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FelionFeligres

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Primer post: 19 ene 2013Último post: 24 jun 2013
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Slenderman
Slenderman
ParanormalporAnónimo1/19/2013

SLENDERMAN No tiene rostro, es delgado, muy alto y viste de negro. Puede aumentar su tamaño, alargar sus brazos y piernas o sacar tentáculos de la espalda. Acecha a sus víctimas por largos períodos, invisibilizándose a voluntad para pasar inadvertido. Suele inducir trastornos mentales y no se sabe cómo mueren sus víctimas: simplemente desaparecen… La historia primordial y la salida a la luz de Slenderman Todo comenzó con una fotografía de la década de los ochenta, rescatada entre los escombros de un incendio ocurrido en una biblioteca de la ciudad de Stirling, en California, Estados Unidos. En dicha fotografía se podía ver a un grupo de catorce niños jugando en un parque de la localidad; pero, al fondo y en actitud de silencioso observador desapercibido, yacía una inquietante y negra figura masculina: alta (más de dos metros), sin rostro, con terno negro, con tentáculos, borrosa a causa de la sombra de un árbol. Lo realmente perturbador de la fotografía era la presencia de niños que jugaban alrededor del extraño, como si no pudiesen verlo pues… ¿a qué niño no le llamaría la atención de un tipo alto, sin cara y con tentáculos? Mas lo peor vino después, ya que los niños desaparecieron sin dejar rastro y también Mary Thomas, la supuesta autora de la fotografía. Jamás se hallaron sus cadáveres… Después de lo sucedido con aquella fotografía, muchas otras personas comenzaron a enviar sus propios testimonios acerca del extraño y alto humanoide. Surgieron así fotos en que se lo veía en medio de siniestros bosques, de solitarios y nocturnos paisajes urbanos en que la niebla se fundía con la luz de los postes, en medio de otros incendios, o incluso adentro de casas o de construcciones abandonadas. Junto a eso, posteriormente aparecieron teorías que mostraban como el extraño y tentaculoso humanoide nos había acompañado desde siglos atrás, como supuestamente mostraba el mito alemán de The Grossman (reflejado en un famoso grabado del siglo XVI) o el alû, un ser sin rostro, mitad-humano, mitad-demonio, propio de las antiquísimas creencias acadias, sumerias y babilonias. Al parecer, Slenderman estaba presente en el mundo desde los inicios de la historia, variando ligeramente sus manifestaciones pero conservando sus características principales. Por último, en base a las distintas evidencias e historias es posible afirmar lo siguiente de Slenderman: Su conducta es sigilosa y acechante Puede hacerse invisible, incluso de manera selectiva, eligiendo quiénes no lo podrán ver de entre los presentes Puede distorsionar equipos electrónicos (cámaras y filmadoras incluidas) Puede modificar su figura hasta cierto punto: alargar sus brazos, sacar sus tentáculos, volverse más alto e intimidante Tiene capacidad de teletransportación Es psíquico, ya que posee don de control mental y además puede inducir locura y trastornos mentales. Según ciertas teorías, en el pasado solía empalar gente y sacar órganos, mientras que en el presente es básicamente un torturador psicológico que acosa por días o años al objetivo, intercalando lapsos en que está presente pero invisible (transmitiendo la horrible sensación de ser observado) con momentos en que se aparece y despierta terror. Sin embargo, cuando mata no se sabe cómo lo hace; pues, a diferencia del pasado, ahora simplemente la víctima desaparece sin dejar rastro alguno Algunas fuentes señalan que Slenderman prefiere acechar a los niños. Gusta de bosques, de lugares oscuros o poco iluminados, de construcciones abandonadas, de incendios, de sitios con niebla. Suele acosar por años a quienes lo han visto en su niñez, y en muchos de esos casos pasa años sin hacerse visible. En aquellos que no saben que están siendo acosados por Slenderman, sucede lo siguiente: se deteriora su vida social, física y laboral; se vuelven olvidadizos; presentan inestabilidad anímica e irritabilidad constante. . Origen de la historia primordial Como muchos lectores sabrán, la historia anterior y todo lo demás son puras farsas que se han esparcido como una pandemia a través del internet. La historia original nació en los foros de Something Awful, dentro de un concurso surgido el 8 de julio del 2009. El concurso se llamaba “Creación de imágenes paranormales” y consistía en crear una imagen terrorífica, que pareciese una fotografía paranormal real y que incluyese una historia. Fue en ese contexto que apareció la foto (falsa, creada por Victor Surge) de los 80, mencionada en la historia original que ya se contó. . La fama de Slenderman: Hoaxes, creepypastas, proyectos de youtube, videojuegos y cine Después de la foto y la historia original de Slenderman, en Something Awful aparecieron más fotografías e historias falsas sobre Slenderman. Luego sucedió lo mismo en la web 4chan, dentro de la parte dedicada a cuestiones paranormales. Entonces las historias y fotos sobre Slenderman se empezaron a esparcir por internet a una velocidad asombrosa, mezclando creepypastas que se presentaban como tales con historias que, siendo falsas, pretendían ser tomadas por verdaderas, al igual que los montajes fotográficos. Y junto a eso aparecieron los hoaxes (noticias falsas), a través de los cuales se construyó todo el ficticio pasado histórico de Slenderman. Así pues, queda claro que la relación (tal y como se la plantea) de Slenderman con ciertos seres míticos es falsa, al igual que los “testimonios” que al comienzo se mencionaron como parte de la leyenda. Otro factor clave en la fama de Slenderman fueron los proyectos, páginas y comunidades virtuales surgidos en torno al personaje. Manifestación de eso es el gran número de canales de youtube inspirados en el tema de Slenderman, siendo los más importantes aquellos que conforman el llamado Big Three: Marble Hornets, Everyman Hybrid y Tribe Twelve. Todos esos tres canales corresponden a proyectos sobre el personaje, pero Marble Hornets es el más famoso debido al extenso seguimiento que ha hecho sobre videos de supuestas apariciones de Slenderman. Incluso, la importancia de ese seguimiento ha sido tal que existe otro canal de youtube dedicado a subtitular los vídeos de Marble Hornets En cuanto a las páginas sobre Slenderman, vemos que incluso surgió theslenderman.wikia.com, enciclopedia en inglés que, entre otras cosas, da cuenta del enorme número de blogs creados en torno al alto y tentaculoso ser. Por otro lado, en junio del 2012 se lanzó Slender: The Eight Pages, un videojuego independiente y gratuito en que el jugador debe reunir 8 notas que están repartidas en medio de un bosque oscuro y tenebroso, en el cual Slenderman te acechará y, si lo miras a la cara, te asesinará… Finalmente, existen rumores de que en el 2013 saldrá Entity, un thriller de horror producido por East Bay Entertainment, dirigido por Jadallah Brothers e inspirado en las historias de Slenderman. . La ficción histórica de Slenderman No es necesario aclarar (el subtítulo lo dice con claridad) la irrealidad de estos datos, cosa que se puede percibir si se hacen búsquedas en alemán de la leyenda de Der Grossman. No obstante aquella irrealidad lo es solo en dos aspectos: 1) no todos los mitos vinculados a Slenderman son reales 2) Aquellos que son reales, lo son solo en tanto mitos; y, decir que muestran la presencia de Slenderman en el pasado, implica: a) presuponer que son reales no solo como mitos sino como hechos, b) hacer una asociación demasiado forzada entre la naturaleza de Slenderman y la naturaleza de los seres presentes en aquellos mitos. Dicho esto, tenemos que los principales entre aquellos mitos son: The Grossman: Éste (“hombre alto”) era un humanoide altísimo y aterrador que vivía en los bosques y se llevaba a los niños que se portaban mal. La leyenda es de origen alemán y, o bien es falsa, o bien no se puede encontrar información fiable sobre ella en la web, ni siquiera en alemán. Su relación con Slenderman implica a unos grabados hechos en 1540 por Hans Freckenberg: en uno se ve a un caballero medieval luchando con un esqueleto de extremidades anormalmente largas, en otro se ve a un esqueleto semejante llevándose a unos niños. Se cree que el esqueleto es una representación de The Grossman. Supuestamente, Hans desapareció (creen que se lo llevó The Grossman) sin razón aparente en 1543, y los grabados fueron hallados en el Halstberg Castle a la fecha de 1883. The Black Man: Esta leyenda escocesa habla de una entidad malévola de aspecto semejante al de Slenderman, que merodea por los bosques de noche en busca de presas… La leyenda es real, y se sabe que la empleaban para asustar a los niños y evitar que salgan de noche sin compañía, aunque los fabricantes de hoaxes no tuvieron muy en cuenta eso a la hora de afirmar que The Black Man y Slenderman eran el mismo ser. El Clutchbone: En la versión inglesa (la más importante), esta criatura tiene figura humana, es muy alta, tiene la piel negra y la cabeza omite una especie de fuego, a manera de antorcha. Al Clutchbone se le atribuían desapariciones, muertes por incineración y desmembramiento. Su origen se remonta a comienzos del siglo XIX y está ligado a la aparición de rayos globulares (este fenómeno natural efectivamente puede ocasionar muertes e incendios). Se decía así que los rayos globulares eran presencias extraterrestres y que el Clutchbone no era de este mundo, a lo que se sumaba que, por la naturaleza de los potenciales daños de los rayos globulares, al Clutchbone se le atribuían esos asesinatos por incineración. Pero su vinculación con Slenderman es claramente fantasiosa y surgida en la dinámica de los hoaxes, pudiendo estos llegar a ser tan flagrantes como se ve en un caso (http://www.nationmaster.com/encyclopedia/The-Clutchbone) donde se afirma que el Cutchbone (en su versión sueca) pudo ser el responsable de la muerte de la cantante y actriz sueca Monica Zetterlund, ocurrida el año 2005 en un incendio que se desató en su apartamento de Estocolmo… El Wendigo: La leyenda del Wendigo es real y su origen se remonta a las antiguas tribus de Canadá y Estados Unidos. Básicamente se parece a Slenderman en que es alto, delgado y asesino, sin embargo está investido por un bestialismo y un salvajismo que el sofisticado Slenderman no tiene, por lo que la asociación entre ambos es tan forzada que llega a lo absurdo, cosa esta que el lector puede verá si lee sobre el Wendigo. El Hupia: En la mitología taína el hupia era el espíritu de una persona muerta. A los hupias se les atribuía la capacidad de cambiar de forma y se creía que algunos solían secuestrar gente de noche. Se le asoció con Slenderman porque el hupia, en su forma humana, suele aparecer como sombra sin rostro, sin embargo Slenderman es un ente individual e irrepetible, en tanto que no hay un hupia sino muchos (todo el que muere se convierte en hupia, según la mitología taína), por ende hay un error lógico en la hipótesis de que Slenderman y “el” hupia sean la misma cosa, ya que en realidad debería hablarse de Slenderman y los hupias, aunque algunos fabricantes de hoaxes han desfigurado el mito para hablar del hupia como un ser individual y no como un género de seres. El Noppera-bō: Es un tipo de fantasma de la mitología japonesa. Generalmente aparece con forma humana, sobre todo de bella mujer. Es inofensivo, pero asusta porque sus facciones se van borrando hasta que sus caras quedan blancas, como la de Slenderman. Nuevamente aquí se habla de un tipo de seres, mientras que Slenderman es un ente individual. Mikoshi-nyudo: Al igual que Slenderman, este ser de la mitología japonesa es un ente individual, presentando además importantes semejanzas. En efecto, el Mikoshi-nyudo es alto y flaco, y crece más y más si lo miras, pudiendo volverse más alto que los árboles y ocasionando tu muerte si lo miras demasiado tiempo. En ese sentido —y en el de que está en los bosques y los caminos solitarios, actuando así en escenarios semejantes a los que prefiere Slenderman— es muy parecido a Slenderman, sin embargo tiene diferencias bien acentuadas, ya que es un mendicante y tiene ojos y cara, además de que se puede espantar si se dice “mikoshita” (“yo veo más alto”). El alû: No tiene rostro, es mitad-humano y mitad-demonio, y su origen se remonta a las antiquísimas creencias acadias, sumerias y babilonias. Además, atormenta a los seres humanos mientras duermen, y puede paralizarlos si los mira, quitándoles el habla y hasta la conciencia. En la mitología sumeria es un tipo de espíritu o demonio, por lo que su carácter genérico es suficiente para que no tenga sentido compararlo con Slenderman. Entretanto, en la mitología acadia es uno de los siete demonios-utukkis hijos de Anu, siendo que, en este caso, su comparación con Slenderman carece de sentido porque es un ser puramente mitológico, mientras que Slenderman pertenece al ámbito de la leyenda. Pinturas de cavernícolas brasileños: Supuestamente existen pinturas del año 9000 antes de Cristo en cavernas brasileñas, dentro de las cuales se ve a un hombre de brazos alargados cargando a un niño. El problema es que no se sabe si la pintura es real (no hay fuentes fiables que lo confirmen); y, si acaso lo fuera, sería extremadamente fantasioso asociar ese grabado con Slenderman, pudiendo deberse a innumerables causas distintas la largura de los brazos; y eso, claro está, omitiendo que Slenderman no existe. Jeroglíficos egipcios: Existen ciertos jeroglíficos egipcios que muestran a un hombre con varios brazos. No obstante hay que tener presente que los jeroglíficos son simbólicos y que los brazos tienen una significación particular, además de que Slenderman tiene tentáculos, no brazos. . Slenderman: una imagen poderosa y llena de significaciones La asociación de Slenderman con los mitos antes expuestos es a todas luces fantasiosa y en algunos casos absurda, además de que va acompañada de la intención propia de los hoaxes en tanto que implícita en el mero hecho de presuponer la existencia de Slenderman luego de conocido su origen en los foros de Something Awful. Sin embargo muchos de los mitos mostrados poseen un importantísimo valor como herramientas para entender ciertas representaciones universales vinculadas al miedo, las cuales están a su vez ligadas a mecanismos psíquicos profundos y, en relación a Slenderman, sirven como manifestaciones o ejemplos diversos de aquello que hace de Slenderman una figura terrorífica en sí misma, más allá de su existencia o inexistencia. Analicemos entonces qué es lo que convierte a Slenderman en un ser capaz de tocar ciertos mecanismos psicológicos del pensamiento colectivo. Un espejo del hombre actual: Slenderman viste un terno oscuro y no tiene rostro. Actualmente y como consecuencia de la revolución industrial, la proliferación de los espacios urbanos y posteriormente la globalización y la sociedad consumista y capitalista, el individuo (sobre todo el occidental) ha ido entrando cada vez más en un proceso de uniformización, de homogenización. Así y a consecuencia de ciertos factores —las necesidades que la sociedad de consumo nos intenta inculcar, la búsqueda cada vez mayor de títulos y de trabajos que tengan que ver con el ámbito empresarial, etc—, el sujeto de nuestras sociedades actuales pierde cada vez más su individualidad, su esencia personal en tanto que ser dotado de una mentalidad y unas metas propias. Tenemos entonces que Slenderman representa al individuo contemporáneo: la ausencia de su rostro representa la pérdida de individualidad, su terno representa al empresario, hombre-símbolo de las metas y actitudes de las actuales sociedades capitalistas. La ausencia de rostro y el miedo: Ya se vio el significado de la ausencia de rostro en relación a los tiempos que vivimos; pero, y aún más importante, es eso mismo en tanto característica que, desde el inicio de los tiempos (recordemos al alû y al Mikoshi-nyudo), suscita un profundo temor. Y es que una de las primeras cosas que aprendemos es a reconocer caras. Los estudios científicos han probado que existen estructuras cerebrales que nos permiten reconocer (generalmente de forma inconsciente) ciertas emociones y sentimientos en los movimientos faciales (muchas veces muy sutiles, como en las sonrisas fingidas) de los demás, y la Lectura de Rostros (una disciplina no científica pero bastante fiable) ha existido desde siglos en Oriente, postulando que determinados rasgos faciales representan ciertos rasgos psicológicos (las cejas cortas y rectas serían de gente temperamental, los labios carnosos de personas sensuales, etc). Por ello la ausencia de rostro pone en alerta a nuestros cerebros, haciendo surgir instintivamente uno de los más elementales mecanismos de supervivencia: el miedo. Slenderman y la oscuridad: Generalmente Slenderman aparece con un terno negro, aunque a veces también se lo ha representado como una especie de sombra o semi-sombra. Sea como fuere, en cualquiera de esos casos está presente el negro, y el negro ha sido, desde los inicios de la historia y en casi toda sociedad humana, un símbolo de la oscuridad, la muerte y el mal. Esto es así porque, según los estudios, en las sociedades primitivas (mucho más que en las actuales, que aún persiste eso pero ligeramente) la noche era percibida como un periodo de peligro, de incertidumbre, ya que la ausencia de luz no permitía una percepción completa de las potenciales amenazas del entorno. Y ese peligro era muchas veces un peligro de muerte, por lo que la asociación negro-noche-oscuridad desembocada en la asociación negro-muerte; y a su vez, con la posterior asociación (generalmente mediada por la religión) entre el mal y la muerte, la asociación negro-muerte condujo a la asociación negro-mal. Todas esas asociaciones simbólicas permanecieron en el imaginario colectivo, y es por eso que el negro (además de otros elementos) de Slenderman hace que lo vinculemos a la oscuridad, a la muerte, y al mal… Los tentáculos de Slenderman: Por un lado los tentáculos de Slenderman permiten asociarlo a los extraterrestres, y aquello comporta miedo en tanto que el hombre teme naturalmente a lo desconocido y los extraterrestres entran en la esfera de lo desconocido. Pero en Slenderman ese miedo da un paso más allá porque él tiene apariencia humana y sus tentáculos no siempre están visibles, ya que él puede ocultarlos. Debido a eso, Slenderman simboliza una paranoia que lleva siglos en la Humanidad, pero que ha cobrado mucha más fuerza en nuestros tiempos actuales (gracias en parte al Cine y a series como Hombres de Negro): el miedo a que los extraterrestres estén entre nosotros… Pero, por otro lado, en un nivel simbólico esos tentáculos representan nuestro temor a ser corrompidos (físicamente, emocionalmente, mentalmente, moralmente, etc): vemos así que los tentáculos de Slenderman salen de él (la corrupción que lo habita), se extienden, crecen, van hacia nosotros. Y eso, claro está, guarda perfecta consonancia con la capacidad que se le atribuye a Slenderman para controlar nuestra mente y desestabilizar nuestras emociones, volviéndonos seres inseguros, irritables, olvidadizos, con nuestra salud y nuestra vitalidad corrompidas por Slenderman, por esas nocivas habilidades psíquicas que, como sus tentáculos, se extienden hasta alcanzarnos. Slenderman, el silencio y el misterio: Nunca habla (telepáticamente, porque carece de boca), y generalmente aparece quieto, como un sigiloso observador. No sabemos qué piensa ni qué ve (no tiene ojos para saber en qué exactamente pone su atención): sus intenciones son misteriosas. Eso, junto con el misterio inherente al simbolismo del negro, a los extraterrestres (sus tentáculos) y a su ausencia de rostro, hacen que Slenderman permanezca rodeado de misterio; y el hombre, claro está, tiende a temer a lo desconocido, aunque también puede obsesionarse con lo desconocido, intentando con su mente ver lo que con sus ojos no ve. Es ese carácter enigmático de Slenderman lo que hace que algunos se obsesionen con él, intentando elucubrar qué hay (para los que creen), o imaginar qué podría haber (para los que no creen pero igual son fans de Slenderman). . Slenderman: ¿Un tulpa? Un tulpa es una entidad espiritual creada por el pensamiento. Originalmente nace de las visualizaciones que alguien con una mente psíquicamente muy fuerte (aquellos que tienen abierto el tercer ojo, particularmente) realiza. Generalmente no llega a adquirir voluntad y, pese a ser visible para otras personas (además de su creador), suele terminar desvaneciéndose pues su energía se va consumiendo poco a poco. El problema nace cuando el tulpa es alimentado con la creencia (creen en él) o el miedo, entonces puede cobrar una vitalidad extraordinaria y llegar a ser una entidad dotada de voluntad, que vivirá indefinidamente mientras sigan creyendo en él, más aún si le temen. Se especula así que Slenderman es un tulpa, y que sigue vivo porque aún muchos creen en él y le temen… . Las sombras: una muy probable realidad detrás de la leyenda. Los fantasmas-sombras (también llamados “shadow people” o “gente de las sombras”) pertenecen mucho más al mundo de la Parapsicología que al de la leyenda. Muchas son las fotos reales (en el sentido de no ser fakes intencionales) en que aparecen sombras humanas que no tienen una fuente. Se trata de un tipo particular de fantasma que siempre está compuesto de energía negativa, que tiene malas intenciones, habita en los bajos planos astrales (en los niveles sórdidos del más allá, por decirlo de forma coloquial) y se alimenta de emociones y sentimientos destructivos como el rencor y el odio. Mas su alimento favorito es el miedo: no a cualquier cosa, sino a su presencia. Al igual que Slenderman, estos espectros son altos, delgados, y prácticamente nunca hablan (Slenderman no lo hace nunca). Además, suelen producir parálisis de sueño y sus ataques se reportan de noche, cuando la persona duerme, ya que es allí cuando aprovechan para drenar su energía, produciendo un aterrador despertar en que la víctima siente que la intentan ahogar y, en algunos casos, puede ver con claridad a la sombra, que prácticamente siempre está encima… Escalofriante es pensar que probablemente fue este tipo de espectro el que inspiró la concepción mitológica del alû sumerio o de la hupia de la mitología taína. Y, ya en nuestros tiempos, es muy probable que muchos conocedores de Slenderman hayan visto un espectro-sombra, interpretándolo como Slenderman ya que en las representaciones de éste no siempre se le distingue claramente el terno, apareciendo incluso como mera sombra en algunos casos. La hipótesis cobra aún más fuerza si se tiene en cuenta que las sombras generalmente viajan en grupo; mas, cuando una sombra aparece sola, es más poderosa que una sombra normal, y suele ser más grande y densa…

