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FoxMulderr

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Israel quiere mantener supremacía regional con ayuda de EEU
InfoporAnónimo8/29/2013

Asegurar la superioridad militar de Israel en Medio Oriente es el argumento central del lobby judío en Washington que ya comenzó a exigirle al gobierno de Barack Obama un nuevo paquete de ayuda por 10 años, que debería entrar en vigor en 2017. El grupo de presión israelí esgrime la Ley de Transferencia de Buques de Guerra, aprobada por el Congreso legislativo estadounidense en 2008. La norma establece que la asistencia militar de Estados Unidos a Israel debe garantizar la “ventaja militar cualitativa” (QME, por sus siglas en inglés) del estado judío sobre cualquier combinación de actores estatales y no estatales. El gobierno Estados Unidos siempre se comprometió a asegurarle la superioridad militar a Israel en Medio Oriente, pero desde 2008 está obligado por ley. Cada cuatro años, Obama debe informarle al Congreso el estado de esa ventaja comparativa. “Estamos viendo a Medio Oriente desde una perspectiva general, que incluye el crecimiento del arsenal de misiles en Líbano y (el territorio palestino de) Gaza”, dijo Michael Oren, embajador saliente de Israel en Estados Unidos, al semanario Defense News. También mencionó la situación actual en la península del Sinaí y en Siria. Israel no se opone a que Estados Unidos venda armas a los estados árabes considerados “moderados”, pero insiste en que lo compense con equipos de mejor calidad. “Si Estados Unidos no se las vende, otros lo harán”, reconoció Oren. “También entendemos que esas ventas contribuyen a la creación de cientos o miles de empleos en Estados Unidos, y nos interesa que su economía sea fuerte y vital”, añadió. Pero la ayuda podría verse afectada por las dificultades económicas que atraviesa Estados Unidos. Washington recortó su presupuesto a principios de este año y ello generó un debate dentro del lobby israelí sobre la conveniencia de presionar para que se mantenga el paquete de asistencia. La discusión puso de manifiesto una de las preocupaciones de los grupos de presión pro-israelíes: la de equilibrar su misión de defender al estado judío sin que parezca que se preocupan más por ese país que por Estados Unidos. Contradicciones económicas Históricamente, la asistencia a Israel permaneció incambiada a pesar de las dificultades económicas en Estados Unidos. Pero esta vez hay otros factores en juego. Por ejemplo, la ley de 2008 no menciona la responsabilidad del propio Israel de asegurar su ventaja militar comparativa. En cambio, obliga a Estados Unidos a equilibrar la venta de armas para cubrir las necesidades israelíes y defender su superioridad. La reducción del presupuesto de defensa de Israel este año genera dudas sobre por qué pide más asistencia cuando disminuye sus propios fondos. El recorte fue de 820 millones de dólares, más de 25 por ciento de la asistencia anual que recibe actualmente. La cuestión cobra mayor relevancia porque la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) proyectó en mayo un crecimiento de 3,9 por ciento para este año en Israel y de 3,4 por ciento para 2014. El crecimiento promedio en los países de la OCDE para los dos años es de 1,2 por ciento y 2,3 por ciento respectivamente. Tal como señaló Oren, el hecho de que Estados Unidos pase de una crisis a otra supone problemas políticos para los grupos de presión que reclaman más asistencia. Pero el hecho de que la ventaja comparativa sea obligatoria por ley, en realidad, los incentiva. Ya no tienen que argüir que Estados Unidos está comprometido políticamente a dar recursos adicionales para garantizar la superioridad militar, porque ahora es una obligación legal. Asentamientos Israel no solo tendrá que explicar por qué recorta su presupuesto de defensa cuando pide más ayuda, sino que también tendrá que justificar la expansión de los asentamientos ilegales en el territorio palestino de Cisjordania. Durante años, Estados Unidos hizo la vista gorda a la construcción de colonias judías de Cisjordania y solo las consideró “obstáculos para la paz”, pero no presionó a Israel. El secretario de Estado (canciller), John Kerry, trata de lidiar con ese asunto, pues para los palestinos la expansión de los asentamientos debilita el proceso de paz. De hecho, era el principal obstáculo para que la Autoridad Nacional Palestina se sentara en la mesa de negociaciones. Pero esta cuestión plantea otro asunto en el marco de la solicitud de asistencia. Si Estados Unidos cuestiona la política israelí en los asentamientos y cree que complican el proceso de paz, ¿no debería esperar que Israel priorizara su propio presupuesto de defensa que, dadas las circunstancias descritas por Oren, sería más imprescindible que destinar fondos a las colonias? No está claro lo que se gasta en la construcción. En 2005, el propio gobierno israelí ordenó una investigación sobre los fondos destinados a los llamados “puestos de avanzada ilegales”, colonias creadas sin autorización del estado judío. El estudio concluyó que, entre 2000 y 2004, el Ministerio de Construcción y Vivienda destinó 20 millones de dólares a esos puestos de avanzada sin autorización oficial. La autora de la investigación, Talia Sasson, se lamentó de la imposibilidad de obtener información fidedigna y estimó que la “suma verdadera podría superar considerablemente a la que figura en el informe” dado que “el monto no incluye lo que pagó el Ministerio por infraestructura, edificios públicos y planificación en los puestos de avanzada no autorizados”. Mientras, según datos de la oficina central de estadísticas de Israel de 2011, el gasto en los asentamientos autorizados aumentó 38 por ciento respecto del año anterior y superó los 400 millones de dólares. La contradicción israelí de aumentar su gasto en asentamientos y paralelamente pedir más ayuda militar a Estados Unidos puede ser usada como herramienta para presionar al estado judío, según Stephen Walt, profesor de asuntos internacionales de la Escuela Kennedy de Gobierno, en la estadounidense Universidad de Harvard. “La garantía de 10 años que pide Israel ofrece a Obama y a Kerry una herramienta de presión si tienen la voluntad política de utilizarla”, dijo Walt a IPS. “Deberían dejar bien claro que Israel solo obtendrá esa garantía si, y solo si, pone fin a la expansión de asentamientos y accede a la creación de un estado palestino viable”, puntualizó. “Es una herramienta de presión útil porque Israel quiere más asistencia, pero en realidad no la necesita”, puntualizó Walt. “Mantendría su ventaja militar durante varios años aun si Estados Unidos cancela toda la ayuda”, observó. “Obama y Kerry podrían recurrir a esa presión sin poner en peligro la seguridad de Israel. De hecho, presionándolo para que ponga fin a la ocupación, estarían mejorándola”, añadió. El Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC, por sus siglas en inglés) fue creado para promover la asistencia estadounidense a ese país, y ese sigue siendo su fin fundamental. El Congreso de Estados Unidos, donde está el fuerte de la influencia de AIPAC, es en definitiva el que tendrá que decidir si el presidente cumple con la ley de 2008 de garantizar la ventaja militar comparativa de Israel. La norma puede llegar a desempeñar un papel fundamental a la hora de superar lo que parecen ser más barreras para el aumento de la asistencia de las que está acostumbrado AIPAC. Mitchell Plitnick, IPS Noticias

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Informe: 30 niños palestinos de Qalqiliya se encuentran aú
InfoporAnónimo9/7/2013

Informe: 30 niños palestinos de Qalqiliya se encuentran aún en cárceles israelíes La sociedad prisioneros palestinos informó este miércoles que el número de niños palestinos de la ciudad de Qalqiliya que están detenidos en las cárceles de Israel se elevó a 30 después que las fuerzas israelíes de ocupación secuestraran durante agosto a siete niños. En dicho informe, la sociedad esbozó algunas de las violaciones cometidas por las fuerzas israelíes de ocupación en contra de los niños privados de libertad, lo que confirma que la mayoría de los niños fueron secuestrados de forma violenta de sus hogares durante redadas nocturnas. Añadió que estos niños y sus familias fueron expuestos durante el proceso de detención a la humillación y el maltrato físico, y señaló que se llevaron a los niños esposados y con los ojos vendados a centros de interrogatorio sin la presencia de sus padres. El centro hizo un llamado a los grupos de derechos humanos, en especialmente a los relacionados con los derechos de los niños, para hacer todo lo humanamente posible para que todos los niños palestinos sean liberados, afirmando que estos fueron detenidos extrajudicialmente y sin prueba alguna.

