JAMESWOODS
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Antropología Criminal, La Teoría de Lombroso María Montessori expresó un optimismo combativo cuando, en 1913, escribió: “... El fenómeno de la criminalidad se difunde sin encontrar obstáculos ni auxilio, y hasta ayer sólo despertaba en nosotros repulsión y asco. Pero ahora que la ciencia ha puesto su dedo en la llaga moral, requiere la cooperación de toda la humanidad para luchar contra él...” El tema central de esta afirmación es la teoría de Lombroso sobre í'uomo delinquenle (El Hombre Criminal), quizá la doctrina más influyente que jamás produjo la tradición antropométrica. Lombroso, un médico italiano, describió la intuición que lo condujo a la teoría de la criminalidad innata y a la creación de la disciplina por él fundada: La antropología criminal. En 1870 se encontraba investigando (“sin mayor éxito”) las diferencias anatómicas que podrían distinguir a los criminales de los locos cuando, “la mañana de un nublado día de diciembre”, examinó el cráneo del famoso bandolero Vithella y tuvo aquel destello de jubilosa intuición que acompaña tanto los brillantes descubrimientos como las invenciones más descabelladas. Porque lo que vio en aquel cráneo fue una serie de rasgos atávicos que evocan más el pasado simiesco que el presente humano:. “... No era una mera idea, sino un destello de inspiración. Al contemplar aquel cráneo, me pareció que, de golpe, iluminado como una vasta llanura bajo un cielo resplandeciente, podía ver todo el problema de la naturaleza del criminal: Un ser atávico cuya persona reproduce los instintos feroces de la humanidad primitiva y de los animales inferiores. Así se explicaban anatómicamente las enormes mandíbulas, los pómulos pronunciados, los arcos superciliares prominentes, las líneas de las manos separadas, el gran tamaño de las órbitas y las orejas en forma de asa que se observan en los criminales, los salvajes y los monos... La insensibilidad ante el dolor, la extrema agudeza de la vista, la debilidad por los tatuajes, la excesiva ociosidad, el gusto por las orgías y el ansia irresponsable de la maldad por sí misma.. El deseo no sólo de extinguir la vida de la víctima, sino también de mutilar el cadáver, desgarrar su carne y beber su sangre ...” (en Taylor et al., 1973, P. 41). La teoría de Lombroso no fue sólo una vaga afirmación del carácter hereditario tesis bastante común en su época (sino una teoría evolucionista específica, basada en datos antropométricos. Los criminales son tipos atávicos desde el punto de vista de la evolución, que perduran entre nosotros. En nuestra herencia yacen aletargados gérmenes procedentes de un pasado ancestral. En algunos individuos desafortunados, aquel pasado vuelve a la vida. Esas personas se ven impulsadas por su constitución innata a comportarse como lo harían un mono o un salvaje normales, pero en nuestra sociedad civilizada su conducta se considera criminal. Afortunadamente, podemos identificar a los criminales natos porque su carácter simiesco se traduce en signos anatómicos. Su atavismo es tanto físico como mental, pero los signos físicos, o estigmas, como los llamaba Lombroso, son decisivos. La conducta criminal también puede aparecer en hombres normales, pero reconocernos al “criminal nato” por su anatomía. De hecho, la anatomía se identifica con el destino y los criminales no pueden quitarse esa mancha hereditaria. “...Nos gobiernan unas leyes silenciosas que nunca dejan de actuar, y que rigen la sociedad con más autoridad que las leyes inscritas en nuestros códigos... El crimen se presenta como un fenómeno natural...” (Lombroso, 1837, p. 667). Los animales salvajes y los criminales natos Para que el argumento de Lombroso estuviese completo no bastaba con reconocer la presencia de rasgos atávicos simiescos en los criminales, porque esas características físicas simiescas sólo podían explicar el comportamiento bárbaro de un hombre si los salvajes y los animales inferiores tenían una acuñación natural hacia la criminalidad. Si algunos hombres parecen monos, pero resulta que los monos son buenos, entonces el argumento no funciona. Así pues, Lombroso dedicó la primera parte de su obra más importante (El hombre criminal, publicada en 1876) a lo que hemos de considerar como la más ridícula muestra de antropomorfismo de que se tenga noticia: un análisis de la conducta criminal de los animales. Cita, por ejemplo, => El caso de una hormiga cuya furia asesina la impulsa a matar y despedazar un pulgón; => El de una cigüeña que, junto