Flannagan223
Usuario

Por Javier Anderson. La reciente actualización de los datos del Proyecto Maddison afirma que la Argentina ocupó el puesto N° 1 en el ranking de PBI per cápita en los años 1895 y 1896. Plaza de Mayo, Buenos Aires, principios de 1900. En el libro de texto “Economics”, escrito por el Premio Nobel de Economía Paul Krugman junto con su esposa Robin Wells, en el capítulo de introducción a la macroeconomía, hacen una pequeña comparación entre la evolución de Canadá y Argentina. “Una historia de dos países” titulan. “Uno de los contrastes más informativos es entre Canadá y Argentina, dos países que, a comienzos del siglo XX, parecían estar en una buena posición económica. Desde el punto de vista de hoy, es sorprendente darse cuenta de que Canadá y Argentina se parecían bastante antes de la Primera Guerra Mundial. (…) Los historiadores económicos creen que el nivel promedio de ingreso per cápita era casi el mismo en los dos países hasta los años treinta.”Nadie discute que Canadá hoy se encuentra en mejor posición económica que Argentina. El PBI per cápita es casi el triple que el de nuestro país. Probablemente la serie más usada para el PBI per cápita sea la del Banco Mundial que abarca desde 1960 en adelante. Construir una serie para años anteriores a 1960 es un desafío mayor por la falta de datos. Alguien que emprendió ese desafío fue el historiador económico Angus Maddison (1926-2010). Después de su muerte su trabajo fue continuado por la Universidad de Groningen (Países Bajos) bajo el nombre de Proyecto Maddison. link: https://www.youtube.com/watch?v=i37Xq5gBZNw El que vio alguna que otra entrevista a economistas como José Luis Espert o Agustín Etchebarne es probable que haya escuchado que “Argentina fue el 5to país en el ranking de PBI per cápita”. Efectivamente, dichos economistas usaron la serie de Maddison, donde si por cada año de la serie ordenamos los países de mayor a menor PBI per cápita (como armando un ranking), vemos que en 1896 Argentina llegó al 5to puesto. En ese año superábamos a Estados Unidos, Bélgica, Países Bajos y Alemania, pero estábamos por debajo de Australia, Nueva Zelanda, Suiza y Reino Unido. Aunque tampoco estábamos muy lejos de estos. Argentina superó a Australia en 1820, y a Nueva Zelanda en 1850, pero nunca superamos a Reino Unido y Suiza. En 1896 Argentina tenía un 84% del PBI per cápita de Reino Unido, y un 69% del de Suiza. Todo aquel que dijo que Argentina fue una vez el país más próspero del mundo no tenía los datos para sostener esa afirmación, hasta ahora. Recientemente actualizaron los datos del Proyecto Maddison, la última versión hace una revisión para los valores de 13 países en el período 1872-1910. Con los nuevos cambios en general sube Estados Unidos y baja Bélgica, Países Bajos, Suiza y Reino Unido. Suiza es el que más baja. Tal como quedaron los datos de la última versión, a partir de este momento, todos pueden decir que Argentina fue alguna vez el país más próspero del mundo. Años 1895 y 1896 estuvo en el puesto nº1 del ranking. Sí. En esos dos años estábamos mejor que Australia, Nueva Zelanda, Reino Unido, Suiza, Estados Unidos, etc.. Lo que pasó entre 1896 y hoy no entra en este artículo. Cuándo, exactamente, fue el inicio de la decadencia Argentina es un tema de eterno debate. Pero ya que tomé prestado el inicio de un texto de Krugman, lo tomo prestado también para el cierre. “Sin embargo, después de la Segunda Guerra Mundial, la economía argentina tuvo un desempeño deficiente, principalmente debido a inestabilidad política y malas políticas macroeconómicas.” 🐍 link: https://www.youtube.com/watch?v=20JDmCKymIE Economics 4th edition. Krugman, Wells.

Hace 7 años Osama Bin Laden es liquidado por fuerzas especiales de EEUU El 2 de mayo de 2011 el presidente Obama anuncia que un comando de fuerzas especiales eliminó de un tiro al líder de Al Qaeda en una localidad cercana a la capital de Pakistán. El terrorista saudí huía de las fuerzas norteamericanas desde 2001. Bin Laden, terrorista yihadista de origen saudí, conocido por ser el fundador de la red terrorista Al Qaeda, fue responsable de numerosos ataques terroristas contra los Estados Unidos y otras potencias occidentales, incluyendo los ataques a las embajadas de Estados Unidos en Kenia y Tanzania en 1998 y los ataques del 11 de septiembre de 2001 al World Trade Center y al Pentágono. “Estados Unidos ha puesto fin a su peor pesadilla. Osama Bin Laden ha muerto. Elaborada durante muchos años, estudiada al milímetro durante los últimos meses, una operación de las fuerzas especiales de élite estadounidenses Navy Seals ha acabado con la vida del líder de Al Qaeda.” Anunció Barak Obama. Los agentes abatieron a disparos al líder de Al Qaeda en la localidad de Abottabad -a 80 kilómetros de Islamabad y en el norte de Pakistán- en una operación en la que no hubo bajas estadounidenses. Obama dijo posteriormente: “Es un gran día para América, el mundo es más seguro y mejor a causa de la muerte de Osama Bin Laden”. Un equipo de élite de las fuerzas estadounidenses mató a Bin Laden durante una redada en un complejo en Pakistán, donde el escurridizo líder extremista se había estado escondiendo. Unas dos decenas de efectivos estadounidenses, todos portando gafas especiales de visión nocturna, tomaron por asalto el recinto de paredes altas. Las fuerzas especiales tardaron 35 minutos en llevar a cabo la operación una vez aterrizaron en Abottabad. Washington confirmó al comando que la víctima era Bin Laden 14 minutos después de que fuera abatido por uno de los integrantes del operativo.

