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FelicitasMores

Usuario (Argentina)

Primer post: 4 may 2011Último post: 4 may 2011
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Quien dice la verdad a medias miente dos veces
Apuntes Y MonografiasporAnónimo5/4/2011

¿Somos fieles a la verdad cuando así recordamos a uno mientras olvidamos a otro? No se dejen contagiar por un resentimiento alimentado por quienes quieran manipular sus pensamientos. Miremos juntos hacia el pasado para poder entender nuestros errores, no para mantener vivo un odio que a nadie favorece. Miremos hacia el pasado, sí, pero con la seguridad de que lo que importa es el futuro: un futuro que debemos comenzar a construir hoy, siendo fieles a la verdad. En su búsqueda, podemos disentir, es cierto, mas nunca caigamos en el agravio. Dios quiera que en nuestra patria se imponga el amor al resentimiento, que tengamos la generosidad de poder aceptar las diferencias y decir: “No estoy de acuerdo con lo que dices, pero estoy dispuesto a dar mi vida para que puedas expresarlo”. Una mentira repetida mil veces se convierte en realidad Tras años de persistencia inconmovible, esfuerzos infatigables y trabajo ininterrumpido, los sectores interesados en reescribir lo sucedido durante los controversiales años '70 han logrado instalar a modo de dogma revelador un relato deliberadamente mentiroso sobre lo ocurrido en aquellos tiempos de violencia. Por supuesto que ello no hubiera sido posible de no haberse contado con el patrocinio -en diferentes grados de compromiso- de prácticamente todas las gestiones democráticas desde 1983 a la fecha, las cuales fueron poco a poco institucionalizando la mentira. La historia de este período ha sido contada, al revés de lo que sucede ordinariamente, por los que perdieron la batalla. Y como éstos no han podido digerir el profundo sabor amargo de la derrota, lo que se ha hecho en la explicación de lo acontecido es inflar grotesca y desproporcionadamente los errores militares durante la guerra, sin advertir el contexto y contando los hechos a partir de una fecha calendaria caprichosa. Han silenciado por completo las cuantiosas actividades y matanzas subversivas cometidas con la complicidad de los recolectores de votos y de numerosos idiotas útiles, lo que constituye una canallada inaudita. Debe tenerse en cuenta que fueron los terroristas quienes empezaron la guerra y la agresión a la sociedad y sus instituciones con una finalidad nada noble: imponer el totalitarismo comunista como sistema de gobierno. La dialéctica subversiva, la complicidad de la socialdemocracia y toda la caterva de demagogos que les hacen coro, han sabido sagazmente desvirtuar la verdad histórica a tal punto y con tan habilidosa prestidigitación, que no existen opiniones en contrario. No porque no las haya sino porque quien no se subordine a los dogmas de la propaganda oficial, es ipso facto etiquetado como "nazi-fascista" o apodos similares, convirtiéndose en blanco de "escraches", campañas de desprestigio público y juicios penales por "apología del delito", negando la disidencia y el pluralismo que dicen reivindicar. La amnesia intelectual de nuestros opinólogos y corifeos nos hacen olvidar que la Argentina vivió una guerra interna desatada por poderosas organizaciones terroristas durante una interminable década, con la correspondiente y obligada respuesta militar, que se vio forzada y exhortada a intervenir, tanto en el campo de las armas como en el político, a fin de repeler la agresión con un saldo de víctimas y muertes cuyas secuelas parecen no disiparse nunca. El mensaje oficial con el que se engaña a diario, tanto en las arengas políticas, en las aulas, la cátedra universitaria y fundamentalmente en la TV - basura, nos brinda una interpretación de la historia que bien se puede resumir, detalles más, detalles menos, en una frase repetida hasta el hartazgo como la siguiente: "A partir del 24 de marzo de 1976, quebraron el orden institucional las FF.AA. intolerantes para luego arrasar con una generación de 30.000 compañeros idealistas que soñaban con la utopía de un mundo mejor." El orden estaba ya quebrado antes del 24 de marzo de 1976 y fueron los partidos, la clase política, eclesiástica, empresarial, sindical, instituciones múltiples y la ciudadanía en su inmenso conjunto, la que apoyó la reacción militar. Ni fueron 30.000 los desaparecidos, ni eran "idealistas" inofensivos que querían un mundo mejor. Eran terroristas, y como tales fueron combatidos. Montoneros Montoneros nace públicamente en 1970 con el secuestro y asesinato del ex presidente Pedro Eugenio Aramburu. Durante estos inicios, el grupo ya se presentaba en sociedad como "peronista", y explica sus acciones como una batalla para el retorno de Perón al país y el levantamiento de la proscripción del partido Justicialista. Si