con su amante, asesina a su marido; => El de unos castores que se asocian para asesinar a un congénere solitario; => El de una hormiga macho que no tiene acceso a las hembras reproductoras y viola a una obrera, cuyos órganos sexuales están atrofiados, provocándole la muerte en medio de atroces dolores; => Llega incluso a decir que cuando el insecto come determinadas plantas, su conducta “equivale a un crimen”. (Lombroso, 1887, pp. 1-18) A continuación, Lombroso da el siguiente paso lógico: compara los criminales con los grupos “inferiores”. Para identificar la criminalidad como conducta normal en los pueblos inferiores, Lombroso se aventuró en el terreno de la etnología. Escribió un pequeño tratado (Lombroso, 1896) sobre los dinka del Alto Nilo en él se refirió a los profundos tatuajes que éstos practicaban en su cuerpo, así como al elevado umbral de dolor que les permitía soportar pruebas como la rotura de los incisivos en la pubertad, realizada a golpe de martillo. Su anatomía normal exhibía una serie de estigmas simiescos: ".. Su nariz... no sólo es achatada, sino también trilobulada como la de los monos .." Su colega G. Tarde afirmó que algunos criminales: ".. Hubiesen sido la aristocracia moral y el orgullo de una tribu de pieles rojas .." Havelock Ellis destacó el hecho de que a menudo los criminales y los individuos pertenecientes a grupos inferiores no saben lo que es sonrojarse. ".. La imposibilidad de sonrojarse siempre se ha considerado como un rasgo concomitante del crimen y la desvergüenza. Los idiotas y los salvajes raramente se sonrojan. Los españoles solían decir lo siguiente acerca de los indios suramericanos: "¿Cómo confiar en unos hombres que no saben sonrojarse?" .." Prácticamente todos los argumentos de Lombroso estaban construidos de forma que nunca pudiesen fracasar; por tanto, eran vacuos desde el punto de vista científico. Aunque mencionase abundantes datos numéricos para otorgar un aire de objetividad a su obra, ésta siguió siendo tan vulnerable. Cada vez que Lombroso se topaba con un hecho que no cuadraba con dicha teoría, recurría a algún tipo de acrobacia mental que te permitiera incorporarlo a su sistema. Esta actitud es muy evidente en el caso de sus tesis acerca de la depravación de los pueblos inferiores, porque una y otra vez se encontró con relatos que hablaban del valor y la capacidad de aquellos a quienes quería denigrar. Sin embargo, deformó todos esos relatos para que cupiesen en su sistema. Si, por ejemplo, debía aceptar un rasgo favorable, lo asociaba con otros que pudiese despreciar. Citando la autoridad, un tanto añeja de Tácito, concluyó lo siguiente: "..Aunque el honor, la castidad y la piedad puedan existir entre los salvajes, la impulsividad y la indolencia son rasgos que nunca faltan. Los salvajes tienen horror al trabajo continuo, de modo que sólo la selección o la esclavitud pueden inducirlos al trabajo metódico y activo .." Si no, veamos el elogio que de mala gana hizo de la "raza inferior" y criminal, de los gitanos: “.. Son vanidosos, como todos los delincuentes, pero no tienen miedo ni vergüenza. Todo lo que ganan se lo gastan en bebidas y adornos. Pueden ir descalzos, pero sus ropas siempre son de colores vivos o están adornadas con vistosos encajes; no llevarán calcetines, pero sí zapatos amarillos. Son tan poco previsores como el salvaje y el criminal... Devoran carroña casi podrida. Se entregan a orgías y les encanta meter bulla, y gritan mucho en las subastas de los mercados. Matan a sangre fría para robar, y en tiempos se creyó que practicaban el canibalismo... Hay que señalar que esta raza, moralmente tan baja y tan incapaz de todo desarrollo cultural e intelectual, una raza que nunca puede dedicarse de forma continuada a industria alguna, y cuya poesía nunca ha superado la lírica más elemental, ha creado en Hungría un arte música maravilloso: una prueba más de que, en el criminal, puede encontrarse la genialidad mezclada con el atavismo...” Cuando no disponía de rasgos condenables para mezclarlos con el elogio, se limitaba a indicar que los "primitivos" no podían tener razones justificadas para comportarse positivamente. Mientras que un santo blanco que enfrenta con valor la tortura y la muerte es un héroe entre los héroes, un "salvaje" que expira con igual dignidad es alguien que sencillamente no siente dolor: ".. Su insensibilidad física (de los criminales) recuerda mucho la de los salvajes, que pueden soportar, en los ritos de pubertad, unas torturas que el hombre blanco nunca será capaz de