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GustavHendrich

Usuario (Alemania)

Primer post: 6 ene 2016Último post: 24 mar 2017
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La verdad triunfara
InfoporAnónimo2/13/2016

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Que nos ocultan
InfoporAnónimo2/16/2016

La verdad expuesta! Hellstorm: La muerte de la Alemania nazi, 1944-1947 por Thomas Goodrich es un libro que conmocionó al mundo con sus recuentos históricos y de los testigos de las atrocidades cometidas contra el pueblo alemán hacia el final de la Segunda Guerra Mundial y después de su derrota. Resume cómo los vencedores escribieron a su antojo la historia tras el devastador conflicto, es así como este maravilloso libro y documental sintetiza: El asesinato masivo deliberado de civiles alemanes inocentes por el brutal bombardeo aliado. La limpieza étnica de los alemanes de sus tierras ancestrales. Los campos de exterminio donde millones de prisioneros de guerra alemanes fueron asesinados por hambre y la exposición de enfermedades y humillaciones. La violación de millones de mujeres alemanas, de 8 a 80 años de edad patrocinado por el estado.Y otras atrocidades cometidas por las fuerzas aliadas contra la nación alemana. Y ahora Kyle Hunt está trabajando con Thomas Goodrich para encender Hellstorm resumido en una película documental contando todo lo que no hayas visto antes. Es hora de dejar las cosas claras. Es la hora de la verdad. El impacto de esta película Este documental cuenta con la posibilidad de cambiar la forma en que la gente de todo el mundo ven a los ganadores y perdedores de la guerra más devastadora en la historia mundial. No se sabe qué va a pasar cuando la verdad sobre la Segunda Guerra Mundial salga al público de esta manera tan real y cruda pero si sabemos que cambiara tu manera de ver la historia.

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Rusia respeta la raza blanca
InfoporAnónimo1/19/2016

Lo importante de estos dos vídeo es que demuestra los ideales del ruso promedio. Dichos ideales lamentablemente se han perdido en el resto de Europa. En los video los quieren mostrar como algo malo, saquen sus conclusiones. link: https://www.youtube.com/watch?v=sqQZEPUisaM link: https://www.youtube.com/watch?v=wgm3lb9JUU0

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Mil dolares a quien muestre los 30000 por Agustín Laje
InfoporAnónimo3/24/2017

Mil dólares a quien muestra los 30.000 desaparecidos. Por Agustín Laje Y llega otro 24 de marzo más. El día de la memoria poco memoriosa; de la historia descuartizada por criterios ideológicos, y de la justicia solo para algunos. El día en el que el relato setentista irrumpe con toda su fuerza otra vez, y nos sumerge en el ya clásico cuento de ángeles y demonios. Es así que muchas cosas no te serán contadas este 24 de marzo. En primer lugar, harán lo imposible por descontextualizar. Los grandes medios y los políticos tomarán esta fecha como si antes del 24 de marzo de 1976 no hubiera habido historia, como si el gran drama que vivimos los argentinos se hubiera originado ese mismo día porque, de repasar un poco hacia atrás, su relato se haría trizas. Así, no te contarán por ejemplo que Argentina en esos años atravesó una guerra contra el terrorismo; que las organizaciones terroristas cometieron entre 1969 y 1979 la cantidad de 21.644 atentados; que para ello, contaban con el respaldo de Estados extranjeros como el cubano, y de organizaciones terroristas internacionales como la OLP de Yasir Arafat. Por supuesto que mucho menos te dirán que el 52% de estos atentados fueron perpetrados en período democrático, entre el 25 de mayo de 1973 y el 23 de marzo de 1976, y que, por lo tanto, los objetivos de las organizaciones terroristas no fue “luchar contra la dictadura para devolvernos la democracia”, sino luchar contra la democracia para instaurar su propia dictadura. Por cierto, tampoco te contarán que durante el gobierno democrático anterior al 24 de marzo se registraron cerca de 1.000 desaparecidos. Obviamente, ni la clase política ni los medios mencionarán sus propias responsabilidades en el drama en cuestión. Los radicales olvidarán que su partido durante el Proceso nada menos que 310 intendencias y que su líder, Balbín, solicitó a Videla el golpe; los peronistas se harán los distraídos respecto de la verdadera significación de los decretos de aniquilamiento del terrorismo que ellos firmaron; los socialistas no reconocerán que hombres de sus filas, como Americo Ghioldi, fueron también parte del gobierno de facto en calidad de embajadores; la gente del Partido Comunista querrá borrar de la historia que el 25 de marzo de 1976 lanzó un comunicado de adhesión al gobierno de Videla subrayando que “era necesario y urgente cambiar el rumbo”. ¿Y qué decir de la prensa? Por supuesto, ninguno de los grandes medios te contará cómo, mientras la guerra contra el terrorismo tenía lugar, clamaban por el pronunciamiento militar. Lo que seguro te repetirán hoy, es lo mismo que vienen repitiendo desde hace años: el mito de los 30.000 desaparecidos. Una mentira a sabiendas; un engaño reconocido como engaño; una estafa ideológica en nuestras propias narices. Lo que nadie dirá hoy, sobre este tema, es que no existieron 30.000 desaparecidos, y que 8.000 y 30.000 no es lo mismo por una sencilla razón: cada dígito es una vida humana, no un puntito más para lograr un impactante banderín político. Si tenemos informes serios al respecto, financiados por el Estado argentino, que han sido el producto de muchos años de trabajo que llega hasta nuestros días, ¿por qué quedarnos con la mentira en lugar de aceptar la verdad? El primer listado que conformó la CONADEP contabilizó 8.961 desaparecidos. Dado que tenía errores garrafales, como poner entre los desaparecidos a la ex jueza de la Corte Suprema de Justicia de los Kirchner, Carmen Argibay, el listado fue depurado durante el gobierno de Néstor. El total de desaparecidos ahora era de 7.089, pero si nos atenemos a los desaparecidos durante el gobierno que empieza el 24 de marzo de 1976, la cifra baja a 6.447. No soy una persona de grandes recursos, pero sí soy una persona que detesta que le mientan en la cara. Es por eso que hoy quiero hacer la siguiente oferta: le daré 1000 dólares a quien me presente un listado con 30.000 desaparecidos comprobables. Supongo que si algunos de todos esos que repiten el eslogan en cuestión disponen de esta información, podrán no sólo mostrarle a la sociedad que lo que yo digo está equivocado sino que, además, me sacarán de las manos mis propios ahorros.

