Gabi1950b
Usuario (Argentina)

El poema es titulado "Nuestro Padre... y el Pueblo" ilustrado con la imagen de un cura obeso que está bebiendo y fumando frente a una imagen alegórica del pueblo hambriento , sediento y sometido al poder clerical. El poema que lo acompaña esta firmado por Fray Comilón y dice: Sed parco , pueblo orejón, No comáis en demasía [...] No comáis , me hace falta. Conformaos con el hueso. El vino es malo y dañino El mal y el pecado fragua, Dejad que yo tome el vino Y tomad agua y más agua. No seáis avaro jamás, No carguéis nunca dinero Dadlo para San Tomás Santa Orosia y San Antero. No le hagáis nunca el amor A las muchachas sencillas, ¡Yo les hago... unas cosquillas Que brincan que es un primor. Sed parco , pueblo orejón, No comáis en demasía Porque la barriga mía Perderá, si eres glotón. Pero la figura colombiana contemporánea anticlerical por excelencia fue la de Vargas Vila nacido en 1860 y fallecido en Barcelona en 1933. Escritor y personalidad muy particulares , adelantado a su tiempo , destilaba en sus obras un profundo desprecio por la religión y sus representantes. El carácter iconoclasta , profético , provocador y demoledor de sus obras le ocasionaron multitud de problemas con la Iglesia y la sociedad de su tiempo. De pluma ágil , culta y sobreabundante acabó personalizando lo que se ha llamado el estilo Vargasvilesco. Sus obras fueron catalogadas por la Iglesia Católica como de "libros malos" junto con los de Tolstoi , Blasco Ibáñez , Pérez Galdós , Nietzche , Valle Inclán o Unamuno. El episcopado colombiano se refería a él en estos términos: "Sentimos verdaderamente que sea de esta república cristiana este señor , de quien nos vemos obligados a decir que es un impío furibundo , desbocado , blasfemo , escritor deshonesto , clerófobo , estrafalario hasta la locura , inventor de palabras estrambóticas..." Vargas Vila fue el blanco de las iras del clero , del conservatismo y de buena parte de la sociedad colombiana. Indignados por su cada vez más irreverente pluma y por su creciente popularidad fue acusado de anarquista , homosexual , de ser inmensamente rico , de ser hijo de un cura y de una monja , de ser satánico o misógino.
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En el primer puesto a mi criterio se encuentra: La de Benjamin es una bocha muy corta ,pero muy corta ,extranjero (arabe) que comete un delito CHAU se le destruye la vivienda. Mientras en nuestro país los delincuentes tienen piletas en la cárcel y beneficios. Avanzo... En el segundo lugar debe entrar: Verdadero monumento a lo políticalmente incorrecto: -El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, se ha comparado con Adolf Hitler este viernes y ha dicho que quisiera matar a tres millones de drogadictos que hay en el país. - -El mandatario también ha acusado a EE UU y a la Unión Europea de "hipocresía", por su manejo de la crisis de refugiados al mismo tiempo que no dejan de señalar a Filipinas por las violaciones de derechos humanos de la guerra contra las drogas. "Cerráis vuestras puertas, es invierno y ellos son inmigrantes escapando de Oriente Medio. Permitís que se pudran, ¿pero estáis preocupados por la muerte de 1.000, 2.000 o 3.000 personas?", ha cuestionado.- -Además de los constantes insultos del filipino, que incluso hizo una peineta hace unas semanas al hablar de la Unión Europea, se ha negado a reunirse con el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y tildó a Naciones Unidas de "inútil" y amenazó con sacar a Filipinas de la organización.- Así se habla y así se gestiona. Pasemos a otro: Y de este ,que se yo , y que sabemos? No sintiendo ningún interés no es necesario explayar más. Entonces que pase el que sigue...: Marine Le Pen anuncia que eliminará la educación gratuita en Francia para los extranjeros si gobierna. "Si venís a nuestro país no esperéis que cuidemos de vosotros o que vuestros hijos sean educados gratuitamente" Y mientras nosotros ya sabemos como nos va en eso... "Ya son más de 25.000 los estudiantes extranjeros en la Argentina" "Argentina gasta $360 millones al año en subsidiarle la universidad a los estudiantes extranjeros" "En síntesis toma buenas medidas que nos hacen falta a nosotros." "Es una mujer linda." Lo esperabas , pero espero no decepcionarte del todo: Prosigo con el: Es un experimento de la CIA , presidentes de acorde a las tendencias del mundo. Obama en su época. Llamalo como quieras , el cambio , un progresismo ,un presidente negro. Las tendencias , la moda y los pensamientos de occidente son otros , así que Donald Trump es lo nuevo.
