Gusti_20
Usuario (Argentina)
El sitio de Internet tapas.clarin.com, que propone que el lector conozca la tapa publicada por el diario en el día de su nacimiento, superó en sólo tres días el millón de tapas vistas. Aunque la propuesta del sitio es que cada lector pueda ver la primera plana que Clarín publicó el día en que él nació, las tapas más visitadas hasta ahora fueron las que reflejaron hechos trascendentes de los últimos años. La más vista fue la del 31 de diciembre de 2004, en la que se informaba sobre el incendio de Cromañón. “Fuego y tragedia en un boliche: más de 150 muertos”, fue el título principal de aquella edición. Entre las diez más buscadas, también están las del 24 y 25 marzo de 1976 (vinculadas al último golpe de Estado); la del 2 de abril de 1982 (desembarco en las Islas Malvinas) y las del 19 y 20 de diciembre de 2001 (en las que se registran los saqueos y la violencia en los días previos a la caída de De la Rúa). Dentro del top 10, también figura la del 19 de febrero de 1953, fecha de nacimiento de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que fue compartida en las redes sociales, en las que se registró una fuerte repercusión de este nuevo servicio. En Twitter cada minuto alguien publica su #tapadeclarin, aunque Facebook es el espacio desde el que más gente se acerca a la nueva herramienta de consulta. Desde su aparición, el 28 de agosto de 1945, Clarín publicó 24.700 tapas que ahora están disponibles en un sitio web al que se puede acceder sin restricciones. Este nuevo servicio también se integra con las redes sociales, para compartir las tapas halladas. Con este proyecto, Clarín integra tres puntos clave de su historia: el contenido periodístico de siempre, una nueva forma de distribución en la web, más la viralización por redes sociales. Una forma de concentrar en una herramienta más de medio siglo de comunicar. ¿Cómo se usa? Es muy sencillo: al ingresar en tapas.clarin.com, el visitante informa su fecha de nacimiento y allí aparecerá la portada que editó Clarín ese día. El usuario tiene varios caminos de dar con la tapa buscada. Puede compartirla en redes sociales (Twitter, Facebook o Google), enviarla por e-mail a un amigo, y también imprimirla. Link para acceder: http://tapas.clarin.com/

La semana que secuestraron a un directivo y ametrallaron la sede de Clarín Un comando del ERP se llevó al apoderado del diario. Y la ultraderecha baleó el edificio. A los ojos de hoy, la historia parece una novela. Pero fue verdad en un país que se desmigajaba por horas y que parecía marchar, con cierta alegría y decidida resignación, hacia su noche más oscura. Hace cuarenta años, un comando del ERP 22 de Agosto, una fracción escindida de la guerrilla trotskista que asolaba a la Argentina, secuestró a un ejecutivo de Clarín para obligar al diario a publicar tres solicitadas. El mismo día en que fueron publicadas, una de ellas en la portada, un comando de la ultraderecha peronista, embrión de lo que luego sería la banda terrorista Triple A, presumiblemente integrado en su mayoría por matones sindicales, armados con ametralladoras y fusiles , tomó por asalto la sede del diario, ametralló sus cristales, agredió a sus empleados, arrojó bombas molotov que desataron un principio de incendio, y dejó activadas bombas de alto poder en las rotativas, que no estallaron por milagro. Hubo dos heridos, uno de ellos Inés María Castro, una chica de 11 años que vivía al 1600 de la calle Piedras. El otro, un hombre al que le escucharon gritar “Soy Lisandro Vargas” antes de que la policía lo subiera a un patrullero con un balazo en el abdomen y que luego fue identificado como Disandro Badra, un empleado de 34 años. Y todo ocurrió el martes 11 de septiembre de 1973, el mismo día y a la misma hora en que, en Santiago de Chile, los misiles de Augusto Pinochet arrasaban con La Moneda y el presidente Salvador Allende y su experiencia pacífica hacia el socialismo se volaban la cabeza en un despacho del palacio presidencial. ¿Qué pasaba en aquella Argentina tormentosa en donde nada podía ir mal? La jubilosa recuperación democrática encarnada por el peronismo se perfilaba como un calvario en el que iban a reinar la furia y