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16 libros imprescindibles para entender la I Guerra Mundial
Ciencia EducacionporAnónimo1/6/2016

Dieciséis libros que permiten entender lo que ocurrió durante la I Guerra Mundial. Los cuatro jinetes del Apocalipsis Vicente Blasco Ibáñez (1916) Con permiso de las grandes novelas de Charles Dickens, Los cuatro jinetes del Apocalipsis fue uno de los primeros best sellers mundiales, una obra que alcanzó rápidamente una importancia planetaria: fue publicada en castellano en 1916, traducida en Estados Unidos en 1918 y llevada al cine en 1921, con Rodolfo Valentino como protagonista. Con la historia de dos familias relacionadas entre sí que luchan en bandos diferentes durante el conflicto, publicada en plena guerra, el valenciano Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928) logró tocar una fibra global. La mezcla de relato familiar con la descripción de la Europa devastada por la guerra, el compromiso a favor de los aliados, sin ocultar la bestialidad del conflicto, atrajeron a millones de lectores. “Tumbas… tumbas por todas partes. Las blancas langostas de la muerte cubrían el paisaje”, escribe en una de sus muchas descripciones de escenarios bélicos. Literatura de otros tiempos sin los cuales es imposible entender los nuestros. El retorno del soldado Rebecca West (1918) Si hay un libro que retrata cómo la guerra alcanza también a aquellos que no la han vivido, ese es sin duda El retorno del soldado, la primera novela de la británica Rebecca West (1892-1983), una de las escritoras más importantes del siglo pasado. West es también autora de una obra maestra de la literatura de viajes, Cordero negro, halcón gris, que a través de un recorrido por los Balcanes permite comprender muchas claves de la historia europea. “Nunca seré capaz de entender cómo ocurrió”, dice, desde Sarajevo, sobre el estallido de la guerra. El retorno del soldado (Herce, en traducción de Laura Vidal) relata la historia del regreso a casa de un militar que resultó herido en el frente. Existe un abismo entre lo que él ha vivido en Flandes y la percepción que tiene su familia de lo ocurrido durante la I Guerra Mundial. La autora todavía cree en el futuro y en que el trauma bélico puede tener curación a través del psicoanálisis. Tempestades de acero Ernst Jünger (1920) El relato autobiográfico del narrador y filósofo alemán Ernst Jünger (1895-1998) es la antítesis de libros como El miedo o Sin novedad en el frente. Se puede decir que casi desde los tiempos de la épica griega no se había escrito un elogio tan contundente de la guerra: su biógrafo francés Julien Hervier habla incluso del “sentimiento lúdico de la guerra” en Jünger. Se puede (incluso se debería) no estar de acuerdo con la visión que ofrece del conflicto, pero hay algo en las páginas de Tempestades de acero (Tusquets, en una traducción de Andrés Sánchez Pascual) que nos engancha. Se trata de una obra que mezcla el heroísmo con la violencia atroz, ya que en ningún momento Jünger trata de ocultar lo que la guerra produce. Este libro logró sobrevivir a una marca tan siniestra como los elogios que le lanzaron los jerarcas nazis para convertirse en una obra apasionante e inclasificable. París bombardeado Azorín (1921) Esta recopilación de las crónicas que Azorín (1873-1967) escribió desde París en 1918 para el diario Abc no es seguramente uno de los libros más importantes escritos sobre la I Guerra Mundial. Sin embargo, merece estar en esta lista. Refleja la visión española de un conflicto del que nuestro país se sentía ajeno —nadie podía prever hasta qué punto le alcanzarían sus consecuencias—; pero es también un magnífico relato de una de las principales características que aportó esta guerra a la infamia universal: los primeros bombardeos contra civiles desde el aire. El relato que hace el escritor de la generación del 98 de las avenidas vacías de París, de los apagones a medianoche ante la llegada de los zepelines, del terror de los