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Usuario (Argentina)

El genio de 16 años que no fue Varios habrán leído por acá el caso de Shouryya Ray, el adolescente nacido en la India que supuestamente habría resuelto un problema de 350 años planteado por Newton. Este tipo de noticias sobre la historia fantástica del niño prodigio que logra algo revolucionario superando a estudiosos y renombrados científicos son muy atractivas para los medios. Pero generalmente terminan siendo falsas. Y esta no es la excepción. Lo primero que resulta sospechoso del caso es que en la competencia nacional de jóvenes investigadores de Alemania que participó ganó el segundo puesto. ¿Cómo es que resolver un problema de 350 años sólo amerita el segundo lugar? ¿El primero habrá encontrado la cura para el cáncer? En una imagen de alta resolución de su poster se puede ver a la solución que llega Abajo de Lösung (solución), las dos soluciones tienen al final un "+ ...". Eso significa que son términos de una suma infinita y no una forma cerrada. Las series infinitas como soluciones a estos problemas se conocen hace siglos. Pero la suma de infinitos términos no es computable y sólo se puede llegar a una solución aproximada, cortando la suma en algún momento. Lo que se busca para estos problemas es una expresión finita. Entonces los problemas siguen sin estar resueltos. Por supuesto, el adolescente no tiene la culpa y no tenía por qué saberlo. Conclusión: Bolazo de los medios
A menudo los apologistas de la dictadura genocida que sufrió la Argentina entre 1976 y 1983 intentan justificar los asesinatos masivos aduciendo que los desaparecidos fueron todos combatientes armados de una guerrilla muy poderosa (como si eso fuera justificación para el asesinato a sangre fría, además). La estratagema exculpatoria consta de 2 falacias.1) La disminución del número de desaparecidosEl primer paso es negar la cifra comunmente aceptada de 30.000 desaparecidos. Para eso recurren generalmente a las estimaciones que hicieron la CONADEP y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA que no contabilizan más de 9.000 casos.Pero dar como certeras las estimaciones de los informes de la Conadep o la OEA es un método inválido porque esos informes aclaran expresamente en sus líneas que no son exhaustivos y no pretenden dar el número total de desaparecidos.La advertencia que sigue al prólogo del informe de la CONADEP dice: "Los casos que se mencionan en el presente Informe surgen del aporte testimonial y documental recibido, habiendo sido seleccionados con la sola intención de fundamentar y ejemplificar la exposición, la que a su vez resulta de la totalidad del material reunido, es decir, de la palabra de testigos directos de esos hechos. No se excluye la posibilidad de algún error, ni se descarta la existencia de muchos otros casos que pudieran ser mas ilustrativos para cumplir esa finalidad."Mientras que el informe de la CIDH de la OEA aclara: "3. La Comisión no está en condiciones de dar una cifra exacta del número de desaparecidos en Argentina. (...) En la referida lista no se incluye a las personas cuyas familias no han presentado un testimonio ante las entidades que la confeccionaron, por lo que, en concepto de éstas y de la Comisión no abarca a la totalidad de los desaparecidos."También afirman que la cifra de 30.000 desaparecidos es un invento de organizaciones de Derechos Humanos y que no tienen ninguna evidencia que la corrobore.Sin embargo, existen documentos desclasificados que demuestran otra cosa.El CELS, conducido entonces por Emilio Fermín Mignone que tenía lazos fluídos con la iglesia, en 1982 informó al Departamento de Estado norteamericano que "fuentes eclesíasticas estiman que el número de personas desaparecidas es más cercano a 30.000".Siguiendo con fuentes eclesiásticas, ya en 1978 el primer secretario de la nunciatura, Kevin Mullen, le había dicho la embajada de EEUU que "un alto oficial del ejército informó al Nuncio que las fuerzas armadas habían sido forzadas a 'encargarse' de 15.000 personas en su campaña antisubversiva"Pero quizás la evidencia más firme es la la documentación que un espía chileno, Arancibia Clavel, logró