HappinesDavid
Usuario (México)
Se cuenta que una vez los sentimientos y las cualidades del hombre se reunieron. Cuando el aburrimiento había bostezado por tercera vez, la locura; les propuso jugar a las escondidas. La intriga levantó la ceja; la curiosidad sin poder contenerse preguntó: ¿Las escondidas? El entusiasmo y la euforia danzaron estrepitosamente; la alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda y a la apatía quienes nunca se entusiasmaban por nada. La locura comenzó a contar; la primera en esconderse fue la pereza que tropezó con una piedra que estaba en medio del camino; la Fe subió al cielo, la envidia se escondió detrás de la sombra del triunfo; el cual por su propio esfuerzo había llegado a la sima de un árbol. La generosidad no podía esconderse, ya que cada lugar que encontraba le parecía perfecto para cada uno de sus amigos, el lago cristalino se lo dejó a la belleza, la copa de un árbol era para la timidez, en la ráfaga del viento para la libertad, finalmente, terminó escondiéndose en un rayo de sol. El egoísmo encontró un lugar perfecto desde el principio, cómodo, ventilado pero solo para él. La mentira se escondió detrás del arcoíris. La pasión y el deseo se escondieron en el centro de los volcanes. Cuando la locura estaba por terminar de contar, el amor no sabía dónde esconderse, todos los lugares ya estaban ocupados. En eso, miró un rosal y decidió escondiéndose cariñosamente entre las flores. La locura dejó de contar y se puso a buscar. El primero en encontrar fue a la pereza que estaba a solo dos pasos de la piedra con la que tropezó. Luego sintió vibrar a la pasión y el deseo en los volcanes. En un descuido, encontró a la envidia y de ahí supo dónde encontrar al triunfo. El egoísmo no fue necesario buscarlo pues salió de su escondite disparado ya que en realidad era un panal de abejas. De tanto caminar, a la locura le dio sed, así que fue al lago a tomar agua, ahí encontró a la belleza. La duda fue la más fácil de encontrar pues estaba en la sima de la montaña decidiendo donde esconderse. El talento estaba entre la hierba fresca. La angustia en una cueva obscura. Así encontró a todos pero no encontraba al amor. Lo buscó por todas partes, cuando la locura estaba a punto de darse por vencida, vio el rosal, lo empezó a sacudir con mucha fuerza y de repente un grito de dolor surgió dentro del rosal. La locura había herido con las espinas del rosal en los ojos del amor. La locura le pidió disculpa, lloró, rezó, imploró y pidió perdón. Finalmente prometió ser su lazarillo para siempre. Siendo desde entonces que el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña.