FrodoBardok
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Aerobicos: 6 razones para correr 5Km Las carreras de 5K son de las más populares, y aquí hay seis razones de porqué deberías correrlas: 1. Facilidad. La mayoría de vosotros estáis ocupados, y el tiempo de entreno es precioso. Por lo tanto, es realmente difícil encontrar tiempo para entrenar para una media maratón o una maratón. No ocurre así con los 5 km. Puedes empezar a desde cero y entrenar adecuadamente en sólo tres días a la semana. 2. Conveniencia. Llegas a la carrera, calentamiento de 10 a 20 minutos, la carrera de 40 minutos como máximo, enfriar, nutrirse con alimentos y bebidas, y volver a casa en su nueva camiseta de la carrera antes de que tu familia haya terminado de desayunar. 3. Euforia. En una carrera de 5 km, te sientes como si estuvieras realmente en las carreras. Y esa es una buena sensación. Muchos corredores no pueden mantener un ritmo de carrera de 10 km, que es mucho más rápido que su ritmo de entrenamiento diario. Con una de 5 km, sin embargo, puedes correr un minuto más rápido por kilometro que tu ritmo de entrenamiento habitual. 4. Mejora. Hacer carreras de 5 km de vez en cuando es una forma de medir tu estado de forma. Elevarás tu VO2 máximo, mejorarás la forma y la eficiencia, y hacer los recorridos regulares de entrenamiento te resultarán más fáciles. 5. Cambiar. Con demasiada frecuencia durante el entreno, se corre al mismo ritmo y en el mismo momento del día. No me malinterpreten. La rutina es buena, si deseas mantener un programa de entrenamiento durante mucho tiempo. Pero demasiado de algo bueno es demasiado de algo bueno. Necesitas variación, y una carrera 5K de vez en cuando es una gran manera romper la rutina. 6. Motivación. Las carreras son grandes motivadoras. Es bueno tener un calendario de las carreras, para salir por la puerta en días en los que te habrías quedado en la cama o tumbarse en el sofá después del trabajo.

EL MAPA GENETICO DE ARGENTINA | ESTUDIO DE EXPERTOS DE LA UBA Lo determinaron mediante análisis genéticos. El resto de la población es de origen mayoritariamente europeo. Entre las personas que poseen huellas aborígenes en su ADN, sólo el 10% es indígena puro. Sin saberlo y tallado en el ADN, los argentinos portan un mensaje de sus antepasados. Y en el 56% de los casos el que lo legó dejó escrito simplemente un solo dato: su origen amerindio. De la población actual, el 44% desciende sobre todo de ancestros europeos, pero el resto —la mayoría— tiene un linaje parcial o totalmente indígena. Así lo determinó un estudio realizado por el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Universidad de Buenos Aires, a partir del análisis de casos en 11 provincias. "Lo que queda al descubierto es que no somos tan europeos como creemos ser", dice Daniel Corach, director del Servicio, profesor en la cátedra de Genética y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA e investigador del Conicet. En una segunda etapa —junto a Andrea Sala, investigadora del Conicet, y Miguel Marino, becario de esa institución— analizaron comunidades aborígenes puras. A partir de 1992, y tomando muestras de ADN al azar de un total de 12 mil personas, los científicos pudieron ir tirando del hilo de la madeja de los genes para reconstruir la historia de la población que vive en nuestro país. Querían saber cuánto había aportado la población originaria en la formación de la actual Argentina. Ahora, con el estudio terminado, parece que fue mucho. El análisis implicó leer los códigos inscriptos en el ADN mitocondrial, que aportan todas las madres, y en el Cromosoma Y, que sólo tienen los hombres y que les legan los padres. Y, que al no combinarse durante la unión para crear un nuevo ser, permanecen inalterables en las distintas generaciones. Los investigadores argentinos, a cargo del estudio, sabían dónde buscar en ese rompecabezas de códigos genéticos. El método aplicado no es nuevo. Se usa desde mediados de los años 90 y se reduce a una célula. En realidad a su núcleo y a las mitocondrias, dos sitios donde se encuentran moléculas de ADN. Porque, finalmente, todo se centra en esa sigla que designa a una molécula compuesta por dos cadenas de unidades químicas (Adenina, Timina, Guanina y Citocina). De dónde ellas se ubiquen depende el mensaje. Habría que pensarlo como un abecedario de cuatro letras que forman palabras. El mensaje da cuenta del organismo. En esa larga hilera de combinaciones que forman al Cromosoma Y, hay un marcador conocido con siglas y números: DYS199. En ese lugar, en el caso de los amerindios, aparece una característica típica —y científicamente comprobada— que portan todos los miembros de esa comunidad y que se verificó en gran parte de los hombres argentinos. Pero esa característica genética, explican los científicos, no necesariamente se manifiesta con algún rasgo físico visible. "De ahí que se haya podido sostener tanto tiempo la creencia de que la mayoría de la población argentina es de origen europeo", dice Corach. Después el equipo buscó en un área determinada de las mitocondrias, también en una región que se mantiene inalterable y que se identifica como HVR I. El resultado fue el esperado: la mayoría de la muestra tenía ascendente materno no amerindio. Es decir, había mayoritariamente madres europeas (53,3%). La combinación de ambos datos dio que hubo cruzamiento y que en el 56% de los casos había un legado indígena en algún lugar del ADN. De este segmento de la población, sólo el 10% era amerindio puro, sin ningún componente europeo. La sorpresa para Corach se explica así: "Se cree que las dos grandes matanzas de población aborigen terminaron con 30.000 personas. Se supone que había más población. Seguramente lo que sucedió es que ellos tuvieron descendencia que está presente todavía. Creo que se sobreestima el componente europeo". El científico sostiene que "la muestra del estudio es representativa porque incluye a la población urbana pero no sólo de la Capital Federal", explica. "Si analizamos a la población de Barrio Norte nos dará un alto porcentaje de origen europeo". El método partió de un avance científico: desde hace unos años se sabe que parte de la historia queda registrada en el material genético que acarrean los humanos. Y tal novedad permite reconstruir el famoso "de dónde venimos" de la humanidad. En un comienzo sólo pudo hacerse con el material aportado por las mujeres, que está en las mitocondrias. De ahí la polémica revelación de que las madres de todos los hombres era la "Eva mitocondrial", una mujer africana. A mitad de los años noventa, se pudo analizar el componente masculino, inscripto en el Cromosoma Y. Ahora, Corach y compañía quieren averiguar cómo se movió esta población. Mientras tanto el mito fundacional está cuestionado. ¿Habrá que borrar esa parte de las guías de viaje y enciclopedias que dicen que más del 85% de la población argentina es de origen europeo?
Aritmética modular explicada con música, quizás para los que se están iniciando en este tema les sea de utilidad... link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=OuZ9Kb97DQA#!
