FreemanP
Usuario (Reino Unido)
En Belén de los Andaquíes, Caquetá, se anticiparon al posconflicto e inauguraron una construcción turística que atraerá a miles de personas de todo el mundo: una estatua en tamaño real del presidente Santos que sostiene en la mano derecha una carpeta de gran formato, probablemente la carta de un restaurante, y en la otra lo que parece ser un pájaro grandote, aunque ligeramente indeterminado: ¿es un halcón que ataca al presidente?, ¿una cigüeña?, ¿la parte pudenda del Tino Asprilla? No se sabe bien: parte del atractivo consistirá en averiguarlo constatando en persona esta lograda versión de Santos en bronce, que, dicho sea de paso, luce un extraño traje de liki liki, como si no fuera Santos sino Gabo: ¿por qué el maestro Aníbal Castillo, artista de la obra, lo vistió de semejante modo? Parece un cantante de joropo. ¿No podía ponerle unas maracas, al menos? Aun más: ¿no ha podido resolver el homenaje con un busto, ya que Santos ha resultado tan plano? ¿Y por qué la estatuilla se parece a la de los premios Óscar? ¿Es serio eso? ¿Tendremos los premios Juanpa al mejor actor? Un político uribista dice que la estatua es ilegal porque Santos es un funcionario en ejercicio, lo cual es muy llamativo porque estamos ante el primer uribista que piensa que Santos es un funcionario en ejercicio. Por eso mismo, y apegándose a una ley, pide tumbarla, como si fuera la de Huseín. Yo, en cambio, defiendo la escultura, a pesar de que, primero, no la habría construido en bronce porque toca echarle cepillo para que saque brillo, como sucede con el de carne y hueso, sino en mármol, para poderla corregir: no en vano, ese es el material que utiliza el propio presidente para escribir sus borradores. Y segundo: habría inmortalizado al mandatario en una pose más suya, más natural: quizás aquella en la que se dejó ver cuando durmió en una casa de interés social, y leía un ejemplar de El Pilón. Estaba en prendas menores y parecía encontrarse en pleno simulacro de evacuación, por llamarlo de algún modo: dada la posición, era el propio pensador de Rodin. Pero diferente. Más allá de esas consideraciones, defiendo la estatua por su enorme potencial turístico, similar al de aquel Cristo con blower que erigió don Richard Aguilar en Floridablanca, que se llevó buena parte de las regalías departamentales: no habrá colegios ni hospitales, pero esa efigie sideral, mitad Jesús, mitad el baladista de Pimpinela, niveló a Santander con el mismísimo Río de Janeiro. De modo que, en lugar de prohibir estatuas, deberían construir otras: elevar una estatua de Andrés Felipe Arias inspirada en el Manneken Pis: el inmortal niño de Bruselas que se constituyó en un símbolo belga porque aparece agarrándose la ídem mientras se alivia contra un cuenco; la de Pastrana, que saldría barata porque sería hueca; la de Angelino, que podría ser en piedra, y quedar ligeramente belfa, para integrarla a las de San Agustín. Si fabricarlas resulta costoso, se podrían retocar las que ya existen para que cumplan fines patrióticos: soldar el pelo de la gorda de Botero, en la cartagenera plaza de Santo Domingo, para que parezca un homenaje a Luis Carlos Villegas; añadir gafas a la de Blas de Lezo para convertirla en monumento de Navarro Wolff; barnizar de negro el pelo tipo bombril de la gigantesca escultura del Pibe, en el estadio Eduardo Santos, para presentarla como un gesto a Paloma Valencia. Pero lo fundamental es elaborar una escultura de Uribe en Belén de los Andaquíes, para terminar con la envidia del expresidente, y salvar la estatua de Santos que está a punto de caer, como su gobierno. Y no hablo de inaugurar el monumento a los Crocs viejos, adaptación del de Cartagena, sino de erigir una estatua ecuestre, grande y lustrosa, en la cual el expresidente se yerga sobre una potranca, con corbata y sombrero, mientras sostiene en la mano una taza de café, o hace girar a la mula en torno a César Mauricio Velásquez, que funge de eje mientras sostiene su maletín, para inmortalizar del todo una fotografía ya de por sí inmortal.
