Herobrine117
Usuario (Paraguay)
*Suelen ser hóstiles con humanos que los ofenden o provocan o talan árboles. *Imitan a la perfección el sonido de los animales. *Se hacen invisibles si se sienten amenazados. *Es posible contrarrestar sus hechizos portando un treból de 4 hojas, un trozo de hierro o un elemento de plata. *Según la leyenda de San Patricio que los desterro de la casa de Dios aparecen el 17 de marzo para realizar actos funestos. Su hogar son los árboles, un honfo, una cueva, dentro de las *piedras, rocas, troncos viejos etc. Duermen de día y de noche salen de juergas algunos beben vino y otros cuidan a sus familias. Son expertos artesanos textiles algunos son sastres de las hadas. *Les gusta el dinero, los objetos a los cuales nosotros los humanos le tenemos cariño ¡ojo con el celular! un viernes a la noche mi celular sono 3 veces muy extraño. Saben hacer talismanes, nos traen dinero, pueden enloquecer a un vecino si se lo indicamos, hacen conjuros y practican hechizos. S*i le salvas la vida un duende debe concederte 3 deseos. Forman parte del cortejo de las hadas, cumpliendo la misión de defensa y protección. *Poseen similitudes con los gnomos, pero estos últimos son más agrestes y tienen otro tipo de composión social.
Esto no es una historia de terror, ni mucho menos, podría decirse es una recopilación de mis memorias; fue la forma más adecuada que encontré para poder cuantificar lo que he venido experimentando desde que todo esto comenzó. Se remonta a cuando tenía alrededor de 12 años y mis padres me obsequiaron mi primera computadora para que pudiera hacer trabajos escolares. La compartía con mis hermanas, siendo mi hermana mayor la que más uso le daba, pero yo rápidamente aprendí a usarla a un nivel mayor que ella. Junto con la computadora vino el internet y mi primera incursión a la red, recuerdo cómo claramente mis primeras búsquedas me llevaron a conseguir dibujos de videojuegos que solía usar en ese entonces. Un tiempo después bajo la recomendación de un compañero de clases, comencé a visitar páginas con historias de terror, cosa que se volvió adicción. Conseguí libros del género, algunos con supuestos rituales de brujería; recopilaciones de leyendas urbanas y enseguida por la pereza en algunas ocasiones que ocasionaba la lectura, también discos, mp3 o películas relacionadas. No pasaba un solo día sin que tuviera algo que me hiciera sentir temor, ¡y lo amaba! Pasé toda mi secundaria en esto, y al principio sólo era así. En algunas ocasiones conseguía asustarme tanto que no lograba dormir durante toda la noche, pero lo disfrutaba; no me apartaba demasiado de la gente, no tenía problemas en la escuela así que no se me reprochaba la actitud. Siempre cumplía con mis trabajos y mis tareas, y mis tiempos libres se dedicaban de lleno a la lectura o la escucha de mis historias. El paso de los años no afectó mi actividad. A los 17 las cosas se tornaron un poco más raras: tenía la costumbre de acomodarme en un sofá en la sala y leer durante horas, al cabo de un rato mientras hacía eso comenzaba a sustituir aquello que me rodeaba por otras figuras vinculadas a historias que recordaba haber leído hacía mucho tiempo; transformaba ropa amontonada en un esquinero a un anciano de muy avanzada edad, con su espalda encorvada, vestido con una tela raída y con muestras de putrefacción, la misma que cubría la totalidad de su cuerpo a excepción de sus manos y parte de su rostro. En la puerta del cuarto contiguo al mío se encontraba una cortina de manta caída que no acomodaba puesto que ese cuarto estaba en desuso, y siempre que cruzaba mi puerta me quedaba un segundo parado fuera de ella al confundir la cortina con un tipo recargado en el marco, cruzado de brazos con ropa muy al estilo de los 50’s, fumando. No le di mayor importancia a estas cosas, simplemente suponía que de alguna manera mi mente asociaba esas siluetas con las historias que leía; pero me parecía curioso cómo era que figuras tan simplonas como ropa amontonada y una cortina caída las percibiera como 2 personajes tan singulares y detallados. Cerca de mis 20 años, o más acertadamente a finales de mis 19, comencé a escuchar voces, sumado a que cada vez era más común que divisara siluetas extrañas durante mis días. Por la noche, cuando me despertaba de madrugada me encontraba con una figura alta encapuchada sosteniendo un cayado y al mismo tiempo que se apoyaba en él. No había una sola parte de su cuerpo al descubierto, incluso la mano con la que sostenía el cayado se mantenía en la más profunda de las oscuridades, impulsada por el infinito abismo que se creaba dentro de su manga. Al principio cerraba mis ojos y al abrirlos nuevamente forzando mi vista para hacer un enfoque más fiel, aquella figura desaparecía, pero pronto esto dejó de ser suficiente. Me veía obligado a encender la luz para descubrir que allí no había nada además de mi aparente desesperación expandiéndose hasta cubrir de lleno la habitación. Las voces iban y venían a su antojo, llegué al punto de que incluso no me percataba que seguían allí, siendo ya algo tan normal para mí; pero la situación se aceleró. Me encontraba comiendo con unos amigos de mi trabajo en un restaurante al cual debías esperar una buena hora para poder entrar, o reservar, pero claro, ¿quién se tomaría la molestia de reservar para ir a comer hoy en día? Sobretodo un puñado