obtener en el Batallón de Inteligencia 601 del Ejército. Bajo un seudónimo transmitía a sus superiores las cifras que manejaba la inteligencia de la dictadura en 1978 , cuando fue arrestado por espionaje :"Adjunto la lista de todos los muertos durante el año 1975. La lista va clasificada solamente por mes. Es decir, en estas listas van tanto los muertos "oficialistas" como los "no oficialistas". Este trabajo se logró conseguir en el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército, sito en Callao y Viamonte de esta capital, que depende de la Jefatura II Intelitgencia Ejército del Comando General del Ejército y del Estado Mayor General del Ejército.Estas listas corresponden al anexo 74888.75/ A.1.E.A y el anexo 74.889.75/1d. Los que aparecen NN son aquellos cuerpos imposibles de identificar, casi en 100% corresponden a elementos extremistas eliminados "por izquierda", por las fuerzas de seguridad.Se tienen computados 22.000 entre muertos y desaparecidos, desde 1975 a la fecha.En próximos envíos seguiré ampliando las listas."2) La exageración del número de guerrilleros armadosEn el llamado "Documento Final sobre la Lucha contra la Subversión y el Terrorismo" la dictadura afirmaba que la cifra total de militantes de Montoneros y ERP alcanzaba a 25 000, de los cuales 15 000 serían combatientes armados. Pero este número contradice lo que sus propios servicios de inteligencia informaban al Regional Security Officer de la embajada de EEUU. Sobre Montoneros informaban en 1977 :"3. RSO se reunió con miembros del Servicio de Inteligencia Argentino quienes manifestaron que operaciones recientes contra el ERP fueron altamente exitosas y que creían que las publicaciones y la propaganda del ERP había sido severamente dañada como resultado de estas operaciones.4. Las fuentes manifestaron que Montoneros también había sufrido graves bajas de personal a lo largo del último año y que su número de miembros de hace un año, que era aproximadamente de 5.000, había sido reducido a entre 1.000-1.200 de los cuales sólo 300-400 pueden considerarse verdaderos combatientes" Y sobre el ERP en 1978: "RSO recientemente se reunió con miembros del servicio de seguridad argentino para revisar informes sobre PRT/ERP. (...)Las fuentes manifestaron que el número de miembros de ERP en Argentina es aproximadamente 150, con un pequeño soporte adicional. Esto es una reducción de su pico de 3500 miembros a mediados de los 70. De estos 3500, aproximadamente 1300 fueron combatiantes de ERP..."Las cuentas no dan ni cerca de 15.000 o 25.000 ni en su pico máximo. Y esto es porque el "Documento Final" no es más que una mentira tendiente a justificar las desapariciones.Uno de los estudios más serios sobre la fuerza de combate de la guerrilla es la de Prudencio García, quien en base a documentación interna de la guerrilla calcula que en total poseían no más de 1.300 combatientes armados permanentes en su pico de 1975. En "El Drama de la Autonomía Militar escribe ":"Las discrepancias -absolutamente abismales- en las cifras que se manejan a la hora de evaluar el número de miembros de las organizaciones armadas clandestinas - con independencia de su denominación como «terroristas», «subversivas», «revolucionarias» o «guerrilleras» - son demostrativas de lo difícil que resulta establecer dicho número con un mínimo grado de precisión. Tales diferencias se derivan, inevitablemente, de los factores siguientes, que hacen sumamente difícil tal cuantificación.a) El hecho de que cada una de las partes implicadas modifica las cifras según su interés particular. Este tipo de organizaciones, de cara al exterior, siempre tienden a «inflar» su volumen y su potencia operativa real, por razones de prestigio y autoafirmación ante la sociedad.b) Igualmente, las dictaduras que combaten a tales grupos por métodos totalitarios y al margen de toda moral, necesitan exagerar, mucho más aún que los propios grupos citados, el volumen de éstos, con objeto de justificar la práctica del terrorismo de Estado como método de represiónc) La dificultad de distinguir, numéricamente, entre la masa de simpatizantes y militantes políticamente próximos a tales grupos, por una parte, y los miembros