El candidato presidencial Alejandro Ordóñez no puede lavarse las manos en el caso Odebrecht. La Procuraduría, que él dirigió, dejó prescribir la investigación por los sobornos a funcionarios en la licitación de la Ruta del Sol y la autopista Bogotá-Girardot. El expediente terminó archivado por una sola razón: el entonces procurador Ordóñez le ordenó expresamente a la funcionaria a cargo de la investigación que se concentrara en otros procesos. La responsabilidad de Alejandro Ordóñez en la prescripción de las investigaciones por los sobornos está probada en un documento de la propia Procuraduría de Ordóñez. Ese documento es un auto de archivo a favor de la funcionaria investigadora de los sobornos. Allí aclaran la razón de la muerte por inactividad del proceso: “Por instrucción del Procurador General de la Nación, durante el periodo 2012-2013 la doctora María Fernanda Coral y el doctor Julio Calonje tuvieron dedicación de manera exclusiva a los dieciocho (18) procesos de la Dirección Nacional de Estupefacientes por tratarse de un asunto de relevancia nacional para lo cual inclusive se ordenó que los funcionarios comisionados trabajaran desde sus casas exclusivamente en esos procesos”.(Ver documento Procuraduría 1.jpg) En otras palabras, el procurador Ordóñez ordenó que la investigadora de los presuntos sobornos se dedicara a otros asuntos, nunca reasignó el proceso que ella tenía a su cargo. Los investigados, favorecidos por la prescripción, son varios de los sospechosos de hoy. La investigación se inició contra cuatro funcionarios. El primero de ellos es Daniel García Arizabaleta, destituido director del Invías y quien recientemente ha sido identificado como el contacto clave entre Odebrecht y la campaña presidencial de Óscar Iván Zuluaga. García Arizabaleta además registra numerosas entradas a la Casa de Nariño que coinciden con eventos claves de la licitación de la Ruta del Sol. (Ver El Visitante) El segundo investigado es el exviceministro de Transporte Gabriel Ignacio García Morales, confeso receptor de sobornos de Odebrecht. El exviceministro García, quien ha ofrecido su colaboración a la justicia, sabe perfectamente cómo funcionaba la corrupción -abajo y arriba de él- como queda claro en una conversación suya con Miguel Nule que el país debería conocer integralmente.
La encuesta de Gallup publicada esta semana es inapelable. El alcalde Enrique Peñalosa sigue en caída libre, registra apenas un 22 por ciento de aceptación y el rechazo alcanza el 75 por ciento. Está por debajo del menor registro de Gustavo Petro, su antecesor. No parece que esta vez vaya a ocurrir lo que pasó en su primera administración cuando empezó muy mal en las encuestas, pero terminó bien. Esa pretensión se está esfumando. Algunos analistas dicen que alrededor de su Alcaldía había demasiadas expectativas y ahora la opinión le está cobrando un arranque poco afortunado de su mandato. Otros advierten que la ciudad no comprende su visión y sus proyectos y no tiene paciencia para esperar sus grandes realizaciones que llegarán con el tiempo. Difiero de estas dos apreciaciones. Siempre que termina un gobierno difícil, controversial, con graves falencias, al siguiente le queda fácil empezar bien. Basta un poco de inteligencia, bastan algunos éxitos iniciales, modestos, para brillar. Lo difícil ha sido siempre competir con un antecesor altamente valorado, pródigo en realizaciones. No es el caso de Gustavo Petro. No hizo mucho o no lo dejaron hacer y lo poco que hizo fue sepultado por un alud de críticas de los grandes medios de comunicación. Pero Petro hizo bien una cosa, una sola cosa: vender ilusiones y las ilusiones son muy poderosas en la política. Despertó en los habitantes del sur la conciencia de sus derechos sociales; despertó en sectores de las elites la angustia por el cambio climático y la devastación ecológica; sedujo a las minorías étnicas y sexuales con su prédica contra la discriminación; le hizo ver a la ciudad que un metro clásico, subterráneo, era posible y le entregó unos estudios, un compromiso del gobierno nacional para la financiación y la promesa de créditos en la banca mundial; insistió una y otra vez en la valoración de lo público y encontró ejemplos como el de la recolección de las basuras para mostrar el abuso de algunos privados. Ahora bien, estas ilusiones, estos sueños no son invenciones de Petro, no son artificios de un mago en un escenario, son parte de la agenda emergente en las ciudades del mundo, representan el espíritu del siglo XXI. Son visiones que deambulan por la ciudad, visiones que llegan a través de los medios, a través de la academia, a través de las historias de los viajeros que recorren ciudades de Europa y de Estados Unidos. Peñalosa no ha comprendido nada. Está apegado a la agenda de finales del siglo XX. Está atado a la visión de su primer gobierno. Peñalosa no comprende esta ciudad que quiere reinventarse, que quiere ensayar nuevos rumbos y saltar etapas. Solo se necesitaba un poquito de inteligencia para dejar correr estas ilusiones, para alimentar una o dos de ellas, para no consumir esfuerzos en deshacer estos sueños. En vez de esto se dedicó a confrontar este imaginario, a contrastar su visión de ciudad con las aspiraciones surgidas en los gobiernos de izquierda que aun con sus graves errores, aun con el asombroso plan de los Moreno Rojas para robarse la ciudad supieron de los anhelos de las capas más pobres de la población. Peñalosa está lejos de ser un incomprendido, lejos de ser un hombre adelantado, alguien que está a kilómetros de distancia del resto de los bogotanos. Todo lo contrario. La ciudad comprende sus proyectos, sabe que se necesitan más vías, más TransMilenio, más infraestructura, más espacio urbano, más desarrollo, pero eso ya lo ha visto, ya no es novedad, es algo que está en el registro de la ciudad, algo con lo cual no se debe pelear, algo que debe continuar. Ahí no está el debate. Al principio Peñalosa se limitaba, con cierta tranquilidad, a poner el espejo retrovisor y a descargar en Petro el furor de la crítica. Pero con el paso de los meses ha empezado a disparar para todos los lados. Ha perdido la mesura, se ha llenado de rabia y ha dado en calificar a la ciudad, a su gente, de ignorantes, de no comprender su gran visión. El que se enoja siempre pierde. En medio de su decepción con los resultados de las encuestas dijo alguna vez que “la reserva Van der Hammen no tiene nada distinto a cualquier potrero”, para sustentar la necesidad de abrir allí un corredor de movilidad; y en días recientes, para defender su idea de metro elevado, dijo que “a los ciudadanos les parece muy sexi el metro subterráneo porque no lo han usado, pero no saben que tienen que meterse en la tierra como una rata todos los días en túneles que huelen a orines con mucha frecuencia”. Los medios de comunicación no le han ayudado a Peñalosa a comprender la ciudad de hoy. Le han hecho demasiadas concesiones. Las broncas cultivadas por Petro le han servido de mampara a Peñalosa. Los medios han sido permisivos con sus inconsistencias, con sus arrevesadas explicaciones sobre el metro elevado, con el peligro de perder la financiación del gobierno nacional si se reanudaba el proceso con nuevo trazado y nuevos estudios, con sus reversazos, con sus improvisaciones.