de adolescentes que sólo buscaba hacer espacio para postre. Después de un rato conseguimos una mesa, comenzamos a comer y a charlar de cosas con poca importancia, y la escuché, una voz que me dijo y continuó persistiendo en que algo terrible acontecería, que debía escapar de ese lugar de inmediato y aun así me advertía que me alejara de las puertas, que pusiera distancia entre las ventanas, ¡escóndete!, ¡huye!, ¡aléjate! ¡Están aquí por ti! Se encuentran aquí para reclamar tu vida, para arrancarte el alma, no tienes oportunidad; pero aun así deberías esconderte. ¡Prepárate! Están por llegar. Podía sentir cómo mi cuerpo se tensaba, mis ojos comenzaron a arder, sentí un frío recorrer mi nuca y bajar hasta mi cuello. Apenas noté que el acceso a la puerta principal quedó libre me levanté de la silla lo más rápido que pude y puse todas mis fuerzas en ordenar a mis piernas que se movieran. Corrí, en verdad lo hice. Como nunca lo había hecho antes. Tomé conciencia de lo que hacía un rato después, sentía un hormigueo en mis piernas y una molesta vibración en mi bolsillo izquierdo; volví en mí y me percaté de que mi celular estaba sonando, sin saber durante cuánto tiempo, y atendí a la llamada. Recuerdo muy clara la conversación, era uno de mis compañeros, me preguntaba el por qué de haber salido corriendo, que si había tenido algún tipo de emergencia, hace más de 30 minutos que te fuiste, ¿está todo bien? Me limité a responderle que me encontraba bien, que los vería el lunes en el trabajo. Después de aceptar mi respuesta y comentarme que estaba ahí para ayudarme si lo necesitaba, cortamos la llamada. Reparé en lo que acababa de decirme. 30 minutos, me perdí dentro de mi propia mente durante 30 minutos y había estado corriendo, sin parar seguramente, lo notaba en mis piernas. Necesité varios minutos para recuperarme y orientarme, estaba lejos, me encontraba apenas un par de minutos de mi casa tomando en cuenta que el camino a pie desde el restaurante es de alrededor de 1 hora y media. Intentaba recordar, poner mis ideas en orden, pero los pensamientos y las imágenes no acudían a mi mente. Caminé el resto del camino a casa, a esas horas eran pocos los que circulaban las calles. Abrí la puerta y me dirigí a mi cuarto, estoy seguro de haber visto sombras moviéndose en el fondo de la casa, pero estaba tan ensimismado en lo que había ocurrido que no me importó. Subí a mi cama he intenté despejar mi mente, sin darme cuenta quedé dormido entre suaves e incomprensibles susurros que no provenían de ningún lugar. Todo detonó de una manera muy extrema al día siguiente. Me despertó el sonido que hacia mi teléfono celular en la mesa al vibrar a las 4 de la madrugada, aún no había ninguna luz que se pudiera filtrar por la ventana. Solo abrí los ojos para ver la hora en mi celular. No quería recorrer el cuarto con mi mirada, estaba seguro de que no era el único en él; pero también sabía que no tenía más opción. Levanté mi rostro hacia la ventana y abrí los ojos bajo la suposición de que mi vista estaba algo nublada, luego entré en razón, eran sólo ellos de nuevo. Allí estaba, esa enorme figura encapuchada haciendo trasluz en la ventana. Tenía miedo, a decir verdad estaba aterrado, y estaba cansado ya de esto. Decidí encararlo pero antes de que pudiera incluso pensar en qué decir una voz se disparó en mi mente. Somos tuyos y por consiguiente te pertenecemos, como tú a nosotros. Seremos tu fin, mientras que tú serás nuestro principio. La figura desapareció para mi pavor, cerré mis ojos y cuando los abrí de nuevo el cuarto estaba inundado de luz, había amanecido, y una vez más perdí la noción del tiempo. Me vestí, bajé y fui directo al cuarto de mi madre. Cuando entré estaba despierta, me acerqué a ella, la abracé y le conté lo que había ocurrido; me miraba escéptica, como si no pudiera decidir si creerme o no. Al final lo hizo, después de todo ¿qué madre no le creería a su hijo cuando la mira a los ojos y le dice que tiene miedo un día antes de cumplir 20 años? Pasé meses asistiendo a terapias, primero con psicólogos, después con psiquiatras; medicándome, en alguna ocasión a base del diagnóstico de personas practicantes de medicinas alternativas. Ahora estoy bien, tengo 25 años y las alucinaciones continúan, son parte de mi vida, porque son parte de mí, tal como me lo dijo: serán mi final y yo su principio. Los veo cada noche y por las mañanas los escucho susurrar, en ocasiones siguen logrando que huya de algún lugar. He intentado terminar con mi miseria incontables veces, pero es como si no pudiera dañarme a mí mismo, las armas se vuelven inútiles en mis manos, el tiempo se detiene en mí cuando intento involucrar una caída o un accidente vial. Mis intentos fallidos de quitarme la vida terminan en noches espantosas de un sufrimiento indescriptible, mi cuerpo se mantiene sano, pero siento debajo de mi piel cada golpe, cada corte y fractura que esos seres me hacen. He preguntado el motivo y me han dicho que fue porque yo los dejé entrar. No sé cuál de las historias que he leído resultó ser real, no sé cuál de los libros de hechicería que tuve logró invocarlos, tampoco podría decir cuáles palabras pronunciadas siguiendo la sensación de miedo que me provocaba conjurarlas los llamó a habitar en mí, sólo sé que yo en algún momento escogí y provoqué esto, y que nunca seré capaz de escoger mi final.
