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FlorBeatles

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Primer post: 17 feb 2009Último post: 27 jun 2009
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Namibia: el país de las planicies
InfoporAnónimo2/17/2009

Literalmente, Namibia significa llanuras, por ser un país de grandes contrastes, con una topografía única, mar y desiertos que se entremezclan con grandes extensiones de sabana semidesértica. Está situado entre dos enormes desiertos: en su costa occidental el Namib, del cual se dice que es el más antiguo del mundo, y el del Kalahari, en el este. Pero en el norte figura el Gran Parque Nacional de Etosha, rico en fauna y con servicios de infraestructura para disfrutar del avistamiento de animales. Constituye una de las mayores reservas de caza en África. Allí, el rinoceronte negro cuenta con una considerable población de ejemplares, mientras el elefante es uno de los mamíferos más importantes, porque llega a medir hasta cuatro metros, aunque sus colmillos son pequeños. La preservación de la fauna, las especies protegidas y el desarrollo del ecosistema son las premisas que rigen la política en esas áreas. Su amparo aparece en la Constitución. A su vez, el río Kunene es la frontera natural al norte del país con Angola. Es la región donde habita una de las etnias más significativas de África, los Himba. La costa de Namibia es una de las más agrestes y peligrosas. Sus corrientes, junto con el río Orange al sur, y fronteriza con Sudáfrica, son las causantes de la creación del desierto del Namib y toda la costa de los esqueletos, donde aún se pueden ver los restos de barcos varados. El Fish River Canyon aparece en el sur, sumergido 550 metros en la tierra y se extiende a lo largo de 160 kilómetros. Desde las dunas más bellas y altas hasta el arte rupestre, antiguos árboles petrificados, plantas como la Welwitschia -considerada la más antigua del mundo-, huellas de dinosaurios que se conservan en las montañas, hacen de Namibia una nación única en historia natural. Swakopmund es una ciudad creada en la época colonial alemana. Un verdadero oasis en la profundidad del desierto, de excelencia por su climatología y hermosas playas. El National Namib-Naukluft Park es inusual y diverso en su conservación. Abarca cerca de 50 mil kilómetros cuadrados y clasifica como el cuarto mayor del orbe, con paisajes de impresionante macizo de montañas, llanuras, altas dunas de arena, profundas tierras quebradas y una laguna. Por el contrario, el río Orange transporta numerosas tierras ricas en minerales y hierro, de ahí su color rojizo, y las expulsa al mar. El propio Océano Atlántico hace el resto, ayuda y beneficia a su desarrollo, bombea continuamente todos los sedimentos del río a tierra y crea enormes masas de arenas. FUENTE http://www.ain.cu/2009/febrero/12asplanicies.htm

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Arquelogía en Argentina.
InfoporAnónimo6/27/2009

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la Asociación Ciencia Hoy Gustavo G. Politis Facultad de Ciencias Sociales (Olavarría) Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires ¿A qué época se remonta la presencia humana en la Argentina? Desde una posición extrema que llegó a sostener el mismo origen de la humanidad en La Pampa, se pasó luego, como contrapartida, a creer que el poblamiento de América era un fenómeno relativamente reciente. Hoy, a la luz de nuevos hallazgos arqueológicos, se ha replanteado también la última postura; en la Argentina, las evidencias demuestran que en algunos casos, como el de las llanuras bonaerenses, el hombre coexistió hace milenios con una fauna extinguida, que en parte explotó para su supervivencia. Cuando a fines del siglo pasado el célebre investigador Florentino Ameghino propuso que la cuna de la humanidad se encontraba en La Pampa argentina, la atención de la comunidad arqueológica mundial se volcó sobre esta región. ¿Era posible