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Primer post: 9 jun 2011Último post: 9 jun 2011
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Apuesta.Ni arte ni fiesta!
Apuesta.Ni arte ni fiesta!
Ciencia EducacionporAnónimo6/9/2011

Esta terrible actividad denominada “deporte” se lleva a cabo en la localidad de Rafael Castillo, partido de La Matanza. Se realiza frecuentemente los días feriados y también los domingos. Se iniciarán a partir del mes de mayo y aunque este tipo de prácticas está prohibida por la ley nacional 14.346 desde 1986, se continúa llevando a cabo. El Interior de la ilegalidad y las contras Si bien una normativa del Código Penal nacional prohíbe este tipo de prácticas en el país, en distintas provincias como Santiago del Estero, Tucumán, Corrientes, y San Luis (lugar en donde hasta fue construido un gallódromo), las peleas continúan realizándose amparadas por leyes provinciales, como la 5574 del territorio santiagueño. Aunque en 2009, un fallo judicial del Dr. Horacio Zabala Rodríguez, del Tribunal Superior hizo dar marcha atrás al fenómeno en tierras puntanas. Al respecto, 24CON consultó a Jorge de Marco, director del Centro de Prevención de Crueldad Animal (CPCA), quien explicó: “Ninguna ordenanza municipal o Ley provincial puede anular o contradecir una Ley Penal Nacional por lo que cualquier intento de autorizar las riñas con animales es inviable desde todo punto de vista”. Asimismo, agregó: “Es insostenible que semejante espectáculo aberrante del siglo XVIII continúe hoy con miles de muertes por el placer de unos pocos, quienes pagando la suma correcta a las personas adecuadas tienen ‘licencia’ para cometer cualquier tropelía o delito. Esta actividad esta íntimamente ligada al delito en general, drogas, corrupción de funcionarios, robo etc”. La fiesta dijo:El deporte relacionado con las peleas de gallos tiene hondas raíces en Puerto Rico. Pues surge, casi a la par, con la colonización del país. Los primeros gallos de raza llegaron a la isla en los albores del siglo XVI. Dícese que estos provenían de la provincia de Castilla, específicamente de la comarca madrileña. El ilustre religioso Fray Iñigo Abbad Lasierra relata, en su Historia geográfica, civil y natural de la isla de San Juan Bautista de Puerto Rico, en el capítulo que trata del “uso y costumbres de los habitantes de esta isla”, el siguiente comentario: “Son muy apasionados por los juegos sedentarios: el de los gallos es muy común en toda la América y más en esta isla. No tiene rubor un hombre de obligaciones pasear por las calles, buscando quien quiera apostarlas con su gallo y aventura cuanto dinero tiene, fiado de la valentía del suyo. Dos padres de familia se pasan el día en mitad de la plaza depuestos de cuclillas, viéndolos reñir, sin manifestar alteración ni disgusto por haber perdido todo su dinero, siéndoles pérdida muy sensible que su gallo muera o salga herido en la pelea, como sucede regularmente, pues les atan a cada pie una lanceta bien afilada y saltando uno contra otro se pasan y descuellan con ellas. El primero que cae muerto o huye del cerco pierde la riña y su dueño paga la apuesta, que suelen ser considerables. No es menor el vicio que tienen los juegos de envite en que ejercitan tienen que vender para jugar”. Lo que antecede nos ofrece una idea de la pasión que entonces se sentía en el país por ese deporte. La riña de gallo existe en Puerto Rico desde 1770 como una actividad recreativa legalmente organizada y oficialmente regulada por la administración del entonces gobernador de la colonia, el coronel don Miguel Muesas. Con el tiempo, el entusiasmo por el pasatiempo se extendió por toda la isla y como es natural llegó a Peñuelas. Era una recreación tan democrática como casi todo los deportes contemporáneos. Pues, a las jugadas de gallos concurrían gentes de todos los estamentos sociales, ricos y pobres, negros, blancos y mulatos se congregaban en las galleras y allí, en cordial convivencia y gran algarabía, presenciaban los desafíos de gallos. Era rarísimo que una mujer asistiera a la jugada. No era poco el dinero