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VEANLO NO TIENE NINGUN DESPERDICIO XD Espero que les guste y se rian un rato que en estos dias hay que hacerlo . Un saludo a todos

WILLIAM TURNER: La popular confusión entre genialidad y locura es más patente que nunca en la biografía de Joseph Mallord William Turner (1775-1851). Pintor académico en sus principios, Turner fue lenta pero imparablemente evolucionando hacia un estilo libre, atmosférico , en ocasiones esbozando incluso la abstracción, que fue incomprendido y rechazado por unos críticos que llevaban décadas admirándolo. El aparente caos que llenaba las últimas obras de Turner fue atacado por considerarse la obra de un demente. Se dice que la mismísima Reina Victoria se negó a concederle la orden de caballero -honor otorgado a muchos pintores de menor categoría- porque consideraba que Turner estaba sencillamente loco. En cierto sentido, era bastante sencillo atribuir a Turner la etiqueta de demente, considerando su antecedente materno: su madre había pasado los últimos 4 años de su vida en un manicomio. El propio pintor alimentaba estas leyendas en sus últimos años, llevando una doble vida en el barrio de Chelsea, con una mujer llamada Sophia Boot, haciéndose pasar por un almirante retirado. Pero en realidad, este "caos demencial" presente en las pinturas de Turner responde a una compleja evolución artística en la que el pintor se adelanta varias décadas a cualquier otro artista de su generación. Por tanto, la incomprensión a la que Turner se vio sometido no es sorprendente. Se cuenta que, durante una exposición, un pedazo de cielo de una obra de Turner cayó al suelo, a lo que el propio pintor quitó importancia argumentando que " lo único que importa es dar una impresión ". Es lógico pensar la sorpresa que causaría esta idea en la seria y pétrea Academia. También cuenta el escritor John Ruskin -íntimo amigo de William Turner- que un crítico recriminó a Turner que éste no pintara los ojos de buey de unos barcos en una de sus pinturas. Turner explicó al crítico que, en el momento en el que él había pintado el cuadro, los barcos se encontraban a contraluz y, por tanto, los ojos de buey no eran visibles. Contrariado, el crítico argumentó: " de acuerdo, pero sabe usted bien que los barcos tienen ojos de buey" . Entonces Turner respondió: " Sí, pero yo me dedico a pintar lo que veo, no lo que sé" . En efecto, la visión directa de los objetos y de los fenómenos atmosféricos tenía una importancia pivotal en la creación de sus pinturas. Pero -como el propio Ruskin apunta al hablar de la estética Modern Painters - esta visión directa derivaba más hacia la impresión que los objetos o fenómenos causaban en la mente del pintor que en una representación exacta de lo observado. En este sentido, no es de extrañar que las pinturas de Turner causaran tan honda admiración entre los pintores impresionistas como Claude Monet o Alfred Sisley, varias décadas después. PRIMEROS AÑOS - DE LA ACADEMIA A CARTAGO Pintor precoz y alumno brillante, Joseph Mallord William Turner inició sus estudios en la Royal Academy de Londres, recibiendo clases de artistas como Sir Josuah Reynolds o Paul Sandby. Desde el principio, sus pinturas y acuarelas son admiradas y reciben magníficas críticas. Por ello, Turner pronto se encuentra en una envidiable situación económica, lo que le permite realizar numerosos viajes por Inglaterra y Gales, tomando bocetos de lugares y monumentos, y pronto visitaría Francia y Suiza, al tiempo que aumentaba su universo pictórico observando las obras de grandes maestros como Rembrandt, Albert Cuyp, y sobre todo Claudio de Lorena. La huella de éste último es fácilmente identificable en obras de Turner de este periodo como sus escenas de " Las plagas de Egipto" (1800) y el posterior " Sol naciente entre la niebla" (1807, National Gallery de Londres) Cierta tarde, Turner se encontraba en la casa de su mecenas Walter Fawkes en Farnley Hall, Yorkshire, cuando una súbita tormenta interrumpió la jornada. Rápidamente, Turner comenzó a realizar bocetos de nubes y lluvia, y le comunicó a Fawkes: " En dos años verás estos bocetos transformados en una pintura llamada Aníbal cruzando los Alpes" . Y efectivamente, en 1812, Turner presentó en la Royal Academy su cuadro más ambicioso hasta la fecha, el épico " Aníbal cruzando los Alpes" (1812, Londres, Tate Gallery) El éxito de esta pintura en la exposición de la Royal Academy llevó a Turner a pintar otras escenas históricas de temática similar, como el " Dido construye Cartago" (1815, Londres, National Gallery) o " El declive del imperio cartaginés" (1817, Londres, Tate Gallery) UN BRITÁNICO EN ROMA La fama de Turner no cesaba de crecer. " Turner debería venir a Roma. Su genio encontraría aquí material nuevo y apropiado" , escribiría desde la capital italiana sir Thomas Lawrence en 1819. Dicho y hecho: en agosto de ese mismo año, Turner llegaba a tierras trasalpinas. La mente abierta y perceptiva de Turner encontraría en Italia un nuevo mundo de colores, luces y atmósferas, que trasladaría al lienzo a su vuelta. Visita Turín, Milán, Venecia, Nápoles. y estudia las obras de grandes maestros como Tiziano, Tintoretto o Rafael. También establece contacto con artistas contemporáneos como Antonio Canova. Turner regresó a Inglaterra en febrero de 1820. Las imágenes y recuerdos de Italia marcarían su producción pictórica de años los siguientes, como se puede ver en obras como " El Foro romano" (1826, Londres, Tate Gallery) o el personal homenaje a Rafael en " Roma, desde el Vaticano, Rafael con Fornarina prepara los cuadros para la decoración de las logias" , pintado el mismo año de su regreso a Inglaterra (Londres, Tate Gallery) LA MADUREZ - ULÍSES MOFÁNDOSE DE POLIFEMO Turner volvió a viajar a Italia en 1828, realizando numerosos bocetos al aire libre, que tendrían su reflejo en un cuadro sensacional pintado a su regreso a Inglaterra al año siguiente: el Ulises mofándose de Polifemo - odisea de Homero (1829, Londres, Tate Gallery) fue descrito por Ruskin como "el cuadro central de la carrera de Turner", y -en cierto modo- la descripción puede resultar muy válida. En efecto, en el " Ulises" , el tema mitológico (según Homero, Ulises derrotó al Polifemo -un cíclope- arrancándole su único ojo gigante con un palo ardiente) resulta ser poco más que una excusa para representar la grandiosidad de la fuerza de la naturaleza. El cuadro sorprende por sus brillantes colores, y recibió críticas desiguales en la