Todos asociamos el éxito de una persona a una mezcla de trabajo duro y un especial don. Por ejemplo, Mozart sin duda debía de ser un niño especialmente dotado si compuso aquella música tan hermosa. Bill Gates también debía de ser una suerte de superdotado de las computadoras. Sin embargo, ¿y si en realidad no importara tanto el talento innato a la hora de sobresalir en alguna actividad? ¿Y si fuera verdad aquello de que cualquier trabajo es un 1 % de talento o suerte y un 99 % de transpiración? Es evidente que el talento innato existe. No todas las personas nacen con las mismas disposiciones y habilidades naturales. Sin embargo, cada vez más experimentos psicológicos confirman que importa menos de lo que pensábamos el talento innato que el nivel de preparación. ¿Os gustaría ser estrellas del rock? ¿Grandes escritores? Es más fácil de lo que aparenta. Uno de los estudios más famosos al respecto es el que llevó a cabo a principios de 1990 el psicólogoK. Anders Ericsson y dos de sus colegas en la elitista Academia de Música de Berlín. Allí dividieron a los violinistas en tres grupos. Grupo 1: las estrellas, los que tenían más potencial para ser músicos de talla. Grupo 2: los que eran juzgados por sus profesores como simplemente buenos. Grupo 3: los estudiantes que tenían escasas posibilidades de acabar dedicándose profesionalmente a la música. A todos los estudiantes se les había preguntado cuántas horas habían practicado aproximadamente con su violín desde la primera vez que tomaron uno. En los tres grupos la respuesta fue parecida: todos empezaron a tocar alrededor de los 5 años de edad, y todos practicaban unas 2 o 3 horas semanales. Sin embargo, cuando los estudiantes evocaron sus prácticas a partir de los 8 años de edad, empezaron a surgir diferencias. Los estudiantes del Grupo 1 respondieron que a esa edad duplicaron las horas de prácticas. A los 16 años, ya practicaban 14 horas semanales. A los 20 años era posible que algunos ya practicaran unas 30 horas semanales. Todos los estudiantes que habían practicado ese gran número de horas (alrededor de las 10.000) pertenecían al Grupo 1, al grupo de las estrellas. Ninguno que practicara menos podía colarse allí, y viceversa. Los miembros del Grupo 2 sumaban como máximo 8.000 horas. El Grupo 3, apenas 4.000 horas. Aquellos resultados eran demasiado precisos para resultar ciertos. ¿Todo dependía de las horas que habían invertido los estudiantes? ¿Todo era cuestión de callo? Para asegurarse de que no habían asistido a una especie de casualidad, repitieron el mismo tipo de experimento con una clase de pianistas. ¿Sabéis cuál fue el resultado? Exactamente el mismo. El patrón era idéntico. Los pianistas más sobresalientes siempre habían sumado al menos 10.000 horas de prácticas en toda su vida. Este resultado era del todo contraintuitivo: Ericsson no encontró músicos natos, esa clase de músicos que parecen nacer con el don de tocar brillantemente, como si lo llevaran escrito en los genes. Como Mozart. ¿O es que el caso de Mozart no fue exactamente así? En la siguiente entrega de este artículo sobre el talento innato desvelaremos que Mozart, en realidad, perteneció al Grupo 1. Al igual que la mayoría de los grandes talentos en otras ramas artísticas.

¿Resuelven el misterio? Desde hace algún tiempo, diversos arquéologos trabajan en un convento florentino buscando los restos de Lisa Gherardini, la mujer que inmortalizó Leonardo Da Vinci Una de las obras de arte más enigmáticas que existen en toda la faz de la Tierra es, sin duda, la pintura realizada por Leonardo Da Vinci: "La Gioconda", mejor conocida por los hispanoparlantes como "La Mona Lisa". En pleno año 2012, seis siglos después de que el artista florentino creara este óleo enigmático y sorprendente para muchos sigue dando de qué hablar. En los últimos años hemos escuchado acerca de los misterios que guarda el retrato, así como de algunos mensajes ocultos y de ciertas teorías que tratan de encontrar quién es realmente la protagonista y por qué resulta tan enigmático este óleo. Recientemente, se dio a conocer a todo el mundo a "La Mona Lisa de Isleworth", el cual se trata supuestamente de un ensayo realizado por Da Vinci una década antes de realizar a "La Gioconda"que todos conocemos y que millones de personas se dan cinta cada año en el Museo de Louvre para poder admirarla en vivo y a todo color. En las últimas horas, diversos arqueólogos y exploradores han informado del posible hallazgo de los restos de quien fuera la modelo inmortalizada en tan famoso cuadro. Como explica portaleureka.com, una de las grandes incógnitas que existe sobre esta pintura es saber a ciencia cierta quién es la mujer que ahí aparece. Los expertos en arte han barajado las siguientes posibilidades. Que se trate de una mujer llamada Isabella de Este, a quien Da Vinci conoció en Milán; Constanza d'Avalos, de quien se dice en un poema que Leonardo la pintó "bajo un velo negro"; que se trata del propio pintor, quien decidió autorretratarse con fisonomía femenina y la más aceptada, que se trata de Lisa Gherardini, así lo avalan escritos de la época. Lisa Gherardini, también llamada Lisa del Giocondo, es una mujer que vivió durante el siglo XVI y que pertenecía a la nobleza de Florencia, Italia, pues se dice que su familia era una de las más acaudaladas de toda la denominada región de la Toscana. Se deduce que Lisa contrajo matrimonio siendo muy joven con Francesco del Giocondo, un mercader de telas y sedas, que fungía como funcionario florentino y quien conoció a Da Vinci, a quien le pidió hiciera un retrato único de su mujer. Se sabe poco de la vida de esta familia, como que el matrimonio tuvo cinco hijos y vivió acomodadamente durante varios años. Algunos registros señalan que la pareja contrajo peste, enfermedad que le arrebató la vida a Francisco en 1538; Lisa fue recluida por una de sus hijas en un convento de la localidad llamado Santa Úrsula, en donde finalmente la mujer falleció un par de años después, sin que llegara a cumplir los 70 años de edad. Cuando se descubrieron diversos manuscritos que efectivamente comprobaban que Gherardini había sido musa inspiradora de Da Vinci, historiadores, antropólogos y arqueólogos se volcaron en realizar una extensa investigación sobre quién había sido esta dama, lo cual implicaba poder encontrar sus restos. Es por eso que como dice muyinteresante.es, desde hace varios años, un equipo de investigadores ha realizado excavaciones en el convento de Santa Úrsula, con la intención de poder encontrar algo que pueda comprobar la existencia y todas las teorías que hay alrededor de la figura de esta mujer. Hace unos días, los encargados de realizar esta misión se llevaron una grata sorpresa, pues finalmente encontraron los restos de dos seres humanos, que aparentemente corresponden a mujeres, una encima de la otra, lo cual abre la esperanza de que uno de ellos pueda tratarse de Lisa Gherardini, indica elperiodico.com. Este descubrimiento se convierte en una poderosa luz en el camino, pues anteriormente sólo se habían descubierto cadáveres de hombres; además, los arqueólogos tienen conocimiento que precisamente en el siglo XVI, únicamente dos mujeres ajenas al convento fueron enterradas ahí, Lisa y María del Riccio, por lo que es muy probable que se trate del cuerpo de ambas, dada la posición de cómo fueron localizados los huesos. Como apunta dailymail.co.uk, hace un año, a un metro por debajo del suelo, se encontró el cráneo correspondiente a una dama, lo cual aumentó la esperanza de por fin haber encontrado a Lisa; sin embargo, por falta de fondos, el trabajo tuvo que ser suspendido y se retomó tan sólo hace unos meses, por lo que este nuevo hallazgo se ha convertido en todo un aliciente. Silvano Vinceti, la persona que dirige la búsqueda comentó que ahora deberán someter todos los restos encontrados a diversas pruebas de ADN para comprobar que efectivamente, todas correspondan a una misma persona. "No sabemos si los huesos pertenecen a un sólo esqueleto o a más de uno. Como sea, esto confirma nuestras hipótesis de que en el convento aún hay más restos humanos y no podemos excluir que entre ellos haya algunos huesos pertenecientes a Lisa Gherardini", comentó Vinceti. Este importante descubrimiento se logró gracias al utilización de un radar altamente penetrante que puede explorar diversas capas de la tierra, así como mapas y documentos muy antiguos, con los cuales se descubrió a casi un metro por debajo de un piso de hormigón, otra capa de suelo construida a base de ladrillos, que al parecer, fungía como bóvedas para los muertos. Como explica diario.latercera.com, en próximos días, se extraerán muestras de ADN de todos los restos óseos encontrados, los cuales serán verificados con las muestras correspondientes a las extraídas de los cadáveres de los hijos de Lisa, quienes fueron sepultados muy cerca del convento. Con dichos exámenes se verificará su identidad y posteriormente, expertos realizarán una reconstrucción de su fisonomía, apoyándose de nuevas tecnologías con las cuales, se podrá comprobar el verdadero rostro de la dama de tan enigmática y poderosa sonrisa.