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Desde Chile, campaña para denunciar el robo de las tierras
Desde Chile, campaña para denunciar el robo de las tierras
InfoporAnónimo9/23/2013

Desde Chile, campaña para denunciar el robo de las tierras palestinas del Valle de Cremisan en Bait Jala La Unión General de Estudiantes Palestinos UGEP-Chile, lleva a cabo una campaña para denunciar el robo de las tierras palestinas del Valle de Cremisan en Bait Jala, por parte del estado de Israel. A pesar que estas acciones violan la legalidad internacional, el mundo observa pasivamente estos atropellos, evidenciando una hipocresía y doble estándar que raya en la inmoralidad y la complicidad. Desde 1948, Israel ha despojado los palestinos de sus propiedades y tierras. Hoy casi 6 millones de refugiados palestinos son impedidos de vivir en sus tierras y propiedades, mientras tanto extranjeros, de religión judía, provenientes de todos los rincones de la tierra viven en estas propiedades. Como esto no es suficiente, y expans10n1s m0 y la avaricia israelí no tiene limites, cientos de miles de hectáreas de las mejores tierras palestinas de Cisjordania ocupadas el año 1967, son confiscadas por los militares israelíes y allí se levantan miles de viviendas e instalaciones para los colonos israelíes. A parte de las enormes utilidades monetarias que le implica a Israel obtener, usurpando tierras y propiedades ajenas sin costo alguno para ellos, esto tiene además como objetivo desmembrar Palestina, dividirla en pequeños bloques, guetos y bantustanes sin conexión entre sí para imposibilitar cualquiera viabilidad de un futuro estado palestino. De esta macabra política, ni siquiera han podido escapar los conventos ni las iglesias. Ahora la administración militar israelí, ha decidido ilegal y arbitrariamente, apropiarse del valle de Cremisan, en Bet Jala – Palestina. En este valle, que es de propiedad privada de palestinos, y donde se emplazan varios monasterios y una escuela, existe una fructífera y milenaria producción agrícola, en donde se construyó hace cientos de años el monasterio católico de Cremisan, el cual se caracteriza por la producción del vino de misa que utilizan las iglesias en Palestina, Esta producción de vino es considerada la más antigua del mundo y es la única de su género en tierra santa. Las uvas para la producción de este vino provienen de este valle que será robado por la fuerza de las armas por el estado de Israel, a vista, paciencia, silencio y complicidad de todos los cristianos del mundo y de toda la comunidad internacional. Desde Chile, la Unión General de Estudiantes Palestinos UGEP-Chile, (www.ugep.cl), se encuentra llevando a cabo una campaña informativa sobre el peligro que significa despojar los palestinos y en especial los habitantes de Beit Jala de este valle.

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La ocupación israelí no sólo deja cicatrices físicas
La ocupación israelí no sólo deja cicatrices físicas
InfoporAnónimo9/14/2013

La ocupación israelí no sólo deja cicatrices físicas, sino también psicológicas En solidaridad con la lucha del pueblo palestino se necesita más que ir a una manifestación después de que Israel lanza ataques aéreos contra Gaza, o ataca a un campo de refugiados en Cisjordania. Sigue existiendo la necesidad de llamar la atención sobre la violencia estructural de la ocupación israelí, es de hecho una forma de violencia, tan moralmente reprensible como el bombardeo de la población civil. Palestina es una nación formada por su paisaje árido y la historia como tierra santa. Sin embargo, desde 1948, también ha sido definida por la cicatriz de la ocupación. Un feo y gris, Muro de Apartheid, ahora arruina la tierra en donde muchos creen que caminó Jesús. Es quizás una de las más sacrílega y grotesca de las estructuras existentes en la actualidad. Este muro es la encarnación misma de la ocupación ilegal de Cisjordania. Sirve como un recordatorio cada día, en todo lugar, que los palestinos no son libres, a pesar de las promesas hechas en Oslo a mediados de los 90 y, posteriormente, en Camp David. Dentro de los parámetros del muro, sin embargo, existe una forma más sutil (y tal vez más perjudicial) de la ocupación. La ciudad de Nablus, en Cisjordania, descansa entre dos colinas. El centro de la ciudad está permanentemente abarrotado, con gente haciendo su trabajo todos los días y realizando los mandados cotidianos. A primera vista, no hay nada inusual en Nablus. En muchos sentidos, es un gran destino turístico, tiene una vieja ciudad bulliciosa, gente amable y un bonito entorno. Es fácil olvidar, o incluso permanecer ajeno, al hecho de que Nablus está ocupada.

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Los archivos revelan el plan secreto de Israel de alejar
Los archivos revelan el plan secreto de Israel de alejar
InfoporAnónimo12/30/2013

