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Usuario (Colombia)

En el mundo del fútbol se ha elegido esta palabra, cancerbero, para designar a aquel jugador que guarda lo más preciado del campo: la portería. La palabra proviene de la mitología griega. A las puertas de Hades, el infierno, vivía una fiera monstruosa. Se llamaba Kérberos en Grecia y Cerbero en Roma y tenía tres cabezas y una cola formada con una serpiente. El lomo se cubría con infinidad de cabezas de serpientes. Esta horrible criatura era hija de Tifón y de Equidna y se decía que su mordedura era terrible. Cerbero acariciaba con su cabeza a quienes entraban en los infiernos, pero luego no les dejaba salir y, siempre al acecho, devoraba a quienes pretendían flanquear las puertas del Hades. También ahuyentaba a los vivos que que-rían adentrarse en el mundo de las tinieblas. Es implacable, aunque algunos han conseguido evitar sus mordeduras, como Orfeo, que le durmió con su lira cuando fue a rescatar a su esposa Eurídice. Por tanto, el perro guardián es el Can Cerbero, que ha servido para denominar así al portero de fútbol. En Sudamérica también se les denomina arqueros porque a la portería se la llama arco
Si eres de los que tiemblan cada vez que tienes que ir a hacerte un análisis de sangre, estás de enhorabuena. Un equipo de investigadores del MIT (Massachusetts Institute of Technology) ha desarrollado un sistema que permite inyectar una gran variedad de fármacos a través de la piel sin necesidad de emplear agujas. El trabajo se publica en la revista Medical Engineering & Physics y sus creadores están haciendo pruebas para adaptarlo a los diferentes tipos de piel. El mecanismo se basa en las fuerzas de Lorentz, que son aquellas que se ejercen por el campo magnético al recibir una partícula cargada o una corriente eléctrica. Consta de un imán muy pequeño y potente rodeado por una bobina de alambre unida al émbolo de una cápsula que contiene los fármacos a inyectar. Cuando se aplica una corriente eléctrica, esta interacciona con el campo magnético y produce una fuerza tal que empuja el pistón, permitiendo que la cápsula se abra e inyecte su contenido a gran velocidad a través de la piel.