Un documento en poder de la Fiscalía colombiana podría dar al traste con la pretensión de Corficolombiana −empresa de propiedad del banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo− de ser reconocida como víctima de su socio Odebrecht en el proceso penal que se adelanta contra los responsables de los pagos de sobornos en la adjudicación de la Ruta del Sol 2. Corficolombiana, a través de su filial Epysol, tiene el 33 por ciento de la Ruta del Sol 2, en la que Odebrecht tiene el 66 por ciento y el grupo Solarte, un 4,9 por ciento. El documento, del que tuve conocimiento en calidad de periodista, fue firmado en Brasil el 6 de enero de 2017 por tres de los 77 altos directivos de Odebrecht que decidieron colaborar con la justicia brasileña, luego de que su jefe, Marcelo Odebrecht, fuera encarcelado a mediados de marzo de 2016: Luis Antonio Bueno Junior, director para Colombia de la firma brasileña; Luis Antonio Mamery, director de Odebrecht para América Latina, y Luis Eduardo Da Rocha Soares, alto ejecutivo de la compañía. Este documento, que, repito, ya reposa en la Fiscalía colombiana, es una declaración juramentada en la que los tres ejecutivos de Odebrecht revelan que José Elias Melo, quien para entonces se desempeñaba como presidente de Corficolombiana, lejos de haber sido una víctima ingenua de los torcidos de Odebrecht, habría sido su presunto cómplice. Según esta declaración, que tiene la rúbrica de estos tres ejecutivos de Odebrecht, esta sórdida estrategia habría quedado sellada a la salida de una reunión que estos tres empresarios brasileños sostuvieron con Gabriel García cuando fungía como viceministro de Transporte del gobierno Uribe, en un apartamento de Bogotá en el año 2009. Uno de ellos, Luis Antonio Bueno Junior, le habría informado al presidente de Corficolombiana sobre el soborno de 6,5 millones de dólares que había exigido el viceministro de Transporte y habrían acordado pagarlo entre Odebrecht y Corficolombiana con cargo a las cuentas del contrato. Como dato curioso, dice el documento que ambas partes también habrían convenido no contarle al otro miembro del consorcio, los Solarte, en razón de que su participación era muy baja y no valía la pena involucrarlo. No sobra recordar que para ese momento el viceministro García era también el gerente encargado del Inco, del gobierno Uribe, y por ende el funcionario que tenía que firmar el contrato objeto del soborno. Esta columna ha podido establecer también que Corficolombiana, luego de que estalló el escándalo de Odebrecht a finales de diciembre pasado, realizó una serie de auditorías internas en las que se encontraron unos pagos irregulares que habrían sido aprobados por Melo en el año 2009 relacionados con el contrato de Ruta del Sol 2, los que al parecer se habrían hecho sin la aprobación de su junta directiva. Hoy García está preso y se encuentra negociando un principio de oportunidad con la Fiscalía colombiana y José Elías Melo, quien fue retirado sorpresivamente de la presidencia de Corficolombiana en abril de 2016 y ha sido llamado –por ahora– a un interrogatorio como indiciado ante la Fiscalía. En opinión de entendidos, con las pruebas que al parecer tiene la Fiscalía en contra del expresidente de Corficolombiana debería haberle imputado cargos hace rato. ¿Por qué salió Melo de Corficolombiana? Hasta hoy las razones de su sorpresivo retiro siguen siendo todavía un misterio. Lo que sí se puede afirmar es que su salida coincide con dos noticias sucedidas en Brasil por la misma época: la condena del dueño de la multinacional, Marcelo Odebrecht, a 19 años de cárcel y el anuncio de su acuerdo con la justicia brasileña para revelar información clave sobre la manera como se hicieron los sobornos en diferentes países de América Latina, entre ellos, Colombia.