de una organización que se nutre de aquéllos, por otra.d) Igualmente, desde fuera de cualquier organización clandestina, resulta extremadamente difícil evaluar el número de sus miembros armados y el de aquellos que ejercen en ella algún tipo de colaboración.e) El hecho de que casi nadie establece una distinción -difícil pero muy necesaria para una correcta evaluación- entre dos cifras muy diferentes: el número total de hombres y mujeres que llegan a empuñar las armas en una organización a lo largo de una serie de años (en este caso una década entera, 1970-1980) y el número máximo de tales elementos armados existentes en un momento dado, incluso en su momento de máxima potencia, cifra, esta última considerablemente inferior, tal vez la mitad o incluso menos, respecto a la anterior.En efecto, el contingente armado va cambiando inevitablemente su composición. Cierto número de sus miembros son capturados; otros resultan muertos; otros son relevados de la lucha armada y asignados a otras misiones; otros incluso abandonan la militancia y desertan de la organización. Otros son enviados al extranjero para desempeñar otras funciones -relaciones internacionales, propaganda, receudación de fondos, etc- en diferentes países. Al mismo tiempo, otros militantes van siendo incorporados a la lucha armada, cubriendo los huecos anteriores. De esta forma, una organización que llegó a contar en su mejor momento -por ejemplo con 500 miembros armados, a través de los años puede ir acumulando, mediante sucesivas bajas e incorporaciones, 600, 700, 800 y, tal vez incluso 1.000 o 1.200 miembros que, en uno u otro momento, llegaron a empuñar las armas. Y ello sin haber superado nunca esos 500 combatientes como cifra máxima en su momento de mayor capacidad.(...)Ahí están, por ejemplo, los documentos titulados «Criterios generales sobre compra, alquiler, montaje y reposición de viviendas», remitido por la «Conducción Nacional» de la organización Montoneros a sus «Conducciones Regionales», de fecha 1 de junio de 1976, y la Nota de la «Secretaría Militar Nacional» a la «Secretaría de la Organización», solicitando a ésta aportaciones económicas para adquisición de viviendas necesarias para uso de la organización. de fecha 27 de agosto de 1976Estos documentos, hechos públicos en conferencia de prensa el 19-4-77 por el entonces Comandante en Jefe del Ejército, general Roberto Viola, nos proporcionan, entre otras cosas, el número de células de que disponía la organización a primeros de junio de 1976, divididas en «células de combate» (en número de 18), de logística (11), de organización (10), de información (6) y de otros tipos, junto con la indicación del número de viviendas asignadas a cada una de tales categorías dentro del aparato logístico de la organización. Vemos que a diferencia del ERP, cuya unidad básica era la «compañía» (nombre específicamente militar, no en vano el nombre de la organización era «Ejército Revolucionario del Pueblo»), los Montoneros, en cambio, adoptaron otra unidad de tamaño menor: la «célula», denominación más tradicional en las organizaciones de tipo revolucionario y clandestino. Los dos documentos citados nada nos dicen sobre la composición numérica de una de tales células, por lo que resulta necesario recurrir a la razonada interpretación. Recordemos, como primera referencia, que el FLN argelino, en su lucha contra el poder colonial francés, utilizó células de tres hombres, uno de los tamaños más clásicos al respecto, pues permite funcionar orgánicamente de forma que cada hombre - en previsión de que sea capturado y torturado - sólo conoce a otros dos miembros de la organización: su compañero y su inmediato superior. Está claro, por los datos disponibles, que no fue ése el tipo de célula que los Montoneros establecieron, sino otra de tamaño bastante mayor, como veremos a continuación. Frontalini y Caiati efectúan sus cálculos sobre la base de 10 miembros por célula. Nuestra hipótesis, en cambio, será aún más alta, basándonos para ello en otro dato del mismo documento: el número de viviendas asignadas a esas 18 células combatientes en su conjunto: 162 pisos.Ello nos obliga a admitir que los Montoneros llamaban «célula» a una unidad operativa de cierta entidad y autonomía, con una composición situada entre 20 y 25 miembros.