Informe Cyborg Soy un organismo cibernético: tejido vivo sobre un endoesqueleto metálico. ¿Algún día llegaremos a decir una frase similar a la del T-800? ¿Qué implicancias podría tener para el futuro que los humanos consigamos extender nuestras capacidades físicas y mentales hasta casi convertirnos en cyborgs? ¿Qué tan avanzados estamos en el campo de la bioingeniería y qué estamos haciendo con estos avances? En este informe cyborg hacemos un recorrido sobre las causas y consecuencias de la búsqueda de un nuevo humano y vemos, parte por parte, cómo estamos creando al transhumano del futuro. El Futuro ¡Estamos sobre el promontorio más elevado de los siglos! ¿Por qué deberíamos protegernos si pretendemos derribar las misteriosas puertas del Imposible? El Tiempo y el Espacio morirán mañana. Vivimos ya en lo absoluto porque ya hemos creado la eterna velocidad omnipresente. Queremos cantar el amor al peligro, al hábito de la energía y a la temeridad. Así se expresan dos de los pocos puntos no directamente fascistas de aquel manifiesto futurista redactado en Italia a principios del siglo XX de la pluma de Felipo Tommaso Marinetti, que fundía técnica y poesía con misoginia y belicismo. La cita de estos dos puntos del documento no son un homenaje, sino una especie de rencuentro atemporal entre una misma acepción de futuro, pero en dos visiones bastante diferentes en términos de medios y objetivos. El futuro al que actualmente se le rinde pleitesía y se idealiza es un futuro tecnológico, consumista y productivo, filosóficamente menossteampunk y técnicamente complejo, donde la imagen vetusta de la locomotora gigante aplastando rieles con violencia se redujo a una epopeya más delicada y funcional, centrándose en la complejidad orgullosa de la nanotecnología. Es el futuro en donde las grandes cosas son las más pequeñas, y son subidas a podios inalcanzables por ser las que mejor expresan una evolución tecnológica para los nuevos futuristas, que son aquellos que guardan una visión optimista de éste. Y con ella, las proyecciones que se tienen sobre él. Las proyecciones de un futuro transhumano conquistan a los futuristas actuales Un nuevo Ser Humano Dentro de esta cultura del futurismo nanotecnológico, la apuesta sobre el desarrollo de la bioingeniería es uno de los campos en donde más miradas se pone, ya sea desde los sectores militarizados, ya sea desde la curiosidad científica o incluso desde la periferia de la cultura, en donde los que se hacen llamar biohackers esperan a que el futuro de una cultura que en general desaprueban les brinde las herramientas para demostrar su enojo con ella. Entre otras razones, la insatisfacción de saberse mortales, el descubrimiento de la insignificancia de la existencia y las presuntas certezas sobre las posibilidades de lograrlo a largo plazo han creado una necesidad imperativa de acelerar la evolución de nuestra especie para sobrevivir a nuestra propia naturaleza en un transhumanismo. La búsqueda de una solución artificial a nuestro problema natural ha creado, por adelantado, una nueva categoría de humano; el Cyborg. Ése ser que en las postrimerías de la existencia humana, podría sacar ventajas de la parte más instrumental y pragmática de la evolución tecnológica es quién hoy se está desarrollando lentamente, de a partes, para que en un futuro medianamente cercano pueda ser la razón de nuestra optimización física, expansión mental, inmortalidad o, tal vez, la causa de nuestra extinción como humanos. ¿Hasta dónde avanzará la optimización humana? Desde Neoteo estamos en constante contacto con todo lo que se está investigando y creando en cuanto a este update de nosotros mismos, y por eso a continuación separamos en partes a nuestro Cyborg y contamos un poco sobre qué tan avanzado estamos en cada área y qué tan cerca podría estar su primer ensamble. Piernas y pies Las patas de palo existen desde siempre, pero fu luego de la Segunda Guerra Mundial y especialmente luego de la de Vietnam, cuando las piernas biónicas o prótesis complejas comenzaron a investigarse más rigurosamente y con más fondos. La causa primera, como te podrás imaginar, fue la gran cantidad de militares amputados. Como en muchas otras áreas de la tecnología, la investigación científica militar derivó en proyectos que pretendieron alcanzar o alcanzaron el campo civil. Es así como pudimos tener acceso a, por ejemplo, AMP-FOOT 2.0, un pie artificial que funciona a la par de uno real. Una prótesis de 2.5 kilogramos que imita todas las articulaciones de un pie humano, acumulando energía en cada movimiento, logrando una caminata más firme pero a la vez más eficiente y natural. AMP-FOOT 2.0 Otras piernas biónicas (aunque en este informe dejamos a fuera a la mayoría de exoesqueletos) son las que se controlan a través del cerebro, como las BCI RoGO o, mejor y más adecuadas al término cyborg, las Vanderlbilt, que superan por mucho a las prótesis pasivas al poder flexionarse con sensores, motor eléctrico, ordenador a bordo y batería para autonomía. BCI RoGO Vanderbilt Piel La piel es el mayor órgano de nuestro cuerpo y la verdad es que sin ella no podríamos sentirnos realmente humanos. Además de sus cualidades protectoras, la piel nos da la posibilidad de sentir nuestro ambiente y es algo que un cyborg debería poder emular con eficiencia, más allá de los sensores internos que tenga. Para que como cyborg también puedes acariciar y sentir, DARPA creó hace un tiempo un tipo de piel artificial que incorpora muchos sensores en su estructura y está elaborado con un polímero llamado poliimida, que está repleto de nanotubos de carbono que conducen calor y por eso es flexible, liviano y resistente al mismo tiempo. Lo increíble del proyecto es que han podido infundirle piezoelectricidad, es decir, generación eléctrica como respuesta a presión o fuerza aplicada sobre un cuerpo. La piel sintética se comunicará con el cerebro a través de los sensores implantados en la base de la prótesis, lo que hará que las respuestas ante sensaciones puedan ser procesadas y devueltas al miembro artificial. Recientemente, un proyecto en Stanford dio con otro tipo de piel artificial, que de tan avanzada posee nervios y puede registrar presiones tan bajas como la de un alfiler sobre tu dedo. El fin principal es, por ahora, resolver las pérdidas de sensibilidad de personas amputadas o quemadas. Piel artificial Brazos T-800 por un lado, el hombre bicentenario por otro, nos mostraron que un cyborg puede ser fuerte y sensible a la vez, y con los mismos brazos con los que levanta toneladas de peso o soporta una sierra eléctrica, nos abraza sin aplastarnos. La bioingeniería actual busca justamente este balance, entre capacidad aumentada y recuperación de la sensibilidad y la naturalidad motora. El brazo robótico de Skynet ya nos hizo asustar bastante con la elasticidad que consiguieron junto a la habilidad para absorber y liberar energía. Por otra parte, un brazo artificial de alta tecnología implantado bajo su piel pudo hacer que Sara Mitchell pudiera volver a sentir la temperatura en su extremidad luego de que un accidente en moto determinara la amputación de su miembro natural. Otro ejemplo de los avances en este rubro es el Proto 1, aunque ya un poco quedado en el tiempo en cuanto a implementos nanotecnológicas. Sara Mitchell puede sentir la temperatura con su brazo artificial Brazos Manos Tal vez sea una de las extremidades más exploradas y explotadas en la ciencia ficción, pero sin dudas lo es también en la ciencia real. ¡Y como para no serlo! La mano humana es una de nuestras características de especie fundamentales, pues es gracias a nuestro pulgar oponible que pudimos crear las herramientas que nos hicieron evolucionar. Justamente por eso, las manos biónicas o artificiales son las extremidades que mayor complejidad involucran, pues si bien la movilidad es algo que hoy día está muy bien optimizado, es en el tacto y en la detección de sensaciones, manejos de fuerzas y velocidad donde los experimentos están explorando más. Una de las manos más avanzadas es Bebionic, en su tercera versión. Catorce posiciones y formas de agarre determinables según la musculatura del usuario. Su sensibilidad y funcionalidad le da habilidad para romper huevos o escribir con un teclado. También existe la mano robótica controlada por el pensamiento, la mano que puede sentir y hasta dedos biónicos ProDigits que ya pueden remplazar a dedos reales. Ojos The Six Million Dollar Man impuso temprano una discusión muy interesante sobre lo que podría ser un cyborg. Con la mirada contextualmente ingenua de Martin Caidin y las hazañas patrióticas de Lee Majors como el hombre biónico Steve Austin en la serie televisada, la idea del cyborg empezó a revolotear más la escena y el ojo biónico que Austin usaba para tener visión infrarroja y telescópica se convirtió en culto. Acaso también en musa de los científicos que hoy buscan desarrollar ojos biónicos o hacer implantes de