A pesar de la demonización semántica que sufre el término sionismo, se presentan los tres métodos en que se plasmó el sionismo moderno: el cultural, el diplomático y el práctico Jacques Derrida ha puesto de relieve el modo en que los términos cobran su significado a partir de acumulaciones metafóricas, a lo largo de procesos históricos. En ese aspecto, pocos conceptos han sido más demonizados por la sedimentación de metáforas, que aquellos relativos a los judíos. Así, las palabras «fariseo» o «talmúdico» despiertan asociaciones sumamente negativas muy distantes de su verdadera significación. En la modernidad, esa demonización semántica padecida por los judíos, se ha trasladado especialmente a la voz «sionismo». Por ello es difícil, para el lector europeo medio, analizar objetivamente al movimiento de liberación judío, sin caer en la red de impresiones negativas que han forjado desde los medios soviéticos hasta la prensa española. Conscientes de esa limitación, intentamos aquí presentar los tres métodos en que se plasmó el sionismo moderno: el cultural, el diplomático y el práctico. Deliberadamente, no los definimos como corrientes sino como métodos porque, a diferencia de las primeras, no respondieron a la pregunta de por qué era necesario y moral el establecimiento de un Estado judío; planteaban, por su parte, cómo crear dicho Estado, ofreciendo tres respuestas alternativas: la colonización (sionismo práctico), la política (sionismo político), o la educación (sionismo cultural). El mentor de este último fue Ajad Haam (seudónimo de Asher Ginzberg), cuyo primer artículo lo convirtió, repentina y accidentalmente, en un escritor hebreo. Publicado el 15 de marzo de 1889 en el periódico Hamelitz, se tituló No es éste el camino. El ensayo constituyó el puntapié inicial del sionismo cultural, que venía a criticar al sionismo práctico al cuestionar que jóvenes, inexpertos y sin capacitación, inmigraran a Eretz Israel. Vaticinaba que, eventualmente, aquellos idealistas sucumbirían ante la malaria y la esterilidad de la tierra de Israel en esa época. La inmensa repercusión del ensayo impulsó a su autor a dedicarse a escribir, y a crear una asociación que defendiera sus principios. Dos meses después nació, en la ciudad de Odessa, la Benei Moshé («hijos de Moisés») que perduró ocho años, hasta 1896. Ajad Haam sostenía que la aliáh (inmigración judía a Israel) no tenía por qué ser la opción de todos los judíos. Quienes sí eligieran esa vía, crearían allí el centro espiritual para el pueblo judío todo. Los sionistas culturales opinaron que la migración debía ser el corolario de una sólida conciencia judía, asequible por medio de la educación hebrea. Los judíos no se hallaban dotados, intelectual ni espiritualmente, para la vida del pionero. Por ello, los ajadhaamistas se circunscribían a apoyar la radicación en el yermo país, cuando ella se concretaba con el objeto de intensificar la cultura de los judíos palestinos, e irradiarla al extranjero. Una de sus advertencias recurrentes era: «No forcéis la meta mientras no hayan sido creadas las circunstancias sin las cuales la meta es inalcanzable». Pero resultó difícil «no forzar la meta» cuando la judeofobia europea se desató en los pogromos. La urgencia del pueblo judío para encontrar refugio motivó a los sionistas políticos a distanciarse más de los culturales, a quienes peyorativamente dieron el mote de «espiritistas»: no había tiempo para dedicarse al espíritu judaico, en momentos en que los cuerpos de millones de judíos se encontraban ante el abismo de la destrucción física. La postura de Ajad Haam también le generó oponentes en Eretz Israel, como por ejemplo el rabino Iehiel Mijael Pines, quien se radicó en Jerusalén en 1878 y priorizó la obra colonizadora y la labor política. Pines pertenecía al grupo de sionistas que evitaban introducir en el movimiento funciones educativo-culturales, ya que éstas podrían llevar a controversias y divisiones innecesarias y postergables. Por otra parte, entre los que valoraron la obra de Ajad Haam desde el comienzo, se hallaba Eliezer Ben Yehuda, el renovador del idioma hebreo por antonomasia, quien se estableció en Jerusalén en 1881. Ajad Haam concretó sus dos primeros viajes a la Palestina hebrea en 1891 y en 1893, y dichas visitas ratificaron su escepticismo acerca del sionismo práctico. Una vez conocida la realidad in situ, Ajad Haam escribió La verdad desde Eretz Israel, artículo en el que hizo un balance socioeconómico y cultural de los débiles asentamientos judíos en la Palestina de marras. Frente al sionismo político La segunda crítica de los sionistas culturales se dirigía, ya no a los sionistas prácticos, sino al tercero de los métodos referidos: el diplomático, cuyos portavoces más destacados fueron Teodoro Herzl y Max Nordau. En su artículo Sionismo político, Ajad Haam no avizora frutos concretos para las febriles negociaciones mantenidas por Herzl, y además expresa su disgusto por la alienación de Nordau para con la tradición judía. El Primer Congreso Sionista Mundial (Basilea, 1897) fue el único en el que participó Ajad Haam, quien según sus propias palabras se sintió allí como «un enlutado rodeado por la alegría de los novios». Cuando se produjo «el caso Uganda» (1903), Ajad Haam lo entendió como el triste e inevitable corolario, de que los sionistas políticos se hubiesen alejado de la cultura judía y supusieran, consecuentemente, que algún otro país, fuera de Palestina, podría atraer la concentración territorial de los judíos. Nuevamente expresa su insatisfacción por el sionismo herzliano en dos celebres artículos: El Estado judío y el problema judío (1897) y Carne y espíritu (1904). La diferencia entre Ajad Haam y Herzl era clara: mientras a éste preocupaba la desdicha de los judíos, el primero se abocó, desde una postura secular, a superar la postración del judaísmo: «La condición previa para concentrar la nacionalidad en Sión, es concentrar el espíritu de la nacionalidad en el amor de Sión». La mera creación de un Estado para los judíos no solucionaría el problema, que radicaba en que el pueblo carecía de unidad cultural y conciencia nacional. La función del sionismo era precisamente inspirar tal unidad, creando un centro espiritual en Eretz Israel, destinado a cultivar el liderazgo y la renovación judaicos. Paralelamente, el sionismo debía dedicarse a una tarea educativa sistemática que profundizara el proceso de concentración de diásporas. A