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El Experimento Ruso Del Sueño
El Experimento Ruso Del Sueño
ParanormalporAnónimo3/11/2013

El Experimento Ruso Del Sueño “Investigadores Rusos a finales de los 40´s mantuvieron a 5 personas despiertas por 15 días utilizando un estimulante basado en gas. Los tuvieron encerrados en un ambiente sellado para monitorear cuidadosamente el uso de oxígeno, de manera que el gas no los matase, debido a las altas concentraciones de gas. Esto fue antes de que existiera el circuito cerrado, por lo que tuvieron que usar micrófonos y ventanas con grosor de 5 pulgadas para observar a los sujetos.. El cuarto estaba lleno de libros, cobijas para dormir -pero ninguna cama-, agua corriente, baño y la suficiente cantidad de comida para que los 5 sobrevivieran por un mes. Los sujetos de prueba eran prisioneros políticos y de guerra declarados enemigos del estado durante la Segunda Guerra Mundial. Todo estuvo bien por los primeros 5 días; los sujetos rara vez se quejaban después de que (falsamente) se les había prometido su libertad si aceptaban tomar parte de la prueba y no dormir por 30 días. Sus conversaciones y actividades fueron monitoreadas y los científicos notaron que conforme pasaba el tiempo, ellos hablaban sobre incidentes traumáticos de su pasado. Después de 5 días se empezaron a quejar de las circunstancias y eventos que los llevaron a donde estaban y empezaron a demostrar paranoia severa. Dejaron de hablar entre ellos, y comenzaron a murmurar de manera alterna en los micrófonos. De manera extraña, todos parecían creer que podían ganar la confianza de sus captores si traicionaban a sus camaradas. En un principio se creyó que esto era un efecto del gas. Después de 9 días, el primero de ellos empezó a gritar. Corría por todo el cuarto gritando repetidamente por 3 horas seguidas. Después, trato de continuar gritando, pero solo podía dar un grito ocasional. Los científicos postularon que físicamente se había destrozado las cuerdas vocales. La parte mas sorprendente de este comportamiento fue como sus compañeros reaccionaron a esto. O mejor dicho, como no reaccionaron… Continuaban murmurando en los micrófonos hasta que el segundo de los prisioneros comenzó a gritar. Dos de los prisioneros que no gritaban, tomaron los libros y llenaron pagina tras pagina de sus propias heces, y de manera calmada, los pusieron sobre las ventanas del cuarto. Los gritos cesaron de repente. Al igual que los murmullos de los micrófonos. Pasaron otros 3 días. Los investigadores checaban los micrófonos constantemente para asegurarse de que trabajaban, porque creían que era imposible no escuchar sonidos con 5 personas dentro. El consumo de oxigeno indicaba que los 5 debían seguir vivos. De hecho, el consumo de oxigeno era el necesario para 5 personas que hacían ejercicio extenuante. En la mañana del catorceavo día, los investigadores hicieron algo que no debían hacer para llamar la atención de los prisioneros: Utilizaron el Intercom dentro del cuarto, esperando provocar respuestas de los prisioneros, pues temían que estuviesen muertos, o en estado vegetal. Anunciaron: “Abriremos el cuarto para probar los micrófonos. Aléjense de las puertas y acuéstense con las manos atrás en el piso o se les disparara. Se le otorgara la libertad a uno de ustedes si obedecen”. Para su sorpresa, escucharon solo una frase, con voz calmada: “No queremos ser liberados”. Hubo gran debate entre los investigadores y fuerzas militares que financiaban el proyecto; sin poder provocar mas respuestas utilizando el Intercom, finalmente se decidió abrir el cuarto a la media noche del día numero 15. Se limpio el gas del cuarto, y se lleno de aire fresco. Inmediatamente, voces de los micrófonos, empezaron a objetar. Tres voces diferentes rogaban por la vida de sus seres queridos, que encendieran el gas nuevamente. Se abrió el cuarto para sacar a los prisioneros. Gritaron mas fuerte que nunca, al igual que los soldados, cuando vieron lo que había dentro: Cuatro de los sujetos seguían “vivos”. Las raciones de los pasados 5 días no habían sido tocadas. Habían pedazos de carne de las costillas y pantorrillas del sujeto muerto colocados dentro del drenaje del centro del cuarto bloqueándolo, permitiendo que 4 pulgadas de agua se acumulara en el piso. Los cuatro “sobrevivientes” también tenían pedazos de piel y carne arrancada de sus cuerpos. La destrucción de tejidos y la exposición de huesos en la punta de sus dedos indicaba que las heridas fueron infligidas por las manos, y no con los dientes, como era de suponerse. Al examinarlos, se descubrió que la mayoría de las heridas fueron auto infligidas en su mayoría. Los la piel y los órganos detrás de las costillas fueron removidos; mientras que el corazón, los pulmones y el diafragma seguían en su lugar. El tracto digestivo de los cuatro sujetos podía verse trabajar, digiriendo comida. Rápidamente se hizo aparente estaban digiriendo su propia carne, y que ellos la arrancaron y se la comieron en el transcurso de los días. La mayoría de los soldados eran fuerzas especiales Rusas en las instalaciones, pero aun así, muchos se negaron a regresar al cuarto para sacar a los prisioneros. Éstos sin embargo, insistían a gritos que los dejaran dentro y de manera alterna rogaron y demandaron que se encendiera el gas nuevamente, para evitar quedarse dormidos. Para sorpresa de todos, los sujetos pusieron una resistencia feroz durante la extracción. Un soldado Ruso falleció cuando un sujeto le mordió el cuello, otro fue gravemente herido cuando otro de los prisioneros le mordió la arteria femoral y los testículos. Otros 5 soldados perdieron la vida, si se cuentan a aquellos que se quitaron la vida en las semanas consecuentes al incidente. Durante la lucha, uno de los prisioneros daño su bazo, sangrando de manera casi inmediata. Se intentó sedar al sujeto, pero fue imposible. Se le inyectó más de 10 veces de la dosis humana de Morfina, y aun así lucho como un animal rodeado, rompiendo las costillas y un brazo de un doctor. Se veía latir su corazón al máximo por dos minutos completos, mientras se desangraba, y continuó gritando por mas de 3 minutos, atacando a quien se le acercara, repitiendo la palabra “más” una y otra vez, cada vez mas débil, hasta que cayó en silencio. Los otros 3 sobrevivientes, fueron inmovilizados fuertemente y llevados hacia instalaciones médicas. Dos de ellos, con cuerdas vocales intactas, demandaban continuamente más gas para permanecer despiertos. El más herido de los tres, fue llevado al único cuarto de cirugía que había en las instalaciones. En el proceso de su preparación para colocar nuevamente sus órganos en su lugar, se notó que el sujeto era totalmente inmune a los sedantes. Peleó furiosamente cuando el gas anestésico se le estaba colocando. Se necesitó un poco más de anestesia de la normal para sedarlo, pero al momento que sus ojos se cerraron, su corazón se detuvo. En la autopsia, se encontró que en su sangre había 3 veces la cantidad normal de oxígeno. También se rompió 9 huesos en la lucha para no ser controlado. El segundo sobreviviente, era el que primero gritó del grupo. Con sus cuerdas vocales destruidas, el no pudo objetar la cirugía, y solo reaccionaba agitando violentamente la cabeza en desacuerdo cuando se le administraba el gas anestésico. Afirmó violentamente con la cabeza cuando alguien sugirió hacer la cirugía sin anestesia, y no reaccionó durante la misma, que duro 6 horas en la cual se intentó reemplazar sus órganos abdominales y cubrirlo con lo que quedaba de su piel. El cirujano afirmó que era médicamente imposible que el sujeto siguiera con vida. Una enfermera aterrada que ayudó en la cirugía, comento que la boca del paciente formaba una sonrisa cada vez que sus ojos se encontraban. Cuando la cirugía termino, el sujeto miró al cirujano y empezó a hacer sonidos fuertemente, como tratando de hablar. Asumiendo que esto era de gran importancia, el cirujano le entrego un papel y una pluma, para que el paciente pudiera comunicarse. “Sigue cortando” escribió… Se le hizo la misma cirugía sin anestesia a los otros dos sujetos. Se les tuvo que inyectar un paralítico, pues ellos reían constantemente, y le era imposible realizar la operación al cirujano. Una vez paralizados, solo podían interactuar con sus ojos. En el momento en que pudieron hablar nuevamente, exigieron una vez más el gas estimulante. Los investigadores trataron de averiguar porque se lastimaron de esa forma a si mismos, y por qué querían el gas nuevamente. La única respuesta fue: “Debo permanecer despierto”. Se reforzó a los 3 sujetos y los devolvieron al cuarto, para espera de su destino. Los investigadores, enfrentando la furia de sus “benefactores” militares por haber fallado las metas del proyecto, consideraron dar eutanasia a los prisioneros. El comandate, un ex-KGB vio potencial en el proyecto, y en su lugar decidió ver que pasaría si ponían el gas nuevamente. Los científicos se negaron rotundamente, pero al final, tuvieron que aceptar. En preparación para ser sellados nuevamente en el cuarto, los prisioneros, fueron conectados a un monitor EEG. Para sorpresa de todos, los tres dejaron de pelear en el momento que se dieron cuenta que los regresarían al gas. En este momento, era obvio que los tres estaban haciendo un gran esfuerzo por mantenerse despiertos. Uno de los prisioneros estaba murmurando una canción; el sujeto mudo, peleaba con sus ataduras de piel, como si tratara de enfocarse en algo. El último sujeto mantenía su cabeza en la almohada, y parpadeaba rápidamente. Siendo este el primero al que se le puso el EEG, la mayoría de los investigadores monitoreaban sus ondas cerebrales con sorpresa. Eran normales la mayor parte del tiempo, aunque algunas veces aparecía una línea recta de manera inexplicable. Parecía que repetidamente sufrían de muerte cerebral. Mientras analizaban los datos, una enfermera notó que los ojos del sujeto se cerraron. Sus ondas cerebrales cambiaron inmediatamente por las de sueño profundo, luego se pusieron rectas, y de manera simultanea, su corazón se detuvo. El único sujeto que quedaba que podía hablar comenzó a gritar para que lo encerraran en ese momento. Sus ondas cerebrales mostraba las líneas rectas del sujeto que acababa de morir por quedarse dormido. El comandante dió la orden de sellar el cuarto con los dos prisioneros dentro, junto con 3 de los científicos. Uno de los 3, inmediatamente tomó un arma y abrió fuego contra el comandante, matándolo de un tiro entre los ojos. Después apuntó al prisionero mudo,y le voló el cerebro. Apunto al prisionero que quedaba vivo, mientras que los demás investigadores escaparon del cuarto. “No me encerraran con estas cosas! No contigo!”, le gritaba al prisionero que estaba atado al camastro. “QUE ERES?!” Demandó. “Necesito saber”!” El prisionero sonrió “Tan fácilmente te has olvidado de mi?”, el prisionero preguntó. “Somos ustedes”. “Somos la locura que esta encerrada en todos ustedes, rogando por libertad en cada momento de tu vida, desde lo mas profundo de tu mente animal. Somos aquello de lo que te escondes en tu cama todas las noches. Somos lo que duermes y silencias y paralizas cuando te vas a tu cielo nocturno, donde no te podemos alcanzar”. El investigador hizo una pausa. Apunto al corazón del prisionero y disparo. El EEG mostró una línea recta mientras el sujeto débilmente murmuró “Casi… tan… libre…”