que, contrariando a la mayoría de los hallazgos de la época, los gragmentarios cráneos y otros restos óseos exhumados en la llanura pampeana pertenecieran a los primeros hombres que poblaron el planeta? El cúmulo de información expuesta por Ameghino era importante y mereció una diFusión internacional. De esta manera, en 1910 llegó a la Argentina el paleoantropólogo (especialista en la evolución biológica del hombre) Ales Hardlick, de la Smithsonian Institution de Washington; luego de un rápido análisis de los materiales y de las evidencias presentadas por el científico local, destruyó las propuestas del mismo, concluyendo además que no había razón para creer que el hombre en América del Sur tuviese más que unos pocos milenios de antigüedad. Tampoco era probable, según su opinión, que hubiera convivido con los grandes mamíferos del Pleistoceno. La contundencia del modelo del prestigioso Hadlick, excelentemente presentado en su Early Man in South America (1912), no solo derrumbó las hipótesis ameghinianas, sino que condujo al abandono de la búsqueda sistemática de rastros de los primeros americanos en la pampas argentinas: junto con Ameghino, toda una línea de investigación fue condenada al descrédito. Los enigmáticos hallazgos de bolas de boleadoras y otros artefactos aparentemente muy antiguos, que entre 1910 y 1930 efectuó el aficionado Lorenzo Parodi, en las barrancas de Miramar (partido de General Alvarado, provincia de Buenos Aires), fueron sospechados de fraude y con ellos se fue diluyendo la idea de un poblamiento muy remoto de la región. Sobre la base de múltiples métodos de datación del pasado con que ahora se cuenta, la cronología actualmente propuesta para el poblamiento de América es bastante distinta de la que hace casi un siglo suponía Ameghino. Hoy, una gran cantidad de hallazgos arqueológicos apoya la hipótesis de que el hombre llegó a este continente, cruzando el estrecho de Behring, entre Siberia y Alaska, hace 20 ó 30 mil años. Incluso los recientes hallazgos por Tom Dillehay, de la Universidad de Kentucky, en el sitio de Monte Verde (Chile), y por Niede Guidón, de l'Ecole de Hautes Etudes en Sciences Sociales, en el estado de Piauí (Brasil), han dado fechados que remontarían el poblamiento de América del Sur hasta casi 35 mil años atrás. Sin embargo, y a pesar de sus exageraciones cronológicas, varias de la hipótesis de Ameghino han vuelto a considerarse seriamente. Por un lado, el descubrimiento en 1927 de puntas de proyectil clavadas en huesos de bisontes extinguidos en Folsom (Nuevo México, EE.UU), llevó a que se aceptara que efectivamente el hombre había coexistido con especies animales extinguidas en América del Norte. Poco después, el arqueólogo norteamericano Junius Bird encontró en el otro extremo del continente, en cuevas de la patagonia chilena, otras puntas de proyectil, asociadas con restos de caballo americano y de milodonte, ambos también extinguidos. Por otra parte, algunas de las mismas evidencias presentadas por Ameghino, como el cráneo humano denominado por él como Diprothomo recuperado a casi 15m de profundidad durante la construcción del puerto de Buenos Aires, o el "esqueleto de Fontezuelas" hallado en el interior de la caparazón de un gliptodonte, no se explicaban dentro del modelo de Hardlick de poblamiento de América en épocas post-glaciales. Pero hubo que esperar hasta la década del '70 para que la región pampeana comenzara a entregar nuevos indicios sobre los primeros americanos. A orillas del arroyo Azul (partido del mismo nombre, provincia de Buenos Aires), un grupo de científicos del Instituto de Investigaciones Antropológicas de Olavarría, dirigido por el arqueólogo Floreal Palanca, excavó lo que resultó ser un antiguo sitio de caza de Doedícurus, gliptodonte de gran tamaño extinguido probablemente a fines del Pleistoceno. El instrumental de piedra allí recuperado, confeccionado principalmente en cuarzo cristalino, no era muy elaborado; sus fabricantes sólo habían