pesar de su escepticismo acerca del accionar diplomático, los seguidores de Ajad Haam sí se unieron en una fracción dentro del sionismo político, que se denominó Fracción democrática. Tuvo como portavoces a Jaim Weizmann y a Martín Buber, quienes bregaban por colocar como pilar del sionismo la tarea cultural-educativa. Paradójicamente, fue un logro del sionismo cultural que el Segundo Congreso Sionista Mundial, de 1898, adoptara la idea de diseminar la cultura judía en la Diáspora, como medio de renacimiento del pueblo en su conjunto. Ajad Haam insistió en diferenciar entre el malestar físico del judaísmo en Europa oriental, y el malestar espiritual de la judería occidental, que también debía ser curado. A esta curación se refiere en su artículo Servidumbre en la libertad (1891), rechazando a los intelectuales asimilacionistas que «en lugar de criticar a fondo nuestras ideas y demostrarnos nuestro error con pruebas tomadas de la lógica y de la realidad, se proponen aplastarnos citando nombres famosos, sin tomar en cuenta que dicen a veces necedades». De esos judíos ajudaicos, Ajad Haam señala su «servidumbre interior oculta bajo la libertad exterior» y, en un párrafo muy vivaz, describe la reacción de quienes desjudaizaban incluso la judeofobia, a fin de ser admitidos en la «humanidad»: «Bandidos armados me rodean y yo grito: ¡Socorro, un hombre está en peligro! ¿No es una horrible vergüenza que deba empezar por demostrar que mi peligro lo es también para los demás, para el género humano, como si mi sangre no fuese roja a menos que se mezcle con sangre ajena?» En muchos aspectos el mensaje de Ajad Haam sigue vigente, y no es aventurado suponer que la mayoría de los judíos son, sin saberlo, ajadhaamistas: esperan del Estado judío de Israel, eminentemente, un centro cultural que inspire a la Diáspora entera. En 1900, después de un nuevo viaje a Palestina, Ajad Haam volvió a poner sobre el tapete el crudo sufrimiento de los pioneros, y concluyó que el ideal nacional estaba desbarrancándose hacia una mera agencia de filantropía. Faltaban muchos años para que la nueva cultura hebrea floreciera plenamente, y con ella las posibilidades de renacimiento nacional judío. Pero esa demora nunca disuadió a Ajad Haam de su postura, e hizo suya la máxima de León Pinsker: «Lejos, muy lejos de nosotros está el puerto que nuestra alma ansía. Empero, para un pueblo que deambula hace miles de años, ningún camino ha de parecerle demasiado largo». Finalizo esto agregando aparte a este proverbio japones: "Si vas a creer todo lo que lees, mejor no leas." (Obviamente haciendo clara alusión a lo que corrientemente se lee o se tiene idea del sionismo ,que es difuso y para nada fidedigno).
Libelo de Sangre o Asesinato Ritual El sufrimiento que venimos estudiando fue relatado en un libro de 1558 de Josef Ha-kohen, bajo el bíblico título de El Valle de Lágrimas (Emek Ha-Bajá). Refiere “las penas que cayeron sobre nosotros desde el día del exilio de Judea de su tierra”. Tres preguntas pueden formularse acerca de esas lágrimas. La primera: por qué los judíos siempre sufren. Respuesta: si al decir por qué aludimos a las causas de la judeofobia, bueno, precisamente ése es el tema de nuestro curso, y para el final habrá explicaciones. Pero si el por qué sugiere que debe de haber cierta paranoia si encontramos a los judíos siempre como víctimas, nuestra respuesta es que la judeofobia es en efecto una enfermedad social enorme que consiste en el odio hacia los judíos, y por ende, siempre los tuvo como víctimas principales. Persistió por milenios exterminando judíos, alcanzó un genocidio de seis millones hace cincuenta anos (un tercio de la población judía mundial) y sigue con vitalidad para continuar. La segunda pregunta es si la gigantesca magnitud de la judeofobia acaso significa que todo el mundo odia (u odió) a los judíos. La respuesta es no, no todo el mundo está enfermo de judeofobia, pero no es la parte sana el objeto de nuestro estudio, aun cuando es mayoritaria. La tercera pregunta es si el clero de la Iglesia medieval era unánime en su letal postura judeofóbica. Otra vez, la respuesta es no. Incluso en períodos en los que la postura teológica de la Iglesia era judeofóbica, en el plano individual hubo eclesiásticos que rechazaron la violencia contra los judíos. Desde antaño hay ejemplos de obispos y sacerdotes que intentaron proteger a los judíos. Cuando la sinagoga de Ravenna fue incendiada (c.550), Teodorico ordenó que la población católica la reconstruyera y flagelara a los incendiarios. Durante la primera cruzada el Obispo Comas salvó a los judíos de Praga. En la segunda, Bernardo de Clairvaux defendió activamente a los judíos que eran asesinados. El problema, sin embargo, es que los judeófobos más virulentos de la Iglesia fueron (y siguen siendo) reverenciados como santos. El crimen de la judeofobia se cometía con virtual impunidad. El fray Juan Capristano (m. 1456) instó a la abolición de los derechos a los judíos en Nápoles y otras ciudades, incluyendo la cancelación de las deudas que cristianos hubieran contraído para con ellos. Más tarde, debido a sus actividades en Breslau, muchos judíos fueron torturados y quemados vivos; muchos fueron empujados al suicidio. La abolición de los derechos de los judíos en Polonia por Casimiro IV también fue resultado de las maniobras de Capistrano, e inició una ola de desmanes antijudíos. Ni siquiera les permitió a los judíos escapar ese destino: fue el responsable de un edicto papal que prohibía el transporte de judíos a la Tierra de Israel. Durante su vida, recibió tanto el mote de “azote de los judíos” como el cargo de Inquisidor papal. Más de dos siglos después de su muerte fue canonizado y, desde entonces, cada 28 de marzo los católicos reverencian su memoria. El mensaje de la Iglesia era, cuando menos, incoherente. Difundía la enseñanza del desprecio, pero ocasionalmente intentaba detener a los despreciadores que se apresuraban en cometer horrendos crímenes; el intento era tardío e insuficiente. Esta postura nunca varió radicalmente. Por ello uno de los primeros historiadores del Holocausto, Raul Hilberg, fue capaz de trazar una tabla que muestra cómo cada una de las principales Leyes de Nürenberg de la Alemania nazi tenía su precedente en la legislación eclesiástica. La declaración de la Conferencia de Obispos Holandeses de 1995 fue un punto de inflexión en la historia de la Iglesia, al admitir que hay un sendero