NADIE sabía de dónde había salido aquel juguete, ni quién sería el bisabuelo o tía lejana que había jugado con él por primera vez, antes de pasar a formar parte del paisaje del cuarto de juegos. Era una caja de madera, tallada con adornos dorados y rojos. Sin duda, era muy bonita, o eso decían los mayores, y bastante valiosa —incluso podría considerarse una pieza de anticuario—. Por desgracia, la cerradura estaba oxidada y atascada, y la llave se había perdido hacía tiempo, de modo que Jack, el bufón, había quedado atrapado dentro. Aun así, la caja sorpresa llamaba la atención, con sus vistosos adornos tallados en rojo y oro. Los niños no solían jugar con ella. Estaba guardada en el fondo del inmenso baúl de madera donde se guardaban los juguetes, que era tan grande y antiguo como un cofre pirata —o al menos eso pensaban los pequeños—. La caja de sorpresa estaba enterrada bajo un montón de muñecas, trenes, payasos, estrellas de papel, viejos juegos de magia y mutiladas marionetas cuyos hilos eran ya imposibles de desenredar, disfraces (un harapiento vestido de novia del tiempo de Maricastaña por aquí, un raído sombrero de copa por allá), bisutería de juguete, aros rotos, peonzas y caballitos de cartón. Debajo de todos aquellos viejos juguetes estaba la caja de Jack. Los niños no solían jugar con ella. Murmuraban entre ellos, a solas, en el cuarto de juegos situado en el ático. En los días grises, cuando el viento aullaba en torno a la casa y la lluvia repiqueteaba sobre el tejado de pizarra y se deslizaba por los aleros, se contaban unos a otros historias sobre Jack, aunque en realidad no lo habían visto nunca. Uno afirmaba que Jack era un malvado brujo y que había sido encerrado en aquella caja como castigo por sus espantosos crímenes; otro (con seguridad, una de las niñas) aseguraba que la caja en la que estaba encerrado Jack era la Caja de Pandora y que la habían colocado allí para vigilar, para evitar que todos los males que contenía volvieran a salir de ella. Preferían no tocar siquiera la caja, si podían evitarlo, aunque si algún adulto reparaba en la ausencia de la vieja caja sorpresa —y de vez en cuando sucedía—, y la sacaba del baúl para colocarla en la repisa de la chimenea, los niños se armaban de valor, la cogían y volvían a depositarla en el fondo del baúl. Los niños no solían jugar con la caja sorpresa. Y cuando se hicieron mayores y abandonaron la vieja casa, el cuarto de juegos quedó cerrado y prácticamente olvidado. Prácticamente, pero no del todo. Pues todos los niños, cada uno por separado, tenían recuerdos de haber subido alguna vez al cuarto de juego a mitad de la noche, a la luz de la luna llena, con los pies descalzos. Era casi como andar sonámbulo, subiendo sigilosamente por las escaleras y avanzando por la raída alfombra del cuarto de juegos. Recordaban cómo habían abierto el baúl, rebuscando por entre las muñecas y los disfraces para, finalmente, sacar la caja sorpresa. Entonces, el niño tocaba la cerradura, la tapa se abría lentamente y la música comenzaba a sonar, con Jack saliendo de su caja. No saltaba o se balanceaba, como suele pasar con los muñecos de las cajas sorpresa. Salía de la caja despacio y se quedaba mirando fijamente al niño, haciéndole señas para que se acercara un poco más y, entonces, y solo entonces, sonreía. Y allí, a la luz de la luna, le contaba al niño cosas que después era incapaz de recordar con claridad, pero que tampoco conseguía olvidar del todo. El mayor de los niños murió en la Primera Guerra Mundial. El más joven heredó la casa cuando fallecieron sus padres, aunque lo desposeyeron de ella tras sorprenderle en el sótano con un bidón de queroseno, trapos y cerillas, dispuesto a prenderle fuego. Se lo llevaron a un manicomio y es posible que aún siga allí encerrado. Las niñas, convertidas ya en mujeres, no quisieron regresar a la casa en la que se habían criado; clavaron tablas de madera en las ventanas, cerraron todas las puertas con una inmensa llave de hierro. Las hermanas terminaron visitándola con la misma frecuencia con la que visitaban la tumba de su hermano mayor, o al pobre desgraciado que una vez fuera su hermano pequeño; es decir, nunca. Han pasado ya muchos años y aquellas niñas son ya mujeres ancianas. Búhos y murciélagos se han adueñado del antiguo cuarto de juegos, las ratas han anidado entre los viejos juguetes que quedaron allí olvidados. Las alimañas miran sin ver los desvaídos dibujos del empapelado, y ensucian la harapienta alfombra con sus excrementos. Y en la caja que descansa en el fondo del baúl, Jack con todos sus secretos, espera y sonríe. Espera a los niños. Y esperará todo el tiempo que sea necesario.
odos conocemos el clasico, y divertido juego en plataformas y en 2D, llamado Terraria. Bueno, pues un día, yo me encontraba navegando por Internet, cuando lei por primera vez sobre Herobrine, yo creia mucho en ese personaje y tenia mucho miedo jugando Minecraft, unos dias mas tarde supere ese miedo tonto a Herobrine, y me volvi alguien que protestaba mucho ante eso. Un día, conoci Terraria. Era un juego muy divertido, me tome horas de juego en Terraria, jugue muchos días, llego un punto en el que tener la equipacion de Adamantita era algo muy facil, y me tomaba unos dos dias llegar a Hardmode. Un día, me dispuse a jugar nuevamente, empeze como siempre, con una espada de cobre corta, un hacha y un pico de cobre. Vale, empeze a cortar arboles, hice un refugio pequeño y luego me fabrique un horno. Empezaron a salir Zombies, y me aparecio el mensaje de: "La luna sangrienta esta saliendo...", entonces, me hize una espada de