por MARCELO DUCLOS Contrariamente a la consigna de combatirlo, que canta la marcha peronista, el capital es el mejor aliado del trabajador. A pesar que las creencias populistas insistan con la dicotomía entre el capital y las necesidades del trabajador, lo cierto es que estamos ante dos aliados inseparables. Paradójicamente, los trabajadores que necesitan más desesperadamente la presencia y el incremento de capital son los menos calificados y los más necesitados. Todo lo contrario a lo que intentan hacer creer la izquierda y el peronismo. El credo del pseudo “socialismo científico” fue una mala interpretación de Marx en un momento donde, realmente, el trabajador no pasaba por sus años dorados. La Revolución Industrial logró terminar con el mundo donde, para la mayoría de las personas, la vida era el hambre y la miseria. Pero también comenzó con un proceso de duro trabajo, pero como bien leyó el autor del Manifiesto Comunista y del Capital, de condiciones en sus inicios insalubres e indeseables a cualquier ojo de la actualidad. Lo que Marx no sospechó es que, a pesar del mundo que previó de capitalismo continuado por socialismo, lo que terminó sucediendo fue algo distinto. Pocas décadas después de su muerte, los trabajadores de los países “más capitalistas” comenzaron a tener un mejor nivel de vida que el de los dueños de las minas insalubres que él conoció en vida. Para el momento de la caída del Muro de Berlín, ningún “proletario” de la Alemania Occidental hubiese aceptado vivir en las condiciones que los capitalistas lo hacían en 1867, cuando se editó “El Capital”. La excusa del tiempo transcurrido como para justificar el bienestar no es válida, ya que el mundo precapitalista vivió exactamente igual durante miles de años. Las diferencias abismales radican en la capitalización de la economía y en la propiedad privada que surge con la caída de los poderes autoritarios omnipotentes. Trabajo y capital Las etapas precapitalistas se limitaban a la economía de la autosubsistencia y al “trabajo” que se podía conseguir de la mano de los favorecidos por razones de sangre o políticas. Ambos escenarios son extremadamente menos favorables que el de cualquier trabajador de hoy en una economía libre y capitalizada. Las protestas de la izquierda en estos países, en lugar de comparar la situación de los trabajadores con lo que sería su situación sin capital disponible, lo hacen comparando un ideal que vive solo en sus cabezas. En cada manifestación real de supresión del capitalismo el resultado fue tragedia, hambruna y dictadura. Una economía fuertemente capitalizada hace que una persona sin recursos pueda “subirse” al stock de capital disponible y ser más productivo para sí mismo, para el capitalista y para el prójimo. Un trabajador, que no posea más que su mano de obra, arriba de un tractor (capital) genera una rentabilidad mayor para sí mismo, su empleador y la sociedad, que un propietario que ara con la mano o una pala. ¿Combatiendo el capital? El día de hoy, en coincidencia con el Día del Trabajador, Argentina celebra el Día de la Constitución, en un aniversario de la sanción de 1853 del texto de Juan Bautista Alberdi. Las cuestiones del capital y de esta constitución en particular se encuentran muy relacionadas. La propuesta alberdiana demostró, en dos oportunidades, las virtudes de un sistema que abraza al capital y a uno que lo combate. La primera muestra fue en su implementación, cuando Argentina dejó de ser un desierto fraticida para convertirse en un foco de desarrollo y atracción para inmigrantes de todo el mundo. Pero como si esto fuera poco, el modelo de éxito de este proyecto político volvió a quedar en evidencia con el cambio de modelo, cuando la Constitución de Alberdi fue reemplazada. El primer peronismo impuso un texto constitucional inspirado en la marchita que invitaba a “combatir” al capital. Los resultados están a la vista. Los trabajadores pensantes hoy, agradecemos al capital Mientras persista la creencia infantil que los trabajadores vamos a incrementar nuestro nivel de vida “combatiendo al capital”, no vamos a hacer otra cosa que seguir disparándonos en los pies. Una economía capitalizada no solo brinda mejores salarios y condiciones laborales superadoras, sino que incrementa las posibilidades de que los trabajadores puedan desarrollar sus propios emprendimientos. Esto lo pueden hacer con capital propio o prestado, cuya disponibilidad también está relacionada a la capitalización de la economía. Ante una economía libre con capital disponible, un trabajador puede necesitar solo de una buena idea para emprender un proyecto que, en poco tiempo, le permita a él incluso contratar trabajadores. La evidencia está a la vista, depende de nosotros si deseamos mirarla con sentido común o si preferimos seguir creyendo en los espejitos de colores de una ideología resentida y fracasada como el socialismo. Aunque la docritna de Marx y Engels proponía liberarlos del yugo del capitalismo, a los que más dañó en cada implementación, fue a los mismos trabajadores.
