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Primer post: 19 jul 2013Último post: 3 feb 2014
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Cómo empomarse a una vieja en una ejecución
InfoporAnónimo1/9/2014

Todo comienza un 28 de Marzo del año 1757 cuando un fanático religioso llamado Robert Damiens iba a ser torturado y ejecutado por su intento de asesinar a Luis XV. En ese tiempo las ejecuciones tenían la intención de sacar al pueblo a las calles, era un espectáculo, todo un acontecimiento. Esta vez había mucha más razón pues el condenado había atentado contra el rey, por lo que se consideraba un deber patriótico presenciar su tortura. Mientras el pueblo y la clase baja abarrotaban la plaza para disfrutar de la ejecución, los aristócratas alquilaban con tiempo las habitaciones y balcones circundantes debido a su vista privilegiada. Estos balcones sin duda son el ancestro de las modernas suites de los estadios. En ellos los nobles podían disfrutar del "espectáculo" mientras se tomaban unas copas y charlaban. Aspecto de la Plaza de Gréve (y sus balcones) a mediados del siglo XVIII Ese mismo día y hora, en uno de esos balcones se encontraba el aspirante a aristócrata Giacomo Casanova, que había decidido dar una pequeña fiesta durante el espectáculo (ejecución) para impresionar a su adinerada novia y a su familia. Era la época de esplendor y derroche de la aristocracia francesa, la de Casanova y sus amistades peligrosas, toda una generación previa a la Revolución Francesa. Giacomo Casanova Giacomo Casanova de 42 años de edad, invitó a su novia de 17 años y a su tutora, una de aquellas respetables damas solteronas y ricachonas. Esta era una señora gorda de rostro agrio, de unos bien entrados 60 años y para colmo una ferviente devota católica. También estaban como invitados una prostituta amiga suya a quien hizo pasar como la "sobrina del papa" y un joven italiano de apellido Tiretta que sólo vivía de sus encantos y no hablaba ni un ápice de francés. Imaginen al grupo; imagínenlos con sus ropas elegantes, con los encajes de seda, los trajes de lino y sus joyas. Las tres mujeres estaban en la primera fila, asomadas en el único balcón, inclinadas hacia delante, apoyando los codos sobre la baranda para que los dos hombres que estaban detrás, pudieran ver el espectáculo por encima de sus hombros. Empezó la tortura la cual duraría más de cuatro horas despiadadas: Damiens fue encadenado sobre una mesa de madera y su mano derecha fue poco a poco quemada hasta los huesos con azufre y fuego. Los verdugos le iban arrancando trozos de piel con tenazas al rojo vivo. Sus cuatro extremidades estaban fuertemente amarradas a largas correas que fueron atadas a briosos caballos. Los caballos fueron azotados durante una hora, pero Damiens era un hombre tan musculoso y fuerte que los animales no podían avanzar tirando de sus miembros. El pobre condenado sólo gritaba agonizante. Damiens siendo cruelmente torturado Casanova continúa contando que las mujeres estaban tan embelesadas con el espectáculo, que ni una sola vez volvieron la cabeza, pero dice que luego de un tiempo él mismo no soportó ver tanto castigo y cuando regresó su mirada, notó que su amigo el italiano, tenía levantado el vestido de la devota tutora delante de él. Casanova estaba maravillado por la audacia y apetito de su amigo, y más tarde lo estuvo por su resistencia. Dado que las mujeres en esa época no llevaban ropa interior entre las piernas sino sólo un puñado de enaguas, un avance íntimo era bastante factible. Durante las siguientes dos horas, Casanova percibió el leve movimiento sexual de su amigo mientras analizaba el rostro de la respetable señora devota, su rictus parecía congelado con los labios fruncidos y los dientes apretados. Aún con su vasta experiencia le era difícil distinguir si era rabia, placer, miedo o dolor. Casanova estaba confundido pero enseguida lo dedujo: esta respetable dama no quería que la "sobrina del papa" o que la joven a quien cuidaba se enteraran de lo que estaba sucediendo en ese instante, es decir, que estaba siendo violada muy cortésmente. Desde alguno de esos balcones, Casanova y sus