madera, aunque no era pero PARA NADA, una buena opcion, era lo mas fuerte que iba a tener, sin mas, esperaba una gran horda de zombies, pero no, ni siquiera ojos demoniacos, no habia nada. Un toque naranja se posaba cerca de la luna, no podia decir con certeza que era, pero habia algo de color naranja, y queria averiguarlo, fue entonces, que me solto un mensaje de: "El eco de los alaridos se escucha por todas partes...", esos mensajes salen cuando rompes un Orbe, y yo, no tenia ni martillo para hacer eso!. Fue cuando salieron muchos Zombies, y parecian tener una sonrisa macabra, el brillo de el juego disminuyo bastante, entonces, distingui 2 mensajes, que fueron los siguientes: "¡Esqueletron ha despertado!" "¡El Destructor ha despetado!" Me asuste, porque yo de ninguna manera hubiese podido invocar a esos Dos Jefes, ademas, ¿Como carajo los iba a enfrentar con una espada de madera?. Rapidamente, el Esqueletron se me avalanzo y me mato de un golpe... El tipico mensaje de "Haz sido asesinado..." no aparecio, en cambio, hize respawn instantaneamente, y ahora, el destructor salio por todas partes, matandome muchas veces. No tenia ninguna oportunidad contra los jefes, y peor aun, la Luna habia desaparecido. Esta noche de Terraria seria infinita, me aterraba eso, pero, tenia mucha curiosidad de poder ver que era lo que sucedia realmente. Entonces, aparecio un tercer mensaje. "¡ ha despertado!" No tenia ningun nombre, solo decia "ha despertado". Era algo, sumamente extraño, entonces, vi el brillo de una Excalibur llegar por el borde derecho del mapa, el Esqueletron y el Destructor se murieron de un golpe. Aun asi, era muy extraño ver una excalibur, no estaba en multijugador, no lo estaba definitivamente. Entonces, aquella extraña Excalibur se desvanecio, pero entonces, se escucharon ruidos, como si alguien estuviera usando un Arpa, o un Arpa Magica. Entonces, decidi correr hacia el sonido, entonces, las notas de un arpa magica se fueron a toda velocidad contra mi y me mataron. Hize respawn en una isla flotante, y unas figuras negras se acercaron, eran como la figura que me habia salvado de los dos jefes anteriormente, usaron repetidores de cobalto y con flechas malditas, me mataron. Entonces, hize respawn en el Infierno, estaba en una plataforma de ceniza, y entonces, muchas guadañas demoniacas salieron contra mi, una vez mas iba a morir. Pero esta vez, las guadañas se tornaron azules hasta extinguirse en el aire. Camine un rato y no vi un solo demonio, era un Infierno completamente vacio, cuando vi un pozo gigantesco, ahy, estaban todos los NPC, y no los podia rescatar. Un demonio les atacaba con guadañas demoniacas, y yo no podia defenderlos. No tenia nada que hacer con una espada de madera, era muy absurdo. Era como si jugaran conmigo. Entonces, una risa macabra se escucho, y entonces, algo invoco a la Muralla de Carne, y esta me empezo a perseguir obviamente, y entonces, esta murio y dejo un rastro parecido a la lava, pero era sumamente rojo. Entonces, me asuste, es decir, ¿Que clase de cosas extrañas suceden aqui?. Una vez mas, me mataron de un flechazo, no pude ver quien, pero me mataron. Hize un respawn en un calabozo a obscuras, parecia una Dungeon construida muy bien, pero no era la Dungeon original de Terraria. Alguien entonces activo una palanca, y me dispararon Flechas, en vez del tipico "Auch!" del personaje masculino, se escucho un grito de dolor, como si te encajaran un cuchillo en el costado del abdomen. Entonces, me cayo una pocion de curacion menor, y asi sucedia, me lanzaban flechas y me daban pociones, como si disfrutaran de una manera sadomasoquista. Pasado un tiempo, se escucharon llantos y gritos muy extraños, pero Terraria se cerro. Nunca volvere a ver ese icono de un arbol y el nombre: "Terraria" de la misma forma que antes.
Desperté. Está brillante aquí. Demasiado brillante. ¿Qué es este lugar?, ¿un hospital?, ¿una prisión? Tiene 4 paredes, un rígido catre y un respiradero. ¿No hay una puerta? Piensa… ¿Qué pasó? Algo pasó, ¿dónde estaba anoche?, ¿dónde quedé dormido? Maldición… no puedo pensar. No puedo pensar en nada. ¿Es esto alguna clase de experimento? No puedo pensar. ¡No puedo tan siquiera recordar mi maldito nombre! Mira a tu alrededor, tarado. Paredes sólidas; encerrado en una habitación. Estoy en un psiquiátrico. ¡Eso es! ¡Soy un desquiciado! O lo era, al menos. Estoy en paz con ello ahora. ¿Estoy curado? ¿Me puedo ir? Me levanto. Me reviso; estoy desnudo. Aunque bastante limpio, como el resto del cuarto. Todo cuanto me rodea es blanco y pulcro. Está demasiado brillante aquí. —¿Hola?… ¿Hay alguien aquí?… ¡Necesito ayuda! —grito. No hay respuesta—. ¡Alguien, por favor, ayuda! Camino alrededor palpando las paredes. ¿Dónde está la puerta? Tiene que haber una. ¿Qué demonios? ¡Tiene que haber una puerta! No la hay, simples paredes. Miro bajo el catre en busca de algo, lo que fuese. Nada, tampoco. ¿Sí estoy en un psiquiátrico? Esto parece tan irreal. ¿Por qué no puedo recordar mi nombre? —Hey, al fin te levantaste. —Escucho la voz de un hombre venir por el respiradero. Corro hacia él emocionado. —¡Sí! ¿Qué está pasando? ¿Quién eres? —le grito entusiasmado. —¿No recuerdas nada, cierto? —me pregunta. —No. No recuerdo nada antes de despertarme, hace un momento. —No te preocupes —dijo con un tono divertido en su voz—, creo que te irá bien. ¿Me irá bien? —Por favor —ruego—, ¿qué está sucediendo? Sólo escucho silencio. —¡Dime! —grito. Se hace eco por el respiradero, y nunca llega una respuesta. Horas pasan. Se me ha dejado a solas con mis pensamientos. Intento llegar a los rincones de mi