Gaboto83
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La defensa de los derechos humanos se ha convertido en un botín para uso de piratas. Denunciar torturas, manifestarse en contra del avasallamiento de las libertades del hombre, protegerse de los abusos del poder, sirve para que políticos e ideólogos, se sientan impunes, se arroguen prerrogativas vitalicias, y ejerzan todo tipo de arbitrariedades legitimidas porque alguna vez se han pronunciado o han militado contra las opresiones políticas. Se divide el campo político en un eje del bien y un eje del mal, y a partir de esta línea divisoria hay quienes compran un pasaje a la izquierda en donde se sienten santificados por vaya a saber qué corporación. Así Macri es la derecha e Ibarra es la izquierda, el primero fue menemista y el segundo afín a las madres y a las abuelas de plaza de mayo, por lo tanto el primero es el mal y el segundo al menos lo bonito. Abundan los que se han comprado este carnet en alguna defensoría de derechos humanos y lo exhiben cada vez que por alguna conspiración maldita, urdida sin duda desde la “derecha”, están en apuros. Si hay fondos públicos que han sido ocultados, no importa, se está del lado del bien porque se ha descolgado una imagen de un general en el colegio militar, si se tranza con dueños de disco y se queman centenares de personas, no importa porque se es de izquierda. El catecismo de la nueva impunidad dice que hay madres que tienen un sufrimiento apto, mientras hay padres que padecen un dolor indebido, algunos merecen nuestra solidaridad, y otros son condenados por fascistas. Sí, hubo quienes decían que ningún padre de Cromañón iba a ser autorizado a subir al tren de la Anticumbre porque eran fascistas. Lo importante, en todo caso, era sacarse una foto con Maradona en el andén, aunque vote a Macri. Ibarra no asumió la responsabilidad por lo que pasó en su distrito luego de dos mandatos y durante un año creyó que el tiempo jugaba a su favor. Ya fuera con inventos plebiscitarios, apoyos de gente de la cultura, cierre general de cientos de establecimientos, finalmente el tiempo le jugó en contra, porque se lo apropiaron los familiares de las víctimas y algunos que lucharon junto a ellos. El juicio político es el resultado de una lucha y no una confabulación de nadie. Ibarra jamás estuvo al nivel del problema ni a la altura que exige su investidura. Todo cosmética, juegos de imagen. El poder hoy es un tesoro porque ofrece ventajas muy ansiadas. En algunos no se trata necesariamente de dinero sino de fama. La dulce fama de aparecer en la pantalla de todo el mundo, ser tan grande como Tinelli, tan buscado como Diego, eso vale un gobierno, diez gobiernos. ¿Para qué aferrase al poder? Un corralito dorado en el que abundan secretarias, choferes, asesores, periodistas, viajes en primera clase, la gran cantidad de olfas y los mimos de la imagen deseada. Se logra así ser una autoridad de pasarela. En eso se convirtió el hasta ahora jefe de gobierno proveniente de una agrupación vocacional como el Frepaso que decía luchar por el bien público. No tuvo mala suerte, Cromañón no fue un accidente. Los accidentes ocurren cuando falla una pieza en un sistema de seguridad. Lo que había, y posiblemente aún haya en nuestra ciudad, es una red de inseguridad con apuestas de alto riesgo. Cuando se pierde la apuesta es un desastre. En una nota de enero del 2005 pedía la renuncia de Ibarra con la esperanza de que aquellos que hablaban de una nueva política volvieran al llano a buscar la verdad de la muerte de casi doscientas personas. A veces es sano ser ingenuo, pero no todos somos tontos en la ciudad de Buenos Aires. Acusar a los padres de las víctimas de que han amenazado a legisladores, no es sólo burlarse de la verdad, sino no tener el más mínimo respeto de la desesperación de un padre. Quienes pierden hijos y ven que las componendas políticas esquivan el bulto y se mofan de su dolor, no son extorsionadores sino víctimas de la corrupción que se ampara en poses progresistas y valores robados. Fuente: http://www.tomasabraham.com.ar/politica/memoria/pirat.htm
La presidenta de Madre de Plaza Mayo hizo declaraciones a una radio de Córdoba, oportunidad en que se encargó a exacerbar la violencia y la intolerancia para aquellos que no tienen sus mismas opiniones. Bonafini cargó muy duro contra el campo y el conflicto que lleva más de tres meses. Las siguientes son parte de sus declaraciones: "(El Gobierno) tiene mucha democracia y mucha tolerancia, porque otro gobierno los hubiera desalojado a palos y a gases como merecían". "Ellos son golpistas. Lo que hicieron es golpismo, golpismo puro, con muchas ganas; no se pintaron la cara, pero ganas no les faltan". "No sé de campo, pero sé de hambre. No sé de campo, pero sé de atorrantes como los radicales que hicieron Obediencia Debida y Punto Final y ya están como locos porque los estamos condenando. No sé de campo, pero sé de estos tipos que son de lo más maleducados y atrevidos, que se burlan de todos". "Ellos (por el campo) son nuestros enemigos. Ellos fueron los responsables de la muerte de nuestros hijos, de la desaparición, de las torturas, de todo. Ellos siempre estuvieron adelante de los golpes". Los conceptos de Hebe de Bonafini y no ayudan a descomprimir el conflicto, por el contrario pareciera ser que la única forma de solución, a su juicio, es repartir palos y gases a diestra y siniestra. Parece mentira que una dirigente de Hebe de Bonafini, a quien siempre hay que reconocerle su lucha por los derechos humanos y su valentía, crea que la violencia puede ser una herramienta idónea para llegar a una solución. Es irritante que una dirigente de su envergadura sostenga que la represión, cuando es usada en contra de los que no piensan como ella, sea un instrumento eficaz y cuando se aplica contra aquellos que defienden su postura es violatoria de los derechos humanos. Por otra parte, es injusto acusar a los productores agropecuarios de ser golpistas y de ser culpables de la desaparición de miles de argentinos durante la nefasta dictadura. Es cierto que hubo dirigentes rurales colaborando con la dictadura, pero hasta ahora no se sabe que ninguno de los actuales dirigentes haya estado involucrado en delitos de lesa humanidad. Es insostenible pensar que porque dirigentes ruralistas de otra generación, y en muchos casos pertenecientes a alguna de las entidades que integran la mesa de enlace, tengan prohibido peticionar y defender sus propios intereses. Si fueran culpables de algún delito deberían estar condenados, pero lo que declara Hebe de Bonafini nada tiene que ver con las discusiones que se mantienen en el marco de esta crisis. No fueron los cahacareros que estuvieron en las rutas los responsables de las desapariciones en la década del ’70, fueron los militares utilizando las riendas del Estado lo que acometieron tamaño atropello contra la humanidad. Los argentinos, y Hebe de Bonafini debería saberlo, no hemos podido solucionar absolutamente nada repartiendo palos y gases. Es más, cada vez que algún “iluminado” tomó ese camino las cosas siempre empeoraron. Es cierto que las leyes de Obediencia de Vida y Punto Final fueron una vergüenza para la democracia, pero si bien fueron aprobadas a instancias del gobierno de Raúl Alfonsín, fue el Congreso en pleno que las sancionó. Sin embargo, Hebe de Bonafini debería recordar que ese mismo gobierno radical, que ella denosta, juzgó a los comandantes en un proceso histórico que no se dio en ningún país del mundo salvo en la post Alemania nazi. La presidenta de Madres confiesa que no sabe nada del campo, pero es una pena que en ningún momento se le haya cruzado por la cabeza que también puede ser gente de trabajo. Incluso, que si sus reclamos fueran desproporcionados e injustos, en una democracia la manera de combatirlos es presentando mejores argumentos. Los argentinos no queremos más palos y gases para dirimir quién tiene razón. Martin Pitton. Fuente:http://martinpitton.blogspot.com/2008/06/ni-palos-ni-gases-democracia.html