exposición de la Royal Academy de 1829. Durante la década de 1830, el estilo de Turner se fue haciendo cada vez más libre, con el uso de una paleta predominantemente clara. La culminación de todo este proceso es el sublime " Norham Castle: amanecer" (c.1835-40, Londres, Tate Gallery), donde casi toda forma reconocible queda diluida por la omnipresente luz del amanecer. Con su perfección técnica y su paleta extraordinariamente clara, la pintura recuerda más a una acuarela que a un óleo. El incendio ocurrido en la Cámara de los Lores y de los Comunes británicos en octubre de 1834 permitió a Turner realizar una serie de bocetos que derivarían en dos pinturas sobre el tema (actualmente en Cleveland y en Filadelfia) en las que Turner se muestra especialmente interesado por el reflejo de las llamas en el río Támesis, como un contraste entre fuego y agua. Las vistas impactaron a Monet cuando éste último visitó Londres décadas después, y tuvieron se reflejo en la serie que el impresionista dedicó a las Casas del Parlamento londinense. Durante estos años, William Turner realizó tres viajes a Venecia, siendo el último de ellos -en 1840- probablemente el más prolífico de toda su carrera. En la ciudad italiana Turner pintó algunas de sus obras maestras, tanto al óleo como a la acuarela. En el "Venecia desde el pórtico de Santa María della Salute" (1835, Nueva York, Metropolitan Museum of Art) Turner varía ligeramente el paisaje original (añade a la composición un edificio inexistente) para reflejar con más grandiosidad la belleza veneciana. En abril del año 2006, una de estas vistas venecianas realizadas por Turner, " Giudecca, La Donna Della Salute and San Giorgio" , un óleo realizado en su último viaje a Venecia, fue subastada en Christie's Nueva York por más de 35 millones de dólares. VALIENTE TEMERARIO - TRIBUTOS EN LA MAR Si bien William Turner fue más -mucho más- que un simple pintor de marinas, sería absurdo no reconocer que muchos de sus mayores logros los consiguió en la representación del mar y los elementos marinos. En este sentido, su obra maestra es sin duda " El valiente Teméraire remolcada desde el último punto de anclaje para ser destruida" (1839, Londres, National Gallery). Deliberadamente, y sin que esto suponga un paso atrás, Turner matiza el efecto de "disolución" de las formas mostrado en obras anteriores (como el ya mencionado " Norham Castle" ) para permitir una mejor comprensión de la narrativa de la pintura Audaz y técnicamente perfecto, el cuadro de Turner es una visión insólita de los protagonistas del mar: en vez de mostrar un glorioso navío en su máximo esplendor y plenitud (como haría, por ejemplo, el americano Fitz Hugh Lane) Turner rinde homenaje al valiente Temerarie narrando su último capítulo, su viaje previo al desguace. El sol poniente y la luna creciente son elementos claramente simbólicos, marcando el fin de un era. A destacar que la pintura fue escogida como la mejor de Inglaterra en una encuesta llevada a cabo por la National Gallery de Londres en el año 2005. Ciertamente, pocas obras de Turner resisten comparación con ella. De las pocas que se podrían sugerir, destacamos la poética " Paz - exequias en el mar" (1842, Londres, Tate Gallery), dedicado a la memoria del pintor y rival de Turner Sir David Wilkie. LLUVIA, VAPOR Y VELOCIDAD Si el " Ulises se burla de Polifemo " era el "cuadro central" de la carrera de Turner, la culminación lo es sin duda el " Lluvia, vapor y velocidad" (1844, Londres, National Gallery) El cuadro es una sensacional conclusión a las investigaciones de Turner sobre la luz y la atmósfera, llevadas a cabo durante su época de profesor en la Royal Academy. Durante esta época, Turner tomó contacto con las teorías de la luz y el color de Newton y Goethe. En la pintura de la National Gallery , el auténtico protagonista, por encima incluso de la dinámica locomotora, es la cambiante atmósfera inglesa, acrecentada por el vapor que desprende la poderosa maquinaria. La crítica -y posteriormente los pintores impresionistas- quedaron impactados por esta veloz locomotora . Un crítico escribió, durante su exposición en 1844: " un tren se te echa encima, un tren que avanza realmente a 50 millas por hora y que el lector haría bien en ir a ver antes de que salga del cuadro" VISIÓN Y ALUCINACIÓN - LOS ÚLTIMOS AÑOS Ya se ha comentado que la disolución de formas presente en las últimas obras de Turner llevó a numerosos críticos a considerar que el pintor comenzaba a rayar la demencia. Hasta el propio Ruskin pareció desconcertado por las últimas obras de Turner, quién se vio obligado, en ocasiones, a colocar marcas en los marcos de las pinturas para indicar cual era la parte de arriba y cual la de abajo. El " Amanecer con monstruos marinos" (1845, Londres, Tate Gallery) es uno de los mejores ejemplos de esta última etapa. Las formas de los monstruos marinos apenas son intuíbles en medio de la omnipresente atmósfera marina. La cualidad casi divina de la luz refleja las teorías de Turner de considerar el Sol como el centro de toda vida. Algo parecido ocurre en " Un yate acercándose a la costa" (c.1845-50, Londres, Tate Gallery) Enfermo de gravedad, en octubre de 1851 tuvo que dejar de retocar las obras en las que estaba trabajando. El 19 de diciembre de 1851, Joseph Mallord William Turner falleció en su casa de Chelsea, Londres, y fue enterrado en la Catedral de San Pablo. El grueso de sus obras puede hoy admirarse el la Clore Gallery , un ala de la Tate Gallery añadido especialmente para las obras del mejor pintor inglés de todos los tiempos. espero que les haya gustado , posteeen comenten dejen puntos y planteen preguntas que gustoso se las contesto .
