo no sabía realmente como era en verdad su padre. Los rodeos retóricos del reencuentro de ambos, cuando uno –el padre- está por morir y el otro -el hijo- a su vez está por devenir padre, es la historia del film. Quiero detenerme en un detalle que aparentemente pasó inadvertido. Sin haber leído la novela original de Wallace ni tener noticia si fue su intención cierto paralelismo, se puede señalar que hay otra historia clásica del extravío y reencuentro de padre e hijo, que recorre como sub-texto el film: el héroe homérico Ulises y su hijo Telémaco. Podríamos decir que hay una odisea del nombre del padre. En la metáfora paterna el padre y la madre son significantes. Del lado del padre tenemos el nombre, del lado de la madre está el deseo. En la “Odisea” un capítulo se conoce como Nausícaa. Odyseo, extraviado, como cualquiera de nosotros, abandonado en una playa desconocida, es bien recibido por la hija del rey de los feacios. Nausícaa lo provee de ropas y le enseña el camino hacia el palacio de su padre. Sin Nausícaa y su hospitalidad el relato no hubiera sido posible. Edward Bloom se encontró con su Nausícaa en la noche en una playa del río de Spectra, ese mágico pueblo al que llega por un camino perdido. Pero la mujer desnuda que descubre en las aguas y lo seduce, como Nausícaa a la vera de las aguas seduce a Ulises, resultó ser un pez. La verdadera mujer es la niña que lo esperará como mujer adulta. Y si miramos bien descubriremos que su rostro se parece al de la bruja que mostrándole su muerte le hace ganar la vida. En la literatura también hubo otra Nausícaa para otro Ulises. Fue quien guió a Joyce al escribir sobre el encuentro entre Leopoldo Bloom y Gerty MacDowell, personajes de su novela, en el atardecer del 16 de junio de 1904 en la playa rocosa de la bahía de Sandymount, en las afueras de Dublín. Capítulo que alertó a la censura norteamericana y puso en cuestión lo publicable, denunciado, censurado, pero finalmente publicado. El personaje central de “Ulises” de Joyce es Leopold Bloom, el de Big Fish es Edward Bloom [2]. Digamos que entre ambos encuentro cierta familiaridad. No en el estilo del relato, pero comparten cierta estirpe. Incluso alguien le dice al joven Edward: “Bloom, como flor, florecimiento” y ese es un tema joyceano, luego él inundará de narcisos la calle en la que vive su amada. En esta versión de Tim Burton, por momentos quijotesca, otras veces surrealista y finalmente fantástica , hay otras analogías con el personaje homérico y con el joyceano. La aparición del cíclope, más amistoso en la versión de Burton, la bruja Circe, que termina ayudándolo, el soldado extraviado en la guerra, sólo 4 meses y no 20 años en el caso de Edward Bloom a diferencia del héroe griego, y otros. Pero la principal parece ser la idea del viaje como travesía. Un largo viaje, de años según Homero, de un día según Joyce, para el reencuentro de padre e hijo. La vida misma como relato y travesía. O el relato como vida. También es la travesía de un día hacia la noche, hacia la muerte en el caso de Edward, para transformarse en un relato, cuando a él se le terminaron los propios, los que solía contar. Edward no tiene relato para su propia muerte. “¿Cómo será la partida?” le pregunta agonizante a su hijo William. Y es William quien construye un texto. En ese cuento Edward será el Gran Pez que vuelve a las aguas, como la corriente de la vida, que continúa la secuencia de las generaciones. Como la corriente de las lenguas, que continúan los relatos. Y dice William que Edward entrando en esa corriente, en el relato de los otros que lo perduran, gana así la inmortalidad. Es sólo una metáfora, lo que no es poca cosa.