EN LOS AÑOS '70 Y '80, MIENTRAS LATINOAMÉRICA PADECÍA DE SOCIALISMO "CEPALINO" Y DE GUERRILLAS MARXISTAS, CRECÍAN LOS "DRAGONES ASIÁTICOS": HONG KONG, TAIWAN, SINGAPUR Y SURCOREA. DESPUÉS, ESTE "CAPITALISMO CLÁSICO EMERGENTE" SE EXTENDIÓ POR EL SUR DE CHINA. Y en este siglo, mientras Latinoamérica sigue sufriendo la hegemonía de la izquierda en diversas variedades, rugen ciertos "leones africanos", que han seguido los ejemplos de Asia. Crecen a tasas sorprendentes. En pocos años han reducido el hambre, la pobreza, la ignorancia, las endemias y la violencia tribal, gracias a severas reformas tipo "manchesteriano", que van más allá de la economía: llegan a la educación, salud, jubilaciones y pensiones. Como describen varios Sites en Internet, por ej. "Africapitalism", liderado por Tony Elumelu, aquel "dios Estado" por fin ha devuelto funciones, poderes y recursos antes usurpados a los particulares, hoy empoderados, y responsables de sus propios destinos. En 2000, The Economist hablaba de África como "el continente sin futuro"; pero en los recientes 15 años, el ingreso per capita ajustado a la inflación y al poder de compra ha aumentado en 50 % entre 2000 y 2015, y sigue a un ritmo de 5 % anual, informa Marian Tupy, del Instituto Cato. Toda el África subsahariana consta de 46 países, y abarca un área de 9,4 millones de millas cuadradas. Una de cada 7 personas en el globo vive en África, y la tasa de fertilidad es más alta que en el resto; por eso, en 2050 habría más personas en Nigeria que en EE.UU. El aumento de la riqueza se traduce en notables progresos en los indicadores clave del bienestar humano. En 1999, el 58 % de los africanos vivía con menos de U$S 1.90 por persona al día. Para 2011, sólo era el 44 %, y la población aumentaba de 650 a mil millones. Si África sigue por este camino, la tasa de pobreza absoluta caerá al 24 % para 2030. La esperanza de vida pasó de 54 años en 2000, a 62 en 2015. En ese lapso, la mortalidad infantil bajó de 80 muertes por cada 1.000 nacidos vivos, a 49. En VIH/SIDA, malaria y tuberculosis, hay mejoras en las tasas de ocurrencia, detección, tratamiento y supervivencia. El consumo de alimentos ya pasa de las 2.500 calorías promedio por persona al día, gracias al capitalismo en la agricultura; y ya no hay hambrunas, excepto en las zonas de guerra, que son cada vez menos. Las matriculaciones en escuelas primarias, secundarias y universitarias se han empinado en Ruanda, Sudáfrica, Nigeria, Angola, Ghana y Etiopía, entre los países "reformados" que van a la cabeza. Parte del crecimiento de África fue impulsado por los altos precios de los productos básicos, pero según los estudios de la Consultora McKinsey, más por las reformas microeconómicas profundas. Por mucho tiempo de su historia poscolonial, los gobiernos han impuesto a los africanos un control central sobre sus economías. Desde comienzos de los '60 hubo siempre inflaciones, controles de precios, de tipo de cambio, y de salarios. Los Ministerios de Comercio reprimían los precios en la agricultura, y así los bajaban artificialmente; los campesinos se empobrecían, y los gobiernos se enriquecían con empresas, lujosas oficinas y monopolios estatales. Eso cambió tras el derribo del Muro de Berlín, y el colapso de la U.R.S.S., que financió y protegió a muchas tiranías socialistas. Entre 1990 y 2013, la libertad económica, medida por el Instituto Fraser de Canadá, aumentó de 4.75 puntos sobre 10, a 6.23. Y más la libertad comercial: de 4.03 a 6.39. La variable "acceso a dinero sólido", pasó de un mínimo de 4,9 puntos en 1995, a un 7,27 en 2013. Según los indicadores Doing Business del Banco Mundial, el contexto regulatorio se ha relajado. Hacer negocios se ha vuelto más fácil: el puntaje de África pasó de 45 sobre 100 en 2004 a 72 en 2015. Se nota en permisos de construcción, resolución de insolvencias y quiebras, cumplimiento de contratos, tener créditos en la banca, acceso a electricidad, vías de transportes y comunicaciones, impuestos más bajos, registro de la propiedad. El Estado se reduce en funciones, poderes y recursos; se enfoca en sus asuntos propios: seguridad, justicia e infraestructura. Instituciones como los mercados de capitales ganan experiencia, y también las asociaciones privadas de voluntariado, religiosas o puramente filantrópicas, las que se ocupan de atender realmente a los pobres y desvalidos. Este "capitalismo clásico emergente" hace de África un lugar atractivo para la inversión extranjera, y la liga cada vez más estrechamente con Asia y el mundo. McKinsey & Co. registra que de 1990 a 2008, la participación de Asia en el comercio africano se duplicó, y llegó al 28 %; mientras que la de Europa Occidental cayó al 28 %, desde el 51 % anterior. Empresas de India, Brasil y Medio Oriente participan en proyectos africanos. El flujo anual de inversión extranjera directa en África aumentó de U$S 9 mil millones en 2000 a 62 mil millones en 2008; y en relación con el PIB, eso es casi tanto como en China. Los recursos naturales han atraído mucho al capital extranjero nuevo, pero también el turismo, sectores textiles y calzado, construcción, banca y telecomunicaciones. Las izquierdas están furiosas; y de África dicen lo mismo que de Chile cuando Pinochet: que las mejoras en la economía se pagan con un elevado costo político: el "autoritarismo" de los dictadores. Pues las revistas serias de Ciencia Política dicen lo contrario: que las mejoras en la economía han sido programadas, impulsadas y sostenidas por fuertes y modernos partidos políticos de derechas, claras sus metas y objetivos, y bien implantados sus cuadros medios, sus comités y células de base. Sin estos partidos, todo