resistir. Todos los viajeros conocen la indiferencia de los negros y los salvajes americanos ante el dolor: los primeros se cortan las manos riendo para no tener que trabajar: los segundos cantan con júbilo las alabanzas de su tribu mientras se queman a fuego lento amarrados al poste de torturas.." Para completar la cadena, Lombroso sólo tenía que declarar que el niño era esencialmente criminal porque: “… El niño es como un antepasado adulto, un primitivo viviente...” El médico italiano no retrocedió ante esta consecuencia inevitable de su teoría, y marcó con el estigma de la criminalidad a aquel que la tradición siempre había presentado como inocente: “... Uno de los descubrimientos más importantes de mi escuela es de que en el niño, hasta cierta edad, se manifiestan las más sádicas tendencias del criminal. En los primeros períodos de la vida humana se observan normalmente los gérmenes de la delincuencia y la criminalidad...” (1895, p. 53). Nuestra impresión de que el niño es inocente responde a un prejuicio de clase; dada la buena posición social que ocupamos, tendemos a ocultar las inclinaciones naturales de nuestros niños: “… Quienes viven entre las clases superiores nada saben de la pasión que sienten los niños por las bebidas alcohólicas, pero en las clases bajas lo más corriente es ver cómo hasta los niños de pecho beben con notable placer vino y todo tipo de licores…” (1895, p. 56). Entre los estigmas de Lombroso también había un conjunto de rasgos sociales. Destacó en especial los siguientes: 1)La jerga de los criminales, un len¬guaje propio que contiene un elevado número de voces onomatopéyicas, a se¬mejanza del habla de los niños y los salvajes: “… Entre sus causas, la más importante es el atavismo. Hablan distinto porque sienten distinto; hablan como salvajes porque son auténticos salvajes que viven en medio de nuestra espléndi¬da civilización europea...” 2) El tatuaje, que refleja tanto la insen¬sibilidad de los criminales ante el dolor como su atávico gusto por los adornos. Lombroso realizó un estudio cuantitativo del contenido de los tatuajes de los criminales y encontró que en general contenían ataques a la ley (“venganza”) o intentaban una justificación (“nací con mala estrella”, “no tengo suerte”), aunque en cierta ocasión se topó con uno que decía: “Viva Francia y las patatas fritas”. Para Lombroso, el tatuaje era un signo de criminalidad innata. Era un brazo de este malhechor, cuyo retrajo se incluye en El hombre criminal de Lombroso, puede leerse: "Un hombre desventurado". Su pene lleva la inscripción "entra tutto", "entra todo". En el epígrafe correspondiente, Lombroso nos dice que el tatuaje de las manos estrechadas era muy común en los pederastas. Panoplia de rostros criminales, frontispicio del atlas incluido en El hombre criminal de Lombroso. El grupo E está integrado por asesinos alemanes; El grupo I, por ladrones nocturnos (Lombroso nos dice que el hombre sin nariz logró escapar durante años de la justicia valiéndose de una nariz que puede apreciarse en el retrato de al lado, donde lleva sombrero hongo); Los del grupo H son Ladrones de bolsos por el procedimiento del tirón; Los del grupo A son rateros de tiendas; Los de los grupos B, C, D y F son timadores; En cuanto a los distinguidos caballeros alineados en la parte inferior, se trata de individuos que declararon quiebras fraudulentas. Lombroso nunca atribuyó todos los actos criminales a personas con estigmas atávicos. El estudio que alrededor de un 40% de los criminales obedecían a una compulsión hereditaria, mientras que otros actuaban movidos por la pasión, la furia o la desesperación. A primera vista, esta distinción entre crimínales ocasionales y criminales natos parece una solución de compromiso o una marcha atrás; sin embargo, la intención de Lombroso al establecerla no fue ésa sino, por el contrario, la de poner su sistema a salvo de cualquier tipo de refutación. Desde esa perspectiva, los hombres ya no podían caracterizarse sobre la base de sus actos. El asesinato podía ser la obra del más bajo de los simios disimulado en un cuerpo humano, o bien la de un cornudo decente dominado por la más justa de las iras. Esto abarca todos los actos criminales: un hombre dotado de estigmas que comete movido por su naturaleza innata; uno sin estigmas, por la fuerza de las circunstancias. Al clasificar las excepciones dentro de un sistema dentro de su sistema, Lombroso excluyó cualquier posible refutación del mismo. La retirada de Lombroso La teoría de Lombroso causó gran agitación y