retina que reparen o hagan evolucionar nuestra capacidad visual. En este rubro hay intentos humildes y otros más ambiciosos, como los que a través de ojos biónicos conectados al cerebro pretenden devolverle la vista a ciegos. Los implantes oculares son de muy baja calidad hasta el momento, pero la investigación ha dado con buenos resultados en los implantes retinales con chips que se implantan detrás de la retina para evitar daños adicionales y a través de cámaras que toman imágenes y las convierten en señales electromagnéticas que se transfieren de forma inalámbrica a un chip . El caso del hombre con la cámara en el hueco ocular es ampliamente conocido, y para quien no lo sea, aquí el video de este verdadero cyborg ocular. Del caso de Neil Harbisson, el primer cyborg aceptado por un gobierno, también hablamos aquí. Ojo cyborg que graba video Implantes de retina que hacen ver a los pacientes Implante de retinaUn chip controla las imágenes producidas. Los riesgos del camino a la Transhumanidad Queda claro que la bioingeniería abocada a la solución de incapacidades físicas en amputados u otros pacientes es algo innegablemente positivo, pero sería de ingenuo no querer aceptar que este es sólo un primer paso, un objeto de pruebas para lo que un futuro menos optimista podría deparar. Dejando de lado todos los problemas morales y éticos que se pueden presentar según creencias y reivindicaciones, están los problemas que son inherentes a nuestra propia existencia y la forma en la que vivimos. Por ejemplo, recientemente La Real Sociedad y la Academia de Ciencias Médicas, junto a la Academia Británica y la Real Academia de Ingeniería han concluido un taller tituladoEl mejoramiento humano y el trabajo del futuro, en el que se discutió el impacto del transhumanismo y las aumentación tecnológica en la forma de trabajar y desarrollar las actividades humanas fundacionales de la sociedad. Entre las preocupaciones presentadas estaba el hecho de que las personas con implantes avanzados podrían trabajar más, mejor y más rápido, por lo que esto implicaría un abuso de parte de ambas partes del sector laboral y pondría en conflicto a las bases de los valores humanos. Hablando también de la optimización de los resultados conseguidos, la junta llamó a repensar el tema y confluir en regulaciones y reglas para un futuro en donde los humanos podrían dejar de ser radicalmente diferentes en cuanto a capacidades físicas y mentales. Sobre este tema ya vimos un corto hace poco tiempo llamado True Skin, la visión del futuro cyborg que tiene el documentalista Stephan Zlotescu. Una forma muy entretenida de revisar los cuestionamientos que un futuro protagonizado por cyborgs y humanos podría generar. El futuro, tal vez, pasa por un lugar diferente. Habrá que seguir pensando. True Skin, un futuro para pensar

Resumen Indígenas, africanos y europeos conformaron, con aportes desiguales, la población uruguaya. Datos censales indican que a comienzos del siglo XIX el país tenía 36% de africanos y sus descendientes, mientras la cantidad de indígenas no estaba determinada; posteriormente, los censos no incluyen información que se refiera al origen, a excepción de los nacidos en el extranjero. En 1996-1997, la Encuesta de Hogares solicitó la autodeclaración de "raza", y en 2006, la de ancestría. La primera arroja que 5,9% de la población se consideraba "negra o negra y sus mezclas", y 0,4%, "indígena y sus mezclas", mientras que para la ancestría los valores ascendían a 9,1% y 4,5% respectivamente. Los datos genéticos muestran aportes genéticos de 6% africano y 10% indígena, mientras que la ancestría materna sube estos valores a 10% y 31% respectivamente. Se discuten los datos censales y genéticos en el marco de la identidad nacional. Introducción Las poblaciones latinoamericanas surgen del desigual aporte de indígenas, africanos y europeos, proceso del cual participa la población uruguaya (Sans, 2000). La cuantía de cada uno de estos grupos poblacionales es incierta, si bien diversas fuentes históricas del período colonial, como por ejemplo, censos poblacionales, registros parroquiales, crónicas de eventos bélicos y otros, mencionan el origen de los pobladores. Los indígenas provienen de tres o cuatro etnias, siendo la mayor la macro-charrúa, que incluía guenoas, bohanes, yaros, y los charrúas propiamente dichos. Otras etnias eran la chaná, en la frontera oeste, y la arachana, en la frontera este, si bien de esta última existe sólo una referencia, lo cual hace dudar que realmente hayan penetrado en el actual territorio uruguayo (Cavellini, 1987; Cabrera, 1992). A éstas se agrega la guaraní, que aumenta considerablemente en tiempos históricos; inicialmente, su presencia se observa en las zonas aledañas a los grandes ríos. Señala Cabrera (1989) que a mediados del siglo XVIII la Banda Oriental tenía solamente dos zonas pobladas en forma estable: la sur, disputada por españoles y portugueses, y la norte, ocupada por las misiones jesuíticas. El resto estaba habitado por "indios infieles": charrúas, minuanes, bohanes y guenoas. En 1793, la población censada en todo el territorio es de 30.885 habitantes, de los cuales 7.000 eran negros o mulatos (22,7%), y sólo 700, indios (2,3%), si bien es claro que los indígenas no integrados a la vida colonial fueron excluidos del conteo. Sí aparecen en diversos registros históricos, como los referentes a la fundación de pueblos como Santo Domingo de Soriano, fundado inicialmente al oeste del Río Uruguay y trasladado al este entre 1662 y 1664, que se había originado a partir de una reducción de indígenas chaná, a quienes se agregan otros indígenas y, posteriormente, criollos y españoles (Acosta y Lara, 1969; Barreto, 2007). La identidad nacional así como el imaginario colectivo enfatizan el exterminio indígena, marcado por la matanza ocurrida en el Arroyo de Salsipuedes realizada en 1831; este evento forma parte de diversas campañas planificadas por el general Fructuoso Rivera contra los charrúas (Acosta y Lara, 1985). Paralelamente, los guaraníes, en muchos casos partícipes de las acciones contra los charrúas, también pierden visibilidad y dejan de ser mencionados en la segunda mitad del siglo XIX. Con relación a los africanos y sus descendientes, las referencias más antiguas corresponden al inicio de la colonia, puesto que se mencionan negros esclavos participando en la fundación portuguesa de Colonia del Sacramento, en 1680; sin embargo, el tráfico regular de esclavos comenzará recién a partir de 1743 (Martínez Moreno, 1941). En 1778, la población de Montevideo se componía de 9.298 habitantes: 6.695 españoles, 1.386 negros esclavos, 562 negros libres, 538 pardos libres y 117 indios, es decir, que 26,7% de los habitantes de la capital eran negros o mulatos y sólo el 1%, indígenas. En 1810, también en Montevideo, en un total de 11.430 habitantes, 36% fueron registrados como negros libres o esclavos, porcentaje máximo de afrodescendientes alcanzado y que baja drásticamente por causa de la masiva inmigración de europeos hacia mediados del siglo XIX. En 1842, último censo que incluye "raza" o "color", en una población total de 200.000 habitantes en todo el país, sólo 9.000 (4,5%) fueron considerados "negros" y ninguno, indígena. El Censo de 1860 sólo menciona, entre los extranjeros, a los nacidos en el continente africano; constituían el 2,5% de la población de Montevideo (Martínez Moreno, 1941; Carvalho Neto, 1965; Campagna, 1990). En esa época, los datos referentes a afrodescendientes son escasos, aunque se conoce por ejemplo que en 1837 se creó en Montevideo una escuela para "niñas de color", y en 1852, para "adultos de color"; en 1853, información referente al trabajo en Montevideo señala que de 2.031 trabajadores domésticos, 76% era "de color" (Stalla, 2007; Frega et al., 2008). El proceso de prohibición de la trata de esclavos en Uruguay culminó en 1830, aunque no se hizo efectiva inmediatamente y la introducción ilegal de esclavos continuó. Algunos modos velados de esclavitud utilizados eran aplicados tanto a esclavos fugados como a otros africanos que venían como "colonos", quienes debían permanecer en régimen de tutela hasta cumplir 25 años o tres años de servicio (Frega et al., 2004). Africanos y sus descendientes continuaron ingresando a partir de la abolición de la esclavitud (leyes de 1841 y 1846, durante la Guerra Grande), fundamentalmente huyendo del esclavismo vigente en el Brasil hasta 1888. Al respecto, señala Rama (1967) que el aporte de morenos brasileños fue muy importante hasta esa fecha, pero que aún después ingresaban para participar en las cosechas del arroz y la caña de azúcar, y para las tareas ganaderas, particularmente en los departamentos del norte del Uruguay, fronterizos con Brasil y la Argentina. Es de destacar que los afrodescendientes, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, eran más "visibles" que los descendientes de indígenas; diversas referencias aluden