deseado obtener simples filos muy cortantes para carnear una presa con gran volumen de masa muscular. Este sitio arqueológico, denominado La Moderna debido al viejo nombre de la estancia en que se hallaba, fue nuevamente estudiado por el autor en 1983 y 1984. Las nuevas excavaciones confirmaron la mayoría de las hipótesis de Palanca y su equipo, a la vez que proporcionaron nuevos datos referentes a las actividades desarrolladas en el lugar durante épocas tempranas. La Moderna aportó la primera evidencia confiable, dentro de los criterios científicos contemporáneos, para probar la coexistencia del hombre pampeano con la fauna del Pleistoceno, pero no permitió ir mucho más lejos en la identificación de los modos de vida de los antiguos grupos de cazadores recolectores de la zona. Poco después del hallazgo de la Moderna, más al sur en la provincia, a orillas del primer brazo de los Tres Arroyos, o Arroyo Seco, un grupo local de aficionados a la arqueología (Aldo Elgart, Alfredo Morán y Julio Móttola) localizó varios sitios con restos de actividad humana prehispánica, dos de los cuales incluían seputuras. Ante la magnitud y la complejidad de estos descubrimientos, recurrieron al Museo de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de La Plata, y Alberto Rex González, entonces director de la División Arqueología del mismo, visitó el área constatando la excepcional calidad de los hallazgos. En los sitios del Arroyo Seco no sólo había restos humanos, sino también abundantes instrumentos líticos y huesos de mamíferos pleistocénicos aparentemente asociados en un mismo estrato geológico: la oportunidad para abordar un estudio completo del temprano poblamiento pampeano y de la influencia del hombre en la extinciones de la fauna pleistocénica era excelente. En 1979 comenzaron las investigaciones sistemáticas en el lugar, a cargo de un equipo interdisciplinario integrado por científicos de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de La Plata: los arqueólogos Luis Meo Guzmán, Mónica Salemme y el autor, el geólogo Francisco Fidalgo y el paleontólogo Eduardo Tonni. En la localidad arqueológica Arroyo Seco se detectaron entonces tres sitios. Conviene aclarar que convencionalmente un sitio arqueológico es un lugar donde se encuentra una serie de restos de actividad humana con cierta continuidad espacial; una localidad arqueológica, en cambio, es un área mayor en la que pueden concentrarse varios sitios. FUENTE: http://www.cienciahoy.org.ar/hoy02/megaterio.htm

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Los 10 países más ricos, según el Banco Mundial
Los 10 países más ricos, según el Banco Mundial
InfoporAnónimo3/13/2009

En base al último informe estadístico del Banco Mundial realizado en julio del 2006, tomando como parámetro el Producto Nacional Bruto del 2005. Estados Unidos Japón Alemania China Gran Bretaña Francia Italia España Canadá India Qué curioso...¿No?, también es uno de los países con mayor pobreza. 11 Corea del Sur 12 México 13 Australia 14 Brasil 15 Rusia 16 Holanda 17 Suiza 18 Bélgica 19 Suecia 20 Turquía 21 Austria 22 Arabia Saudita 23 Indonesia 24 Noruega 25 Polonia 26 Dinamarca 27 Sudáfrica 28 Grecia 29 Finlandia 30 Hong Kong 31 Irán 32 Tailandia 33 Argentina 34 Portugal 35 Irlanda 36 Israel 37 Venezuela 38 Malasia 39 Singapur 40 Emiratos Árabes Unidos 41 República Checa 42 Filipinas 43 Pakistán 44 Nueva Zelandia 45 Colombia 46 Hungría 47 Chile 48 Egipto 49 Algeria 50 Rumania 51 Nigeria 52 Perú 53 Ucrania 54 Bangladesh 55 Kuwait 56 Marruecos 57 Vietnam 58 Kasajistán 59 Eslovaquia 60 Croacia 61 Ecuador 62 Eslovenia 63 Libia 64 Guatemala 65 Luxemburgo 66 Túnez 67 Bielorrusia 68 Serbia y Montenegro 69 Bulgaria 70 Siria 71 Omán 72 Lituania 73 Sudán 74 Sri Lanka 75 Líbano 76 Angola 77 República Dominicana 78 Costa Rica 79 Kenia 80 El Salvador 81 Camerún 82 Latvia 83 Costa de Marfil 84 Uruguay 85 Panamá 86 Chipre 87 Islandia 88 Trinidad y Tobago 89 Jordania 90 Uzbekistán 91 Tanzania 