Guiillee15
Usuario (Argentina)
El intrigante satélite de Júpiter alberga en su interior un enorme océano de agua líquida y es uno de los más firmes candidatos del Sistema Solar a tener vida extraterrestre. La NASA parece decidida a enviar una misión a Europa, el intrigante satélite de Júpiter que alberga en su interior un enorme océano de agua líquida y que es, por lo tanto, uno de los más firmes candidatos del Sistema Solar a tener vida extraterrestre. Para ello, la agencia espacial norteamericana acaba de publicar una Petición de Información (Request for Information, o RFI) dirigida a científicos e ingenieros para que aporten sus ideas al respecto. Se trata de encontrar las que mejor (y a menos coste) puedan garantizar respuestas a las cuestiones más acuciantes sobre el satélite joviano. El coste de la misión, según se especifica en el RFI, debe ser inferior a los mil millones de dólares, cifra que no incluye el cohete lanzador. "Se trata de una oportunidad para escuchar a todos esos equipos creativos que tienen ideas sobre cómo podríamos lograr la mayor cantidad de ciencia al mínimo coste -explica John Grunsfeld, administrador de la NASA- . Europa es uno de los lugares más interesantes de nuestro sistema solar para la búsqueda de vida más allá de la Tierra. La idea de explorar Europa ha estimulado no solo el interés científico, sino también la creatividad de ingenieros y científicos con conceptos novedosos". Durante varios años, la NASA ha estudiado ya varios diseños de misión, y actualmente está financiando el desarrollo de las tecnologías que se necesitarán en los instrumentos científicos de una futura misión a Europa. El Congreso ya aprobó con este fin la cantidad de 80 millones de dólares para este año fiscal, y en los presupuestos para 2015 están previstos otros 15 millones de dólares adicionales. Los científicos ya han demostrado que existe un océano de agua líquida bajo la superficie helada de Europa. Un océano que cubre el satélite joviano por completo y que contiene más cantidad de agua que todos los océanos de la Tierra juntos. Por eso, la agencia espacial considera que una misión a Europa es una de las máximas prioridades científicas de la NASA. En la Petición de Información recién publicada se fijan cuáles son los cinco objetivos clave que garanticen la máxima eficacia de la misión: 1.- Caracterizar la extensión total del océano subterráneo y su relación con el interior del satélite. 2.- Caracterizar la capa de hielo y cualquier clase de agua subterránea, incluyendo la naturaleza del intercambio hielo/agua en los puntos de contacto. 3.- Determinar la composición y la química global del satélite, especialmente la relacionada con la habitabilidad. 4.- Comprender la formación de las estructuras superficiales, incluyendo los lugares con actividad reciente o en curso, identificando lugares que sean candidatos de futuras misiones de exploración. 5.- Comprender el entorno espacial de Europa y su interacción con la magnetosfera. A pesar de que tanto Europa como otras lunas de Júpiter ya han sido visitadas con anterioridad por otras sondas, esas visitas se limitaron a sobrevuelos realizados a mucha distancia. La misión Galileo, lanzada por la NASA en 1989, fue la única que visitó Europa en más de una ocasión, pasando cerca de la enigmática luna en una decena de ocasiones. En diciembre de 2013, el Telescopio Espacial Hubble observó vapor de agua elevándose sobre los hielos del polo sur de Europa. Lo cual fue la primera evidencia concluyente de la existencia de chorros de agua surgidos del subsuelo. Cualquier futura misión a Europa tendrá también que tener en cuenta un entorno altamente radiactivo, lo que hará necesaria una protección especial tanto de la nave como de los instrumentos científicos. Además, la nave deberá estar diseñada especialmente para garantizar, también, la protección de la propia Europa y de su potencialmente habitable océano helado. En este sentido, deberá evitarse cualquier posibilidad de contaminación con organismos terrestres que pudieran "colarse" en ese océano extraterrestre. Las ideas para la misión deberán ser entregadas antes del próximo 30 de Mayo.