a su participación en festividades religiosas, como cofradías o comparsas (Fraga et al., 2008), a lo que se agrega la fundación, en la primera mitad del siglo XX, de asociaciones de descendientes, como en 1923 el Centro Uruguay en la ciudad de Melo (nordeste del país), y en 1941, la Asociación Cultural y Social Uruguay Negro en Montevideo. Sin embargo, el origen "multirracial" fue desdeñado en el siglo XX tanto por investigadores como por la población en general: El Libro del Centenario de 1825 (Ministerio de Instrucción Pública, 1925: s/p) subraya que Uruguay es "la única nación de América que puede hacer la afirmación categórica de que dentro de sus límites territoriales no contiene un solo núcleo que recuerde su población aborigen". Años después, Uruguay es considerado por Ribeiro (1969) como integrante de la "configuración histórico-cultural de Pueblo Transplantado", si bien el autor reconoce que en el siglo XIX podía ser considerado como "Pueblo Nuevo", mientras que Wagley (1971) lo incluye en "Euro-América". A mediados del siglo XX, si bien no existen censos que clasifiquen según raza o grupo étnico, Rosenblat (1954) señala que la población uruguaya está integrada por 90% de caucásicos, 2% de negros y mulatos y 8% de mestizos, contrariando la identidad nacional que destaca los afrodescendientes; no es clara la fuente de esta información. Probablemente, estos mismos datos son tomados por anuarios como The World Almanac en ediciones recientes, como por ejemplo en el año 2000 (Famighetti, 2000), al clasificar la población del país en 89% caucásicos, 10% de mestizos y 1% de mulatos y negros. En 1996-1997, la Encuesta Continua de Hogares incluyó una pregunta acerca de la autoidentificación "racial" (Instituto Nacional de Estadística, 1997), y en el 2006, en la Encuesta Ampliada de Hogares, una acerca de la ancestría con similares categorías (Instituto Nacional de Estadística, 2006). Este interés por identificar a quienes pertenecen a un grupo determinado de acuerdo con su origen poblacional es común a varias asociaciones, tanto de descendientes de africanos como de indígenas, en muchos casos unido a reivindicaciones sociales y económicas como relacionadas con el reconocimiento de sus orígenes (ver por ejemplo, Mundo Afro, s/f). En este artículo, se analizan los datos censales recientes (1996-1997 y 2006) acerca de la "raza" o "grupo étnico" de la población uruguaya, así como los datos genéticos publicados hasta la fecha; a partir de este conjunto de información, se discuten los conceptos de raza y adscripción étnica, vinculados al concepto de identidad nacional. Datos censales de la población actual La Encuesta Continua de Hogares de 1996-1997 solicitaba la "declaración explícita de los entrevistados sobre la raza a la cual creían pertenecer", aclarándose que se refería a la autopercepción sobre su "pertenencia a un grupo étnico/racial determinado" (Instituto Nacional de Estadística, 1997: s/p). Fue aplicada a una muestra compuesta por aproximadamente 130.000 habitantes (40.000 hogares) de áreas urbanas que, de acuerdo con los datos del Instituto, representaban aproximadamente el 86% del total de la población. Las categorías utilizadas en el análisis, denominadas "razas", fueron las siguientes: blanca, negra, indígena, amarilla, negra-blanca, negra-indígena, negra-blanca-indígena, y amarilla-otra. Como resultado de esta encuesta, el 93,2% de las personas se autodefinió de raza blanca, 5,9% de raza negra (que, siempre de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística, incluía las categorías de raza negra y todas las mezclas en las cuales intervenía raza negra), 0,4% de raza indígena (indígena e indígena-blanca), y 0,4% de raza amarilla (Instituto Nacional de Estadística, 1997). Si se extrapolan estos datos al total de la población, que en 1996 era de 3.163.763, las personas autoidentificadas como de raza negra (y sus mezclas) serían 186.662, mientras que 12.655 serían de raza indígena e indígena-blanca. Diez años después se realizó una nueva encuesta, la Encuesta Continua de Hogares Ampliada, esta vez en una muestra total de 18.506 viviendas, algo menos que la mitad de las consideradas en la primera encuesta, pero que incluía también a la población rural (Instituto Nacional de Estadística, 2006). En este caso, en lugar de la declaración de "raza o grupo étnico" de la persona entrevistada, se planteaba la siguiente pregunta: "¿Cree tener ascendientes...?". (Instituto Nacional de Estadística, 2006 s/p). En esta encuesta las categorías eran menos ("blanca", "afro o negra", "indígena", "amarilla", y "no sabe", ya que una misma persona podía declarar tener ancestros de más de una de éstas, es decir, el mismo individuo aparece en tantos grupos como ascendientes distintos declare, por lo que el porcentaje total no es 100 sino 108,6%. El 9,1% de los entrevistados declaró tener "ascendencia afro o negra", mientras que el porcentaje de "ascendencia indígena" alcanzó el 4,5%; 94,5% declaró ascendencia blanca y sólo 0,5%, amarilla. En los resultados se menciona que no se encontraron diferencias entre Montevideo, interior urbano (entendiéndose por interior los otros 18 departamentos que integran el Uruguay excluido Montevideo; y por urbano, localidades de más de 5.000 habitantes), localidades pequeñas (menores de 5.000 habitantes) y zonas rurales; curiosamente, los porcentajes de ancestros "no-blancos" resultaron levemente superiores en Montevideo, donde 9,4% de los entrevistados declaró poseer ancestros africanos y 4,9%, indígenas. Tampoco se encontraron diferencias entre los sexos, si bien hay un ligero predominio de mujeres que declararon ancestros no-blancos (Instituto Nacional de Estadística, 2006). Si se consideran los porcentajes indicados en el total de la población, estimada para el año 2005, en 3.241.003 habitantes, 295.000 personas tendrían ascendientes africanos y 145.800, indígenas. Datos genéticos de la población actual Es a partir de la década de 1980 que comienzan los estudios que buscan identificar las contribuciones génicas de poblaciones de diverso origen a la población uruguaya a partir de la frecuencia de ciertos rasgos y alelos, si bien existen algunos estudios previos. Ya en la década de 1990, los análisis de polimorfismos sanguíneos de herencia autosómica, junto a la aplicación de métodos que permiten estimar los aportes genéticos de diverso origen geográfico (en particular, aplicables a poblaciones trihíbridas), permitieron no sólo determinar la magnitud de dichos aportes génicos a la población uruguaya, sino también que existían diferencias regionales. Por ejemplo, la contribución indígena fue estimada en 20% en Tacuarembó, al nordeste del país, pero en apenas 1% en Montevideo, con zonas de valores intermedios como Cerro Largo (8%) también en el nordeste (Sans et al., 1997; Sans et al., 2006). El único estudio hecho en una muestra que representa el total del país, basado en el estudio de varios loci de ADN nuclear, reveló un aporte indígena del 10% (Hidalgo et. al., 2005). Por otra parte, el aporte africano parece ser más homogéneo en las distintas regiones del país; los estudios mencionados determinaron una contribución de 15% en Tacuarembó, 10% en Cerro Largo, y 7% en Montevideo, mientras que para el total del país se estimó en 6 por ciento. En cuanto a los estudios de marcadores de herencia uniparental, en su mayoría fueron hechos sobre el ADN mitocondrial (ADNmt), de herencia exclusivamente materna. También en este caso se observaron diferencias regionales, con un máximo para la ancestría indígena de 62% en Tacuarembó, valores intermedios en Cerro Largo (30%), y un mínimo en Montevideo (20%), (Bonilla, et al., 2004; Gascue, et al., 2005; Sans, et al., 2006); asimismo, en una muestra del total del país se determinó que aproximadamente un tercio de la población (34%) tenía un ancestro indígena por línea materna (Pagano et al., 2005), valor que fue corregido posteriormente y llevado al 31% (no publicado). Con relación a la herencia de linajes paternos, los estudios basados en el cromosoma Y son aún muy escasos: en Montevideo la cantidad de personas con ancestros africanos por línea masculina fue estimada entre 4 y 10%, y se determinó un valor entre el 2 y el 4% para la ancestría indígena; en Tacuarembó, se detectó una prevalencia de aproximadamente el 8 y 13%, respectivamente. Estas estimaciones dependen de los marcadores usados (polimorfismos de un solo nucléotido (SNPs), o repetidos cortos en tándem (STRs), y del método de análisis seleccionado (Bertoni et al., 2005). En una muestra del total del país mediante el estudio de STRs se detectó que aproximadamente 1% de la población tenía ancestros africanos por vía paterna, y 5% ancestros indígenas (Pagano et al., 2005). En resumen, puede señalarse que de acuerdo con los datos genéticos, el aporte indígena en genes autosómicos varía entre 1 y 20%, siendo 10% para la población en general, mientras que el aporte