Francocap
Usuario (Argentina)
Estas son historias derivadas del amor y del odio, de la vida y la muerte y de la mera realidad cotideana. Disfruten y comenten...... Primera función Llegué, me animé. Mi primer mensaje abierto a la comunidad. Luego de muchos años imaginándome escribir para vos y acá estoy, sentado mientras de fondo habla Petinatto. Esto es simple, no me muero si no te gusta, no me alegro si disfrutas, solo estoy para recordarte que la vida no es corta, pero tampoco larga, disfruta pichón (o pichona en su defecto) del oxígeno que pronto se acabará. Tampoco es mi intensión deprimirte, solo que reacciones ante los posibles chichones que tú espalda tendrá que soportar. Pero alegraos, las carcajadas serán miles!!!!! esperemos… Bueno, para empezar se me ocurrió hablar de la actualidad, no del presidente, o presidenta, de que la Carrió lloró, de que la votación en Córdoba es un fraude ni de la tarjeta Evita, te hablaré de lo que me ocurrió hoy. Tarde gris, triste en la ciudad de Buenos Aires, aunque te resistas llegó la tormenta de Santa Rosa, que no siempre llega en la misma fecha, dentro de poco la ubicarán seis meses antes o seis meses después del 30 de Agosto. Como siempre de regreso a casa caminaba por Palermo / Villa Crespo (no me resigno a llamarlo Palermo Queens) cuando me encontré obligado a presenciar esto, te pongo en situación, señora sexagenaria discutiendo con el verdulero por el precio del tomate. Suerte que el semáforo me detuvo, sino mi vida hubiese continuado igual. La señora de cabello gris, vestido enterizo floreado, con aspecto de loca y le faltaban dientes. El verdulero, pibe de 30, con cara de bueno y hablaba con tonito bastante gay (si lo era, nunca lo sabré). La discusión comenzó cuando el pibe le dijo el precio del tomate, cinco pesos, CINCO PESOS!!! pensé, lo podes creer, hace unos años con cinco pesos me compraba dos kilos (que pensamiento boludo pero es lo que hay), no te puedo contar la cara de la doña, parecía que se lo comía, ¿CUANTO? le dijo, cinco pesos contestó el muchacho, ya con menos dejos de altanería y de que se las sabía todas, me queres matar le dijo la señora, no puedo expresarte el modo en que lo dijo, como si en realidad se estuviese sintiendo morir, hasta me imaginé corriendo a sostenerla, pero nunca dejé mi lugar (no se si por cómodo o porque no la conocía o porque lo pensé después), no te pago eso ni loca grito la anciana, esto no sería divertido si la abuela no hubiese estirado la mano para cachetear al muchacho y que este a fin de esquivarla tirase todos los tomates en la vereda. Pero no acaba acá, cuando los tomates rodaban hacia la calle la señora agarró dos del suelo, se los mostró riéndose y pronunciando, para la ensalada de la noche querido!. Luego de reírme por algunos segundos proseguí mi camino. No te contaría esto si no nos dejara estas enseñanzas, reflexiones y preguntas. 1 – Que grande la vieja!!!!!!! 2 – Que caro está el tomate. 3 – Si yo no hubiese estado parado ahí, ¿hubiese sucedido? 4 – Nunca me imaginé un verdulero gay hasta que presencié este acontecimiento. 5 – ¿Usará las zanahorias para que éstas sean un elemento nunca más comestible? 6 – Que asco imaginar el punto anterior!!!! 7 – Si cambiamos al verdulero por una conejita Playboy, ¿sigue siendo asqueroso? 8 – ¿La vieja lavará los tomates? Y millones de preguntas, comentarios y reflexiones más que te imaginarás vos… Bueno, acá termino mi primer día escribiéndote lector, espero que sigas por estos lugares esperándome… NUNCA! las segundas partes fueron buenas ¿Cómo estás lector? ¡Volviste al final!, sos predecible… Lo primero que voy a hacer es ponerte un nombre, la verdad es que odio llamarte lector y vos debes odiar que te llame así, igual no te voy a dar el gusto, te voy a poner un nombre equis y vas a seguir siendo anónimo. El nombre que te pongo es Atilio, sí Atilio, este no se usa en mi rango de edad (de 20 a 35 años) o sea vas a seguir siendo aquel, el otro, además, si tus padres te pusieron Atilio te lo cambiaste si no antes te suicidaste. Hoy cuando desperté me puse a pensar de qué podría hablarte, muchos temas vinieron a mi cabeza, pero uno solo quedó dando vuelta media hora después, voy a hablarte de los argentinos, de los “típicos argentinos”. Al salir del trabajo, como siempre me dispuse a caminar mis tan ansiadas veintidós cuadras, agudicé la mirada y busqué a mi primera victima. Ahí estaba, esperándome cada quince metros, era él, quien más que nuestro querido portero, también llamado encargado, incansable fichador de culos y rascador de bronce. Me imaginé ponerme en su lugar, como sería mi día. Me levantaría a las seis de la mañana, baldearía la vereda (tarea que debería hacer el gobierno, para eso pagamos el ABL, ya sé Atilio, ellos tienen que lavar la calle, no la vereda, pero como a veces se pasan de la “raya” podrían darme una mano), además la considero una tarea idiota, ya que en menos de diez minutos estaría sucia de nuevo. Luego tendría que limpiar los pasillos, lograr que cada vez que pasen los propietarios y/o inquilinos rechinen sus zapatos, si vamos al caso eso no es bueno, las señoras se avivarían de la hora que vuelven sus maridos de “jugar a la pelota” con los amigos, pero bue, es mi trabajo. Ya llegando al mediodía, el almuerzo y la tan esperada siestita (por una de esa todos los días mataría). Llegando a las cuatro de la tarde, sin ningún tipo de apuro, abriría la puerta de calle y me pondría a charlar con el encargado de al lado, obviamente me agrandaría de tal manera que si no me enteré de nada en el edificio, inventaría los mejores chismes de la tierra, por ejemplo, la rubia del cuarto se cepilla a tres por día, y no solo eso, hice un pequeño agujero en la puerta por el cual la filmo y vendo el video al mejor postor, es más, con cuatro más de esos me retiro!, siiiii, eso le diría. Más tarde repartiría las cartas y juntaría la basura, tareas que le puedo dar a un amigo para que se gane unos mangos, para el tetra. No después de las nueve de la noche a mi departamento, mi día terminó. Si ponemos esto en la balanza, sale todo bien, y los del gobierno me limpian la vereda, los maridos del edificio decretan que no de encere el piso y mi amigo sigue tan gaucho como siempre, lo único que haría sería: levantarme a las seis de la mañana y hacer huevo hasta las doce, comer, dormir la siestita, salir a la puerta a agrandarme, darle unos mangos a mi amigo por la basura, cenar, mirar bailando o patinando por un sueño (no me puedo dormir sin tomarme unos culos antes) y a la camita, todo esto agregando que no pago casa, cable, luz, agua y el maldito ABL!!!!. Hay que pensarlo Atilio, pero para eso te dejo tranquilo, mañana, tal vez, vendrá el próximo argentino ilustre, a la misma hora y por el mismo canal. Volviendo para no irme, la tercera es la vencida Habiendo transpirado como un marrano, he llegado a mi hermoso escritorio para redactarte mis pensamientos. Lo primero que te quería preguntar Atilio es ¿donde carajo está Santa Rosa?, yo me acordaba del frío, la lluvia que nunca acababa, las polleras de las chicas ejecutivas que se engañaban creyendo que porque era primero de Septiembre ya había que mostrar las piernas, el calor, París, el mundo y Giordano. Que personaje absurdo este Giordano, tal vez si se hubiese dedicado solamente a cortar el pelo hubiese sido recordado con mayor respeto, pero no, el tipo tuvo que hablar gansadas por televisión (por lo menos éste no afano con las tarjetas de crédito, o peor, ¡no nos enteramos!). Igual es todo muy raro, ¿viste el peinado que tiene?, el pelo le sale de la mitad de la capocha, sube queriendo tocar el cielo y se va para el fondo, es como un batido de los ochenta con la frente de Zidane y la cara de un pelotudo, ah, no nos olvidemos que es peluquero, laburo de señoras o señores afeminados, pero como muy afeminado no es, no me queda otra que verlo como una mina, y bastante retro por cierto. Volviendo al tema de Septiembre, es un mes bastante choto, primero y principal no hay un solo feriado, o sea, no pasó nada relevante en la historia un día de Septiembre, segundo, sin que sea menos importante, no sabes como corno vestirte, a la mañana hace quince grados por lo que sí o sí hay que ponerse un saco, ahora, cuando estas volviendo a la tarde te querés poner en bolas, esos putos veinticinco grados que con la humedad parecen treinta y ocho y en el bondi cincuenta no te deja respirar, y para nosotros que somos medios rellenitos (por no decir ositos cariñosos) nos hace derramar agua con cada respiración, pero bueno, esto es Buenos Aires, no París, no el Mundo. Viendo que como normalmente me pasa me fui por las ramas tendría que ponerme más serio, pero seguiré yéndome para recordarte a las gatitas de Porcel, te acordes Atilio, todas en ropa interior, las mejoras hembras argentinas del momento bailaban como idiotas al lado de Jorge, pero ojo, si ese programa estuviese ahora en el aire lo pondrían a las tres de la tarde, en comparación con lo que hay hoy, eso es para mayores de once años, ahora te muestran los pechos de Nazarena, el coito de Gran Hermano, lo sucedido en El Bar TV (¿te acordás de la mano en la mampara del baño?), los pobres chicos sin dinero para pagar un telo y se tuvieron que tocar en una plaza, la mina que defecó dentro de un yacuzzi y muchas más imágenes maravillosas (por lo menos así es para mi) que no recuerdo en este momento en el programa de Rial (personaje que me ocuparé en alguna otra edición). Volviendo, que lindo esos tiempos, como nos ratoneábamos con las gatitas, Matrimonios y algo más, las películas de Olmedo y Porcel, las primeras películas mongas que llegaban de Estados Unidos como La venganza de los Nerds, no tan lejos pero el tan revitalizante