suscitó uno de los más acalorados debates científicos del siglo XIX. Pese a haber sazonado su obra con gran cantidad de datos numéricos, Lombroso no había rendido los debidos honores a la fría objetividad. Poco a poco Lombroso tuvo que retirarse ante la andanada de críticas. Pero lo hizo como un experto militar. En ningún momento transigió ni abandonó su idea básica de que el crimen, tenía raíces biológicas. Se limitó a ampliar la extensión de las causas innatas. Su teoría original tenía la virtud de la sencillez y sorprendía por su originalidad: ".. Los criminales son simios que viven entre nosotros los individuos marcados por los estigmas anatómicos del atavismo..." Las versiones anteriores restaron precisión, pero también abarcaron más fenómenos. Aunque el atavismo siguió siendo para él una causa biológica fundamental de la conducta criminal, Lombroso introdujo varias categorías de enfermedades y degeneraciones congénitas: “… Desde nuestra perspectiva (escribió en 1387), el criminal es un salvaje y al mismo tiempo un enfermo…”. Posteriormente, insistió en la importancia de la epilepsia para el reconocimiento de la criminalidad, y acabó afirmando que casi todos los "criminales natos" padecían en, mayor o menor grado de epilepsia. Es imposible calcular la carga adicional que la teoría de Lombroso supuso para miles de epilépticos: éstos se convirtieron en uno de los principales blancos de los programas eugenésicos y ello, entre otras cosas, porque Lombroso había interpretado su enfermedad como un signo de degeneración moral. Pero la antropología criminal fue mucho más que un agitado debate académico. Fue durante años el tema de discusión en los círculos legales y penales. Inspiró numerosas "reformas" y hasta la primera guerra mundial fue el tema de una conferencia internacional que cada cuatro años congregaba a jueces, juristas, funcionarios gubernamentales, y científicos. Más allá de su repercusión específica, la antropología criminal de Lombroso vino sobre todo a reforzar el argumento del determinismo biológico acerca de los papeles desempeñados por los actores y su ambiente: "..Los actores obedecen a su naturaleza innata. Para comprender el crimen hay que estudiar al criminal, no la forma éste ha sido criado, su educación, o la situación que pudo haberlo incitado a robar o pillar. La antropología criminal estudia al delincuente en su lugar natural, es decir, en el terreno de la biología y la patología .." (como afirma Sergi, discípulo de Lombroso citado por Zimmern, 1898, p, 144). Se trata de un argumento político conciliador de eficacia insuperable: Los malvados, los estúpidos, los pobres, los excluidos o los degenerados lo son porque han nacido así. Las instituciones sociales son un reflejo de la naturaleza. Hay que culpar (y estudiar) a la víctima, no a su ambiente. La más dudosa consecuencia posible de la teoría de Lombroso nunca se tradujo en una ley ni fue propuesta por los partidarios de este último: La selección previa y el aislamiento individuos portadores de estigmas, antes de que hubieran cometido delito alguno. Sin embargo, Lombroso era partidario de hacer una selección previa entre los niños para que los maestros pudieran estar preparados y supieron a qué atenerse coa los alumnos portadores de estigmas. ".. El examen antropológico, que señala el tipo criminal, el desarrollo precoz del cuerpo, la falta de simetría, la pequeñez di la cabeza y tamaño exagerado del rostro, explica los fallos escolares y disciplinarios da los niños que presentía dichos rasgos, y permite separarlos a tiempo de sus compañeros mejor dotados, y orientarlos hacia carreras más adecuadas a su temperamento .." (1911, pp. 438-439). Sabemos que los estigmas de Lombroso llegaron a ser importantes criterios de juicio en muchos procesos criminales; pero tampoco en este caso podemos saber cuántos hombres sufrieron condenas injustas por el hecho de llevar grandes tatuajes, no sonrojarse o tener mandíbulas y brazos más desarrollados que lo habitual. E. Ferri, principal lugarteniente de Lombroso, escribió lo siguiente (1897, pp. 166,167): ".. El estudio de los factores antropológicos proporciona a los guardianes y administradores de la ley nuevos y más seguros, métodos para la detección del culpable. Los tatuajes, la antropometría, la fisonomía, las condiciones físicas y mentales, los registros de la sensibilidad, los reflejos, las reacciones vasomotoras, el alcance de la visión, los datos de la estadística criminal... bastarán a menudo para brindar a los agentes de policía y los