amigos fueron testigos de la ejecución Los verdugos aumentaron al suplicio dos caballos más de carruaje, pero las extremidades de Damiens todavía no se arrancaban. Mientras aquel pobre diablo era descuartizado, el italiano Tiretta seguía balanceándose discretamente atrás de la respetable dama. Luego de la ejecución y durante un pequeño brindis, a Tiretta se lo veía increíblemente alegre y sereno, mientras que la tutora lucía furiosa. Luego ésta tomó a su protegida y se despidió de todos menos del italiano (a quien hizo un evidente desplante). Esa misma noche durante la cena, Casanova le preguntó a Tiretta que había sucedido, a lo que el italiano contestó que "el acto sexual se había consumado cuatro veces". (Durante su breve estancia en París, Tiretta ya se había ganado el apodo de "Monsieur seis veces" por una parisina que había tenido el gusto de conocerlo íntimamente). Al día siguiente, Casanova fue convocado a la casa de la tutora, quien pidiendo disculpas por su enfado nada cristiano, le dijo que aquel repudiable acto, sumamente bajo y traicionero de su amigo, ameritaba un severo castigo. Casanova estaba en una situación incómoda porque de aquella dama mayor dependía la relación con su joven amada, pero por otro lado, el italiano Tiretta era su buen amigo. Rápidamente Casanova ofreció a la dama hacer que su amigo (vividor sin dinero) se case con ella para que pueda así resarcir su agravio. Ella se negó rotundamente. Entonces el astuto Casanova señaló a la ofendida señora que "su belleza tenía gran parte de la culpa", y ofreció enviarle al italiano para que se disculpe con ella. Fue entonces cuando la atribulada mujer rompió en llanto y le dijo a Casanova que “ese” no era el punto. "Usted está pensando que fue un pequeño delito, que con esfuerzo, uno podría razonablemente encontrar una enmienda adecuada, pero lo que el animal de su amigo hizo conmigo es una infamia, la cual no deja de martillar mi mente y ya me está volviendo loca!" Casanova empezó a darse cuenta de lo que había sucedido, es decir, que su amigo la había poseído sin su consentimiento pero, lo que es peor, por una entrada trasera no convencional y más dolorosa. Al final pudo llegar a un acuerdo con la señora. Llevaría al joven italiano a la casa de la dama y se lo entregaría a ella para que cobre su venganza como estime conveniente. Sólo impuso una condición: “Mi señora, usted podrá castigarlo de cualquier manera, pero sin llegar al cruel asesinato, y yo permaneceré escondido en otra habitación de su casa para garantizar el pacto y actuar como mediador en caso de necesidad.” Ese día más tarde, Casanova se reunió Tiretta y después de las bromas de rigor, le explicó en qué consistiría su castigo. Tiretta trató de defenderse: "Yo no digo que ella esté mintiendo, pero en la posición en que me hallaba, era imposible para mí saber por dónde me estaba moviendo", replicó. Tiretta fue llevado donde aquella mujer y pasó una noche de "penitencias" con ella en su habitación. Al día siguiente la tutora anunció que estaba poniendo bajo su custodia al italiano en su casa de campo, con un generoso salario anual y un subsidio para que renueve su vestuario. "Si usted supiera lo mucho que me ama" le comentó la entusiasmada mujer a Casanova, quien por cierto había pasado atareado la noche anterior, ocupándose de la virginidad de la hermosa joven que estaba bajo el cuidado de la señora. La Plaza de Gréve 40 años más tarde durante la Revolución Francesa La Plaza de Gréve, donde Robert Damiens fue torturado y ejecutado, se convirtió cuatro décadas más tarde en el principal sitio de ejecuciones de la Revolución Francesa. Allí, en una especie de justicia poética fue decapitado en la guillotina Luis XVI (nieto de Luis XV), pero esta vez, en las ventanas y balcones que tenían vista a la plaza, ya no se encontraban los aristócratas sino los comuneros y miembros de la asamblea parisína. ¿Habrá tenido alguno de ellos la misma audacia de Tiretta con alguna patriótica francesa? Todo esto es sacado del blog que cito en la fuente

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La paja y los pajeros en la historia
La paja y los pajeros en la historia
