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GlenHansard

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Primer post: 12 ene 2011Último post: 12 ene 2011
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Maravilla: El bosque de Białowieża
Maravilla: El bosque de Białowieża
EcologiaporAnónimo1/12/2011

El Bosque de Białowieża es una reserva natural enclavada en uno de los últimos bosques vírgenes de Europa que acoge a un gran número de ungulados de gran tamaño, entre ellos el rarísimo bisonte europeo. Desde 1945 se encuentra dividido administrativamente entre Polonia (donde recibe el nombre de Puszcza Białowieska) y Bielorrusia (donde se le llama Biełavieskaja pušča o Biełavieža). Ambas partes están separadas por una valla que impide por igual el libre movimiento de grandes animales como de turistas. El bosque recibe su nombre de la localidad polaca de Białowieża, la más cercana a su emplazamiento. En la parte bielorrusa del parque el bisonte no vaga en total libertad, sino que se encuentra en una especie de zoo con zonas acotadas donde también hay otros ungulados bajo vigilancia especial (entre ellos, dos híbridos de bisonte y vaca doméstica, de gran tamaño). También cuenta con un museo, un restaurante, bares y hoteles construidos durante la época soviética. Para acceder al parque debe de obtenerse primero el permiso del Ministerio de Interior, por lo que el número de turistas extranjeros anuales (ya de por sí escaso en Bielorrusia) es bastante bajo. En la parte polaca, por otro lado, se encuentra el refugio de caza personal construido por los zares de Rusia. En la actualidad ha sido reformado y acoge en su interior un hotel, restaurante y aparcamientos. Los turistas pueden marchar por el parque a pie, en bicicleta o en carruaje de caballos, siempre bajo la supervisión de un encargado. Se estima que cada año visitan la parte polaca cerca de 100000 turistas, a pesar de que es considerablemente más pequeña que la bielorrusa. La parte polaca del bosque fue declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en 1976 y Patrimonio de la Humanidad en 1979; la parte bielorrusa recibió esas mismas calificaciones en 1993 y 1992 respectivamente. Entre las áreas protegidas y de transición de ambos países suma más de 1800 kilómetros cuadrados de extensión, siendo su superficie actual de 10.502 ha (105.020.000 m cuadrados), de las que 4.747 ha se encuentran bajo la protección integral. El Bosque de Białowieża es uno de los últimos restos imperturbados del antiguo Gran Bosque de Lituania, un extenso bosque mixto que cubría gran parte de Europa central y oriental. Los árboles de hoja caduca más característicos son las hayas, fresnos, robles, tilos y carpes. En menor medida, aunque también muy abundantes, hay árboles de hoja perenne salpicados entre el resto. Los árboles de Białowieża son famosos por su tamaño y longevidad, pues entre ellos no escasean auténticos monumentos vegetales con más de 500 años de antigüedad y 50 metros de altura. La política del parque es de máximo respeto por los árboles, hasta el punto de que no se retiran los ejemplares muertos o caídos, que sirven de refugio a muchas especies de pequeños animales. Interior del Bosque de Białowieża. En los claros entre los árboles abundan también las hierbas y plantas arbustivas, base de la dieta de muchos de los moradores del parque. Gracias a la humedad reinante en todo el complejo, los helechos, musgos y hongos son también muy frecuentes y están representados por decenas de especies. El protagonista principal es el bisonte europeo, que se habría extinguido de no haberse puesto en marcha su liberación en la zona y conversión de ésta en área protegida en 1932. En el parque habitan también otros ungulados como ciervos, alces, corzos, y jabalíes. Las aves y pequeños mamíferos son abundantes, así como los mustélidos (incluidos tejones y nutrias), zorros y gatos monteses, pero faltan por completo los grandes osos pardos que fueron exterminados en el siglo XIX. Los lobos y linces, que también fueron eliminados entonces, han sido reintroducidos en tiempos recientes. En los últimos años se ha detectado la presencia de perro mapache, especie invasora llegada desde Bielorrusia y Ucrania que puede originar problemas en el futuro. El bosque es cruzado por varios ríos con importantes concentraciones de peces y otros animales acuáticos, entre ellos el raro castor europeo, en peligro de extinción. El éxito que siguió a la reintroducción del bisonte ha hecho que se proponga la de otros animales extintos en su hábitat natural que antaño habitaron los bosques europeos. Éste es el caso de unas cuantas parejas de lobos introducidas recientemente en la parte polaca del parque. Lo mismo ha ocurrido con los caballos polacos de raza Konik, los más próximos al extinto tarpán o caballo salvaje europeo, que forman manadas tanto en la parte polaca del parque como en la bielorrusa. La otra cara de la moneda es la reintroducción fallida del oso pardo en el bosque en 1938, debido tanto a la acción de los cazadores furtivos como a la invasión de Polonia por la Alemania nazi al año siguiente. La referencia que hace el periodista Alan Weisman al bosque de Bialowieza en su libro "El mundo sin nosotros" (2007): La persistente fragancia del Edén Puede que el lector no haya oído hablar jamás de Puszcza Białowieża, el bosque de Białowieża. Pero si ha nacido en algún lugar de la franja templada que atraviesa gran parte de Norteamérica, Japón, Corea, Rusia, algunas