africano resulta más bajo y con menor variación regional (6 a 15%), siendo 6% el valor determinado para la población general. Con relación a la ancestría, se destaca que un tercio de la población posee un antepasado materno indígena, lo cual se explica por las uniones direccionales entre mujeres indígenas y hombres europeos que ocurrieron en todo el continente (Sans, 2000; Sans et al., 2006). En cuanto a la contribución africana, es aportada en forma similar por hombres y mujeres de este origen, y su valor no excede el 10% en ningún caso. Discusión El primer aspecto a considerar se refiere a la terminología empleada en las encuestas realizadas en 1996-1997 y en 2006 (Instituto Nacional de Estadística, 1997; 2006). Ambas utilizan "raza o grupo étnico", dando a entender que pueden considerarse como sinónimos. La existencia de razas humanas ha sido debatida desde diversas perspectivas (véase, por ejemplo, Armelagos, 1995; Salzano, 1997; Long y Kittles, 2003); cualquiera sea la posición al respecto, debe mencionarse que raza es una categoría taxonómica que agrupa individuos dentro de especies. De acuerdo con la ya clásica definición de Dobzhansky (1955), las razas son poblaciones que difieren en la frecuencia de ciertos genes, y que intercambian o tienen la posibilidad de intercambiar genes a través de las fronteras, generalmente geográficas, que las separan. Al criterio biológico de raza se han contrapuesto criterios sociales, como el propuesto por Wagley (1971). Este autor define raza social como el sistema clasificatorio utilizado por una sociedad determinada para agrupar individuos en base a criterios biológicos reales o imaginarios; la inclusión en una u otra categoría racial depende entonces de las características del grupo dominante o mayoritario, por lo que varía en las diversas regiones de América, definidas por el autor como Indo-América, Afro-América, y Euro-América. La definición de Wagley se acerca a la de etnicidad, concepto que se relaciona mayormente con la identidad cultural colectiva. Spencer (2006) considera que esta última se basa en compartir valores y creencias e implica, de hecho, la autoidentificación como grupo, mientras que Giddens (1992) subraya que el aspecto fundamental es que los grupos humanos se perciban y sean percibidos como culturalmente diferentes unos de otros. La discusión acerca de etnicidad y raza fue tempranamente planteada por Huxley y Haddon (1936) y retomada poco después por Montagu (1942), quien reivindicó el término etnicidad para describir las subdivisiones de la humanidad, en contra del uso de raza. Aún en la actualidad, es frecuente la utilización de raza y grupo étnico como términos equivalentes, en ambos casos, connotados de significado social, lo cual ha sido criticado (ver, por ejemplo Race, Ethnicity, and Genetics Working Group, 2005); esto ocurre en las encuestas realizadas en Uruguay. La inclusión de raza y/o grupo étnico en censos y encuestas, si bien con escasos antecedentes en el Uruguay, no es nueva en América. Un documento elaborado por Naciones Unidas destaca que en algunos países existe la necesidad de identificar grupos étnicos o nacionales según diversos criterios como raza, color, lengua, religión; al respecto, señala que estas categorías deberían ser determinadas por los propios grupos a identificar (United Nations, 2008). En el Uruguay, la inclusión del ítem raza en las encuestas sobre población fue impulsada por una organización de afrodescendientes en la búsqueda por el reconocimiento de su cuantía y en concurrencia con la recuperación de su memoria histórica, si bien el criterio para la identificación no fue explicitado (Mundo Afro, s/f). Diversos países han tomado criterios disímiles para clasificar grupos poblacionales. En el caso de Estados Unidos de América, se divide entre "Hispánicos" y no "Hispánicos", y dentro de estos grupos se clasifica en "razas", incluida la posibilidad de pertenecer a más de una (U.S. Census Bureau, 2003). En Colombia, el censo de 1993 incorporó una pregunta acerca de la pertenencia a un grupo étnico o comunidad negra (Vejarano, s/f), mientras que en Brasil, a partir de 1991 se solicita la autodeclaración de "raza o color" (Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística, 2002), en este último caso con categorías similares a las utilizadas en el Uruguay. Otro aspecto a discutir se relaciona con los resultados de las dos encuestas realizadas en Uruguay. Debe señalarse en primer lugar que es difícil comparar los resultados de ambas, puesto que las preguntas utilizadas para la adscripción de los entrevistados en "raza o grupo étnico" no fueron las mismas, si bien sí lo fueron las categorías utilizadas al brindar los resultados: en la primera se solicitaba a la persona que se autoidentificara dentro de una categoría racial, mientras que en la segunda se interrogaba acerca de la ascendencia. Debe destacarse que en los resultados publicados se confunden ambos criterios, puesto que la segunda encuesta define ascendencia como "la autopercepción que las personas tienen sobre su pertenencia a un grupo étnico/racial determinado" (Instituto Nacional de Estadística, 2006). Las diferencias observadas en cuanto a la frecuencia de cada grupo podrían, por lo tanto, ser sólo consecuencia de la pregunta realizada, ya que no es equivalente autoidentificarse como "no blanco" que reconocer que algún ancestro no lo era, en especial si éste es muy lejano y/o no se manifiesta en la apariencia del individuo. Sin embargo, no parece ser la única explicación, ya que al comparar la encuesta de 1996-1997 con la de 2006, los valores con relación a los afrodescendientes aumentan escasamente (5,9% versus 9,1%), mientras que para indígenas y sus mezclas el primer porcentaje se multiplica por once (0,4% a 4,5%). Podría argumentarse que la ancestralidad amerindia es más lejana en el tiempo y por lo tanto, más fácilmente ignorada, aspecto que estaría relacionado con dos procesos fundamentales: la invisibilidad de los indígenas a la cual se hizo referencia en la introducción, en especial su "extinción", y al hecho de que el aporte autóctono se dio fundamentalmente por vía femenina (datos del ADNmt); con respecto a este último aspecto, debe mencionarse que tanto en Uruguay como en el resto de América los hijos producto de las uniones hombre europeo o criollo y mujer indígena se incorporaron rápidamente al grupo dominante, lo que no ocurría con los descendientes de africanos (Mörner, 1967). Por otra parte, puede postularse que en los últimos años se está dando un proceso de cambio en la identidad nacional uruguaya, tanto por la actividad de las asociaciones de descendientes como por la obra de historiadores y antropólogos, ya que el tema de los indígenas y su "extinción" está siendo revisado (entre otros, Verdesio, 1992; Demasi, 1995; Olivera Chirimini, 2004) y se han aportado datos genéticos que demuestran su continuidad biológica (estudios citados arriba). Con relación a los porcentajes en sí, comparando con Brasil, en Uruguay el porcentaje de afrodescendientes es de 5,9 a 9,1% según el criterio, mientras que en el sur del Brasil, negros y pardos suman 13,6% con un criterio más parecido al utilizado en el primer caso (Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística, 2002). En cuanto a los indígenas, el porcentaje de descendientes en Uruguay es de 0,4% cuando se trata de auto-adscripción, valor similar al 0,1% establecido para el sur de Brasileño. También en el Brasil se observa un crecimiento de quienes se declaran indígenas entre los censos de 1991 y 2000: en 1991 el porcentaje era de 0,2% para todo el país, mientras que en el 2000, el porcentaje sube a 0,4% (Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística, 2002). La explicación que se brinda acerca de este aumento, si bien incluye el crecimiento vegetativo y la inmigración internacional desde países limítrofes, considera más plausible que se haya dado un aumento de la cantidad de indígenas urbanizados que optaron por autoincluirse en este grupo, aún sin identificarse con etnias específicas, por lo cual habría un cambio en la autoidentificación. También cambia la inclusión en las categorías de negro y pardo, aunque ambas se modifican de modo inverso (aumenta la cantidad de negros y disminuye la de pardos, por lo cual el porcentaje de afrobrasileños se altera escasamente; la modificación en los porcentajes respectivos también apoyaría un cambio en el criterio de autoidentificación pues es poco probable el ingreso de "negros" al país, y las diversas uniones ocasionan más pardos que negros. El último aspecto a considerar es la relación entre datos genéticos y datos censales del Uruguay. El aporte de genes africanos en la población es de 6% (Hidalgo et al., 2005), cifra que coincide aproximadamente con el porcentaje de personas que se autoincluyen como de "raza negra" y sus mezclas en 1996-1997. Sin embargo, estos valores responden a realidades