Haber si acabamos ya xdxd eso si acontinuacion lo subire en pdf de acuerdo??? Aproximación a la filosofía de Hegel Luis Armando González ]ii) El Fenómeno a) Fenómeno. Este concepto Lógico-Ontológico tiene gran peso dentro del pensamiento hegeliano ya que vincula tanto la índole esencial con lo que aparece, como porque abre el horizonte a las posibilidades de conocimiento de esa esencia por parte del hombre. Hegel caracteriza al Fenómeno así: “la esencia debe aparecer. Su aparecer es en ella el suprimirse a sí misma haciéndose inmediatividad… El aparecer es la determinación, por medio de la cual la esencia no es ser si no esencia, y el aparecer desarrollado es el fenómeno”(71). En la Enciclopedia, continúa Hegel: “ambos momentos son las determinaciones peculiares de la esencia misma, y constituyen esta esencia”(72). Por tanto, de lo dicho se desprenden dos cosas: en primer lugar, que la esencia, en virtud de su movimiento interno (negativo) se suprime haciéndose inmediatividad, trastocándose en su contrario, apareciendo; en segundo lugar, que fenómenos y esencia conforman una unidad; mejor aún, el fenómeno es un momento de la esencia, su momento de exterioridad. Por ello es que el fenómeno, el ser fenoménico, se opone a la mera apariencia. Es un Ser que vehicula la interioridad de lo real. Es un Ser que ha salido del fundamento y que, en virtud de ello, existe(73). De lo dicho, por otra parte, se desprende que ese vínculo real de fenómeno y esencia, del ser fenoménico y del ser esencial, es el que hace posible acceder a la esencia. Finalmente, anotemos que esta realidad fenoménica aparece infinitamente mediada en la Existencia por la Forma. “Esta mediación infinita —escribe Hegel— es al mismo tiempo unidad de la relación consigo misma, y desarrolla la existencia, haciendo de ella una totalidad y un mundo del fenómeno de la finidad refleja”(74). El fenómeno y el ser esencial, en unidad con las formas empírico-concretas de las que ambos se revisten, constituyen la totalidad de la existencia, la totalidad del mundo del fenómeno. b) Contenido y Forma. De alguna manera ya fue insinuado lo que entiende Hegel por Forma. Puntualicemos su significado y luego atendamos al Contenido. La forma, ya se dijo, muestra la existencia empírico-concreta del fenómeno, no confundiéndose con él. La Forma es un momento del fenómeno: lo que aparece, pero que es mudable, perecedero, lo que no expresa conexión intrínseca con la esencia. Como anota Hegel: “en la Forma, como no reflejada en sí, está el lado negativo del fenómeno, lo que hay en él de relativo y mudable: es la forma indiferente, externa” (75). Pero el fenómeno tiene su lado positivo; es el fenómeno como reflejado en sí. Es el Contenido. Este es otro momento del fenómeno, el momento de su realidad interna: lo que subyace tras la forma. Y entre ambos (Contenido y Forma) hay una configuración antitética: la Forma expresa y oculta al Contenido; éste niega la forma, pero es mediado por ella. Según Hegel, “tenemos aquí la duplicación de la Forma, que una vez, como refleja en sí es el Contenido, y otra, como no reflejada en sí, la existencia exterior indiferente al contenido. En sí tenemos aquí la relación absoluta del Contenido y de la forma; esto es, el convertirse del uno en la otra” (76). Hagamos referencia, para terminar con esta parte, al problema del conocimiento de la realidad esencial visto desde el fenómeno, así como a la estructura de esta realidad esencial de cara al Contenido y a la Forma. Por lo que toca al conocimiento de la realidad esencial desde el punto de vista de la Forma y del Contenido, lo que se tiene es un conocimiento del Ser Fenoménico de esa realidad, que puede acercarse más o menos a la Forma o al Contenido; todo depende de lo conocido en ese ser. Lo que es innegable es que, a nivel de conocimiento, Forma y Contenido marchan unidos, se interpretan y se trastocan mutuamente; es decir, la Forma se vuelve Contenido y el Contenido se vuelve Forma. Desde el punto de vista de la realidad, Contenido y Forma expresan niveles distintos, contrarios, pero intrínsecamente ligados, de esta realidad. Niveles de realidad (accidentales y necesarios) unitariamente articulados y en tránsito recíproco. Contenido y Forma son dos momentos Ontológicos-Lógicos de la estructura del Ser y de su conocimiento por parte del hombre; ambos hacen alusión al Ser Fenoménico. c) La Relación. Este el tercer momento del Fenómeno. El mismo hace referencia fundamentalmente a la articulación entre Contenido y Forma. De entrada digamos que Hegel distingue tres niveles distintos de vinculación. En primer lugar, está la Relación inmediata del Contenido y la Forma, la relación de identidad y de totalidad entre ambos. Como apunta Hegel: “la relación inmediata es la del todo y las partes: el Contenido es el todo y consta de las partes (de la Forma), de su opuesto… Pero son partes solamente en su relación de identidad entre sí, o en cuanto, tomadas en conjunto, constituye el todo… La relación del todo y las partes es la relación y conservación inmediata… de la identidad consigo en la diversidad. Se pasa de las partes y del todo a las partes, y se olvida que lo uno es antítesis con lo otro”(77). Este momento relacional entre el todo y las partes, entre Contenido y Forma, corresponde al ser en sí de la Relación; del “todo idéntico a sí, como ser en sí”, como diría Hegel. En segundo lugar, este momento inmediato de la Relación posee dinamismos intrínsecamente negativos que fuerzan a la diferenciación de los dos términos. Y ello tanto a nivel de conocimiento como a nivel de la estructura ‘física’ de lo real. Para el caso, en el conocimiento, “tomada una cosa primeramente como todo, luego se pasa a la determinación de las partes; esta determinación es por consiguiente olvidada, y lo que era parte es considerado como todo; luego se pasa a las determinaciones de las partes, etc., hasta el infinito”(78). Y del lado de la realidad sucede algo similar: ella, por la fuerza de sus contradicciones internas, va desplegando sus determinaciones; determinaciones que se sintetizan y totalizan en determinadas fases del proceso y que luego dan paso a otras determinaciones, etc. Son estas determinaciones las que se desenvuelven ya sea como Forma o ya sea como Contenido, en una unidad en la que los dos términos ya diferenciados se convierten mutuamente. En tercer lugar, se tiene como último momento de la Relación a su ser para sí. Este estadio se da solamente cuando la parte y el todo, el Contenido y la Forma han alcanzado su articulación más plena y más desarrollada; cuando ya han desarrollado la totalidad de sus posibilidades y estas han sido expresadas en una síntesis dialéctica; es decir, cuando el Contenido y Forma, parte y todo, han sido subsumidos en todo su despliegue en una unidad superior que recoge lo mas real de cada uno de ellos, en una unidad que los supera. La relación de Forma y Contenido, parte y todo, a estas alturas de proceso es de identidad plena. Como apunta Hegel, “su identidad es la identidad plena, el Contenido”(79). Y como este momento de plenitud unitaria de lo real, este proceso de unificación de sus determinaciones, no puede ser captado si no por el espíritu humano, en y a través de su propio devenir, resulta de ello que ese momento de síntesis unitaria es “uno” con la reflexión intelectual que da cuenta de la misma: justamente, la totalidad plena, la identidad total, es la de la unidad cosa plenamente desarrollada-mostrada (reflejada) por la reflexión humana. Es como escribe Hegel, “la unidad de la reflexión en sí y de la reflexión en otro, que es puesta en el movimiento de la fuerza; ambas son una totalidad misma, y esta unidad hace de ellas un contenido”(80); una totalidad, por tanto, en la cual “lo exterior… es primeramente el mismo contenido de lo interior. Lo que es interno existe también exteriormente y viceversa; el fenómeno no muestra nada que no esté en la esencia, y en la esencia no hay nada que no esté manifestado”(81). La captación de esa totalidad sintética de fenómeno y esencia, de Contenido y Forma, de parte y todo, así como el despliegue ontológico de esa realidad, constituye unitariamente este tercer momento de la relación que estamos examinando: el momento de la Relación Contenido-Forma como algo para sí. En resumen, en este segundo apartado de la Doctrina de la esencia encontramos tres Conceptos Fundamentales: Fenómeno, Contenido-Forma y Relación. El concepto de Fenómeno hace referencia a la dimensión mostrativa-exteriorizable de la Esencia; el de Contenido-Forma a dos elementos de la realidad esencial de cara a su expresión fenoménica, esto es, a su expresión como interioridad fenoménica con carácter de Ley (Contenido) y a su expresión concreto-accidental (Forma); y la de Relación a los vínculos procesuales entre Forma y Contenido, entre Esencia y Existencia, que van del En sí, a través de la negatividad hacia el Para sí. Asimismo, son Conceptos que además de manifestar tres momentos estructurales, físicos, del Ser, manifiestan tres caracteres esenciales de su conocimiento. iii) La Realidad a) Lo real. Ante todo, se tiene que decir qué es la Realidad para Hegel. Sin mayores preámbulos citemos lo que dice él mismo al respecto: “la Realidad —escribe— es la unidad de la esencia y la existencia, o de lo interior y lo exterior hecha inmediata. La manifestación de lo real es lo realismo; así que este permanece en aquella igualmente esencial, y solo en tanto es esencial en cuanto está en inmediata existencia exterior”(82). Por tanto, se tiene realidad (en la inteligencia y fuera de ella), en la unidad de lo esencial (lo interno) y lo existencial (lo externo) hecha inmediata; en la unidad captada (si se trata del conocimiento) o manifestada (si se trata del Ser mismo) de esencia y existencia, de modo inmediato y pleno. Como dice Findlay, “por ‘real’ Hegel entiende lo que está realizado, plenamente actualizado y operativo: lleva consigo, al menos en principio, individualidad, carácter de definido, concreción sensible, ser aquí y ahora, y un contexto completo de condiciones”(83). En tal sentido, se tiene Realidad sólo en la unidad plenamente actualizada, realizada, de esencia y existencia, de Contenido y Forma, en el aquí y ahora, real y presente, de la plena individualidad; en la presencia plena de lo que debe ser. Y es que como dice Findlay “el que la realidad lleve consigo la inmediata concreción sensible no es, sin embargo, recíproco: no todo lo que es palpable y sentido es elevado por ello a la realidad. Hay muchas cosas inmediatamente presentes que, en el sentido hegeliano, no alcanzan la Realidad, que son ‘existencia bajas y no verdaderas’, que en modo alguno son realmente lo que tendrían que ser”(84). En resumen, la realidad “es el Todo que ha logrado identidad con sus partes, la fuerza plenamente expresada en sus Manifestaciones, y el Interior que se ha convertido en lo completamente exterior”(85). Pero la Realidad no se expresa con la plenitud a la que estamos aludiendo de una vez y por siempre. Antes pasa por fases más primarias. Esto nos remite al segundo momento del concepto de Realidad. b) Lo Posible, la posibilidad. Este segundo momento de la realidad toca dos aspectos de la misma: la Realidad actualizada en todas su riqueza y la Realidad considerada del modo abstracto. En el primer caso, es lo que Hegel llama el aspecto ‘modal’ de la realidad, “que debe necesariamente pensarse como presente en la realidad, puesto que cuanto es real es posible”(86). En el segundo caso se trata de una Posibilidad abstracta que se corresponde con una realidad igualmente abstracta. “La Forma más elemental de Realidad es la que abstrae —anota Findlay— de un contexto necesitante, que se piensa como inmediata. Y así concebida es meramente una Realidad proforma, o Formal, y la Posibilidad que le corresponde es asimismo una posibilidad abstracta, meramente formal, una posibilidad que es suficientemente establecida por la mera ausencia de contradicción”(87). Recapitulando lo dicho, la Realidad está estructurada y se estructura de acuerdo a tres niveles metafísicos distintos, pero unitariamente articulados: como simplicidad abstracta, como realidad negativo-dialéctica, y como realidad totalizada y multideterminada. Es decir, como en Realidad en Sí, como Realidad Determinada y como Realidad para Sí. Esa realidad, asimismo, dependiendo del nivel procesual en que se encuentre, da paso a la Posibilidad abstracta o a la Realidad Posible. Y, finalmente, esos niveles de Realidad y Posibilidad de lo Real, del Ser, son niveles que expresan tanto la estructura y estructuración física del Ser Real como momentos esenciales del proceso de su aprehensión intelectiva. Respecto al conocimiento, captar la Realidad de un modo evanescente, por así decirlo, es estar en una fase de reflexión de carácter elemental, abstracto; es estar, en otras palabras, en una fase de Realidad abstracta en el conocimiento. Por lo que toca a la Realidad, pasa más o menos lo mismo. En sus momentos iniciales, cuando no ha empezado a generar dentro de sí y desde sí sus determinaciones, se encuentra en un estadio de Realidad abstracta. Procesual y dinámicamente va a dar paso a sus subsiguientes momentos, en los que se cualificará y concretará. c) Lo Contingente y lo Necesario. Primero la Contingencia. Esta categoría está estrechamente ligada a la Posibilidad ya que ella es un Posible que puede o no realizarse, que puede o no actualizarse. Y que, incluso, como hecho actualizado no tiene una razón interna que lo fuerce a ser de un modo u otro; cosa distinta a lo que sucede con el hecho real necesariamente realizado de una manera determinada y de la posibilidad que dio paso a esa realidad y no a otra. Como escribe Findlay: “hay muchos hechos reales mas o menos superficiales que