que se apostaba sin tener dinero a mano. Las deudas si alguna se incurría, se pagaban con religiosa puntualidad. Estas fisetas deportivas tomaron tal auge que a principios del siglo XIX se constituyó en el principal deporte de la isla. Las populares peleas de gallo proveian gran esparcimiento a gran parte de la ciudadania en una epoca en que escaseaban las diversiones públicas. El espectáculo contribuia ademas en crear un saludable ambiente de “vividura” social y además fomentaba el comercio del pueblo en el que se celebraba las riñas. El auge de este deporte se detuvo brusca y momentáneamente cuando en 1904 se aprobó una ley para castigar la crueldad de los animales, que convirtio el deporte de los gallos en una actividad delictiva, ya que mencionada recreación quedó sujeta a severas sanciones penales. Sin embargo, la referida ley no acabó con el pensamiento favorito de los puertorriqueños de la época. Poque la riña de gallos se había convertido ya en una costumbre tan profundamente enraizada en el alma del pueblo que la letra aludida ley no pudo destruirla por completo. Cierto que desesperación las galleras oficiales y los desfíos reglamentados por ley, pero aparecieron las galleras clandestinas y el deporte continuó celebrándose en los campos, donde se hacía mas fácil evadir la persecución policiaca. Cuanto antecede nos ha traido a la memoria una estampa relativa a este deporte, que de muchacho, contemplamos en un barrio de pueblo. En Peñuelas habian varias partidas de gallos. Estas se hallaban usualmente en el patio de la casa que pertenecía cada una de las empresas. En cada partida de gallos habia una variada cantidad de jaulas, limpias y seguras, donde dormian y cantaban los gallos. Temprano en mañana, el gallero, hombre ducho en la materia que empleaba cada dueño de partida, empezaba su cotidiana tarea, sacaba uno a uno, los gallos de las jaulas y los ataba, mediante un cordon especial y con sumo cuidado unas estacas que previamente habian sido colocadas a conveniente distancia, de modo que los gallos pudieran verse, pero sin hacerse daño unos a otros. Estos futuros pugiles, sufrian riguroso entrenamiento y se les tenia una estricta dieta, que más tarde cuando vino al país la fuga de las vitaminas, ellos participaron. Habia en estas partidas, por lo menos una persona que ayudaba al gallero. Parte de la labor de este ayudante consistia en traquear los gallos: es decir, en correr detrás del gallo, azotándolo levemente con la toalla, durante el tiempo que el gallero determinara. Este ejercicio se practicaba con el objeto de impartir mayor resistencia combativa al gallo. Despues del ejercicio señalado, el gallero lo pesaba, lo examinaba y luego rociaba con un buche de ron, los muslos y el pescueso del gallo y también prescribía rigurosamente la dieta del día. De vez en vez, cuando se avecinaba un combate, probaban los gallos mediante un intento de pelea que llamábase embotes. Durante ese episodio el gallero no permitia ni siquiera al dueño de la partida, entrar al cerco del combate y concentraba toda su atención observar como se comportaban los gallos durante la pelea. De cuando en cuando, llevánbase a cabo, en el cerco de la pelea de estas partidas, ciertas prácticas de entretenimiento que siempre nos parecieron salvajes. Estas prácticas consistían de la celebración de una pelea, en la que tomaban parte, de un lado, un gallo chata: es decir, un gallo que no era valiente ni agil, ni diestro en el uso de sus espuelas, y del otro, un gallo con altos dotes combativos y que se estaba preparando para pelear próximamente. Al Chata le embotaban las espuelas para evitar que pudiera hacer daño, mientras que al otro se las afilaban bien de modo que el gallero estudiara cuidadosamente como las empleaba. Demas está decir, que en este desigual combate, la suerte de la chata se reducía simplemente a huir, a morir peleando o salir mal herido, lo que generalmente conducía al caldero. Dicho sea de paso, fuera de las clarinadas que los gallos entonaban cuando en coro marcaban las horas sobre todo de noche y temprano por la madrugada, las