Contener la respiración o quedarse inmovil ante una amenaza depende de una zona inesperada del encéfalo: el cerebelo. Ante una posible amenaza, lo primero que hacemos es quedarnos quietos y expectantes. Expresiones como “contener la respiración” o “quedarse paralizado por el miedo” hacen referencia a esa respuesta defensiva de inmovilidad, que es una constante con pocas variaciones en todas las especies de mamíferos, incluida la nuestra. Se caracteriza por el cese del movimiento voluntario y el incremento del tono muscular. El resultado una postura tensa, “congelada”. Se sabe que esta ancestral respuesta ante las amenazas está ligada a la sustancia gris periacueductal (SGPA), un conjunto de neuronas que rodean, a la altura del cerebro medio, la cavidad por donde circula el líquido cefalorraquídeo (el acueducto cerebral). La sustancia gris periacueductal está implicada, además, en funciones como la modulación del dolor, la ansiedad y de la coduncta reproductiva. Además de paralizarnos de miedo, también es capaz de elevar la tasa cardiaca y la presión sanguínea y poner en marcha la respuesta de lucha o huida. Este grupo de neuronas que rodean al acueducto cerebral es una parte central del circuito cerebral encargado de poner en marcha las respuestas frente al miedo. Está conectado con la amígdala, una estructura fundamental en el procesamiento de las emociones, entre ellas el miedo. Ante un peligro inminente, como el ataque de un animal, la señal desde la amígdala llega a la SGPA y se inicia un comportamiento defensivo de lucha o huida. Sin embargo, ante un peligro no tan inminente, como una amenaza, otra zona del anillo de Sustancia Gris Periacueductal, la ventrolateral, pone en marcha otro comportamiento, en este caso de inmovilidad. Hallazgo inesperado Aunque se conocían las conexiones de la SGPA con la médula espinal, se desconocía exactamente cómo esta estructura orquestaba la respuesta que nos lleva a quedarnos paralizados por el miedo. Una reciente investigación de la Universidad de Bristol publicada en “ Journal of Physiology”, ha dado con una cadena de conexiones neuronales que une esos circuitos de supervivencia centrales del miedo con el cerebelo, una estructura que se localiza en la base del cerebro y se encarga del control de los movimientos, entre otras funciones. En concreto, los investigadores liderados por Richard Apps, han seguido “el hilo” desde la sustancia gris periacueductal de ratones hasta la pirámide del cerebelo, una estructura que, según este trabajo, se pone en marcha frente situaciones amenazantes naturales o bien aprendidas, como ocurre con la ansiedad. Como novedad, el trabajo resalta que la pirámide del cerebelo actúa como un importante punto de convergencia para las diferentes redes de supervivencia con el fin de reaccionar ante una situación emocionalmente difícil, señalan los investigadores. Se trata de un punto clave dentro de la cadena que une la sustancia gris periacueductal con la médula espinal, la ruta responsable de que nuestro cuerpo se congele cuando experimentamos miedo. Aplicaciones terapéuticas Entender cómo funcionan estas vías nerviosas del miedo, más allá de la mera curiosidad, es un paso fundamental para desarrollar tratamientos eficaces en trastornos como la ansiedad, los ataques de pánico y las fobias, explican los autores. “Nuestro trabajo muestra por primera vez que el cerebelo es un objetivo prometedor para desarrollar estrategias terapéuticas destinadas a corregir los estados emocionales alterados en el trastornos de pánico y las fobias", resalta Bridget Lumb. Además han descubierto que la SGPA es la responsable de la tensión muscular que acompaña a la sensación de sentirse paralizado por el miedo, y que tiene lugar por la activación de las neuronas motoras alfa, que inervan los músculos. Trabajos anteriores ya habían relacionado los comportamientos defensivos asociados al miedo con el cerebelo, en concreto con la zona media, donde se localiza la pirámide, que recibe las señales procedentes de la médula espinal. En particular la zona del vermis parecen jugar un importante papel en la consolidación de la memoria del miedo.