rompeportones, que lindos tiempos esos, no te voy a decir que los quiero ahora, pero los extraño solo sabiendo que no volverán… Cuatro bodas y ni un funeral Hola Atilio, ya sé que no te escribo hace una semana, pero estuve con tiempos complicados y no propensos a la narración. Mi intención era seguir hablándote de los ilustres argentinos, compañeros de emociones y piratas porteños, pero creo que esta experiencia te sonará un poco más entretenida. Te voy a hablar de las reuniones con ex compañeros, encontrarte con los chicos que viste (o aguantaste) siete años o en su defecto doce (primaria y secundaria) y ya no tenés nada en común, ni siquiera historias que le puedan interesar al otro. Pero iluso, vas contento y lleno de ilusiones al encuentro de los amigos de la niñez, con los cuales te armaste para ser el hombre de hoy que la mayoría no soporta (lamento que sea yo el que te lo diga, pero es así). Pero bueno, acá estoy, entrando al bar, para compartir un rato con gente que no veo hace quince años y que seguramente no reconozca. Al entrar, ya está sentado uno, el que ingresó en sexto grado al curso, nunca nos llevamos encima, ni el nombre me acuerdo, ¿Como andás?, hace mil que no nos vemos, le digo, mientras él me cuenta un montón de idioteces que no me interesan. Al instante llega otro por suerte e interrumpe la charla sin sentido que estaba manteniendo, de éste si me acuerdo, el fachero de la clase, el que en séptimo grado ya se había bajado a diez minas, dos profesoras, tres monjas, Flavia Palmiero y un perro de la calle, mientras que yo recién me estaba conociendo en la ducha, el que siempre quise que sea mi amigo pero no me daba ni la hora, que loco, ahora me saluda como si fuese un familiar que no ve hace cincuenta años. Luego uno tras otro van ingresando al recinto y nos saludamos como hermanos que se encuentran en el programa gente que busca gente. Qué raro me siento al ver a todos estos pibes con pelos en los brazos, las chicas maquilladas, la barba. Cuantas historias se recuerdan en la mesa, las del viaje de egresados, las de los asaltos, y las salidas a las cuales no me invitaron, pero por educación o estupidez asiento como si la hubiese pasado bomba en cada una de ellas. Luego de que pase media hora y piense mil veces en como escaparme sin que se queden todos hablando de lo amargo que soy, aparece ella, la que cuando era chico era merecedora de mi más sincero amor, la que me dió fuerzas para levantarme cada día esperando ese beso en la puerta del colegio, la más linda, la más copada. Se sentó frente a mí, me miró y se me erizó la piel, todavía la amaba me dije y suspiré. Estaba hermosa como siempre, solo que ahora tenía unas tetas, perdón Atilio, unos senos alucinantes y una cola que rajaba la tierra. Las ganas de irme desaparecieron inmediatamente (un pelo de ……..tira más que una yunta de bueyes, pensé, nunca esa frase fue más acertada) y mientras, seguí esperando que me regale otra mirada. Obviamente esa mirada nunca llegó, seguí siendo ignorado por esa señorita como si todavía estuviésemos a dos bancos de distancia, quince años atrás, cuando mis manos pasaban a su mano y su boca no me dirigía ni siquiera un gracias, y menos una sonrisa. Esperando en vano divertirme, a las dos horas me propuse levantarme y huir, no era el primero así que no pensé en el qué dirán. Al querer escaparme me agarra del hombro Julieta, la traga y fea de la clase y me dijo que la espere, que volvíamos juntos, en ese momento me percaté que estaba en la reunión, no era linda, pero sin ninguna duda había mejorado. Ahí recordé que Julieta vivía a unas cuadras de mi casa, de que fuimos muy amigos y que por cosas de la vida nos separamos y no hablamos más. Caminando de regreso recordamos nuestras historias, de lo que esperábamos del futuro. Increíble, logró que dejara de pensar en la bella y malvada Sofía, para concentrarme en su respiración, su pelo enrulado, sus anteojitos de intelectual y esa mirada que casi había olvidado, no hice otra cosa que imaginarme y recordar episodios en los que ella me ayudaba y acompañaba. No lo podía creer, se me erizó la piel nuevamente, en diez cuadras reconocí al amor de mi vida… Cinco minutos de histeria Cosas raras pasan cuando uno es un demonio nocturno Atilio, uno respira miedo, sufrimiento y sobre todo mucho dolor. No sabe por cual calle transitar, no sabe si confiar, no sabe reír, pero no le cuesta llorar. Obviamente Dios no está en este callejón, cuesta observar, cuesta volar. Paro el colectivo, saludo con una reverencia al chofer y me siento en el fondo. No había pasajeros solo dos ratones charlando y riendo, mofándose del mundo, de sus idas, pero no de sus vueltas. Sube una chica, morocha ella, con una sonrisa tramposa, en sus ojos habían marcado a fuego una desilusión, pero ella sonreía. De vez en cuando me regalaba una mirada, pero instantáneamente venía un