el terror. Héctor Cámpora, primer presidente de aquella democracia, había sido barrido del poder por Juan Perón, que se aprestaba a arrasar en las elecciones del 23 de septiembre. Gobernaba en forma previsional Raúl Lastiri, un sujeto gris y basto, yerno del todopoderoso amanuense de Perón, José López Rega. El 2 de agosto, el dedo de Perón había designado como compañera de fórmula a su tercera esposa, María Estela Martínez: una elección difícil de tragar, pero que la exaltación de sus partidarios hacía ver como una sabia decisión estratégica. La guerrilla peronista Montoneros había vuelto a las acciones violentas luego de un intento fallido de integrarse al proceso democrático; el ERP había prometido no bajar las armas y cumplía su promesa: el 6 de septiembre había fracasado en tomar por asalto el Comando de Sanidad del Ejército, un golpe en el que murió el jefe del Regimiento Patricios, coronel Raúl Duarte Hardoy. Tres días después, el ERP 22 de Agosto lanza un golpe propagandístico singular. En la noche del domingo 9 secuestra al apoderado de Clarín, Bernardo Sofovich, a la salida de su casa de fin de semana en Tortuguitas. La condición para liberarlo, y para no asesinarlo, es que Clarín publique en su edición del 11 de septiembre, tres solicitadas: una, “El ERP 22 de agosto al pueblo”, en la que los guerrilleros respaldan de alguna manera al Gobierno y a la decisión de Perón de legar al poder con Isabel. El ERP 22 intentaba unirse a otras organizaciones armadas peronistas, pero sin asumirse como tales. La segunda solicitada, “Al Señor Yerno Lastiri”, era una dura burla al presidente provisional. La tercera, era un recordatorio a “Los héroes de Trelew”, los dieciséis guerrilleros asesinados en la base Almirante Zar en agosto del año anterior. Sofovich estuvo cautivo en lo que le pareció el sótano de una casa de la que nunca supo su ubicación: una típica “cárcel del pueblo de la época”. La directora de Clarín recibió una amenazante carta de los guerrilleros, con indicaciones precisas sobre la publicación de las “solicitadas”. El 11 de septiembre, los tres mensajes del ERP fueron publicados en la portada de Clarín y en las páginas 17 y 24. A la tarde de ese día, Sofovich y las autoridades del diario dieron una conferencia de prensa en la que revelaron los detalles del cautiverio del ejecutivo. Pocos minutos antes de las tres, un grupo de entre veinticinco y treinta personas, aunque algunos testigos dijeron que eran no menos de cincuenta, avanzaron por la calle Piedras hasta la sede del diario. Todos iban armados con ametralladoras y pistolas. Cuando llegaron frente al 1743, uno de ellos ametralló la entonces amplia vidriera del frente y luego todos entraron en el edificio, tomaron por asalto lo que entonces era un amplio local de recepción de avisos, golpearon a parte de los trabajadores y los obligaron a arrojarse al suelo, mientras ametrallaban el cielo raso y las paredes. Luego colocaron varias bombas incendiarias “sin que se escuchara una sola consigna o frase que identificara la ideología o el origen de los delincuentes”, según las minuciosas crónicas del día siguiente al ataque. La única voz que se escuchó, gritó “retirarse”. Los atacantes huyeron entonces, casi en simultáneo con el estallido de la primera bomba. Otros explosivos, colocados en las rotativas del diario, quedaron sin estallar. Sobre Piedras, los delincuentes se trabaron a tiros con otras personas: un episodio que nunca quedó aclarado, como el resto del ataque. El gobierno de Lastiri guardó un llamativo silencio sobre el ataque. Su ministro del Interior, Benito Llambí, se negó a hacer declaraciones. Sólo intervino un juez de menores, por la niña herida, y la causa fue caratulada como “Intimidación pública, incendio, daño y lesiones”. Esa noche, fue reforzada la guardia en Casa de Gobierno. El secretario general de la CGT, José Rucci, tuvo que desmentir que hubiesen participado del ataque a Clarín “personas pertenecientes a la Unión Obrera Metalúrgica”. A Rucci, que no podía saberlo aunque lo intuía, le quedaban apenas catorce días de vida: fue asesinado por Montoneros el 25 de septiembre, dos días después del tercer triunfo electoral de Juan Perón.