InfoporAnónimo2/3/2014

En la actualidad el onanismo o masturbación sigue siendo visto como un tabú y tachado como actividad vergonzante, pero no siempre fue así. En la antigüedad era un acto común, personal y privado (la mayoría de veces), pero jamás denigrante ni prohibido por ninguna ley. No está muy claro desde cuando empezó a ser condenada y vista como algo perverso y amoral, pero de lo que si estamos seguros, es que gran parte de la culpa fue de la iglesia. Los mitos más antiguos de la Mesopotamia y Egipto hablan del dios Apsu, que nació del océano primigenio, creándose a sí mismo mediante masturbación, saliva y lágrimas, y de esa forma dio vida a la Vía Láctea. Por eso no es nada raro que las reinas egipcias fueran enterradas hace más de cuatro mil años con todos los objetos que necesitarían en el más allá, principalmente ropa, peines y sus dildos (también llamados consoladores). Aunque sólo el rígido código de los espartanos condenaba la masturbación, el resto de griegos la consideraba un don de los dioses puesto que el dios Hermes le enseñó a su hijo Pan, más conocido como Fauno, a masturbarse para aguantar el desdeño de la ninfa Echo. El Fauno aprendió bien la lección, superó su dolor y transmitió la enseñanza a los primeros pastores de la arcadia griega. La masturbación era común en hombres y mujeres, pero es importante destacar que, por más que haya sido un obsequio de los dioses, era considerada una actividad privada y muy personal, aunque como toda regla tenía su excepción. Por ejemplo, el filósofo Diógenes se levantaba la toga y se masturbaba frente al público en el ágora. Obviamente el pueblo se sorprendía y las chicas -unas más, unas menos- se sonrojaban. Diógenes trataba de enseñar que todas las actividades humanas merecen ser hechas en público, que ninguna de ellas es tan vergonzosa como para requerir privacidad. De todas formas, aunque innovadora y audaz en todo sentido su propuesta, sus contemporáneos no estuvieron de acuerdo y no fue secundada. El famoso médico griego Galeno sostenía que la retención de semen en el organismo era peligrosa y causante de mala salud. Citaba al mismo Diógenes como ejemplo de una persona culta, que practicaba el sexo y también se masturbaba para evitar los riesgos de la retención. Los dramaturgos también mencionaban los consoladores en sus comedias, mientras los artesanos los representaban en sus jarras y cuencos. La ciudad de Mileto para esa fecha, se había hecho famosa en todo el Mediterráneo debido el cuero con el que confeccionaban sus consoladores. Tanto así, que Lisístrata, la heroína de la obra homónima de Aristófanes, se quejaba tristemente de la escasez de dildos: “Y ni siquiera de los amantes ha quedado ni una chispa, pues desde que los milesios nos traicionaron, no he visto ni un solo consolador de cuero de ocho dedos de largo que nos sirviera de alivio «cueril». Así que, si yo encontrara la manera, ¿querríais poner fin a la guerra con mi ayuda?” Línea 110 Hay algo que es importante señalar, y es que la masturbación entre los hombres griegos adultos, también era vista como un signo de pobreza, ya que cuando tenían dinero preferían pagar a una trabajadora sexual. Continuando con el curso de la historia, la masturbación cayó en desgracia en Europa con el inicio del cristianismo, pero lo curioso es que la Biblia no hace mención alguna sobre la masturbación. A pesar de eso, los primeros padres de la iglesia se oponían a esta práctica del mismo modo que a cualquier tipo de sexo no reproductivo. Por ejemplo, Augustine de Hipona (350–430 d.C), un obispo influyente de los primeros años de la iglesia cristiana, enseñaba que la masturbación y otras formas de relaciones sin penetración eran pecados peores que la fornicación, la violación, el incesto o el adulterio. Sostenía que la masturbación y otras actividades sexuales no reproductivas eran pecados "antinaturales" porque eran anticonceptivos. Como la fornicación, la violación, el incesto y el adulterio podían conducir al embarazo, eran pecados "naturales" y por lo tanto muchos menos graves que los pecados "antinaturales". De esta manera y desde esta fecha, la