suspiro, esos suspiros Atilio que te hielan la sangre, esos que te hacen entender porque uno está solo y sobre todo porqué lo prefiere. Se sienta al lado mío, el colectivo está vacío, pero ella se sienta al lado mío, me mira y empieza a hablarme, no le entiendo, son todas palabras que no existen, balbucea, no le entiendo. De pronto su palabrerío no comprensible muere, mira hacia delante y se petrifica. Ahí esta él, sube, rubio de ojos claros, ojos claros que arrojan fuego, mucha ira, mucho deseo de venganza. Lo único que hace es mirarla, no habla, no respira, no vive, solo la mira, la odia, de pronto empieza a llorar, se desploma, ella lo levanta y lo baja del colectivo, quiero seguirlos, pero el colectivo vuelve a andar. Logro bajarme y entro en una casa, casa de paredes altas, enredaderas gigantes que rodean al jardín del frente, hay un banco, sobre él hojas de un libro que creo conocer, pero no, solo letras al azar sin significado, pero lo conozco, juraría que lo leí, pero no logro entender lo que dice. Logro sortear miles de obstáculos y entro a la sala. Lugar chico, las paredes mostraban pinturas de un anochecer eterno, cuadros inmundos de un pintor que llevaba siglos muerto, vasijas gigantes llenas de arena, miles de ceniceros distribuidos formando un increíble caracol, o eso parece. Sillones de tela negra completan el tenebroso panorama, rotos y sucios terminan de darme la sensación de entrada al infierno. Para mi sorpresa la casa terminaba ahí, solo eso existía, sin cocina, sin baño, sin nada. Salí corriendo, pero el jardín ya no existía, salí a la calle y corrí. Nunca me agité, raro en mí ya que soy asmático, el aire entraba en mis pulmones con toda tranquilidad, pausadamente fui llegando a mi destino, el final del primer callejón, donde esta historia comenzó. Moría de sed, pero no había agua. De pronto viene hacia mí a toda velocidad el colectivo, trato de esquivarlo, pero no hay caso, retoma su camino hacía mi alma. Esa bocina no deja de sonar, pero no es una bocina común, es un pitido, insoportable e incesante que tortura mi oído. Faltan centímetros para que me aplaste, pero de pronto siento caerme, una resucitación repentina. Eran las seis de la mañana Atilio, tenía que ir a trabajar... Seis billeteras terminaron matando al galán Hola Atilio, hoy estuve pensando mucho que recuerdo te iba a relatar, al no encontrar respuesta dentro de mi cerebro me dejé llevar por mi caminata diaria para que me ayudara. Escuchando como siempre la Metro, los muchachos de la radio me hicieron recordar una frase que hizo famosa Pocho “la pantera”, personaje mediático parecido a George Clooney que nos hacía bambolear la cintura al ritmo de la cumbia dijo: “vale más barato un prostituta que una novia”. Todo esto me hizo recordar cuando por primera y única vez intenté cortejar a mi ilustre personaje porteño de hoy, la rubia platinada, que en Junio mantiene un color de piel impecablemente naranja imposible de obtener salvo por las camas solares, que a su vez dan cáncer de piel, pero a ella no le importa, solo quiere seguir siendo una zanahoria más de la calle. Este episodio de mi vida nace en diciembre del año 1999, más flaco y con abdominales marcados me acercaban a este tipo de mujeres, pero como la cara no sufre modificación alguna se daban media vuelta al acercarme. Hasta que un día no fue así, me saludó una con un beso en el cachete, se llamaba Julieta y su aroma era conocido, un perfume tradicional pero infaltable en toda mujer que se mostraba infartante en esa época, obviamente no sé el nombre del perfume Atilio (no soy un metro sexual ni lo fui, ni lo seré, y ni siquiera los soporto, ¡los odio!). Mediante un proceso cósmico, algo así como una luz que partió del sol hace doscientos años rebotó en uno de los anillos de Saturno, haciendo que diera tres vueltas en Venus para llegar a Marte, quien por un proceso químico hizo que esta luz llegara a mi cara y en forma de suerte (o culo para los del barrio) logró que me diera su teléfono luego de una velada en la que hubo fernet con coca, destornilladores varios, un sex on the beach y tres cervezas en ella, y yo solo había tomado mi agua mineral de siempre. Entre vómitos varios y saliva en mi camisa arreglamos que la llamaría. A la semana siguiente, muerto de emoción, con mucho coraje y un julepe para veinte tomé el teléfono y marqué su número: - Hola, buenas tardes, ¿se encuentra Julieta? – la voz de un hombre atendió mi llamado. - Sí, ¿de parte de quién? – esbozó esa voz. - Un amigo – ¿que le voy a decir, un flaco que recibió su vómito la semana anterior? No, eso mejor no. Luego de esperar casi diez segundos atendió una mujer. - Hola – dijo ella. - Hola Julieta, ¿como estás? - ¿Quién habla? – preguntó. - El pibe del boliche – le dije orgulloso. - ¿Que boliche? – Preguntó sorprendida. - La semana pasada, en Sunset, ¿te acordás? - Ahhh, sí, ¿Cómo