Yo siempre e dicho que la masonería no está para vivir del pasado, sino para construir el futuro de las naciones por medio de las acciones del presente. Tampoco está para constituirse en un club social de grandes banquetes y negocios empresariales. Ella debe de ser la cantera de donde provengan las ideas renovadoras para hacer de Latinoamérica una zona del mundo libre de la injusticia social, la ignorancia y el populismo, enemigos que mantienen en vilo a las naciones que componen las antiguas colonias españolas. En esta oportunidad, presento a Francisco Miranda, el padre intelectual de la masonería latinoamericana, comprometida en la lucha por lograr la libertad, la igualdad y la fraternidad. Primero pasos Francisco de Miranda y Rodríguez, nació en Caracas el 28 de marzo de 1750. Era el primogénito del canario Sebastián Miranda y Robelo y de la criolla Francisca Antonia Rodríguez y Espinoza. Desde muy niño recibió esmerada educación. Estuvo en la Academia de Santa Rosa y después en la Universidad. En 1771 viajó a España para completar sus estudios. Ingresó al ejército, donde obtuvo el grado de Capitán del Regimiento de Infantería de la Princesa. Sirvió en el norte de África, demostrando talento militar y extraordinario valor en la guerra contra los moros. Estudioso y con facilidad para aprender idiomas, no tardó en hablar fluidamente inglés, francés y alemán. Después de algunas incidencias, en 1780 fue enviado a la guarnición de Cuba, como ayudante del coronel Cajigal. Destacó rápidamente por su excelente preparación militar y su afición a la lectura. Pero las intrigas y la envidia política le hicieron caer en desgracia. Lo acusaron por su actuación en Jamaica, donde dicen que pronunció discursos para incitar a la libertad de las colonias españolas. Cargado de grillos, en 1782, fue enviado a la cárcel de La Habana, pero gracias a la mediación y ayuda del comandante de la guarnición y amigo personal, el coronel Cajigal, logra salir airoso de esta situación, partiendo inmediatamente hacia los Estados Unidos de Norteamérica. El ingreso a la hermandad Al tiempo de haber llegado, se instala en Filadelfia, donde gracias a su dominio del idioma inglés, y sus ideas republicanas, conoce y entabla, una gran amistad, con los generales Washington y Lafayette, uniéndoseles a su gesta libertaria que ya habían iniciado en contra de la corona Británica. Varios historiadores masónicos norteamericanos y franceses aportan valiosa información sobre la actividad masónica del caraqueño Francisco de Miranda, de quien aseguran que se inició en 1783, en una logia de Filadelfia, muy frecuentada por el famoso general francés Lafayette. No hay datos sobre el día y el mes. Por las contingencias derivadas de la guerra, al parecer se perdieron los archivos de la logia donde Miranda recibió la luz masónica. De lo que se sabe es que Lafayette fue su padrino de iniciación. Existen muchas referencias sobre la asistencia de Miranda a logias de Nueva York y de sus tertulias con George Washington en locales masónicos. Por esa vaguedad en la fecha de iniciación de Miranda, en Filadelfia, algunos historiadores demasiado ortodoxos, han puesto en duda la iniciación del precursor en los Estados Unidos. No faltan quienes inclusive la rechazan de plano. Sin embargo, investigaciones posteriores a la publicación de los dos volúmenes de Américo Carniccelli, arrojan bastantes evidencias sobre los contactos de Miranda con Lafayette, que culminaron en su iniciación en una logia de Filadelfia, en 1783. Otros investigadores aseguran que Miranda se inició en la masonería en París, Francia, en 1797, meses antes de su regreso a Londres. Pero esas teorías se desmoronan solas con las referencias publicadas por diarios ingleses en 1785, donde hablan de las reuniones masónicas de Miranda con intelectuales y personajes de la nobleza. Al citar esas evidencias, un historiador británico, llegó a la conclusión de que Miranda se inició en Filadelfia, Estados Unidos, en 1783; recibió el grado de compañero en Londres, en 1785; y el grado de Maestro, en París, en 1797. Esa cronología parece la más ajustada a la verdad, ya que guarda relación con el periplo del precursor por esos países. El regreso a Europa Una vez vencidos los ingleses, y luego de haber reconocido la independencia de sus colonias en Norteamérica, decide seguir su camino, partiendo de nuevo a Europa en donde hizo derroche de valor y de sus dotes de gran estratega militar, en todas las campañas en las que participó. En 1785, la presencia de Miranda en Londres fue resaltada por la prensa británica. Se lo presentó como infatigable campeón de la libertad. Su nombre adquirió prestigio. Frecuentaba los salones de la realeza y se codeaba con los más brillantes intelectuales. Con ansias de glorias y deseoso de acumular experiencia y