Los archivos revelan el plan secreto de Israel de alejar a los refugiados árabes Los planes elaborados durante los años 50 y 60 tenían un objetivo primordial: mantener el statu quo demográfico reasentando a los refugiados árabes de 1948 lejos del país El mes pasado marcó el 50 aniversario del asesinato del presidente de EE.UU. John F. Kennedy. En medio de la avalancha de artículos sobre el impacto traumático del evento en la sociedad estadounidense, se dedicó un modesto lugar a las relaciones entre Israel y EE.UU. durante la presidencia de Kennedy -sobre todo en relación con los temores de Washington sobre el proyecto nuclear de Israel-. Poco o nada se ha escrito acerca de la profunda ansiedad que reinaba en Israel en el inicio del mandato de Kennedy, debido a la iniciativa del presidente de resolver el problema de los refugiados palestinos. Al término de la primera reunión entre el primer ministro David Ben-Gurion y el presidente Kennedy, que se celebró en Nueva York en el otoño de 1961, ya no había ninguna duda en el lado israelí de que la Casa Blanca estaba trabajando en una nueva iniciativa sobre la refugiados árabes a la que llamaron del "triple enfoque”. A Ben-Gurion no le gustaba (por decirlo suavemente) la idea presentada por el presidente, que abogó para que algunos de los refugiados se establecieran en los Estados árabes, otros en el extranjero y algunos regresaran a Israel. Sin embargo, a deferencia del presidente, el líder israelí no rechazó la idea de plano. Desde el final de los combates de la Guerra de la Independencia en 1948, la cuestión de qué sería de los 650.000 a 700.000 refugiados que habían abandonado sus hogares y propiedades dentro de las fronteras de Israel, se había convertido en una piedra de molino alrededor del cuello del país. Algunos de los refugiados habían huido, a otros los empujarondos a salir y también estaban los expulsados. Según una estimación, la propiedad dejada por los refugiados incluye más de cuatro millones de dunams de tierra (un millón de acres), 73.000 propiedades construidas y 8.000 tiendas y oficinas. Algunos líderes del estado naciente habían sido testigos del "vaciamiento" de sus habitantes árabes del país -y de esta manera habilitaron el establecimiento de un estado que posee una mayoría judía- como el mayor logro del movimiento slon lsta, que permitió la creación del Estado judío como tal. En concordancia, ya a mediados de 1948, mientras estallaban los combates, Israel estableció una política según la cual no se permitiría en ningún caso el regreso de los refugiados a su territorio. Jerusalén trató de perpetuar el statu quo demográfico junto con el statu quo geográfico, que se creó por sobre cese de las hostilidades y con la firma de los acuerdos de armisticio. En diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Resolución 194 (III), que establece, en el artículo 11, que "a los refugiados que deseen regresar a sus hogares y vivir en paz con sus vecinos se les debe permitir hacerlo en la fecha más rápida posible". A raíz de esto, Israel estuvo bajo una fuerte presión para repatriar a algunos de los refugiados. La cuestión de los refugiados se elevó cada año durante las deliberaciones de la Asamblea General y en las conferencias internacionales. Se destaca en este sentido la Conferencia de Lausana, en mayo 1949, que se convocó para avanzar en una solución al conflicto de Oriente Medio. Durante la conferencia, Israel fue objeto de una gran presión por parte de Washington, con Harry Truman en la presidencia que envío un mensaje con palabras fuertes en el que sostuvo que la negativa de Israel a aceptar el retorno de los refugiados pone la paz en peligro e ignora las resoluciones de la ONU. En Lausana, Israel declaró su voluntad de tomar el control de la Franja de Gaza, bajo la impresión errónea de que sólo 150.000 refugiados vivían allí. Después, resultó que la población de la Franja de Gaza en ese momento era entre 150.000 y 200.000 refugiados además de 80.000 residentes permanentes. A medida que aumentaba la presión, Israel declaró que, bajo ciertas condiciones, estaría dispuesto a aceptar hasta 100.000 refugiados. Sin embargo, los estados árabes rechazaron esta oferta e Israel se retractó en julio de 1950. La presión internacional sobre Israel se desvaneció a principios de 1950, como los esfuerzos de la comunidad internacional para encontrar una solución para el problema de los refugiados se volvieron más hacia las posibilidades económicas regionales y la integración de la mayoría de los refugiados en los países árabes. Aún así, la idea de que algunos de los refugiados puedan regresa a Israel seguía siendo un elemento central de cualquier solución propuesta. El auge de la ayuda En el verano de 1961, el cielo de Jerusalén se oscureció cuando se supo que el gobierno de Kennedy estaba decidido a encontrar una solución para los cerca de un millón de refugiados que fueron hacinados en campos de Siria y el norte del Líbano, en lña ribera occidental del Jordán y la Franja de Gaza. en el sur. (El número exacto de refugiados, y la cuestión de quién debe ser clasificado como un refugiado, siguió siendo un tema constante de controversia). Sería un error, sin embargo, pensar que el catalizador para la nueva iniciativa de Washington era la miserable y lastimosa condición de los refugiados, el conflicto de Oriente Medio o la Guerra Fría. Era, de hecho, el Congreso que puso la iniciativa en marcha a instancias del Departamento de Estado para encontrar una solución para el problema. Lo qué provocó que el Congreso se viera envuelto a participar fue la cantidad creciente de la ayuda proporcionada por la Agencia de Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina, en forma de alimentos, educación y salud - y el hecho de que el contribuyente estadounidense financiara el 70 por ciento del presupuesto de la UNRWA. Israel entendió ampliamente la complejidad de la política estadounidense, mucho más, de hecho, de lo que entiende la evolución de los campos de refugiados adyacentes a sus fronteras. Así entendió Jerusalén que el problema de los refugiados iba desapareciendo poco a poco, o, como señaló Ben-Gurion, "Los árabes de Israel están fuera de juego" y "la resolución de 29 de noviembre está muerta” en referencia a la partición de Palestina por parte de la Asamblea General Resolución del 29 de noviembre de 1947. Sin embargo, al final de la década de 1950, la pelota comenzó a rodar en la dirección opuesta. No sólo los refugiados no desaparecieron, tampoco su ambición de regresar a su patria se desvaneció con el agregado del surgimiento entre ellos de un proceso acelerado de la identidad nacional. Su deseo de regresar a sus antiguos hogares se hizo más intenso, a la par de la institucionalización política de ese deseo. Israel fracasó en discernir la aparición del proceso, aunque a su embajador en Roma, Eliyahu Sasson, emitió una advertencia sobre el tema en un mensaje al ministro de Relaciones Exteriores Golda Meir a finales de 1961. El tiempo estaba trabajando en contra de Israel, escribió, y dentro de unos años los refugiados establecerán un organismo oficial para que los represente y hable en su nombre, al llevar adelante una política similar a la de los rebeldes en Argelia. Jerusalén fue perturbada por la nueva iniciativa de la administración Kennedy y se preocupó por la próxima 16 ª sesión de la Asamblea General, en particular a la luz del hecho de que Israel había sufrido un revés el año anterior en las deliberaciones de la Asamblea General sobre la cuestión de los refugiados. "La existencia palestina" fue rescatada desde los recovecos del olvido, pero el Ministerio de Relaciones Exteriores inicialmente pensó - erróneamente – que se refería a los “derechos que les asisten a los refugiados a su propiedad". Los estados árabes y musulmanes presentaron una resolución que invocaba la designación de un custodio para proteger los derechos de propiedad de los refugiados. Ahmad Shukeiri, el primer presidente de la Organización para la Liberación de Palestina – apodado por Meir "el salvaje" – tuvo el permiso, por primera vez, para dirigirse a la Asamblea General en nombre de los refugiados. A medida que estos acontecimientos se desarrollaban, la preocupación creció en Jerusalén acerca de que esta vez Israel tendría que "pagar" con la moneda de los refugiados, a los que no tendría más remedio que aceptar. La pregunta principal era: ¿Cuántos refugiados podría Israel aceptar sin poner en riesgo su supervivencia y existencia como un estado judío? Apareciendo en una reunión de la Comisión de Asuntos Exteriores y Defensa de la Knesset en junio de 1961, Golda Meir dijo que Israel había pedido aceptar a los refugiados de edad avanzada. Meir señaló que la minoría árabe del país ya constituía el 10 por ciento de la población de Israel, y volvió a preguntar a cuántos refugiados tendrían que permitirles regresar antes que la situación se asemejara a la de Argelia. El personal superior del Ministerio de Relaciones Exteriores también consideró la cuestión del precio a pagar, en una serie de reuniones clasificadas como altamente secretas. El director general del ministerio, el Dr. Haim Yahil, pensó que la admisión de 30.000 a 40.000 refugiados en un período de tres o cuatro años no representaría un riesgo excesivo. Otros expresaron su desacuerdo. Algunos de los participantes afirmaron que una minoría árabe que constituye el 25 por ciento de la población era un censo con el cual Israel podría vivir, pero otros argumentaron que se trataba de un porcentaje peligrosamente alto. En julio de 1961, el gobierno llevó a cabo dos debates acerca de cómo Israel podría presentar su posición en la Asamblea General. Dado que la política del statu quo no estaba en el orden del día, a excepción de la voluntad expresa de hacer algunas concesiones tácticas, los ministros discutirán el "precio" con el cual Israel podría vivir. El ministro del Interior Yosef Burg, que gustaba de resumir las cosas con ocurrencias concisas, dijo: "El regreso de los árabes no sólo es una bomba atómica, sino una bomba anatómica". En tanto, el ministro de Finanzas Levi Eshkol –en un alarde de mayor seriedad- preguntó qué constituía una decisiva mayoría judía: ¿el 51, 61 o 71 por ciento? Dijo que el último número sin duda constituía una mayoría decisiva. Ben-Gurion dijo que si habría 600.000 árabes en Israel, serían la mayoría dentro de dos generaciones. (En ese momento, la población de Israel se situó en 3,1 millones, incluidos 252.000 árabes). No se tomaron decisiones formales. Fomentar la emigración Como la idea de que Israel, bajo presión internacional, debería tener para permitir que algunos refugiados regresaran, en Jerusalén comenzaron a buscar soluciones demográficos para "equilibrar" esta perspectiva. A partir de la premisa de que la tasa de natalidad entre los refugiados y entre los árabes que permanecieron en Israel fue mayor que entre los judíos, la pregunta que los legisladores se hicieron era cómo iba a ser posible reducir el número de la población árabe del país. En medio de la Guerra de la Independencia, cuando más de 400.000 árabes del entonces naciente Israel ya se habían convertido en refugiados, se estableció un "comité de transferencia" es decir, que se ocupara a la transferencia de la población - con un mandato del gobierno para recomendar políticas sobre el tema de los refugiados. Yosef Weitz, un funcionario del Fondo Nacional Judío que había sido la fuerza impulsora detrás de la creación del Comité, fue nombrado su presidente. Una de sus recomendaciones fue que el abandono de los árabes de sus hogares debe ser considerado como un hecho consumado e irrevocable y que Israel debe apoyar su establecimiento en otro lugar. El comité también recomendó que los árabes que habían permanecido en el país deben ser animados a emigrar y que el Estado debe comprar la tierra de los árabes que estaban dispuestos a irse. Además, las aldeas árabes deben ser destruidas y a los árabes se debe impedir trabajar la tierra, incluida la prohibición de la cosecha de los cultivos campo cultivables así como la recolección de la aceituna- esto a raíz de los intentos de los refugiados de regresar hacia Israel, a las aldeas y campos que habían dejado atrás. En secreto, en los niveles más altos en Jerusalén se dieron cuenta de que no habría más remedio que el retorno de algunos de los refugiados. Con esto en mente, el comité de Weitz decretó que el número de árabes en Israel no debería superar el 15 por ciento de la población total. Las recomendaciones, presentadas en forma escrita, no se adoptaron en una resolución formal del gobierno. Sin embargo, tuvieron el efecto de reforzar la opinión del gobierno de que Israel tenía que ser firme en su esfuerzo por mantener el statu quo demográfico. Ben-Gurion y su asesor en asuntos árabes, Yehoshua Palmon, participaron en algunas de las reuniones del Comité, en las que se discutieron formas de alentar la a los países árabes para que abandonen el proyecto. En junio de 1950 el comandante del Comando Sur de Infantería de las Fuerzas de Defensa de Israel, Moshe Dayan dijo: "Los 170.000 árabes que permanecen en el país deben ser tratados como si su destino aún no ha