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Guarango__Potus

Usuario (Argentina)

Primer post: 23 ene 2010Último post: 23 ene 2010
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Había una vez un negrito, cuento propio.
ArteporAnónimo1/23/2010

Había una vez un negrito, dicho negrito se llamaba Magilla, igual que el gorila de la TV. Magilla creció allá por aquellos tiempos lejanos y tempestuosos de encrucijadas, cruzadas y racismo llamado los 80's; Su vida marcada por transcurrirla a merced de la miseria del crudo ghetto washingtoniano, hijo de una ramera y de algún hombre, Magilla se encapsuló en lo único que lo hacía feliz, el tañir su oxidado xilofón de las tortugas ninjas, regalo de su padre cuando Magilla cumplió los 12 - o en vísperas, o pasado unos pocos meses -, enviado en un sobre con un moño, sin remitente y con una polémica postal que rezaba; Con pavor, de tu padre, (agregar nombre de niño) - textualmente -. Magilla se pasaba horas enteras de sus días escuchando Milli Vanilli y haciendo tintinear su artilugio sin jamás desarrollar tipo alguno de destreza o talento evidentes. Al cumplir los 13 algo extraño comenzó a pasar con los pezones de Magilla, éstos comenzaron a inflamarse alarmantemente, quemándole la piel e imposibilitándolo para usar esas chamarras tan chéveres del basketball, o siquiera concebir el sueño boca abajo. Como su madre trabajaba de corrido, era de los que lo hacen por placer Y dinero, dinero que le proveía el crack que tanto añoraba de sus jóvenes años, crack que ya le había deshecho por completo la dentadura y creado un enfisema pulmonar a sus espaldas. Sólo se encargaba de su hijo trayéndole de vez en cuando discos de bandas como los Jackson 5, los ya mentados Milli Vanilli y de Vanilla Ice, a su madre sólo la dejaban entrar en la tienda de discos, las jugueterías de aquellos tiempos eran bastante severas con la entrada del yonqui negro. Hasta el día de hoy existe un dejo de aquella comprensible intolerancia, claro que ya no se preocupan por los grandes pianos desplegados en el suelo, arrebatado ya por las formas menos ridículas, - pero no por eso más divertidas - de entretenimiento. Aquellos pianos podían involucionar un adicto hasta el estado más primitivo y convertirlo así en un primate intratable. Como sea, lo que la madre de Magilla le traía siempre, si se 'arreglaba' con el guardia, esto incluía bucal, anal y una nueva forma de sexo que ella misma había inventado llamado sexo escrotal. Es muy escabroso en lo que ésto cosistía así que vamos a seguir de largo; Lo que Sue, la ramera le traía eran nuevos transformadores para su flamante consola Nintendo, que día tras día se encargaba de fundir con su único cartucho, incensantemente. Y sólo a veces alguna rama roñosa, a la que ella llamaba 'varitas encantadas' y él las usaba para hacer sonar y resonar su instrumento, hablamos de su xilofón, no de su negro pene en estado de ebullición. Magilla no tenía amigos, siempre era llamado el 'hijo de puta' por sus pares, aunque probablemente esto no se debía -sólo- al oficio de su madre. Como ya habrán podido adivinar, con esa música, y el Doble Dragon, Magilla era un chico débil, sensible y bastante pelotudo. Comenzó a desarrollar tetas, sí, tetas de mujer. Pero eso lo sabrían finalmente una ofuscada noche de verano en que su madre lo encontró desnudo llorando bajo las escaleras, primero fue golpeado porque ésta pensó que le había fumado toda su mierda, luego le atinó un gancho cruzado al costillar y sintió, por vez primera, las tetas de su hijo. Magilla se fajó todo ese año, y al año siguiente, pero sus tetas, sencillamente, no paraban de crecer, fue entonces que entendió que sería algo distinto a los demás y que debería enfrentarse a afrentas, grescas y a la idea de un eventual cáncer de mamas. Aunque suene esto descabellado, así fue el tremendo desenlace, ahora Magilla tiene treinta y cuatro años y sufre de cancer de mamas. Si tenés un transformador de Nintendo, o sangre SRL- no dudes en cooperar. Magilla, su desintoxicada pero conectada a un respirador madre, y sus mamas vírgenes y tumorosas esperan por tu mano. No sea nabo che, eh ?

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