mente, descubrir quién rayos soy. Esto es todo tan ajeno para mí. Camino por las paredes, sintiendo cada centímetro, buscando una salida. Tiene que haber algo. ¡No es como si este lugar se construyera a mi alrededor! ¿Por qué no puedo encontrar nada? Grito por ayuda hasta que mi garganta se seca. Si alguien está escuchando, si ese hombre sigue allí afuera, no va a responder. Exhausto, me recuesto. Al despertar encuentro comida. Una bandeja con pan, arroz y un filete puestos al otro extremo del cuarto. Hay un vaso con agua junto. Estoy muy hambriento; sin vacilar, camino para comer el platillo. Está delicioso. Cuando me lo acabo, recobro conciencia de dónde estoy. Me muevo hacia el respiradero y grito. —¿Hola? —¡Hola! —Escucho de vuelta, en un tono alegre. —¿Quién eres? —pregunto. —¿Disfrutaste tu comida? —me da de respuesta. —¡¿Dónde estoy?! ¡Déjame salir! —Saldrás pronto. ¡Tenemos que asegurarnos de que estés saludable! ¿Qué? ¿En serio soy un jodido experimento? Estoy suficientemente saludable. Quiero respuestas. Quiero saber dónde estoy. —¡Déjame salir ahora, desgraciado! La voz se fue de nuevo. Por más que le grito no me responde, estoy solo. Repaso mi rutina de buscar por una salida, y claro, no la encuentro. Siento que necesito usar el baño, pero no hay nada parecido aquí. Tengo demasiada dignidad como para hacerlo en una esquina. No dejaré que me vean hacer eso. Eventualmente me recuesto y lloro. Grito y grito y lloro hasta estar completamente agotado. No tardo en quedar dormido de nuevo. Algo extraño pasa entonces, sueño. En mi mente estoy volando. Veo tres árboles, ríos; todo iluminado por rayos de sol. Puedo sentir una incómoda sensación en mi estómago y boca. Me duelen un poco. Despierto de nuevo en la prisión. Todavía siento un poco de dolor en mi estómago. Lo sobo con mi mano y palpo algo rugoso. Cuando miro abajo, veo una protuberante cicatriz allí. La misma cosa está en mi mejía. Estoy asustado, pero más que todo, enojado. Están jugando conmigo. Esperan a que me duerma y comienzan con sus malditos juegos. Miro a las paredes y grito. Quiero salir de esto. —¿Estás bien? —Escucho esa familiar voz de nuevo. —¡Me heriste desgraciado!, ¡me abriste! ¡¿Qué demonios me hiciste?! —Golpeo el respiradero tan fuerte como puedo. Lo voy a romper. Voy a hacer a golpes mi camino hasta ese hombre y obligarlo a que me de respuestas. Lo golpeo y golpeo una y otra vez. Mi mano duele demasiado. Creo que la rompí. No me importa. Continúo golpeando y gritando. —Por favor, cálmate. Siento haberte hecho daño. Lo haré todo mejor pronto. ¿Te sientes sólo? Me rehúso a contestar. Lo ignoro, justo como él me ignora a mí. Al diablo con él. No parece importarle si respondo o no. No le importo. A nadie, de hecho. Soy un animal, un jodido experimento. —Por favor, no te preocupes. Las cosas mejorarán, ¡lo prometo! —Y con eso se fue. Me siento en mi rígida y pequeña cama, viendo a mi mano. No puedo mover mis dedos sin que un punzante dolor asalte mi brazo. Es ahora que me doy cuenta de cuán jodido está esto. ¿Qué me hice? Ese respiradero no se va a mover ni romper, sin importar lo que haga. Nada se va a mover o romper. Estoy atascado. Eso es todo lo que hay. Estoy atascado y no me iré a ningún lado. Mi mente divaga, y el tiempo pasa. Despierto. Me han dejado más comida. La voz habla de vez en cuando, diciéndome tonterías encriptadas que ni me importa tratar de entender. Luego duermo. Sueño a veces, no siempre. Algunos son pesadillas. Que las paredes se achican y achican hasta que no queda más espacio para mí y soy aplastado. Mis huesos se quiebran y mis pulmones colapsan. Estoy aterrado. Quiero salir. Me despierto de nuevo para ser abordado por más dolor en mi cuerpo. Hay una nueva cicatriz en mi pecho a lo largo de mi costilla, y otra en mi cabeza. Éstas se ven un poco más grandes que las usuales, y también duelen más. Pero esto no es, en lo absoluto, lo más inusual del día. Miro a lo largo de la habitación y no puedo creer lo que veo. Hay una mujer aquí. Una mujer, de unos 17, recostada en el suelo, completamente desnuda. Es hermosa. Estoy lleno de alegría. No sé qué tienen en mente, pero no me importa. ¡Hay otra persona aquí! Alguien a quien puedo tocar, ¡y mirar! Alguien que sé que es real. Que quizá pueda ayudarme a salir de aquí. Me levanto y camino hacia ella. Toco su hombro y comienzo a hablarle. —Hey, ¿hola?… Despierta. —Sus ojos parpadean y dirige su mirada a mí. Está asustada. No sé por lo que ha pasado, pero no comparte mi entusiasmo por estar con otro ser humano. Grita y se arrincona en el extremo de la habitación. Intento calmarla, en vano. —¡Por favor, no! ¡No voy a lastimarte! —digo lo más sosegado que puedo—. ¡Estoy de tu lado! Por favor, cálmate. Confía en mí —Ella sólo queda encogida en el rincón—. Escucha, he estado aquí por tanto tiempo. ¿Sabes algo acerca de todo esto?, o ¿quién nos retiene aquí? —Sólo responde con un callado sollozo—. Bueno, no tienes que preocuparte, ya veremos qué hacer. Saldremos de aquí, ¿sí? Saldremos de aquí. —Me doy cuenta de que puede necesitar algún tiempo para volver a la realidad. Voy al respiradero, dándole su espacio. —Estará bien —escucho desde dentro del respiradero—, sólo necesita un momento para acostumbrarse. —Y tengo que darle la razón. Eventualmente, después de horas de llorar, se calma. Me siento con ella e intento hacerle algunas preguntas. Nunca responde; de hecho, no creo que pueda comprender lo que le digo. Pero siento que el sonido de mi voz la calma un poco, así que sigo hablando. Le cuento de mis experiencias de estar aquí comenzando desde que desperté. Intento