andás? - Muy bien – le respondí – ¿Tenés ganas de ir a comer a la noche? – lo dije muerto de miedo ante la inminente negativa. - Dale, no arreglé nada, así que pasame a buscar a las nueve, ¿te parece? – Casi me cago. - Listo, dame la dirección…. Y la conversación terminó al segundo… Excitadísimo, más que contento y con una energía no propia en mí, me bañe, me acicalé, me vestí para matar y salí de mi casa. Llegué a su puerta y me atendió ella directamente, estaba buenísima, me miró con cara de ¿eras vos?. Nos subimos a un taxi y nos dirigimos a Puerto Madero. Fuimos a comer a un restaurante conocido de ese barrio, luego fuimos a caminar por ahí. No le pude ni acercar la cara para que me dé un beso, luego de diez minutos intenté darle uno yo, a lo que un óleeeeeeee se escuchó en la tribuna. Entonces dije, la pongo en pedo y es mía, la llevé a un conocido boliche de Recoleta. Adentro tomamos bastante, obviamente ella más que yo. Debido a la cerveza que tomé tuve que ir al baño, no sabía si dejarla ya que su ebriedad era terrible. No aguanté más y fui para el toilette. Al regresar, ante mi sorpresa, la mina estaba enredada con un patova de dos metros, no sé si por cagón o por realista no empecé una pelea con aquel mastodonte. Salí de ese lugar con ciento noventa y dos pesos menos, volví a mi casa tan triste que ni siquiera un paquete de papas fritas logró levantarme el humor. Obviamente Atilio de esto quedaron varias enseñanzas que paso a relatarte: 1- No salgas con una mina hermosa, es caro. 2- Cuando un patova se agarra a la mina que está con vos pero no es tu novia, let it be. 3- Si el mismo patova se agarra a tu novia, pensalo bien, si no queda otra, ayuda a la vida a tener rota la cara. 4- Si tenés que gastarte ciento noventa y dos pesos en una noche para una mina que no sabés si te va a dar un miserable beso, suicidate. Pero lo más importante que quedó de esto Atilio, si tenés ciento noventa y dos pesos para gastarte en una noche, ¡HACE LA DE POCHO! Que encima te deja para el bondi. Los siete pecados capitales Y bueno, acá estoy, perdona la tardanza Atilio, pero como vos sabes el mundo fue y será una porquería. Siendo muy temprano en la mañana, paso a relatarte lo que me sucedió hace pocas horas atrás. Estaba regresando a mi casa, cuando de camino, un señor de barba pronunciada, ropa maltrecha, bastante dejado respecto a su higiene, así lo entendió mi vista y mi olfato, me solicita algo para comer. Lo miré y como nunca antes me sentí en la obligación de acceder invitándolo a desayunar, a lo que asintió, pero solicitándome que el lugar de nuestra comida sea en donde él se encontraba sentado, que no quería sentir la vergüenza de que no lo dejen entrar al bar. Me dirigí a comprarla y luego de unos minutos me dispuse a compartirla en el segundo escalón de la vieja galería. Me contó que su nombre es Alberto, que hace poco cumplió los setenta y dos años y quince desde que la calle se convirtió en su actual hogar. Tenía una mirada dulcemente triste, detrás de sus ojos azules se escondía una persona increíblemente servicial, atenta y tranquila. Nuestra conversación se fue poniendo cada vez más amena mientras que el sol aparecía en el final de la avenida. Me contó que era abogado, mientras me mostraba un changuito de supermercado lleno de objetos que no me alcanzaría la vida para enumerar, uno de ellos era su título. Continuaba diciéndome que en algún momento vivió con grandes lujos, casas, autos, mujeres, vacaciones en distintos idiomas. Que tuvo tres esposas que le dieron seis hijos, cuatro varones y dos mujeres, las más chicas. Mi ignorancia y mi desconocimiento lograron que mi boca expulse la tan trillada pregunta, ¿Por qué está en la calle? A lo que él respondió, “porque no me quedó otra y además es lo que busqué”. Se me erizó la piel por un segundo, tuve mas o menos diez escalofríos seguidos cuando luego de responder me miró y lanzó su primer lágrima de la mañana. Me relató las causas que lo habían arrojado a su presente realidad, la juerga, las putas (esa fue su palabra), las drogas y sin ninguna duda la venganza. “…Estuve cinco años en prisión por la venganza, seguía su relato, no te das una idea de lo que sufrís ahí, los gritos, las palizas, la soledad…”. Desde ese momento todo era siempre bajo lágrimas de odio y de dolor. “…De pesar ciento veinte kilos terminé con los setenta que ves, prosiguió, y no me quedó nada, nada de nada, solo esta frazada, mi chango y está ropa piojosa que me regalaron ya ni me acuerdo cuando…”. Me sentía muy mal, como culpable, escuchando la tan desdichada historia que me presentaba mi cordial interlocutor. “…Haceme caso pibe, continuó, disfrutá de la vida, no te prives de nada, divertite, pero siempre tené en cuenta que todo termina, y pare ese momento, tenés que estar preparado, los siete pecados son irresistibles, disfrutalos sabiendo que el abuso te llevará