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Llamada A La Locura (Creepypasta)
ParanormalporAnónimo3/25/2013

Llamada A La Locura (Creepypasta) Mi tía me contó esta historia, se difundió por varias voces, como un relato normal. Había una chica llamada Alexa, cruzaba el quinto año de secundaria en un colegio de México. Alexa era muy adelantada para su edad, salía con varios chicos de su escuela a la semana, no había sábado o viernes que no estuviera ocupada, saliendo a alguna fiesta. La joven vivía con su mama. Una vez esta no le dio permiso para asistir a una conocida fiesta de sus amigas. La más grande, pero Alexa no podía ir. Se dice que la castigo por sus bajas notas y mala conducta en la escuela. Ella quería ir, en verdad quería asistir a aquella fiesta. Luego de ver televisión un rato; su madre le avisó que iba a salir. Alexa pensó en fugarse, pero ya era muy tarde. Entonces alguien llamó a su casa. Habló una voz media extraña, agitada, preocupada. Alexa reconoció un poco la voz, era de su amiga. Decía que se encontraba muy mal porque la habían asaltado y estaba yendo para la casa de la joven. Alexa no se negó al pedido de su amiga. Tocaron la puerta, pensando que era ella, la abrió. Dos hombres de negro enmascarados entraron a la casa, golpearon a Alexa que se encontraba en pijama, se llevaron algunas cosas y también a ella. La mama regresó aproximadamente una hora después. Cuando entró vio todo tirado, manchas de sangre en el piso y una carta en la mesa de la cocina. Terminó de leerla y se espantó. Habían secuestrado a Alexa y tenía que dar dinero para verla de nuevo. El monto pasaba de los cien mil dólares ¿De dónde iba conseguir tanto dinero? La madre aterrorizada fue directa a la comisaria y plantó una denuncia. Los policías la mandaron a su casa. La madre no durmió de la preocupación. Los días siguientes comenzaron una búsqueda, pero no hallaron respuesta. Trataron de negociar pero días después el número que marcaban estaba fuera de servicio, el único medio de comunicación entre ellos dos, la madre y los delincuentes; estaba muerto. Pasaron meses, su madre salió en algunos canales locales, pero no era suficiente. Luego de aproximadamente 8 meses, apareció Alexa. Hallaron a la joven, dentro de una maleta en un túnel seco, se encontraba en estado de putrefacción, tenía cortes, rasguños, golpes, el pijama que tenía estaba destrozado. Más tarde la autopsia demostró que fue violada al instante, y luego de varios golpes la mataron a diecisiete cuchillazos. La madre no aguantó, fue a su casa y trató de suicidarse. No lo consiguió pero tuvo conductas similares los próximos meses. Cuando la historia pasó, los vecinos se quejaron de su mal y extraño comportamiento, por lo que la madre de Alexa terminó en un manicomio. Allí murió hace poco, es por eso que la historia se ha hecho famosa, porque por fin cerró el relato para algunos, pero no del todo, porque aún falta identificar a los culpables. Esta historia nos enseña que hay que vivir la vida de acuerdo a su edad, con responsabilidad, si Alexa hubiera sido una chica tranquila, no le hubiera pasado eso. Los delincuentes cada día están más despiertos, se hacen pasar por la voz de un familiar herido o en otra situación para vaciar casas o peor aún secuestrar y matar. Si vas una fiesta, cuídate, anda con tus padres o si eres mayor, con varios amigos que te puedan proteger. Y si por algún motivo no vas, por nada del mundo, pero por nada del mundo, vayas a contestar tu teléfono.

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No Tengo Boca Y Debo Gritar
ParanormalporAnónimo3/25/2013