directo que une la teología del Nuevo Testamento con Auschwitz. También durante la Segunda Guerra la posición del Vaticano reflejó esta habitual ambivalencia, cuando sus reservas acerca del nazismo se limitaron a proteger a católicos “no-arios”. Es cierto que las encíclicas de la Iglesia y sus pronunciamientos rechazaban el dogma racista y cuestionaban algunas tesis nazis como erróneas, pero siempre omitieron criticar, o siquiera mencionar, el ataque específico contra los judíos. En 1938, Pío XI supuestamente condenó a los cristianos judeofóbicos, pero esta condena fue omitida por todos los diarios de Italia que informaron sobre el mensaje papal. Su sucesor, el germanófilo Pío XII, ya desde 1942 había recibido información sobre el asesinato de judíos en los campos. A pesar de ello restringió todos sus pronunciamientos públicos a expresiones muy cuidadosamente formuladas de simpatía por “todas las víctimas de la injusticia”. La neutralidad y el silencio del papa continaron incluso cuando los alemanes cercaron a ocho mil judíos de Roma en 1943. Mil de ellos, mayormente mujeres y ninos, fueron transportados a Auschwitz. Al mismo tiempo, con la anuencia papal, más de cuatro mil judíos encontraron refugio en muchos monasterios de Roma (algunas decenas en el Vaticano mismo). Sin duda, el papa no tenía poder como para detener el Holocausto, pero podría haber salvado miles de vidas si hubiera adoptado públicamente una posición contra el nazismo. Hitler, Goebbels y muchos otros cabecillas nazis, murieron como miembros de la Iglesia Católica, y nunca fueron excomulgados (lo que contrasta con el hecho, por ejemplo, de que el presidente argentino Juan D. Perón fue excomulgado cuando en 1955 atacó la influencia de la Iglesia, y unos pocos meses después fue derrocado). Un sacerdote católico lideró el régimen nazi de Eslovaquia, y también fueron católicos un cuarto de los miembros de las SS, así como casi la mitad de la población del Gran Reich Alemán. La resuelta reacción del Episcopado alemán contra el programa nazi de eutanasia, logró que virtualmente se suspendiera el plan. Pero los judíos no avivaron en la Iglesia la compasión que despertaron los insanos y los retardados. Respecto de los judíos, la Iglesia estuvo interesada más en salvar sus almas que sus cuerpos. Las cancillerías diocesanas incluso proveyeron al régimen nazi de los registros de las iglesias, con datos personales acerca del marco religioso del que provenían sus feligreses. Cuando las deportaciones de los judíos alemanes comenzaron en octubre de 1941, el episcopado limitó su intervención a suplicar por los que se habían convertido al cristianismo. Los obispos recibieron informes sobre la matanza de judíos en los campos de muerte, pero su reacción pública se limitó a vagos pronunciamientos vagos que eludían el mero término judíos. Hubo, claro, excepciones, tanto nacionales como individuales. Una de éstas fue el prelado berlinés Bernhard Lichtenberg, quien rezó públicamente por los judíos (y falleció en su camino a Dachau). Una nación excepcional fue Holanda, en donde ya en 1934 la Iglesia prohibió la participación de católicos en el movimiento nazi. Ocho anos después los obispos protestaron públicamente ante las primeras deportaciones de judíos holandeses, y en mayo de 1943 prohibieron la colaboración de policías católicos en las cazas de judíos, aun a costa de que así debieran perder sus puestos. Muchos judíos salvaron sus vidas gracias a las audaces acciones de rescate de clérigos menores, monjes, y laicos católicos. Ahora pasaremos a lo fundamental que quedó pendiente de nuestra última lección: los tres principales mitos cristianos inventados en la Edad Media, a través de los cuales la judeofobia fue transmitida desde el siglo XIV. Este es una de las expresiones máximas de histeria colectiva y crueldad humanas. Se trata de la acusación de que los judíos asesinan a no-judíos (especialmente cristianos) a los efectos de utilizar su sangre en la Pascua u otros rituales. Hubo cientos de libelos, que en general seguían el mismo esquema. Se hallaba un cadáver (usualmente el de un nino, y más frecuentemente cerca de la Pascua cristiana), los judíos eran acusados de haberlo asesinado para usar ritualmente su sangre. Los principales rabinos o líderes comunitarios eran detenidos y se los torturaba hasta que confesaban que en efecto eran culpables del crimen. El resultado era la expulsión de toda la comunidad de esa comarca, tormentos para una buena parte de sus miembros, o bien el exterminio expedito de todos ellos. Generación tras generación, judíos fueron torturados en Europa y comunidades enteras fueros masacradas o dispersadas debido a este mito. Algunos aspectos son indispensables para entender la enormidad del libelo, a saber: La ignorancia de los gentiles con respecto de la religión judía (por ejemplo en el judaísmo está totalmente prohibida la ingestión de sangre); En el medioevo, el pan de la comunión creaba una atmósfera emocional en la que se sentía que el nino divino se escondía misteriosamente en el pan compartido. El friar Bertoldo de Regensburg solía preguntar: “?quién quisiera morder la cabeza, la mano o el pie del bebé?” En este contexto, el libelo podría considerarse como una especie de proyección colectiva: si detestamos ingerir sangre humana, atribuyámoselo a otros. Según una superstición difundida en Alemania, la sangre, incluso la de cadáveres, podía curar. En ese país ocurrió el primer caso, en Wuerzburg 1147. Un nino cristiano fue supuestamente crucificado por judíos (el motivo de la cruz explica por qué los libelos ocurrían generalmente en la época de la Pascua). En Fulda (1235) se agregó otro motivo: los judíos beben sangre cristiana con motivos medicinales. En Munich (1286) se enfatiza que los judíos rechazan la pureza, odian la inocencia del nino cristiano. Así narró los hechos el monje Cesáreo de Heisterbach: “el niño cristiano cantaba ‘Salve regina’ y como los judíos no pudieron interrumpirlo, le cortaron la lengua y lo despedazaron a hachazos”. Así lo explican ciudadanos de Tyrnau (Trnava) en 1494: “los judíos necesitan sangre porque creen que la sangre del cristiano es un buen remedio para curar la herida de la circuncisión. Entre ellos tanto los hombres como las mujeres sufren de la menstruación… Además tienen un precepto antiguo y secreto, por el que están obligados a derramar sangre cristiana en honor de Dios, en sacrificios diarios, en algún lugar”.