92 Yemen 93 Estonia 94 Etiopía 95 Bahrein 96 Azerbaiján 97 Ghana 98 Bosnia y Herzegovina 99 Bolivia 100 Botzwana 101 Jamaica 102 Honduras 103 Senegal 104 Albania 105 Uganda 106 Paraguay 107 Nepal 108 Afganistán 109 Gabón 110 República Democrática del Congo 111 Mauritania 112 Mozambique 113 Namibia 114 Georgia 115 Macedonia 116 Zambia 117 Malta 118 Madagascar 119 Camboya 120 Burkina Faso 121 Mali 122 Nicaragua 123 West Bank y Gaza 124 Zimbabwe 125 Armenia 126 Benin 127 Haití 128 Chad 129 Papua Nueva Guinea 130 República del Congo 131 Guinea 132 Níger 133 Moldovia 134 Fiji 135 Laos 136 Swazilandia 137 Isla de Man 138 Kirguistán 139 Tajikistán 140 Togo 141 Malawi 142 Rwanda 143 Mongolia 144 Lesotho 145 Mauritania 146 República Central Africana 147 Sierra Leona 148 Surinam 149 Belice 150 Eritrea 151 Cabo Verde 152 Antigua y Barbuda 153 Djibouti 154 Bhután 155 Santa Lucía 156 Maldivas 157 Guyana 158 Timor Oriental 159 Burundi 160 Seychelles 161 Gambia 162 Liberia 163 San Vincente y Las Granadinas 164 Granada 165 St. Kitts y Nevis 166 Comoros 167 Samoa 168 Vanuatú 169 Guinea-Bissau 170 Islas Salomón 171 Dominica 172 Micronesia 173 Tonga 174 Islas Marshall 175 Palau 176 Kiribati 177 Santo Tomé y Príncipe

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Revista Cabildo; reflexiones un tanto fascistas
InfoporAnónimo5/29/2009

Gracias a una parodia por parte de la Revista Barcelona,encontré esta enigmática página, en donde pude ver reflexiones que negaban el holocausto, que negaban la última dictadura militar, y en las que se referían a los hijos de desaparecidos como mercenarios terroristas. Les dejo una de esas tantas reflexiones, que me puso la piel de gallina y me aterrorizó A PROPÓSITO DE LA GUERRA ANTISUBVERSIVA Diez Olvidos No pasa día -en rigor, no pasa hora- sin que desde todos los medios masivos a su disposición, las izquierdas gobernantes y cogobernantes vuelvan una y otra vez sobre la condena del Proceso y de la Guerra Antisubversiva. Como tampoco pasa una hora sin que desde alguna instancia más o menos jurídica, nacional o transnacional se intente o se ejecute una nueva estrategia para mantener a los presuntos o reales represores de la guerrilla en permanente estado de acusación. Las respuestas y las reacciones que se suscitan ante tal estado de cosas están lejos de ser satisfactorias. Empezando por las respuestas de los jefes castrenses, que han optado entre entregarse sin combatir, a expensas de su honor, asociarse vergonzosamente al enemigo sirviéndole de guardia pretoriana o de embajadores, o proferir discursos pacifistas. El resultado es una confusión tan multiforme, una mentira tan honda y una falsificación tan sistemática de la historia, que nos parece oportuno presentar la siguiente enunciación de olvidos: 1.- Se ha olvidado, en primer lugar, la existencia del Comunismo Internacional, con su pecuela de cien millones de muertos durante el siglo XX. La cifra no es arbitraria, ni retórica ni antojadiza. Es el resultado de un cálculo científico, corroborado tras prolijas y actualizadas investigaciones de carácter demográfico, en una voluminosa obra escrita por seis autores insospechados de antimarxismo: El libro negro del Comunismo, Barcelona, Planeta-Espasa, 1998, en su versión castellana. Los profesionales de la protesta antigenocida, tan prontos a blandir cantidades más emblemáticas y falsas que reales, (como las de los seis millones del Holocausto o la de los treinta mil desaparecidos), no han dicho una sola palabra a propósito de tan monstruosa constatación. Entre el 12 y 14 de junio de 2000, en Vilnus, Lituania, tuvo lugar el Primer Congreso Internacional sobre la Evaluación de los Crímenes del Comunismo (CIECC), organizado por la Fundación de Investigación de Crímenes Comunistas presidida por Vytas Miliauskas. No se ha visto ni se verá jamás allí a representante alguno de las agrupaciones defensoras de los derechos humanos, ni al juez Garzón y sus múltiples secuaces nativos y foráneos. Con lo que se constata una vez más -sin que haga falta- que los invocados derechos no son más que un recurso dialéctico de la Revolución, y que las tales agrupaciones que los invocan no han nacido sino para custodiar los intereses de la praxis marxista. Lo cual -pongámosnos de acuerdo- no sería incoherente ni lo más grave si no mediara el hecho de que los mencionados ideólogos y agitadores insisten en presentarse como pacíficos ciudadanos preocupados por cualquier atentado de lesa humanidad. 