Guti__
Usuario (Costa Rica)
La figura de Jack el destripador nos sigue asombrando incluso hoy en día. Posiblemente sea el primer asesino en serie que conoció la sociedad moderna, además el hecho que no sepamos a ciencia cierta quien era ese oscuro personaje, deja demasiadas interrogantes abiertas como para que podamos olvidarnos de él. Todo comenzó el 6 de agosto de 1888, en uno de los barrios más pobres de Londres, allí, apareció una mujer horriblemente asesinada, sin ningún motivo aparente, salvo ser de muy baja condición social. Posiblemente se habría olvidado el caso tras una investigación rutinaria si no hubiera sido un una serie de crímenes cometidos por la misma persona. El segundo lo cometió el 31 de agosto de ese mismo año, en las mismas horribles circunstancias, por medio de un arma blanca similar a un bisturí, coincidiendo incluso en el tipo de víctima: mujeres ya maduras, de clase muy baja y pasado oscuro. Burlándose de toda la policía de Londres, tan solo 5 días después de su segundo asesinato cometió un tercero y el miedo empezó a adueñarse de la ciudad. Aunque las teorías sobre su identidad abundaban, nada se sabía con certeza. Comenzaban a llegar anónimos y la policía estaba completamente desbordaba. Su cuarto crimen lo llevó a cabo el 30 de septiembre, siendo esta su acción más arriesgada, matando a su 5ª víctima solo unos minutos después de la anterior. ¡Dos muertes la misma noche! Reina el pánico, la gente no quiere salir de sus casas y llega la reacción de la reina Victoria, por medio de una carta exhorta a la policía de Londres a que encuentren al asesino. En un alarde de desfachatez, el propio asesino había escrito a la policía, jactándose de sus acciones y ridiculizando a todo Scotland Yard. En sus cartas amenazaba con nuevos crímenes, sin embargo pasó más de un mes hasta el siguiente, cuando la ciudad comenzaba a olvidarle, el 9 de Noviembre apareció una nueva víctima con los signos inequívocos del destripador. Aquí termina la historia oficial de este terrible asesino, de aquí en adelante solo hay conjeturas. Oficialmente, una vez cometido el 6º crimen, la policía detuvo al presunto asesino gracias a la ayuda de un vidente. Se trataba de un prestigioso médico londinense, un caso claro de doble personalidad, que cometía los crímenes y luego olvidaba que los había cometido. Sin embargo esta explicación no es del todo satisfactoria. Después de su captura siguieron ocurriendo asesinatos, no exactamente iguales pero si parecidos. Hay al menos 2 versiones más. Una de ellas piensa que en efecto el asesino era un médico, el cual se movía por venganza hacia las mujeres de baja condición, ya que su hijo murió contagiado por una de ellas. Este presunto médico se exilió a Argentina cuando pensó había consumado su venganza y una vez allí, se redimió con buenas obras. Al morir, confesó ser el Destripador. La obra versión, mucho más jugosa es la que acusa de ser Jack a un nieto de la Reina Victoria de Inglaterra, en concreto el Duque de Clarence. Parece probado su carácter desequilibrado, provocados parece ser por la sífilis. Su enfermedad y sus escándalos sexuales coincidieron con la época de actividad del destripador, desapareciendo un tiempo precisamente cuando Clarence estaba internado en un sanatorio. Varios médicos sospecharon de él, transmitiendo sus dudas a la policía que lo sometió a extrema vigilancia. El final de Jack también coincidió sospechosamente con la muerte de Clarence por una neumonía. Lo cierto es que no se ha podido probar nada.
Héroe de la independencia americana. Hijo de Juan de San Martín, teniente gobernador de Corrientes, y de Gregoria Matorras, fue con Simón Bolívar una de las personalidades más destacadas de la guerra de emancipación americana. En 1784 José de San Martín pasó con su familia a España, donde inició su carrera militar en el regimiento de Murcia (1789), con el cual, a los trece años, tuvo su bautismo de fuego en el sitio de Orán (1791). Más tarde intervino en las guerras del Rosellón (1793), de las Naranjas (1804) y de Independencia, que le supusieron distintos ascensos hasta alcanzar el grado de teniente coronel. Tras esta fulgurante carrera y poco después de estallar la revolución emancipadora en América, San Martín, que había mantenido contactos con las logias masónicas que simpatizaban con el movimiento independentista, marchó a Londres (1811) y de allí a Buenos Aires (1812), cuyo Gobierno le encomendó primero la formación del regimiento de granaderos y más tarde la jefatura del ejército del Norte (1813), en sustitución de Belgrano. El duro revés que éste había sufrido en Vilcapugio y Ayohuma a manos de los realistas cerraba prácticamente las posibilidades de avanzar sobre Lima, al tiempo que hacía vulnerable esa frontera, cuya custodia encargó a M. de Güemes, caudillo de Salta. Tras la derrota del ejército chileno en Rancagua (1814), San Martín dio amparo a O'Higgins y a sus tropas en Cuyo (Mendoza), de donde acababa de ser nombrado gobernador por J.M. de Pueyrredón. En Mendoza José de San Martín se dedicó a organizar el ejército libertador, con el que se propuso invadir Chile cruzando la cordillera de los Andes, la mayor hazaña militar americana de todos los tiempos. Superadas las cumbres andinas, el 12 de febrero de 1817 derrotó al ejército realista al mando del general Marcó del Pont en la cuesta de Chacabuco, y el 14 entró en Santiago de Chile. La Asamblea constituida proclamó la independencia del país y le nombró director supremo, cargo que declinó en favor de O'Higgins. San Martín viajó a Buenos Aires a fin de solicitar lo necesario para la campaña del Perú. Sin embargo, lo que recibió fue la oferta de intervenir directamente en las disputas internas del país, cosa que rechazó. Mientras tanto, las fuerzas patriotas habían sido completamente derrotadas en Cancha Rayada por el ejército realista de Osorio. De nuevo en Chile, San Martín reorganizó las desmoralizadas tropas criollas y venció a Osorio en los llanos de Maipú, el 5 de abril de 1818, asegurando de este modo la libertad chilena. En seguida inició la campaña de Perú (1820), que culminó con la proclamación de la independencia peruana (1821) y su designación como protector, cargo que aceptó hasta la total pacificación del país. Celebrada la entrevista con Bolívar en Guayaquil (1822), donde ambos patriotas trataron el futuro del continente, San Martín renunció al Protectorado peruano y se retiró de la vida pública, embarcándose hacia Europa (1824). En 1829 regresó a Buenos Aires, pero no llegó a desembarcar. Afectado por las luchas fratricidas que enfrentaban a sus compatriotas, marchó de nuevo a Europa, radicándose en Francia.