son también meramente fácticos, para las cuales no puede darse ninguna razón científica o filosófica que sean así y no de otra manera… Es perfectamente obvio que por Contingente entendemos lo que es sin suficiente fundamento, aquello cuyo contrario es igualmente sensible” (88) . En segundo lugar, lo Necesario. Esta categoría completa a la anterior. De algún modo, como opina Findlay, en la Contingencia, realidad y posibilidad, o viceversa, están en una combinación “insatisfactoria” e “inquietante” ya que el vínculo (regido y exigido por un Fundamento) entre una posibilidad irrealizable y su no realización fáctica no queda claro. Justo aquí interviene la categoría de Necesidad, de Necesariedad. Lo Necesario expresa el vínculo unívoco entre la Posibilidad realizable y su realización. “Lo Necesario es por una parte Real y en cuanto Real no necesita Fundamento, pero también incluye en sí una Posibilidad, que ha sido hecha Realidad mediante la eliminación de la Posibilidad contraria por algún Fundamento suficiente. La única Posibilidad genuina es la única Posibilidad, una posibilidad que ha sido elevada a Necesidad y que coincide con lo Real” (89). La conversión de esa posibilidad genuina en Realidad es, pues, una conversión Necesaria. En resumen, las categorías fundamentales de la Esencia son tres: Existencia, Fenómeno y Realidad; que a su vez están subdivididas por alrededor de trece subcategorías básicas. Lo importante de ello es que todas y cada una de las mismas expresan un doble carácter de lo real: su carácter estructural manifestado a través del intelecto. O, dicho de otra manera, las categorías expuestas son expresión, a una, de la índole misma de la Realidad, del Ser, y de las fases por las que se mueve el conocimiento, la Reflexión, en la búsqueda de la ultimidad estructural de aquélla. Asimismo, son categorías cuya trabazón lógica manifiesta las fases puras en las que se ha movido el Absoluto, y que han sido captadas en su máxima concreción en la Historia de la Humanidad, concretamente en la Historia del Espíritu, que no ha sido otra cosa, por lo demás, que un despliegue y captarse a sí mismo del propio Absoluto por medio del hombre y su quehacer histórico-filosófico. C. Categorías fundamentales del concepto: concepto subjetivo, objeto e idea En la tercera sección de la Lógica, la Doctrina del Concepto, Hegel desarrolla todo un conjunto de categorías que tienen que ver con el Concepto, con el pensamiento superior. Dado que nos extenderíamos demasiado si intentásemos explicar la mayor parte de esas categorías, aunque fuera someramente, lo único que haremos es centrar nuestro trabajo en algunas de ellas. Nos valdremos, para ello, de la obra de Findlay, ya citada, y de algunos textos de Hegel de la Enciclopedia. Ante todo, veamos cuáles son las categorías (y sub-categorías) que aparecen sobre el Concepto en la obra de Hegel ya mencionada. Las fundamentales son tres: a) el Concepto Subjetivo, b) el Objeto y c) la Idea. Y se subdividen así: el primero —El Concepto Subjetivo— consta de diez submomentos: el Concepto como tal, el Juicio, el Juicio Cualitativo, el de Reflexión, el de Universalidad, el del Concepto, el Silogismo, el Silogismo Cualitativo, el de Reflexión y el de Necesidad; el segundo —el Objeto— consta de tres: el Mecanismo, el Quimismo y la Teleología; el tercero —la Idea— consta de cuatro: la vida, el Conocer, el Querer y la Idea Absoluta. Todos los aspectos mencionados conforman el órgano categorial de la tercera sección de la Ciencia de la Lógica. Detengamos nuestra atención en las tres categorías fundamentales; pero, antes, caracterizamos la índole de la tercera sección. Antes, en la primera y segunda sección de la Ciencia de la Lógica, Hegel se había ocupado de las categorías del pensamiento, pero en relación a objetos materiales; es decir, que estaban “todas objetivamente orientadas: era función suya captar y organizar cosas y materiales que como tales no eran pensamientos, ni ‘puestos’ como esencialmente referidos a pensamientos, en ningún sentido”(90). Cosa distinta a lo sucedido con las categorías a las que prestamos atención ahora. Las mismas, son nociones, conceptos, que se refieren al propio pensamiento. “Las nociones con las que vamos a tratar —aclara Findlay—, estarán orientadas subjetivamente, tanto como objetivamente; serán nociones de nociones que refieren explícitamente aquello de que tratan a la vida central y coordinadora del pensamiento. Puede decirse que hasta aquí hemos venido empleando nociones, pero no pensándolas como nociones”(91). En otras palabras, en la Doctrina del Concepto, de la Noción, se reflexionará sobre las categorías en las que se estructura el propio pensamiento; que tratan de la vida central y coordinadora de éste; en fin, la estructura categorial ‘conceptual’ en la que se fundamentan los conceptos de lo real: serán, por tanto, nociones de nociones. Pero, ¿qué es el Concepto? Para Hegel, el Concepto es el nivel más elevado de conocimiento de lo Real por parte del Hombre. Dicho de otra manera, el Concepto es la expresión teórica más profunda de la Lógica interna de la Realidad natural-histórica, y, en el fondo, de la Lógica en que se mueve el Absoluto y en la cual éste se reconoce. Por ello es que se tiene que tratar el Concepto en cuanto tal: su movimiento manifiesta el movimiento de la realidad y del Absoluto, el conocimiento de lo real por parte del hombre y el conocimiento de sí del Absoluto. Por tanto, el Concepto además de expresar la conciencia teórica más elevada de la realidad, realiza un movimiento real como concepto. Es a este movimiento del Concepto al que se refiere Hegel en esta tercera sección de lógica. Y al Concepto así entendido lo define como “lo que es libre… puesto que cada uno de los momentos es todo el Concepto, y puesto con él en unidad inseparada. El Concepto es, pues, lo que en su identidad consigo es en sí y por sí determinado”(92). Dicho con otras palabras: “el Concepto es un saber verdadero, no el pensamiento como puro universal; además el Concepto es el pensamiento, el pensamiento en su vitalidad y actividad… el concepto es lo determinado de sí, lo que se particulariza a sí mismo”(93). La tarea de Hegel es, en este sentido, describir los momentos del devenir de ese pensamiento-concepto, verdadero y vital. Esa actividad y vitalidad es, por otro lado, de carácter procesual. Es decir, que el Concepto no da cuenta de la verdad del Ser de modo inmediato, sino gradualmente. Recordemos que lo inmediato es