partidas de los gallos no molestaban y puede decirse que eran un espectáculo digno de verse. Aquí vale señalar que cuando el gallo ingresaba en la partida venia luciendo abundantes plumas, una larga cresta y embotadas espuelas por estar cubiertas de costras. Pero no pasaban muchos, días cuando este quedaba transformado: le cortaban la cresta, le recortaban artísticamente el plumaje, le afilban las espuelas, le perfilaban el pico y sus muslos, antes fotos y amarillentos, se tornaban duros y rojos. Algunos gallos que, al ingresar en la partida, parecian mansos e inofensivos, despues de algunos dias de entrenamiento se ponian bravos y picaban a cuantos pretendian acariciarlos o cogerlos. Era que ya estaban adoctrinados para la pelea. No es ocioso añadir que extensa y intensa era la variopinta gama de los colores que ostentaban las plumas de estas belicosas aves, pues los habian gallinos, giros, rubios, camaguey, búlicos, pintos, etc., los gallos que vestian de puro blanco o negro, mucho más raros aun que los bolos. Recordamos bien que una vez fuimos, cuando muchacho, acompañados de un tio que era gran entusiasta del deporte, a una jugada que se celebraba en un lejano barrio del pueblo. Todavía el espectáculo estaba legalmente prohibido, pero la policía solía hacerse de la vista larga. La vispera de la jugada, el pueblo se animó mucho con la llegada de las partidas que provenian de otros pueblos. La gallera era de forma circular y los parroquianos se sentaban sobre moviles graderias, por si acaso la policía acudia, alrededor del cerco en que soltaban los gallos a pelear. Fuera de la gallera habían muchísimos puestos en los que vendían diversos platos: desde lechón asado y bacalaítos fritos hasta arroz con gandules y majarete. Tambien habian estancos de bebidas en los que se consiguió desde el palo de ron hasta mabi y distintos refrescos de frutas. Lo que mejor recordamos de aquella jugada es la bulla y la algarabia que se armaba tan pronto empezaba el combate y lo que mas nos llamó la atención fue la manera como la gente apostaba: a gritos y de memoria, sin apuntes de indole alguna, pase a las ventajas y gabelas que se dieran unos a otros, y el número de transacciones que se hacian. Tambien nos sorprendió sobremanera las cantidades grandes de dinero que apostaban muchos campesinos y obreros sin manifestar disgusto alguno cuando perdian. Como la tradición no daba trazas de desaparecer hubo numerosos intentos legislativos para restablecer legalidad del deporte. Pero estos intentos resultaron infructuosos hasta que más o menos en 1933, un entusiasta aficionado del deporte, que era a la vez presidente del Senado logró convencer al gobernador de Puerto Rico, Robert H. Gore, para que firmara la ley estableciendo las peleas de gallos como actividad deportiva legal, la cual goza todavía de una espumosa fanaticada en todo el país. A la féria de San Marcos, del merito Aguas Calientes Van llegando los valientes con su gallo copetón. Y lo traen bajo del brazo al sonar de la partida Pa' jugarse hasta la vida con la fé de un espolón. Linda la pelea de gallos con su público bravero Con sus chorros de dinero y los gritos del gritón. Regosándonos el gusto no se sienten ni las horas Con tequila y cantadoras que son puro corazón. Ay! Fiesta bonita! Y hasta el alma grita con todas sus fuerzas: "VIVA AGUAS CALIENTES SU..!!" <"QUE VIVA!!"> Que su féria es un primor. Ya comienza la pelea, las apuestas ya casadas Las navajas amarradas centellando bajo del sol. Cuando sueltan a los gallos temblorosos de coraje No hay ninguno que se raje para darse una agarrón. Con sus plumas relucientes y aventando picotazos Quieren hacerse pedazos, pués traen ganas de pelear Y en el choque cae el giro sobre el suelo ensangrentado Ha ganado el colorado que se pone ya a cantar. Ay! Fiesta bonita!... Mensaje: ¡No asistas a estos actos sádicos contra los animales! No financies actos inhumanos y crueles como estos... ¡NO TIENE JUSTIFICACIÓN! ¡ NO ASISTAS A LAS PELEAS DE GALLOS ! ¡ NO ASISTAS A LAS PELEAS DE PERROS ! Saludos

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