Breves menciones de historia: La de los nacionalistas de antaño. Ocurrencia rara que tuve de animarme a realizar esta clase de post anti nacionalista y que voy a tratar de hacer y culminar de a poco. Y que los invito a conocer mediante breves menciones de historia que tratare de resumir y obvio como debe ser mucho las ire publicando por partes. Porque ya todos conocemos en la contemporaneidad el ser de esos fachos ,xenofobos ,fascistas ,nacionalistas ,neo nazis ,antisemitas , o los nazingas acá en Taringa ,esas personas que dicen no ser de derecha ni de izquierda o de nada en particular. ¿Serán de algo? A medida que uno vaya leyendo se podrá ir dando cuenta ¿Pero que hay de su pasado? ¿No estaría mal también tener conocimientos de eso? Pues este trabajo se centrara en hablar sobre la época de los años 60 y varias otras ,Tacuara ,curiosidades de militantes nacionalistas como Darwin Passaponti que se inyectaba malaria y fiebre amarilla. Bueno las irán descubriendo conmigo. Comencemos. *...La apropiación del "nacionalismo" por la derecha viene de larga data. La Liga Patriótica , conformada para reprimir las luchas obreras , se identificaba como "nacional" frente a los inmigrantes que integraban los núcleos laborales que se alzaban contra las injusticias : hay una larga bibliografía sobre esos episodios y no nos extenderemos sobre ellos más allá de destacar esa anomalía conceptual sobre el "nacionalismo". Digamos simplemente que durante la llamada Semana Trágica de enero de 1918 ,la Liga Patriótica contó con el apoyo de sectores de la UCR y que, más tarde, dentro del peronismo no faltarían afluentes conservadores ,sobre todo de la provincia de Buenos Aires, con tufillos antisemitas. El nacionalismo popular ,como el de la Forja de Arturo Jauretche ,no forma parte de los genes del Tacuarismo ; sí en cambio ,y a pesar de ellos ,el que expresaban los hermanos Rodolfo y Julio Irazusta y sus trabajos sobre el imperialismo británico. *La cuestión Rosas fue por mucho tiempo propiedad del nacionalismo ultramontano y talló en el discurso ,siempre genérico , de Tacuara , que en algún momento ,en una de sus derivaciones frecuentes ,hizo suyo el triptico "San Martín , Rosas ,Perón". *La Tacuara "original" ,esa que fundan un católico ultramontano como Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu y el extraño pendenciero Joe Baxter ,que pasa rápidamente del fascismo y el antisemitismo a combatiente del Ejercito Revolucionario del Pueblo ,previa participación en grupos entrenados en Cuba que debían sumarse al plan boliviano del Che Guevara, y por donde andaban entonces los católicos protomontoneros Fernando Abal Medina ,Emilio Mazza y Gustavo Ramus. *Sobre Tacuara influyó un largo rato el cura reaccionario Julio Meinvielle ,y semejante pensamiento no podía dar alas a una mirada de la sociedad muy diferente al predicamento del religioso. Los tacuaristas con algún liderazgo eran sujetos políticos ,pero poco informados fuera del mundo falangista ,fascista o nazi; menos aún eran ilustrados. En el mundo convulsionado de los 60 ,sobre todo después de la revolución en Cuba ,otras ideas,no sólo las católicas tradicionales y el rosismo oscurantista ,ingresaron a las inquietudes de estos jóvenes ,conformando una mezcolanza ideológica con secuelas conocidas. Del pensamiento cerrado y clerical a la época de las revoluciones ,incluida la científico-técnica e incluso la cultural y de la música. ¿Que podían asimilar esas cabezas educadas en el rechazo a la modernidad? *Darwin Passaponti murió a los 17 años ,en una jornada destinada a quedar en la historia de la Argentina. Sin embargo ,quien no consiguió quedar en la historia fue el. La enorme mayoría de los que vivieron los sucesos del 17 de octubre de 1945 ni siquiera escuchó hablar de aquel adolescente que terminó sus días con un balazo en la cabeza ,muy cerca de la Plaza de Mayo, un rato después de que Juan Domingo Peron hablara desde el balcón de la Casa Rosada. Los incidentes que acabaron a los tiros se produjeron cuando la gente ya se alejaba de la plaza, frente al edificio del diario Critica. Cuando Darwin Passaponti se dio cuenta de que la mano venía más pesada de lo que parecía e intentó cubrirse detrás de un auto, ya era tarde. Cayo al piso con un balazo en el cráneo y no se levantó más. Su padre había elegido el nombre Darwin porque admiraba al creador de la teoría de la evolución de las especies. Trento Passaponti ,farmacéutico de profesión , era un fanático del progreso, un modernista en una época en que el viento todavía soplaba para el lado de los conservadores... Había sido uno de los firmantes del manifiesto de la reforma universitaria ,en Córdoba. Este movimiento fue mirado con espanto por los sectores tradicionales ,porque puso a la Argentina a la vanguardia de América Latina, al darles participación a los estudiantes en los gobiernos de las facultades... El giro en la vida de los Passaponti llegó cuando Darwin.... ...En esa época ,Darwin estaba terminando el secundario en el Colegio Normal Mariano Acosta ,pasaba horas escribiendo poemas para su novia, Margarita ,y soñaba con ingresar a la Marina. Lo obsesionaba el temor a que lo rechazaran por su baja estatura y solía inyectarse malaria o fiebre amarilla ,con la esperanza de que la enfermedad lo hiciera crecer unos centímetros. *Los jóvenes nacionalistas supieron encontrarle rápidamente un sentido a la muerte de Darwin Passaponti. Les dio algo que no puede faltar en ningún movimiento militarista que exalte la valentía y la violencia como valores supremos: su primer