Retenciones. Retenciones móviles. Pools de siembra. Guillermo Moreno. Moreno y el karateca. Moreno sacado. Pendejo. Martín Lousteau. Se fue. Escrache en Francia. Es Lassie. No, es Moreno. ¿Y el karateka? Un amigo. Los precios suben. Inflación del 0,6 por ciento. Un chiste. No me importa. A nadie le importa. Mercados de Futuro. De Angeli. El puño crispado. Golpistas. Cacerolas. Doble comando. Comando único. Néstor. Néstor presidente. Presidente de todo y de todos. Néstor es mi marido. Néstor te amo. No. Se pelean en Olivos. Mentira. Soja. Yuyo. Sojización. Frontera agrícola. Cuota Hilton. Nos putean los europeos. ¿Carne argentina? No hay. Coman Sushi. Eduardo Buzzi. Luciano Miguenz. Llambías. Oligarquía vacuna. Oligarquía láctea. A desalambrar. Soberanía alimentaria. Mesa de enlace. Plaza del Sí. Plaza del No. Plaza del Amor. Mi Plaza es más larga que la tuya. Te grito pero dialogo. Te pego. Te odio. Te quiero. Peronismo. Somos los muchachos peronistas. Somos todos peronistas. Yo no lo voté. No como soja. Los chanchos chinos comen soja. No pasarán. Luis D’Elía. Ceclia Pando. Apoyo logístico. Que se muera la puta oligarquía. Sos blanco. Sos Negro. Soy Evita. Soy Cristina. Clarín miente. Letras de molde. La Cámpora. Máximo Kirchner. No hay inflación. No hay crisis. La plata no me alcanza. Las encuestas bajan. Que se vayan. Que se queden. Que terminen. Macri tapa baches. ¿Quién es Macri? Un señor con onda. El Congreso no hace falta. ¿El edificio grande? No. Una escribanía. Más democracia. Vamos al Congreso. Libro cerrado. Libro abierto. Código Aduanero. Son un impuesto. Las retenciones no son un impuesto. Agustín Rossi. Aníbal Fernández. ¿Alguien se acuerda de López? No les alcanza con esta Presidenta. No jodan. ¿Qué quieren? Gracias Cristina. Los ruralistas son los culpables. Se casó Wanda Nara. ¿Es virgen? Sí. Desabastecimiento. Mesa de los argentinos. Alimentamos a 400 millones de personas. No alimentamos a 40 millones. Tengo un blog. Cumplió un año. Feinmann dice que cualquier pelotudo tiene un blog. Soy un pelotudo. Perdón, Feinmann. Incendios. No quedan detenidos. Piccolotti. Aviones Hidrantes. Nos quieren desprestigiar. Humo. Más humo. No puedo respirar. Se agotaron los barbijos. Los barbijos no sirven. Volvió Susana. Vamos al paro. Levantamos el paro. Mesa de diálogo. Nadie dialoga en la mesa de diálogo. Tregua. Paramos la tregua. Son los que más ganan. Somos los que más perdemos. No sembramos. Trigo. Silo bolsa. De Vido, siempre De Vido. Renta extraordinaria. 4x4. Volvemos al paro. Golpistas. Murió Bernardo. Cortan los camioneros. Cortes buenos. Cortes malos. Cortes de negros. Cortes de blancos. Los camioneros no laburan. Seguimos de paro. Gendarmería le da un beso a De Angeli. Lo meten en un camión verde. Sí, verde. De Angeli tiene panza. Cortamos. No cortamos. Pasan todos o no pasa nadie. Soy Pablo, Pablo Moyano, el hijo de Moyano. Salen las cacerolas. Se guardan las cacerolas. Son desestabilizadores. Alberto Fernández negocia. Alberto Fernández está de salida. Carlos Fernández. ¿Quién es? El ministro de economía. Ah, cierto. Kirchner es el ministro de economía. También. Soy la Presidenta. Soy mujer. Me la hacen más difícil. Soy militante. Salgan de las rutas. Respeten la Constitución. ¿Nosotros también? No los del corte por Botnia son buenos. Piquetes. Piquetes de la abundancia. Piquetes de negros. Piquetes de blancos. ¿Los pelirrojos? No hay pelirrojos. Ojo que viene el Observatorio de medios. Defendemos la democracia. Somos la nueva política. Hola Curto. Hola Descalzo. Somos la vieja política. Te amo, te odio, dame más. Charly internado. Charly chapita. Todo sigue. Nada para. Duhalde, que es Eduardo Alberto. Chiche que también es Duhalde. Pero no es Eduardo Alberto. Desestabilizan. Todos son matrimonios. Soy la Presidenta. Cuatro señores que no los eligió nadie. Desestabilizadores. Oligarcas. Ricos. Codiciosos. Nazis. Argentina Brasil. Un embole. No sabés de football. No opines. Opino igual. Hola Lilita. ¿Cuándo parimos? Hilary quiso ser Cristina. Hilary no es Cristina. Obama le ganó. Obama es negro. ¿Luis lo quiere a Obama? La valija de Antonini. ¿Te acordás? No, qué valija. Armen un partido. ¿Lavagna? Desapareció Lavagna. ¿López Murphy? Desapareció López Murphy. ¿Blumberg? No sé quién es. El ingeniero. Ah. No me acuerdo. Capitanich. Capitanich sojero. Capitanich en contra de las retenciones. Capitanich a favor de las retenciones. La mujer de Capitanich defiende a Capitanich. Quiero nafta. No hay nafta. Va a llover gas oil. No llueve. Empieza a caer el consumo. Mentira. Es una campaña. Hay cadena. No hay cadena. Quiero la cadena. Aislamiento. Me gusta Fito & Fitipaldis. El gobierno está solo. El gobierno está con los muchachos. Preséntese a elecciones. 10 días. 30 días. 60 días. Esto sigue y no para. 80 días. 90 días. 100 días. ¿Falta mucho? No sé. Callate. Fuente: http://martinpitton.blogspot.com/2008/06/100-dias-solo-palabras.html
Ranking de consumidores de Maquinas y Herramientas (comparen con Brasil) Lo que dice este ranking es cuanto consumo de máquinas y herramientas hubo durante el 2007 en la primera columna, y 2006 en la segunda. ¿Por qué es interesante conocer estos datos? Es interesante ver qué consumo de máquinas y herramientas tuvo un pais durante el año como una medida de comparación del grado de desarrollo industrial. Este dato podría estar indicando la tendencia de nuestro país con respecto a la industria y la inversión. ¿Es necesariamente éste un dato determinante del rumbo del país? No, la realidad es que muchos paises no tienen un gran consumo de máquinas y herramientas porque su economía puede estar más enfocada al servicio o industrias como la informática, que no suelen consumir este tipo de recursos. Es importante considerar este dato, pero no por eso despreciarlo ya que no está muy claro el rol que cumplirá nuestro país en los próximos años. Fuente: <a href="http://ads.us.e-planning.net/ei/3/46bb/f9cfaf75666c1c8a?it=i&rnd=$RANDOM" target="_blank"><img width="728" height="90" alt="e-planning.net ad" src="http://ads.us.e-planning.net/eb/3/46bb/f9cfaf75666c1c8a?o=i&rnd=$RANDOM" border=0></a>
Un espectacular cuento que puede disfrutar cualquiera, un habitual lector a alguien que no acostumbra leer. Intentenlo, es corto... El otro El hecho ocurrió en el mes de febrero de 1969, al norte de Boston, en Cambridge. No lo escribí inmediatamente porque mi primer propósito fue olvidarlo, para no perder la razón. Ahora, en 1972, pienso que si lo escribo, los otros lo leerán como un cuento y, con los años, lo será tal vez para mí. Sé que fue casi atroz mientras duró y más aún durante las desveladas noches que lo siguieron. Ello no significa que su relato pueda conmover a un tercero. Serían las diez de la mañana. Yo estaba recostado en un banco, frente al río Charles. A unos quinientos metros a mi derecha había un alto edificio, cuyo nombre no supe nunca. El agua gris acarreaba largos trozos de hielo. Inevitablemente, el río hizo que yo pensara en el tiempo. La milenaria imagen de Heráclito. Yo había dormido bien; mi clase de la tarde anterior había logrado, creo, interesar a los alumnos. No había un alma a la vista. Sentí de golpe la impresión (que según los psicólogos corresponde a los estados de fatiga) de haber vivido ya aquel momento. En la otra punta de mi banco alguien se había sentado. Yo hubiera preferido estar solo, pero no quise levantarme en seguida, para no mostrarme incivil. El otro se había puesto a silbar. Fue entonces cuando ocurrió la primera de las muchas zozobras