seguiría igual, y nada habría cambiado. También en esos temas, África gana experiencia, por ej. en Benin, Botswana, Ghana, Namibia, Senegal y Sudáfrica. Desde luego que hay trampas en muchas elecciones, y funcionarios corruptos; pero yo me pregunto: ¿acaso tienen las izquierdas autoridad moral para arrojar la primera piedra a los acusados por estos crímenes? Hace tiempo que África comenzó a derogar las leyes malas, y a abandonar las instituciones del socialismo. La expansión del cristianismo tiene que ver en esto, según la investigadora LaSharnda Beckwith, en An Empirical Study: How Christians Influence Global Markets, un estudio empírico sobre la influencia cristiana en mercados globales. Pero es el cristianismo histórico, tanto católico como protestante, con su ética del trabajo, el comercio, el ahorro, y la inversión mirando al futuro. No se parece al cristianismo deformado y "milagrero", predominante en católicos y evangélicos de América latina, que votan por izquierdas y sostienen al monstruoso "Estado de Bienestar", con su Teología (marxista) "de la Liberación". Aunque este es otro tema, así que ¡hasta lo que sigue, mis amigos!

Campeones de la Hipocresía Por: Enrique G. Avogadro "A veces, uno sabe de qué lado está simplemente viendo quiénes están del otro lado". Leonard Cohen UN DEMOCRATA Néstor Kirchner, a quien la posibilidad de apropiarse del dinero ajeno lo llevaba al éxtasis, decidió ahogar a las compañías petroleras mediante el congelamiento de los precios en boca de pozo con el exclusivo propósito de inducir a Repsol a desprenderse en su favor de un alto porcentaje de las acciones de YPF y huir del país. Como testaferro, utilizó a la familia Eskenazi, también propietaria del Banco de Santa Cruz, con la cual mantenía relaciones derivadas de la apropiación de los "fondos de Santa Cruz" y su colocación en cuentas en el exterior a nombre personal del pingüino mayor. A raíz de esa demencial conducta, la Argentina perdió el autoabastecimiento energético, ya que las empresas afectadas dejaron de invertir en exploración de nuevos yacimientos y, durante muchos años, consumimos los que conocíamos; cuando prácticamente se acabaron, debimos importar masivamente gas con la consiguiente sangría masiva de las divisas que quedaban en el Banco Central, generando así inflación y un nuevo nicho de gigantesca corrupción. Además, el kirchnerismo montó un monumental sistema de subsidios a la energía y el transporte que, en la práctica, benefició a los habitantes de la Capital Federal y el Conurbano; mientras aquí nos regalaban la luz y el gas, en especial a la alta clase media, nuestros conciudadanos del interior debían pagarlos a precios que duplicaban y triplicaban los que aquí regían. Así llegamos al 2015, cuando la inquilina de la Casa Rosada se marchó a su lugar en el mundo para fundar el "club del helicóptero" e intentar desestabilizar a su sucesor. Contaba con la inestimable ayuda del campo minado que había preparado, un altísimo porcentaje de pobres a los que se debía atender, un imparable déficit público, un descrédito internacional enorme y el Banco Central sin reservas. Mauricio Macri contribuyó a la maniobra urdida cometiendo el ya irreparable error de no desnudar la situación ante la sociedad, que transitaba una crisis gravísima sin percibirla. El Gobierno decidió enfrentarla gradualmente y, para ello, debió recurrir al endeudamiento externo, habilitado por el levantamiento del cepo cambiario, la solución al problema con los holdouts y la promesa de una mayor seguridad jurídica, tan deteriorada e indispensable para recibir inversiones directas en nuestra economía. La oposición, formando un coro infernal, maldice diariamente contra la creciente deuda y se cansa de reírse del fracaso en convocar a los dueños del dinero local e importado para que lo pongan aquí, en la economía productiva. link: https://www.youtube.com/watch?v=WQk8DqG0dCo La discusión en el Congreso sobre los aumentos tarifarios, en especial de la energía eléctrica, mostró a las claras de que madera están hechos nuestros distinguidos representantes. Si bien era lógico esperar una actitud bastarda de parte de quienes militan en la Unión Ciudadana, ese engendro que sacó de la manga Cristina Fernández para no correr con los colores del peronismo, al cual había recomendado suturar una parte de su anatomía, y también de la cerril izquierda, hasta ahora el "PJ racional" (Miguel Pichetto) y los renovadores (Sergio Massa) se habían portado razonablemente bien. Mientras algunos aúllan en la calle (el mugriento Roberto Baradel debió regresar en primera clase por Lufthansa para encabezar la "marcha de las velas" por el crimen de intentar que todos comencemos a pagar por la energía lo que realmente vale (aún con los aumentos, seguimos pagando mucho menos que nuestros vecinos), gritan aún más fuerte contra el endeudamiento, único camino posible para evitar el ajuste realmente necesario del gasto público que reclaman muchos economistas de nota. Los legisladores que quieren torcer el brazo del Gobierno y hacerlo retroceder -algunos hasta han iniciado acciones judiciales para retrotraer los precios de la electricidad y el gas a los que tenían a principios del año pasado- no dicen cuál es la alternativa que ofrecen para financiar los demenciales subsidios que pretenden renovar. Lamentablemente, las opciones son escasas ya que, si lo lograran, habría que dejar de invertir en escuelas, rutas y hospitales, la inflación volvería a desmadrarse y los parques generador, transportador y distribuidor de energía recaerían en la obsolescencia, con las consiguientes interrupciones del servicio. Peor aún, porque