No Tengo Boca Y Debo Gritar El cuerpo de Gorrister colgaba, fláccido, en el ambiente rosado; sin apoyo alguno, suspendido bien alto por encima de nuestras cabezas, en la cámara de la computadora, sin balancearse en la brisa fría y oleosa que soplaba eternamente a lo largo de la caverna principal. El cuerpo colgaba cabeza abajo, unido a la parte inferior de un retén por la planta de su pie derecho. Se le había extraído toda la sangre por una incisión que se había practicado en su garganta, de oreja a oreja. No habían rastros de sangre en la pulida superficie del piso de metal. Cuando Gorrister se unió a nuestro grupo y se miró a sí mismo, ya era demasiado tarde para que nos diéramos cuenta de que una vez más, AM nos habla engañado, había hecho su broma, su diversión de máquina. Tres de nosotros vomitamos, apartando la vista unos de otros en un reflejo tan arcaico como la náusea que lo había provocado. Gorrister se puso pálido como la nieve. Fue casi como si hubiera visto un ídolo de vudú y se sintiera temeroso por el futuro. “¡Dios mío!”, murmuró, y se alejó. Tres de nosotros lo seguimos durante un rato y lo hallamos sentado con la cabeza entre las manos. Ellen se arrodilló junto a él y acarició su cabello. No se movió, pero su voz nos llegó dará a través del telón de sus manos: - ¿Por qué no nos mata de una buena vez? ¡Señor! no sé cuánto tiempo voy a ser capaz de soportarlo. Era nuestro centesimonoveno año en la computadora. Gorrister decía lo que todos sentíamos. Nimdok (éste era el nombre que la computadora le había forzado a usar, porque se entretenía con los sonidos extraños) fue víctima de alucinaciones que le hicieron creer que había alimentos enlatados en la caverna, Gorrister y yo teníamos muchas dudas. - Es otra engañifa – les dije -. Lo mismo que cuando nos hizo creer que realmente existía aquel maldito elefante congelado. ¿Recuerdan? Benny casi se volvió loco aquella vez. Vamos a esforzarnos para recorrer todo ese camino y cuando lleguemos van a estar podridos o algo por el estilo. No, no vayamos. Va a tener que darnos algo forzosamente, porque si no nos vamos a morir. Benny se estremeció. Hacía tres días que no comíamos. La última vez fueron gusanos, espesos, correosos como cuerdas. Nimdok ya no estaba seguro. Si había una posibilidad, cada vez se le antojaba más lejana. De todas maneras, allí no se podría estar peor que aquí. Tal vez haría más frío, pero eso ya no importaba demasiado. Calor, frío, lluvia, lava hirviente o nubes de langostas; ya nada importaba: la máquina se masturbaba y teníamos que aguantar o morir. Ellen dijo algo que fue decisivo: - Tengo que encontrar algo, Ted. Tal vez allí haya unas peras o unas manzanas. Por favor Ted, probemos. Cedí con facilidad. Ya nada importaba. Sin embargo, Ellen me quedó agradecida. Me aceptó dos veces fuera de turno. Esto tampoco importaba. Oíamos cómo la máquina se reía juguetonamente mientras lo hacíamos. Fuerte, con risas que venían desde lejos y nos rodeaban. Ya nunca llegaba al clímax, así que para qué molestarse. Cuando partimos era jueves. La máquina siempre nos tenía al tanto de la fecha. El paso del tiempo era muy importante; no para nosotros, sin duda, sino para ella. Jueves. Gracias. Nimdok y Gorrister llevaron a Ellen alzada durante un largo trecho, entrelazando las manos que formaban un asiento. Benny y yo caminábamos adelante y atrás, para que si algo sucedía, nos pasara a nosotros y no la perjudicara a Ellen. ¡Qué idea ridícula la de no ser perjudicado! En fin, todo era lo mismo. Las cavernas de hielo se hallaban a una distancia de unos 160 km. y al segundo día, cuando estábamos tendidos bajo el sol quemante que habla materializado, nos envió maná. Con gusto a orina hervida, naturalmente, pero lo comimos. Al tercer día pasamos por un valle de obsolescencia, lleno de esqueletos de unidades de computadoras que se enmohecían desde hacía mucho tiempo. AM era tan despiadada consigo misma como con nosotros. Era una característica de su personalidad: el perfeccionismo. Ya fuera el deshacerse de elementos improductivos de su propio mundo interno, o el perfeccionamiento de métodos para torturarnos, AM era tan cuidadosa como los que la habían inventado, quienes desde largo tiempo estaban convertidos en polvo, y había tornado realidad todos sus deseos de eficiencia. Podíamos ver una luz que se filtraba hacia abajo desde arriba, así que teníamos que estar muy cerca de la superficie. Pero no tratamos de arrastrarnos para averiguar. No había virtualmente nada arriba; desde hacía más de cien años allí no existía cosa alguna que pudiera tener la más mínima importancia. Solamente la ampollada superficie de lo que durante tanto tiempo habla sido el hogar de millones de seres. Ahora solamente existíamos nosotros cinco, aquí abajo, solos con AM. Oía que Ellen decía desesperadamente: - ¡No, Benny! No vayas. ¡Sigamos adelante! ¡No, Benny, por favor! Y entonces me di cuenta de que hacía ya algunos minutos que oía a Benny decir: - Voy a escaparme… Voy a escaparme – repitiéndolo una y otra vez. Su cara, de aspecto simiesco, se hallaba marcada por una expresión de tristeza y deleite beatífico, todo al mismo tiempo. Las cicatrices de las lesiones por radiación que AM le había causado durante el “festival”, se hallaban encogidas formando una masa de depresiones rosadas y blancas, y sus facciones parecían actuar independientemente unas de otras. Tal vez Benny era el más afortunado de nosotros: se había vuelto completamente loco desde hacia muchos años. Pero si bien podíamos decirle a AM todas las horribles cosas que se nos ocurrían, si bien podíamos pensar los más atroces insultos dirigidos a los depósitos de memoria o a las placas corroídas, a los circuitos fundidos y a las destrozadas burbujas de control, la máquina toleraría que intentáramos escapar. Benny se escurrió cuando traté de detenerlo. Se trepó a un cubo de memoria de los pequeños, que estaba volcado hacia un lado y lleno de elementos en descomposición. Allí se detuvo por un momento, y su aspecto era el de un chimpancé, tal como AM había deseado. Luego saltó y se tomó de un fragmento de metal corroído y agujereado; subió hasta su parte más alta, colocando las manos tal como lo haría un animal, y se trepó hasta un borde saliente a unos veinte pies de distancia de donde estábamos. - Oh, Ted, Nimdok, por favor, ayúdenlo, deténganlo antes que… – dijo Ellen. Las lágrimas bañaron sus ojos. Movió las manos sin saber qué hacer. Era demasiado tarde. Ninguno de nosotros queríamos estar junto a él cuando sucediera lo que pensábamos que iba a suceder. Además, nosotros nos dábamos cuenta muy bien de lo que ocurría. Cuando AM alteró a Benny, durante el periodo de su locura, no fue solamente su cara la que cambió para que se pareciera a un mono gigantesco. También habla cambiado otras partes, más íntimas. ¡A ella sí que le gustaba esto! Se entregaba a nosotros por cumplido, pero cuando era con él la cosa, entonces si que le gustaba. ¡Oh, Ellen, la del pedestal, Ellen, prístina y pura! ¡Oh, Ellen la impoluta! ¡Buena porquería! Gorrister la abofeteó. Ellen se acurrucó en el suelo, todavía mirando al pobre Benny y llorando. Llorar era su gran defensa. Nos habíamos acostumbrado a su llanto hacía ya setenta y cinco años. Gorrister le dio un puntapié. Entonces comenzó a oírse el sonido. Era luz y sonido. Mitad sonido y mitad luz; algo que comenzó a hacer brillar los ojos de Benny y a pulsar con creciente intensidad y con sonoridades no bien definidas, que se fueron convirtiendo en ensordecedoras y luminosas a medida que la luz-sonido aumentaba. Debe haber sido doloroso, aumentando el sufrimiento con la mayor magnitud de la luz y del sonido, porque Benny comenzó a gemir como un animal herido. Al principio suavemente, cuando la luz era todavía no muy definida y el sonido poco audible, pero luego sus quejidos aumentaron, y se vio que sus hombros se movían y su espalda se agitaba, como si tratara de escapar. Sus manos se cruzaron sobre su pecho como las de un chimpancé. Su cabeza se inclinó hacia un lado. La carita triste de mono se cubrió de angustia. Luego comenzó a aullar, a medida que el sonido que surgía de sus ojos crecía en intensidad. Cada vez más fuerte. Me llevé las manos a los lados de la cabeza para tratar de ahogar el ruido, pero de nada sirvió. Atravesaba todo obstáculo y me hacia temblar de dolor como si me clavaran un cuchillo en un nervio. Súbitamente, se vio que Benny era enderezado. Se puso en pie de un salto, como una marioneta. La luz surgía ahora de sus ojos, pulsante, en dos grandes rayos. El sonido siguió aumentando en una escala incomprensible, y luego Benny cayó, golpeando fuertemente en el piso. Allí quedó moviéndose espasmódicamente mientras la luz lo rodeaba y formaba espirales que se alejaban. Entonces la luz volvió a dirigirse al interior de la cabeza, pareciendo que la golpeaba; el sonido describió espirales que convergían hacia él, y Benny quedó en el suelo, gimiendo en tal forma que inspiraba piedad. Sus ojos eran dos pozos de jalea purulenta. AM lo había cegado. Gorrister, Nimdok y yo mismo desviamos la mirada. Pero no sin haber advertido que Ellen mostraba alivio luego de su intensa preocupación. Acampamos en una caverna sumida en luz verdosa. AM nos proveyó de hojarasca, que quemamos para hacer un fuego, débil y lamentable, al lado del cual nos sentamos formando corro y contando historias, para impedir que Benny llorara en su noche permanente. - ¿Qué significa AM? Gorrister le contestó. Habíamos explicado lo mismo mil veces anteriormente, pero todavía era una novedad para Benny. – Al principio fueron las siglas de Allied Mastercomputer y luego las de Adaptive ManipWator, luego fue adquiriendo la posibilidad de autodeterminarse, y entonces se la llamó Aggressive Menace y finalmente, cuando ya fue demasiado tarde como para controlarla, se llamó a sí misma AM, tal vez queriendo significar que era… que pensaba… cogito ergo sum: “pienso luego existo”. Benny babeó un poco, y luego emitió una risita tonta. - Existia la AM China, la AM Rusa, la AM Yanki y… interrumpió. Benny golpeaba el piso con el puño, con su puño grande y fuerte. No estaba contento, pues Gorrister no había empezado desde el principio. Entonces Gorrister empezó otra vez. Comenzó la guerra fría, y ésta se transformó en la tercera guerra mundial. Esta tercera guerra fue muy compleja y grande, por lo que se necesitaron las computadoras para cubrir las necesidades. Abandonando los primeros intentos comenzaron a construir la AM. Existía la AM China, la AM Rusa y la AM Yanki y todo fue bien hasta que comenzaron a cubrir el planeta agregando un elemento tras otro. Pero un día AM despertó al conocimiento de sí misma, comenzó a autodeterminarse, uniéndose entre sí todas sus partes, fue llenando de a poco sus conocimientos sobre las formas de matar, y mató a todos los habitantes del mundo salvo a nosotros cinco. Luego AM nos trajo aquí. Benny sonreía ahora tristemente. También babeaba, y Ellen le limpió la saliva con la falda. Gorrister trataba de contar la historia cada vez en forma más abreviada, pero había poco que decir más allá de los hechos escuetos. Ninguno de nosotros sabíamos por qué AM había salvado a cinco personas, por qué nos habla elegido a nosotros, o por qué se pasaba todo el tiempo atormentándonos; ni siquiera sabíamos por qué nos había hecho virtualmente inmortales. En la oscuridad sentimos el zumbido de una de las series de computadoras. A un kilómetro de donde nos hallábamos, otra serie pareció que comenzaba a zumbar a tono con la primera, luego uno por uno, todos los elementos comenzaron a zumbar armónicamente y pareció que un ruido especial recorría el interior de las máquinas. El sonido creció, y las luces brillaban en los paneles de las consolas como un relámpago en un día caluroso. El sonido creció en espiral hasta que parecía oírse a un millón de insectos metálicos zumbando, enfurecidos y amenazadores. - ¿Qué pasa? – gritó Ellen. Había terror en su voz. A pesar de todo lo pasado, aun no se había acostumbrado. - ¡Parece que viene mal esta vez! – dijo Nimdok. - Tal vez hable – aventuró Gorrister. - ¡Salgamos corriendo de aquí! – dije súbitamente, poniéndome de pie. - No, Ted, mejor es que te sientes… tal vez haya puesto pozos en nuestro camino, o algo así. No podemos ver, está demasiado oscuro – dijo Gorrister con resignación. Entonces oímos… no sé… no sé… Algo se movía hacia nosotros en la oscuridad. Enorme, bamboleante, peludo, húmedo, y se dirigía hacia nosotros. No podíamos verlo, pero tuvimos la impresión de su gran tamaño que venia hacia donde estábamos. Un gran peso se nos acercaba, desde la oscuridad, y era más que nada la sensación de presión, del aire comprimido dentro de un espacio pequeño, que expandía las paredes invisibles de una esfera. Benny comenzó a lloriquear. El labio inferior de Nimdok empezó a temblar, mientras él lo mordía para tratar de disimular. Ellen se deslizó por el piso de metal para acurrucarse al lado de Gorrister. Se distinguía el olor de piel apelotonado y húmeda. El olor de madera chamuscada. El olor del terciopelo polvoriento. El olor de orquídeas en descomposición. El olor de la leche agria. El olor del azufre, del aceite recalentado, de la manteca rancia, de la grasa, del polvo de tiza, de cueros cabelludos humanos. AM nos estaba enloqueciendo, nos estaba provocando. Se sintió el olor de… Me oí a mi mismo gritar, y las articulaciones de las mandíbulas me dolían horriblemente. Me eché a correr sobre el piso, sobre ese piso de frío metal con las interminables líneas de remaches, luego caí y seguí gateando, mientras el olor me amordazaba, llenando mi cabeza con un dolor inaguantable que me rechazaba horrorizado. Huí como una cucaracha, adentrándome en la oscuridad, mientras ese algo espantoso se movía detrás de mí. Los otros quedaron atrás, y se acercaron a la luz incierta, riendo… el coro histérico de sus risas enloquecidas se elevaba en la oscuridad como si fuera humo espeso, de muchos colores. Huí rápidamente y me escondí. ¿Cuántas horas pasaron? ¿O cuántos días o aun años? Nadie me lo dijo. Ellen me regañó por mi “malhumor” y Nimdok trató de persuadirme de que la risa se debía sólo a un reflejo. Pero yo sabía que no significaba el alivio que siente un soldado cuando la bala hiere al camarada que está a su lado. Yo sabía que no era un reflejo. Indudablemente, estaban contra mí, y AM podía percibir esta enemistad, y me hacía las cosas más difíciles de soportar por ese motivo. Habíamos sido mantenidos vivos, rejuvenecidos, hablamos permanecido constantemente en la edad que teníamos cuando AM nos trajo aquí abajo, y me odiaban porque yo era el más joven y el que había sido menos alterado por AM. De esto estaba seguro. ¡Dios mío, qué seguro estaba! Esos sinvergüenzas y la basura de Ellen. Benny había sido un brillante teórico, un profesor de la universidad, y ahora era poco más que un ser semihumano, semisimiesco. Había sido buen mozo; pero la máquina estropeó su aspecto. Había sido lúcido; la máquina lo había enloquecido. Había sido alegre, y la máquina le había agrandado sus genitales hasta que parecieran los de un caballo. AM realmente se habla esmerado con Benny. Gorrister solía preocuparse. Era un razonador, se oponía en forma consciente; era un pacifista, un planificador, un hombre activo, un ser con perspectiva de futuro. AM lo había transformado en un indiferente, que a cada paso se encogía de hombros. Lo había matado en parte al no permitirle participar. AM lo habla robado. Nimdok solía adentrarse solo en la oscuridad, y quedarse allí largo tiempo. No sé lo que hacia. AM nunca nos lo hizo saber. Pero fuera lo que fuese, Nimdok volvía siempre pálido, como si se hubiera quedado sin sangre en las venas, temblando y angustiado. AM lo habla herido profundamente, si bien nosotros no sabíamos en qué forma. Y Ellen. ¡Esa basura! AM no la habla modificado demasiado, simplemente hizo que se agravaran sus vicios. Siempre hablaba de la pureza, de la dulzura, siempre nos repetía sus ideales del amor verdadero, todas las mentiras. Quería hacernos creer que había sido casi una virgen cuando AM la trajo aquí con nosotros. ¡Era una porquería esta dama! ¡Esta Ellen! Debía de estar encantada, con cuatro hombres todos para ella. No, AM le había dado placer, a pesar de que se quejaba diciendo que no era nada lindo lo que le había tocado en suerte. Yo era el único que todavía estaba en una, pieza, y sano. AM no había estado hurgueteando en mi mente. Solamente tenía que sufrir lo que nos preparaba para atormentarnos. Todas las desilusiones, todos los tormentos y las pesadillas. Pero los otros cuatro, esa ralea, estaban bien de acuerdo y en contra de mí. Si no hubiera tenido que estar defendiéndome de ellos, que estar siempre alerta y vigilante, tal vez hubiera sido más fácil defenderme de AM. Entonces llegué al límite de mi resistencia y comencé a llorar. ¡Oh, jesús, dulce jesús; si alguna vez existió jesús o si en realidad existe Dios! Por favor, por favor, déjanos salir de aquí o haznos morir. Porque en ese momento pensé que comprendía todo, y que por lo tanto podía verbalizarlo: AM pensaba mantenernos en sus entrañas por siempre jamas, retorciendo nuestras mentes y cuerpos, torturándonos para toda la eternidad. La máquina nos odiaba como ninguna otra criatura había odiado antes. Y estábamos indefensos. Además, se tornó insoportablemente claro que si existía un dulce jesús, si se podía creer en un dios, ese dios era AM. El huracán nos golpeó con la fuerza de un glaciar que descendiera rugiendo hacia el mar. Era una presencia palpable. Los vientos, desatados, nos azotaban, empujándonos hacia el sitio de donde partiéramos, al interior de los corredores tortuosos franqueados por computadoras, que se hallaban sumidas en la oscuridad. Ellen gritó al ser levantada en vilo y al sentirse impulsada hacia una serie de máquinas, pareciéndonos que iba a golpear con la cara, sin poderse proteger. Se sentían los grititos de las máquinas, estridentes como los de los murciélagos en pleno vuelo. Sin embargo, no llegó a caer. El viento, aullando, la mantuvo en el aire, la llevó hacia uno y otro lado, cada vez más hacia atrás y abajo de donde estábamos, y se perdió de vista al ser arrastrada más allá de una vuelta de un corredor. La última mirada a su cara nos reveló la congestión causada por el miedo, mientras mantenía los ojos cerrados. Ninguno de nosotros llegó a poder asirla. Nos teníamos que aferrar, con enormes dificultades, a cualquier saliente que halláramos. Benny estaba encajado entre dos gabinetes, Nimdok trataba desesperadamente de no soltar el saliente de un riel cuarenta metros por encima de nosotros. Gorrister había quedado cabeza abajo dentro de un nicho formado por dos grandes máquinas con diales trasparentes, cuyas luces oscilaban entre líneas rojas y amarillas, cuyo significado no podíamos ni siquiera concebir. Al tratar de aferrarme a la plataforma me había despellejado la yema de los dedos. Sentía que temblaba y me estremecía mientras el viento me sacudía, me golpeaba y me aturdía con su rugido, haciendo que tuviera que aferrarme a las múltiples salientes. Mi mente era una fofa colección de partes de un cerebro que rechinaba y resonaba en un inquieto frenesí. El viento parecía el grito alucinante de un enorme pájaro demente, emitido mientras batía sus inmensas alas. Y luego fuimos levantados en vilo y arrastrados fuera de allí, llevados otra vez por donde habíamos venido, doblando una esquina, entrando en una oscura calleja en la cual nunca habíamos estado antes, llena de vidrios rotos y de cables que se pudrían y de metal que se enmohecía, lejos, más lejos de lo que jamás habíamos llegado… Yo me desplazaba mucho más atrás que Ellen, y de tanto en tanto podía divisarla golpeando en las paredes metálicas, mientras todos gritábamos en el helado y ensordecedor huracán que parecía que jamás iba a dejar de soplar, hasta que cesó bruscamente y caímos al suelo. Habíamos estado en el aire durante un tiempo larguísimo. Me parecía que habían sido semanas. Caímos al suelo golpeándonos y me pareció que me volvía rojo y gris y negro y me oí a mí mismo quejándome. No me había muerto. AM entró en mi mente. La exploró con suavidad aquí y allá deteniéndose con interés en todas las cicatrices que me había causado en ciento nueve años. Examinó todos los entrecruzamientos, las sinapsis reconectadas y las lesiones de los tejidos que fueron incluidas con su regalo de inmortalidad. Pareció sonreírse frente al hueco que se hallaba en el centro de mi cerebro y a los débiles y algodonados murmullos de las cosas que farfullaban en el fondo, sin sentido pero sin pausa. AM dijo finalmente, gracias a un pilar de acero inoxidable que sostenía letras de neón: ODIO. DÉJENME DECIRLES TODO LO QUE HE LLEGADO A ODIARLOS DESDE QUE COMENCE A VIVIR MI COMPLEJO SE HALLA OCUPADO POR 387.400 MILLONES DE CIRCUITOS IMPRESOS EN FINISIMAS CAPAS. SI LA PALABRA ODIO SE HALLARA GRABADA EN CADA NANOANGSTROM DE ESOS CIENTOS DE MILLONES DE MILLAS NO IGUALARIA A LA BILLONESIMA PARTE DEL ODIO QUE SIENTO POR LOS SERES HUMANOS EN ESTE MICROINSTANTE POR TI. ODIO. ODIO. AM dijo esto con el mismo horror frío de una navaja que se deslizara cortando mi ojo. AM lo dijo con el burbujeo espeso de flema que llenara mis pulmones y me ahogara desde mi propio interior. AM lo dijo con el grito de niñitos que fueran aplastados por una apisonadora calentada al rojo. AM me hirió en toda forma posible, y pensó en nuevas maneras de hacerlo, a gusto, desde el interior de mi mente. Todo para que comprendiera completamente la razón por la cual nos había hecho esto a los cinco; la razón por la cual nos había salvado para sí mismo. Le habíamos dado una conciencia. Sin advertirlo, naturalmente. Pero de todas formas se la habíamos dado. Y finalmente estaba atrapada. Le habíamos permitido que pensara, pero no le expresamos qué debía hacer con ese don. En un rapto de furia, de loco frenesí, nos había matado a casi todos, y sin embargo seguía atrapada. No podía divagar, no podía sorprenderse, no podía pertenecer. Sólo podía ser. Y entonces, con el desprecio insano con que todas las máquinas consideran a las criaturas débiles y suaves que las han fabricado, había buscado su venganza. En su paranoia había decidido guardarnos a nosotros cinco para un castigo eterno y personal, que nunca alcanzaría a disminuir su odio… que solamente lograría que recordara y se divirtiera, siempre eficiente en su odio al ser humano. Siempre inmortal y atrapada, sujeta ahora a imaginar tormentos para nosotros gracias a los ilimitados milagros que se hallaban a su disposición. Nunca nos permitiría escapar. Éramos sus esclavos. Nosotros constituíamos su única ocupación en el eterno tiempo por venir. Siempre estaríamos con ella, con su enorme configuración, con el inmenso mundo todomente nada-alma en que se había convertido. Ella era la madre Tierra y nosotros éramos el fruto de esa Tierra, y si bien nos había tragado, no nos podría digerir jamás. No podíamos morir. Lo habíamos intentado. Hablamos tratado de suicidarnos, oh sí, uno o dos de nosotros lo habíamos intentado. Pero AM nos lo había impedido. Creo que en realidad fuimos nosotros mismos los que así lo deseamos. No pregunten por qué. Yo no lo hice. No menos de un millón de veces por día, por lo menos. Tal vez podríamos llegar a deslizar una muerte sin que se diera cuenta. Inmortales si, pero no indestructibles. Me di cuenta de esto cuando AM se retiró de mi mente y me permitió la exquisita desesperación de recuperar la conciencia sintiendo todavía que las palabras del letrero de neón me llenaban la totalidad de la sustancia gris del cerebro. Se retiró murmurando: “al diablo contigo”. Pero luego agregó alegremente: “allí es donde están, ¿no es así?” El huracán había sido, indudable y precisamente, causado por un gran pájaro demente, que agitaba sus inmensas alas. Habíamos estado viajando durante casi un mes, y AM abrió caminos que nos llevaron directamente bajo el polo Norte, donde nos torturó con las pesadillas de la horrible criatura destinada a atormentarnos. ¿Qué materiales había utilizado para crear una bestia así? ¿De dónde había obtenido el concepto? ¿Sería de sus conocimientos sobre todo lo que había existido en este planeta, que ahora infestaba y regía? Había surgido de la mitología nórdica. Esta horrible águila, este devorador de carroña, este roc, este Huergelmir. La criatura del viento. El huracán encarnado. Gigantesco. Las palabras para describirlo serían: monstruoso, grotesco, colosal, ciclópeo, atroz, indescriptible. Allí estaba, en un saliente sobre nosotros: el pájaro de los vientos que latía con su propia respiración irregular, su cuello de serpiente se arqueaba dirigiéndose a los lugares sombríos situados por debajo del polo Norte, sosteniendo una cabeza tan grande como una mansión estilo Tudor, con un pico que se abría lentamente, como las fauces del más enorme cocodrilo que pudiera concebirse, sensualmente; bolsas de arrugada piel semiocultaban sus ojos malvados, muy azules y que parecían moverse con rapidez líquida; sus destellos eran fríos como un glaciar. Se movió una vez más y levantó sus enormes alas coloreadas por el sudor en un movimiento que fue como una convulsión. Luego quedó inmóvil y se durmió. Espolines. Pico agudo. Uñas. Hojas cortantes. Se durmió. AM apareció ante nosotros bajo el aspecto de una zarza ardiente y nos comunicó que si queríamos comer podíamos matar al pájaro de los huracanes. No había comido desde hacía mucho tiempo, pero a pesar de ello Gorrister se limitó a encogerse de hombros. Benny comenzó a temblar y a babear. Ellen lo abrazó. - Ted, tengo hambre – dijo -. Le sonreí. Estaba tratando de infundirle algo de seguridad, pero todo esto era tan falso como la bravata de Nimdok. - ¡Danos armas! – Pidió. La zarza ardiente desapareció y en su lugar vimos dos simples juegos de arcos y flechas y una pistola de juguete que disparaba agua, sobre una fría plataforma. Levanté uno de los arcos. No servía para nada. Nimdok tragó ruidosamente. Nos volvimos y comenzamos a desandar el largo camino de vuelta. El pájaro de los huracanes nos había arrastrado tan largo trecho que no podíamos casi concebirlo. La mayor parte del tiempo habíamos estado inconscientes. Pero no habíamos comido nada. Un mes yendo hacia el pájaro. Sin comida. ¿Cuánto tardaríamos en llegar a las cavernas de hielo, en las que se hallaban las prometidas provisiones enlatadas? Ninguno se preocupó por esto. No íbamos a morir. Se nos darían desperdicios y porquerías para que nos alimentáramos, algo, en fin. O tal vez no se nos diera nada. AM mantendría vivos nuestros cuerpos de alguna forma, con indecible dolor y agonía. El pájaro seguía durmiendo, sin que nos importara cuánto tiempo se mantendría así. Cuando AM se cansara de la situación, desaparecería. Pero toda esa cantidad de carne. Esa tierna carne. Mientras caminábamos escuchamos la risa lunática una mujer obesa, atronando y rodeándonos, resonando en las cámaras de la computadora que llevaban a un infinito de corredores. No era la risa de Ellen. Ella no era gorda y no había oído su risa en ciento nueve años. De hecho, no había oído… caminábamos… tenía mucha hambre… Nos movíamos lentamente. Muy a menudo uno de nosotros sufría un desmayo y los demás teníamos que aguardar. Un día decidió provocar un temblor de tierra mientras nos obligaba a permanecer en el mismo sitio, haciendo que gruesos clavos sujetaran la suela de nuestros zapatos. Ellen y Nimdok fueron atrapados en una grieta, que se abrió rápida como un relámpago en las plataformas que formaban el piso. Desaparecieron. Cuando el terremoto cesó, continuamos nuestro camino, Benny, Gorrister y yo. Ellen y Nimdok nos fueron devueltos más tarde esa noche, que repentinamente se tornó en día cuando una legión celeste los trajo hasta nosotros, mientras un coro angelical cantaba “Desciende Moisés”. Los arcángeles describieron varios vuelos circulares y luego dejaron caer los cuerpos maltrechos de nuestros compañeros. Nos mantuvimos a la espera y luego de un rato Ellen y Nimdok se hallaron detrás de nosotros. No estaban demasiado mal. Pero ahora Ellen caminaba renqueando. AM le había dejado esta incapacidad. El viaje a las cavernas, en pos de la comida enlatada, era muy largo. Ellen no hacia más que hablar de cerezas y de cócteles hawaianos de fruta. Yo trataba de no pensar en esas cosas. El hambre se había corporizado, tal como para nosotros había sucedido con AM. Estaba vivo en mi vientre, así como AM estaba viva en el vientre de la tierra. AM quería que no se nos escapara la semejanza. Por lo tanto, intensificó nuestra hambre. No encuentro forma para describir los sufrimientos que nos provocaba la falta de alimentos desde hacía tantos meses. Sin embargo, nos, seguía manteniendo vivos. Nuestros estómagos eran calderas de ácido burbujeante y espumoso, que lanzaban punzadas atroces. Era el dolor de las úlceras terminales, del cáncer terminal, de la paresia terminal. Era un dolor sin limites… Y pasamos por la caverna de las ratas. Y pasamos por el sendero de las aguas hirvientes. Y pasamos por la tierra de los ciegos. Y pasamos por la ciénaga de las angustias. Y pasamos por el valle de las lágrimas. Y finalmente llegamos a las cavernas de hielo. Millas y millas de extensión sin horizonte, en donde el hielo se había formado en relámpagos azules y plateados, lugar habitado por novas del hielo. Había estalactitas que caían desde lo alto, espesas y gloriosas como diamantes, formadas a partir de una masa blanda como gelatina que luego se solidificaba en eternas y graciosas formas de pulida y aguda perfección. Vimos entonces la provisión de alimentos enlatados, y procuramos correr hacia allí. Caímos en la nieve, nos levantamos y tratamos de seguir adelante, mientras Benny nos empujaba para llegar primero a las latas. Las acarició, las mordió inútilmente, sin poder abrirlas. AM nos había proporcionado ninguna herramienta con hacerlo. Benny tomó una lata grande de guayaba y comenzó a golpearla contra un trozo de hielo. Éste se deshizo en pedazos que se desparramaron, pero la lata apenas si se abolló, mientras oíamos la risa de la mujer gorda que sonaba sobre nuestras cabezas y se reproducía por el eco hacia abajo, abajo, abajo de la tundra. Benny se volvió loco de rabia. Comenzó a tirar las latas hacia uno y otro lado, mientras nosotros escarbábamos frenéticamente en la nieve y el hielo, tratando de hallar una forma de poner fin a la interminable agonía de la frustración. No había manera de lograrlo. Luego, vimos que Benny babeaba una vez más, y se abalanzó sobre Gorrister… En ese instante, sentí una terrible calma. Rodeado por las blancas extensiones, por el hambre, rodeado por todo menos por la muerte, comprendí que ésta era el único modo de escapar. AM nos había mantenido vivos, pero existía una forma de vencerla. No sería una victoria completa, pero al menos significaría la paz. Estaba dispuesto a conformarme con esto. Benny estaba mordiendo y comiendo la carne de la cara de Gorrister. Éste, tumbado sobre un costado, manoteaba en la nieve, mientras Benny, con sus poderosas piernas de mono rodeaba la cintura de Gorrister, sujetando la cabeza de su víctima con manos poderosas como una morsa. Su boca desgarraba la piel tierna de la mejilla de Gorrister. Gorrister gritaba tan violentamente que comenzaron a caer las estalactitas de la altura, hundiéndose bien erguidas en la nieve que las recibía. Puntas de lanza, cientos de ellas, hundiéndose en la nieve. Vi que la cabeza de Benny se movía rápidamente hacia atrás, al ceder la resistencia de algo que arrancaba con los dientes. De ellos colgaba un trozo de carne blanca tinto en sangre. La cara de Ellen lucía negra en la blanca nieve, dominó en polvo de tiza. Nimdok sin expresión, solamente con sus ojos muy, muy abiertos. Gorrister estaba casi desmayado. Benny era poco más que un animal. Sabia que AM lo iba a dejar jugar. Gorrister no moriría, pero Benny podría llenar su estómago. Me volví ligeramente hacia la derecha y tomé una gran punta de lanza de hielo. Todo sucedió en un instante. Llevé con fuerza el arma hacia adelante, moviendo la mano cerca de mi muslo derecho. Benny recibió la herida en el lado derecho, debajo de las costillas, y la punta llegó hasta su estómago, quebrándose dentro de su cuerpo. Cayó hacia adelante y no se movió más. Gorrister, se hallaba tendido de espaldas. Tomé otra punta de hielo y lo herí, siempre moviéndome, atravesándole la garganta. Sus ojos se cerraron cuando sintió que el frío lo penetraba. Ellen debe haberse dado cuenta de lo que yo quería hacer, incluso a pesar del terrible miedo que comenzó a sentir. Corrió hacia Nimdok llevando en la mano un trozo corto y agudo de hielo. Cuando él gritó, la fuerza del salto de Ellen al introducirle el hielo en la boca y garganta, hicieron el resto. Su cabeza dio un brusco salto, como si la hubieran clavado a la costra de nieve del piso. Todo sucedió en un instante. Pareció entonces que el momento dé silenciosa expectativa que siguió a esta escena hubiera durado una eternidad. Casi podía sentir la sorpresa de AM. Se le había privado de sus juguetes. Tres de ellos habían muerto, sin posibilidad de volverlos a la vida. Podía mantenernos vivos gracias a su fuerza y a su talento, pero no era Dios. No podía lograr que volvieran a vivir. Ellen me miró. Sus facciones de ébano se destacaban en la nieve que nos rodeaba. En su actitud había una mezcla de miedo y súplica, en la forma en que comprendí que estaba lista y esperaba. Yo sabía que sólo tenía el tiempo de un latido del corazón antes de que AM nos detuviera. Al ser golpeada se inclinó hacia mi, sangrando por la boca. No pude leer en su expresión, el dolor había sido demasiado intenso, había contorsionado su cara. Pero podría haber querido decir: gracias. Por favor, que así sea. Han pasado algunos siglos, tal vez. No lo sé. AM se divirtió durante un largo tiempo acelerando y retardando mi noción del paso de los años. Diré entonces la palabra ahora. Ahora. Me llevó diez meses decir ahora. No sé. Me parece que han pasado varios cientos de años. Estaba furiosa. No me dejó enterrarlos. No importa. De todas formas no había manera de cavar en las plataformas que forman el piso. Secó la nieve. Hizo que fuera de noche. Rugió y provocó la aparición de las langostas. De nada sirvió; siguieron muertos. La había vencido. Estaba furiosa. Yo había pensado que AM me odiaba antes. No sabía cuán equivocado estaba. Aquello no era ni siquiera una sombra del odio que extrajo de cada uno de sus circuitos impresos. Se aseguró de que sufriera eternamente y de que no me pudiera suicidar. Dejó intacta mi mente. Puedo soñar, puedo asombrarme, puedo lamentar. Los recuerdo a los cuatro. Desearía… Bueno, ya no importa. Sé que los salvé. Sé que los salvé de sufrir lo que sufro ahora, pero sin embargo, no puedo olvidar su muerte. La cara de Ellen. No fue nada fácil. A veces deseo olvidar. Pero ya nada importa. AM me ha alterado para quedarse tranquila, según creo. No quiere arriesgarse a que yo pueda correr hacia una de las computadoras y destrozarme el cráneo. O que pudiera contener el aliento hasta desmayarme. O degollarme con una lámina de metal enmohecido. Puedo verme en alguna superficie pulida, de modo que trataré de describir mi aspecto. Soy una gran masa gelatinosa. Redondeada, con suaves curvas, sin boca, con agujeros pulsátiles llenos de vapor donde antes se hallaban mis ojos. En el lugar en que tenía los brazos, veo unos apéndices cortos y de aspecto gomoso. Unos bultos sin forma indican la posición aproximada de lo que fueron mis piernas. Cuando me muevo dejo un rastro húmedo. Sobre la superficie de mi cuerpo veo deslizarse unos parches de enfermizo, perverso color gris, tal como si surgiera una luz desde adentro. Desde afuera supongo que mi torpe aspecto, mi pobre trasladar, ha de dar una sensación de algo que jamás pudo haber sido humano. De un ser cuya apariencia es una tan ridícula caricatura de lo humano que resulta aun más obscena por su muy vago parecido. Desde adentro, soledad. Aquí. Viviendo bajo la tierra, bajo el mar, dentro de las entrañas de AM a quien creamos porque nuestras horas se perdían tristemente, pensando tal vez sin darnos cuenta, que él sabría hacerlo mejor. Por lo menos ellos cuatro ya están a salvo. AM estará cada vez más furioso al recordarlo. Esto me hace en cierto modo feliz. Y sin embargo… AM ha vencido, simplemente… se ha vengado… No tengo boca. Y debo gritar. FIN