lo más simple —Ontológica y Lógicamente— y que el Concepto —en orden al conocimiento— de lo que más carece es de simplicidad. Pero bien, esto no nos interesa aquí. Decíamos que el Concepto no se da de modo inmediato. Y ello si nos referimos al proceso global del conocimiento humano (que se inicia incipientemente en el misticismo y la religión) o si nos referimos al propio conocimiento conceptual. En este caso, el nivel conceptual pleno solo se logra al final de todo un recorrido Lógico-cognitivo. Este recorrido, que es el desarrollo procesual del concepto, Hegel lo enuncia así: “el proceso del concepto ni es ya el pasar ni el reflejarse en otro, sino que es el desarrollo (…), porque las diferencias son puestas inmediatamente como idénticas entre sí y con el todo, y la determinación es puesta como un libre ser de todo el concepto”(94). De lo que se trata es de estudiar este movimiento conceptual como determinante del Ser, como su unificador, en el cual éste es revelado de una forma más racional y especulativa. En la Noción, en el Concepto, cabalmente realizado se da la unidad de lo Universal, lo Específico y lo Individual. “Tener una Noción —por tanto— es pensar las cosas universalmente, ordenarlas bajo caracteres comunes en los que sumerjan las diferencias específicas y la cruzada inmediatez individual de esas cosas”(95). i) El Concepto Subjetivo Este primer momento del Concepto nos remite, al nivel del pensamiento, al primer momento del Ser, es decir, a la Identidad. Es el nivel abstracto, primario, elemental, desde donde inicia su marcha el Concepto; por lo cual, asimismo, contiene dentro de sí indiferenciadamente, la totalidad de momentos y aspectos esenciales del Concepto. Hegel lo apunta claramente al decir: “el Concepto Subjetivo es aún formal; pero no ya que deba tener o recibir otro contenido diverso de sí mismo. Como la forma absoluta misma, el concepto es toda determinación; pero como ésta es en su verdad. Y por esto, aunque abstracto, es propiamente lo que es concreto, lo que es concreto sin más el sujeto como tal”(96). Porque, si cuando se trataba del Puro ser o de las determinaciones puras de la reflexión —que es en general su estadio metafísico de En sí—, ya en ellas se encontraban la totalidad de determinaciones potenciales del Ser o de la Reflexión, no cabe duda de que a nivel del pensamiento conceptual, ya en concepto subjetivo —que es el En sí del concepto— se encuentran no sólo la totalidad de momentos y determinaciones del mismo concepto, sino la totalidad de momentos y determinaciones del Ser y de la Reflexión, que son determinaciones de aquél. Es el Ser en sí del Concepto, como la universalidad total e indiferenciada del ser y de la reflexión, “es lo que es idéntico consigo mismo, con la expresa significación de que en lo universal está contenido lo particular y lo individual… Lo absolutamente concreto es el espíritu, el concepto en cuanto existe como concepto, distinguiéndose en su objetividad… Todo otro concreto, por rico que sea, no es tan íntimamente idéntico a sí mismo, y, por tanto, no es en sí mismo tan concreto”(97). El Concepto Subjetivo es, pues, el estadio del En sí del concepto; el estadio abstracto del mismo, en el que se encuentran indiferenciadas la totalidad de determinaciones del Concepto y de la realidad entera. Lo cual no quiere decir que para Hegel el Concepto cree o produzca la Realidad o el Ser. Más bien, la determinación hegeliana del concepto respecto de la totalidad real está pensada en términos kantianos. En este sentido, está pensada, más que como producción de cosas, como apropiación unificadora y universalizante de lo dado sensiblemente. Es decir, como anota Hegel, “la captación intelectual de un objeto no consiste en otra cosa que en que el yo hace propio ese objeto, lo penetra y lo atrae a su propia forma, es decir, la forma de una universalidad que es inmediatamente determinación, y una determinación que es inmediatamente universalidad… A través de la captación conceptual, el ser-en-y-para-sí que el objeto goza en la vista directa o en el pensamiento es transformado en un ser meramente puesto: el Yo penetra el objeto pensantemente. Pero al estar el objeto en el pensamiento es por primera vez en y para sí”(98). Aquí tocamos otra vez la idea hegeliana de la unidad total que hay entre el pensamiento y la realidad. Definitivamente, para Hegel el Ser sólo alcanza la totalidad de su desarrollo cuando existe un pensamiento que expone esa totalidad; la totalidad real es sólo Totalidad por la unidad de Ser y Pensamiento, de la Realidad pensada o de la Realidad que se piensa. Y si ello es así, como se desprende de lo dicho, la Realidad por antonomasia es la realidad histórica; solamente en ella se da la total unidad entre pensamiento y ser, entre teoría y práctica. En resumen, el Concepto Subjetivo nos remite a un estadio inicial del desarrollo del concepto. Es, asimismo, la categoría básica para conocer y dar cuenta conceptualmente del mismo Concepto. En segundo lugar, como estadio inicial del Concepto encierra dentro de sí la totalidad de posibilidades de determinación de lo real entero, que no se constituye como real plenamente sino por el pensamiento conceptual. Lo que no quiere decir que sea el pensamiento el que produzca lo real; es sólo un momento esencial de éste. Finalmente, la realidad histórica se nos muestra como la máxima realidad, ya que ella sintetiza todas las posibilidades del Ser en pleno desarrollo. ii) El Objeto Una vez que hemos visto los submomentos del Concepto Subjetivo —esto es, el juicio y sus derivaciones—, centrémonos en la objetividad, teniendo en mente que el Concepto debe determinarse negativamente. Pues bien; en este orden de ideas, la Objetividad, como momento esencial del Concepto, no se opone a la Subjetividad, sino que hace referencia al carácter que deben cobrar los objetos pensados en el pensamiento como hecho necesario en su diferenciación y manifestación de sus determinaciones. Como anota Findlay, la Objetividad “representa más bien lo que el pensamiento debe pensar si ha de ser fiel a su sí-mismo universalizador, si ha de ver las realidades individuales ante él como individualizando y especificando Universales”(99). En este sentido, el Concepto Subjetivo sale de su determinación, de su inmediatez abstracta, Objetivándose en momentos conceptivos individuales, separados unos de otros, en los que la separación se vuelve una mediación, una negación de la inmediatez. En palabras de Hegel: “indiferente