sido sellado. Espero que, en los próximos años, otra posibilidad podría surgir para implementar una transferencia de esos árabes de la Tierra de Israel". En la primera década de existencia del país, los líderes del partido gobernante Mapai (el predecesor del Laborismo) y su socio de coalición Ahdut Avodá, junto con los oficiales de alto rango del Gobierno Militar (los ciudadanos árabes de Israel estuvieron bajo el gobierno militar hasta el año 1966 ), creían que al menos algunos árabes locales arribarían a las "conclusiones correctas" a partir del resultado de la Guerra de la Independencia, y considerarían emigrar por su propia voluntad. En 1950, Palmon escribió al ministro de Relaciones Exteriores Moshe Sharett que la mayoría de los árabes acaudalados aspiraba a salir si ellos también podrían disponer de sus activos. Entre ellos, los cristianos habrían por optar por cambiar a Líbano, señaló, mientras que los musulmanes optarían por Egipto. Palmon confirmó que había examinado las posibilidades de un intercambio de bienes entre los árabes de Israel y los judíos de Egipto y el Líbano. Su conclusión fue que sería posible llegar a un acuerdo en este sentido. Por su parte, el ministro de Defensa, Pinhas Lavon se refirió a la migración entre los árabes del país, en una charla que dio en noviembre de 1953. Para la población judía, dijo, "este es un asunto de vital importancia, incluso si no vemos la emigración como una solución a la cuestión de fondo. Tenemos que recordar que la tasa de crecimiento natural entre los árabes es de aproximadamente 6.000 niños por año, y la emigración podría resolver ese problema". El plan más amplio y completo, que involucraba la transferencia de miles de árabes cristianos de Galilea a Argentina y Brasil, tenía el nombre en clave secreta de "Operación Yohanan", llamado así por Yohanan de Gush Halav (Juan de Giscala), un líder de la revuelta judía contra los romanos en la primera guerra de los judíos contra los romananos. El plan fue ideado en el más absoluto secreto en las reuniones a puerta cerrada en la Oficina del Primer Ministro y el Ministerio de Relaciones Exteriores, con la ayuda de Weitz. Documentos de la Cancillería de la década de 1950 muestran que en realidad era Sharett, conocido por sus opiniones moderadas, quien alentó el plan, a pesar de que estaba preocupado por la respuesta de la Iglesia, cuando se hizo evidente que una gran parte de los que se iban eran cristianos. En marzo de 1952, Weitz remitía al Ministerio de Relaciones Exteriores un informe detallado sobre el reasentamiento de árabes cristianos de la Alta Galilea en la Argentina y Brasil. El informe señaló que las autoridades argentinas apoyaban la migración de los agricultores al el país. Agregó que 35 familias de la aldea Jish (Gush Halav ) en la Galilea, habían mostrado interés en el plan. La propuesta general incluye la creación de una sociedad por acciones en manos de no-judíos con financiación inicial proveniente del Fondo Nacional Judío de la Argentina. Sharett añadió que, en caso de necesidad, el proyecto podría ser presentado como una iniciativa de la comunidad árabe de Israel, similar a la migración de los cristianos maronitas del Líbano, que entonces estaba en marcha. Si llegara a descubrirse la operación, el ministro de Relaciones Exteriores dejó en claro, cualquier conexión con el gobierno debía ser negada con vehemencia. En noviembre de 1952, Sharett informó Weitz que el primer ministro había autorizado la operación Yohanan. Agregó que los detalles del plan se deben mantener en estricta confidencialidad. En cualquier caso, el proyecto fue cancelado a principios de 1953, al parecer porque las autoridades argentinas se opusieron. El departamento de Oriente Medio en el Ministerio de Relaciones Exteriores se refirió al tema del reasentamiento de los refugiados fuera de Israel desde el día en que el departamento fue creado. Su misión era encontrar lugares en los que los refugiados podrían resolverse, recaudar fondos y obtener apoyo internacional para la solución de los refugiados en el extranjero. En la primavera de 1950, el director del departamento de instituciones internacionales de la Cancillería, Yehezkel Gordon, sugirió que Israel considere la solución de asentar los refugiados árabes en Somalia y Libia, en reemplazo de los 17.000 o 18.000 judíos que habían emigrado a Israel desde Cirenaica y Trípoli. La idea fue particularmente atractiva porque a los judíos que abandonaron Libia no se les había permitido trasplantar sus propiedades. Después de que Libia se independizó, en enero de 1952, Moshe Sasson, del Ministerio de Relaciones Exteriores, presentó una propuesta secreta para asentar a los árabes de Israel - tanto los refugiados como los que habían permanecido en el país - en Libia, con las propiedades de los judíos libios que debían ser recuperadas en el marco del intercambio. En junio de 1955, Weitz viajó desde Paris a Túnez y Argelia con el fin de examinar la posibilidad de asentar a los árabes de Israel y los refugiados árabes allí, paralela a la inmigración a Israel de los judíos de esos países. Palmon estuvo involucrado en un intento por parte de Israel de la compra de alrededor de 100.000 dunams (25.000 acres ) de tierra en la región de Ras al-Akhdar en Libia, con el fin de asentar a los refugiados allí. El plan salió mal cuando se filtró a los medios de comunicación y el gobernante libio estuvo bajo presión masiva para no permitir el asentamiento de los refugiados allí. En 1956-1957, otro plan fue ideado para adquirir fincas cerca de Trípoli y traer a un grupo de 50 a 70 familias de refugiados. Con nombre en código "Uri", el plan iba a ser llevado a cabo por una empresa de desarrollo y de la construcción que se registraría en Suiza, con sus acciones en poder de un banco suizo. El elaborado plan fue cancelado después de que, también, se filtró a la prensa. Palmon también fue enviado a París para entrevistarse con el presidente de Siria, Adib Shishakli (que gobernó en 1953-1954), sobre la posibilidad de reasentar a los refugiados en los países árabes. Sin embargo, ninguna disposición concreta surgió de estas conversaciones. En 1955, Sharett examinó la posibilidad de que Brasil admitiera 100.000 refugiados. Él también miró la posible adquisición de tierras en Chipre a un precio bajísimo, con la intención de cambiarlas por bienes en Israel de los árabes que desearan emigrar. En septiembre de 1959, otro plan fue ideado, con nombre en código "Theo", para asentar a 2.000 familias refugiadas en Libia y emplearles a través de una empresa de desarrollo comercial. Se estimaba que serían necesarios 11,5 millones dólares (en los términos de la época) para ejecutar este programa. Los términos del plan aseguraban que la presencia de los refugiados no sería una carga para la economía libia y no reduciría los ingresos de los trabajadores locales. Además, por cada profesional externo, se emplearían tres trabajadores locales. En la primera mitad de la década de 1960, el Ministerio de Relaciones Exteriores siguió examinando planes para alentar la emigración de los refugiados árabes de Oriente Medio a Europa, especialmente a Francia y Alemania. Una opción que se consideró era encontrarles puestos de trabajo en Alemania, que tenía para entonces una gran necesidad de mano de obra. Durante 1962, los funcionarios israelíes examinaron la posibilidad de encontrar empleo para los trabajadores refugiados palestinos en Alemania, Austria y Suiza. Las comprobaciones iniciales hechas para este plan, conocido como "Operación Trabajador", y la correspondencia en cuestión, se mantuvieron totalmente en secreto. Sin embargo, tanto la canciller Meir y su director general, Yahil, se opusieron a estas ideas. Meir estaba preocupada de que Alemania se vería inundado de refugiados árabes, y, en todo caso, todo el esquema resultó infructuoso. En febrero de 1966, se examinó también la posibilidad de asentamiento de refugiados de Jordania en Francia. Los esfuerzos de Israel para encontrar lugares en el extranjero en el que se asentaran los refugiados árabes continuaron incluso después de la Guerra de los Seis Días de 1967. Al final, sin embargo, estos esfuerzos fracasaron, al igual que las ideas y propuestas planteadas por otros, entre ellos el presidente sirio Husni al-Zaim, y el primer ministro iraquí, Nuri al-Said en 1949. Sharett, por su parte, se opuso a la propuesta del líder iraquí para el intercambio de los refugiados a cambio de 140.000 judios iraquíes. Sharett y otros estaban preocupados por las demandas que podrían presentar los judíos iraquíes exigiendo una compensación por sus propiedades, como otras comunidades judías en los países árabes estaban haciendo. La cuestión de los refugiados fue así entrelazada con la cuestión de la propiedad de los inmigrantes judíos a Israel desde los países árabes. 'Conversaciones silenciosas' A finales de 1961, a raíz de la iniciativa del Presidente Kennedy, el Dr. Joseph Johnson, de la Fundación Carnegie, fue nombrado como representante especial para abordar el problema y para trabajar con las partes involucradas para llegar a una solución. El plan que ideó - distribuir cuestionarios a los refugiados palestinos y permitir que aquellos que deseaban regresar a Israel, a reserva de las consideraciones de seguridad - agitó temores profundos en Jerusalén. Meir, que estaba horrorizada por la idea, ejerció toda la influencia disponible en Washington con el fin de asegurar que el plan acabara en una muerte rápida. El "pago" que se le requeriría a Israel a cambio de dejar de lado el plan se hizo evidente en las discusiones de alto secreto - conocidas como las ’conversaciones silenciosas '- celebradas entre Jerusalén y Washington en 1962-63. Durante las mismas, Israel expresó su disposición a absorber hasta el 10 por ciento de los refugiados como parte de una solución global. En ese momento, la población de refugiados se establecía en aproximadamente 1.100.000 almas. Pero esta iniciativa también quedó en el camino, porque los Estados Unidos no fueron capaces de obtener el acuerdo de los estados árabes para una solución global. Entre 1948 y 1967, Israel vio el problema de los refugiados a través del prisma de Washington. Los refugiados aparecían en la agenda de Jerusalén, cuando los Estados Unidos creían que se debían tomar medidas o elaborar un nuevo plan ideado para resolver el problema. En ausencia de presión externa, la política de status-quo prevaleció. El hecho de que la "brújula política" de los tomadores de decisiones de Jerusalén señalaban repetidamente a Washington y Nueva York, como las fuentes que dictaban su política sobre los refugiados, explica en buena medida la falta de atención por parte de Israel a los acontecimientos sociales y políticos que acontecían en los campos de refugiados en la frontera hasta 1967. Considerando que los avances de seguridad y militares en los campamentos, tales como la fundación de Fatah y el establecimiento de unidades armadas, fueron seguidos de cerca en Israel, los procesos por los cuales los refugiados se consolidaron políticamente era de poco o ningún interés. Por lo tanto, mientras el problema de los refugiados evolucionaba gradualmente de una cuestión humanitaria a una cuestión nacional palestina, Israel se vio reaccionando a los eventos. Bajo presión estadounidense, Israel desplegó cierta disposición de absorber un número considerable de refugiados en tres ocasiones, incluso si al hacerlo cruzaría la "línea del 15 por ciento" - es decir, el acuerdo de 1949 para absorber 150.000 refugiados que viven en la Franja de Gaza (junto con el territorio de la Franja ), una propuesta para admitir 100.000 refugiados ese mismo año, y el acuerdo de tomar un 10 por ciento de los refugiados en el marco de las conversaciones silenciosas". Israel estaba dispuesto a aceptar a los refugiados en un momento en que su situación demográfica y geoestratégica era mucho peor de lo que es hoy. En la medida en que uno puede aprender de la experiencia pasada, se puede decir que la voluntad de tomar un pequeño número simbólico de refugiados sobre la base de criterios determinados por los israelíes - como la edad, itinerarios y situación familiar (UNRWA ahora cuenta cinco millones de refugiados registrados, dispersos en 58 campamentos) - podía haber dado una respuesta simbólica e importante a la demanda de "retorno", que sigue siendo la base de la ética de los refugiados palestinos. Israel reconocería por lo tanto su participación moral en la creación del problema. El establecimiento de un Estado palestino junto a Israel como parte de una solución global tendrá la ventaja frente a la demanda de cambio, ya que es ilógico que una gran proporción de los refugiados exija volver a este país en lugar de establecerse en su nuevo estado. En retrospectiva, el esfuerzo por mantener el statu quo no benefició a Israel (como lo demuestra la guerra de Yom Kippur, la primera intifada y otros acontecimientos). Es poco probable que este panorama cambie en el futuro. El doctor Arik Ariel, abogado, es profesor en inteligencia y política y en el derecho y la política en el Colegio Emek Yezreel . El artículo se basa en su tesis doctoral en la Universidad de Haifa.