desaparecerían los muchos inversores que acaban de firmar los contratos de generación de energía renovable (eólica y solar), que no podrían sostenerlos al no recibir los precios pactados. Y ello repercutiría de inmediato en todos los campos de la economía; en realidad, la mera discusión planteada ya está llenando de inquietud a quienes comenzaban a ver nuestro país como atractivo y observan con preocupación esta nueva muestra de inseguridad jurídica. Pero, más allá de la actitud de la oposición, que prueba una vez más la validez del "teorema de Baglini", la similar reacción de la sociedad en su conjunto le permite competir por el campeonato: mientras despotrica en las redes sociales y en los medios de prensa contra las nuevas tarifas, el consumo de electricidad sigue incrementándose a una velocidad que supera al crecimiento de la economía. Y ello sólo puede significar una cosa: para una gran parte de la población, la energía sigue siendo tan barata que puede derrocharla; y no debemos olvidar que, en el otro extremo económico-social, la tarifa social protege a quienes no pueden pagarla. También compiten por el título hipócrita los organismos de falsos y tuertos derechos humanos. Todos hemos visto las merecidas celebraciones que realizan cada vez que un nieto desaparecido es identificado y recupera su identidad, y miramos en cobarde pasividad los escraches que realizan cada vez que a un militar se le otorga el beneficio de la prisión domiciliaria, que ya goza, por ejemplo, Milagro Salas. Y qué decir de aquéllos que esperan el juicio en total libertad, como Amado Boudou, Cristóbal López, Fabián de Souza, Carlos Zannini, Luis D'Elía, Ricardo Echegaray y tantos otros reos de corrupción o traición a la Patria, mientras los presos políticos se pudren en las cárceles por prisiones preventivas que exceden los diez y quince años. Pero lo que hoy los hace aspirantes al título es el estruendoso silencio con que han recibido la noticia de la aparición con vida del Dr. Antonio Manuel Gentile, de cuya muerte se responsabilizó por años al régimen militar de 1976. No escuché, ni creo que nadie lo haya oído, decir nada sobre este curioso episodio a Estela Carlotto, Hebe Bonofini, Horacio Verbitsky o tantos otros panegiristas de los terroristas de todo pelaje. Ese silencio tiene una razón de efectividad conducente ya que, cuando uno recorre el Parque de la Memoria, comprueba la inclusión, entre las casi ocho mil placas que tienen nombre de presuntos muertos por represión estatal, a muchos fusilados por las propias organizaciones guerrilleras, suicidados o caídos al intentar copar instalaciones militares. Todos sabemos que sus familiares han recibido ingentes indemnizaciones de parte del Estado nacional; a pesar de que se trata de miles de millones de dólares, la identidad de sus receptores y los montos pagados en cada caso se mantienen en la oscuridad por obra y gracia de la Secretaría de Derechos Humanos, que se niega cerradamente a informar sobre el tema. Y esto nos lleva a otro competidor por el título, Sergio Maldonado, que intenta sostener, contra toda prueba y evidencia, que la muerte de su hermano ahogado en un río del sur se debió a la represión de la Gendarmería Nacional, y que ya ha logrado cobrar dos millones de pesos de manos del Estado idiota, que todos mantenemos con nuestros impuestos. Transformarnos en un país serio y confiable, para propios y extraños, nos llevará muchos años, pero debemos comenzar a recorrer ya mismo ese camino, porque mañana será tarde.- link: https://www.youtube.com/watch?v=-UpXIVamXDk
Por Carlos Alberto Montaner # El liberalismo es un modo de entender la naturaleza humana y una propuesta para conseguir que las personas alcancen el más alto nivel de prosperidad potencial que posean (de acuerdo con los valores, actitudes y conocimientos que tengan), junto al mayor grado de libertad posible, en el seno de una sociedad que ha reducido al mínimo los inevitables conflictos. Al mismo tiempo, el liberalismo descansa en dos actitudes vitales que conforman su talante: la tolerancia y la confianza en la fuerza de la razón. ¿En qué ideas se basa el liberalismo? El liberalismo se basa en cuatro simples premisas básicas: Los liberales creen que el Estado ha sido concebido para el individuo y no a la inversa. Valoran el ejercicio de la libertad individual como algo intrínsecamente bueno y como condición insustituible para alcanzar los mayores niveles de progreso. Entre esas libertades, la libertad de poseer bienes (el derecho a la propiedad privada) les parece fundamental, puesto que sin ella el individuo está perpetuamente a merced del Estado. Por supuesto, los liberales también creen en la responsabilidad individual. No puede haber libertad sin responsabilidad. Los individuos son (o deben ser) responsables de sus actos, y deben tener en cuenta las consecuencias de sus decisiones y los derechos de los demás. Precisamente para regular los derechos y deberes del individuo con relación a los demás, los liberales creen en el Estado de derecho. Es decir, creen en una sociedad regulada por leyes neutrales que no le den ventaja a persona, partido o grupo alguno y que eviten enérgicamente los privilegios. Los liberales también creen que la sociedad debe controlar estrechamente las actividades de los gobiernos y el funcionamiento de las instituciones del Estado. ¿El liberalismo es una ideología? No. Los liberales tienen ciertas ideas verificadas por la experiencia sobre cómo y por qué algunos pueblos alcanzan el mayor grado de eficiencia y desarrollo, o la mejor armonía social, pero la esencia de este modo de entender la política y la economía radica en no señalar de