FunesHikikomori
Usuario (Argentina)
4. Pila pila, pila pila En Gualeguaychú sí viven del turismo -todavía, pero amenaza la amenaza: las dos papeleras, una española, la otra finlandesa, que se están instalando justo enfrente, en la ciudad uruguaya de Fray Bentos, y podrían acabar con todo eso. En Brasil nos llovió mucho, parecía que el cielo no sabía hacer otra cosa. Murieron más de 600 personas por tormentas y aludes solo durante nuestros 20 días de estadía. Cuando llegamos a Fortaleza nos llovió 7 días seguidos. Todavía me acuerdo de la cara de espanto que puso Lole cuando vimos el pronóstico extendido en el cyber que estaba al lado del hostel: siete nubes de las más oscuritas, todas con su respectivo rayito de tormenta eléctrica. Hubiéramos preferido que nos robaran todo, que nos dejaran sin plata ni documentos ni ropa, sólo con una zunga y un cielo bien despejado. Un grupito de militantes ambientalistas llevaba años agitando sobre el tema: los escuchaban poco. A principios de 2005 decidieron echar el resto: las obras empezaban y la situación se estaba volviendo irreversible. En los corsos populares -muy distintos del carnaval carioca del corsódromo- unos cuantos repartieron barbijos para mostrar cómo serían sus vidas cuando las plantas de celulosa contaminaran la región. Al final Lole no la pasó tan mal, hizo muy buenas migas con una brasilera del hostel, Iolanda, 30 añitos y gomas notables, a la que se terminó moviendo dos noches seguidas mientras nosotros smalltalkeábamos con irlandeses y suecos varios. Digamos que el encierro al que nos condenaba el clima, a él le terminó jugando a favor. Y empezaron a recorrer las escuelas para contarles a los chicos lo que podría pasar si no lo detenían: ríos muertos, dioxinas, lluvia ácida. Al fin propusieron una marcha al puente internacional que los comunica con el Uruguay para el 30 de abril de 2005. Los más optimistas esperaba cuatro, cinco mil vecinos; dicen que fueron más de cuarenta mil -en una ciudad de ochenta mil personas. Como Gerdo y yo no tuvimos esa suerte, nos la pasábamos encerrados en el cuarto-jaula que teníamos, leyendo al gran Caparrós y escuchando música. Mucha música, horas y horas. Aprendí mucho de reggae, escuché varios temas de Las Pelotas que no conocía, renové mi amor por Los Beatles y me volé la cabeza con Dire Straits, banda cuya existencia ignoraba. Así fue que el séptimo día, cuando hicimos el check out del hostel encontramos un tendal de 24 pilas muertas abajo de las camas. - Queremos que en Gualeguaychú se genere otro tipo de conciencia, que se restablezcan lazos solidarios, que la gente se organice, que apunte a vivir de otra forma. Nosotros sabemos que esto no es lo natural, que estamos insertados en una realidad que juega en contra. Pero apostamos a armar un modelo distinto. Aunque sabemos que esto vos lo soltás y se desmorona, porque la sociedad camina para otro lado, porque vamos contra la historia, porque en el momento que dejás de apuntalarlo ya la televisión te gana con su mensaje totalmente distinto, el que más recibe: el individualismo, que te salvás solo, que tenés que hacer plata rápido y fácil, todo eso... Gerdo se dispuso a hacer con las pilas lo que hacíamos con toda la basura que generábamos: abandonarla decorosamente adentro de una bolsita, para que los hosteleros se encargaran del resto. Terminamos de empacar y salimos del cuarto, y fue entonces que entendí lo que el destino me pedía que hiciera cuando me arrancaba un bolso, cuando me enojaba con un Caparrós tristemente cursi en su paso por Gualeguaychú, cuando me proveía de un racimo de 24 uvas de mercurio y otros metales pesados en Fortaleza. Les dije a mis amigos que "vayan saliendo ustedes, yo los alcanzo en el cyber que me olvidé algo en el cuarto". Entré, agarré la bolsita con las dos docenas de pilas y me la metí en la mochila, bien adentro. Sonreí al sentir que todo por fin encajaba. Así era. Pero de pronto una ciudad se puso de acuerdo en pelear contra una amenaza que, a primera vista, preocupaba a todos. Estos ataques al medio ambiente unen a la mayoría frente al enemigo externo y crean, ya que no efecto patria, efecto patria chica. Gualeguaychú es una ciudad que revivió gracias al turismo en general y al carnaval en particular. Esas pilas tenían que terminar, por supuesto, en el fondo del río Gualeguaychú junto con muchas otras, junto con todas las que logre juntar hasta el momento del viaje de la venganza, cuando se cumpla un año exacto de la desaparición de mi bolso. A día de hoy, tres meses después del check out en Fortaleza, mi racimo cuenta con unas 250 uvas acomodadas prolijamente en un bolso idéntico al que me sustrajo la forra gualeguaycheña aquel fatídico 22 de Noviembre. Acepto que me da un poco de culpa, por el resto de los gualeguaychinos que pagan el pato, y por mis amigos y conocidos que me donan pilas a granel creyendo que cooperan con una causa noble. Pero es un costo que estoy dispuesto a pagar por llevar a cabo esta idea. Una idea que, repito, sintetiza perfectamente la condición humana. Si el río se contamina esa industria se volvería inviable, pero también se complicaría la explotación ganadera, la agricultura, la apicultura, e incluso las grandes propiedades perderían valor. Y no solo la economía sufriría; también peligra una forma de vida -hecha de mucho río, aire fresco, pasto verde. La amenaza ambiental es amplia y casi igualitaria -aunque cada cual la sufra, por supuesto, a su manera. link: http://www.youtube.com/watch?v=cNAzPloUu1k FH.