repasar cada detalle en el que puedo pensar de mi tiempo en esta prisión. Entonces me abraza y me siento increíble. La cálida, suave piel de su desnudo cuerpo contra mí es diferente que cualquier cosa que haya experimentado en esta dura y fría habitación. Corro mis dedos por su cabello y gime ligeramente. Nos sentamos allí en el piso por horas. Ahora veo que sí comprende. A pesar de esta jodida situación, me siento mucho mejor ahora. Los días continúan pasando. Las cicatrices se desvanecen y ninguna nueva aparece. La comida viene y ahora se nos ha dado el “lujo” de tener un lugar para ir al baño. La chica y yo nos hemos intimado mucho. Incluso hicimos el amor unas cuantas veces. Estamos sentados en el suelo besándonos. Acabamos de hacer el amor y fue hermoso. Ella confía en mí, y yo en ella. Nunca le haría daño, y nunca dejaría que nadie más lo hiciese. —Te amo. —le digo, y beso su cabello. Me sonríe y lo repite. Sé que entiende su significado; puedo oírlo en su voz. En lo que se prepara para dormir me prometo que saldré de esta habitación, y la llevaré conmigo. Entonces pasa. Despierto y no está. Desesperado corro al respiradero. —¡¿Qué has hecho con ella?! ¡Devuélvemela! —grito. —¡No te preocupes! —dice la voz a la que estoy acostumbrado—, ella está bien. ¡Sólo fue a un nuevo lugar! Es algo en lo que hemos estado trabajando por un tiempo, ¿te gustaría verlo? Estoy confundido, molesto y asustado. No tiene punto luchar. Él tiene el control. Tiene mi voluntad. Me seco las lágrimas y le digo que sí. Le ruego, de hecho. Le prometo que seré bueno, que haré cualquier cosa que desee. Que no trataré de huir ni golpear las paredes ni nada malo. —Sólo por favor, déjame estar con ella. Por favor. —Pronto. —me responde, casi burlándose con sus palabras. —¡Por favor! —No puedo hacer esto sin ella. La voz se va y me deja solo de nuevo y me quiero morir. Haría lo que fuese para matarme y terminar con todo esto. Pero no puedo dejarla. Me necesita, y le prometí que nunca la dejaría. Lloro y grito en el rincón hasta que toso sangre. Finalmente vomito y me desmayo del cansancio. Despierto en un lugar extraño. ¿Es un sueño? Veo que tiene árboles, pasto. El hermoso cielo por sobre mío. ¡No estoy en la prisión! ¡Esto no puede ser real!, pero lo es. ¡Lo es! Un momento, ¿qué significa esto? Corro. Corro por todos lados buscándola. Me lo prometió. Ella tiene que estar aquí. Comienzo a encariñarme realmente de este lugar. Miro a mi alrededor y veo que todavía estoy confinado. Grandes muros blancos rodean el área extendiéndose por al menos 20 pies sobre el suelo. Me preocuparé por eso cuando esté con ella de nuevo. Por ahora sólo tengo que encontrarla. Los árboles son tan bellos. Todo lo es, sólo falta ella. La escucho. Grita de alegría y corre hacia mí. Nos abrazamos y lloramos así como nos besamos apasionadamente. Estoy feliz. Estoy tan feliz por que me dejaron estar con ella de nuevo. Luego de que ambos nos calmamos, decidimos dar un recorrido por el lugar. Por horas vagamos el área. Quien sea que es nuestro captor, en serio se esforzó en este lugar. Hay un río que fluye a través de la entera instalación. Una inmensa máquina que se alza más allá de los muros y hasta el cielo. Cuando nos acercamos a ella se nos ofrece comida. Toda la comida que podríamos desear. Y toda es deliciosa. Esto es increíble. Nos servimos todo cuanto podemos hasta estar completamente saciados. El hombre del respiradero nunca nos habla aquí, pero sé que nos observa. Pero nos topamos con algo. Ella sonríe emocionada al notarlo. “¡Mira, mira!”, me susurra. Lo que vemos es un árbol, justo como los otros. Aunque está peligrosamente cerca del muro y alto suficiente como para poder subirlo y saltarlo. Sería una tremenda caída, y valdría la pena sólo para llegar al fondo de todo esto. Esta es nuestra forma de escapar; pero tenemos que ser cuidadosos. Le digo que tenemos que esperar, calmarnos. Si nos apuramos podríamos arruinarlo todo. Ella entiende. Sé que no le gusta. Le digo que espere un día o dos para ingeniar la mejor manera de hacer esto. Esa noche escucho de nuevo la voz de mi viejo amigo. Está fuera de mi vista, como siempre. —Olvídalo —me dice—. Sólo disfruta de tu nuevo hogar. —Prisión —le corrijo—. Esta es una jodida prisión. Y todo lo que he esperado desde que desperté ha sido la maldita verdad, y no he recibido nada de ti. Estás enfermo. He estado aquí, como rehén, por meses, ¡años! ¡Sólo dime quién soy! —Silencio. Está decidido, saldremos de aquí. El sol se levanta y hago mi trayecto hasta mi amada. Supongo que estará en el árbol. Cuando por fin llego veo que ya ha escalado la mitad del camino. —¡Espera! —le grito. Me mira y sonríe. Hace un ademán para que vaya hacia ella. Todavía estoy asustado, pero me doy cuenta de que no me puedo permitir tal cosa. Tengo que darle la cara a estas personas, estos bastardos. Voy con todo lo que tengo. Juntos rápidamente nos hacemos hasta la cima del árbol. Ella alcanza la rama más alta y se apoya por el lado del muro. Miro a su rostro y veo una expresión de total y desenfrenado éxtasis. Ha ganado. Lo sabe. Lo que sea que ve al otro lado, sabe que es la libertad. Me sonríe y veo la curiosidad infantil en sus ojos. Sin ser capaz de esperar más, se inclina hacia mí, me besa y sube sobre el muro. ¡Demonios! La escucho llegar abajo con una caída. Ella grita y oigo su cuerpo golpear el suelo del otro lado. Por favor que esté bien. ¡Que nada le haya pasado! Sin pensar me movilizo a la cima del muro y salto de allí. La caída resulta fuerte para mí también. Cuando caigo sobre el suelo siento un dolor como ningún