2.- Se ha olvidado, en segundo lugar, que al amparo de aquella estructura ideológico-homicida apareció en la Argentina el fenómeno del terrorismo marxista, responsable de innúmeros actos delictivos y sanguinarios, y causa eficiente de la guerra revolucionaria, a la que toda Nación así agredida está obligada a enfrentar, aún con el concurso de sus Fuerzas Armadas. No fue un hecho aislado ni eventual ni azaroso ocurrido en nuestro país; fue parte de una planificada y cruenta operación extendida -sucesiva y simultáneamente- por toda América y por otras regiones del mundo. La Argentina no vivió una guerra civil. Fue agredida desde las usinas internacionales del marxismo con el concurso de subversivos vernáculos. 3.- Se ha olvidado, en tercer lugar, que el susodicho terrorismo no fue sólo ni principalmente físico, sino psicológico, político, económico y moral, buscando como blanco antes las almas que las armas. El término subversión -hoy olvidado- da una idea exacta, en recta semántica, de lo que aquella planificada ofensiva comunista quería conseguir y consiguió. El terrorismo resultó derrotado, pero la subversión campea victoriosa, gobierna y justifica y legitima ahora a los terroristas. Este triunfo subversivo -que está instalado en todos los ámbitos, desde el universitario hasta el eclesiástico, desde el periodístico hasta el gubernamental- fue consecuencia directa de la imperdonable ceguera e ignorancia doctrinal de las Fuerzas Armadas, a través de sus sucesivas conducciones, partícipes todas de la cosmovisión liberal, progresista y moderna de la política. Prefirieron proclamar que los argentinos eran derechos y humanos -pagando tributo a las categorías mentales del enemigo- cuando lo que correspondía era saber definirse contrarrevolucionarios. Prefirieron tener por fin la democracia antes que la patria. La paradoja es que los titulares de aquellos gobiernos militares, miopes y cómplices del error no son enjuiciados ni castigados, como debieran serlo, por causa de esta derrota contra la subversión, sino en razón de su victoria contra el terrorismo. 4.- Se ha olvidado, en cuarto lugar, que tanto la subversión como el terrorismo contaron con el apoyo explícito e incondicional de las genéricamente llamadas agrupaciones internacionales de solidaridad. Principalmente de la célula Madres de Plaza de Mayo, cuyas integrantes -que manejan ahora hasta el funcionamiento de una "universidad", y que han sido insensatamente promovidas, homenajeadas y hasta recibidas en los ámbitos presidenciales- no dejan posibilidad alguna de duda sobre sus propósitos a favor de la lucha armada. Tampoco esto nos parece incoherente o lo más grave, sino el hecho de que se preterida presentar a las Madres como modelos de la defensa de la vida y de la libertad. Hay que decirlo de una buena vez: Madres, Abuelas e Hijos son tres agrupaciones terroristas que gozan de impunidad, y hasta cuentan en algunos casos con subsidios estatales, llamados eufemísticamente indemnizaciones. Si las cosas se hubieran hecho bien, si una inteligencia cristiana hubiera comandado aquellas acciones bélicas, y una voluntad auténticamente castrense las hubiera consumado, no habrían existido desaparecidos sino ajusticiados, como consecuencia de una límpida, pública y responsable acción punitiva. Es posible, se dirá, que las Madres de Plaza de Mayo hubieran existido igual sin desaparecidos, pues su propósito institucional -quedó después en claro- no era recuperarlos sino apoyarlos y encubrirlos, desde la apelación a lo emocional hasta el uso de las armas. Pero si quienes libraron la guerra justa contra la subversión se hubieran abstenido de utilizar algunos de los mismos procedimientos perversos del adversario, su triunfo moral sobre ellos sería hoy apabullante e incuestionable. 