masturbación fue considerada como un pecado más grave que una violación o el incesto. Agustín de Hipona, por Boticcelli La condena de Augustín de Hipona a la masturbación como pecado antinatural fue aceptada por toda la iglesia durante la Edad Media y restablecida en el Siglo XIII por Santo Tomás de Aquino en su Summa Theologica. La historia bíblica de Onan, citada frecuentemente como un texto en contra de la masturbación, en realidad se refiere al pecado que cometió Onan al rehusarse a obedecer el mandamiento de Dios de fecundar a su cuñada viuda. Onan copuló con ella pero se retiró antes de eyacular y "derramó su simiente" fuera del cuerpo de la mujer, o sea realizó un común y silvestre coitus interruptus. La Ley de Moisés dictaba que cualquier persona que derramase su semen en tierra infértil lo estaba haciendo en el lugar incorrecto. En el siglo XVI Martín Lutero confunde aquel interruptus con "palma de la mano", y con eso contribuye a aumentar el estigma que ya llevaba. Para el Siglo XV, el teólogo Jean Gerson en su modelo penitencial De Confessione Mollities, aleccionaba a los sacerdotes sobre cómo inducir a las mujeres y a los hombres a confesar "ese detestable pecado". Gerson sugería guiarlos con una inocente pregunta así: "Amigo, ¿recuerda haber tenido el pene erecto durante su niñez, alrededor de los 10 o 12 años?" Luego, sugería pasar a preguntarle directamente al penitente si se había tocado o eyaculado. Los manuales de penitencias también especificaban las sanciones correspondientes, que, hay que decirlo, eran relativamente leves en comparación a otras penas. Generalmente fluctuaban en el rango de los treinta días de oraciones especiales y ayuno. En el siglo XVIII hace su aparición el nefasto médico Samuel August Tissot, con un libro publicado en 1760. De ese pafleto se editaron cientos de ediciones que fueron leídas desde Voltaire y Rousseau hasta los fundadores de los Estados Unidos, en el que se difundían los más horripilantes mitos acerca de la masturbación y del síndrome "post-masturbatorio". Europa y Norteamérica se empaparon de las advertencias que hacía Tissot sobre la masturbación y curiosamente fue publicado hasta bien entrado el siglo XX, logrando crear un temor casi universal. En su tratado Tissot ilustra una anécdota de un hombre, que según el autor, había recibido tratamiento tardío para la terrorífica enfermedad: ". . . fui a su hogar y lo que encontré era más un cadáver que un ser vivo yaciendo sobre heno, escuálido, pálido, exudando un hedor nauseabundo, casi incapaz de moverse. De su nariz fluía agua sanguinolenta, babeaba constantemente, sufría ataques de diarrea y defecaba en su lecho sin notarlo, había un flujo constante de semen, sus ojos, saltones, borrosos y sin brillo habían perdido toda capacidad de movimiento, su pulso era extremadamente débil y acelerado, su respiración era dificultosa, estaba totalmente emaciado, salvo en los pies que mostraban signos de edema." "El trastorno mental era igualmente evidente, no tenía ideas ni memoria, era incapaz de conectar dos oraciones, no tenía capacidad de reflexión, sin temor por su destino, falto de todo sentimiento salvo el de dolor que volvía por lo menos cada tres días con cada nuevo ataque. Esto lo hundía al nivel de una bestia, un espectáculo de horror inimaginable, era difícil de creer que alguna vez había pertenecido a la raza humana. Murió varias semanas después, en junio de 1757 con todo su cuerpo cubierto de edemas." "Los problemas que experimentan las mujeres son tan explicables como los de los hombres. Como los humores que pierden son menos preciosos, menos perfectos que el esperma masculino, no se debilitan tan rápidamente; pero cuando se entregan excesivamente, por ser su sistema nervioso más débil y naturalmente con mayor inclinación a los espasmos, los problemas son más violentos." También en la época victoriana se vio a la masturbación casi como la raíz de muchos de los problemas del mundo. Varios libros de medicina del siglo XIX describen como secuelas directas de la masturbación el aletargamiento, locura pasiva y la inevitable pérdida del cabello. Imagínense la mala fama que se