de esa mañana. Lo que silbaba, lo que trataba de silbar (nunca he sido muy entonado), era el estilo criollo de La tapera de Elías Regules. El estilo me retrajo a un patio, que ha desaparecido, y a la memoria de Álvaro Melián Lafinur, que hace tantos años ha muerto. Luego vinieron las palabras. Eran las de la décima del principio. La voz no era la de Álvaro, pero quería parecerse a la de Álvaro. La reconocí con horror. Me le acerqué y le dije: —Señor, ¿usted es oriental o argentino? —Argentino, pero desde el catorce vivo en Ginebra —fue la contestación. Hubo un silencio largo. Le pregunté: —¿En el número diecisiete de Malagnou, frente a la iglesia rusa? Me contestó que sí. —En tal caso —le dije resueltamente— usted se llama Jorge Luis Borges. Yo también soy Jorge Luis Borges. Estamos en 1969, en la ciudad de Cambridge. —No —me respondió con mi propia voz un poco lejana. Al cabo de un tiempo insistió: —Yo estoy aquí en Ginebra, en un banco, a unos pasos del Ródano. Lo raro es que nos parecemos, pero usted es mucho mayor, con la cabeza gris. Yo le contesté: —Puedo probarte que no miento. Voy a decirte cosas que no puede saber un desconocido. En casa hay un mate de plata con un pie de serpientes, que trajo del Perú nuestro bisabuelo. También hay una palangana de plata, que pendía del arzón. En el armario de tu cuarto hay dos filas de libros. Los tres volúmenes de Las mil y una noches de Lane con grabados en acero y notas en cuerpo menor entre capítulo y capítulo, el diccionario latino de Quicherat, la Germania de Tácito en latín y en la versión de Gordon, un Don Quijote de la casa Garnier, las Tablas de sangre de Rivera Indarte, con la dedicatoria del autor, el Sartor Resartus de Carlyle, una biografía de Amiel y, escondido detrás de los demás, un libro en rústica sobre las costumbres sexuales de los pueblos balkánicos. No he olvidado tampoco un atardecer en un primer piso de la plaza Dubourg. —Dufour —corrigió. —Está bien. Dufour. ¿Te basta con todo eso? —No —respondió—. Esas pruebas no prueban nada. Si yo lo estoy soñando, es natural que sepa lo que yo sé. Su catálogo prolijo es del todo vano. La objeción era justa. Le contesté: —Si esta mañana y este encuentro son sueños, cada uno de los dos tiene que pensar que el soñador es él. Tal vez dejemos de soñar, tal vez no. Nuestra evidente obligación, mientras tanto, es aceptar el sueño, como hemos aceptado el universo y haber sido engendrados y mirar con los ojos y respirar. —¿Y si el sueño durara? —dijo con ansiedad. Para tranquilizarlo y tranquilizarme, fingí un aplomo que ciertamente no sentía. Le dije: —Mi sueño ha durado ya setenta años. Al fin y al cabo, al recordarse, no hay persona que no se encuentre consigo misma. Es lo que nos está pasando ahora, salvo que somos dos. ¿No querés saber algo de mi pasado, que es el porvenir que te espera? Asintió sin una palabra. Yo proseguí un poco perdido: —Madre está sana y buena en su casa de Charcas y Maipú, en Buenos Aires, pero padre murió hace unos treinta años. Murió del corazón. Lo acabó una hemiplejia; la mano izquierda puesta sobre la mano derecha era como la mano de un niño sobre la mano de un gigante. Murió con impaciencia de morir, pero sin una queja. Nuestra abuela había muerto en la misma casa. Unos días antes del fin, nos llamó a todos y nos dijo: "Soy una mujer muy vieja, que está muriéndose muy despacio. Que nadie se alborote por una cosa tan común y corriente". Norah, tu hermana, se casó y tiene dos hijos. A propósito, en casa, ¿cómo están? —Bien. Padre siempre con sus bromas contra la fe. Anoche dijo que Jesús era como los gauchos, que no quieren comprometerse, y que por eso predicaba en parábolas. Vaciló y me dijo: —¿Y usted? —No sé la cifra de los libros que escribirás, pero sé que son demasiados. Escribirás poesías que te darán un agrado no compartido y cuentos de índole fantástica. Darás clases como tu padre y como tantos otros de nuestra sangre. Me agradó que nada me preguntara sobre el fracaso o éxito de los libros. Cambié de tono y proseguí: —En lo que se refiere a la historia... Hubo otra guerra, casi entre los mismos antagonistas. Francia no tardó en capitular; Inglaterra y América libraron contra un dictador alemán, que se llamaba Hitler, la cíclica batalla de Waterloo. Buenos Aires, hacia mil novecientos cuarenta y seis, engendró otro Rosas, bastante parecido a nuestro pariente. El cincuenta y cinco, la provincia de Córdoba nos salvó, como antes Entre Ríos. Ahora, las cosas andan mal. Rusia está apoderándose del planeta; América, trabada por la superstición de la democracia, no se resuelve a ser un imperio. Cada día que pasa nuestro país es más provinciano. Más provinciano y más engreído, como si cerrara los ojos. No me sorprendería que la enseñanza del latín fuera reemplazada por la del guaraní. Noté que apenas me prestaba atención. El miedo elemental de lo imposible y sin embargo cierto lo amilanaba. Yo, que no he sido padre, sentí por ese pobre muchacho, más íntimo que un hijo de mi carne, una oleada de amor. Vi que apretaba entre las manos un libro. Le pregunté qué era. —Los poseídos o, según creo, Los demonios de Fyodor Dostoievski —me replicó no sin vanidad. —Se me ha desdibujado. ¿Qué tal es? No bien lo dije, sentí que la pregunta era una blasfemia. —El maestro ruso —dictaminó— ha penetrado más que nadie en los laberintos del alma eslava. Esa tentativa retórica me pareció una prueba de que se había serenado. Le pregunté qué otros volúmenes del maestro había recorrido. Enumeró dos o tres, entre ellos El doble. Le pregunté si al leerlos distinguía bien los personajes, como en el caso de Joseph Conrad, y si pensaba proseguir el examen de la obra completa. —La verdad es que no —me respondió con cierta sorpresa. Le pregunté qué estaba escribiendo y me dijo que preparaba un libro de versos que se titularía Los himnos rojos. También había pensado en Los ritmos rojos. —¿Por qué no? —le dije—. Podés alegar buenos antecedentes. El verso azul de Rubén Darío y la canción gris de Verlaine. Sin hacerme caso, me aclaró que su libro cantaría la fraternidad de todos los hombres. El poeta de nuestro tiempo no puede dar la espalda a su época. Me quedé pensando y le pregunté si verdaderamente se sentía hermano de todos. Por ejemplo, de todos los empresarios de pompas fúnebres, de todos los carteros, de todos los buzos, de todos los que viven en la acera de los números pares, de todos los afónicos, etcétera. Me dijo que su libro se refería a la gran masa de los oprimidos y parias. —Tu masa de oprimidos y de parias —le contesté— no es más que una abstracción. Sólo los individuos existen, si es que existe alguien. El hombre de ayer no es el hombre de hoy sentenció algún griego. Nosotros dos, en este banco de Ginebra o de Cambridge, somos tal vez la prueba. Salvo en las severas páginas de la Historia, los hechos memorables prescinden de frases memorables. Un hombre a punto de morir quiere acordarse de un grabado entrevisto en la infancia; los soldados que están por entrar en la batalla hablan del barro o del sargento. Nuestra situación era única y, francamente, no estábamos preparados. Hablamos, fatalmente, de letras; temo no haber dicho otras cosas que las que suelo decir a los periodistas. Mi alter ego creía en la invención o descubrimiento de metáforas nuevas; yo en las que corresponden a afinidades íntimas y notorias y que nuestra imaginación ya ha aceptado. La vejez de los hombres y el ocaso, los sueños y la vida, el correr del tiempo y del agua. Le expuse esta opinión, que expondría en un libro años después. Casi no me escuchaba. De pronto dijo: —Si usted ha sido yo, ¿cómo explicar que haya olvidado su encuentro con un señor de edad que en 1918 le dijo que él también era Borges? No había pensado en esa dificultad. Le respondí sin