otro que he sentido de mis cicatrices. Aunque no creo que nada esté roto. Ella está llorando sobándose la pierna. La reviso, pero parece estar bien. Veo algo diferente en ella. Quizá es por la luz; su piel se mira más áspera. Está sucia por la caída, yo también. Finalmente me pongo en pie y reviso en dónde estamos ahora. Miro arriba en la pared que acabamos de escalar, orgulloso de nuestro logro. Luego escucho algo. Un tanto cerca de nosotros veo otro edificio. Uno grande en forma de platillo con una puerta mecánica que acaba de abrirse. Caminamos hacia él lentamente, teniendo cuidado de no lastimarnos más. Mis piernas todavía me están matando. Así como nos acercamos, el edificio hace un increíble sonido que nos detiene en seco. Fuera de la puerta caminan… otros. Las únicas otras personas que he visto. No son como nosotros. Son más altos. Son más delgados. Visten con prendas y el tono de su piel es mucho más claro que el nuestro. Tienen que haber al menos dos docenas de ellos. Uno de ellos se nos acerca. Camina hasta unos 15 ó 20 pies de distancia de nosotros y se detiene. Nos mira intensamente. Todo lo que podemos hacer es devolverle la mirada. Cuando por fin habla me golpea con fuerza. Este hombre, este hombre que estoy viendo de cara a cara, es el hombre del respiradero. Él es la voz que me ha enjaulado y atormentado por tanto tiempo. —¿Pero qué han hecho? —nos dice. No puedo definir por sus grandes y negros ojos si está molesto o triste—. Han arruinado todo lo que hemos hecho por ustedes. —¡Jódete! —le grito—, ¡no estamos para ser tus malditos esclavos! Congela su mirada en nosotros por minutos. Voltea a sus compañeros, todavía dentro del edificio. Deja salir un fuerte suspiro y nos mira de vuelta. —Sabíamos que era sólo cuestión de tiempo. Tendrán que hacer las cosas por su cuenta ahora. Ésta es, me temo, la única forma en que pueden aprender. No sé qué decir. No estoy seguro de a qué se refiere. No sé tampoco si me interesa. Sólo lo quedo viendo, abrazando a mi amada. Camina de vuelta al edificio y la puerta se cierra. La construcción entera se desplaza al aire. En medio de un intenso destello, las paredes y todo dentro de nuestra antigua prisión, desaparece, sin dejar rastro. El edifico volador se eleva más y más hasta que lo perdemos de vista. Finalmente, estamos solos. Juntos vagamos por el área, buscando respuestas. Estoy comenzando a sentirme intranquilo ahora. Tengo hambre, y por la primera vez que puedo recordar, no tengo comida. No hay ningún dispensador, no hay ninguna máquina, ninguna mágica bandeja esperándome. Ha sido muy diferente este último par de años. Estábamos tan perdidos cuando se fueron. Me odio por admitirlo, pero quiero volver con ellos. Quiero volver a escuchar su voz y tener mi comida, que me limpien y se encarguen de mí. Lo que comemos ahora sabe terrible. La forma en que vivimos es terrible. Nos ensuciamos. Nos lastimamos. Cuando dormimos ya no somos limpiados ni curados como antes. Nos despertamos de la misma forma en que nos fuimos a dormir. No fue sino hasta que se fueron que nos dimos cuenta de cuánto los necesitábamos. Es helado aquí afuera. Tenemos que matar animales que merodean y usar sus pieles para mantenernos calientes. Nos sentimos estúpidos, sucios y sin esperanza. Odiamos en lo que nos hemos convertido. A veces me despierto por la noche y trato de regresar su voz a mi cabeza. Intento hablar con él y seguir esperando y esperando por una respuesta. Pero no la hay. Quien sea que fuesen, se han ido para siempre. Sólo somos Eva y yo ahora. Hemos trabajado fuerte para construir un refugio estable que albergue a nuestra familia. Estamos esperando nuestro primer hijo. Es difícil, pero sé que podemos hacerlo. En la cansada noche ella se recuesta, yo tomo su mano y acaricio su cabello. —¿Dónde crees que hayan ido, Adán?, ¿crees que alguna vez volverán por nosotros? Intento ser valiente por ella. —No lo sé, quizá lo hagan. Nos aman, sé que todavía lo hacen. Beso su cabello como lo he hecho tantas veces antes. Y espero, más que nada, que lo que acabo de decirle sea verdad.
Tu recibes una llamada de tu madre. Dado que su coche ha estado en la tienda, te pide que vayas al supermercado algunas cosas para ella. Pan, leche, cereal y pechugas de pollo. Después de escribir todo en una pequeña lista entras al auto a regañadientes y coges las cosas en la tienda. La cajera te hace un extraño comentario. ”Tu sabes, no estamos en peligro de una falta de leche” Después de llegar a la casa golpeas varias veces. No hay respuesta. Decides probar la puerta. Se abre. Dejas la bolsa del supermercado en la mesa. Qué extraño. Parecen haber seis bolsas más, todas con cosas identicas. En un par, el pollo y la leche están en mal estado. ”Mamá” llamas, pero no hay respuesta. Te diriges a la cocina y a la sala de estar. Sentada en el sillón, decapitada y con su cabeza limpiamente en sus rodillas, está tu madre. Naturalmente llamas a la policía que vienen a investigar. Mencionan que ella ha estado muerta por más de una semana. Además, el siquiatra de la policía está en la escena y te habla después de que das tu declaración inicial. ”Es común que la gente que sufre de esquizofrenia queden bloqueadas en una serie de comportamientos repetitivos” dice. Piensas a tí mismo, no pueden estar hablando acerca de mí. Esquizofrenia? Ni hablar. Comportamiento repetitivo? Acaso piensan que yo hice esto? De repente, tu telefono celular suena, ”Hola?” ”Hola hijo, soy yo. Podrías parar en la tienda y coger un poco de pollo y leche. Oh, y necesito un poco de pan y cereal también.” ”No hay problema, mamá. Ya voy.”