llevaba un pobre calvo inglés. Algunos textos incluso la consideraban una práctica potencialmente mortal. "En mi opinión", escribió el Dr. Reveillè , "ni la peste ni la guerra han tenido efectos tan desastrosos para la humanidad, como el miserable hábito de la masturbación". Empezó entonces una lucrativa oleada de tratamientos para esta “enfermedad”, llevando a los curanderos hasta los Estados Unidos. Se patentaron dispositivos insólitos para evitar las erecciones nocturnas no deseadas. Aunque parezca contradictorio, en esta misma época se presentó un curioso fenómeno: los médicos solían combatir la histeria femenina acariciando manualmente el clítoris de las pacientes hasta que pudieran alcanzar el orgasmo, que en esa época era conocido como paroxismo histérico, puesto que consideraban que el deseo sexual femenino reprimido era una enfermedad. Increíblemente esta costumbre dio origen al nacimiento de los vibradores ya que los médicos se cansaban de manipular manualmente "tantos clítoris". Mujer en "paroxismo histérico" luego de ser masturbada por un médico Ya a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, aparece Sigmund Freud y reconoce que la masturbación podía tener efectos beneficiosos como como aliviar el estrés y evitar las enfermedades de transmisión sexual, sin embargo advertía que la masturbación podía causar trastornos neuróticos, especialmente neurastenia. Hasta el siglo XIX, ésta era la imagen de un hombre que se masturbaba (Muy parecida al taringuero promedio) El siglo XX fue avanzando y con el los conocimientos médicos (fisiológicos y psicológicos). Los expertos comenzaron a descartar los argumentos de que la masturbación causaba trastornos físicos, no obstante, muchos seguían manteniendo la creencia de que la masturbación era la consecuencia o conducía a trastornos mentales. En 1930, por ejemplo, el sexólogo Walter Gallichan, advertía que la masturbación en las mujeres era la causante de la apatía y frialdad femenina, que "sus gratificaciones solitarias opacaban su sensibilidad para el coito matrimonial". A mediados de siglo el estigma contra la masturbación seguía siendo todavía muy fuerte. Los estudios demostraban que nueve de cada diez niños a los que se los encontraba masturbándose eran severamente amenazados, castigados y aterrorizados con el argumento de que se volverían locos o ciegos, o que les iban a cortar el pene o a coser la vagina. Un 82% de los alumnos de primer año de la universidad, todavía creían que la masturbación era peligrosa. Tuvo que llegar Alfred Kinsey (junto a un grupo de colegas) y publicar los resultados de más de 15 años de investigaciones sobre la conducta sexual humana. Una de las contribuciones más importantes de ese trabajo fue precisamente considerar a la masturbación como algo normal y debilitar el estigma que la rodeaba. Los resultados eran reveladores: el 97% de los hombres y el 62% de las mujeres se habían masturbado alguna vez en su vida y habían alcanzado el orgasmo. Es curioso. Los hombres, la sociedad, podían aceptar el informe de Kinsey sobre las actividades sexuales masculinas, pero no podían aceptar “la dura realidad” de las conductas sexuales de las mujeres norteamericanas. Fue como un shock, como un balde de agua fría al machismo, el enterarse (o que les dijeran en la cara) que una mujer podía masturbarse, tener orgasmos, tener sexo antes y fuera del matrimonio o con otras mujeres. La iglesia levantó su voz de protesta en todo el país. Sin ni siquiera echar un vistazo o leer el trabajo de Kinsey, el entonces carismático religioso Billy Graham escribió: “Es imposible estimar el daño que va a causar este libro a la ya deteriorada moral norteamericana". El remezón fue tal, que hasta un Senador (como siempre, McCarthy) denunció al trabajo de Kinsey como parte de la conspiración comunista. En todo el país, personas con el apellido Kinsey publicaban avisos en los diarios para aclarar que no estaban relacionadas con el autor. Finalmente y a causa del furor provocado, la Fundación Rockefeller retiró su apoyo al trabajo de investigación de Kinsey, pero ya era muy tarde, la sociedad (al menos el mundo occidental) se había