muy diversas: en el primer caso, se refiere al aporte génico en el total de la población, mientras que en el segundo se trata del porcentaje de personas que, independientemente de la cantidad de genes africanos, se consideran afrodescendientes. Estudios genéticos de afrodescendientes autoidentificados como tales muestran que, en el nordeste, el aporte de genes africanos en el grupo era del 47%-48%, y en el sur, 41% (Sans et al., 2002; Da Luz, 2004). De acuerdo con estos datos podría establecerse que quienes se autoidentifican como afrodescendientes tienen, en promedio, algo menos de la mitad de sus genes de origen africano, por lo que si se aplica este valor a la primera encuesta, el 5,9% que se declara de raza negra aportaría cerca del 3% de genes africanos al genofondo de la población, y quedaría por explicar otro 3% de genes africanos. Puede asumirse esta diferencia como parte del error de las estimaciones, o considerar que está diluida entre un porcentaje elevado de personas con ancestros africanos lejanos. Incluso, la discrepancia podría relacionarse al aporte africano recibido indirectamente, como por ejemplo, desde las Islas Canarias, tal como puede observarse cuando se analiza la proveniencia de haplotipos de ADNmt como el U6b1 (Sans et al., 2006). Más complejo es el análisis del aporte indígena. Los datos de la encuesta realizada en 1996-1997 muestran que sólo el 0,4% de las personas se autoidentificó como descendiente de indígenas, mientras que diez años después el 4,5% declaró que tenía ancestros indígenas (Instituto Nacional de Estadística, 1997; 2006). Los datos genéticos permiten estimar que el aporte indígena en el país es de aproximadamente el 10% (Hidalgo et al., 2005), variable en las distintas regiones del país (Sans et al., 1997). Mas aún, los datos derivados del análisis de la ancestría genética materna indican que el 31% de los uruguayos tienen un ancestro indígena por línea femenina (modificado de Pagano et. al., 2005). La discrepancia de estos datos y los de las encuestas es evidente, pero las razones son complejas. Una razón es que posiblemente reflejen la identidad nacional, que explícitamente acepta el exterminio indígena, dando como resultado que los indígenas que se integraron a la población, sea como consecuencia de numerosos repartos realizados entre la población europea y criolla luego de diversas acciones bélicas (Acosta y Lara, 1969; Cabrera, 1983; Padrón Favre, 1986), sea por uniones realizadas entre mujeres indígenas con hombres europeos o criollos del medio rural (Saint-Hilaire, 1961), habrían ocultado o perdido la identificación de su origen. Aún para realidades muy diversas, debe destacarse que la determinación de la ancestría está limitada por el desconocimiento de las personas acerca de sus ancestros, aún de los recientes, sea por adopción u otros factores (Race, Ethnicity, and Genetics Working Group, 2005). A modo de conclusión es interesante destacar, por un lado, que más allá de las discrepancias que se puedan tener acerca de los intentos por clasificar las poblaciones en razas o en grupos étnicos, el interés del estudio del origen de poblaciones cosmopolitas como la uruguaya, que posiblemente presente subestructuras difíciles de percibir, puede colaborar a comprender complejos procesos microevolutivos. Por último, los resultados apoyan la revisión de la historia oficial y, conjuntamente, de la identidad nacional. Agradecimientos: Al Dr. Sc. Pedro C. Hidalgo por sus comentarios y corrección del borrador de este trabajo. Bibliografía 1. ACOSTA Y LARA, Eduardo. 1969. La Guerra de los Charrúas (período patrio) . 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Los ateos, liberales y monógamos tienen un coeficiente más elevado Un estudio muestra que las personas con ideas "novedosas" o que contradicen lo establecido, suelen tener un IQ más alto CNN — Las tendencias, políticas, religiosas y sexuales son un indicio deinteligencia, afirma un estudio de la Escuela Londinense de Ciencia Económica y Política. El psicólogo evolucionista Satoshi Kanazawa relacionó información sobre esas conductas con el coeficiente intelectual (IQ) y encontró que, en promedio, las personas que se dijeron ateos y liberales, tenían un IQ más alto. Los participantes que se declararon ateos tenían un IQ promedio de 103 puntos en la adolescencia, mientras los adultos que se dijeronreligiosos, tuvieron un promedio de 97, encontró el estudio. Este resultado aplicó también para la exclusividad sexual, pero sólo en los hombres. Esto quiere decir que los hombres que se relacionan sexualmente con una sola pareja, tienen un coeficiente más elevado. Las diferencias en el IQ –que no son determinantes aunque tampoco insignificantes- son del orden de seis a once puntos y muestran cómo se desarrollan ciertos patrones de identificación con alguna ideología, y cómo cambia el comportamiento de las personas con ello. Los datos no deben ser utilizados para estereotipar o crear prejuicios sobre las personas, dicen los expertos. La razón de este resultado es que todas esas tendencias van en contra del pasado evolutivo del ser humano. En otras palabras, ninguno de estos rasgos habría sido benéfico para nuestros ancestros, pero podrían estar asociados a una inteligencia mayor. “Adoptar algunas nuevas y evolucionadas ideas tiene que ver con el avance de las especies”, dijo James Bailey, catedrático de la universidadGeorge Washington. “Incluso tiene mucho sentido que las personas más inteligentes –que parecen tener mayor poder intelectual- son quienes las hacen avanzar”. Agregó que estas preferencias podrían ser un deseo reprimido de mostrar superioridad o elitismo, lo cual también está relacionado con el coeficiente. De hecho, adherirse a filosofías poco convencionales –como el liberalismo y el ateísmo- pueden ser una forma de “decir a los demás que eres muy listo”, dijo. El estudio analizó una larga muestra del Estudio Nacional Longitudinal de Comportamiento Adolescente. Los entrevistados tenían entre 18 y 28 años entre los años 2001 y 2002. Otra fuente del estudio fue la Encuesta Social General de los Estados Unidos. Monógamos, ¿más listos? Sólo los hombres Kanazawa descartó que una inteligencia superior o inferior tuviera que ver con la monogamia en las mujeres. Esto tiene sentido si vemos que, el tener una sola pareja, ha sido un comportamiento tradicionalmente femenino desde hace miles de años; por lo que esta exclusividad no es nada nuevo. Para los hombres, por otra parte, la monogamia va en contra de su “deber” evolutivo, que les indica que deben “esparcir su semilla” con múltiples parejas. En cambio, las mujeres necesitan de una pareja estable que les provea de recursos, considerando que pasan nueve meses embarazadas y varios años cuidando de hijos pequeños. Mentes libres de dogmas La religión, según esta teoría, no ayudó exactamente a la gente a sobrevivir o reproducirse, pero las ha ayudado a cuidarse al volverlas “paranoicas”, dice Kanazawa. Por ejemplo: asumir que un ruido lejano es señal de una amenaza, ayuda a los humanos a prepararse para el peligro. “La paranoia ayuda a la vida, y si los humanos son paranoicos, se vuelven más religiosos y ven las manos de Dios en todas partes”, asegura el investigador. El ateísmo “permite cuestionar y especular sobre la vida sin preocuparse por los dogmas de una religión”, afirmó el profesor Bailey. “Históricamente, todo lo que es nuevo y diferente es visto como una amenaza en términos de las creencias religiosas, pues casi todas las religiones se basan en la permanencia”, apuntó. Liberales, más generosos El estudio recoge el concepto estadounidense de ‘liberal’, en comparación con un conservador, al margen de tendencias políticas, como el aborto y los derechos de los homosexuales. “Los liberales suelen preocuparse más por personas totalmente ajenas a ellos, mientras que los conservadores sólo muestran preocupación por quienes les son afines”, explicó el catedrático. Considerando que nuestros ancestros tuvieron un agudo interés en la supervivencia de su descendencia, la postura conservadora sigue la línea de la evolución, más que la liberal, afirma Kanazawa. “Es antinatural en los seres humanos el preocuparse por los extraños”, dijo. El estudio encontró que los adultos jóvenes que dijeron ser más conservadores tienen un coeficiente promedio de 95, en comparación con los que se dijeron “más liberales”, que tuvieron un promedio de 106. La preocupación de los conservadores por sus seres más cercanos encaja también con la necesidad de mantenerse a salvo, en contraste con la tendencia de los liberales por aventurarse hacia lo desconocido, afirmó Bailey. No obstante, ninguna de estas tendencias es evidencia de que laevolución de la especie humana esté condicionada a esas ideas, advirtió Kanazawa. “Las personas más inteligentes tienen menos hijos, así que salirse de la trayectoria (de conservación de la especie) es algo que no va a suceder”, concluyó.