conocimientos, visitó Holanda, Alemania, Italia, Grecia, Francia, Dinamarca y Polonia. En 1787 llegó a San Petersburgo, la fastuosa ciudad de la nobleza rusa. Allí fue presentado a su Majestad Imperial, Catalina II. El porte gallardo y los modales refinados del militar venezolano, llamaron la atención de la poderosa Catalina, quien se enamoró de él, llenándolo de halagos y condecoraciones. Miranda vistió el uniforme de oficial del ejército zarista, disfrutó del esplendor de la corte y recibió el grado de Coronel del Ejército de Coraceros de San Petersburgo. Pero ávido de nuevas aventuras y con el deseo de organizar la lucha por la independencia de Venezuela, volvió a Londres en 1790. Sus gestiones para conseguir la ayuda de la Corona Británica, fueron infructuosas. El gobierno inglés debido al Tratado firmado en el Escorial, evitaba a toda costa la posibilidad de un conflicto con España. En 1791, Miranda tomó parte activa en la Revolución Francesa. En París, él se hizo amigo de los girondistas Jacques Pierre Brissot y Jérôme Pétion de Villeneuve, y sirvió brevemente como general en la una sección del Ejército revolucionario francés que lucho en la campaña de 1792 para conquistar los Países Bajos llegando al grado de Mariscal de Francia, bajo el mando de Charles François Dumouriez. Arrestado varias veces durante el reinado del terror, Miranda fue amenazado con ser deportado después una medida del Directorio de la Monarquía y los Girondistas. A pesar de todo, su nombre permanece grabado en el Arco de Triunfo que fue construido durante el primer imperio. La Gran Reunión Americana En 1798, regresó a Londres, donde fundó la logia la Gran Reunión Americana. Febrilmente trabajó para preparar la expedición libertadora de Venezuela. Esta logia es cuestionada por algunos historiadores masones, porque se salía de los rituales, para dar preponderancia a los ideales de la causa republicana. Miranda otorgaba grados de Maestros a los que destacaban por sus dotes intelectuales y por su amor a la libertad y la causa de la independencia americana. Les tomaba un juramento especial, que siempre terminaba con "el repudio a todos los tiranos y las tiranías". Los trabajos en la "Gran Reunión Americana", no versaban tanto sobre simbología o el catecismo masónico, como sobre las ideas de la Revolución Francesa y la necesidad de libertar a las colonias españolas en América. Esto critican los ortodoxos a Miranda. Afirman que se olvidaba de los rituales, para hacer foros sobre la importancia del sistema republicano y la reforma de las estructuras sociales en las colonias que deseaba libertar. Lo que no dicen los críticos de Miranda, es que todos los próceres de la independencia americana, daban prioridad en las logias, a discusiones sobre táctica y estrategia de la lucha que libraban, porque de ello dependía en gran parte del destino de los países donde actuaban. El Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, según refiere en un libro el historiador masón boliviano, Ángel Salas, en la logia de Chuquisaca que visitaba, discutía sus planes de gobierno. Por ese motivo, que se sepa, nadie nunca puso en duda la identidad masónica del extraordinario cumanés. En las reuniones de la logia Miranda tuvo la oportunidad, de conocer al joven chileno, Bernardo O’Higgins, con el cual entabló una especial amistad, siendo entre otras cosas su maestro de matemáticas. Luego de más de un año de cordial amistad, Miranda le expone a O’Higgins, con detalle, todos los planes libertarios que por tanto tiempo había estado madurando. Sorprendido por la afinidad de criterios y opiniones sobre el tema, el joven chileno le narra a Miranda, la historia y hazañas de Lautaro, el gran cacique Araucano, que defendió y reconquisto el suelo de Arauca, venciendo al propio conquistador de Chile, Don Pedro Valdivia, batalla en donde Lautaro pierde la vida en defensa de la libertad de sus hermanos de raza. Nació entonces la idea en Miranda, que luego llevaría a los hechos de homenajear al héroe Araucano, fundando la logia Lautaro, teniendo con el tiempo filiales en varias ciudades europeas, siendo la de mayor importancia, la de la ciudad de Cádiz, en la cual fueron muchos los sudamericanos que allí se iniciaron como Masones. Todos de la mano de Francisco de Miranda, abrazaron y juraron con devoción y entusiasmo patriótico, cumplir con los preceptos, que promulga la Masonería: la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, para luego partir, cada uno a su patria, a emprender sus respectivas gestas que culminaron con la liberación e independencia de toda la América. De no haber sido porque Miranda sembró en los corazones de todos estos jóvenes la semilla de libertad y los preceptos de la augusta orden, difícilmente se hubiese podido realizar una empresa libertaria de esa magnitud.