mártir. Más de diez años después ,los jóvenes de Tacuara ,cuyo nacimiento estaría directamente relacionado con la UNES, convirtieron a Passaponti en un emblema de su movimiento. Hicieron misas en su memoria y organizaron juras de nuevos afiliados frente a su tumba. Hasta le escribieron poemas ,en los cuales depositaron en el las virtudes que, creían ,debía tener un joven militante de la causa nacionalista. Y responsabilizaron por su muerte a quienes eran las lacras de la humanidad de acuerdo a su visión del mundo: Quiero salvar tu nombre vibrante de argentino entre el hosco silencio de la prensa vendida... ¡Oh ,Darwin Passaponti! Que en un radiante día ,culpa de la canalla comunista y judía ,el pórtico escribiste de un libro extraordinario... Bueno sera este el fin de esta primer parte ,no quiero hacerla larga pero tampoco corta para que haya material de lectura.
El antijudaísmo como organización política tiene sus raíces en los últimos años del siglo XIX. Se nutre del medievalismo clerical e inquisitorial dirigido a exterminar la secta y del aluvión higienista postemancipatorio imbuido de racismo y eugenismo y refractario a la mezcla de sangres. Uno de los anuncios de la llegada del antijudaísmo político organizado son los cruentos pogroms de la Rusia zarista posteriores al asesinato de Alejandro II en 1881. La escalada violenta va a determinar una enorme migración de judíos del imperio de los Zares a Palestina, América del Norte y América del Sur, y su coronación va a ser “El caso Beilis” de 1911, retratado con maestría por John Frankenheimer en la película “El hombre de Kiev”, de 1968, basada en el libro de Bernard Malamud. Los líderes del antisemitismo político organizado se reúnen en Dresde en 1882, para celebrar el Primer Congreso Internacional Antijudío, en 1882, y para debatir la solución a la juden frage o cuestión judía planteada como problema. Son figuras como Drumont, de Francia, Géza von Onody de Hungría y Adolf Slöcker de Alemania. A partir del antijudaísmo organizado, cuya consecuencia más monstruosa fue la Shoá, que aportó la ciencia y la tecnología al exterminio organizado, la cuestión judía empieza a concitar la opinión de muchos intelectuales, que abrevan fundamentalmente en la lectura y revisión de los textos de Marx y Freud sobre el judaísmo, sobre todo después del fin de la Segunda Guerra Mundial y de la creación del Estado de Israel. Robert Mizrahi, en “La condición reflexiva del hombre judío” dice: “Si se quiere dudar, sin embargo, de que hay interés en hablar de los judíos, habría que contestar que en Francia, en todo caso, y a veces en América, la obra de Sartre (Reflexiones sobre la cuestión judía), la de Memmi (Retrato de un judío),la de Poliakov (Breviario del odio, Historia del antisemitismo),figuran entre los libros más vendidos o más importantes del pensamiento contemporáneo de lengua francesa. Pero la edición es solo un signo; manifiesta una realidad más profunda: la sociedad contemporánea en su totalidad se halla penetrada hasta lo más profundo por el fenómeno judío; no más, es verdad, pero no menos en realidad que por la descolonización o la lucha de clases: es que dentro de la descolonización y dentro de la lucha de clases se encuentra la presencia efectiva del fenómeno judío como fenómeno específico. Esto significa para el observador que el hecho judío se halla ligado substancialmente a todos los hechos políticos (y, recíprocamente, la descolonización se halla ligada a todos los hechos históricos, y, entre otros, al hecho judío), pero significa también, para el mismo judío, que su suerte no está nunca “en regla” y que su problema se encuentra siempre “en suspenso”, que la muerte, los viajes, el exilio o el enclaustramiento forman parte aún de su destino, y si esa dramaturgia es también el destino de todos los humanos,, no se ve por qué, precisamente, no se podría hablar del destino de los judíos”. Una línea de pensamiento semejante es la de Jean –Claude Milner, quien, en “Las inclinaciones criminales de la Europa Democrática”, sostiene que la Europa moderna es el lugar donde el nombre judío es pensado como un problema a resolver y donde una solución solo es válida cuando es definitiva. En “Acerca de la cuestión judía”, en cambio, el judaísmo no aparece para Marx como un cuerpo extraño en Occidente sino como su síntoma mismo, el ser de la burguesía. ¿Cómo pensar entonces en la necesidad de aniquilar un síntoma, que es lo más propio? Marx elige el recurso de la adjetivación: la sociedad es judía en tanto mercantil, y la emancipación social del judío equivaldría a la emancipación de lo judío que tiene la sociedad. Será Hanna Arendt quien responderá a este impasse de Marx, no ajeno a su propia condición de judío para la sociedad; en “Los orígenes del totalitarismo” subvierte esta adjetivación que se convierte en analogía (si de algo debe emanciparse un judío es de ser burgués, para el joven Marx) en una ecuación más compleja. Para Arendt, la diferencia no puede ser articulada en el estado-nación, porque su misma naturaleza hará que las diferencias no sustanciales se conviertan en identidades; la sutileza que Arendt señala es que es el estado burgués el que inventa al judío para velar las verdaderas contradicciones de clase, y lo inventa banquero para velar las propias contradicciones de clase dentro del judaísmo. Lo que la lectura de Marx sesga es que, precisamente cuanto más integrados y asimilados estuvieron los judíos en Occidente, es cuando más se los persiguió, y para ello siempre es necesaria una visión conspirativa que los