jueces instructores una guía científica con que orientar sus pesquisas, basadas hasta ahora exclusivamente en su agudeza personal y en su propia sagacidad. Cuando pensamos en la enorme cantidad, de crímenes y delitos que no son castigados, por falta o insuficiencia de pruebas, y en la frecuencia de los procesos basados sólo en indicios circunstanciales, no es difícil advertir la utilidad práctica que supondría establecer una relación prioritaria entre la sociología criminal y los procedimientos penales .." Pero a mayoría de los jueces y abogados no podían soportar la idea de que la ciencia cuantitativa se inmiscuyese en un dominio que de antiguo les pertenecía. No rechazaban la antropología criminal de Lombroso porque supiesen que era una pseudociencia, sino porque la consideraban una transgresión injustificada en una materia que de pleno derecho les incumbía sólo a ellos. Los críticos franceses de Lombroso, que insistieron en las causas sociales del crimen, también contribuyeron a frenar la marea lombrosiana. Al referirse a la pena capital, Lombroso y sus discípulos se declaraban firmemente convencidos de que los criminales natos delinquen por naturaleza. (Lombroso, 1895, p. 58). (Lombroso, 1911, p. 369). ".. El atavismo nos demuestra la ineficacia del castigo en el caso de los criminales natos, y por qué éstos reinciden inevitablemente en el crimen .." ".. La ética teórica se desliza sobre esos cerebros enfermos como el aceite sobre el mármol, sin impregnarlo .." En 1897 Ferri afirmó que, a diferencia de muchas otras escuelas de pensamiento, los antropólogos criminalistas seguidores de Lombroso consideraban unánimemente que la pena de muerte era legítima (1897, pp. 238-240). Lombroso escribió lo siguiente (19.11, p. 447): ".. Sin duda, existe un grupo de criminales, nacidos para el mal, contra quienes todas las curas sociales fracasan como si chocasen contra una roca, hecho este que nos obliga a eliminarlos totalmente, incluso matándolos .." Su amigo el filósofo Hippolyte Taine se expresó en forma aún más dramática (1911, p. 428). : ".. Nos ha mostrado usted unos orangutanes crueles y lúbricos, con rostro de hombre. Es evidente que no pueden comportarse de otra manera. Si violan, roban y matan, lo hacen en virtud de su propia naturaleza y su pasado, pero su destrucción se justifica aún más ahora que se ha demostrado que nunca dejarán de ser orangutanes.." El mismo Ferri invocaba la teoría darviniana a modo de justificación cósmica de la pena capital (1897, pp. 239-240): ".. Considero que la pena de muerte está prescrita por la naturaleza, y se aplica continuamente en la vida del universo. La ley universal de la evolución nos muestra también que todo progreso vital es el producto de una selección permanente, por la muerte del que menos se adapta a la lucha por la vida. Ahora bien, en la humanidad, como en los animales inferiores, esa selección puede ser natural o artificial. Por tanto, la sociedad humana actúa de acuerdo con las leyes naturales cuando realiza una selección artificial que elimina a los individuos antisociales y monstruosos .." Sin embargo, Lombroso y sus colegas consideraron que existían medios más idóneos que la muerte para que la sociedad pudiera desembarazarse de sus criminales natos. Un aislamiento temprano en parajes bucólicos podría mitigar esa tendencia innata, y asegurar una vida útil, con la debida supervisión, continua y estrecha. En otros casos de criminalidad incorregible, el confinamiento en las colonias penitenciarias representaría una solución más humana que la pena capital, siempre y cuando el destierro fuese permanente e irrevocable. Los antropólogos criminalistas lombrosianos no eran sádicos, ni protofascistas, y ni siquiera simpatizaban con ideologías políticas conservadoras. Eran más bien partidarios de una política liberal e incluso socialista, y se consideraban personas modernas ilustradas por la ciencia. La ciencia moderna era para ellos una suerte de escoba con la que esperaban barrer de la jurisprudencia el anticuado bagaje filosófico del libre albedrío y la responsabilidad moral ilimitada. Llamaban "positiva" a su escuela de criminología, no porque estuviesen muy seguros (aunque es verdad que lo estaban), sino por referencia al significado filosófico del término, que afirmaba el valor de la experiencia y la objetividad frente a la mera especulación. Lombroso se apoyo en la biología para sostener que las penas debían adaptarse al criminal, y no al crimen. Un hombre normal podía cometer un asesinato movido por un ataque