convicción: —Tal vez el hecho fue tan extraño que traté de olvidarlo. Aventuró una tímida pregunta: —¿Cómo anda su memoria? Comprendí que para un muchacho que no había cumplido veinte años, un hombre de más de setenta era casi un muerto. Le contesté: —Suele parecerse al olvido, pero todavía encuentra lo que le encargan. Estudio anglosajón y no soy el último de la clase. Nuestra conversación ya había durado demasiado para ser la de un sueño. Una brusca idea se me ocurrió. —Yo te puedo probar inmediatamente —le dije— que no estás soñando conmigo. Oí bien este verso, que no has leído nunca, que yo recuerde. Lentamente entoné la famosa línea: L'hydre — univers tordant son corps écaillé d'astres. Sentí su casi temeroso estupor. Lo repitió en voz baja, saboreando cada resplandeciente palabra. —Es verdad —balbuceó—. Yo no podré nunca escribir una línea como ésa. Hugo nos había unido. Antes, él había repetido con fervor, ahora lo recuerdo, aquella breve pieza en que Walt Whitman rememora una compartida noche ante el mar, en que fue realmente feliz. —Si Whitman la ha cantado —observé— es porque la deseaba y no sucedió. El poema gana si adivinamos que es la manifestación de un anhelo, no la historia de un hecho. Se quedó mirándome. —Usted no lo conoce —exclamó—. Whitman es incapaz de mentir. Medio siglo no pasa en vano. Bajo nuestra conversación de personas de miscelánea lectura y gustos diversos, comprendí que no podíamos entendernos. Éramos demasiado distintos y demasiado parecidos. No podíamos engañarnos, lo cual hace difícil el diálogo. Cada uno de los dos era el remedo caricaturesco del otro. La situación era harto anormal para durar mucho más tiempo. Aconsejar o discutir era inútil, porque su inevitable destino era ser el que soy. De pronto recordé una fantasía de Coleridge. Alguien sueña que cruza el paraíso y le dan como prueba una flor. Al despertarse, ahí está la flor. Se me ocurrió un artificio análogo. —Oí —le dije—, ¿tenés algún dinero? —Sí —me replicó—. Tengo unos veinte francos. Esta noche lo convidé a Simón Jichlinski en el Crocodile. —Dile a Simón que ejercerá la medicina en Carouge y que hará mucho bien... ahora, me das una de tus monedas. Sacó tres escudos de plata y unas piezas menores. Sin comprender me ofreció uno de los primeros. Yo le tendí uno de esos imprudentes billetes americanos que tienen muy diverso valor y el mismo tamaño. Lo examinó con avidez. —No puede ser —gritó—. Lleva la fecha de mil novecientos setenta y cuatro. (Meses después alguien me dijo que los billetes de banco no llevan fecha.) —Todo esto es un milagro —alcanzó a decir— y lo milagroso da miedo. Quienes fueron testigos de la resurrección de Lázaro habrán quedado horrorizados. No hemos cambiado nada, pensé. Siempre las referencias librescas. Hizo pedazos el billete y guardó la moneda. Yo resolví tirarla al río. El arco del escudo de plata perdiéndose en el río de plata hubiera conferido a mi historia una imagen vívida, pero la suerte no lo quiso. Respondí que lo sobrenatural, si ocurre dos veces, deja de ser aterrador. Le propuse que nos viéramos al día siguiente, en ese mismo banco que está en dos tiempos y en dos sitios. Asintió en el acto y me dijo, sin mirar el reloj, que se le había hecho tarde. Los dos mentíamos y cada cual sabía que su interlocutor estaba mintiendo. Le dije que iban a venir a buscarme. —¿A buscarlo? —me interrogó. —Sí. Cuando alcances mi edad habrás perdido casi por completo la vista. Verás el color amarillo y sombras y luces. No te preocupes. La ceguera gradual no es una cosa trágica. Es como un lento atardecer de verano. Nos despedimos sin habernos tocado. Al día siguiente no fui. El otro tampoco habrá ido. He cavilado mucho sobre este encuentro, que no he contado a nadie. Creo haber descubierto la clave. El encuentro fue real, pero el otro conversó conmigo en un sueño y fue así que pudo olvidarme; yo conversé con él en la vigilia y todavía me atormenta el recuerdo. El otro me soñó, pero no me soñó rigurosamente. Soñó, ahora lo entiendo, la imposible fecha en el dólar.
"La corrupción está aceptada por los intelectuales progresistas"Pensador y ensayista, Tomás Abraham reflexiona acerca del modo oportunista en que se ejerce el poder en Argentina y afirma que la mayor crisis no es política ni económica, sino cultural y educativaTomás Abraham habla como escribe, y habla y escribe como piensa, sin temor a pisotear lo políticamente correcto ni a enemistarse con las vacas sagradas de la intelectualidad, los derechos humanos y los medios. Filósofo ideal para los tiempos de hipocresía y doble discurso, Abraham concibe la filosofía como una vocación -no una profesión- en la que aún se puede crear. Es un renacentista en el sentido de que todo le interesa y lo azuza: la política ("Es el político el que debería asesorar a los intelectuales" ), la televisión (afirma que allí y en el cine se recluyó la ficción), la historia ("Lo que más me interesa de la cultura son los historiadores" ), la economía y también la literatura, aunque diga que ya no le importa la ficción argentina de hoy y que no lee suplementos ni revistas culturales. Abraham nació en Rumania hace 61 años y llegó a Buenos Aires cuando aún era un bebé. En 1995, Historias de la Argentina deseada mostró cómo un ensayista puede atravesar y aprovechar lo mejor de varios géneros. En sus páginas arremetió contra políticos y periodistas consagrados y contra las cruzadas morales y los microfascismos. Fricciones (2004) dio prueba de su versatilidad. En uno de sus tres ensayos demolió a Ricardo Piglia con humor e ironía. El presente absoluto (2007) es otra crítica de una Argentina estancada. Allí cuenta que en 1999 votó a la Alianza y defiende algunas de las primeras medidas de Néstor Kirchner antes de cuestionarlo. Uno de los artículos de El presente absoluto , "Piratería y derechos humanos", escrito en 2005, empieza así: La defensa de los derechos humanos se ha convertido en un botín para uso de piratas. Denunciar torturas, manifestarse en contra del avasallamiento de las libertades del hombre, protegerse de los abusos del poder sirve para que políticos e ideólogos se sientan impunes, se arroguen prerrogativas vitalicias y ejerzan todo tipo de arbitrariedades legitimadas porque alguna vez se han pronunciado o han militado contra las opresiones políticas. Su estudio es el mismo de la primera entrevista que mantuvimos en 1995, titulada con una frase suya: "El pasado no debe repetirse". En una pared, la foto de Michel Foucault, su maestro de filosofía en París; la de Woody Allen y un autorretrato del escritor Bruno Schulz en la tapa de La Caja , la revista que dirigió Abraham. Sin transiciones, la charla inicial se convierte en entrevista antes de encenderse el grabador, cuando Tomás dice "Hoy la corrupción está totalmente aceptada. Por la sociedad y por los intelectuales progresistas". -Pero los intelectuales se indignan con la corrupción. -Se indignan cuando la corrupción viene de la derecha, pero si no, es un medio para obtener un poder necesario para un fin sentenciado como bueno. ¿Vos creés que a Hebe de Bonafini le importan los fondos de Santa Cruz? Si son para la causa. Pero ese es un sector de la sociedad. El otro, el mayoritario, acepta la corrupción como una fatalidad inevitable del país y lo único que le importa es que las cosas avancen. No interesa cómo, pero que avancen. Hay tal resignación. -¿Que avance la economía? -Claro, es lo que más daño produjo en los últimos años. Que no haya una crisis como la de 2001. -¿No es comprensible desde el punto de vista humano? -Es comprensible pero no aceptable porque es un dilema falso. Se cree que se puede hacer una cosa bien sin la otra y en realidad no funciona ninguna. -La gente tampoco se da cuenta de que la corrupción afecta su bolsillo. -No