(...)Por otra parte, disponiendo entonces los Montoneros -según se comprueba en el mismo documento- de un total de 18 células de combate en todo el territorio argentino, y atribuyendo a cada una de ellas la composición antes dicha - de 20 a 25 miembros -, ello nos proporciona un total situado entre 360 y 450 miembros armados, magnitud plenamente concordante con esos 400 que acabamos de estimar sobre la base del número de viviendas asignadas y su coeficiente de ocupación.A ello añadiremos otro factor, no considerado para Caiati y Frontalini, pero que, desde nuestro personal punto de vista, nos resulta obligatorio introducir. Si a primeros de junio de 1976 (fecha del documento) los Montoneros conservaban todavía ese contingente de aproximadamente 400 elementos armados que acabamos de estimar, en tal caso, resulta razonable suponer que un año antes (mediados de 1975), es decir, antes de las pérdidas sufridas en el citado ataque al Regimiento de Formosa (5-10-75), y antes también del segundo «decreto de aniquilamiento» (6-10-75), que extendió la represión militar a todo el territorio argentino, y mucho antes todavía de haber recibido el tremendo impacto de la represión masiva ejercida ya en los meses de abril y mayo de 1976 (primeros dos meses tras el golpe del 24 de marzo), resulta razonable admitir, decimos, que antes de sufrir en sus filas dichos factores de desgaste, el aparato armado de los Montoneros podía estimarse entre una vez y media y el doble de ese número de 400 antes calculado, todavía restante a la altura de junio de 1976. Ello nos daría como contingente armado de los Montoneros, en su momento de mayor fuerza (entre julio y septiembre de 1975) una cantidad situada entre 600 y 800 miembros armados permanentes. Con independencia, como siempre, de todos los colaboradores que, al margen de las armas, pudieran desempeñar otro tipo de función.ESTIMACIÓN TOTAL DE LOS ELEMENTOS ARMADOS EN AMBAS ORGANIZACIONESDe los datos, cifras y consideraciones anteriores, a partir de los documentos ya citados, se desprende que el contingente armado específicamente militar, de las organizaciones guerrilleras de los años 70 en Argentina, en sus momentos de mayor intensidad pudo estimarse como hemos visto entre 400 y 500 hombres para el ERP, y entre 600 y 800 para los Montoneros, totalizando en su conjunto, por tanto, una cifra máxima situada entre 1.000 y 1.300 miembros armados permanentes en su época de máxima fuerza militar (segunda mitad de 1975). Nos damos cuenta de que esta estimación nuestra triplica la formulada y razonada por los reiteradamente citados Caiati y Frontalini (que la sitúan, como ya vimos, en unos 400 efectivos armados como cifra total), pero nosotros, según nuestro propio criterio consideramos nuestrashipótesis y nuestro análisis más ajustados a la realidad. Todo ello sin perjuicio de reconocer los valiosos datos y respetables argumentos formulados por ambos investigadores, a los que debemos, que nosotros sepamos, el primer intento razonado de cuantificación con apoyo documental, frente a la arbitraria atribución de cifras caprichosas que nadie es capaz de contabilizar. Ante los resultados obtenidos en estos intentos de cuantificación apoyados en documentos fidedignos, y ante las cifras -bastante exiguas bajo cualquier hipótesis razonable- que tales datos nos proporcionan, cabe legítimamente preguntarse: ¿Por qué los militares argentinos difundieron, en publicaciones editadas por el propio Ejército, documentos interiores de los propios guerrilleros, demostrativos del muy escaso volumen de los efectivos con que contaban tales grupos? ¿Por qué incluyeron en su libro El terrorismo en la Argentina el ya citado documento interno del ERP, demostrativo de que en su momento de máxima acumulación de efectivos en Tucumán dicha organización a duras penas logró concentrar en aquel escenario 120 militantes armados? ¿Por qué difundieron los mismos militares, en conferencias de prensa, documentos de la dirección de Montoneros en los que se demostraba que, sólo dos meses después del golpe de 1976, esta organización