Fede1488
Usuario (Chile)

Resumen: "La Tregua” - Tema: El tema de la historia podríamos situarla como las situaciones que pasa un hombre viudo, de edad avanzada, al quedar enamorado de una de sus empleadas. La obra habla sobre la vida de Martin Santomé, está escrita en forma de diario, es una obra de Mario Benedetti. - Obra: El libro trata sobre Martín Santomé, un viudo controlador, con tres hijos ya mayores. El trabaja en una compañía de repuestos, está a punto de jubilarse y es encargado de un departamento tenía a su cargo unos empleados, destacándose Laura Avellaneda, una tipa de la cual al fin al cabo pasa de ser un empleado nuevo a lo más importante de su vida, y llegaron a tener una relación, a la cual ellos le llamaron “Lo Nuestro” que en verdad era como una especie de matrimonio sin papeles, pero no puede decirle Laura (Su nombre) ya que aun siendo ella lo más importante para él, él la sigue llamando, nombrando por su apellido como otra u otro empleado más de su sección, a su cargo, estando está en su vida. Al cabo de un tiempo Avellaneda muere y deja otra vez sólo a Santomé. - Mensaje: El mensaje que me dejó este texto fue que no importa la edad o circunstancia en que nos encontremos, todos podemos encontrar la felicidad en algo o alguien. - Características físicas y psicológicas de los personajes: - Martín Santomé: Es una hombre controlador, de cuarenta y nueve años, físicamente, es un poco calvo, canoso con manchas en el cuerpo. Psicológicamente, una persona gris y apagada, solitaria triste el cual tiene un desgano por la vida, pero gracias a Avellaneda es capaz de revertir su pensar, triste y deprimente. - Laura Avellaneda: Físicamente, es joven, de rasgos suaves ojos serenos, nariz fina, de pelo color negro piel muy clara. Psicológicamente, decidida, segura de sí misma y de lo que quiere, es inteligente trabajadora, amorosa y entregada. - Blanca Santomé: Hija de Santomé, a la cual él le tenía la mayor confianza de todos sus hijos. Fue la confidente de la relación de él y Avellaneda. Ella es joven, es la que más se parece, de los tres hijos, a Santomé, físicamente, ella tiene los ojos de su madre, de tés Clara y un cuerpo jovial. Psicológicamente, de temperamento triste al igual que su padre, convocación de alegre, se preocupa mucho del mundo, por la juventud y los problemas sociales, es amorosa y comprensiva con su padre. - Esteban Santomé: Hijo mayor de Santomé, este era que él estaba menos compenetrado de todos. La tenía hasta cierto sentido de odio. Psicológicamente es una persona que está a la defensiva con su padre y con esta mantiene una relación distante, a este le gusta la parranda y por eso llega tarde a casa. - Jaime Santomé: Hijo menor de Santomé, él es homosexual y siente un resentimiento a su familia, la cual abandona por completo, era el hijo preferido de Martín por el sentido de humor que este tiene. - Mario “El Adoquín” Vignale: Compañero de la escuela de Martin, pero a este último no le simpatiza, es una persona ruidosa y patética, en la escuela le apodaba él “el adoquín” y odiaba este apodo. Es infiel a su esposa, la engaña con su cuñada. - Isabel: Ex-esposa de Martín Santomé, la cual murió cuando Martín tenía 28 años del embarazo de Jaime. - Alfredo Santini: Empleado de Santomé, que también termino siendo maricón y que tuvo unas experiencias media extrañas de su hermana desnudándosele dizque para que él se arreglase. - Rodolfo Sierra: Subordinado de Santomé. - Acontecimientos importantes en la obra: * El 23 de febrero, cuando Santomé se encuentra por casualidad con un conocido de la calle Brandzen, Mario Vignale, el cual en el tiempo se transforma en un mal encuentro ya que gracias a este Santomé, lo empieza a detestar por su forma de ser. * El 22 de abril, Santomé se entera por el mismo Alfredo Santini, un empleado nuevo que ya le había hablado de su vida, sin que él le preguntara algo, que él es homosexual, ha esto Santomé decide cambiarlo de sección. * El 24 de junio, Santomé por primera vez habla con confianza con su hijo Esteban el mayor de sus tres hijos él dice que esa es la primera vez que el habla como un padre habla con su hijo. * El 17 de mayo, Santomé sentado en un café frente a la ventana se declara ante Avellaneda, ella frente a ello calla y después de dejar de mirar su cartera