bombardeos y de los refugios refleja lo que se avecinaba sobre Europa. Con sus frases cortas, cargadas a veces de ironía y otras de emoción, Azorín describe París con precisión y a la vez anticipa el resto del siglo XX. El buen soldado Svejk Jaroslav Hasek (1922) A veces uno se pregunta si hay otra forma de contar la I Guerra Mundial que no sea a través de la parodia, porque incluso el drama más tremendo se queda corto para describir lo que ocurrió en Europa entre 1914 y 1918. Las aventuras del buen soldado Svejk (Galaxia Gutenberg, en una gran traducción de Monika Zgustova) es una obra de ficción imprescindible sobre este conflicto por su ambición, por su volumen, pero también por su capacidad inmensa de ironía y sátira en la mejor tradición de Rabelais o Cervantes. Jaroslav Hasek (1883-1923) es considerado el gran narrador checo junto a Kafka, aunque, a diferencia del autor de La metamorfosis, escribió en su lengua materna, no en alemán. Como escribe la traductora en el prólogo de la edición española, “Svejk ridiculiza todas las instituciones ante las que comparece: las de la justicia, las militares, las políticas, las religiosas y las de salud”. Los siete pilares de la sabiduría T. E. Lawrence (1922) Resulta casi imposible separar en nuestra imaginación la monumental obra autobiográfica de T. E. Lawrence (1888-1935) —casi mil páginas en su edición española— de la película de David Lean Lawrence de Arabia. Este libro, a la vez relato de viajes por los desiertos de Oriente Próximo, crónica histórica y recorrido iniciático, es considerado también uno de los grandes manuales militares de la técnica de las guerrillas (volvió a hablarse mucho de él, por ejemplo, cuando estalló la insurgencia en Irak). Lawrence fue el oficial encargado de unir a las tribus árabes en su lucha contra el imperio otomano durante la IGM. Sin embargo, perdió en el terreno diplomático con el tratado Sykes-Picot y vio cómo eran traicionadas las promesas que les hizo a sus aliados árabes, que nunca llegaron a cumplirse. Es un libro apasionante, aunque excesivo como el propio Lawrence, cuya importancia es todavía fundamental para comprender lo que ocurre en la región. Adiós a todo esto Robert Graves (1929) Las memorias del autor de Yo, Claudio simbolizan la historia de toda una generación de jóvenes británicos que acabó cercenada en la I Guerra Mundial. El título refleja el sentimiento de fin de época que significó el conflicto para todos aquellos que sobrevivieron, la ruptura con la confianza ciega en el futuro. Robert Graves (1895-1985), que también fue uno de los grandes poetas de las trincheras, combatió en la batalla del Somme. “Ni siquiera la promesa de una ración extra de ron logró levantar los ánimos del batallón. No había nadie que no estuviera de acuerdo en que aquel ataque era inútil, imbécil e irrealizable”, escribe sobre el mayor desastre de la historia militar británica, una ofensiva que costó la vida a 20.000 militares solo en la jornada del 1 de julio de 1916. De hecho, resultó herido de gravedad unos días más tarde. La estupenda versión castellana, publicada por Edhasa, es obra del escritor mexicano Sergio Pitol. Sin novedad en el frente Erich Maria Remarque (1929) Esta novela fue publicada en 1929 en Alemania, cuando el mundo se enfrentaba a la Gran Depresión. Era también el momento en que el nazismo comenzaba a hacerse cada vez más fuerte. Sin novedad en el frente, que fue un éxito inmediato, es una de las novelas antibelicistas más influyentes de todos los tiempos, un relato de cómo la guerra destruye a los hombres, incluso a aquellos que sobreviven. Su primera adaptación cinematográfica, de Lewis Milestone, ganó sólo un año más tarde el Oscar a la mejor película y mejor director. Naturalmente, fue una de las obras quemadas en público por los nazis desde 1933. El libro de Erich Maria Remarque (1898-1970), que se inspiró en sus propias experiencias como soldado, nunca ha cesado de ser reeditado y leído como uno de los grandes testimonios