se da cuenta de una cosa de la que es muy difícil darse cuenta: del daño educativo, que no es la escolaridad y tiene que ver con cómo se organiza una sociedad. Si vos querés una sociedad de bienestar general donde haya ejercicio de la libertad y respeto a la autoridad, no podés tener un modelo educativo de farsantes y mentirosos porque no funciona. El Estado hace educación. -Cuando decís modelo de farsantes... -Claro, esta aceptación de la corrupción es el engaño. ¿Qué es la corrupción? El engaño. Cuando hay engaño, hay algo más que la corrupción que no se ve. En la sociedad del engaño, el engaño está explicitado y no hay resistencia. Cuando vivís donde la trampa es la ley, también el sistema cultural y educativo se sostiene sobre eso. Un político es un tipo elegido que asume la responsabilidad de ser el vocero de la sociedad. Si elijo a un farsante y lo vuelvo a elegir, hay algo que no funciona, que es la relación entre política y educación. La educación no es el Ministerio de Educación. Es el jefe de Estado, los ministros, la Corte Suprema. Es la autoridad, y la autoridad modela, conduce, orienta. No es lo mismo estar en un ejército en el que hay un general en el que confiás que estar en uno con un general al que tenés que mirar todo el tiempo para ver qué te hace. Al no haber relaciones de confianza, solo hay relaciones de conveniencia. No se trata de ser honesto sino de qué tipo de orientación educativa quiero. Vos ponés computadoras en las escuelas y al mismo tiempo tenés una organización política de gente que engaña, y eso lo ves permanentemente. Por ejemplo, los índices del Indec. Pero no tenemos que renunciar a pedir algo mejor. -Parece que la sociedad renunció. -Eso lo ves en lo cultural. -¿En qué sentido? -En los llamados jefes de la cultura, que van desde el observatorio de medios de los profesores de ciencias sociales hasta cómo se diagrama el tema de los derechos humanos desde el poder, el uso de la simbología. Es cómo lo cultural busca la legitimidad ética en el pasado, en los años 70. Ahí el poder busca su legitimidad ética y vive de la ilegalidad de 2000, la de los gobiernos que manipulan, y de la legitimidad de los años 70. "Nosotras somos las madres de los que murieron." Están los políticos que hacen los monumentos a la memoria y todo eso va fabricando una memoria que legitima la ilegalidad de hoy. Aquí falla algo. -¿La falla está en la connivencia de algunos organismos de derechos humanos con el Gobierno? Las violaciones de los derechos humanos continúan, la voladura de Río Tercero fue terrorismo estatal ejecutado por un Estado democrático, pero ningún organismo abre la boca. El que se sale del período 1976-1983 queda como un reaccionario. -El chantaje y la extorsión funcionan así. Si hablás de la piratería que hicieron con los derechos humanos para estos fines, te dicen que estás con los genocidas. Hay una apropiación política de los derechos para legitimar una construcción de poder. Ese fue el pacto que hizo Kirchner en 2004 con las organizaciones de derechos humanos: "Yo les abro los juicios y ustedes me apoyan en todo". Y las Madres de Plaza de Mayo y las Abuelas de Plaza de Mayo se sacaron el pañuelo. Estamos discutiendo política y no cuestiones que tienen que ver con los derechos del hombre, sino cuestiones de poder. Y en esas cuestiones de poder ese pacto es para ser denunciado. Eso no tiene que ver con la violación de los derechos humanos en la Argentina. Tiene que ver con un nuevo pacto político. Y con una apropiación no solamente de los derechos humanos, sino de las voces de los que murieron asesinados en la década del 70. ¿Quién puede hablar en nombre de ellos? Si hubieran sobrevivido, ¿muchos de ellos pensarían como sus madres y sus abuelas, o como algunas de ellas? Hay muchos que no fueron asesinados y no opinan como ellas, y fueron militantes. Hay otros que han tomado vías más moderadas. -Oscar del Barco. -Sí, o una persona que no se dedica más a la política. ¿Quién puede apropiarse hoy en día de la voz de hace treinta años? Hay una legitimación de la violencia de parte de una capa cultural que la estimula desde afuera, desde los sillones, en donde legitiman cualquier cosa en nombre de que existe la violencia generalizada y hay injusticia y entonces todos los medios son buenos. Hay una fuerte crisis cultural y educativa. No económica, ni política. Por eso la necesidad de otro tipo de políticos. Y no es la cuestión de la honestidad. Es la cuestión de qué tipo de organización queremos. Esta sociedad ha sufrido tantas crisis que tiene anomia institucional. Acá nadie cree en nada. Y es mentira que en todo el mundo pasa lo mismo. No es así en Uruguay. Eso forma parte de la decadencia que no se mitiga con venturas ocasionales en lo económico. Hablan de construcción de poder pero no se habla en serio de una nueva idea de lo que es hacer política. -En El presente absoluto, cuando escribís sobre piratería y derechos humanos, ponés el ejemplo de Aníbal Ibarra con Cromañón. -Doscientos muertos y se limpió de toda responsabilidad política, y enseguida se sacó la foto con Estela de Carlotto, y ella con él: "Este es de los nuestros". -El discurso de los derechos humanos limpia. -Limpia, y no es solamente un malentendido. Eso muestra otro tipo de corrupción que no es la económica. Es una cuestión de amoralidad o inmoralidad y falta de honestidad y de coraje para decir cosas. Hay mucha gente que tiene miedo de hablar porque teme la descalificación pública y la exclusión. En cierto universo la gente lo que menos quiere es que le digan que es de derecha. Hay mucho miedo a la palabra derecha. Hay un conformismo y bastante cobardía y falta de honestidad. -En algún artículo valoraste ciertas medidas de Kirchner en el comienzo de su gobierno. ¿No tenés miedo a equivocarte al escribir? -Equivocarse es el camino, y más en política. Lo que importa es si eso despierta pensamiento, no si acertó. No me importa equivocarme. Lo que me importa es si mis observaciones tienen la sutileza y la calidad como para despertar a un muerto. Hay cosas que no se dicen y muchas veces se construye el edificio de lo dicho sobre lo que no se dice. Además, no es que yo esté con Kirchner, ni con Menem, ni con De la Rúa. Lo que digo es que gobernar la Argentina es una tarea insalubre y toda la oposición es más floja que el Gobierno. -¿Por qué? -Porque no tiene ninguna responsabilidad y entonces mienten barato. El Gobierno miente más caro. No es que no haya oposición, sino que mienten barato y la gente ya sabe eso y yo también sé eso. Era muy fácil criticar a Menem, pero se olvidaban de lo que había pasado en 1989. En 2003 se pensaba que nadie podía conducir políticamente porque todo el mundo estaba desprestigiado. Bueno, y este hombre, cuando nadie sabía cómo se escribía su apellido, ni lo conocía, agarró algo que significaba negociar el default , una desocupación enorme, una economía de trueque de tres millones de personas. Y eso fue ayer. Gobernar es muy difícil. Critico a la oposición más que al Gobierno porque ninguno de los que se está oponiendo podría sostenerse. Es el problema que tiene Carrió. Ella está en un lugar donde es gratis hablar. Por eso me interesa Binner, porque hace rato que eligió que le cueste hablar y asume responsabilidades en un país donde la lucha de sectores te impide gobernar. O Sabbatella, elegido tres veces en Morón. Hay que tener coraje para eso, no solo ideas. Cuando digo Menem pregunto: ¿qué era la Argentina en 1991 o 1992? Hiperinflación del 3000 o 4000 por ciento anual y una sociedad con una enorme angustia. Y después, la convertibilidad. ¿Por qué lo votaron en 1995? ¿Porque la gente es idiota y solo le importa el voto cuota? No, la gente comparó cómo estaba en 1989 y en 1995. -¿Por eso votaron a Cristina? -¿Y a quién iban