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Una muerte lenta: Informe revela que el castigo colectivo de
InfoporAnónimo9/7/2013

El Observatorio de Derechos Humanos EuroMid en cooperación con el Centro por El Retorno Palestino en Londres (PRC) y la Organización Consultiva de Malasia (MAPIM) han emitido el informe, "Muerte Lenta", el cual, se centró en los efectos negativos del bloqueo a Gaza, que ha dado lugar a una grave escasez en la Franja. Dos meses después del golpe militar en Egipto, la Franja de Gaza sigue viviendo la peor escasez de equipos médicos y de combustible, así como dificultades de circulación dentro y fuera de la Franja, revela un informe publicado por tres organizaciones internacionales. El Observatorio de Derechos Humanos EuroMid en cooperación con el Centro por El Retorno Palestino en Londres (PRC) y la Organización Consultiva de Malasia (MAPIM) han emitido el informe, "Muerte Lenta", el cual, se centró en los efectos negativos del bloqueo a Gaza, que ha dado lugar a una grave escasez en la Franja. Según el informe, los residentes de Gaza se enfrentan a "graves carencias" en sus necesidades básicas, así como de equipos de salud y medicamentos. También revela que todos los demás sectores están sufriendo de una grave escasez. El informe indica que alimentos y combustibles necesarios apenas se pueden obtener ya que el ejército egipcio ha cerrado la mayor parte de los túneles utilizados para el contrabando de productos de primera necesidad. El reporte también explica cómo el cierre del paso fronterizo de Rafah por los egipcios ha afectado la libertad de circulación de los residentes de Gaza. Miles de palestinos y extranjeros que desean salir de la Franja, así como miles que quieren entrar se enfrentan a grandes dificultades debido al continuo cierre del cruce. El informe, que tiene una visión detallada de los efectos del estado de sitio desde sus primeras etapas, revela que el actual deterioro de las condiciones de vida en Gaza está en su peor nivel desde noviembre de 2008, cuando Israel lanzó una operación militar a gran escala, Plomo Fundido. La tasa de desempleo en Gaza ha llegado a 35,5%, según el informe, y se espera que esta tasa continúe aumentando a medida que más túneles se cierran día a día. Como consecuencia de la escasez de combustible y electricidad, sólo una cuarta parte de los hogares reciben agua corriente durante un par de horas sobre una base diaria. Las personas comenzaron a sentir la escasez de agua potable, cuando los filtros eran cortados a diario durante las horas de trabajo diario. "Más del 90 por ciento del agua extraída del acuífero de Gaza no es seguro para el consumo humano." Sobre las aguas residuales, el informe señala que, "unos 90 millones de litros de aguas residuales que no se han tratado o han sido parcialmente tratadas son vertidas al mar, cerca de la costa de Gaza cada día, poniendo en peligro la salud pública". La economía de Gaza ha sufrido graves pérdidas por un valor de $ 460million en todos los sectores económicos en los últimos dos meses. Las organizaciones que emitieron el informe llamaron a Israel a levantar el asedio de Gaza y a poner fin al sufrimiento de los civiles inocentes. También se instó a las autoridades egipcias para abrir completamente el paso de Rafah sin ningún tipo de restricciones. Además, solicitaron a la comunidad internacional a que ejerza presión sobre Israel para que detengan "las violaciones de los derechos humanos." Asimismo, instaron a la comunidad internacional para separar el "castigo colectivo de los palestinos por parte de Israel en el conflicto político entre palestinos e israelíes." Sobre la libertad de movimiento, pidieron a la comunidad internacional, especialmente la UE y EE.UU., para "iniciar y apoyar la necesidad de un puerto marítimo en Gaza que garantice la libre importación y exportación de mercancías y los viajes internacionales." Esto, en gran medida, para contribuir a la solución de los problemas de alimentos, combustibles y comerciales.

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Israel, encerrado dentro de sus muros
InfoporAnónimo3/31/2014

EN 2002, Israel proyectó un muro cuya longitud se estima en 721 kilómetros, para aislar a Cisjordania de su territorio. Diez años después, se han construido ya 434 km. Esta muralla es mundialmente conocida desde que, en 2004, el Tribunal de la Haya la declarase ilegal mediante una opinión consultiva al constatar que su trazado penetraba en territorio palestino en más del 80% de su recorrido, anexionando ilegalmente a Israel 530 kilómetros cuadrados de tierras cisjordanas. Sin embargo, al abrir el zoom sobre el mapa de Palestina e Israel y en vista de todos los muros israelíes proyectados o en construcción, se observa que quizá no es Cisjordania la que se aísla. En el sur de su territorio, Israel comenzó en 2010 a construir un muro de 230 km de largo y siete de alto sobre la línea de su frontera con Egipto. Su función principal, según el gobierno israelí, era la de prevenir la inmigración ilegal de africanos que penetraban al país a través de la península del Sinaí; desde los ataques y escaramuzas entre israelíes, egipcios y grupos de yihadistas provenientes de Gaza que tienen lugar en la frontera desde el estallido de la revolución egipcia, Israel alega también razones de seguridad. Las obras se han acelerado: desde el año pasado, cada día se construyen 500 metros más de muro, y se espera que este quede finalizado para finales de año. Once kilómetros antes de llegar desde el Mar Rojo hasta el Mediterráneo, la muralla se une con el muro construido alrededor de Gaza, de 51 kilómetros de perímetro. El ejército israelí prohíbe a los gazauis acercarse a menos de un kilómetro del muro "por razones de seguridad", con la consiguiente pérdida económica para que los que poseen allí, único lugar no urbanizado de Gaza, sus tierras de cultivo. En el norte, una verja electrificada existe desde los 70 para separar Líbano de Israel. En junio del presente año, 1.200 metros de ella se transformaron en muro para aislar el pueblo israelí de Metula de sus vecinos libaneses. Con él se pretende, además, según explican las autoridades israelíes, prevenir el tráfico de armas y la entrada de espías de Hezbollah. Siguiendo hacia el oeste, la verja del norte se une a la construida sobre la línea de alto el fuego con Siria en la guerra de Yom Kippur en 1973, que separa Siria de los Altos del Golán Sirios ocupados, con una franja de tierra de nadie entre los dos que vigila la ONU. Esta, a su vez, bajando hacia el sur, se topa con el primer muro construido por Israel en los 60 entre su territorio y Jordania, que desciende por debajo del mar de Galilea hasta unirse con el muro cisjordano. Miedo a "La Jungla" El único tramo de frontera que aún no ha sido amurallado es el que va desde el Mar Rojo hasta Cisjordania, pero este no permanecerá así por mucho tiempo; el primero de enero de este año Netanyahu anunciaba que, cuando terminase con el muro en la frontera egipcia, comenzaría a construir otro desde el sur de la frontera con Jordania pues, según explicó, "los inmigrantes ilegales procedentes de África podrían dar un rodeo al toparse con el muro en la frontera egipcia y decidir entrar a través del sur de Jordania". Israel defiende que la construcción de estos muros es necesaria, no solo por las "crecientes amenazas a la seguridad", sino también porque el pasado año más de 16.000 inmigrantes ilegales entraron en Israel. "Las buenas verjas crean buenos vecinos", argumentan multitud de políticos de la coalición gobernante cuando se les pregunta; y las construyen, apostilla el ministro de Defensa Ehud Barak, porque "somos una villa en medio de la jungla". Egipto no ha puesto inconvenientes a la construcción del muro en su frontera y la ONU y el ejército libanés permitieron e incluso, en el caso del segundo, supervisaron el muro construido en la frontera libanesa. En el caso Cisjordano, las verjas no han sido "buenas" ni han creado "buenos vecinos"; Antes del muro y de la división por zonas de control derivada de los Tratados de Oslo, palestinos e israelíes tenían la posibilidad de acceder a todo el territorio y, aunque a diferencia de ahora, las ciudades palestinas debían soportar la presencia de soldados israelíes, existía el contacto entre ambas partes. Multitud de palestinos que trabajaban allí antes de la Segunda Intifada conservan viejas amistades al otro lado del muro, mientras que, del mismo modo, aún se pueden encontrar israelíes que afirman que iban al dentista a Ramala o a hacer sus compras en los mercados de Belén. Los más jóvenes de ambos bandos no han tenido tantas oportunidades de encontrarse y conocerse, y tienden a identificar todo aquello desconocido que se encuentra al otro lado del muro con el enemigo. Son muchas las críticas de este amurallamiento desde el interior de Israel. El periodista del diario israelí Haaretz Guideon Levy resumía recientemente ante los micrófonos de Al Jazeera que "quizá algunos de los muros sean legales, pero nadie se pregunta de dónde viene o por qué existe ese peligro externo. Nos encerramos, nos desentendemos de nuestros vecinos y luego nos quejamos de las amenazas de fuera. Amurallarse no es la solución a nuestros problemas, porque nos estamos aislando de la región cuando lo que deberíamos hacer es integrarnos en ella."