agrupe e iguale, que borre las diferencias. Después de la Revolución de 1917, efectivamente, el judío internacional dejó de ser financista y usurero para volverse comunista y subversivo, y después de la creación del Estado de Israel, todo judío debió exculparse de las políticas equivocadas de cada administración israelí como si esto lo concerniera como judío, aunque nunca haya sido ciudadano de Israel. El pastiche capitalista-comunista-sionista supura delirio en pasquines como “Los Protocolos de las Sabios de Sion” y en abundante propaganda nazi. Ya en 1917 Lenin señalaba al antijudaísmo como el instrumento más poderoso de la reacción. Cuando el “socialismo científico” de Stalin pretende dar una solución de minoría nacional al judaísmo con la creación de la República de Biro Bidjan, y más tarde cuando se crea el Estado de Israel, en el imaginario colectivo la ecuación se resolvía así: Serás judío socialista, serás judío sionista o no serás nada. No hay lugar para la existencia del judío, los atributos son imperativos, en el juego taxonómico no entra un judío, no se admite su existencia sin atributo. Debe ser alguna clase de judío. El Psicoanálisis se preguntó desde su origen por el judaísmo. Freud escribió sus ensayos sobre la cuestión judía en pleno estallido del más feroz antijudaísmo en Europa. Sobre el final de “Moisés y la religión monoteísta”, en 1937, se lee acerca de “la culpa trágica que se les ha hecho expiar (a los judíos) con la mayor severidad”. “Antisemitismo en Inglaterra” es una carta dirigida al editor de Time and Tide, como colaboración para un número de la revista dedicado al antisemitismo: “16-11-1938. Al editor de Time and Tide. Llegué a Viena cuando tenía cuatro años, procedente de una pequeña ciudad de Moravia. Después de setenta y ocho años de asiduo trabajo hube de dejar mi hogar, ví disuelta la sociedad científica que había fundado, nuestras instituciones destruidas, nuestra editora ocupada por los invasores, los libros que había publicado confiscados o reducidos a pulpa, mis hijos expulsados de sus ocupaciones ¿No piensa usted que debería reservar las columnas de su número especial para las manifestaciones de los no-judíos, menos afectados personalmente que yo?(…) Me siento profundamente conmovido por el pasaje de su carta reconociendo un cierto crecimiento del antisemitismo también en este país. La actual persecución, ¿no debería mas bien dar lugar a una oleada de simpatía hacia los judíos en esta nación?”. Poco antes de su muerte, en un texto singular (“Un comentario sobre el antisemitismo”) de 1938, Freud relata un olvido: el del nombre de un autor a quien cita casi literalmente, confesando su sorpresa ante las coincidencias de opiniones entre éste, no judío, y él. Evoca un fragmente del texto anónimo en el que el autor convoca a cesar de dispensar favores a los judíos, cuando sólo corresponde hacerles justicia. En el número 45 de la revista Conjetural, Jorge Jinkis afirma: “Freud, que no era adepto a una *psicología de los pueblos* habló en varia oportunidades del *carácter del pueblo judío*. Para algunos autores *El hombre Moisés y la religión monoteísta* es el modo freudiano de encarar la cuestión judía, pero también allí, donde es evidente que busca en la historia capturar el rasgo esencial que define al judío, también allí la cosa judía se le escapa. A raíz de la muerte de David Eder, le escribe en 1936 a su cuñada, Bárbara Low: *Ambos éramos judíos y sabíamos que llevábamos en nuestros ser en común esa cosa milagrosa que-inaccesible hasta ahora a cualquier análisis- hace al judío*. Este fracaso de Freud es también del psicoanálisis”. Germán García y Aurora Venturini hicieron una semblanza literaria de Béla Szekely; nacido en Transilvania en 1892 y muerto en Argentina, más precisamente en Chascomús, en 1955, fue el analista de lenguas eslavas que se interesó por las raíces inconscientes del racismo. Llegó a Buenos Aires huyendo de Awschuitz, con pasaporte de “judío”; traía una maleta con tests proyectivos, y su mujer acunaba un bebe imaginario, fantasma del hijo asesinado en el campo de concentración. Fueron alojados en el Hotel de los Inmigrantes. En 1940, poco tiempo después, la editorial Claridad le publica “El antisemitismo”, fruto de varios años de trabajo en Hungría. Szekely es recordado por su eclecticismo, por su oposición a la recién nacida APA, por su intento de ligar el marxismo y el psicoanálisis que lo desvió hacia una suerte de higienismo psicológico; fue maestro de Jaime Bernstein y Marie Langer y fundador de la Facultad de Psicología de Rosario y de la Editorial Paidós. En “El antisemitismo”, cita al escritor Melamed, autor de “Psicología del espíritu judío”: “Kant acusa al espíritu judío de amoralidad, Shopenhauer de realismo y optimismo, Renan de simplicidad, Hartman de realismo, Chamberlain de formalismo, Marx de capitalismo, Hegel de revolucionarismo, Voltaire de superstición y primitivismo, Wagner de poco dotado para lo musical, Barthel de nulo para lo artístico…”, y se responde que lo que estas adjudicaciones contradictorias delatan es el lugar misterioso de los judíos, que provoca en Occidente una gama apasionada de reacciones que van del odio a la mitificación. El ser definido por lo que no se es como esencia del ser judío y como lugar de excepción y misterio, fue nombrado por el Existencialismo: la “otridad” del judío en un Occidente cristiano se emparenta con el lugar “segundo” de la mujer en el universo masculino. Szekerly da un paso más en su intento de superar el “fracaso” freudiano para pensar las