Hirow_noScope
Usuario (Argentina)
Hola. Hoy quiero dar mi punto de vista sobre este tema, que nos puede resultar familiar a todos, hasta al más extrovertido/a. ¡Qué feo sentirse solo! no? Pero...qué es sentirse solo? Estamos realmente solos? O nos encontramos rodeados de personas pero estamos tan centrados en nuestros pensamientos que no nos damos cuenta? La soledad nos duele a todos. Hay una diferencia entre "sentirse solo" y "estar solo". Nos sentimos solos cuando estamos en un ambiente en el cual no conocemos a nadie, por ejemplo, el primer día en una nueva escuela o un nuevo trabajo. Cuando vamos a un recital de una banda de la cual solo conocemos tres canciones pero la entrada nos la habían regalado. Podes sentirte solo estando con una familia que no te comprende o con amigos a los que ya no le tenemos tanta confianza. Está bueno ponerse a pensar si esto es realmente malo. Porque, al fin y al cabo, son todas situaciones que atravesamos la mayoría de las personas. ¿Y la soledad no la experimentan todas las personas? Probablemente, sí. Pero no siempre es igual y no siempre le afecta igual a cada individuo. Estar solo... Querés ir a jugar con los chicos a la pelota cuando tenias 7 años pero nadie te elegía porque no sabias patear al arco o eras la única chica con anteojos de primer grado y las demás te dejaban de lado. Es esa soledad, el estar solo que nadie elije. Que nadie quiere. Que todos odian y a menudo nos deprime, más que nada cuando ya estamos grandecitos y empieza la secundaria. Obviamente que nos puede suceder en etapas distintas de nuestras vidas, pero la adolescencia es un momento crucial. Nos marca, nos da una personalidad ya sea positiva o negativa para nosotros mismos. La tenemos y podemos llegar a arrastrarla hasta el día de nuestra muerte. Citando al gran Gustavo Cordera "...la soledad por la noche desespera..." Esas noches en las que estas en tu cama, mirando el techo o la pantalla del celular. La única luz que ilumina tu cara y la cabecera de la cama. Estás pensando...que hubiera pasado sí... Te estas comiendo por dentro. Querés escapar de tu realidad y no podes, lo único que lográs es adentrarte más en tu cabeza, como si fueras un parásito que busca destruir al huésped. Ese parásito sos vos, y el huésped también. De repente, si tenés suerte, te quedas dormido/a. Te despertás al otro día. No pasó nada. Tu familia te mira con desprecio y se van. Estás solo.