a votar? ¿Estaba todo mal acá? Podría haber estado mejor, pero nadie vota una ilusión. Hoy las elecciones no son de lealtad. Pero si hoy hubiera elecciones, la votaría menos gente, aunque no sabría a quién votar. Me interesa cómo manejan los políticos desde el poder, qué hacen, en qué condiciones, con qué condicionamientos y qué alternativas viables habría. Entonces viene alguien de la oposición, la misma Carrió, y dice: "Yo creo que podríamos gobernar perfectamente en la Argentina, la única dificultad son los gremios". Ah, no me digas, ¿nada más? -¿Qué pensás de Kirchner y el kirchnerismo? -Desde el punto de vista educativo, es lo mismo de siempre. No es gente que construya una Argentina distinta. Desde el punto de vista de la coyuntura política de 2003, creo que emprendieron un camino bueno, que era reducir la desocupación. La Argentina era una miseria social. Era fundamental crear fuentes de trabajo. Se crearon como se pudo, inflaron un fuelle, siempre se infla un fuelle. La convertibilidad fue un fuelle, el plan Austral fue un fuelle, la tablita fue un fuelle. Kirchner redujo la desocupación y tuvo suerte por el contexto internacional que le dio aire financiero. Pero los modelos económicos son coyunturales, no son para la eternidad y entonces hay que prever el cambio. Mi juicio sobre el kirchnerismo es que no pensó nada. Aprovechó la situación. -Oportunismo. -Aprovechó la situación con oportunismo y también sentido de la oportunidad, pero tenés que pensar qué hacer cuando se acabe eso. Si calentás la economía, das más trabajo, bajás la desocupación, después viene la inflación, no hace falta ser un genio. No previeron nada y no pensaron nada para cambiar. Es lo mismo que pasó con la convertibilidad, les salió bien hasta 1995, vino la crisis mexicana, la crisis de todo el mundo y no pensaron nada. Tuvo que reventar. Es la conducta de los políticos argentinos: que reviente, así nadie tiene la culpa. -¿La culpa se diluye? -Vos decís: la culpa de la inflación la tiene la soja. O dejás que el ajuste lo haga la inflación. La gente en la calle, inflación del 30 por ciento y la culpa no la tiene una medida que tomó el gobierno. Cuando López Murphy dijo: "Bajo los sueldos estatales 13 por ciento", no lo lincharon porque faltó la cuerda y se fue. Pero cuando se hizo la devaluación y bajaron 40 por ciento, nadie tuvo la culpa. Se busca que reviente para volver a estar en el escenario político. Es una conducta suicida. -Pero ellos nunca mueren. -Justamente, porque viven del reviente general. -De la muerte de los otros. -Con el reviente general es muy fácil decir la culpa la tuvo el de antes, Menem, el Fondo Monetario, los pools cerealeros. Es muy fácil, no se asumen responsabilidades. Mi juicio del kirchnerismo no es favorable. En 2003 tomaron las riendas con coraje. En 2004, con lo de la ESMA, yo dije acá hay trampa. Cuando los Kirchner empezaron a inventar la juventud maravillosa de los años 70, dije acá hay trampa. -Nunca les interesaron los derechos humanos en Santa Cruz. -No tienen esa formación cultural. Es gente educada para el poder, no para el Derecho. Hay algunos políticos que combinan las dos cosas. Ellos no, para ellos es el poder. Hay un tipo de persona que se dedica a la política y puede llegar a pensar que no vale la pena el poder porque se llega a un punto tal de lo intolerable que se retira. Hay otro tipo de políticos para los que siempre vale la pena, hoy están a la derecha; mañana, a la izquierda. Da exactamente lo mismo. El asunto es acumular poder. -¿Para qué? -¿Qué sé yo? Hay que estar en la cabeza de ellos. No existe la idea de sociedad. El peronismo les sirve para acumular poder. Pueden ser regentes de Santa Cruz, después el hijo, después el nieto. El asunto es que sea de ellos. Menem era así. No conseguimos que nuestra sociedad pueda ser gobernada de otro modo. La Argentina es un país fracasado. -¿En un sentido figurado? -No tiene futuro. Su proyecto de nación ilustrada o rica no va a ser. Será a veces mejor que Chile, a veces peor que Brasil. Es una sociedad que ya no es pionera. La pobreza está, la marginalidad está, el "paco" está, la desocupación está y tecnología no vamos a producir nunca. Punto. Y después arreglátelas como puedas. -¿No tenemos futuro, o no tenemos el futuro que creíamos tener hace un siglo? -Era un país rico que provocó una inmigración nunca vista. En 1914 había en la Capital 700.000 habitantes y la mitad había nacido acá y la otra mitad, en el extranjero. ¿Cómo organizás un país así? Por eso tuvieron que meter el guardapolvo y decir que San Martín tenía un caballo blanco para tener un símbolo. No sé si de ese modo no podés construir un buen país. No sé. ¿Por qué no? Laburantes había a montones y sobraba riqueza natural. -¿Qué pasó? -Había una ideología de mierda, nacionalista, reaccionaria, catolicona, que vio en Yrigoyen a un comunista. Según Tulio Halperin Donghi, en el 29 se acabó el proyecto liberal oligárquico que había transformado y desplegado una cantidad de fuerzas productivas enorme. Después hablamos de que este tenía un millón de hectáreas. Pero terminado eso, había que pensar otra cosa. Cuando llegó Perón, la Argentina aún era acreedor internacional y no todo estaba perdido. Escribí una nota: "¿Dónde está Tamborini?", porque nadie habló nunca más de Tamborini y yo preguntaba: "¿Y si hubiera ganado Tamborini?" ¿Habría sido un país racista, oligárquico, de conservadores hambreando negros, o nos habríamos organizado un poquito mejor con un laborismo civilizado? No lo sé. -¿Aún pensás que Frondizi fue el último estadista? -El país tenía posibilidades de ser hasta Frondizi. Frondizi dijo: "Acá hay que abrir, que vengan a invertir, que chupen ellos el petróleo, que lo vendan e inviertan". También tenía una idea democrática. Pero me parece que fue la última idea. Dirás que Chile tiene pobreza, pero mejoró, no empeoró. No es que se te arruinó el proyecto hace cien años y hace cien años te cruzaste de brazos diciendo "Soy un tipo cagado". Hay una idea nuestra de que esto es así. No hay ilusiones. -No hay ilusiones si la Argentina fracasó. -Pero no hay que aceptar que la Argentina fracasó porque eso es la derrota espiritual. Hoy los pueblos pueden pegar un salto en veinte años, pero necesitan mucha cabeza y mucha autoridad. El político bueno trata de aprender. También los intelectuales tienen que aprender de la gente que hace porque "melonean" cualquier cosa sobre la sociedad y la política. Quiero organizar encuentros y trabajos entre profesionales y políticos con responsabilidad y gestión. No se trata de que el intelectual asesore al político. No, el político debe asesorar al intelectual porque el político sabe que las ideas chocan contra muros y las tiene que enriquecer, no flexibilizar, para que den resultado. Como el intelectual no está en esa tarea, su idea siempre es pura y la adorna, la mantiene en un mausoleo desde hace treinta años, le pone florcitas, la visita todos los meses, habla de lucha de clases, de ideología dominante, del imperio. -¿Por qué el Gobierno ataca a los medios? -Hay una cosa con Clarín que es un asunto de negocios, ahí debe de haber pasado algo. Por otro lado, al campo le tenés que dar lugar. Es una fuerza social muy importante y no podés no ponerle cámara y no ponerlo en TN o Canal 13 o Clarín . No podés basurearlo porque la señora Cristina está ofendida. Supongo que la mentalidad de Néstor Kirchner y de todos los que están con él es que ellos creen que son los jefes de la estancia. Además, hay intereses económicos, más allá de una reacción despótica. Clarín los cuidó bastante y el Gobierno le permitió constituirse en un multimedio de enorme importancia a cambio de las caricias que le daban. Creo que cuando hay una lucha en ese nivel de poder se van a arreglar, esto