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El desierto de la democracia israelí
InfoporAnónimo3/30/2014

Un viaje a través del desierto del Negev conduce al corazón de la pesadilla nacional de Israel Desde la tribuna de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Primer Ministro israelí Benjamin Netanyahu estuvo mezclando ininterrumpidamente aterradores detalles de la perversidad iraní con imágenes de indefensos judíos “apaleados” y “dados por muertos” por antisemitas en la Europa del siglo XIX. La sombría invectiva de Netanyahu, dedicada a los avances estadounidenses e iraníes hacia la diplomacia y a un pueblo estadounidense harto de guerras, amenazaba con reducirle a un personaje mermado y desesperado. A pesar de que fue mal recibido en EEUU, alienándose incluso a unos cuantos de sus más inquebrantables aliados pro-Israel, su jeremiada sirvió a un propósito más importante: desviar la atención de las políticas de su país hacia el grupo que apenas mencionó: los palestinos. Ya en noviembre de 1989, cuando desempeñaba el puesto de subsecretario en la coalición de gobierno dirigida por el Likud del Primer Ministro Yitzhak Shamir, un joven Netanyahu le dijo a la audiencia que le escuchaba en la Universidad Bar Ilan: “Israel debería haber aprovechado la represión de las manifestaciones [en la Plaza de Tiananmen, en China], cuando la atención del mundo estaba centrada en lo que ocurría en aquel país, para llevar a cabo expulsiones masivas entre los árabes de los Territorios. Sin embargo, a pesar mío, no apoyaron la política que propuse y que aún defiendo debe llevarse a cabo”. Ahora, el funcionario de más alto rango del país, Netanyahu, ha puesto al día la estrategia de la cortina de humo. Mientras el primer ministro despotricaba contra Irán en la Ciudad de Nueva York y en una reunión con el Presidente Obama en la Oficina Oval, su gobierno se preparaba para poner en marcha el Plan Prawer, un proyecto para la expulsión de 40.000 indígenas beduinos ciudadanos de Israel de sus ancestrales comunidades del desierto del Negev que promete “concentrarlos” en municipios parecidos a reservas bajo el control del Estado. Elaborado por el director de la política de planificación de Netanyahu, Ehud Prawer, y aprobado por una mayoría de miembros de los partidos políticos israelíes que dominan la Knesset, el Plan Prawer es sólo un elemento del programa emergente del gobierno para subyugar todos los espacios y las vidas de todos los pueblos entre el río [Jordán] y el mar [Mediterráneo]. Expulsiones en el desierto El 9 de septiembre pasado, visité Umm al-Hiran, un pueblo que el Estado de Israel planea borrar del mapa. Ubicado en el norte del desierto del Negev, muy por detrás de la Línea Verde (las líneas del armisticio de 1949 que se consideran el punto de partida de cualquier negociación israelo-palestina) y dentro de la parte de Israel que se legitimará bajo la solución de los dos Estados promovida por EEUU, los vecinos de Umm al-Hiran se están movilizando para resistirse al traslado forzoso. En la sala de estar de una polvorienta pero impecablemente ordenada casa construida con bloques de hormigón en las afueras del pueblo, Hajj al-Ahmed, un sheij de edad avanzada, relataba a un grupo de colegas de la página de Internet Mondoweiss y a mí la experiencia de los 80.000 beduinos que viven en lo que Israel clasifica como pueblos “no reconocidos”. Como consecuencia del continuo despojo, muchas de esas comunidades están rodeadas de vertederos de residuos petroquímicos y se han transformado en grupos cancerígenos, mientras que las campañas estatales de destrucción aérea de cultivos y erradicación del ganado han diezmado sus fuentes de subsistencia. Aunque los vecinos, como al-Ahmed, tienen la ciudadanía israelí, no pueden beneficiarse de los servicios públicos que reciben los judíos en las comunidades vecinas. Los caminos hasta pueblos no reconocidos como Umm al-Hiran están plagados de cables eléctricos, pero a los beduinos se les prohíbe conectarse a la red pública. Sus casas y mezquitas son definidas como construcciones “ilegales” y son rutinariamente marcadas para la demolición. Y ahora, su propia presencia en su propia tierra se ve amenazada. En función del Plan Prawer, la gente de Umm al-Hiran estará entre los 40.000 beduinos que serán trasladados a la fuerza a municipios estilo reserva indio americano construidos por el gobierno israelí. Al ser el grupo que más crece entre los ciudadanos palestinos de Israel, los beduinos han sido tildados de amenaza existencial para la mayoría judía de Israel. “No le conviene a los intereses de Israel tener más palestinos en el Negev”, dijo Shai Hermesh, ex miembro de la Knesset y director de los esfuerzos del gobierno para diseñar una “mayoría sionista” en el desierto del sur. Según la página de Internet del Movimiento Or, una organización vinculada con el gobierno que supervisa los asentamientos judíos en el Negev, los residentes de los pueblos no reconocidos serán trasladados a poblaciones construidas a fin de “concentrar a la población beduina”. A su vez, se construirán pequeñas comunidades sólo para judíos sobre los restos de las comunidades beduinas desalojadas. El gobierno israelí les garantizará cuantiosos beneficios, así como la generosa financiación de donantes privados pro-Israel, como el multimillonario heredero de la fortuna de los cosméticos Ron Lauder. “Estados Unidos tuvo su Destino Manifiesto en el Oeste”, ha declarado Lauder. “Para Israel, esa tierra es el Negev”. Cuando me reuní con al-Ahmed, me contó que el día anterior, en la periferia del pueblo, había aparecido de repente un grupo de 150 extraños. Desde lo alto de una colina, dijo, se habían puesto a medir la tierra y a debatir qué parcelas recibiría cada uno de ellos una vez completado el Plan Prawer. Al-Ahmed les llamó “los judíos en el bosque”. A varios cientos de metros al este de Umm al-Hiran se encuentra el Bosque Yattir, una vasta arboleda en el corazón del desierto plantada por el paragubernamental Fondo Nacional Judío en 1964. El director del Fondo en aquel momento, Yosef Weitz, había dirigido el Comité de Traslados del gobierno que maquinó las etapas finales de la limpieza étnica palestina de 1948. Para Weitz, plantar bosques servía para un doble propósito estratégico: los bosques como el de Yattir, cerca de la Línea Verde, habilitarían un zona-tampón demográfica entre judíos y árabes, mientras que los que se plantaban sobre pueblos palestinos destruidos como Yalu, Beit Nuba e Imwas impedirían que regresaran sus expulsados habitantes. Como escribió en 1949, una vez establecida la mayoría judía de Israel gracias a la limpieza étnica masiva: “Las tierras abandonadas nunca volverán a sus propietarios ausentes [los árabes palestinos]. Cuando la oscuridad empezó a tomar posesión del desierto, me dirigí con mis colegas a los bosques de pinos de Yattir. En un coche pequeño volamos por sus caminos sin iluminar hasta que llegamos a una puerta erizada de alambre de espino. Este era el pueblo de Hiran estilo asentamiento, “los judíos en los bosques”, como al-Ahmed había indicado. Estuvimos gritando en medio de la noche hasta que la puerta se abrió. Después, aparcamos en medio de un recinto de caravanas. Al igual que un shtetl en la Zona de Residencia, el inclemente territorio del Imperio Ruso reservado en otras épocas para residencia judía, del lugar emanaba una sensación de sospecha y asedio. Un nacionalista religioso barbudo salió caminando de una sinagoga de paredes de aluminio y nos recibió en unos bancos de picnic. Su nombre era Af-Shalom y tendría unos treinta y tantos años. Dijo que no le estaba permitido hablar hasta que llegara un representante del Movimiento Or. Sin embargo, tras unos incómodos minutos y fumar medio cigarrillo, empezó a perorar. Había enviado a sus hijos, nos contó, al colegio sobre la Línea Verde, en el asentamiento de Susiya, situado justo a ocho minutos de la carretera de acceso sólo para israelíes. Después agregó que los beduinos eran “ilegales” que estaban ocupando la tierra que Dios les había dado a ellos y que seguirían ocupándola a menos que fueran expulsados a la fuerza. Justo cuando Af-Shalom daba zancadas de un lado al otro, Moshe, un seco representante del Movimiento Or que se negó a dar su apellido, llegó para acompañarnos sin hacer ni un comentario. “El mayor centro de detención del mundo” A sólo unos pocos kilómetros de Umm al-Hiran, en la parte sur del desierto del Negev y dentro de la Línea Verde, el Estado de Israel ha iniciado otro ambicioso proyecto para “concentrar” a una población indeseada. Es el centro de detención de Saharonim, una inmensa base de torres de vigilancia, muros de hormigón armado, alambre de espino y cámaras de vigilancia que ahora componen lo que el Independent británico ha descrito como “el mayor centro de detención del mundo”. Construido originalmente como prisión para los palestinos durante la primera Intifada, Saharonim se amplió para contener a 8.000 africanos que habían huido del genocidio y la persecución. Actualmente es el hogar de al menos 1.800 refugiados palestinos, incluidos mujeres y niños, que viven en lo que el grupo de arquitectura israelí Bikrom ha llamado “un