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Gsalvati

Usuario (Uruguay)

Primer post: 26 may 2010Último post: 26 may 2010
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Mas vale maña que juerza
Mas vale maña que juerza
HumorporAnónimo5/26/2010

Este es mi primer post, y quería compartir con ustedes un breve cuento de un escritor uruguayo llamado Serafín García, nacido en 1907 en el departamento de Treinta y Tres, Uruguay escrito bajo el seudonimo de Simplicio Bobadilla. Espero que sepan disfrutarlo. Jué en uno de aqueyos fondines medio cruzaos con botica y pulpería, ande se bautizaba dende el vino carlón hasta la miel de caña, y ande se les hacía pasar carancho asao por poyo a los guespedes como si tal cosa. El hotelero, hombre mentao por lo haragán y lo chusco, vivía echao p'atras dende la mañana hasta la noche en un siyón grandote, encharcándose de mate amargo la panza y pitando unos cigarros en chala qu'eran como tramojos de grandes. Aquel domingo, mientras saboriaba la cuarta o quinta cebadura, dentraron al fondín dos ciegos payadores, d'esos que se ganan la vida con guitarra lerdona y platiyo voluntario, recorriendo cuanto lugar público encuentran en camino. Los cuartiaba un cuzco viejo, medio descaderao y con más pulgas que pelos, que pa pior era fiero como rodada en cuesta abajo, no dispreciando a naides. Los tales ciegos habían tenido un guen rebusque en cierta importante penca ricién corrida. Y dispués de mandarse a bodega medio queso entreverao con dulce de membriyo, comenzaron a repartir la plata. "Este peso pa mí y este pa vos... Estos cinco riales pa vos y estos pa mí"... Al terminar el reparto les sobró una monedita de a rial, que los dos pretendían embolsicarse. Y por ahí vino la cosa. "Pa que no hayan dijustos nos comemos este rialito'e bizcochos", propuso el más viejo. Pero el otro, qu'era porfiao como vasco, no le yevó el apunte. Y la alegación se jué haciendo cada vez más acalorada, hasta que dentraron a menudiar los golpes. Jué ricién entonces qu'el fondero resolvió intervenir. Pero como p'apartar a los peliadores tení que levantarse del siyón y largar por un ratito el mate amargo, cosa que no le hacía ninguna gracia. se amañó pa salir del paso gritando desde ayí nomás, sin cambiar ni de postura: -¡Con cuchiyo no, ciego bárbaro! Como ustedes podrán carcular, en cuantito sintieron aqueyas palabras los camorreros se largaron de lomo p'atras, al mesmo tiempo, tratando cada uno de evitar así la puñalada del otro. Y el fondero, satisfecho de su treta, se espatarró en el asiento y siguió saboriando tranquilo el cimarrón. Fuente: "Cuentitos Fogoneros". Simplicio Bobadilla. SI TE GUSTÓ EL CUENTO COMENTÁ.

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