antemano hacia dónde queremos que marche la sociedad, sino en liberar las fuerzas creativas de los grupos e individuos para que éstos decidan espontáneamente el curso de la historia. Los liberales no tienen un plan para diseñar el destino de la sociedad. Incluso, les parece muy peligroso que otros tengan esos planes y se arroguen el derecho de decidir el camino que todos debemos seguir. ¿Cuáles son las ideas económicas que sostienen los liberales? La de mayor calado es la que defiende el libre mercado en lugar de la planificación estatal. Ya desde la década de los 20 el pensador liberal austriaco Ludwig von Mises demostró cómo en las sociedades complejas no era posible planificar centralmente el desarrollo, pues el cálculo económico no puede hacerse. Señaló con toda precisión (en contra de las corrientes socialistas y populistas de la época) cómo cualquier intento de fijar artificialmente la cantidad de bienes y servicios que debían producirse, así como los precios que deberían tener, conduciría al desabastecimiento y a la pobreza. Von Mises demostró que el mercado (la libre concurrencia en las actividades económicas de millones de personas que toman constantemente millones de decisiones orientadas a satisfacer sus necesidades de la mejor manera posible), generaba un orden natural espontáneo infinitamente más armonioso y creador de riqueza que el orden artificial de quienes pretendían planificar y dirigir la actividad económica. Obviamente, de ahí se deriva que los liberales, en líneas generales, no crean en controles de precios y salarios, ni en los subsidios que privilegian una actividad económica en detrimento de las demás. ¿No conduciría el libre juego del mercado a la pobreza de unos en beneficio de otros? En lo absoluto. Cuando las personas, actuando dentro de las reglas del juego, buscan su propio bienestar, suelen beneficiar al conjunto. Otro gran pensador liberal Joseph Schumpeter, también de la escuela austríaca, demostró cómo no hay estimulo más enérgico para la economía que la actividad incesante de los empresarios y capitanes de industria que seguían el impulso de sus propias urgencias sicológicas y emocionales. Los beneficios colectivos que se derivan de la ambición personal eran muy superiores al hecho también indudable de que se producían diferencias en el grado de acumulación de riquezas entre los distintos miembros de una comunidad. Pero quizás quien mejor resumió esta situación fue uno de los líderes chinos de la era posmaoísta, cuando reconoció, melancólicamente, que «por evitar que unos cuantos chinos anduvieran en Rolls Royce, condenamos a ciento. de millones a desplazarse para siempre en bicicleta». Si el papel del Estado no es planificar la economía ni buscar una sociedad igualitaria, ¿cuál es su rol principal de acuerdo con los liberales? En esencia, el rol fundamental del Estado debe ser mantener el orden y garantizar que las leyes se cumplan. La igualdad que buscan los liberales no es la utopía de que todos obtengan los mismos resultados, sino la de que todos tengan las mismas posibilidades de luchar por obtener los mejores resultados, Y en ese sentido una buena educación y una buena salud deben ser los puntos de partida para poder acceder a una vida mejor. ¿Cómo debe ser el Estado que propugnan los liberales? De la misma manera que los liberales tienen ciertas ideas sobre la economía, asimismo postulan una forma de entender el Estado. Por supuesto, los liberales son inequívocamente demócratas y creen en el gobierno de las mayorías dentro de un marco jurídico que respete los derechos inalienables de las minorías. Esa democracia, para que realmente lo sea, tiene que ser multipartidista y debe estar organizada de acuerdo con el principio de la división de poderes. Aunque no es una condición indispensable, los liberales prefieren el sistema parlamentario de gobierno, por cuanto suele reflejar mejor la variedad de la sociedad y es más flexible para generar cambios de gobierno cuando se modifican los criterios de la opinión pública. Por otra parte, el liberalismo contemporáneo cuenta con agudas reflexiones sobre cómo deben ser las constituciones. El premio Nobel de Economía Friedrich von Hayek es autor de muy esclarecedores trabajos sobre este tema. Más recientemente, el también Premio Nobel de Economía (1991) Ronald Coase ha añadido valiosos estudios que explican la relación entre la ley, la propiedad intelectual y el desarrollo económico. Bien, esa es la idea sucinta del Estado, pero ¿qué creen los liberales del gobierno, es decir, del grupo de personas seleccionadas para administrar el Estado? Los liberales creen que el gobierno debe ser reducido, porque la experiencia les ha enseñado que las burocracias estatales tienden a crecer parásitamente, o suelen abusar de los poderes que les confieren y malgastan los recursos de la sociedad. Pero el hecho de que un gobierno sea reducido no quiere decir que debe ser débil. Debe ser fuerte para hacer cumplir la ley, para mantener la paz y la concordia entre los ciudadanos, para proteger a la nación de amenazas exteriores. ¿Un gobierno de esas características no estaría abdicando la función que se le ha atribuido redistribuir la riqueza, terminar con las injusticias y ser el motor de la economía? Los liberales piensan que, en la práctica, los gobiernos real y desgraciadamente no suelen representar los intereses de toda la sociedad, sino que acostumbran privilegiar a los electores que los llevan al poder o a determinados grupos de presión. Los liberales, en cierta forma, sospechan de las intenciones de la clase política y no se hacen demasiadas ilusiones con relación a la eficiencia de los gobiernos. Por