inmenso campo de concentración con duras condiciones de vida”. Al igual que los beduinos de los pueblos no reconocidos del Negev, los 60.000 emigrantes y buscadores de asilo africanos que viven en Israel han sido identificados como una amenaza demográfica que hay que purgar del cuerpo del Estado judío. En una reunión con su gabinete de ministros en mayo de 2012, Netanyahu advirtió que sus cifras podrían multiplicarse diez veces “y causar la negación del Estado de Israel como Estado judío y democrático”. Era imperativo “eliminar físicamente a los infiltrados”, declaró el primer ministro. “Debemos adoptar medidas enérgicas e imponer castigos más duros”. La Knesset enmendó de un plumazo el Acta de Prevención de la Infiltración aprobada en 1954 para impedir que los refugiados palestinos se reunieran con sus familias y pudieran recuperar las propiedades que se habían visto forzados a dejar atrás en Israel. En función del nuevo proyecto de ley, los africanos no judíos pueden ser arrestados y encerrados sin juicio hasta durante tres años. (El Tribunal Supremo de Israel ha invalidado la enmienda, pero el gobierno no ha hecho nada para hacer cumplir el fallo, y puede que no lo haga). El proyecto de ley destinaba financiación para la construcción de Saharonim y un muro masivo a lo largo de la frontera egipcio-israelí. Arnon Sofer, un antiguo asesor de Netanyahu, también instó a la construcción de “diques marinos” para impedir la llegada de futuros “refugiados del cambio climático”. “No pertenecen a esta región”, explicó Sofer. En esa única sentencia, condensó la lógica del sistema de Israel de etnocracia. El mantenimiento del Estado judío exige la ingeniería de una mayoría demográfica de judíos no indígenas y su dispersión por toda la Palestina histórica mediante métodos de asentamiento colonial. Los planificadores del Estado, como Sofer, se refieren al proceso como “judaización”. Debido a que los palestinos indígenas y los emigrantes extranjeros no son judíos, el Estado de Israel les ha definido legalmente a gran parte de ellos como “infiltrados”, ordenando su traslado y reubicación permanente en diversas zonas de exclusión, desde campos de refugiados por todo el mundo árabe a bantustanes amurallados en Cisjordania a la asediada Franja de Gaza a reservas beduinas construidas por el Estado en el campo de Saharonim en el desierto. Mientras el Estado de Israel se aferra a sus imperativos demográficos, hay que “concentrar” a los no judíos para dejar espacio para los asentamientos y desarrollo económico exclusivos de los judíos. Este no es un sistema particularmente humano, sin duda, pero es el que apoyan necesariamente todos dentro del espectro de la opinión sionista, desde la derecha kahanista hasta la izquierda de J Street. En efecto, si hay algún desacuerdo sustancial entre los dos campos aparentemente divergentes, es acerca del estilo de la retórica que despliegan en defensa de la etnocracia de Israel. Como escribió el ideólogo revisionista Ze’ev Jabotinski en su famoso ensayo escrito en 1923 “The Iron Wall”, resumiendo la lógica de lo que se convertiría en la estrategia de disuasión de Israel: “No hay diferencias significativas entre nuestros ‘militaristas’ y nuestros ‘vegetarianos’”. Durante la época de Oslo, el tiempo de esperanza que prevaleció en Israel a mediados de la década de 1990, fueron los “palomas” Yitzhak Rabin y Ehud Barak del Partido Laborista los que empezaron a cercar la Franja de Gaza con barricadas y vallas eléctricas mientras trazaban los planes para un muro que separara Cisjordania del “Israel propiamente dicho”. (Ese proyecto se llevó a cabo siendo Primer Ministro Ariel Sharon). “Nosotros por aquí, ellos por allá”, era el eslogan de la campaña de Barak para la reelección de 1999, y el campo de Peace Now apoyaba en aquel momento la solución de los dos Estados. Mediante el cumplimiento de las políticas separatistas del Partido Laborista, los palestinos de Gaza y Cisjordania han desaparecido gradualmente del próspero centro costero de Israel, y ciudades como Tel Aviv se han ido consolidando como meccas del cosmopolitismo europeo, “una villa en la jungla”, como dijo Barak. Con la transición política post-Oslo que hizo añicos el “campo de la paz” de Israel, los partidos ascendentes de la derecha decidieron acabar el trabajo que el Laborismo había empezado. En 2009, cuando Israel eligió el gobierno más belicoso de toda su historia, el país estaba aún lleno de “infiltrados”, los más visibles de los cuales eran esos emigrantes africanos, privados de permiso de trabajo y cada vez más obligados a dormir en los parques del sur de Tel Aviv. Según un informe del periódico Haaretz acerca de una encuesta del nuevo Instituto de la Democracia de Israel sobre las actitudes israelíes: “Los árabes ya no están los primeros en la lista de vecinos que los judíos israelíes consideran indeseables, han sido sustituidos ahora por los trabajadores extranjeros. Casi el 57% de los encuestados judíos dijeron que les molestaría mucho tener como vecinos a trabajadores extranjeros”. Libres de las pretensiones de tolerancia del centro-izquierda, los miembros derechistas del gobierno lanzaron un festival de provocación racista sin precedentes. Por ejemplo, el Ministro del Interior, Eli Yishai, del Partido Shas (reemplazado tras las elecciones de 2013), describió falsamente a los buscadores de asilo africanos como infectados con “toda una serie de enfermedades” y lamentó que “creyeran que el país no nos pertenece a nosotros, el hombre blanco”. “Hasta que pueda deportarlos”, prometió, “voy a encerrarles y hacerles la vida miserable”. En un mitin antiafricano celebrado en mayo de 2012 en Tel Aviv, sobre un escenario y ante más de mil enloquecidos manifestantes, el miembro de la Knesset y ex portavoz del ejército israelí Miri Regev, proclamó: “¡Los sudaneses son un cáncer en nuestro cuerpo!”. Incitados a un violento frenesí, cientos de manifestantes se dedicaron a arrasar el sur de Tel Aviv, rompiendo las ventanas de los negocios africanos y atacando a cualquier emigrante que pudieron encontrar. “¡Queremos quemar a los africanos!”, gritaban. Al igual que en otros momentos oscuros de la historia, los gritos pidiendo la eliminación de un grupo que brotan de una multitud urbana contra una clase de desposeídos auguraban una próxima campaña de depuración étnica. Y tras la noche de los cristales rotos, las celdas de Saharonim continuaron llenándose. Rumbo al Sur Al igual que los consumidores de los medios occidentales encontrarán que es difícil hallar detalles sobre el Plan Prawer y el campo de Saharonim, los visitantes casuales del desierto del Negev obtendrán pocas pruebas de los esfuerzos más inquietantes del Estado. En cambio, determinadas señales de circulación les dirigirán hacia un pequeño museo en Sde Boker, el humilde kibbutz que el primer Premier de Israel, David Ben Gurion, llamaba hogar. En las memorias de Ben Gurion, fantaseaba acerca de evacuar Tel Aviv y asentar cinco millones de judíos en pequeños puestos de avanzada por el Negev, donde podría limpiárseles del desarraigado cosmopolitismo heredado de la vida en la diáspora. Del mismo modo que le molestaba la actitud mundana de los judíos de Tel Aviv y de la Ciudad de Nueva York, a Ben Gurion le repelía la vista del desierto abierto, describiéndolo como “deshecho criminal” y “territorio ocupado”. En efecto, desde su punto de vista, los árabes eran los ocupantes. Y en 1937, tenía planes para trasladarlos, como escribió en una carta a su hijo Amos: “Tenemos que expulsar a los árabes y ocupar sus lugares”. La casa de Ben Gurion tiene un aspecto austero, una estructura de una sola planta y está escasamente amueblada y pobremente alumbrada. Las espartanas habitaciones separadas en las que él y su mujer dormían están impecablemente preservadas, como si fueran a volver a casa en cualquier momento. Muy cerca hay un museo compacto, algo destartalado, donde se conmemora su legado en una serie de exposiciones que no parecen haberse actualizado desde hace al menos una década. El lugar es un resto desmoronado de una época pasada que el país ha dejado en medio del polvo. El público ilustrado del centro costero de Israel ha vuelto su espalda al desierto, prefiriendo en cambio mirar hacia las capitales urbanas europeas, mientras el resto del país obtiene creciente energía del fervor nacionalista religioso que emana de las cimas de las colinas de la ocupada Cisjordania. En el Negev, quizá todo lo que perdure del legado de Ben Gurion sea la continua expulsión de los beduinos. En un sendero de grava que lleva a su casa, una serie de placas pretenden resaltar fragmentos de sabiduría del padre fundador de Israel. Una cita destaca de las demás. Gravada en un estrecho bloque de granito, se lee: “Para existir, el Estado de Israel, debe ir rumbo al sur”. Max Blumenthal es un galardonado periodista cuyos trabajos se han publicado en The New York Times, Los Angeles Times, The Daily Beast, The Nation, The Huffington Post, the Independent Film Channel, Salom.com, Al Jazeera English y otras publicaciones. Es autor del libro record de ventas “Republican Gomorrah”. Acaba de publicar: “Goliath: Life and Loathing in Greater Israel” (Nation Books).

