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Usuario (Colombia)
Los Arctic Monkeys mostraron que lo suyo era un rock duro que abrevaba de los orígenes británicos del género. A partir de su surgimiento en la ciudad de Sheffield, Inglaterra, en 2003, y luego de cuatro álbumes fantásticos (Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not de 2006, Favourite Worst Nightmare de 2007, Humbug de 2009 y Suck It and See de 2011), los Arctic Monkeys mostraron que lo suyo era un rock duro que abrevaba de los orígenes británicos del género y lo hacía desde influencias como los Yardbirds, los Rolling Stones, los Kinks y The Who, pero sin renunciar al halo mágico y misterioso de la música de los Beatles y su amplísimo sentido armónico y melódico. Encabezado por ese joven geniecillo que es Alex Turner (nacido apenas en 1986), el cuarteto ha mantenido una congruencia admirable y una fidelidad a sus orígenes, lo cual se refleja en su más reciente producción discográfica, AM, editada por la disquera Domino apenas este 9 de septiembre. Desde los riffs iniciales de ese gran tema que es “Do I Wanna Know?”, queda claro que estamos ante un gran trabajo. Porque no solo esa canción alcanza niveles de gloria: todo el álbum es un vehículo de gozo rocanrolero. AM es un viaje del más absoluto placer por territorios en los que campean la belleza de la música y un espíritu desafiante y altivo que refleja lo más destacado del rock inglés de todas las épocas. Arctic Monkeys parecería ser, en ese sentido, el eslabón perdido entre los rockeros primigenios ya mencionados y lo mejor que se hace hoy día dentro de ese género. Turner es un artista en toda la extensión de la palabra y queda demostrado en los poco menos de tres cuartos de hora que dura el álbum. Canciones como “R U Mine?”, “Mad Sounds”, “I Want It All” o “Why’d You Only Call Me When You’re High?”, en su forma y en su fondo, piezas perfectas, asombrosas, tan brillantes como lo es la totalidad del disco. Si bien el título del plato lleva las iniciales del nombre del grupo, en lo personal me remite también a las viejas estaciones radiofónicas de rock en Amplitud Modulada (AM), en las que se podía escuchar gran rocanrol, tan grande como el que recorre este álbum verdaderamente espléndido.
¿La canción más subestimada de Los Beatles? La pregunta de la revista musical Mojo no deja de tener su "toque": ¿cuál es la canción más subvalorada de Los Beatles? Con un repertorio tan variado y con el amor que un seguidor puede tener por la música de The Fab Four, la preguntica se las trae. Sin embargo, un grupo de fanáticos de los cuatro de Liverpool, convocados por la publicación dio el veredicto: It's All Too Much, que aparece en Submarino Amarillo, el soundtrack de la película. Mojo destaca los riffs, las trompetas, las palmas y la batería de Ringo, entre otros detalles, para darle una consideración que, dice, se le negó. Es, ya esto es cosecha personal, una canción "muy George Harrison": no le pierde patada. Sin embargo, difiero de Mojo, en cuanto a que sea la menos valorada. Para mí, esa "distinción" le corresponde Hey Bulldog, que, curiosamente, también pertenece al Submarino Amarillo. Es un rock poderoso, con una maravillosa voz de Lennon y un ensamble perfecto de los cuatro. El piano le da una energía muy particular. Además, con esta canción pasan dos cosas: cuando la escucha por primera vez (le pasó a un amigo) uno se pregunta dónde estaba uno metido para no haberla escuchado antes. Cuando uno la escucha varias veces se pregunta el porqué no está en el hit parade del cuarteto. Hay que escuchar las dos, pues escuchar a Los Beatles siempre es una buena costumbre. Si tiene gusto, dé su opinión: entre "beatlerianos" nos entendemos