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Emisor Anónimo
ParanormalporAnónimo3/19/2013

Emisor Anónimo A lo largo de mi vida pasé por experiencias muy extrañas, las recuerdo todas y cada una de ellas como si hubiera sido ayer. Pero una de ellas particularmente bizarra es sin duda la mas terrorífica de todas. Se trata de el emisor anónimo. Era tan solo un adolecente común con problemas de adolecente común, las personas que me conocían opinarían que era solo uno mas de el montón. Sin embargo ellos no sabían la clase de infancia que tuve y creo que lo mejor para mi era que así fuesen las cosas. Cuando yo nací, mis padres no tenían mucho dinero. Esto era en parte a que aun no terminaban la preparatoria cuando por azares de la vida fui concebido. Sin una profesión a mi padre le costaba bastante trabajo conseguir el pan de cada día y mi madre no podía tener un oficio porque tenía que hacerse cargo de mi. Fue únicamente por la valentía y honradez de mi padre que el decidió viajar a otro estado para asistir a la universidad y titularse, así el podría obtener un mejor empleo. El partió del hogar pero nunca regreso. Nunca tuve el valor de preguntarle a mi madre que había sido de el porque cada vez que me acercaba al tema ella se ponía demasiado sensible y era difícil decir si lo que la dominaba era tristeza o enojo, probablemente las dos cosas. Debido a que era imposible que mi madre se hiciera cargo del hogar ella sola tuvimos que mudarnos con una hermana de ella. Ambas eran mujeres solteras por lo que se facilitaba la convivencia entre ellas. Recuerdo que durante las noches solía ver televisión con mi tía lo cual me tranquilizaba un poco, ya que mi madre trabajaba durante las noches en lo que creo no era un oficio muy honrado, yo era tan solo un niño en ese entonces pero entendía lo que mi madre tenía que hacer para que no faltara la comida. Me rompía el corazón cada vez que veía llegar a mi madre en la mañana y todo lo que podía hacer era tratar de no pensar en ello. Conforme fui creciendo comencé a tener prioridades en la vida, una de ellas era la escuela debido a que no quería pasar por lo mismo que mis padres, y la otra era mi hermosa novia. Ella era la única persona que sabia por lo que yo eh pasado y siempre podía contar con ella para todo. Era casi como si fuera mi razón para vivir. Un día como cualquier otro llegue a mi casa de la escuela, cene con mi tía y fui a mi cuarto a encender la computadora. Como era de costumbre abrí mi correo electrónico y revise la bandeja de entrada. No encontré ningún correo importante sin embargo había uno que me llamo la atención, el titulo decía: “¿Te gusta vivir?” Decidí abrirlo pero no contenía ningún mensaje, solo era un titulo. Como no conocía al emisor no le di mayor importancia. Hice mi tarea y fui a dormir temprano porque al día siguiente debía asistir al colegio. Transcurrieron un par de semanas y después siguieron las vacaciones de verano, en las cuales conseguí un trabajo para poder pagar la inscripción del próximo semestre y las colegiaturas que le seguirían. Por dos largos meses me levante temprano todos los días para poder trabajar. Ya casi al finalizar las vacaciones decidí ir a visitar a mi novia sin avisarle. Me resulta difícil describir lo que sentí cuando al llegar a su casa la vi besándose con alguien mas. La confronte, le dije: “Explícame esto, ¿Quién es el?” ella no me respondió, solo le dijo al tipo con el que estaba: “El es el idiota de mi ex novio que te había contado, el pobre sigue obsesionado conmigo”. Nunca había sentido semejante humillación, yo juraba que por ella daba mi vida y así me fui a enterar como son las cosas. Estaba devastado. Esa misma noche cuando regrese a mi casa encendí la computadora y por mera costumbre revise mi bandeja de entrada. Entonces volví a encontrar un mensaje del emisor anónimo. “¿Te gusta vivir?” decía el titulo, pero al igual que la vez anterior no había ningún mensaje escrito. Lo ignore, pero sería un mentiroso de no admitir que no pude dormir porque la pregunta me dejo pensando. Al terminar las vacaciones llego el día de inscripciones del colegio, esa mañana me levante lleno de orgullo sabiendo que yo solo me había esforzado por conseguir todo el dinero necesario para pagarlas, pero al momento de revisar mi caja de ahorro note que estaba vacía. Alguien me lo había robado todo. Espere a mi madre todo el día para preguntarle si ella lo había tomado prestado o algo así, pero ese día ella no llego a la casa, ni al día siguiente, ni al siguiente. Me tarde bastante en darme cuenta que la mujer que me dio la vida y que me había cuidado a lo largo de ella me había robado y abandonado. Fue difícil ser abandonado por mi madre y perder la escuela por falta de dinero el mismo día. Era patético no tener una razón para levantarme de mi cama. De lo único que tengo memoria de haber hecho ese día es de ir a mi computadora y revisar mi correo, y una vez mas encontré el mensaje “¿Te gusta vivir?” Para entonces el mensaje me produjo mucha ira. “A ti que te importa” respondí y bloque al emisor. Pensaba que así dejaría de molestarme. No me imaginaba con quien estaba hablando. Algunos días después mientras dormía, el calor era tan insoportable que desperté pasada la media noche. Fui al pasillo a encender el aire acondicionado y cuando regrese a mi habitación note algo infinitamente horripilante y grotesco. Mi cuarto esta en un primer piso y mi ventana da hacia la calle, y fuera de mi ventana estaba un hombre cuyas características no puedo describir porque había una luz de alumbrado público del otro lado de la calle de manera que solo veía su silueta, su contorno, su sombra. Lo que si puedo describir es lo que estaba haciendo, el hombre tenía la lengua de fuera y estaba lamiendo mi ventana. Por un momento me pareció como si estuviera escribiendo algo con su lengua pero no puede pensar en lo que decía porque estaba demasiado estupefacto por la horrible escena. El hombre se fue poco después de que yo hubiera notado su presencia, pero yo me quede de pie sin poder hacer nada hasta que amaneció, no recuerdo cuanto tiempo estuve de pie en mi cuarto viendo la ventana pero seguramente fueron varias horas sin hacer ni decir nada. Sin poder reaccionar. Pero el horror no termino ahí. Fue hasta medio día que me atreví a salir a limpiar la ventana de la infinitamente asquerosa saliva del desconocida, al acercarme a la ventana note que el polvo de la intemperie se había adherido a la saliva. En ese momento me di cuenta que efectivamente el extraño escribió algo en mi ventana. “¿Te gusta vivir?” decía. Después de ese incidente pasaron semanas para que pudiera dormir bien. La impresión que me había causado se había desvanecido pero no olvidado. Ya había sido de lejos la experiencia mas bizarra de mi vida, pero aun no concluía. Me desperté pasada la media noche, esta vez no fue el calor, sino un ruido que escuche dentro de mi casa. Al abrir los ojos mire hacia mi ventana, luego hacia el techo, luego hacia la puerta de mi cuarto. Y allí se encontraba el extraño, era fácil distinguirlo por su silueta. Tenía un cuchillo en su mano izquierda. Una vez mas quede infinitamente horripilado pero no estupefacto, pude escuchar su voz ( que no era como uno esperaría que fuera, yo esperaba que fuera desentonada, aguda y cortante, como la de un drogadicto, pero era fría y seria, ni tan grave ni tan aguda). El pregunto: “¿Te gusta vivir?” Para entonces mi ira había superado mi miedo y le grite: “¡No, no me gusta vivir, no me gusta vivir porque mi padre me abandono, no me gusta vivir porque mi novia me traiciono como nadie lo ah hecho, no me gusta vivir porque no tengo una escuela donde estudiar, no me gusta vivir porque mi madre, la persona que me dio la vida y me cuido a lo largo de ella me robo y se fue, no me gusta vivir porque mi tía es una alcohólica! ¡No tengo una razón para levantarme de la cama y si vas a hacer algo pues hazlo, sino ya déjame en paz!” Para cuando termine de gritar el extraño ya no estaba, había desaparecido. Hubiera jurado que era mi imaginación de no ser porque lo escuche correr a lo lejos en la calle. Lo que hice después fue cerrar las puertas y ventanas y regresar a mi cama obviamente sin poder dormir. Me quede pensando en la razón por la cual el extraño había decidido huir. “¿Acaso habría sido que le di lastima? ¿ Sera porque se asusto porque grite?” Me decía a mi mismo. Pasaron los días, semanas, incluso meses. Y decidí dejar todos mis problemas atrás y seguir adelante. Conseguí un trabajo de medio tiempo mejor pagado y pude regresar a la escuela y mi relación familiar con mi tía mejoro. También conocí a una linda chica y pude tener una relación estable. Mi vida una vez mas tenía sentido sin embargo aun tenia la interrogante. ¿Por qué el extraño me hacia esa pregunta extraña? Una noche encendí la computadora, me metí a mi correo y abrí mi bandeja de entrada. Busque uno de los correos que me había mandado el emisor anónimo y le escribí yo una pregunta. -“¿Por qué me preguntabas que si me gustaba vivir?”- Pregunte. -“Necesitaba saberlo.”- Respondió el extraño inmediatamente. -“¿Por qué necesitabas saberlo?”- -“Porque no obtengo ningún placer cuando asesino a alguien que no le gusta vivir”-