bien los cuadros fundadores con suerte superaban la docena de personas, la resonancia del suceso inagural les otorgó en tanta medida, que otras organizaciones armadas de mayor trayectoria no dudaron en incorporarse al nuevo grupo bajo el nombre de Montoneros. Los Montoneros, en rigor de verdad, eran doctrinariamente marxistas-leninistas. Sin embargo, aplicaron una estrategia conocida como "entrismo", consiste en infiltrar un movimiento de masas y, desde su núcleo, inyectar los nuevos lineamientos ideológicos y metodológicos. Eligieron para ello al peronismo, del cual ganaron inicialmente su simpatía con el asesinato de Aramburu. Operaron en ámbitos urbanos cometiendo actos terroristas dirigidos a víctimas previamente señaladas. La logística y los trabajos de inteligencia de esta estructura eran de una impecable profesionalidad, a la vez que poseían un riguroso código de justicia cuasi militar interno al cual se subordinaban sus miembros. Entre otras medidas extremas, contemplaba la autoeliminación como una forma de preservar las estructuras políticas y militares de la organización. Para ello estaba ordenado tomar una pastilla de cianuro, que siempre llevaban consigo, en caso de ser capturados por las fuerzas legales. El sofisticado adiestramiento de los Montoneros les permitía infiltrarse en instituciones de altos estratos, o hacerse previamente íntimos "amigos" de sus eventuales víctimas a fin de ganarse su confianza, teniendo luego acceso a viviendas, comisarías, y altas dependencias de la administración pública, lo que les posibilitaba colocar artefactos explosivos con los que hicieron volar a decenas de personas. Los cabecillas montoneros más renombrados fueron: Mario firmenich, Roberto Perdía, Roberto Quieto, Fernando Vaca Narvaja, Fernando Abal Medina, Carlos Alberto Hobert, Julio Iván Roqué, Raúl Clemente Yager, Horacio Mendizábal, Marcos Osatinsky y José Sabino Navarro. Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) El ERP fue formado en 1968 como el brazo armado del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT). El ERP-PRT era una organización de extrema izquierda, empapada de una mixtura de ideas provenientes del trotskismo, del maoísmo, del guevarismo, del castrismo, del stanlismo y del leninismo. Las influencias recibidas por las experiencia de la Revolución Cubana, y particularmente, por los escritos del homicida Ernesto Che Guevara -icono y estandarte de todo "erpiano"- empujaron al ERP a desarrollar la "guerra revolucionaria" con arreglo a la táctica conocida como "foco rural" (guerra de guerrillas en zonas campesinas). No obstante, cabe aclarar que practicaron el terrorismo urbano a lo largo de toda la guerra de los '70, aunque siempre en función de la construcción y conservación de la guerrilla rural que lograron desarrollar en la provincia de Tucumán entre 1974 y 1977. El PRT-ERP era una estructura bifronte: mientras el ERP se ocupaba de la lucha revolucionaria en términos militares, el PRT cubría el trabajo político, el que creían indispensable para ganar consenso en la opinión pública e incorporar a la clase trabajadora a la guerra. Con el tiempo, al igual que como pasó con todas las organizaciones armadas argentinas, las corrientes militaristas se impusieron por sobre las más políticas, y el aislamiento con el pueblo -al que decían representar- fue prácticamente total. Entre los jerarcas terroristas más destacados del ERP vale citar a: Mario Roberto Santucho, Luis Mattini, Enrique Gorriarán Merlo, Benito Urteaga, Domingo Menna, entre otros. Sus números se expresan de la siguiente manera: 5215 atentados con explosivos; 1052 atentados incendiarios; 1311 secuestros de explosivos; 32 secuestros de material incendiario; 2013 intimidaciones con armas; 52 atentados contra medios de comunicación social; 1748 secuestros; 1501 asesinatos; 551 robos de dinero; 589 robos de vehículos; 2402 robos de armamentos; 36 robos de explosivos; 40 robos de documentos; 17 robos de uniformes; 19 robos de material de comunicación; 73 robos de material sanitario; 151 de materiales diversos; 20 copamientos de localidades; 45 copamientos de unidades militares, policiales y de seguridad; 22 copamientos de medios de comunicación social; 80 copamientos de fábricas; 5 copamientos de locales de espectáculos públicos; 261 repartos de víveres; 3014 actos de propaganda; 157 izamientos de bandera y 666 actos intimatorios. Ahora bien ¿cada vez que se habla de la "gloriosa juventud de los setenta" se habla de estos elementos?, ¿o de aquellos otros que en el anonimato y en silencio se esforzaban estudiando en la universidad, trabajando en bancos y oficinas o sudando la gota gorda en las fábricas? De estos últimos, que son los que realmente hacían patria, no se acuerdan los opinólogos de hoy, porque no eran ellos los portadores del ''idealismo revolucionario", es