eso el liberalismo debe erigirse siempre en un permanente cuestionador de las tareas de los servidores públicos, y de ahí que no pueda evitar ver con gran escepticismo esa función de redistribuidor de la renta, equiparador de injusticias o «motor de la economía» que algunos le asignan. Otro gran pensador liberal, el Premio Nobel de Economía James Buchanan, de la escuela de Public Choice (La Opción Pública), originada en su cátedra de la Universidad de Virginia, ha desarrollado una larga reflexión sobre este tema. En resumen, toda decisión del gobierno conlleva un costo perfectamente cuantificable, y los ciudadanos tienen el deber y el derecho de exigir que el gasto público responda a los intereses de la sociedad y no a los de los partidos políticos. ¿Quiere eso decir que los liberales no le asignan al gobierno la responsabilidad de procurar la implantación de la justicia social? Eso lo que quiere decir es que los liberales prefieren que esa búsqueda descanse en los esfuerzos de la sociedad civil y se canalice por vías privadas y no por medio de gobiernos derrochadores e incompetentes, los cuales no sufren las consecuencias de la frecuente irresponsabilidad de los burócratas o de los políticos electos menos cuidadosos. En última instancia, no hay ninguna razón especial que justifique que los gobiernos necesariamente se dediquen a tareas como las de transportar personas por las carreteras, limpiar las calles o vacunar contra el tifus. Todo eso hay que hacerlo bien y al menor costo posible, pero seguramente ese tipo de trabajo se desarrolla con mucha más eficiencia dentro del sector privado. Cuando los liberales defienden la primacía de la propiedad no lo hacen por codicia, sino por la convicción de que es infinitamente mejor para los individuos y para el conjunto de la sociedad. En inglés la palabra liberal tiene un significado aparentemente distinto al liberalismo que aquí se describe. ¿En qué se diferencia el liberalismo americano de lo que en Europa o en América Latina se conoce como liberalismo? El idioma inglés ha tomado la palabra liberal del castellano y le ha dado un significado distinto. En líneas generales puede decirse que en materia económica el liberalismo europeo o el latinoamericano no son bastante diferentes del liberalismo norteamericano. Es decir, el liberal americano le suele quitar responsabilidad a los individuos y asignarlas al Estado. De ahí el concepto del Estado benefactor o «welfare» que redistribuye por vía de las presiones fiscales las riquezas que genera la sociedad. Para los liberales latinoamericanos y europeos, como se ha dicho antes, esa no es una función primordial del Estado, puesto que lo que suele conseguirse por esta vía no es un mayor grado de justicia social, sino unos niveles generalmente insoportables de corrupción, ineficiencia y derroche, lo que acaba por empobrecer al conjunto de la población. Sin embargo, los liberales europeos y latinoamericanos si coinciden en un grado bastante alto con los liberales norteamericanos en materia jurídica y en ciertos temas sociales. Para el liberal norteamericano, así como para los liberales de Europa y de América Latina, el respeto de las garantías individuales y la defensa del constitucionalismo son conquistas irrenunciables de la humanidad. ¿En qué se diferencia el liberalismo de la socialdemocracia? La socialdemocracia pone su acento en la búsqueda de una sociedad igualitaria y suele identificar los intereses del Estado con los de los sectores proletarios o asalariados. El liberalismo, en cambio, no es clasista y pone por encima de sus objetivos y valores la búsqueda de la libertad individual. ¿En qué se diferencian los liberales y los conservadores? Aunque en el análisis económico suele haber cierta coincidencia entre liberales y conservadores, ambas corrientes se separan en lo tocante a las libertades individuales. Para los conservadores lo más importante es el orden. Los liberales están dispuestos a convivir con aquello que no les gusta, siempre capaces de tolerar respetuosamente los comportamientos sociales que se alejan de los criterios de las mayorías. Para los liberales la tolerancia es la clave de la convivencia, y la persuasión el elemento básico para el establecimiento de las jerarquías. Esa visión no siempre prevalece entre los conservadores. ¿En qué se diferencian los liberales y los Democristianos? Aún cuando la democracia cristiana moderna no es confesional, entre sus premisas básicas está la de una cierta concepción trascendente de los seres humanos. Los liberales, en cambio, son totalmente laicos y no entran a juzgar las creencias religiosas de las personas. Se puede ser liberal y creyente, liberal y agnóstico, o liberal y ateo. La religión, sencillamente, no pertenece al mundo de las disquisiciones liberales (por lo menos en nuestros días), aunque sí es esencial para el liberal respetar profundamente este aspecto de la naturaleza humana. Por otra parte, los liberales no suelen compartir con la democracia cristiana (o por lo menos con algunas de las tendencias de ese signo) cierto dirigismo económico al que normalmente se le llama socialcristianismo. Carlos Alberto Montaner nació en La Habana, Cuba, en 1943. Ha sido profesor universitario, corresponsal de prensa y periodista. Es autor de una decena de libros de ensayos y de narraciones entre los que destacan: Informe Secreto sobre la Revolución cubana (1975), 200 años de Gringos (1976), El ojo del Ciclón (1979), Cuba, Claves Para una Conciencia en Crisis (1984), Para un Continente Imaginario (1986). Su columna periodística semanal es reproducida por decenas de periódicos en estados Unidos, Latinoamérica y España.