razones del odio al judío: “Jamás se le ha podido perdonar que viniera a sustituir las religiones de los mitos con la religión de la Ley, la Biblia, que obligaba a renunciar a tantos placeres ligando los instintos destructores con la cuerda de los Diez Mandamientos, ni que, en fin, fuera el pueblo que aportara a la Humanidad a Jesucristo, que no vino para negar sino para cumplir”. Curiosa transformación en lo contrario: no sería la culpa de haber matado a Cristo la creencia que originaría el odio al judío, sino por el contrario el haber dado nombre y palabra a quien instala la posibilidad de perder la vida por un ideal. Como retorno de lo reprimido por la vía del odio, el antijudaísmo sería un síntoma, incurable como tal, de Occidente. A este saber no sabido sobre el odio, Szekely suma al fenómeno antijudío el ser dirigido hacia una minoría, y por lo tanto hacia la debilidad del otro. El ataque a la debilidad del otro como uno de los nombres de Occidente está en la raíz del antijudaísmo. Szekely toma aún otra vía freudiana: relaciona el rechazo a lo judío con el rechazo a la sexualidad. La circuncisión, costumbre común a los judíos, los primeros cristianos y los musulmanes, alimentaba en el Medioevo los oscuros mitos por los que el judío era un ser insaciable y lúbrico. En el imaginario popular, un pecador que ya habría sido castigado con esta mutilación simbólica podía dedicarse a todo tipo de exceso sexual sin temer al castigo tan caro a la idea cristiana de pecado. También Wilhelm Reich analizó esta relación entre el antijudaísmo y el temor al castigo por el goce sexual: la svástica o cruz gamada del nacionalsocialismo alemán representaría una pareja unida eróticamente; en hindú antiguo, svástica es también gallo y libertino. Reich sostenía que el símbolo del nacionalsocialismo, la cruz svástica, influía a nivel inconsciente sobre las masas insatisfechas sexualmente y las estimulaba a dirigir su envidia y odio hacia quienes suponía lúbricos y sensuales, los judíos. El “judío misterioso” sería entonces uno de los dialectos de lo misterioso ligado a la sexualidad, como el “eterno misterio de la femineidad”, promotor también de no pocos holocaustos. Parafraseando al escritor húngaro Mikszath, Szekely ironiza: “Ser antisemita significa odiar al judío más de la cuenta”; su lectura psicoanalítica continúa por la vía de la paternidad: “La actitud anímica ambivalente de los arios frente a la civilización, y por consiguiente, frente al judaísmo, está influenciada sobremanera por la relación con el padre. (…) La relación entre padre e hijo significa el comienzo de la civilización. Es en su infantilismo anímico que los arios creen que los judíos arremeten contra ellos. (…) El padre influye en su hijo como el judío en el ario”. Szekely concluye afirmando que la influencia temida por la paranoia nazi es la de algo misterioso y temible (unheimlich), siniestro, y que la mujer judía no es temida tanto como el hombre judío, que influiría sobre la mujer aria como un padre. El antijudaísmo ataca el corazón mismo del portador del nombre, el padre judío, vil y repulsivo antes y después de Shylock. Una de las disposiciones menos conocidas del antisemitismo alemán fue precisamente la prohibición que recaía sobre los padres judíos de elegir libremente nombre para sus hijos: todo varón judío debía ser anotado como Abraham o Jacob y toda mujer como Sara o Rebeca. Julio Streicher, uno de los padres de las teorías nazis de limpieza de sangre prevenía higienistamente: “Albúmina racialmente extranjera quiere decir el semen perteneciente e una raza distinta. Si un varón judío cohabita una sola y única vez con una mujer aria, ello es suficiente para infectar la sangre de la misma por siempre jamás”. Se lee en Mein kampf: “El judío de pelo moreno acecha durante horas y horas, con la expresión de diabólica alegría en la cara, a la muchacha aria demasiado cándida que no sospecha nada, para infectarla con su sangre, enajenándola de su pueblo alemán”. La conclusión de Szekely es una conclusión trágica, es decir del orden de lo irresoluble: “Lo esencial es siempre, sin embargo, que para el antisemitismo el judaísmo constituye una unidad orgánica. Esta situación solo cambió cuando el régimen capitalista se hubo impuesto, puesto que entonces la unidad de casta del judaísmo fue descomponiéndose, la separación de clases llegó a ser manifiesta dentro del judaísmo también, y el antisemitismo volvió a encontrarse con los objetos de su saña en dos frentes a la vez: en el del capital, donde se acusaba a los judíos de explotadores, y en el del trabajo, en el que se los denunciaba como enemigos del orden social existente y como elementos perturbadores y peligrosos”. El tema de la debilidad como motor de la crueldad tiene piezas memorables en la historia del antijudaísmo. En 1933 aparece un curioso aviso en el diario alemán Frankfurter Zeitung: “La Federación de los Ciegos de Alemania tomó la decisión de excluir a los ciegos judíos”. Esto ocurría en Alemania cuando la cantidad de judíos en su territorio era del 0.76% de la población total. Minoría- minusvalía. Ecuación occidental por excelencia por la que los judíos se convirtieron en desecho para que otros débiles descargaran su ira: la clase explotada, los resentidos sociales, los envidiosos. El antijudaísmo como religión de Occidente es esencial para abordar la cultura que nos concierne. Si lo llamáramos problema, pediríamos una solución. Preferimos intentar abordarlo por el lado del síntoma: de lo que se da a ver y es la única fuente de sentido posible.