repentino de celos. ¿Qué sentido podía tener ejecutarlo o condenarlo a cadena perpetua? Ese individuo no necesitaba ser reformado, porque su naturaleza era buena; la sociedad no necesitaba protegerse de él, porque no volvería a delinquir. Un criminal nato podía ir a parar al banquillo del acusado por algún crimen sin importancia. ¿De qué serviría imponerle una pena breve, si no podía ser rehabilitado? Una pena breve sólo reduciría el plazo para la realización del próximo delito, quizá más grave. La escuela positiva propició con gran energía, y bastante éxito, un conjunto de reformas que hasta hace poco se consideraron ilustradas o "liberales", basadas en el principio de la indeterminación de la sentencia. La mayor pena de esas reformas se impusieron, y pocas personas son conscientes de que el sistema moderno de la libertad bajo palabra, reducción de la pena e indeterminación de la sentencia deriva en parte de la campaña de Lombroso en favor del tratamiento diferencial de los criminales natos y los ocasionales. La meta principal de la antropología criminal, escribió Ferri en 1911, consiste en: ".. remplazar la gravedad objetiva del crimen por la personalidad del criminal, como objeto básico y principio fundador de la justicia .." Las sanciones penales deben adaptarse a la personalidad del criminal. La consecuencia lógica de esta conclusión es la indeterminación de la sentencia, que ha sido, y sigue siendo, combatida por los criminólogos clásicos y metafísicos por considerarla una herejía jurídica. ".. Las penas previamente estipuladas son absurdas desde el punto de vista de la defensa de la sociedad. Es como si en un hospital algún médico quisiera fijar para cada enfermedad un lapso de permanencia en el establecimiento .." (Ferri, 1911, p. 251). Los primeros lombrosianos eran partidarios de un tratamiento severo para los "criminales natos". Esta aplicación incorrecta de la antropometría y la teoría evolucionista es aún más trágica porque el modelo biológico de Lombroso adolecía de graves defectos, y porque desvió drásticamente la atención hacia las supuestas tendencias innatas de los criminales apartándola del estudio de las bases sociales de la criminalidad. Pero los positivistas, que invocaron el modelo ampliado de Lombroso y llegaron a extender la génesis del crimen para incluir no sólo los factores biológicos sino también los educativos, tuvieron un éxito inmenso en su campaña en favor de la indeterminación de la sentencia y la atención a las circunstancias atenuantes. Puesto que sus convicciones pasaron, en gran pena, a nuestra práctica, hemos tendido a considerarlas humanitarias y progresistas. Vivimos en un siglo más sutil; pero no parece que los argumentos básicos cambien jamás. La torpeza del índice craneal fue remplazada por la complejidad de los tests de inteligencia. Los signos de criminalidad innata ya no se buscan en notorios estigmas anatómicos, sino en criterios propios del siglo XX: en los genes y en delicadas estructuras cerebrales. Todos tendemos a generalizar partiendo de nuestras respectivas áreas de especialización. Sin embargo, ¿Por qué la conducta violenta de algunas personas desesperadas y desalentadas tendría que indicar la existencia de algún desorden específico en su cerebro, si en el caso de la corrupción y la violencia de ciertos miembros del Congreso y ciertos presidentes no se elabora una teoría similar? Las poblaciones humanas presentan una gran variabilidad en todos los aspectos del comportamiento; el mero hecho de que unos hagan algo y otros no, no constituye prueba alguna de que el cerebro de los primeros padezca de alguna patología específica. ¿Hemos de concentrarnos en el desarrollo de una hipótesis carente de toda base, acerca de la violencia de unos pocos (hipótesis acorde con la filosofía determinista que consiste en culpara la víctima), o, al contrario, hemos de tratar de empezar por eliminar la opresión que construye guetos y mina la moral de sus pobladores en paro?

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Hola, si? La verdad que no tengo muchos conocimientos en esto de la informática y la Interne', vio', Don! Así que mando mis cuadritos hechos en Paint,a modo nivel novato, como para el que quiera pegarle una pispiada al asunto.. más la película on line Sin más preámbulos, a darle átomos.!! ] link: https://www.youtube.com/watch?v=omOfzpazJE4 Por Derechos de Autor, dieron de baja el audio original en alemán y está doblada al Español - España, Philip.G. Zimbardo Bueno, básicamente, era compartir eso, creo!..