respecto de su unidad inmediata; es un romperse en seres distintos, cada uno de los cuales es el mismo, la totalidad. El objeto es, por tanto, la absoluta contradicción de la independencia completa de lo múltiple, y, además, de la dependencia completa de la misma, la dependencia de la independencia”(100). E, incluso, esto aparece más claro aún en un texto de la Ciencia de la Lógica citado por Findlay. En el mismo dice Hegel: “en el presente punto de vista de nuestro tratamiento la Objetividad tiene un primer lugar en el significado del Carácter de en-y-para-sí-misma de la Noción, la Noción que ha transformado la mediación puesta en su determinación a una relación inmediata en sí misma. Esa inmediatez es consecuentemente ella misma inmediata y completamente empapada en la Noción, así como su totalidad es inmediatamente idéntica con su ser”(101). Lo último de la cita ya fue de alguna manera insinuado por nosotros páginas atrás. Lo que ahora nos interesa es su primera parte. En ella lo que Hegel quiere decir es que la Noción transforma, en virtud de sus potencialidades internas, las relaciones inmediatas de sí misma (sus relaciones difusas como concepto Subjetivo) en relaciones mediatas, puestas como determinación. Este autodeterminarse del Concepto, este mediatizarse, es justo su Objetivación; si se prefiere su momento de determinación. Igualmente, representa el momento negativo del Concepto, el momento por el cual y en cual éste niega su totalidad inicial y se particulariza en una variedad de partes, de aspectos, de determinaciones, desconectadas entre sí y absolutizadas. Hegel ejemplifica este proceso de Objetivación haciendo referencia a la mónada de Leibniz. “En la mónada —escribe— nada viene del exterior…También esta simple totalidad se rompe en la absoluta multiplicidad de las diferencias, de modo que éstas son mónadas independientes…La filosofía de Leibniz es, por consiguiente, la contradicción completamente desarrollada” (102). Porque, en definitiva, la Objetivación no es más que el Concepto Contradictoriamente desarrollado; su momento negativo; el momento por el cual el Concepto despliega sus determinaciones internas dándoles un rango propio e independiente de la totalidad. Y esto compete, al igual que el momento del Concepto Subjetivo, al Concepto en cuanto tal; al desarrollo que sigue el Concepto en el conocimiento verdadero de las cosas y de sí mismo. En este sentido, pues, el conocimiento conceptivo va dando cuenta de las cosas —de las determinaciones de ellas— y de sí mismo —de sus determinaciones— en y por la Objetividad. Más aún, si pensamos en la determinabilidad misma de las cosas es a la categoría de Objetivación a la que tenemos que prestar atención. Y desde aquí lo que se tiene que afirmar es que las cosas se determinan (se diversifican) en y por este momento conceptivo de Objetivación. No que el concepto objetivo produzca las determinaciones de la realidad, en tanto que realidad, sino que es un momento esencial en su despliegue como determinaciones. Sin él, las determinaciones de lo real no serían plenas determinaciones; o, peor aún, lo real carecería de ellas. Sería realidad, pero no plena realidad, sería una realidad difusa, incompleta, no plenamente desarrollada. Porque lo que está de fondo en la perspectiva Hegeliana es la idea de la unidad realidad-pensamiento como totalidad plena y realmente real. Un momento esencial del desarrollo de esta totalidad es el despliegue negativo de sus determinaciones y ello solamente se puede lograr, sólo es posible, por el pensamiento que integra esa totalidad, es decir, por el pensar conceptivo. La Objetivación, por tanto, a la vez que momento o fase por lo que atraviesa el concepto en su conocimiento de sí mismo y de lo real, es el momento por el cual la unidad pensamiento-realidad, naturaleza-historia, se autodetermina y autodiversifica procesualmente. Finalmente, dejemos aparte el carácter propio de este proceso de desarrollo por el que atraviesa la unidad pensamiento-realidad en lo que toca a su momento de Objetividad; es decir, en lo que respecta al carácter de sus fases de mecanicidad de Quimicidad, y teologicidad. Sólo retengamos que son fases o momentos de la determinación conceptiva. Pasemos al último momento, a la última categoría de la Doctrina del Concepto. iii) La Idea Esta última fase de la Lógica es, para Hegel, la síntesis plena entre el Concepto Subjetivo y Objetivo. Desde el punto de vista del desarrollo del Concepto, la Idea expresa la totalidad más plena y autoposesión de las múltiples determinaciones del Concepto; la unidad equilibrada de sus momentos anteriores que han sido subsumidos y superados. Como bien lo anota Findlay, “la Idea, la etapa final de la lógica, encarna para Hegel una perfecta unidad y equilibro entre la ‘Subjetividad’, estudiada en la Universalidad, especificidad e Individualidad de la pura noción, y la Objetividad tratada bajo los tres epígrafes de Mecanismo, Quimismo y Teleología”(103). O como Hegel mismo lo apunta en la Enciclopedia, “la idea es lo verdadero en sí y para sí, la unidad absoluta del Concepto y de la Objetividad. Su contenido ideal (en tanto que puro concepto) no es otra cosa que el concepto en las determinaciones del concepto: Su contenido real es sólo la expresión que el concepto se da de sí mismo en la forma de existencia exterior; y esta forma, incluida en la identidad del mismo, en su poder; por tal modo, se mantiene en sí mismo”(104). Es decir, que vista la Idea (analíticamente) como movimiento del Concepto lo que en ella se tiene es al propio Concepto en la Multiplicidad de sus determinaciones unitariamente articuladas; si se ve a la idea, por otro lado, de cara a la realidad lo que se tiene es la manifestación exterior totalmente desarrollada de la unidad Ser-Pensamiento. En este sentido, la Idea sintetiza, por un lado, la totalidad de determinaciones del Concepto tomado en sí mismo; por otro lado, expresa el conocimiento más profundo y elevado que el Concepto pueda lograr de sí mismo y de la Totalidad plenamente desarrollada de las cosas reales, Y, más aún, es el momento último y posibilitante para que éstas alcancen el estatuto de Totalidad plena; de unidad diversificada y concretizada totalmente en función de sus momentos naturales-históricos. Sólo aquí se puede hablar de plena realidad: el Concepto (que es el nivel más alto de conocimiento) se ha explayado totalmente y reconoce sus momentos fundamentales; la Realidad ha alcanzado su dimensión plena de