despojado de los tabúes sexuales. Los estudios llevados a cabo después de la muerte de Kinsey confirmaron sus conclusiones. Para la década de los 70, el 84% de estudiantes universitarios ya no creía que la masturbación les causara inestabilidad emocional o mental, el mito había caído. Aún así, en diciembre de 1994, en una conferencia sobre el SIDA patrocinada por la ONU, la entonces jefa del Servicio de Salud Pública de los Estados Unidos, doctora Joycelyn Elders, dijo que tal vez la masturbacion deberia ser enseñada en las escuelas, como una parte de los programas educativos escolares sobre sexualidad. Por estas declaraciones el presidente Bill Clinton le pidio que renunciara al cargo, cosa que no hizo. Finalmente, fue cesada. A pesar de que la ciencia hace algunas décadas comenzó a tratar a la masturbación como una conducta normal, hasta ahora las más prominentes instituciones religiosas se han negado a reevaluar los principios sexuales que las rigen desde hace más de quince siglos. Todo ésto es sacado del más que recomendado blog que cito en la fuente

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Los caballeros de la edad media
InfoporAnónimo7/19/2013

Como se hacia un caballero en la edad media? En la Edad Media los caballeros no eran nobles en un principio, eran hombres que tenían los medios para mantener caballos y con ellos participar en las guerras, y los reyes pagaban sus servicios concediéndoles privilegios como a los infanzones e hidalgos. Esto vino a constituir una pequeña nobleza militar. La gente enriquecida que pertenecía al estado llano, también formaba una segunda nobleza, por los servicios que podía prestar al soberano. En los primeros tiempos de la Reconquista los reyes se rodearon de vasallos, cuya ayuda les podía ser muy útil, a los que se les dio el nombre de “mílites”, los que fueron de gran eficacia en las empresas militares contra los moros, de ahí que los que mas destacaban recibían privilegios. En un inicio al caballero no se le exigía poseer hidalguía, solo requería tener caballo y armas para combatir, lo que les era recompensado con tierras y dignidades, y el derecho a tener escudo, y además recibir títulos tales como condes, marqueses o vizcondes. Todo esto con el tiempo cambió y ya no cualquiera podía aspirar a ser caballero. Para ser armado caballero, había normas, tales como ser noble por lo menos en tres generaciones por parte de padre o madre. Al cumplir siete años habrían de prestar sus servicios como paje, en el castillo de algún señor; a los catorce años pasaba a ser escudero, teniendo a su cuidado el caballo y las armas de su señor, acompañándolo en sus empresas militares, al tiempo que se habrían de ejercitar en el uso de la pesada armadura, equitación y todas las actividades de un caballero en una batalla. Durante este tiempo se les consideraba “donceles”. Al llegar a los veinte años ya tenían el derecho a ser investido como caballero. En la víspera habría de ayunar, confesar y comulgar; escogía a sus padrinos, los que deberían armarle y con los que comería antes, pero el futuro caballero lo hacía en mesa separada y con la prohibición de hablar o reír. La noche previa la pasaba en vela completamente armado, a lo que se le llamaba “la vela de las armas”, en la mañana se bañaba y luego entraba a la iglesia con la espada colgando al cuello, para que el sacerdote lo bendijese. Enseguida iba a adorrillarse ante el caballero que lo armaría y ante los Santos Evangelios juraba defender a la religión, la patria, el rey y los débiles, obedecer a los superiores, ser cortés con todos no servir a un príncipe extranjero, no faltar jamás a la palabra empeñada, no mentir, no injuriar o calumniar, defendiendo siempre, aún con riesgo de su vida, toda causa justa. A todo esto seguía el que los padrinos le ceñían la cota de malla, le calzaban las espuelas doradas y le colocaban la espada al cinto. Esta clase social fue perdiendo importancia con el tiempo, al revolucionarse el arte militar, al dejar de ser los caballeros una parte principal de un ejército. El armamento: Al no existir armas de fuego, se usaban pesadas espadas, de las cuales se requería