a la desgracia. Y ahora andá, tengo que levantar mis cosas para empezar la caminata diaria de búsqueda y castigo”. Me levanté, le di la mano y me retiré sintiendo que mi vida, desde ese momento había cambiado, pero al llegar a mi casa todo volvió a la normalidad, todo estaba igual, hasta los siete pecados estaban retomando su curso normal. Me hice el sándwich de siempre (gula), recordé la noche que había tenido (lujuria), me encabroné cuando vi la poca plata que tenía en la billetera (ira), y obvio, le pagué todo a la mina, tendría que haber dejado que pague ella (avaricia), me puse a ver un película en la cual yo no era el director (envidia), obviamente yo la hubiese hecho mejor (soberbia) y me recosté en la cama sabiendo que al otro día no me levantaba a trabajar (pereza). Todo volvía a su engañoso camino. Metí la bola ocho, ¡te gané! Muy buenas Atilio, perdoname que tarde tanto pero no encontraba tu teléfono, es algo natural, ya que no lo anoté. No, pará, si lo anoté…, a ver, no, es el teléfono de Luciana Salazar que aparecía en la publicidad… Hoy me comunico con vos gracias a la gran cantidad de personal que trabajó con nosotros en la estancia. No puedo dejar de contarte que en estas semanas en las que he desaparecido me he mudado, cosa increíblemente difícil, ya que no estaba tan dispuesto a hacerlo, y en menos proporción preparado. Fue la tarea más difícil que he emprendido en mi vida. Se me ocurrió hacerlo por mis propios medios, o sea, no llamé a la empresa de mudanzas, todo con mis manos y las de algunos Atilios de por ahí que colaboraron gratuitamente y muy honorablemente fueron recompensados. Todo transcurrió con gran tranquilidad que me dio hasta miedo, ya era sábado cuando me dí cuenta que desde ese momento era un hombre, solitario ser que nadie mimaría a la cercanía. Miraba a mi alrededor y veía soledad, las cosas regadas por el suelo sucio. Necesitaba una voz amiga, algo… Empecé a llamar por teléfono y encontraba una señorita bastante mala onda que decía, “Usted se ha comunicado con el 4857-nenu nenu nenu nenu (lo dije a lo Susana, así que nadie transpire), en este momento no se encuentra disponible por favor después de la señal deje su mensaje.”. Algo muy importante es que no me dijo gracias, si es que realmente dejaba el mensaje me iba a sentir vacío, como obligado, pero no lo hice, bien asquerosita la grabación. Pasaban lo minutos y no encontraba a ningún compa que me venga a hacer la gamba, nada de nada, claro, era sábado, nadie sale… Entonces dije, “me tiro en el sillón y espero que pase algo…, siempre pasa algo”. A los quince minutos, nada más que quince minutos mi nuevo vecino, el de abajo, empieza a gritar, una sonrisa floreció de mí, película gratis me dije. Este hombre empezó a insultar a su concubina como no imaginé que se podía, algo cambió en mí al segundo, empecé a sentirme raro, ¿Será esa sensación la tan famosa vergüenza ajena?. Que ridículo este personaje cercano que piensa que gritando logrará algo. No entiende que las mujeres nos dominan, todo el tiempo nos dominan, nosotros gritamos y ellas nos dan vuelta como una media (dicho que nunca entendí por cierto). Tal cual lo imaginé, hubo un gran silencio, y su concubina diciendo con voz muy tranquila, “hoy dormís afuera, anda a gritarle a tu madre”, luego una puerta se cerró fuertemente. En ese momento se me erizó la piel y agradecí estar solo con mi mugre. El Noveno y Décimo Mandamiento (Primera Parte) Atilio, la historia que te voy a relatar hoy viene de boca en boca desde los años antiguos, allá donde no estuvimos ni estaremos por un buen rato ya que la vida es una rueda de bicicleta que va y viene todo el tiempo, o ya inventarán alguna máquina para ir… Corrían los años que narra la Biblia, a lo lejos se divisa un grupo de personas que miran extrañados hacia la cima de un monte, era el Sinaí. Sagrado montículo de tierra dejaba deslizar por sus laderas los pies de un hombre alto, de ojos claros y barba pronunciada, con ojos llorosos esbozaban el nombre de aquel sujeto, Moisés. Recién llegado, sudado y adolorido acarreaba cuatro grandes trozos de piedra caliza, en ellos escrita palabras santas provenientes del Señor, ese, el de los cielos, que todo lo sabe. Se acerca a su gran amigo y compañero de aventuras Gaspar y al oído le solicita: - Gaspar… amigo mío, debes hacerme un gran favor… - Dime hermano mío, lo que quieras haré. - Debes ir a la cima del monte y traerme la quinta piedra, la que contiene las dos últimas órdenes de nuestro señor. - Pero estás seguro Moishe??? (así le decían sus compa)… ¿No se enojará el altísimo si no eres tú quien la soporte? - Entre nos Gaspar, que no me rompa, mi espalda no puede más, si no le gusta que nos mande los planos de un ascensor y listo…. - Ok hermano, yo la soportaré por ti. - Gracias tito (así le decían a Gaspar los conocidos), pero por favor que no se entere nadie, este debe ser nuestro secreto. Gaspar esbozó una sonrisa y asintió pero por dentro no le gustó mucho… - Claro, este quiere la gloria para el solo, que le molestaba que hablen de mí en solo una página de la Biblia, va a haber como mil, pero no, todo para él… pensó. Le dio un beso en la mejilla a Moisés y esperó que se alejen un poco para comenzar su ascenso por la ladera izquierda del monte. Al llegar a la punta más alta del Sinaí, se sentó extenuado sobre un montículo de paja que seguramente utilizó Moisés para descansar. Al lado se encontraba la pieza que iba a buscar, escrita también de la misma forma que las otras que había visto, esta decía. 