de las antiguas repúblicas soviéticas, parte de China, Turquía, y Europa oriental y occidental -incluídas las islas Británicas-, es posible que algo en su interior sí lo recuerde. Si, por el contrario, ha nacido en la tundra o en el desierto, en los trópicos o en las zonas subtropicales, en la pampa o en la sabana, sigue habiendo lugares en la Tierra parecidos a este puszcza que despertarán también sus recuerdos. Puszcza es un antiguo término polaco que significa "bosque primitivo". Extendiéndose a ambos lados de la frontera entre Polonia y Bielorrusia, las 200.000 hectáreas del bosque de Białowieża contienen el último fragmento que queda en Europa de la ancestral foresta virgen de llanura. Piense el lector en aquel brumoso y melancólico bosque que asomaba bajo sus párpados cuando, de niño, alguien le leía algunos de los cuentos de hadas de los hermanos Grimm. Allí, los fresnos y los tilos alcanzan más de cuarenta metros de altura, con enormes copas que dan sombra a un húmedo y frondoso monte bajo de carpes, helechos, alisos y setas del tamaño de fuentes de loza. Los robles, cubiertos de medio milenio de musgo, son aquí tan inmensos que los grandes picapuercos los utilizan para almacenar piñas de abeto en los surcos de sus cortezas, de casi 10 centímetros de espesor. El aire, denso y frío, está empapado de un silencio que solo se ve roto por el graznido del cascanueces, el grave silbido del mochuelo chico o el gemido de un lobo, para luego regresar a su anterior quietud. La fragancia que emana a través de eones de mantillo acumulado en el corazón del bosque nos acerca a los orígenes mismos de la fertilidad. En el bosque de Białowieża, la profusión de vida le debe mucho a todo lo que ya está muerto. Casi una cuarta parte de la masa orgánica del suelo se halla en diversas fases de putrefacción: alrededor de 80 metros cúbicos de troncos y ramas caídas en descomposición por cada hectárea, alimentando a miles de especies de setas, líquenes, barrenillos, larvas y microbios que no están presentes en los ordenados y bien administrados bosques que en otros lugares pasan por selvas. En conjunto, estas especies proporcionan una silvestre despensa que abastece a comadrejas, martas cibelinas, mapaches, tejones, nutrias, zorros, linces, lobos, corzos, alces y águilas. Allí se encuentran más tipos de vida que en ninguna otra parte del continente, y sin embargo no hay montañas circundantes ni valles protectores que formen nichos únicos de especies endémicas. El bosque de Białowieża es simplemente una reliquia de algo que antaño se extendía por el este hasta Siberia y por el oeste hasta Irlanda. La existencia en Europa de tal legado de antiguedad bilógica intacta se debe, como cabía esperar, a un privilegío especial. En el siglo XIV, un duque lituano llamado Ladislao Jagellón, tras haber incorporado con éxito su gran ducado al reino de Polonia, declaró el bosque coto de caza real. Y durante siglos permaneció así. Cuando la unión polaco-lituana fue finalmente asimilada por Rusia, Białowieża pasó a ser dominio privado de los zares. Aunque durante la Primera Guerra Mundial las fuerzas alemanas ocupantes cortaron leña y sacrificaron piezas de caza, hubo una parte del bosque que permaneció intacta, la cual, en 1921, se convirtió en un parque nacional polaco. El expolio de madera se reanudó brevemente bajo los soviéticos, pero cuando los nazis invadieron la zona, un fanático de la naturaleza llamado Hermann Göring declaró toda la reserva lugar vedado, excepto para su propio placer. Después de la Segunda Guerra Mundial, un supuestamente ebrio Iósiv Stalin aceptó una noche en Varsovia dejar que Polonia conservara dos quintas partes del bosque. Poco más cambió bajo el dominio comunista, salvo por la construcción de unas cuantas dachas de caza para la élite, en una de las cuales, Viskuli, se firmaría un acuerdo en 1991 por el que se disolvería la Unión Sovietica dando paso a una serie de estados libres. Sin embargo, al final ha resultado que este antiguo santuario se ha visto más amenazado bajo la democracia polaca y la independencia bielorrusa que durante siete siglos de monarcas y dictadores. Los ministros responsables del patrimonio forestal de ambos países se han jactado de realizar crecientes gestiones para preservar la salud de Białowieża. Pero dichas gestiones a menudo han sido un eufemismo para designar la tala -y la venta- de viejos árboles de madera dura que, de otro modo, un día habrían proporcionado una lluvia de nutrientes al bosque. Resulta asombroso pensar que antaño Europa entera tenía el mismo aspecto que el bosque de Białowieża. Entrar en él es darse cuenta de que la mayoría de nosotros nos hemos criado en una pálida copia de lo que la naturaleza planeaba. Contemplar saúcos con troncos de dos metros de ancho, o caminar entre hileras de los árboles más altos del bosque -gigantescas piceas greñudas como Matusalén-, debería parecer tan exótico como el Amazonas o la Antártida para alguien que haya crecido entre los relativamente insignificantes bosques de segunda que se encuentran por todo el hemisferio norte. Pero, lejos de ello, lo asombroso es lo primordialmente familiar que resulta; y asimismo, en cierto nivel celular, lo completo que resulta también. link: http://www.youtube.com/watch?v=bsdYd7dgUlQ link: http://www.youtube.com/watch?v=B8MS5QHs2H8 Fuentes: Wikipedia "El mundo sin nosotros" de Alan Weisman (2007, editorial Debate) Youtube

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