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La Palestina que Israel no quiere
InfoporAnónimo5/1/2014

La soberbia reacción de Israel, cargada de amenazas de sanciones y otras acciones punitivas ,ante el acuerdo de reconciliación firmado entre el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) y Al Fatah, las dos facciones más fuertes de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), evidencian, una vez más, que Tel Aviv no tiene el menor interés en una solución pacífica del conflicto con la parte árabe, ni en reconocer los derechos inalienables de ese pueblo, que mantiene conculcados desde 1948. El acuerdo rubricado por Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), que rige en Cisjordania, e Ismail Haniyeh, jefe del Gobierno de Hamás en la Franja de Gaza, desde el 2007, estipula la formación dentro de cinco semanas de un gobierno conjunto de transición y la celebración de elecciones presidenciales y parlamentarias en un plazo de seis meses, condiciones que fueron aceptadas por ambas partes en los pactos de Doha del 2012. En repudio al pacto de unidad nacional palestino, el primer ministro sionista, Benjamín Netanyahu, y su Gabinete, determinaron abandonar las conversaciones de paz, lo que pone fin por enésima vez a un proceso de negaciones estancado por la insistencia de Israel de la colonización de los territorios ocupados con nuevos asentamientos, su no reconocimiento a las fronteras anteriores a 1967 y el incumplimiento de la prometida liberación de prisioneros para impulsar el diálogo. Aunque para el rompimiento de las tratativas de paz con la ANP, compulsadas por Estados Unidos en el 2012, el premier judío aduce la negativa de Israel a negociar con un Gobierno palestino en el que participe Hamas, al que acusa de organización terrorista, lo cierto es que sistemáticamente el Estado sionista ha hecho fracasar todos los numerosos intentos para lograr la solución del conflicto, que han tenido lugar en los últimos 23 años. La terquedad de Tel Aviv dio al traste con la Conferencia de Paz para el Medio Oriente, celebrada en Madrid en 1991, patrocinada por EE. UU. y la URSS, y en la que una representación palestina de personalidades no dirigentes de la OLP, participó formando parte de la delegación de Jordania. Sucesivamente fracasaron también los acuerdos de Oslo I y II, los de Camp David, Charm El Cheij, Egipto, Hebrón,y Wye Plantation entre otros, más los últimos intentos conciliadores llevados a afecto por Washington entre israelíes y palestinos, cuyo plazo para alcanzar una siguiente etapa estaba fijado para el 29 de abril. Desde la partición de Palestina en noviembre de 1947 por la Resolución 181 de la Asamblea General de Naciones Unidas, Israel ha ido extendiendo sus fronteras mediante la construcción de ilegales asentamientos de colonos judíos en los territorios ocupados, con el propósito de anexarlos a su Estado. Tel Aviv ocupa hoy un 90 % del territorio de Cisjordania y ha fraccionado las históricas tierras palestinas convirtiéndolas en localidades aisladas y divididas por un humillante muro segregacionista, mientras bloquea por aire mar y tierra la Franja de Gaza, objeto de sus continuos ataques armados, zona en la que residen un millón y medio de palestinos sometidos a precarias condiciones de vida impuestas por el asedio israelí. Ni un solo acto de los gobernantes de Israel evidencia su disposición a la constitución de un Estado palestino independiente, con Jerusalén Oriental como capital, considerada por los sionistas como su capital eterna e indivisible, ni a la liberación de los miles de presos políticos, al derecho al retorno de los millones de refugiados de la diáspora y a poner fin a la colonización de sus territorios, derechos exigidos por la parte palestina para rubricar un hipotético acuerdo de paz. Sin embargo, el acuerdo de reconciliación entre Hamas y Al Fatah, que pone fin a siete años de división interna; la próxima constitución de un gobierno de unidad nacional y de elecciones presidenciales, la condición de Palestina de Estado Observador de Naciones Unidas, su membresía en la UNESCO y su reciente solicitud de adhesión a 15 convenios internacionales, son factores que han fortalecido su causa en el escenario mundial, a pesar de todas las maniobras de Israel por evitar su surgimiento como Estado libre, soberano e independiente del pueblo palestino.

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Mujeres palestinas frente a la ocupación
InfoporAnónimo5/1/2014

La presidenta de la Unidad de Mujeres Palestinas estuvo en Biteri kultur Etxea invitada por Mundubat. Khitam Sa'afim mostró la realidad del colectivo femenino en los territorios ocupados y en el resto de Palestina La presencia de la presidenta de la Unidad de Mujeres Palestinas, Khitam Sa'afim, en Hernani permitió conocer la realidad del colectivo femenino en los territorios ocupados y el resto de Palestina. Es, sobre todo, la historia de una lucha contra la ocupación y lo hizo en primera persona, gracias a la invitación realizada desde Mundubat. Una lectura de los números que ofreció Khitam permiten imaginarse cuál es la realidad de la sociedad palestina. En el pasado mes fueron 430 las personas arrestadas, además de 13 asesinados. Los fríos números no quedan ahí. Son 5.000 los palestinos que se encuentran en la actualidad en cárceles israelíes, muchos de ellos llevan más de 33 años presos. Dentro de las mismas más de 1.000 están enfermos y 200 son menores de 18 años, 20 son mujeres. Hay otros datos que dejan ver esa realidad. Detalles que en otros lugares del mundo se realizan sin ningún tipo de impedimento pero que en Palestina, en concreto en los territorios ocupados, no es tan fácil. ¿Un ejemplo?: El que una joven acuda a la universidad. Tanto para ir como para regresar a sus casas deben pasar por controles con soldados israelíes. Muchas ciudadades están rodeadas por un muro, con un solo paso para atravesarlo. Ello hace que no puedan salir o entrar más que en el horario marcado en ese punto de control, a veces en horas nada cómodas. «La ocupación controla la totalidad de la vida de la sociedad palestina», afirma Khitam, ante lo que pide la solidaridad internacional. Khitam Sa'afim estuvo en Hernani como representante de la Fundación del Comité de Mujeres Palestinas, que además de luchar por los derechos de las propias mujeres también lo hacen frente a la ocupación de Israel. De hecho, esa lucha frente a la ocupación de parte de sus territorios es lo único que les une en un 100% a todas las mujeres que agrupan. Existente tres corrientes, las de izquierdas, las islamistas y las religiosas, y se unen totalmente en el caso de la lucha contra la acción de Israel frente a Palestina. En el resto de asuntos, en la gran mayoría, existen divergencias. No tienen, desde luego, el mismo punto de vista con respecto a los derechos sociales de las mujeres palestinas. Existente claras diferencias entre las mujeres más vinculadas a la religión y la derecha y las de izquierdas. Diferencias «La confrontación llega con las mujeres vinculadas a la religión al entender éstas que no se deben atender las necesidades sociales de las mujeres en Palestina. Desde la izquierda, en cambio, se busca combinar las dos luchas, la social y la existente para hacer frente a la ocupación», afirma Khitam. «También existen diferencias con las mujeres islamistas al querer hacer uso de la religión en la vida privada». Si tienen algo claro las mujeres de izquierdas de Palestina es que «la lucha que tenemos no se puede separar de las demandas nacionales». Por ello, vinculan en gran medida la idea del femenismo y el nacionalismo. Roles La presidente de esta fundación dejó claro que comparten las demandas del resto de mujeres del mundo. «Pedimos igualdad pero también la libertad de nuestro pueblo», deja claro su presidenta. Ante la situación especial que vive la población palestina, las mujeres han tenido que asumir roles y trabajos especiales. «Hemos tenido que asumir el mantenimiento de la población en una situación tan extrema, en lo referido a la salud, educación, etcétera». La Fundación de Comités de Mujeres Palestinas se creó en 1980 con la intención de sensibilizar en temas de igualdad, aunque tienen claro que es un factor que pasa por la independencia económica de las mujeres. Aspecto en el que han trabajado con proyectos que ponen el acento en el empoderamiento de las mujeres. De igual manera ofrecen servicios que son necesarios para las féminas, como guarderías para el cuidado de los niños. Juntamente con todo ello, buscan potenciar la participación de la mujer en la vida social y política palestina.

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