5.- Se ha olvidado, en quinto lugar, que los soldados argentinos que combatieron en la ciudad o en los montes, bajo las formas más o menos clásicas de la guerra o las atípicas que el partisanismo impone, perdiendo por ello sus vidas o arriesgándose a perderlas, merecen la gratitud y el aplauso, el trato heroico y el reconocimiento de su valor. Ellos y sus familias vivieron múltiples peripecias y situaciones de riesgo, hasta que -muchos- cayeron en combate o quedaron gravemente mutilados. Libraron el buen combate sin ensuciar sus uniformes ni sus conductas. Sus nombres y los de las batallas en las que actuaron no pueden ser suprimidos de la memoria nacional, como vilmente viene sucediendo. 6.- Se ha olvidado, en sexto lugar, que no toda acción represiva es inmoral, y que aún del hecho de una represión ilícita no se sigue la inocencia de quienes la hayan padecido. Ambas cosas sucedieron en nuestro país. Hubo una represión del terrorismo perfectamente legítima y encuadrable dentro de los cánones de la guerra justa. Y hubo una represión -aconsejada por los eternos asesores de imagen que continuamente proporciona el poder mundial para estas ocasiones- que violó las normas éticas, siempre vigentes, aún en tiempos de conflagración, desnaturalizando aquella contienda y enlodando a quienes la ordenaban. Mas por enorme que resulte el repudio a aquel modo torcido de reprimir el accionar terrorista, ello no convierte en inocentes a todos aquellos sobre los cuales se ejecutó, ni en torturadores a todos aquellos militares que pelearon. Sin mengua de que hayan podido resultar lesionados algunos inocentes, hubo culpables reprimidos lícitamente y culpables reprimidos ilícitamente. Pero lo más penoso, es que hubo grandes culpables protegidos. Después, y hasta hoy, ocuparían los cargos más encumbrados del Estado. Muchos altos jefes de las FF.AA. deberían responder por esta altísima traición a la patria. 7.- Se ha olvidado, en séptimo lugar, que no existió ninguna dictadura militar ni ningún genocidio. Debió existir la primera -posibilidad prevista en la vida política de una nación y en las formas gubernamentales de emergencia en tiempos de anarquía- como respuesta necesaria y oportuna a la situación extraordinaria que se vivía entonces. Contrariamente, las sucesivas cúpulas castrenses procesistas se declararon en pro de "una democracia moderna, eficiente y estable", y se comportaron como una variante más del Régimen: la del partido militar. Hasta que trasladaron mansamente el poder al más conocido picapleitos del sanguinario jefe erpiano. La imagen de Bignone entregando satisfecho el mando a Alfonsín, defensor de Santucho, es el símbolo más elocuente de la inexistencia de dictadura castrense alguna, y la prueba más patética de la existencia de una connivencia oprobiosa entre aquellas mencionadas cúpulas procesistas y los mandos subversivos. Así como no hubo dictadura no hubo genocidio, pues muertos por procedimientos lícitos o ilícitos, los guerrilleros abatidos no fueron perseguidos por cuestiones raciales o étnicas, sino por constituir un ejército invasor, de raigambre internacionalista, durante una contienda iniciada formalmente por ellos. Todas las comparaciones que se hacen entre el Proceso y el Nacionalsocialismo, resultan ridiculas, falaces, desproporcionadas y carentes de sustento. Tanto por la falsificación que comporta de los hechos argentinos como por la exageración de los hechos ocurridos en la Alemania del Tercer Reich. La estúpida analogía no es más que propaganda comunista para consumo de ignorantes y de mendaces. 8.