NO VAS A CREER ESTO. YO TAMBIÉN ERA ESCÉPTICO, PERO TODO LO QUE SABES ACERCA DE LA REALIDAD ES UNA MENTIRA Y NO SE PUEDE SABER LA VERDAD, ESTÁ BIEN? UNA VEZ ESTABA VIVIENDO EN UN LUGAR Y COSAS RARAS PASARON Y ME ASUSTÉ A LA CHINGADA. VI ALGO ATERRORRIZANTE EN MI ESPEJO. ME VOLTIÉ Y EL RELOJ DECÍA QUE ERAN LAS 13:666 AY MAMITA!! LUEGO VI A UNA NIÑA PEQUEÑA SONRIÉNDOME, PERO ERA TIPO, NIÑA QUE DA MIEDO Y ASÍ. LUEGO SALIÓ UN ESQUELETO Y LE SACÓ LAS TRIPAS, Y YO ESTABA HASTA LA MADRE DE ESO, ENTONCES SALÍ Y ME ENCONTRÉ EN VIAJERO DEL TIEMPO QUE MATÓ AL ARCHIDUKE FRANZ FERDINAND Y A ABRAHAM LINCOLD, LO CUÁL ERA RARO PORQUE, POR QUÉ ÉL HARÍA ESO? SEGUÍ CAMINANDO, PENSANDO QUE TODO ESTABA BIEN AHORA, CUANDO EL CIELO SE PUSO ROJO POR ALGUNA RAZÓN. ENTONCES ENCONTRÉ UNA VENTA DE GARAJE DONDE VENDÍAN JUEGOS. ENCONTRÉ UN JUEGO DE POKEMÓN QUE SOLO ERA UN CARTUCHO NEGRO CON POKEMON ESCRITO EN MARCADOR. DIJE "LO QUIERO" Y EL TÍO QUE LO VENDÍA ME DIJO "TÍO, ESE JUEGO ESTÁ MALDITO" Y ESTABA TIPO "ME VALE MADRES". ENTONCES LE DI UN PUÑETAZO Y ME LLEVÉ EL JUEGO (PERO OVBVIAMENTE LE DEJÉ 5 DÓLARES MÁS 3 DE PROPINA). CUANDO LLEGUÉ A CASA ME PUSE A JUGAR EL JUEGO . EL INTRO ERA HITLER DANDO UN DISCURSO NAZI, MIENTRAS SALÍAN ESCENAS DE LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN, TODO ERA HYPERREALISTA Y MUY EXTRAÑO. LUEGO EL TEMA DEL PUEBLO LAVANDA EMPEZÓ A TOCAR COMO UN LOOP Y PENSÉ: MIERDA, EL IDIOTA QUE ME VENDIÓ EL JUEGO ME TRANSEÓ", PERO LUEGO YA NO ME MOLESTÓ. NO ME MOLESTÓ PORQUE HABÍA ENCONRTADO UN SECRETO QUE NO DEBÍA DE ESTAR EN EL JUEGO . ME SENTÍ ORGULLOSO. ENTONCES RECORDÉ QUE EL SEÑOR QUE ME LO VENDIÓ ME HABÍA DICHO QUE EL DUEÑO ORIGINAL DEL JUEGO LE HABÍA METIDO DE SUS PODERES SATÁNICOS Y LUEGO SE SUICIDÓ, PERO TAMBIÉN RECORDÉ QUE NO CREO EN ESAS MAMADAS Y SEGUÍ JUGANDO. ENTONCES HEROBINE SALIÓ EN LA PANTALLA Y DIJO MI NOMBRE, AUNQUE NO HABÍA PUESTO MI VERDADERO NOMBRE. DA MIEDO. SEGUÍ JUGANDO. ESTABA FELIZ, CON MI NOSTALGIA DE LA INFANCIA CUANDO SALIÓ UNA FRASE EN UNKNOWN, LO TRADUCÍ Y DECÍA "VE DETRÁS DE TÍ". LO HICE Y ESTABA OTRA VEZ LA NIÑA, SOLO QUE AHORA SE MOVÍA INCLUSO DESPUÉS DE QUE LE SACARAN LAS TRIPAS, DE HECHO NO PARECÍA QUE LE HUBIERA PASADO NADA. LE DI UN GOLPE EN LA NUCA Y SEGUÍ JUGANDO EL JUEGO . DECIDÍ DESCANZAR UN POCO, PERO NO PODÍA APAGAR EL JUEGO WTF PENSÉ EN DEJAR EL JUEGO AHÍ SOLO HASTA QUE SE LA ACABARA LA BATERÍA, PERO LOS PERSONAJES EMPEZARON A DECIRME QUE ME FUERA, QUE APAGARA EL JUEGO Y NO FUERA AL PUEBLO LAVANDA. ENTONCES ME DIERON GANAS DE SEGUIR JUGANDO Y FUI AL PUEBLO LAVANDA. HABLÉ CON UN NIÑO, PERO LO ÚNICO QUE DECÍA ERA "BEN SE AHOGÓ" WTF CON ESO? ENTONCES ME FUI DEL PUEBLO LAVANDA PORQUE LA MÚSICA ME ESTABA DANDO TENDENCIAS SUICIDAS. PERO LUEGO ALGUIEN ME VIÓ Y YO ME PARALIZÉ. CAMINÓ Y ME RETÓ A PELEAR. PERO NO PELEAMOS. NUESTRAS EXTRAÑAS Y MUTANTES CREATURAS PELEARON. LA MÍA GANÓ Y LA DE ÉL SE MURIÓ O ALGO. ENTONCES LE ROBÉ SU DINERO. EL JUEGO DE APAGÓ Y SE BORRÓ A SÍ MISMO DEL CARTUCHO, YA NO LO PUDE USAR. ENTONCES ME PUSE A VER LA TELE, PERO MEJPR ENTRE PRIMERO A MI COMPY Y UN AMIGO QUE FUE INTERNO EN NICKELODEON JUNTO CONMIGO ME MANDÓ UN ARCHIVO RARO. SE LLAMABA "SUICIDEESPONGEMOUSE.AVI" PERO NO SE PODÍA ABRIR. USANDO MIS PODERES DE HACKER Y "FAGGOT.EXE" PUDE ABRIR EL ARCHIVO PASARLO A LA TELEVISIÓN PARA VERLO. ERA UN EPISODIO PERDIDO QUE SE LLAMABA "ADIÓS (MY NOMBRE AQUÍ) PANTALONES CUADRADROS". WHAT THE FUCK!!1 HABÍA VIOLENCIA, Y SANGRE Y GORE Y PURAS MIERDAS EXTRAÑAS, INCLUYENDO COSAS SOVIÉTICAS. ENTONCES LA NIÑA PEQUEÑA SE SUICIDÓ Y ME DI CUENTA QUE MUCHOS NIÑOS SE SUICIDARON AL VERLO. LUEGO SALIÓ DE NUEVO EL ESQUELETO Y ME MATÓ. FIN (no me lo borren pliiiiisss