decir, no eran terroristas al servicio del comunismo. Cabe aclarar, contrariamente con lo que se intenta imponer, que -durante la gestión del presidente Grl. Alejandro Lanusse- se intentó poner freno a la actividad terrorista enfrentando la guerra interna mediante la aplicación de métodos legales e institucionales, creando un organismo jurídico que tomó por nombre Cámara Federal Penal, que conforme a derecho juzgaría a los guerrilleros. Esta reacción política y jurídica demostró que la actitud del gobierno militar fue combatir a la guerrilla bajo el imperio de la ley, creando para ello el marco jurídico / legal propicio. Esta cámara logró con rapidez durante los años 1971 / 72 juzgar y procesar a dos mil terroristas. En un principio podría aceptarse, pecando de ingenuo, la falacia que utilizaban los subversivos para justificar sus atrocidades diciendo que pretendían "liberarse de la horrible dictadura" o que luchaban en procura del "regreso de Perón". Si damos por válidos los artilugios semánticos que esgrimían los defensores del terrorismo, deberíamos suponer que con la aparición de la democracia se acabarían todas las actividades guerrilleras. Por eso nunca le convino al terrorismo nacional que existieran gobiernos legítimos; porque entonces se diluirían sus argumentos y su propia razón de ser. El gobierno de Cámpora El once de marzo de 1973 se celebraron en Argentina elecciones libres, resultando victorioso el peronismo a través de la alianza multipartidaria llamada Frente Justicialista de la Liberación Nacional (FREJULI). La nueva gestión asumió el 25 de mayo de ese mismo año y de inmediato abrió las puertas a la infiltración del terrorismo subversivo en los aparatos gubernamentales. Cámpora implemento una gestión favorable a la subversión instaurando una mortal política de indefensión y suicidio institucional, consistente en devastar el aparato defensivo del Estado. Para eso, el Parlamento, durante los días 26, 27 y 28 de mayo derogó una veintena de normas destinadas a combatir al terrorismo. Se dejó sin efecto una ley que autorizaba partidas para el equipamiento de las fuerzas regulares contra la subversión. Se disolvió por ley la Cámara Federal en lo Penal que había sido creada en 1971 para juzgar legalmente las actividades terroristas. Durante los dos años en que funcionó ese tribunal, se procesaron y juzgaron millares de terroristas. En cambio, durante el período "democrático" comprendido entre mayo de 1973 y marzo de 1976, no se dictó ni una sola condena a ningún guerrillero. Ley de Amnistía: benefició absolutamente a todos los terroristas que fueron condenados o procesados por la misma Cámara Federal en lo Penal, eliminada por los mismos parlamentarios "demócratas". En efecto, el 26 de mayo de 1973, en el primer día de gobierno, el Parlamento sesionó a pleno para dar libertad a los numerosos terroristas enjuiciados por la citada cámara durante 1971/72. La mayoría de los terroristas "premiados" con la amnistía, una vez recuperada su libertad, retomaron de inmediato su tarea persiguiendo y atentando, por ejemplo contra los integrantes de la Cámara Federal en lo Penal que los habían juzgado, como ocurrió con el juez Quiroga, alevosamente acribillado a balazos por la espalda por los mismos terroristas beneficiados con la amnistía de Cámpora y su "piadoso" Pariamento, en represalia por haber aplicado la ley y el derecho. Cabe mencionar que -a través de las leyes 20.509 y 20.510- fueron excarcelables la tenencia de armas de guerra, la falsificación de documentos de identidad, las amenazas extorsivas, entre otras actividades propias del accionar guerrillero. Para poder desmantelar al resto del poder judicial, removiendo a sus integrantes sin atacar la garantía de inamovilidad contemplada en la Constitución, se sancionó una ley que les otorgaba la facultad de jubilarse sin haber alcanzado la edad legal, cobrando el 80% del sueldo que percibían, con el agregado de poder ejercer la profesión libremente. En caso de no aceptar esta posibilidad se los amenazaba con la expulsión lisa y llana o con ser jubilados a posteriori bajo un sistema muy desventajoso. Se produjo un éxodo como nunca se conoció en la Justicia, que quedó destruida. No se trataba de quebrar el "estado de derecho", sino de intentar recomponer el ''estado de deshecho" Cuando tras el reconocimiento de la clase política oficialista y opositora de ser incapaz de solucionar el incendio instalado, en medio de las bombas, las muertes masivas, de la fragilidad política, de la inestabilidad y fuga de ministros, del caos inflacionario, de la acefalía virtual, del desmantelamiento legal, del desbaratamiento de la justicia, (incapaz de dictar una sola condena a un guerrillero), el 24 de marzo de 1976, sin la menor oposición del Poder Ejecutivo ni de la clase política en su unánime conjunto, las FF.AA. encabezadas