El saliente ministro colombiano de Hacienda, Juan Carlos Echeverry, anunció este viernes que elProducto Interno Bruto (PIB) colombiano superó al argentino, por lo que la economía del país andino se ha convertido en la segunda más importante de suramérica. Echeverry identificó ese dato en declaraciones a la emisora 'Caracol Radio' como "la gran noticia de (su) salida" del gabinete, la primera que confirmó elpresidente colombiano, Juan Manuel Santos, el pasado 23 de agosto dentro de su reforma ministerial de cara al segundo periodo de su Gobierno. "Colombia superó a Argentina en el PIB, somos la segunda economía de Suramérica después de Brasil y la tercera en tamaño después de Brasil y México. Esto era un sueño", comentó. Echeverry destacó que en los dos primeros años del Gobierno de Santos, la economía colombiana logró desplazar a la venezolana y "ahora pasamos a la argentina". "Colombia va para adelante con mucho ímpetu, estamos haciendo las cosas bien y avanzando", enfatizó, al mostrarse seguro de que su sucesor, el hasta ahora ministro de Minas y Energía, Mauricio Cárdenas, seguirá esta tendencia durante su gestión. En otra entrevista con el diario 'El Tiempo' en su edición digital, Echeverry precisó que de acuerdo a las tasas de cambio del miércoles, el PIB proyectado para este año de Colombia alcanzó los 362.000 millones de dólares, mientras que el de Argentina es de 347.000 millones. El relevo de Echeverry por Cárdenas responde a una petición personal del economista, que según dijo Santos durante su nombramiento, puede ser candidato a ocupar "una altísima posición en el Fondo Monetario Internacional". Mientras tanto Argentina cada vez se subdesarrolla más y más...

EL MAPA GENETICO DE ARGENTINA | ESTUDIO DE EXPERTOS DE LA UBA Lo determinaron mediante análisis genéticos. El resto de la población es de origen mayoritariamente europeo. Entre las personas que poseen huellas aborígenes en su ADN, sólo el 10% es indígena puro. Sin saberlo y tallado en el ADN, los argentinos portan un mensaje de sus antepasados. Y en el 56% de los casos el que lo legó dejó escrito simplemente un solo dato: su origen amerindio. De la población actual, el 44% desciende sobre todo de ancestros europeos, pero el resto —la mayoría— tiene un linaje parcial o totalmente indígena. Así lo determinó un estudio realizado por el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Universidad de Buenos Aires, a partir del análisis de casos en 11 provincias. "Lo que queda al descubierto es que no somos tan europeos como creemos ser", dice Daniel Corach, director del Servicio, profesor en la cátedra de Genética y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA e investigador del Conicet. En una segunda etapa —junto a Andrea Sala, investigadora del Conicet, y Miguel Marino, becario de esa institución— analizaron comunidades aborígenes puras. A partir de 1992, y tomando muestras de ADN al azar de un total de 12 mil personas, los científicos pudieron ir tirando del hilo de la madeja de los genes para reconstruir la historia de la población que vive en nuestro país. Querían saber cuánto había aportado la población originaria en la formación de la actual Argentina. Ahora, con el estudio terminado, parece que fue mucho. El análisis implicó leer los códigos inscriptos en el ADN mitocondrial, que aportan todas las madres, y en el Cromosoma Y, que sólo tienen los hombres y que les legan los padres. Y, que al no combinarse durante la unión para crear un nuevo ser, permanecen inalterables en las distintas generaciones. Los investigadores argentinos, a cargo del estudio, sabían dónde buscar en ese rompecabezas de códigos genéticos. El método aplicado no es nuevo. Se usa desde mediados de los años 90 y se reduce a una célula. En realidad a su núcleo y a las mitocondrias, dos sitios donde se encuentran moléculas de ADN. Porque, finalmente, todo se centra en esa sigla que designa a una molécula compuesta por dos cadenas de unidades químicas (Adenina, Timina, Guanina y Citocina). De dónde ellas se ubiquen depende el mensaje. Habría que pensarlo como un abecedario de cuatro letras que forman palabras. El mensaje da cuenta del organismo. En esa larga hilera de combinaciones que forman al Cromosoma Y, hay un marcador conocido con siglas y números: DYS199. En ese lugar, en el caso de los amerindios, aparece una característica típica —y científicamente comprobada— que portan todos los miembros de esa comunidad y que se verificó en gran parte de los hombres argentinos. Pero esa característica genética, explican los científicos, no necesariamente se manifiesta con algún rasgo físico visible. "De ahí que se haya podido sostener tanto tiempo la creencia de que la mayoría de la población argentina es de origen europeo", dice Corach. Después el equipo buscó en un área determinada de las mitocondrias, también en una región que se mantiene inalterable y que se identifica como HVR I. El resultado fue el esperado: la mayoría de la muestra tenía ascendente materno no amerindio. Es decir, había mayoritariamente madres europeas (53,3%). La combinación de ambos datos dio que hubo cruzamiento y que en el 56% de los casos había un legado indígena en algún lugar del ADN. De este segmento de la población, sólo el 10% era amerindio puro, sin ningún componente europeo. La sorpresa para Corach se explica así: "Se cree que las dos grandes matanzas de población aborigen terminaron con 30.000 personas. Se supone que había más población. Seguramente lo que sucedió es que ellos tuvieron descendencia que está presente todavía. Creo que se sobreestima el componente europeo". El científico sostiene que "la muestra del estudio es representativa porque incluye a la población urbana pero no sólo de la Capital Federal", explica. "Si analizamos a la población de Barrio Norte nos dará un alto porcentaje de origen europeo". El método partió de un avance científico: desde hace unos años se sabe que parte de la historia queda registrada en el material genético que acarrean los humanos. Y tal novedad permite reconstruir el famoso "de dónde venimos" de la humanidad. En un comienzo sólo pudo hacerse con el material aportado por las mujeres, que está en las mitocondrias. De ahí la polémica revelación de que las madres de todos los hombres era la "Eva mitocondrial", una mujer africana. A mitad de los años noventa, se pudo analizar el componente masculino, inscripto en el Cromosoma Y. Ahora, Corach y compañía quieren averiguar cómo se movió esta población. Mientras tanto el mito fundacional está cuestionado. ¿Habrá que borrar esa parte de las guías de viaje y enciclopedias que dicen que más del 85% de la población argentina es de origen europeo?