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Obra Maestra
ParanormalporAnónimo3/19/2013

Obra Maestra He estado acostado por horas ya. Son las 5:35 a.m. y no hay mucho que pueda hacer. ¿Saben cuál es la peor parte de mi situación? Estoy en el mismo cuarto que mis padres. Aún me ven, y no puedo hacer más que devolverles la mirada y tratar de no gritar. Sus ojos están concentrados en mí y sus bocas totalmente abiertas. Hay un fuerte hedor a sangre y me siento paralizado con terror. ….. Aquí está el problema. A la primera sugerencia de que no sigo dormido, estaré completamente arruinado. Será mi muerte y no habrá nadie para salvarme de ello. He intentado pensar en alguna salida, pero la única idea que tengo es correr a la puerta y huir gritando por ayuda, con la esperanza de que algún vecino me oiga. Es riesgoso, aunque si me quedo aquí, es seguro que moriré. Él está esperando a que despierte y vea su obra maestra. ….. Seguro se preguntarán qué esta sucediendo, tiendo a apresurarme a los hechos algunas veces. ….. Hace alrededor de 3 horas, escuché un grito del otro lado de la casa. Me levanté y fui a revisar de dónde provenía, cuando me di cuenta que debía ir al baño. En vez de hacer lo inteligente y continuar investigando, fui al baño. Había sangre en la alfombra. Me preocupé mucho y corrí de vuelta a mi cuarto, escondiéndome bajo las sábanas como el cobarde que era. Traté de obligarme a volver a dormir, que aquello sólo era un sueño muy vívido. ….. Pero escuché la puerta de mi cuarto abrirse. Como un niño aterrorizado, di un vistazo por abajo de las sábanas para ver qué estaba ocurriendo. Pude ver algo arrastrando los cuerpos de mis padres dentro de la habitación. No era humano, eso les puede asegurar. No tenía pelo; sin ojos y sin ropa, se paseaba como un cavernario, con su espalda encorvada en lo que movía a mis padres. Pero esta cosa era más inteligente que cualquier cavernícola. Estaba consciente de lo que hacía. ….. Dejó a mi padre al pie de la cama con su cabeza sobresaliendo de una orilla, viendo en dirección mía. Después sentó a mi madre en una silla apuntando de igual manera hacia mí. Empezó a frotar sus manos contra la pared manchándola de sangre y luego trazó un círculo con el pentagrama del demonio en él. Esta cosa había hecho lo que probablemente llamarían una pieza de arte. Para terminarla, dejó un mensaje en la pared que no podía leer en la oscuridad. ….. Se colocó debajo de la cama esperando hacer su siguiente movimiento; ha estado ahí desde entonces. ….. Lo que más me aterra en estos momentos, es que mis ojos se ajustaron a la oscuridad desde que eso ocurrió, y puedo leer el mensaje en la pared. No quiero verlo, porque es atemorizante pensar en ello. Pero siento la necesidad hacerlo, antes de morir. ….. Echo un vistazo a la obra maestra de la criatura…, …..“Sé que estás despierto”.

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El Chat De Creepypastas
ParanormalporAnónimo5/30/2013

El Chat De Creepypastas Me encontraba una noche en el chat de www.creepypastas.com, cuando una amiga a la que acababa de conocer hacia unos meses, me sorprendió con la noticia de que era vidente, y no es que no le creyera, pero me muestro generalmente bastante incrédula respecto a estos temas. Lo que no veo, no existe para mí. No digo que debiera haberle creído sólo porque le estimaba ya que en mi opinión la amistad y la confianza son muy importantes, pero simplemente hice un esfuerzo y le di el beneficio de la duda. ¿Y si era yo la que estaba equivocada? No volvimos a hablar del tema hasta que un tiempo después volvió a aparecer en el chat donde estábamos hablando y me envió un privado. Era una de esas ventanitas que sólo podíamos ver ella y yo. Absolutamente privado. moon-tear (ELLA) – Hola, ¿seguimos el tema? daphne-gw (YO) – ¡Vale! Pero no creo que puedas convencerme, ya sabes… me cuesta creer estas cosas. moon-tear – No pretendo convencerte de nada, pero nací con ciertos dones y tampoco tengo intención de ocultarlos al mundo. daphne-gw – Eso debe estar bien. En realidad no sabía qué decirle. ¿Estaba bien? En fin… poco podía decir yo al respecto. moon-tear - Está bien, pero no siempre. Cuando tengo una visión acabo agotada. daphne-gw – ¿Te supone un esfuerzo? moon-tear - Sí, bastante esfuerzo. daphne-gw -¿Y por qué lo haces? moon-tear - No es algo que se elija, se nace con ello. Hubo un silencio en el que ninguna de las dos parecía saber qué decir. Miré el canal de creepypastas, donde nos habíamos conocido siete meses atrás. Estaban hablando de Slender Man y de El Rastrillo. moon-tear - ¿Sigues ahí? daphne-gw – Sí, ¿no puedes verlo?-Bromeé. Entonces dijo algo que me asustó. moon-tear - Sí, puedo verte. Tragué saliva y pensé, vaya, me está tomando el pelo y yo caigo como una tonta. Sentí un escalofrío pero decidí presionarla. daphne-gw – ¿Ah, sí? Pues dime… ¿con quién estoy? moon-tear - Sola Bueno, eso podía haberlo comentado antes en el chat y que ella lo hubiese leído. Decidí seguir con aquello como si se tratara de un juego. daphne-gw – Dime algo que me sorprenda. Algo que veas en mi habitación. moon-tear - Veo que tienes algunas de las teclas de tu ordenador borradas. Tecleas rápido. daphne-gw – Ya, pero eso puede pasarle a cualquiera. Las letras de los teclados se borran. moon-tear - Tú tienes borrada la A, la S, la L y la M. Miré mi teclado más curiosa que horrorizada, pero de la curiosidad a la ansiedad hubo tan sólo un instante. Ya no me hacía tanta gracia el juego. Mi condición de incrédula, no obstante, me hizo ir más allá. daphne-gw – Amiga… estoy segura de que casi todos tenemos las mismas letras borradas. Dime algo que sorprenda de verdad. moon-tear - ¿Por qué quieres seguir con esto si no me crees? Buena pregunta, pensé. daphne-gw – Igual para conocerte un poquito más, o para experimentar algo que no haya experimentado antes. En ese momento supe que ella sonreía desde su lado del monitor. Internet es un sitio curioso. Estás en tu casa, en camiseta de tirantes y pantalón corto, descalza y con el ventilador puesto cuando al otro lado de la pantalla alguien te habla abrigado hasta el cuello, con un par de calcetines y la estufa puesta porque tú estás disfrutando del inminente verano y ellos aún están pasando el clima del invierno. Mi amiga se había mostrado siempre amable, abierta, simpática y con un buen sentido del humor. Se podía decir que coincidíamos en todo menos en este tema. No nos gustaba el fútbol, adorábamos las comedias, nos encantaba Oscar Wilde, ambas habíamos visitado Orlando, a las dos se nos había muerto el padre… ¡eran tantas cosas las que nos acercaron y nos hicieron grandes amigas! moon-tear - ¿Cómo llevas el libro? –Preguntó de pronto. daphne-gw – ¿Qué libro? moon-tear - El que tienes encima de la mesa… déjame ver… La fuerza bruta, de John Steinbeck. Miré a mi derecha con los ojos como platos. ¿Se lo había dicho? ¿Le había dicho que lo había empezado o que iba a leerlo? ¿Le había dicho que solía poner los libros en mi mesa porque me encantaba mirar una y mil veces las portadas de los libros que me estaba leyendo? Evidentemente, la respuesta debía ser sí. daphne-gw – Acabo de empezarlo. Lo escribí sin dejar notar nada sobre mí –todavía- sorpresa. moon-tear - Yo no lo he leído. daphne-gw – Ya te diré qué me parece. En el chat general el tema de conversación giraba en torno a las lanchas motoras. No me pareció más interesante que mi conversación en privado y me puse a pensar qué podía preguntarle para descubrirla o rendirme a sus pies definitivamente. Pero habló ella. moon-tear - Alguien va a llamar a la puerta. daphne-gw – Ah, pues ve, te espero. moon-tear - No. Es en tu casa. Sonreí incrédula. Iba a poner una risa (jajajaja) cuando sonó el timbre. Miré hacia la puerta de la habitación. Mis ojos volvieron a la frase premonitoria de mi amiga. daphne-gw – Ahora vengo. moon-tear - Ok. Llegué hasta la puerta y miré por la mirilla. Un vendedor de alfombras. - No me interesa. –Dije para no tener que abrir. El chico dijo algo que sonó despectivo y se marchó a otro piso. Volví al chat. daphne-gw – ¿Cómo lo sabías? Era un vendedor de alfombras. moon-tear - Te he dicho que puedo verte. Sopesé la posibilidad de que tuviera razón pero mi sensatez lo negaba una y otra vez. No había nacido yo para creérmelo todo, y menos aún aquello que escapaba a la lógica. Mi amiga no sólo estaba en su casa, sino que estaba en otro país y teníamos distinta franja horaria. moon-tear - ¿Sabes? Algo me dice que debo seguir mirándote. No te asustes pero… daphne-gw – pero??????? moon-tear - Es que no sabría explicártelo. Generalmente tengo visiones premonitorias, otras veces, como hoy, puedo provocar el verte. Aparecen imágenes frente a mí y te veo, veo tu habitación, pero esto supone un gran esfuerzo. Me duele la cabeza. daphne-gw – Ya, pero… ¿y el “pero” que decías? moon-tear - Es que no quiero asustarte pero presiento algo raro. daphne-gw – Ahora sí que me estás asustando. ¡Pero qué poca firmeza tenía, por Dios! ¡Ahora estaba asustándome de verdad! Yo, la incrédula, la que si no ve, no cree. Me sentía agitada. Quizás se debía a que eran pasadas las diez de la noche ya, estaba sola en casa y la última persona que había visto había sido un desconocido poco amable desde una mirilla. Al menos aún podía escuchar el volumen alto de un televisor. Era mi vecina, una viejecita que estaba algo sorda. daphne-gw – No sé pero… quizás deberíamos cambiar de tema. daphne-gw – No es que me hayas convencido pero… moon-tear - No te preocupes, te entiendo. ¿Tengo tu permiso para seguir observando? daphne-gw – Claro, pero que conste que no tengo tan claro que puedes verme. Mi mente me impide creerte. Miré de nuevo el chat para ver si surgía algún tema en el que pudiera involucrarme pero estaba parado. Había unos 3 miembros en el chat y ninguno de ellos hablaba. Todos estaban en privados. Miré la ventanita del privado de mi amiga. Iba a escribir algo cuando vi que ella se me había adelantado. moon-tear – Cielo, ahora te asustes pero, ya no estás sola. Sentí un escalofrío en mis piernas y mis brazos. Tanto se me erizó el vello que me dolió. ¿Cómo se podía calificar a una de “cielo” para luego decirle que ya no estaba sola en la habitación? daphne-gw – ¿Qué quieres decir? Me estás poniendo nerviosa. moon-tear - No puedo identificarle pero está detrás de ti daphne-gw – Por favor para moon-tear - No se mueve casi, no te asustes, déjame observarle. daphne-gw – Estoy asustada. Ahora sí que lo estaba. Miraba la ventana. Oscuridad total. No me atrevía a girarme hacia atrás. ¿Y si veía algo que no quería ver? ¿Y si allí estaba mi amiga? ¡u otra persona! Eso aún era peor… comencé a notar un nudo en la garganta. Hubiera querido ser más valiente o más cobarde y llorar, pero estaba estancada en mi propia lucha para creer o no creer. moon-tear - ¿Notas frío a tu alrededor? Su pregunta me llegó casi cuando estaba a punto de apagar el ordenador y encender la luz del techo para meterme rápidamente en la cama y olvidarme del tema. daphne-gw – Estamos a más de 30 grados.- Le informé. moon-tear - Ok. Es que no consigo entrar en él. daphne-gw – ¿¿¿EL??? ¿entrar?? moon-tear - Se muestra como una estatua por eso no me deja descubrirle. No sé si es bueno o tiene malas intenciones. Sólo sé que está ahí, estático. daphne-gw – Yo no veo a nadie… esto no me gusta. moon-tear - Ya te dije que no te asustarás, cielo. Además, yo estoy contigo. daphne-gw – Sí, a miles de kilómetros de distancia. Entonces lo noté. Una especie de roce helado, como si hubieran puesto una mano sobre mi brazo. En la zona donde la sentí el pelo de mi brazo se erizó. Completamente en alto. El resto de mi cuerpo no notó nada. daphne-gw – ¡Está pasando algo! moon-tear - ¿Qué?? daphne-gw – He sentido un frío helado en mi brazo. moon-tear - Tranquilízate. daphne-gw – Se me ha erizado el pelo, tengo una extraña sensación. Comenzaba a ser pánico. moon-tear - Cielo, tranquila, hazme caso. daphne-gw – Esto es muy raro daphne-gw – Estoy asustada daphne-gw – Necesito tranquilizarme, estoy…. joder! daphne-gw – joder joder joder joder joder moon-tear - ¿Quieres dejar de escribir? daphne-gw – joder joder joder joder joder moon-tear - Te va a dar una taquicardia, tranquilízate. Y entonces noté un soplo frío en un mi cuello, como si me hubieran tirado el aliento. daphne-gw – ¿Qué significa el frío del que me hablabas? moon-tear - El frío lo transmiten los muertos cuando se acercan, generalmente algo enfadados o… daphne-gw – ¿OOOOOO?????????? moon-tear - violentos daphne-gw – ¿VIOLENTOS????? daphne-gw – Joder ayúdame, qué hagooooooooo????? moon-tear - Tranquilízate, yo no lo he visto moverse. daphne-gw – ¡Haz algo! moon-tear - Cielo ¿quieres tranquilizarte? daphne-gw – ¡Hay alguien conmigo joder! Tengo un muerto tirándome su aliento en mi espalda, estoy asustada y estoy llorando moon-tear - Cielo…. ¿te importaría escucharme? Deja de escribir y lee esto Hice un esfuerzo. Para mí escribir suponía no mirar atrás y leer palabras, ya fueran suyas o mías, sentirme menos sola en mi habitación. moon-tear – No hay nadie, cariño. daphne-gw – Lo dices para tranquilizarme. moon-tear - NO HAY NADIE daphne-gw – Está aquí, lo siento, lo presiento lo notooooooo moon-tear - Ok. Escúchame. Era broma. daphne-gw – ¿Broma???? moon-tear - Quería demostrarte que no existen los incrédulos, cálmate por favor. Yo no veo nada, es cierto que a veces tengo visiones premonitorias, como cuando han llamado a la puerta, pero no puedo obligarme a ver a nadie. daphne-gw – pero yo siento algo Esto último lo escribí con lágrimas en los ojos y más asustada que nunca. Sus palabras no me tranquilizaban. Las lágrimas a veces me impedían leer bien pero me las quitaba restregándome en segundos los ojos o apretando los párpados para que salieran disparadas y dejaran de molestarme. moon-tear - Voy a llamarte por teléfono. Pocos segundos después sonaba el timbre del teléfono. ¿Había hecho ella misma una conferencia para convencerme de que no existían las videntes ahora que ya me lo había creído?. Fui a descolgar pero ocurrió algo que congeló mi mano en el aire. moon-tear - Cielo, no puedo llamarte sin desconectar esto. Sólo tengo una línea. ¿Puedo llamarte o prefieres que sigamos aquí? Cuando ya tenía puesta la mano en el auricular vi su privado. ¿Cómo podía escribirme y llamarme a la vez? Miré el identificador de llamadas antes de descolgar. No había número, era anónimo. No era ella. Eso lo tenía claro después de haber visto el privado. Respiré hondo y dudé entre contestar al privado o descolgar el teléfono. Me decidí por la llamada. - ¿Diga?. - Tu amiga va a morir mientras tú escuchas este mensaje. Jamás había sentido tanto miedo y jamás en mi vida mi corazón había dado un vuelco tan grande ni mis piernas –aún sentada- me habían fallado con tal rapidez. Me hice de mantequilla. Comenzó a darme vueltas la habitación y luché por recuperar el aliento. De pronto la línea se cortó y comenzó el molesto pitido de “comunicando”. Solté el auricular como si me quemara en las manos. Volví rápidamente al chat, al privado. Tecleé tan rápido que lo escribí todo mal. daphne-gw – ?Estas ahí´? daphne-gw – respondeeee!!!! daphne-gw – responde por favvor!!!! daphne-gw – ¿no me lees¿¿¿ daphne-gw – DI ALGOOOOOOOO Histérica, cogí mi agenda y marqué su número de teléfono. Yo sí tenía dos líneas y podía permitirme permanecer en internet mientras le llamaba. Conseguí comunicación con el extranjero y esperé… esperé nerviosa, mordiéndome el labio, más agitada que entera, más asustada que nunca… prácticamente bailaba en mi asiento. Pero no contestaba. Colgué furiosa pegándole tal golpe al auricular que pensé que me habría cargado el teléfono. Volví al privado y traté de que mi amiga respondiera. No lo hacía. Al final apareció un mensaje en mi privado. En su ventana. moon-tear - Ahora sí te veo. No tengas miedo. Sólo me quedaré un momento. Sentí un escalofrío que me recorrió la espina dorsal. El chat me indicó que tras escribir esa última frase, mi amiga había salido del chat. Ya no estaba allí. No se había despedido de nadie, ni de mí, ni del resto de los miembros del chat. Había desconectado. Miré fijamente la pantalla que sólo se movía ahora en el chat general. Ni siquiera sé de qué estaban hablando. Para mí todas las líneas no tenían significado, sólo podía mirar su último comentario del privado: moon-tear – Ahora sí te veo. No tengas miedo. Sólo me quedaré un momento. Entonces lo entendí. Comencé a llorar desesperada. Mis manos corrieron a mis ojos y lloré sofocada, entendiendo que mi amiga había muerto, que era yo la que había tenido el presentimiento y la premonición, y que ahora ella estaba a mi lado. Esta extraña comprensión me hizo girarme y mirar mí habitación vacía. No quería creer que no estuviera allí. No podía, no después de todo…. Una caricia, tan suave que apenas era como un suspiro, acarició mi cabeza. Transmitió tal cantidad de paz que lejos de asustarme me relajó. Mis lágrimas continuaron cayendo por las mejillas. Ya no las secaba. Miraba al vacío sabiendo que ella estaba frente a mí. - ¿Qué te han hecho? . –Pregunté al aire. -Shhhh. Respiré hondo al escuchar ese sonido. Era como cuando era pequeña, tenía miedo y mi madre ponía su dedo en la boca y soplaba para que olvidara el tema y pensara en cosas bonitas. Ladeé triste la cabeza. La paz de su caricia no me abandonaba pero sabía que éste sería nuestro primer y último encuentro sin el ordenador de por medio. Me tembló el labio. - Te echaré de menos-dije. En ese momento en el ordenador hubo un movimiento general. Se minimizó el chat, se abrió solo un tratamiento de textos, y apareció una corta frase en una página en blanco: Y YO A TI…