de la lucidez y la inteligencia frente a la irracionalidad de la guerra y la fuerza devastadora del patriotismo mal entendido. Adiós a las armas Ernest Hemingway (1929) El premio Nobel Ernest Hemingway (1899-1961) fue un joven que condujo ambulancias durante la I Guerra Mundial, uno de los trabajos más peligrosos, ya que había que ir y volver constantemente del frente a merced de la artillería; resultó herido y vivió una historia de amor con una enfermera en Italia, un idilio que acabó mal aunque por motivos muy diferentes a los que describe en el libro. Así nació su segunda novela, después de Fiesta. Fue otra obra sobre la guerra que tuvo inmediatamente un gigantesco éxito y que fue llevada al cine al poco tiempo. Sigue siendo uno de sus libros más célebres. Otro miembro de la generación perdida, John Dos Passos, narró sus experiencias bélicas en la novela Iniciación de un hombre: 1917, de la que acaban de publicarse dos ediciones en castellano, en Gallo Nero y Errata Naturae. Las obras de Hemingway, Dos Passos o Scott Fitzgerald reflejan la inmensa huella que dejó el conflicto. El miedo Gabriel Chevallier (1930) Uno de los grandes efectos de la I Guerra Mundial fue que, en medio del horror de las trincheras, nació el pacifismo, aunque, desde luego, no la paz. “Veinte millones, todos de buena fe, todos de acuerdo con Dios y su príncipe… Veinte millones de imbéciles… Como yo. O más bien no, porque yo nunca creí en ese deber. Ya a los 19 años, pensaba que no había ninguna grandeza en hundir un arma en el vientre de un hombre, en regocijarme con su muerte”, escribe Gabriel Chevallier (1895-1969) al inicio de esta obra maestra, olvidada durante muchos años. Esta novela autobiográfica relata la suerte de los poilus, los soldados franceses que acabaron destrozados en el frente bajo el mando de oficiales muchas veces incompetentes y, desde luego, muy poco considerados con la vida de sus soldados. Es un libro escalofriante, escrito a pie de trinchera. El miedo (Acantilado) es uno de los grandes testimonios universales sobre la guerra. Johnny cogió su fusil Dalton Trumbo (1931) La I Guerra Mundial dejó centenares de miles de mutilados, de soldados destrozados por las armas más modernas jamás utilizadas en ningún conflicto, pero también salvados por una medicina que había avanzado a pasos agigantados. Dalton Trumbo (1905-1976), guionista y novelista que acabaría siendo apartado del cine durante la caza de brujas en Hollywood del senador McCarthy, escribió la historia de uno de estos heridos, sin piernas ni brazos, sin poder hablar, pero con la mente totalmente lúcida. Es un relato espeluznante, pero también la metáfora de los heridos, física o moralmente, por la guerra, hombres aislados de su sociedad, condenados a no poder transmitir sus sufrimientos. Trumbo pasó muchos años sin poder trabajar hasta que el productor y protagonista de Espartaco se empeñó en que su nombre apareciese en los créditos. Curiosamente, el director, Stanley Kubrick, y el actor Kirk Douglas son los responsables del mejor filme sobre el conflicto, Senderos de gloria. Viaje al fin de la noche Louis-Ferdinand Céline (1932) El siglo XX ha producido pocos escritores tan complejos, polémicos y grandes como Louis-Ferdinand Céline (1894-1961). Leer su obra supone asomarse al abismo porque conocemos su antisemitismo feroz y sabemos que estuvo en el bando de los nazis durante la II Guerra Mundial. La polémica nunca ha dejado de acompañarle. Dicho esto, ¿es Viaje al fin de la noche una de las grandes novelas universales? Sin duda. Por su lenguaje, por su estructura, por su técnica narrativa, fue una obra extraordinariamente innovadora, pero se lee también como un libro imprescindible sobre el conflicto, uno de los mayores gritos contra el absurdo de la guerra nunca escritos. Su protagonista, Ferdinand Bardamu, es un tipo cínico y descreído, un individuo que va al frente sin ninguna gana de ser un héroe, ni de jugarse la vida. “La guerra es al final todo lo que