sólo contaba con 18 células de combate en todo el territorio nacional? ¿Por qué el propio comandante General del Ejército reconoció, en su informe de finales de enero de 1976, publicado en la prensa civil, la «impotencia absoluta» de tales grupos en cuanto a su poder militar, así como su «incapacidad paratrascender al plano militar», junto con la «obvia evidencia de su debilidad»? ¿Por qué todos estos reconocimientos de la debilidad del aparato armado de los grupos insurgentes, que luego, desde 1980, se convertirían en reiteradas proclamaciones, por parte de los mismos militares, de su enorme fuerza y peligrosidad? La clave de la respuesta a estas preguntas está, una vez más, en la fecha. Si el Comandante General del Ejército reconoció la insignificancia militar de las organizaciones subversivas en enero de 1976 (dos meses antes del golpe militar), y si en 1977 difundió los documentos antes comentados sobre el verdadero volumen de los Montoneros en junio de 1976, y si en 1979 fue capaz de editar la publicación tan citada, incluyendo en ella datos tan concluyentes sobre la escasa fuerza del ERP en Tucumán en 1975, fue porque en aquellos años (hasta 1979 inclusive) las autoridades militares argentinas se sentían absolutamente seguras de sí mismas y no experimentaban la meñor necesidad de justificarse mediante ningún tipo de demostración sobre el volumen grande o pequeño de sus enemigos.Ni en 1977, ni en 1979, podían imaginar que pocos años después se verían obligados a buscar toda clase de argumentos, incluso los más inverosímiles para justificar el terrible y desproporcionado volumen de su represión. Pero por aquellas fechas, cuando hacían públicos tales datos y documentos, no podían adivinar que muy pronto se verían obligados a contradecir tales datos, multiplicando astronómicamente las cifras de los subversivos e inventando las más inauditas explicaciones para justificar el drama de tantos miles de desaparecidos, fruto de una errónea y desmesurada técnica de represión. No debemos dar fin a este apartado sin salir al paso de un argumento muy utilizado por quienes hablan del gran tamaño y potencia de las organizaciones subversivas argentinas. Tal argumento consiste en afirmar que, a diferencia de las organizaciones terroristas europeas, que nunca tuvieron fuerza suficiente para chocar con los Ejércitos de sus respectivos países atacando a instalaciones militares y llegando a ocuparlas, Montoneros y ERP sí disponían de tal capacidad. Pues bien; en realidad no fue así, salvo en un plano momentáneo y puramente propagandístico. Si nos hemos referido con cierto detalle a las «acciones militares» de ambas organizaciones, y usando datos de procedencia guerrillera y militar, ha sido precisamente para dejar claros tres puntos:a) Que tales ataques y ocupaciones fueron siempre fugaces, muy breves y dirigidos más bien al efecto psicológico y al robo de armamento y equipo (lo que, dicho sea de paso, también fue efectuado en su día por organizaciones armadas europeas, como ETA e IRA, que en ciertos casos también atacaron instalaciones militares con ese fin).b) Que tales acciones, incluidas las más importantes -incluso la única en el caso de los Montoneros- fueron llevadas a cabo mediante momentáneas concentraciones de fuerzas de varias docenas de miembros, muy rara vez superando el centenar al incluir el apoyo logístico; concentraciones muy trabajosamente logradas, y conducentes siempre al rápido fracaso final, siempre que se atacó a una verdadera unidad militar de cierta entidad.c) Que el pretendido propósito de lograr una «zona liberada» en cierta área poco accesible de Tucumán fue, igual que las acciones anteriores, meramente psicológica y propagandística, basada en la ocupación de mínimas poblaciones dotadas de un insignificante contingente militar o policial que, casi siempre, «se entregaba sin combatir», según vimos en la propia documentación del ERP, cuyas posibilidades de una ocupación estable de cualquier territorio nunca existieron en la realidad."30.000 desaparecidos y sólo 1.300 combatientes armados permanentes en la guerrilla. La conclusión posible es una sola: exterminio deliberado de no-combatientes.Nunca más.