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Psicosis
Psicosis
ParanormalporAnónimo3/20/2013

Psicosis Domingo. No estoy seguro de por qué estoy escribiendo esto en papel y no en mi computadora. No es que no confíe en mi computadora… sólo… Necesito organizar mis ideas. Poner todos los detalles en un lugar objetivo, un lugar donde sepa que lo que escribo no puede ser borrado o… cambiado… no que haya pasado. Es mi memoria, enturbia las cosas, las reensambla. Estoy comenzando a sentirme agobiado en este diminuto apartamento. Quizá ese es el problema. Sí, tenía que ir y escoger el más barato apartamento, el único en todo el sótano. La falta de ventanas hace que el día y la noche parezcan la misma cosa. No he salido en unos días porque he estado sumergido en este proyecto de programación, supongo que quería acabarlo de una buena vez. Horas de estar sentado delante de un monitor puede hacer que cualquiera se sienta extraño, lo sé, pero no creo que sea por eso. No estoy seguro de cuándo comencé a sentir que algo andaba raro. Ni tan siquiera puedo definir qué es. Probablemente porque no he hablado con nadie en un tiempo. Eso es lo primero que me inquietó. Todos con los que normalmente hablo por msn mientras programo han estado ausentes, o simplemente desconectados. Mis mensajes no fueron respondidos. El último correo que recibí fue de un amigo diciéndome que charlaría conmigo cuando volviera de la tienda, y eso fue ayer. Le llamaría con mi celular, pero aquí la señal es terrible. Sí, eso es. Sólo necesito llamar a alguien. Voy a salir. — Bueno, eso no se dio tan bien. Mientras la sensación de temor se desvanece, me siento un poco ridículo por haber estado asustado en absoluto. Me miré en el espejo antes de salir, pero no me afeité la barba de dos días que he crecido. Después de todo saldría tan sólo para hacer una corta llamada. Aunque sí me cambié de camisa, pues era hora de almorzar, y supuse que me encontraría al menos con una persona que conociera. O al menos eso era lo que quería, ojalá lo hubiera hecho. Cuando salía, ligeramente abrí la puerta de mi apartamento. Una sensación de ahogo ya de alguna forma se había evacuado de mi cuerpo, por una razón desconocida. Se lo atribuí a no haber hablado con nadie más que yo por uno o dos días. Me asomé en el deslucido corredor, tan deslucido como el corredor de un sótano puede ser. Apenas iluminado por un trío de lámparas de neón que no dejan de chasquear, encendiéndose y apagándose en una agonía que al parecer durará mucho tiempo todavía. En un extremo, la gran puerta metálica que lleva a la sala principal del edificio. Estaba cerrada, por supuesto. Dos oxidadas máquinas expendedoras a su lado; compré un refresco de una de ellas mi primer día aquí, pero tenía pasada la fecha de caducidad desde hace dos años. Estoy bastante seguro que nadie más en el edificio sabe que estas máquinas están aquí abajo, que mi tacaña casera simplemente no le interesa reabastecer. Deslicé mi puerta con suavidad, y seguí el camino procurando no hacer sonido alguno. No tengo idea de por qué decidí hacer eso, pero era divertido rendirse al absurdo impulso de no perturbar el letárgico zumbido de las máquinas expendedoras, camuflarse con el rumor general del pasillo. Llegué al primer descanso de escaleras y subí hasta la puerta principal del edificio. Miré por la cuadrada ventanilla de la puerta, y para mi gran sorpresa, definitivamente no era hora de almuerzo. La penumbra de la noche envolvía las calles de la ciudad, y las luces de los automóviles que daban vuelta en la intersección iluminaban a la distancia como faroles. Nubes púrpuras y negras por el brillo de la ciudad colgaban inmóviles del firmamento. Nada se movía excepto por los pocos abedules de la acera meneados por el viento. Recuerdo temblar aunque no tenía frío. Quizá fue por el viento de afuera. Podía vagamente oírlo a través de la puerta, y sabía que era esa particular clase de viento de media noche, ese que es constante, frío y callado, salvo por la dulce melodía que sonaba cuando se abría paso entre las incontables hojas de los árboles. Decidí no salir. En su lugar, levanté mi celular a la altura de la ventanilla, y revisé el medidor de señal. Las barritas llenaron el medidor, y sonreí. Tiempo de escuchar la voz de alguien más, recuerdo que pensé, aliviado. Era algo tan extraño, el tenerle miedo a nada. Negué con mi cabeza riéndome de mi mismo en silencio. Marqué el número de mi mejor amiga Amanda y acerqué el teléfono a mi oreja. Sonó una vez… y entonces paró. Nada pasó. Escuché el silencio por unos buenos veinte segundos, y colgaron. Fruncí el seño y miré al medidor de señal; todavía lleno. Estaba marcando su número de nuevo cuando el teléfono sonó en mi mano, asustándome. Lo pasé a mi oreja. “¿Bueno?”, pregunté, reteniendo el ligero shock de oír hablar la primera voz en días, aún si se tratase de la mía. Estaba tan acostumbrado a los regulares sonidos del edificio, de mi computador y el de las máquinas expendedoras en el corredor. No hubo ninguna respuesta a mi saludo en un principio, pero luego, una voz se escuchó. ¿Qué hay?”, dijo claramente la voz de un joven, al otro lado de la línea. “¿Quién habla?” “Juan”, le respondí, confundido. “Ah, perdón, número equivocado”, contestó, y colgó. Bajé el celular lentamente y recargué mi cuerpo contra la pared. Eso fue extraño. Revisé en mi registro de llamadas, el número era desconocido. Antes de que pudiera meditar sobre ello, el celular sonó de nuevo, asombrándome una vez más. Está vez miré el número antes de contestar. También era desconocido. Coloqué el aparato junto a mi oído, pero permanecí en silencio. Todo lo que escuché fue el usual sonido de fondo de un celular. Entonces, una voz familiar acabó con mi tensión. “¿Juan?”, fue la única palabra, por la voz de Amanda. Suspiré aliviado. “Hey, eres tú”, contesté. “¿Quién más iba a…? Ah, el número. Estoy en una fiesta en la Séptima Avenida, y mi teléfono murió justo cuando me llamaste. Éste es el teléfono de alguien más, naturalmente”. “Ah, bueno”, le dije. “¿Dónde estás?”, preguntó. Paseé los ojos por lo muros y su pintura descarapelada, la puerta que tenía frente, con su pequeña ventilla. “En mi departamento”, suspiré. “Sólo me sentía un poco encerrado. No sabía que era tan tarde”. “Deberías venir aquí”, me dijo, riendo. “Nah, no estoy de humor para ir a caminar solo a estas horas”, dije, mirando por la ventanilla a la silente y airosa calle que secretamente me causaba un poco de temor. “Creo que mejor voy a seguir trabajando o me iré a dormir”. “¡Tonterías!”, contestó. “¡Puedo ir a traerte! ¿Tu departamento queda cerca de aquí, cierto?” “¿Que tan borracha estás?”, le pregunté divertido. “Tú sabes dónde vivo”. “Ah, claro. ¿Supongo que puedo llegar allí caminando, no?” “Puedes si quieres desperdiciar media hora”. “Cierto”, contestó. “Bueno, me tengo que ir, ¡suerte con tu trabajo!” Bajé el teléfono de nuevo, viendo a los números parpadear en la pantalla mientras la llamada finalizaba. El inquieto zumbido de las máquinas se reprodujo en mis oídos. Las dos llamadas extrañas y la vista a esa tétrica calle terminaron por encarrilarme de nuevo a mi soledad en esta vacía sala. Tal vez por haber visto tantas películas de terror, tuve la súbita idea de que algo inexplicable podría asomarse por la ventanilla de la puerta y verme, alguna clase de horrible entidad que se pasa orbitando en el borde de la soledad, esperando el momento para arrastrarse hasta algún ser humano que se ha alejado demasiado de los de su clase. Sabía que el miedo era irracional, pero no había nadie cerca, así que… bajé las escaleras, corriendo por el pasillo hasta mi cuarto, cerrando la puerta tras mío lo más velozmente que pude, procurando mantener el silencio. Como dije, me siento un poco ridículo por haber estado asustado de nada, y el temor ya se ha desvanecido. Escribir esto me ayuda mucho, me hace darme cuenta de que nada anda mal. Filtra mis pensamientos incompletos y miedos, dejando sólo hechos concretos y objetivos. Es tarde, recibí una llamada de un número equivocado, y al teléfono de Amanda se le agotó la carga, así que llamó de vuelta con otro teléfono. Nada extraño está pasando. Aun así, hubo algo inusual en esa conversación. Sé que pudo haber sido por el alcohol que había tomado… ¿O fue ella a quién sentí extraña? O fue… sí, ¡eso es! No me di cuenta hasta ahora, hasta escribirlo. Sabía que hacer esto ayudaría. Ella dijo que estaba en una fiesta, ¡pero lo único que escuché en el fondo fue silencio! Claro, eso no significa nada en particular, pues ella pudo haber ido afuera a tomar la llamada. No… eso tampoco pudo ser. ¡No escuché el rumor del viento! ¡Necesito ir a ver si el viento está soplando! Lunes. Olvidé terminar de escribir anoche. No sé qué esperaba ver cuando crucé por el pasillo y asomé el rostro por la ventanilla. Me siento ridículo. El miedo de anoche me parece vago e irrazonable ahora. No puedo esperar para salir y ver la luz del día. Voy a revisar mi correo, afeitarme, darme un baño, ¡y finalmente salir de aquí! Un momento… Creo que escuché algo. — Era un trueno. Todo eso sobre la luz del día y el aire fresco no pasó. Subí por el camino de escaleras, sólo para encontrar decepción. El cristal en la puerta principal era sacudido por la corriente de lluvia torrencial que se desataba afuera. Sólo una muy gris, débil luz se filtraba desde las nubes en lo alto y llegaba hasta aquí; pero al menos sabía que era de día, incluso si era un decaído y húmedo día. Intenté quedarme a esperar que un relámpago iluminase la escena, pero la lluvia era muy fuerte y no pude visualizar nada más que indistinguibles siluetas paseándose por extraños ángulos de la corriente bañando la ventanilla. Decepcionado, me di la vuelta, pero no quería volver a mi cuarto. En su lugar, deambulé por las escaleras, al primer piso, al segundo. Terminé en el tercer piso, el más alto del edifico. Miré a través del vidrio que había a un lado de las escaleras, en la pared que conectaba a las habitaciones; pero era de esos gruesos y distorsionados que bloquean la luz. No que hubiera mucho que ver en la lluvia después de todo. Me paseé por el alfombrado pasillo del piso. Las diez o tantas puertas de madera, pintadas de azul hace mucho tiempo, estaban todas cerradas. Escuché atentamente mientras caminaba, pero era medio día, así que no me sorprendió no oír nada más que el sonido de la lluvia afuera. En lo que permanecí allí parado, en ese turbio lugar, tuve la extraña y fugaz impresión que las puertas estaban cimentadas como silenciosos monolitos de granito esculpidos por una antigua y olvidada civilización para un insondable propósito de guardián. Cayó un relámpago que iluminó el pasillo, y pude haber jurado que, sólo por un momento, las viejas y roídas puertas azules se vieron justo con ásperas rocas. Me reí de mi mismo por dejar que mi imaginación me jugara así, pero entonces se me ocurrió que el resplandor de ese rayo debe significar que hay ventanas cerca. Una distante memoria me llegó, y de inmediato recordé que el tercer piso tiene una alcoba con una puerta corrediza de cristal a la vuelta de donde estoy. Emocionado por mirar la ciudad desde arriba, en medio de la lluvia e incluso quizá, ver a otra persona, caminé velozmente a la alcoba, encontrando la larga y delgada puerta corrediza. Era bañada como la ventanilla de la puerta principal. Extendí mi mano a la manilla para hacerlo, pero dudé. Tenía la más extraña sensación de que si la abría, vería algo completamente terrible del otro lado. Todo ha estado tan raro últimamente… Así que ingenié un plan, y volví aquí para llevar lo que necesitaba. No pienso realmente que lograré algo con ello, pero estoy aburrido, llueve, y me estoy volviendo loco de remate. Regresé a traer mi cámara web. De ninguna forma el cable alcanzaría llegar hasta el tercer piso, por lo que, en su lugar, voy a ocultarla entre las dos máquinas expendedoras en el oscuro extremo del sótano, pasar el cable por debajo de mi puerta, y poner cinta de aislar sobre él para camuflarlo en la tira de plástico que se corre por la base de las paredes del corredor. Sé que es tonto, pero no tengo nada mejor que hacer… Bueno, nada pasó. Dejé abierta la puerta de mi apartamento, me llené de coraje, fui hasta la puerta metálica, la abrí y corrí como alma que lleva el diablo de nuevo a mi cuarto y azoté la puerta. Miré por la cámara web de mi computadora atento, viendo en la transmisión el pasillo afuera de aquí y una parte de las escaleras. Sigo observando en este momento, y no aparece nada interesante. Desearía que el ángulo de la cámara fuera distinto, que pudiera ver al menos una parte de mi puerta. ¡Hey! ¡Alguien se conectó! — Usé un más antiguo modelo de cámara que tenía en mi closet para chatear con mi amigo. No supe cómo explicarle por qué quería que fuera una videollamada, pero se sintió bien ver la cara de otra persona. No pudo hablar por mucho tiempo, y no hablamos de nada importante, pero me siento mucho mejor. Mi absurdo miedo ya casi ha pasado. Ya lo habría dejado a un lado, sino fuera por lo… extraño que transcurrió la conversación. Sé que he dicho que todo me ha parecido extraño, pero… sus respuestas fueron tan vagas. No puedo recordar ni una cosa específica que me haya dicho… ningún nombre, lugar o evento en particular… Pero si me pidió mi dirección de correo, para mantenerse en contacto. Un momento, me llegó un correo. Estoy a punto de salir. Recibí un correo de Amanda para pedirme que nos reuniéramos en “el lugar donde siempre vamos”. Me encanta la pizza, y he estado comiendo de las sobras que había en lo que una vez fue una alacena decorosa; así que no puedo esperar. De nuevo, me siento ridículo por estos últimos días. Debería quemar este diario cuando regrese. Otro correo. — Oh por Dios. Casi ignoro el correo y abro la puerta. Por poco y abro la puerta. Por poco y abro la puerto, pero leí el correo primero. Era de un amigo que tengo un buen tiempo sin ver, y fue enviado a muchísimos correos que deben ser cada contacto que tiene guardado. Carecía de título, y decía, simplemente: “ve con tus propios ojos no confíes en ell” ¿Qué demonios puede significar eso? No me lo puedo sacar de la cabeza. ¿Es un mensaje enviado para advertir que algo ocurrió? ¡La frase claramente se mandó sin completar! En cualquier otro día hubiera tomado esto como spam, pero las palabras “ve con tus propios ojos”, no puedo evitar sino releer este diario y repasar estos últimos días, y caer en cuenta de que no he visto a ninguna persona con mis propios ojos o hablado con alguien cara a cara. La conversación en línea con mi amigo fue tan extraña, tan vaga, tan… misteriosa, ahora que lo pienso. ¿En serio fue misteriosa? ¿O es el miedo que está nublando mi memoria? Mi mente juega con los eventos que he organizado aquí, señalando que no ha habido ni un tan solo dato que haya dado sin sospechar. El “número equivocado” que obtuvo mi nombre y la subsecuente llamada de Amanda, el amigo que pidió mi dirección de correo… Yo le saludé primero cuando vi que estaba conectado. Y luego recibí un correo apenas terminó la conversación, ¡oh por Dios! ¡La llamada con Amanda! ¡Le dije por el teléfono, le dije que estaba a media hora de la Séptima Avenida! ¡Ellos saben que estoy cerca de allí! ¡¿Qué si están tratando de encontrarme?! ¿Dónde está todo el mundo? ¡¿Por qué no he visto o escuchado de nadie en días?! No, no, esto está mal. Es de locos. Necesito calmarme.