protegerse con escudos, además de recubrir el cuerpo con armaduras, compuestas por el yelmo, la coraza y las perneras, confeccionadas con hierro o bronce, que lógicamente restaban movilidad al guerrero, pero siendo un honor el arte de la guerra, estos combates heroicos que consistían en matar o morir con el enemigo cercano, era una forma de lucha muy valorada por los caballeros medievales. Con los ataques con mazas, o hachas, en forma continua, las armaduras se fueron reforzando, cubriendo los caballeros sus hombros, espaldas y brazos con placas de hierro. Ya en el siglo XIV los caballeros y sus aparecen casi totalmente envueltos en hierro, protegiendo también a sus caballos. Además de las espadas, lanzas, hachas, mazas y dagas para la lucha cuerpo a cuerpo, se usaba la catapulta que permitía arrojar piedras de gran tamaño (hasta de 100 kgrs.) y la ballesta que posibilitaba el empleo de flechas. La evolución de las armas de los arqueros habría sido: primero el arco corto, posteriormente la ballesta, y finalmente el arco largo. La infantería se componía de numerosos arqueros, que podrían haber llegado a mil hombres. El fuego griego, ya conocido desde épocas remotas, se siguió empleando. Eran explosivos que se prendían fuego al caer entre las filas enemigas. Los sarracenos emplearon contra los cruzados también elementos explosivos, pero mucho más poderosos, compuestos por una combinación de sustancias que incluían polvo de carbón, azufre y petróleo, entre otros elementos, provocando llamas de tal magnitud, que resultaban inextinguibles. Los musulmanes, que se apoderaron entre otros pueblos, de Egipto, Siria y Palestina, tenían una destacable caballería y sus arqueros eran inexpugnables y temidos en el ataque, luchando con ferocidad y sin temor a la muerte, ya que con ella, sobre todo si era heroica, accederían al paraíso prometido por Mahoma. Sus espadas al principio, eran de hoja curva (modelo oriental) pero luego las reemplazaron por la de hoja recta con doble filo. Las ballestas eran un arma especialmente destructiva y muy usada en Inglaterra en el siglo XIII, hasta su prohibición por la Carta Magna. Reemplazaron a los arcos pequeños, de poco alcance. Estaban constituidas por el arco, comúnmente de acero; la cureña; la nuez, que sostenía la cuerda para que se mantuviera tensa; y la llave que servía para accionar el mecanismo que disparaba la flecha que podía afectar en una distancia de hasta 300 metros. Fue a su vez sustituida por el arco grande a fines del siglo XIII, y también fueron los ingleses, los que lo usaron más ampliamente. Era similar a la ballesta en su alcance, pero más fácil de construir y más veloz en el disparo. Para protegerse de la caballería enemiga, que generalmente atacaba para reforzar a la infantería, se utilizaron estacas. Sin embargo la gran revolución la constituyó la pólvora. Se cree que su descubrimiento puede atribuirse a los chinos en el siglo XI, y fue utilizada para fuegos de artificio y en cañones, al inicio construidos con cañas de bambú, y luego con tubos de metal. La pólvora es una mezcla combustible, formada por azufre, salitre y carbón, que al encenderse desprende gases, y explota. No se conoce con certeza si la pólvora se introdujo en Europa como una mercancía más, de las que arribaban desde Oriente, o si se descubrió con motivo de las Cruzadas, habiendo llegado primero al mundo árabe, por el comercio. nglaterra y Alemania, fabricaron pólvora a partir del siglo XIII, aunque muchos dudaban si era más eficaz que sus armas tradicionales. Por ejemplo Enrique VII llegó a sostener que el arco largo era irreemplazable. Pronto comprendió su error. En el siglo XIV se perfeccionó su uso, diseñando armas de fuego de alcance masivo y altamente mortales, y en el siglo XV se convirtió en la base de los ejércitos, reemplazando definitivamente las batallas cuerpo a cuerpo, y las demás armas medievales, usadas para largo alcance. En la conquista de América, los europeos, con sus armas de fuego, resultaron invencibles para los nativos, que usaban aún, arcos y flechas. Había nacido ya, la Edad Moderna.

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