- Se ha olvidado, en octavo lugar, que no hubo un terrorismo de Estado sino una cobardía de Estado; del Estado Liberal concretamente, incapaz de hacerse responsable -con nombres y apellidos al pie de las sentencias- de las sanciones penales públicas más drásticas, perfectamente aplicables en tiempos de guerra contra un invasor externo con apoyos nativos. Pero más allá de esta cobardía repudiable, no puede establecerse ninguna simetría entre el Estado agredido que justamente se defiende y preserva, y la acción disociadora de las células guerrilleras, que pretendían constituirse en un Estado dentro del Estado. Hubo acciones represivas del Estado Argentino perfectamente plausibles, como la intervención militar en Tucumán con el Operativo Independencia. Y otras medrosas e indignas, según las cuales, la clandestinidad y la "ofensiva por izquierda" eran preferibles a la reacción diestra y nítida. 9.- Se ha olvidado, en noveno lugar, que no existieron campos de concentración ni holocaustos de ninguna especie. En todo caso, tan mal pudieron pasarla los guerrilleros detenidos como los secuestrados en las cárceles del pueblo. Los casos de Larrabure e Ibarzábal seguirán siendo terriblemente paradigmáticos al respecto. La tortura es un procedimiento inmoral, aunque quepan algunas distinciones casuísticas sobre la aplicación de los castigos físicos. Mas no existe un determinismo que convierte a todo militar en un torturador, sino una naturaleza humana caída que puede degradar al hombre, cualquiera sea el bando al que pertenezca. La dialéctica que hace del militar un torturador y un secuestrador de criaturas y del guerrillero una víctima mansa e indefensa, no resiste la menor confrontación con la realidad y es parte constitutiva de una nueva y grosera leyenda negra. Pero también debe decirse que no toda medida de con-tención física de un delincuente es tortura, ni lo es todo interrogatorio de un culpable, y que resulta una hipocresía inadmisible escandalizarse por la falta de un trato humano después de habérselo negado a otros. 10.- Se ha olvidado, en décimo lugar, que no eran alegres utopías las que movilizaban a los cuadros guerrilleros sino un odio visible sostenido en una ideología intrínsecamente perversa. No eran tampoco desprotegidos y desguarnecidos corderos, a merced de una jauría desenfrenada de soldados, sino tropas fríamente adiestradas y entrenadas para matar y morir. Ninguna inocencia los caracterizaba. Ningún atenuante los alcanza. Secuestraron y maltrataron a sus víctimas horrorosamente; extorsionaron y se desempeñaron como victimarios de su propio pueblo; practicaron el sadismo entre sus mismos compañeros de lucha; tuvieron sus centros clandestinos de detención; arrojaron a muchos jóvenes y hasta adolescentes al combate, utilizando después sus muertes como propaganda partidaria y como argumentos sentimentales contra la represión. Y no se privaron de escudarse en sus propios hijos para propiciar sus fugas o para cubrirse en las refriegas, dejándolos abandonados en no pocas ocasiones. Esos hijos por los que hoy se reclama fueron, en algunos casos, abandonados por sus mismos padres, después de haberlos usado como coartada, tal como surge con toda claridad de muchas de las actuaciones judiciales respectivas. No todo hijo de desaparecido fue arrancado de sus padres, adulterado en su identidad y entregado en tenencia a una familia sustituía. Muchos fueron abandonados por la pareja de guerrilleros que eventualmente los tenía consigo o que los había engendrado. Y fueron recogidos, adoptados y criados con las mejores intenciones por abnegados ciudadanos o por solícitas familias castrenses. Queden señalados esquemáticamente estos olvidos. No son los únicos sino los que conviene recordar en los duros momentos actuales. Queden señalados, porque recordar es un deber, y olvidar es una culpa. Queden señalados, porque sin la memoria intacta y alerta no se puede marchar al combate. Y el combate aún no ha terminado. • Antonio Caponnetto FUENTE:http://www.revistacabildo.com.ar/

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