por el general Jorge Rafael Videla debieron hacerse cargo de la conducción del país. El hecho de que las FF.AA. hayan enfrentado y decidido conducir el país cuyo ejecutivo se hallaba virtualmente vacante, no significó en modo alguno que la guerrilla cesara o disminuyera en sus acciones. Con la irrupción de las FF.AA. en el poder político, el terrorismo logró alcanzar cierta apariencia de legitimidad para luchar contra "la horrible dictadura usurpadora". La guerra revolucionaria llegó a su fin con una aplastante derrota. Las FF.AA. supieron, en la medida en que pudieron y los medios y circunstancias se lo permitieron, erradicar al terrorismo y defender las instituciones de la República de las cuales afortunadamente hoy gozamos, a pesar del tesón que pone la clase partidocrática en disgregar y corromper los tres poderes. El gran mérito de las FF.AA. en el lapso 1975-1983, fue la epopeya de ganar la guerra interna contra el terrorismo y la subversión marxista con la consiguiente restauración de la paz y el orden. Pero esto es, paradójicamente, por lo que más se las critica. En lugar de enaltecer a las tropas y homenajear a los múltiples muertos que combatieron contra las fuerzas terroristas, se las humilla, persigue y denigra hasta extremos impensados. Contrariamente a lo que sostienen los difamadores y mentirosos de siempre, el gobierno cívico-militar, en materia económica, no inauguró ni cambió nada. No fue el puntapié del "neoliberalismo", tal como repiten los que nada saben de economía. No sólo porque no hubo ni una sola privatización, sino que se estatizaron empresas como la aerolínea Austral, o la compañía eléctrica ítalo y en el colmo del estatismo, se estatizó parte de la deuda privada. Por los errores y excesos de la respuesta militar ante la agresión terrorista, las FF.AA. han sido castigadas y denigradas hasta límites desbordantes. Las fuerzas terroristas han sido silenciadas de la historia argentina, y de ser mencionadas circunstancialmente (toda un rareza), es a los efectos de enaltecerlas (cuando no indemnizarlas) y tomarlas como ejemplo de "idealismo". Luego, da la impresión de que aquí "no hubo terroristas", y de que "si los hubo", en todo caso, eran un puñado de ''soñadores" que utilizaron un método a lo sumo "'equivocado" para alcanzar la utopía de "un mundo mejor”. Entonces estuvo bien la operatoria inaugurada en democracia de hacer desaparecer guerrilleros? Mil veces no, y es lamentable, pero la condición de desaparecido no convierte al terrorista en inocente. ¿Con esto queremos decir que no murió ningún inocente?. Por supuesto que no, lamentablemente murieron inocentes tanto de un lado como del otro, tanto en democracia como en dictadura, a los cuales debemos homenaje. Es más, hubiese sido totalmente anormal y contra-natura que no hayan muerto inocentes en tamaña guerra interna. ¿Se cometieron errores y excesos en la respuesta militar?, desde ya que sí, ¿se pudo haber hecho mejor la represión?, siempre se puede mejorar. Pero una cosa es efectuar una crítica seria al modus operandi de las fuerzas legales en guerra y otra muy distinta es difundir gratuitamente aquella historieta de los treinta mil "adolescentes sensibles" que fueron asesinados por jugar al "ring-raje". Pretender imponer esta versión grotescamente estereotipada de nuestra historia, es lisa y llanamente tomar a los argentinos por imbéciles. - De esta manera queda en evidencia que en la década de los 70 se vivió una guerra interna, declarada por las propias organizaciones guerrilleras que en la actualidad hacen creer que hubo una suerte de "cacería indiscriminada" por parte de "genocidas" contra jovenzuelos simpáticos y traviesos. Que la sociedad civil así lo interpretó y vivió y que la justicia así lo determinó. Que los militantes de las organizaciones armadas no eran ningunos jóvenes idealistas ni adolescentes sensibles como se intenta imponer en el presente y que bajo ningún punto de vista peleaban por un mundo mejor sino para imponer el totalitarismo comunista como sistema de gobierno. Que las guerrillas no resistieron a la dictadura para reinstaurar la democracia y que las mismas no estaban integradas por sectores humildes y populares. También queda demostrado que las organizaciones armadas no contaban con el apoyo popular ni atacaban únicamente a miembros de las fuerzas "represivas". Se desmiente que el golpe "pudo haber sido evitado porque faltaba poco para las elecciones y la sociedad clamaba por una salida democrática", que la subversión ya estaba liquidada antes del 24 de marzo, que se produjo "terrorismo de estado" y que se está haciendo justicia al juzgar a los "genocidas". Fuentes: LOS MITOS SETENTISTAS, Mentiras fundamentales sobre la década del 70-Agustín Laje Arrigoni LA OTRA PARTE DE LA VERDAD-Nicolas Márquez

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