Fantino en Animales Sueltos, sobre crisis argentina : “Espert tenía razón” En el peor momento de la economía de Macri , el conductor televisivo le reconoció al economista liberal que sus advertencias tenían razón de ser. Por MARCELO DUCLOS Como ocurrió en 2001, Espert advirtió sobre los riesgos de no corregir a tiempo el problema del déficit fiscal. Alejandro Fantino , conductor del popular programa argentino Animales Sueltos, abrió la edición del martes con un primer plano del economista José Luis Espert. En las horas más difíciles del Gobierno de Mauricio Macri , que comunicó ayer que saldrá a pedir auxilio del Fondo Monetario Internacional (FMI), el periodista reconoció un secreto a voces: “Espert tenía razón”. A lo largo de varias emisiones del programa en cuestión, Espert se dedicó a repetir que la situación económica nacional no era para ilusionarse. Semanalmente, el especialista advertía sobre el problema de la deuda, la inflación y el creciente déficit fiscal, pero no había oídos receptivos. El autor de La Argentina devorada fue cuestionado en diversas oportunidades entre los paneles políticos, donde enfrentó todos los lugares comunes que caen sobre los economistas liberales. En momentos de optimismo irracional (que primó hasta hace pocos días), Espert era acusado de pesimista y “ortodoxo”, pero nuevamente uno más uno fue dos. Como la ortodoxia indica. “Hoy la gente quiere escucharte a vos, profe”, presentó Fantino al economista que le advirtió al Gobierno que el rumbo y la velocidad no eran los acertados. Pero en lugar de regodearse con la situación, Espert fue cauto: “Es un momento delicado, hay que apoyar al Gobierno”. Aunque podría haber presumido que la crisis que vive el macrismo hoy, de haberlo escuchado a tiempo nunca hubiese ocurrido, el economista bajó los decibeles, sin dejar de ser claro. Las 5 definiciones del economista “De ninguna manera me puedo sentir contento por haber tenido razón en esto”. “Es cierto que he sufrido ataques del macrismo y que no han discutido ideas. Pero esto no es una revancha”. “Es momento de apoyar al Gobierno”. “Hay que actuar con la verdad y el ejemplo. El Gobierno heredó un desastre y decidió no explicitar la situación. Había que haber dicho que era momento de sangre, sudor y lágrimas. Hoy hay que dar el ejemplo. Que Macri les baje el sueldo a todo el escalafón político más alto”. “El buenismo fracasó. El gradualismo fracasó. El jueguito que el presidente le dio a Marcos Peña (jefe de Gabinete) lo rompió. Era la Argentina ”. Cautela pero claridad Aunque Espert evitó el revanchismo y no trató de capitalizar el mal momento del oficialismo, nuevamente fue claro en sus definiciones. Según el economista, “el déficit fiscal es un cáncer” y advirtió, nuevamente, que para que el país despegue hay que reducir la carga impositiva y el tamaño del Estado: “la gente no da más de pagar impuestos”. Otro de los comentarios reiterados, pero pertinentes, fue recordar al panel que “por no escuchar a López Murphy” y su propuesta de saneamiento fiscal hace 17 años, “la gente perdió sus depósitos” bancarios. “En 53 años nos prendimos fuego cinco veces”, resaltó. 2001: el desastre que también predijo Espert Corría el mes de noviembre de aquel año trágico para el país y faltaban días para que, en medio del caos, Fernando de la Rúa escapara de la Casa Rosada en helicóptero. En otro clásico programa de la televisión argentina , Almorzando con Mirtha Legrand, el economista advirtió con una claridad asombrosa los riesgos que atravesaba el país: “Si insisten en este modelo de déficit fiscal y de emitir terceras monedas, no estamos en el país que le conviene a los argentinos”. La receta del joven economista era la misma que la de hoy. “El camino no es la economía cerrada, el déficit fiscal y la emisión monetaria”. En su frase más profética dijo: “El país de los próximos diez años lo vamos a decidir en los próximos días”. Aquel Gobierno decidió evitar las reformas de fondo y la crisis se lo llevó puesto. Lo que siguió en Argentina fue la década kirchnerista. Hoy, el economista liberal dice lo mismo que en aquella oportunidad. Ahora, depende de Macri .