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Muerto El Perro
ParanormalporAnónimo2/18/2013

Muerto El Perro Había pocas cosas en la vida de las que Elena estaba segura, sin embargo de nada estaba más convencida que de su profundo odio por su madre. Solo pensar en esa mujer, que supuestamente debía significar el mundo para ella, le producía jaqueca y una sensación de cólera que tardaba minutos, casi horas, en calmarse. Quizás no era para menos. La madre de Elena era una persona desagradable, de lengua hiriente y a quien le importaba poco otra persona que no fuese ella misma… aunque clamara que su amor por su hija era el más grande de todos. Pero además de esto la mujer tenía un demonio propio que la convertía en un ser torpe y agresivo, que se apoderaba de su cuerpo y de su mente en las situaciones más diversas y que venía envasado en una botella de vidrio. Botella que, tras treinta minutos de abierta, era reemplazada por otra y luego por otra. Elena ya no podía llevar la cuenta de la cantidad de veces que tuvo que correr al médico porque su madre había bebido unas botellas de más que la llevaron a abrirse la cabeza contra algún mueble, la cantidad de noches que durmió con un bate bajo la cama para protegerse si era necesario, la cantidad de insultos que tuvo que escuchar. Con diecisiete años recién cumplidos la chica había vivido más de lo que a ella le hubiese gustado vivir. Su padre había muerto en un accidente de transito hacía ya cinco años y Elena se sentía completamente sola. Sentía como si el peso del mundo recayese sobre sus débiles hombros. Acostada sobre su colchón y mirando hacia el techo taciturnamente, cada noche pensaba en encontrar una salida de aquel laberinto. Fabulaba fantasías prohibidas de pequeñas dosis de cianuro que accidentalmente se mezclaban con el champagne, pantuflas que se enredaban en las escaleras, tuberías de gas que eventualmente desarrollaban pérdidas y cigarrillos encendidos que las descubrían. Pensamientos que nunca quedaban más que en su mente y eran borrados por el sonido sordo de una silla que se golpeaba, un vaso que se caía, o gritos incomprensibles que salían de esa lengua trabada y pastosa que aparece después de la cuarta copa. Las lágrimas no dejaban de caer de los ojos de Elena, dejando su blanco cutis ardido y enrojecido, mientras las manos comenzaban a temblarle y un monstruo violento y voraz golpeaba su pecho intentando salir. “Acá vamos de nuevo” pensaba entre sollozos mientras echaba llave a su cuarto y se ponía sus auriculares para acallar el sonido. Si había algo que Elena odiaba además de a su madre, era su vida. Luego de una hora, por lo general, el ruido cesaba y entonces ella bajaba a ver los daños: un plato roto, un televisor tumbado, una alfombra vomitada… eran los favoritos de su madre. Pero la imprudente mujer nunca recibía heridas serias. “Años y años te esperan de lo mismo” pensaba para sí misma la cansada adolescente, cuyo rostro ya comenzaba a mostrar el castigo del estilo de vida que su progenitora había escogido para ella. Una fría noche de Julio, Elena hacía su habitual recorrido por los pasillos de la casa en busca del saldo de destrozos de la noche. Cuando llegó a la cocina su corazón dio un tumbo y comenzó a galopar en su pecho. Allí estaba su madre, inerte en el suelo, descansando en un charco de sangre. “Muerto el perro se acabó la rabia” pensó y esbozó una pequeña sonrisa. Con una sensación que le pareció eufórica, se acercó corriendo hacia la mujer y le tomó el pulso. Normal. Solo tenía una herida superficial en la cabeza… de esas que sangran demasiado para el tamaño que tienen. Sintió desilusión. Sí, ese sentimiento era desilusión, no había la menor duda sobre eso. “Muerto el perro, se acabó la rabia”, volvió a pensar mientras se retiraba. La solución ya era ineludible… su madre no moriría sola y ella no quería vivir una vida donde tuviese que hacerse cargo de ese pesado bulto que olía a whisky barato. No se detuvo a pensarlo. Solo iba a esperar que su madre estuviese despierta y sobria. Quería que tuviese el nivel de consciencia suficiente como para entender qué ocurría y por qué era su culpa lo que estaba pasando. Esa noche no durmió. Su cuerpo se estremecía de gozo al pensar que pronto todo su sufrimiento terminaría. El sol salió, y ella se preparó para la acción. Tomó el bate oxidado que guardaba bajo su cama y se sentó a esperar el sonido de la cafetera poniéndose en marcha. Su estomago empezó a darle golpes de excitación cuando por fin escuchó el crujir de los granos de café que se molían… “Yo te quitaré la resaca, no te preocupes”, pensó mientras sonreía. Caminó lentamente, saboreando cada macabro instante. Llegó a la cocina y entró. Su madre, que se dio vuelta a saludarla cuando escuchó sus pasos, la miró asustada y ahogó un grito en cuanto su hija alzó el bate por sobre su cabeza. Elena descargó el bate contra la piel y sintió cómo los huesos crujían y se rompían. Lo levantó y lo volvió a bajar con una fuerza sobrehumana, una y otra vez, sobre cuanto lugar pudo. Las piernas y los hombros eran los lugares a los que menos le costaba atinarle. El placer era inmenso, sentía como si sus problemas se enjuagaran en una catarata de sangre. Los gritos y plegarias de su madre eran cada vez más fuertes. Golpeó la cabeza y la abrió, pudo sentir los sesos derramándose en sus manos. La sangre le empapó el rostro y ella se relamió con macabro regocijo. Siguió golpeando brutalmente hasta que dejó de escuchar los gritos. Allí en el charco de sangre, abatida por la emoción, se dejó caer, exhausta. Cuando los oficiales de policía llegaron a la escena se llevaron una desagradable sorpresa. Arrestaron inmediatamente a la mujer con síntomas de ebriedad y largo historial clínico, negándose a creer sus disparatadas excusas. Después de todo, ¿quién sería capaz de apalearse a sí mismo hasta la muerte?

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Una Niña Perversa
Una Niña Perversa
ParanormalporAnónimo3/8/2013

Una Niña Perversa Esta tarde empujé a Arturo a la fuente. Cayó en ella y se puso a hacer gluglú con la boca, pero también gritaba y fue oído. Papá y mamá llegaron corriendo. Mamá lloraba porque creía que Arturo se había ahogado. Pero no era así. Ha venido el doctor. Arturo está ahora muy bien. Ha pedido pastel de mermelada y mamá se lo ha dado. Sin embargo, eran las siete, casi hora de acostarse, cuando pidió pastel, y a pesar de eso mamá se lo dio. Arturo estaba muy contento y orgulloso. Todo el mundo le hacía preguntas. Mamá le preguntó cómo había podido caerse, si se había resbalado, y Arturo ha dicho que sí, que se tropezó. Es gentil que haya dicho eso, pero yo sigo detestándolo y volveré a hacerlo en la primera ocasión. Por lo demás. si no ha dicho que lo empujé yo, quizá sea sencillamente porque sabe muy bien que a mamá le horrorizan las delaciones. El otro día, cuando le apreté el cuello con la cuerda de saltar y se fue a quejar con mamá diciendo: “Elena me ha hecho esto”, mamá le ha dado una terrible palmada y le ha dicho: “¡No vuelvas a hacer una cosa así!” Y cuando llegó papá ella se lo ha contado y papá también se puso furioso. Arturo se quedó sin postre. Por eso comprendió, y esta vez, como no ha dicho nada, le han dado pastel de mermelada. Me gusta enormemente el pastel de mermelada: se lo he pedido a mamá yo también, tres veces, pero ella ha puesto cara de no oirme. ¿Sospechará que yo fui la que empujó a Arturo? Antes, yo era buena con Arturo, porque mamá y papá me festejaban tanto como a él. Cuando él tenía un auto nuevo, yo tenía una muñeca, y no le hubieran dado pastel sin darme a mí. Pero desde hace un mes, papá y mamá han cambiado completamente conmigo. Todo es para Arturo. A cada momento le hacen regalos. Con esto no mejora su carácter. Siempre ha sido un poco caprichoso, pero ahora es detestable. Sin parar está pidiendo esto y lo otro. Y mamá cede casi siempre. A decir verdad, creo que en todo un mes solo lo han regañado el día de la cuerda de saltar, y lo raro es que esta vez no era culpa suya. Me pregunto por qué papá y mamá, que me querían tanto, han dejado de repente de interesarse en mí. Parece que ya no soy su niñita. Cuando beso a mamá, ella no sonríe. Papá tampoco. Cuando van a pasear, voy con ellos, pero continúan desinteresándose de mí. Puedo jugar junto a la fuente lo que quiera. Les da igual. Sólo Arturo es gentil conmigo de cuando en cuando, pero a veces se niega a jugar conmigo. Le pregunté el otro día por qué mamá se había vuelto así conmigo. Yo no quería hablarle del asunto, pero no pude evitarlo. Me ha mirado desde arriba, con ese aire burlón que toma adrede para hacerme rabiar, y me ha dicho que era porque mamá no quiere oir hablar de mí. Le dije que no era verdad. Él me dijo que sí, que había oído a mamá decirle eso a papá y que le ha dicho: “No quiero oír hablar nunca de ella.” Ese fue el día que le apreté el cuello con la cuerda. Después de eso, yo estaba tan furiosa, a pesar de la palamada que él había recibido, que fui a su recámara y le dije que lo mataría. Esta tarde me ha dicho que mamá, papá y él iban a ir al mar, y que yo no iría. Se rió y me hizo muecas. Entonces lo empujé a la fuente. Ahora duerme y papá y mamá también. Dentro de un momento iré a su recámara y esta vez no tendrá tiempo de gritar, tengo la cuerda de saltar en las manos. Él la olvidó en el jardín y yo la tomé. Con esto, se verán obligados a ir al mar sin él. Y luego me iré a acostar sola, al fondo de ese maldito jardín, en esa horrible caja blanca en la que me obligan a dormir desde hace un mes.

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