9 – No vivirás más de cien años, le darás lugar a sangre nueva. 10 – Tu vida en la tierra será solo para servirme a Mí y a nadie más que a Mí, tu Señor. Al leer esas palabras, Gaspar largó miles de carcajadas, no podía creer lo que estaba leyendo, ¿Solo cien años? ¿A vos solo? ¿Quién te crees que sos?. De pronto el cielo ennegreció, y luego de un fuerte estruendo se escuchó. - Dios, Soy Dios, la pregunta es quién sos vos para cuestionar mis palabras y mofarte de ellas… Gaspar se estremeció, se había pegado un julepe bárbaro. - Perdóname Señor, pensé que todo lo que había dicho Moishe era mentira y que él había escrito estas palabras… - No pibe, yo se las dicté, son mis pensamientos… dijo Dios, todavía enojado. - Discúlpame entonces, pero la verdad que estos mandamientos no son muy buenos que digamos… Se animó a decir Gaspar, todavía bastante cagado por el susto. - Ahhh sí, eso crees, bueno, decime cual pondrías vos… Dijo Dios mucho más enojado todavía… - Por ejemplo, algo sobre los padres, ¿no te parece que hay que nombrarlos? - Ya está querido, ¿a Papá?, es el cuarto mandamiento, Honrarás a tu Padre y a tu Madre. - Uhhh, ese está bueno… - Gracias… - A ver… ¿Qué tal algo de las fiestas?, algo que las permita… - Vos siempre de joda Gaspar, es lo único que pensas… - ¿Y que queres? Tengo solo 27 años… - Te quedan pocos niño, aprovéchalos bien… - Que copado sos… - Bueno, basta de payasadas, pasame una de esas piedras de allá… - ¿Primero decime que vas a poner? Dijo Gaspar desafiante… - Que te importa pelmazo… Le respondió el Señor, pasamela bobo… - ¡PRIMERO DECIME! Gritó Gaspar… Y de repente nuevamente el cielo se llenó de nubes negras y una mano impactó en el rostro de Gaspar, mientras se escuchaba el noveno mandamiento… - Santificarás las fiestas. - Noooooooooooooooooooooooooo, dijo Gaspar, eso nooooooooooooooo. Una risa estremeció la tierra… Continuará… El diccionario de las actitudes femeninas ¿Cómo andas Atilio tanto tiempo?, calculo que me extrañaste en este tiempo que me tome para pensar y juzgar mis actitudes venideras. Fueron días de relajación y tranquilidad absoluta donde solo vos llenabas mis pensamientos. Se que esto puede sonar algo homosexual, pero como vos no tenes sexo no importa… En esta ocasión voy a aprovechar a contarte mis experiencias con el sexo opuesto, complicadas como verás a continuación ya que cada mujer con la que me he encontrado me ha dejado algo, lo podríamos llamar ¡ODIO!. Bueno, es verdad, tampoco me tengo que ir al extremo así que llamémoslo odio. Voy a relatártelo como si fuese un diccionario de actitudes femeninas. 1 – La Histérica. Mujer de carácter cambiante. Puede expresar Amor y odio en fracciones de cinco minutos garantizando que en los dos casos está mostrando lo que siente. Se caracteriza por repetir varias veces por semana la frase "¡Nunca te dolió la cabeza a vos!" con tanta convicción para que el hombre logre sentirse mal de que no le duela. Existe una frase que mantiene la paz entre el hombre y esta mujer "Sí querida". 2 - La chica del tiempo. Fracciona todas las actitudes de su vida marcando un tiempo. Por ejemplo "Hasta que no llevemos seis meses de novios, ¡olvidate!" o "¡En quince minutos!", Recomendación, nunca llegues tarde a una cita y/o salida, puede llegar a ser perjudicial para la salud (Ley Nº 23.344). 3 - La empalagosa Mujer que no se despegará de tu persona aunque sea lo último que haga. Tiene un misteriosa obsesión por los llamados telefónicos, mail, mensajes de texto que los científicos de la NASA no han logrado identificar (creen que puede ser una actitud extraterrestre). Pueden llegar a amar tanto que nada más en su vida vuelva a tener sentido. Nota del autor: Esta es la mujer que en el futuro tendrás que soportar hasta que la muerte los separe, o sea, dos años, cinco días, veintitrés minutos, cero segundos, BIP. 4 - La roñosa Mujer desprolija y olorienta capaz de revolucionar estomacalmente a una persona. Sus fuertes olores suelen sorprender al hombre luego de una actividad compleja y dolorosa como es la primera cita. Esta mujer es muy difícil de encontrar, sobre todo desde que existen los perfumes y desodorantes más accesibles en el mercado. Recomiendo huir ante un simple olorcito como es el bacalao. 