no entendemos”, escribe. A Céline es imposible comprenderlo, pero también dejar de leerlo. El mundo de ayer Stefan Zweig (1942) No es una obra sobre la I Guerra Mundial, pero se trata de uno de los libros más bellos que se han escrito sobre lo que significa Europa y sobre cómo fue destruida dos veces, en dos cataclismos tan conectados entre sí que, en cierta medida, forman uno solo: en 1914, con el inicio de la IGM, y en 1933, con la llegada de Hitler al poder, que acabaría desembocando en la II Guerra Mundial. Con el subtítulo de Memorias de un europeo, Stefan Zweig (1881-1942) escribió su autobiografía al final de su vida. Se suicidó en 1942 creyendo que su mundo había desaparecido para siempre y que, como judío, iba a ser perseguido eternamente. Varios capítulos transcurren durante el conflicto y es emocionante su descripción del verano de 1914, pero por encima de todo es tal vez el libro que mejor describe lo que la guerra destruyó, la Europa borrada del mapa (literalmente) en las trincheras. Los cañones de agosto Barbara Tuchman (1962) Este libro se encuentra en esta lista no por su importancia actual, sino por la importancia que tuvo cuando fue editado. Sobre los orígenes del conflicto se han publicado dos estudios imprescindibles este mismo año, Sonámbulos, de Christopher Clark, y 1914, de Margaret McMillan, que estudian el mismo periodo que Barbara Tuchman (1912-1989): las decisiones políticas y estratégicas que llevaron al estallido de la I Guerra Mundial. Sin embargo, Tuchman logró, además del Premio Pulitzer en 1963, una influencia que pocos libros de historia consiguen. Durante la crisis de los misiles con Cuba, el presidente John F. Kennedy tuvo siempre presente este ensayo y dijo que no quería encontrarse de repente en medio de una guerra mundial, arrastrado por acontecimientos rápidos e imprevisibles, sin ni siquiera tener claro cómo había empezado todo, tal y como cuenta Tuchman que ocurrió con los políticos involucrados en la I Guerra Mundial. Missing of the Somme Geoff Dyer (1994) Los lugares donde se combatió la I Guerra Mundial, sobre todo el Frente Occidental, son ahora espacios poblados de recuerdos: monumentos, cementerios con sus cruces blancas perfectamente alineadas, pero también de bombas sin explotar e incluso de cuerpos que aparecen de vez en cuando. El escritor británico Geoff Dyer (1958), del que acaba de ser publicado en castellano su ensayo sobre el jazz Pero hermoso, los describe en un apasionante libro de viajes, Missing of the Somme (Random House, 1994). Los desaparecidos del Somme es una reflexión sobre lo que significó aquel conflicto, sobre lo que inauguró: la era de los que van. Los inmensos memoriales a los desaparecidos durante la guerra reflejan lo que iba a ocurrir en el futuro, explica Dyer, “el siglo en el que millones de personas vieron cómo otros se iban para no volver”, ya sea por éxodos, emigración masiva o una violencia política no alcanzada hasta entonces. La belleza y el dolor de la batalla Peter Englund (2008) En todo acontecimiento histórico llega un momento en que desaparece el último testigo, en que la vida se lleva al último que pudo narrar en primera persona lo que ocurrió. En el caso de la I Guerra Mundial, en la que combatieron cerca de 70 millones de personas, el último soldado en morir fue Claude Choules, que falleció a los 110 años en mayo de 2011 en Perh (Australia). La última veterana no combatiente fue Florence Green, que murió en febrero de 2012. El historiador sueco Peter Englund (1957), secretario permanente de la academia que otorga el Premio Nobel, recoge en este impresionante libro 20 testimonios que relatan 227 momentos diferentes del conflicto. No es el único ensayo importante en este sentido (aunque sí el más completo): The first day on the Somme (1971), de Martin Middlebrook, ofrece un espeluznante relato del peor desastre de la historia militar británica a través de los que estuvieron allí.

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