Realidad porque ha desplegado la totalidad de sus potencialidades histórico-naturales y las ha sintetizado unitariamente; y el Hombre al conocer el devenir y planificación del Concepto y la Realidad, así como su mutua fundamentación y estructuración, se conoce a sí mismo y, en su virtud, desarrolla sus potencialidades y las totaliza. Esto es para Hegel, en resumidas cuentas, la verdadera Totalidad Real: Conocimiento que se conoce a sí mismo (para sí del Concepto); Naturaleza que se ha historizado y que ha desarrollado y subsumido la totalidad de determinaciones espirituales-materiales (para sí de lo Real); y Hombre que ha desarrollado y superado sus múltiples determinaciones conociendo el devenir del Concepto y su síntesis, conociendo la Totalidad de determinaciones de lo Real, y conociéndose, en consecuencia, a sí mismo (para sí del Hombre). Todo lo cual es una sola y misma Realidad, no pudiendo alcanzar un aspecto de la misma su estatuto más pleno, sino por el desarrollo pleno de los otros. Así, por ejemplo, el Concepto no puede alcanzar el nivel de Idea (con todo lo que ello conlleva) si no es porque la Realidad, el Ser, se ha explayado históricamente y ha sido conocido por el intelecto humano; y así con todo lo demás. Esto que afirmamos aparece con claridad en un texto de Kojeve en La Dialéctica de lo Real. En él se puede leer: “todo-lo-que-es-Verdad, la entidad verdadera, lo Verdadero, das Wahre, es una entidad real, o el propio ser, en tanto que revelado correcto y completamente por el discurso coherente con un sentido (Logos). Y esto es lo que también llama Hegel Begriff, concepto; término que significa para él (…) no ‘concepto abstracto’, separado de la unidad real con la cual se relaciona, sino ‘realidad comprendida conceptualmente’. Lo Verdadero y el Concepto son, como dice el propio Hegel, un Logisch-Reellea, algo lógico y real al mismo tiempo, un concepto realizado a una realidad concebida”(105). Y esta plena realidad se subsume totalmente en la Idea; ella, como expresión de la Verdad de la Realidad, presupone no sólo el desarrollo natural-histórico de la misma, sino también el desarrollo y auto-poseción del hombre. Entonces, pues, la Idea señala la culminación de todos los procesos de desarrollo y su manifestación plena: a nivel de conocimiento, es la captación total de la Verdad de lo Real y del propio conocimiento; a nivel real-histórico, expresa el desarrollo último de la totalidad Ser-Pensamiento, de la realidad por excelencia; y a nivel del hombre, manifiesta el saber más profundo que éste puede lograr de sí mismo y de la realidad. En suma, señala la máxima realización del “ser revelado por el discurso” ( la verdadera y plena realidad), del “discurso revelador de la realidad” (el Concepto) y del ser que mediante ese discurso “conoce lo real y se conoce a sí mismo” (el hombre). Porque, en definitiva, la Idea, a la vez que es síntesis superada del Concepto Subjetivo, es expresión de la Verdad de lo Real; Verdad que no puede ser captada si no por un momento esencial de esta realidad (el pensamiento) en el momento final (o al menos, mas elevado) de su desarrollo como realidad natural-histórica, y por un ser —el hombre—, que, siendo parte de la realidad, ha alcanzado un desarrollo tal de sí que está en condición de penetrar teóricamente en su estructura lógica. Para finalizar, dejemos constatado que la categoría de Idea no se agota en lo esbozado por nosotros, ni mucho menos. Ella misma, para llegar a expresar totalmente su propia índole y la de la realidad, se desarrolla procesualmente en cuatro fases fundamentales: la Idea en su Inmediatez, la Idea como Conocimiento, la Idea como Actividad Práctica, y la Idea Absoluta”(106). Pero para los efectos de la presentación de la Lógica de Hegel basta con lo dicho. 3. Conclusión Como conclusión general, hemos de decir que presentada a grosso modo la estructura de la Lógica hegeliana se ve con bastante claridad la perspectiva dialéctica que la sustenta. En primer lugar, esto se corrobora observando la articulación triádica de la misma vista en su conjunto. Sus tres secciones básicas —el ser, la esencia y el concepto— expresan los momentos diversos en que se desarrolla la totalidad de lo real; momentos que procesualmente van articulándose (en virtud de la negatividad que introduce el trabajo) hacia la conceptualización. Igualmente, en segundo lugar, se observa la misma estructura triádica al examinar los componentes de cada uno de los planos de lo real tocados por el conjunto de la Lógica. Así, en el plano del Ser (cualidad, cantidad, y medida), de la Esencia (existencia, fenómeno y realidad) y del Concepto (concepto objetivo, objeto e idea), se encuentran caracterizaciones dialécticas de cada uno de los planos. E incluso en algunos sub-momentos, como es el caso de la Idea, se encuentra el mismo proceder dialéctico y triádico. Y ello no es para menos. Para Hegel, la totalidad del proceso de desarrollo de lo real se entiende como un movimiento del En sí (lo indeterminado), pasando por la determinación del Ser determinado (la negatividad), hasta el Para sí (la reconciliación de las determinaciones). Consecuente con su perspectiva de totalidad, de negatividad y de procesualidad, Hegel se aproxima a los distintos procesos y da cuenta de ellos triádicamente. Tanto es así que la negatividad no le serviría para explicar los procesos reales si su realidad fuese paralizada o mecánica; es decir, si aislara los hechos o desde unos hechos aislados pretendiera explicar el todo. La Negatividad le sirve para explicar lo real total o parcialmente porque está pensando el ámbito de lo real en términos de Naturaleza e Historia; es decir, como totalidad articulada por el trabajo humano; asimismo, evita todo mecanismo porque la perspectiva totalizadora en la que se mueve, en virtud de la novedad que implica la dialéctica del trabajo, es siempre abierta. De Hegel acá las ideas de totalidad, de proceso y de la dialecticidad intrínseca al trabajo del hombre —por el cual se unifica la historia en sí misma y con la naturaleza dando lugar a la verdadera totalidad—, han alcanzado mayor precisión analítica y conceptual; pero es él a quien corresponde el no poco mérito de haberlas legado a la filosofía occidental para siempre y de haber dado, desde ellas, el estatus de máxima realidad a la historia. Este es el grandioso mérito de Hegel. Bwno post finalizado familia xdxd ahora hare un pdf para que lo podais descargar de acuerdo??? muchas graacias un slaudo