es transitorio. Los de arriba se las arreglan y todos los genuflexos que están ahí, poniéndoles observatorios de medios y dándoles sus servicios por un plato de lentejas, van a quedar como simples idiotas. -¿Cómo ves a los medios? -La noticia hay que buscarla, no te la dan. La materia prima que te dan los grandes medios no es suficiente y se repite todo el día. Internet es imprescindible, te da una visión plural para poder pensarla. Yo trabajo la información, no la recibo. Los medios no son ni buenos ni malos, te dan lo que ellos deciden darte y su decisión no depende de lo que pasa porque la realidad es infinita. Te dan el material para que vos puedas pensar. Pensar es una forma de desconocimiento e ignorancia, es buscar la incertidumbre. Hay cosas que no leo más. No leo suplementos culturales desde hace mucho. -¿Por qué? -Me cansé. No hay nada interesante. -¿Qué leés? -Estoy leyendo poco los diarios ahora. Falta información. No me puedo guiar por los titulares, tengo que andar buscando cosas que a veces en el mismo diario están por ahí, en un articulito. Las cuestiones importantes de la política no se hablan y se inventan conflictos, rubios contra morochos, el campo contra la ciudad. -¿Por qué perdieron peso los intelectuales aquí y en el mundo? -Lo que más me interesa del universo de la cultura son los historiadores. Ni los sociólogos, ni los novelistas, ni los que escriben cuentos, y menos los poetas. -¿Por qué? -Me parece que son fabulistas light . -Pero hubo buena ficción. Allí en la pared está Bruno Schulz. -No, estoy hablando de otra cosa. Hay autores que no pertenecen a la tradición filosófica y sin embargo hacen intervenciones literarias en la filosofía. Estuve trabajando a Sándor Márai, a Fernando Pessoa, ahora estoy escribiendo sobre el pensamiento de Werner Herzog, el cineasta. Pero cuando me hablan de literatura en la Argentina hoy, en general, no me interesa. Me interesa el historiador. -¿Cuáles? -Hace tiempo que trabajo a Halperin Donghi. No salva a nadie. Admite el dilema y te retrotrae al momento en que se toman las decisiones y ves que es un despelote, que decidir tiene un alto costo histórico. Muchas veces el historiador trata de rescatar víctimas y salvar cabezas y condenar a otros, es la historia que está más de moda. Es interesante la historia y la escritura de los historiadores. Eso me da mucho más para la imaginación que leer un cuento. Me gustan los cuentos, pero una cosa es la imaginación y otra la fantasía. -¿Cuál es la diferencia? -En la literatura que veo en la Argentina hay mucha fantasía: "Te voy a contar un cuento de algo que nunca sucedió". No me interesa, no me sirve para la cabeza. Yo, para la ficción-ficción, la televisión. Y el cine. -¿Qué ves en televisión? -Todo. Es un máquina de simulacros como la de Bioy Casares. Con el control remoto voy y vengo. Claro, no todo el día. Pero está muy pobre respecto de la década de 1990, cuando había programas con economistas, a Menem lo criticaban de arriba abajo y eran una fiesta las polémicas. Todos los personajes del gobierno de Menem iban a los programas, iba Kohan, iba Menem y les decían de todo. -La habilidad de este gobierno es que no va nadie, ni dan entrevistas. No entran en la dinámica periodística. -El otro día leí que querían llevar a la comisaría a un periodista de una radio porque mientras Cristina decía que los colegios privados no aumentaron, él saltó y dijo que el suyo aumentó. Me lo imagino al tipo todo el tiempo sentado sin poder decir nada durante cuatro años, sin poder hacer una sola pregunta, y cuando le dicen cualquier cosa y la que se lo dice sabe que dice cualquier cosa, bueno, el periodista explotó: "¡Cortala!". -¿Los intelectuales se replegaron? ¿No tienen nada importante que decir, o los medios les dieron la espalda? -No sé. Quizá son pocos los que activan o son llamados. Siempre hay un Santiago Kovadloff, una Beatriz Sarlo, un José Pablo Feinmann. Se repiten un poco. Hay una dosis, no se puede pasar de esa dosis, si no es muy aburrido. -Siempre escribiste y dijiste cosas duras por el contenido y la forma. ¿Te cuestionaron o te marginaron por eso? -Más bien, claro que me cuestionaron. No soporto formar parte de un clan. Yo no pienso para otro, eso me quitaría libertad y por lo tanto, palabras. Tengo que decir lo que pienso. Conservo alguna sensatez sobre los alcances de mi palabra. Cuando se dicen las cosas como son, sin vueltas argumentativas, ahí es otra cosa. Trato de no dar vueltas. El tono es muy importante. Hay cosas que no se argumentan, se dicen. Se dicen, y eso no te lo perdonan más. -Escribís lo que pensás, pero ¿trabajás tu forma de escribir? -Trato de decir lo que pienso con las palabras más claras. Quiero ser absolutamente directo, no me gusta la franela. No pienso sobre el modo en que digo las cosas, lo que me importa es saber si tengo algo que decir, y para decir algo hay que trabajar mucho, porque uno puede querer decir algo y no le dan las palabras. A veces tengo que dar muchas vueltas para que me salgan dos palabras porque no encontré la idea. Pienso mucho para poder escribir poco y no me interesa que parezca inteligente. Así doy las clases. A veces hay ciertos temas o cosas que me sensibilizan y hay mayor énfasis. No busco un tono neutro. -También recurrís al humor. -Me gusta divertirme. La gente se toma tan en serio que no tiene sentido del ridículo, y eso es necesario para no perder la inteligencia. Me encanta un poco de joda.FUENTE: http://adncultura.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1016124
"(...) En el mismo comienzo del Génesis está escrito que Dios creó al hombre para confiarle el dominio sobre los pájaros, los peces y los animales. Claro que el Génesis fue escrito por un hombre y no por un caballo. No hay seguridad alguna de que Dios haya confiado efectivamente al hombre el dominio de otros seres. Más bien parece que el hombre inventó a Dios para convertir en sagrado el dominio sobre la vaca y el caballo, que había usurpado. Sí, el derecho a matar un ciervo o una vaca es lo único en lo que la humanidad coincide fraternalmente, incluso en medio de las guerras más sangrientas. Ese derecho nos parece evidente porque somos nosotros los que nos encontramos en la cima de esa jerarquía. Pero bastaría con que entrara en el juego un tercero, por ejemplo un visitante de otro planeta al que Dios le hubiese dicho: «Dominarás a los seres de todas las demás estrellas», y toda la evidencia del Génesis se volvería de pronto problemática. Es posible que el hombre uncido a un carro por un marciano, eventualmente asado a la parrilla por un ser de la Vía Láctea, recuerde entonces la chuleta de ternera que estaba acostumbrado a trocear en su plato y le pida disculpas (¡tarde!) a la vaca. (...) " Milan Kundera, La Insoportable Levedad del Ser