5 - La machona Mujer que no se la reconoce como tal. Es capaz de derrotarte en pulseadas, golpes de hombros, pogo, pelea de dedos, golpecitos en la oreja, nalgueadas, distancia de escupidas y otras cosas que antes realizabas con tus amigos. Es una gran compañera los domingos a la noche viendo Fútbol de primera pero un pésima cuando tenes un casamiento. Nota del Autor: Nunca romperle el corazón, ya que a vos te romperá los huesos… Este pequeño resumen de las personalidades con las que me he encontrado Atilio, retrata el porque estoy solo, pero también muestra el porque sigo intentando. Espero que todas las Atilios reflexionen junto a mí y vuelvan a ser esas amadas personas que todos nosotros añoramos. No se tiren abajo y no demuestren debilidad como ha hecho nuestra querida presidente (no puedo ocultar lo que me molesta que se auto denomine presidenta en sus últimos discursos). Chicas, mujeres, personas, las amo, las odio, ¡denme más!. Destino Atilio!!! Perdoname!!! Se que hace tiempo que te tengo olvidado pero para que voy a mentirte con excusas baratas y sin sentido, la verdad me ocupe más en encaminar mi vida, que alegrar la tuya. La historia que te traigo hoy peca de ser graciosa, del amor y otros demonios. Hace tiempo que me vengo acordando de vos, de las vivencias que me traías con tus relatos y me di cuenta que por poco que parezca debía alimentar tu alma. Hace mucho tiempo, caminando sin destino por las deliciosas playas de San Clemente viví el mejor de los sueños, el de sentir que el mar terminaba en la mirada ya que con ella al lado no necesitaba la eternidad, solo disfrutar de su mirada y su corazón. Mañana típica en la costa, soleada pero ventosa me deslizaba sin destino hacia el horizonte cuando la vi. Vestida completamente con una remerita y unos jeans se encontraba sentada mirando el mar con una lágrima en su mejilla. Me conmovió la imagen, quede como congelado por aquella visión. Me acerqué despacio hasta donde estaba y sin dejarla mirarme me arrodillé y comencé la charla. - Hola, perdona que te moleste, pero te vi llorando y no pude ignorarlo, ¿puedo ayudarte? - No creo que puedas – dijo ella. - Dame una oportunidad, camina conmigo… Me miró y con dudas más que ganas aceptó. Caminamos como un siglo antes de que pudiese hablarle, tome coraje y con un miedo atroz le dije. - Disculpame si molesta la pregunta, ¿queres contarme que te pasa?. - ¡Estoy cansada de esta vida! – dijo con una lágrima cayendo hacia su remera. - Pero nada puede ser tan grave – le dije. - ¿Y sabes lo que más me duele? Que a él no le importa. - Pero para, explicate mejor… ¿que paso? - Me dejó… - dijo mirándome. - Pero seguramente tendrá arreglo – le dije tratando de que piense que es verdad. - Esto no… te lo aseguro… - ¿Queres tomar algo? Y me contas bien… - Dale… Paramos en el primer balneario que divisamos, ella se pidió una coca light y yo una seven. Ahí comenzó a contarme la historia. Parece que el pibe con el que ella noviaba hacía seis años le había dicho que no podía salir más porque se había enganchado con otra. Que la quería un montón pero que en la vida uno tiene que seguir al corazón y que realmente el suyo le decía que no esté con ella. No paraba de llorar, y no sabía como consolarla. No soy bueno para esos momentos, habría salido con algún chiste malo seguramente, pero preferí escuchar a hablar. Terminamos las gaseosas y seguimos caminando. No sé cuanto paso, entre charla y charla, pero mis pies decían años. Ya no lloraba, todo lo contrario, se dibujaba una sonrisa que me hacía soñar. Se me cruzaron miles de imágines por la mente y lo único que agradecía era que me quedaba una semana más de vacaciones para conocerla. Después de horas me dí cuenta que era la mujer que esperaba. No sé que hora era, pero el sol casi desaparecía, la acompañe hasta el hotel en el que paraba y me pidió que la espere un momento. Unos minutos después, más de los que hubiese aguantado en otra oportunidad, la veo salir con un bolso. Pregunté al instante que hacía con el, esperando que no me de la respuesta que me aterraba. Me vuelvo a casa dijo, voy a sacar pasaje en el primer micro que salga. Me quería morir, se me estaba yendo mi ángel, mi presente y sin ningún lugar a dudas mi futuro. Trate de convencerla que no se vaya pero por supuesto, no lo logré. Llegamos a la estación, sacó pasaje para el micro que para mi maldita suerte ya la estaba esperando y con un beso en la mejilla se despidió, agradeciéndome ser tan bueno con ella. Y partió, sin yo saber su destino ni ella interesada en que lo sepa. El camino a casa fue el más largo que transité en mi vida cuando me dí cuenta que la vida me regaló ese día, pero que el destino no dejó que sea el último. ESPERO QUE LES HAYA ENTRETENIDO Y HAYAN DISFRUTADO DE LA IMAGNACIÓN DE LA VIDA.. BESOS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!