Registrate y eliminá la publicidad! ¿Qué hacemos con nuestros equipos viejos y de escasa potencia? Obviamente, lo primero que nos viene a la cabeza a todos es instalarle una distribución ligera y sacarle partido de ese modo. Pero hay más opciones que nos pueden resultar útiles tanto en el trabajo como en actividades de ocio. A continuación, encontraréis 11 modos distintos de aprovechar vuestros viejos equipos con las correspondientes opciones de software disponible. Todas las opciones que comento a continuación disponen de abundante información en los homesites de los respectivos proyectos o en how-to’s distribuidos por la red. 1) Firewall o router Tener un viejo pc funcionando como firewall o router te ofrece (además de ahorrarte la compra del modem-router) muchísimas opciones de configuración y de seguridad ya que el software disponible es variado y, en algunos casos, muy completo y potente. Algunas de las opciones libres (distribuciones y software) disponibles son: * smoothwall * freesco * shorewall * Devil-linux * ipcop * firestarter * floppyfw * firehol * guarddog * m0n0wall (bsd) * endian * pfSense (bsd) * Zorp GPL * Sinus Firewall * Clark Connect * Kaladix Professional Firewall 2) Servidor de datos/archivos Gracias a las opciones que nos ofrece GNU/Linux podremos centralizar nuestros datos en un pc que funcionará a modo de servidor de datos o realizar copias de seguridad de nuestro pc (o de nuestra red de equipos) con la periodicidad que deseemos. Es esto último lo que más preocupa a muchas pyme’s y la tarea más tediosa para los administradores de redes. Con opciones como las relacionadas a continuación, los ‘backups’ y el acceso a los datos puede resultar más fácil y rápido. * FreeNAS (bsd) * Samba * iFolder * NASLite * Openfiler * CryptoNAS Relacionada con esta categoría se encuentra la opción de configurar el servidor de datos (FreeNAS, por ejemplo) mediante SSH al que accederíamos mediante software cliente previamente instalado. 3) Servidor de impresión Si tenéis una impresora conectada a un pc que la comparte, os habréis encontrado en la situación de deber encenderlo sólo para tener acceso a la impresora desde otro equipo. Esto se puede solucionar si configuráis una distribución ligera GNU/Linux en un pc destinado sólo a recibir la demanda de impresión desde equipos en una misma red. Existen muchos y buenos tutoriales qué explican cómo montar un servidor de impresión mediante CUPS (Common Unix Printing System), por ejemplo. 4) Servidor de fax Especialmente interesante es esta funcionalidad para pyme’s y pequeñas/medianas empresas. Mediante ella podrán enviar faxes desde diferentes terminales sin desplazarse hasta el aparato de fax. Además, no deberemos imprimir todos esos faxes publicitarios que nos inundan a diario. La propuesta más conocida para servidor de fax en GNU/Linux se llama Hylafax. Éste funciona como servidor de faxes y las demás terminales conectadas al hylafax-server (corriendo GNU/Linux, Windows o Mac) deberán contar con software cliente de fax instalado. Para ello hay opciones tanto comerciales como gratuitas y también gpl. 5) Servidor web o servidor ftp Las opciones de las que disponemos los usuarios de GNU/Linux son innumerables en este punto, al igual que lo son las opciones de configuración. De hecho, es el mercado del servidor el que representa el ‘punto fuerte’ de GNU/Linux. Actualmente, la opción más sencilla para los noveles es proceder a la instalación del paquete LAMP (Linux-Apache-MySQL-php) pero existen varias alternativas. En la sección de how-to’s de linuxzone tenéis algún tutorial que os puede orientar al respecto. 6) Filtro anti-spam Cualquier usuario de correo electrónico conoce lo pesado y ‘cansino’ que puede llegar a ser el spam. Si, además, debéis gestionar el correo empresarial, el problema puede llegar a alcanzar dimensiones preocupantes. Configurando SpamAssassin en tu pc de filtro lograrás librarte de publicidad no deseada. Si os interesa esta opción, podéis empezar a informaros por el proyecto apache spam assassin 7) Servidor proxy Puede resultar útil si deseáis filtrar el acceso a determinadas webs desde vuestra red de pc’s o para ahorrar consumo de ancho de banda en caso de visitar muy a menudo las mismas webs. Hay muchísima información en la red sobre servidores proxy; para empezar, podéis consultar este how-to: “Squid, proxy caché en GNU/Linux“. También podéis echar un vistazo al proyecto ruso 3proxy (freeware). 8 ) Thin client ¿Qué se puede hacer si tenéis varios pc’s viejos? Podéis ‘transformarlos’ en thin clients dentro de una red de cómputo en la que la mayor carga de cálculo sea delegada en un pc más potente. Esta red tendría dos espacios bien diferenciados: por un lado, un pc potente (más o menos en función del número de clientes que tenga) y, por otro, una serie de pc’s clientes. El primero asumirá la mayor parte de carga de procesos y el almacenamiento de datos; los segundos, que funcionarán en modo cliente (thin client), delegarán parte de su demanda de cálculo en “su hermano mayor”. Obviedad: en términos económicos, es ésta opción realmente óptima ya que el hardware que requiere el ‘thin client’ es inferior al los pc’s que funcionan en modo local (monopuesto) dentro de una red. No necesitando mucha potencia en cada pc, no es necesaria la compra de equipos muy potentes (podéis encontrar ofertas basadas en GNU/Linux a partir de 200 euros, por ejemplo) y/o podéis utilizar vuestros viejos equipos a modo de ‘thin client’. Además, el consumo eléctrico también descendería. Hay varias propuestas en cuanto a software para crear y controlar una red de thin clients, por ejemplo: 2XThinClientServer (freeware), NX Server Free Edition, eBox, LTSP, ThinStation, TCOS, etc. 9) Voice mail server Los entendidos, al oír “Voice mail server”, habrán pensado rápidamente en el proyecto Asterisk. Es éste una aplicación gpl multiplataforma que ofrece la posibilidad de crear un centralita telefónica para realizar llamadas entre los teléfonos conectados a ella o para conectar a un proveedor de VoIP. Con Asterisk podremos configurar buzones de voz, distribuciones automáticas de llamada e incluso crear nuevas funcionalidades de acuerdo con nuestras necesidades. 10) Media server Un viejo pc, un HD, DVD/CD player, algo de hardware complementario y software reproductor multimedia; poco o nada más necesitamos para configurar nuestro propio media server. Para escuchar música, ver películas, fotos, TV (con una tarjeta de tv pci instalada) etc., no necesitamos un quad core. Es fácil adaptar un viejo pc para funciones de media server gracias a las posibilidades que nos ofrece GNU/Linux para diferentes configuraciones de hardware, por ejemplo: * GNUMP3d * LinuxMCE * Helix * Icecast * MythTV * Live555 * MediaTomb * Jinzora * geexbox 11) Servidor de descargas P2P Es habitual entre usuarios habituales de p2p tener un pc dedicado sólo a la descarga de archivos y a la compartición de los mismos en su red de pc’s. Por ejemplo: Amule, probablemente el programa para red ed2k y kad más famosos en GNU/Linux, nos ofrece la posibilidad de instalarlo en un pc (server) y ser administrado remotamente mediante amulegui. Fuente: http://linux.adslzone.net/2008/10/02/modos-de-aprovechar-tu-viejo-pc-gracias-a-gnulinux/ <a href='http://b.t.net.ar/www/delivery/ck.php?n=a2afc290&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE' target='_blank'><img src='http://b.t.net.ar/www/delivery/avw.php?zoneid=58&cb=INSERT_RANDOM_NUMBER_HERE&n=a2afc290' border='0' alt='' /></a>
"(...) En el mismo comienzo del Génesis está escrito que Dios creó al hombre para confiarle el dominio sobre los pájaros, los peces y los animales. Claro que el Génesis fue escrito por un hombre y no por un caballo . No hay seguridad alguna de que Dios haya confiado efectivamente al hombre el dominio de otros seres. Más bien parece que el hombre inventó a Dios para convertir en sagrado el dominio sobre la vaca y el caballo , que había usurpado. Sí, el derecho a matar un ciervo o una vaca es lo único en lo que la humanidad coincide fraternalmente, incluso en medio de las guerras más sangrientas. Ese derecho nos parece evidente porque somos nosotros los que nos encontramos en la cima de esa jerarquía. Pero bastaría con que entrara en el juego un tercero, por ejemplo un visitante de otro planeta al que Dios le hubiese dicho: «Dominarás a los seres de todas las demás estrellas», y toda la evidencia del Génesis se volvería de pronto problemática. Es posible que el hombre uncido a un carro por un marciano, eventualmente asado a la parrilla por un ser de la Vía Láctea, recuerde entonces la chuleta de ternera que estaba acostumbrado a trocear en su plato y le pida disculpas (¡tarde!) a la vaca . (...) " Milan Kundera, La Insoportable Levedad del Ser