le dice que ya lo sabía y por ello ha ido a tomar café. * El 15 de junio, Santomé alquila un apartamento para él y Avellaneda, va ser la primera vez que él va a poder decorar su casa, el apartamento se encuentra a cinco cuadras de Dieciocho y Andes a ella no le dirá nada será una gran sorpresa para ella, dice él. * El 23 de junio, Avellaneda va al departamento con Santomé, ya no sería mucha sorpresa ya que él se lo había dicho, entro con vergüenza, mirando hacia todos lados con mucha atención empezó a tocar las cosas como que estuviera reconociendo, pero ese día se sentía incomoda y Santomé se dio cuenta. * El 27 de febrero, tres nuevos empleados entraron bajo el cargo de Santomé: Alfredo Santini, Rodolfo Sierra y Laura Avellaneda. La cual a esta ultima en todo el diario la describe como Avellaneda, a quien no considera una preciosura, pero es más pasable cuando ella sonríe. * El Santomé al ver a su hija Blanca y Jaime peleados, le pregunto a Blanca, que es lo que pasaba, ahí se entero que diego le había dicho que Jaime es homosexual, y Jaime se lo confirma ahí el se vino abajo pero lo tolero. * El Cuando el tío de Avellaneda llamó a la oficina de Santomé, para decirle que ella había fallecido, este entró en un estado shock debido a la noticia, y lo mando a la mierda. * En febrero, depuse de la muerte de Avellaneda, Santomé tuvo la idea de ir a casa Avellaneda con el pretexto de hacerse un traje, pues el padre de ella era sastre, el se hizo pasar por el señor Morales, ya que la madre de ella lo conocía. - Comprensión: 1) Relación del título con el contenido. 2) Señale de que manera influyen en la vida del protagonista: A_ La sociedad. B_ El trabajo. C_ La familia. 3) Analice el temor del amor y de la muerte según la perspectiva del autor. 4) Relación del contenido con la actualidad. 5) Ambiente Socio-Cultural. 6) Valor de la novela. 7) Perfil Psicológico de Martín Santomé. 8) Conclusión. - Desarrollo de la comprensión: 1) La tregua se puede decir que es un acuerdo que Martín tiene con dios ya que para el todo será gris o más bien dicho oscuro en su vida, la tregua es por un tiempo, en el cual Martín cree haber encontrado la felicidad que no ha tenido, junto a Avellaneda. El título tiene relación el sentido de que Martín Santomé tenía una vida desdichada desde la muerte de Isabel hasta volver a encontrar la felicidad al conocer a Laura Avellaneda, quien al cabo de algunos meses muere, lo que le quita la felicidad a Santomé de nuevo. Podemos decir que el amor que este tuvo con Avellaneda fue como una tregua, un tiempo de felicidad, en una vida condenada a la miseria, no económica, pero emocional. 2) A_ La sociedad: La sociedad lo ha moldeado a tal punto que él, sintiendo la necesidad de cambiar y hacer cosas nuevas, no sabría qué hacer en una situación tal. La maquinación que se ha impregnado en su vida es el reflejo de su propia realidad social. B_ El trabajo: a él lo enceguece acerca de lo que le rodea y de sí mismo; con sus hijos pierde comunicación por el hecho de trabajar todo el día. C_ La familia: Él a la muerte de su esposa se convierte en madre y padre a la vez y esto le cuesta, pero lo hace, después ya sus hijos grandes se siente más padre que madre. 3) Martín ha vivido una existencia marcada por la rutina (el trabajo); se ha convertido en uno más del sistema social, tan sólo una máquina. Pero este ser encuentra la salida en el amor, el que resulta ser su razón de ocio. Sin embargo, le sistema no tolera ninguna salida posible de sí mismo, por lo tanto destruye este amor por medio de la muerte, provocando en él el miedo a amar y a la muerte, porque si él ama, el amado muere; por lo tanto él disfraza el amor por medio de la rutina (el sexo) como lo hizo con Isabel. 4) No es tan común ver una persona que se enamore de alguien, esta muera, y luego se enamore de otra y también muera, aparte de tener mala suerte quién le pase eso, es simplemente cruel y penoso, pero si es común encontrar parejas viudas que al sentirse solos tratan de encontrar la felicidad en otro punto de la cotidianidad o sino en otra persona. 5) La novela se desarrolla en un Montevideo de mediados de siglo. 6) Me imagino que con esta pregunta, usted cuestiona cuál es el valor que tiene para la sociedad. A mí parecer la novela tiene gran valor en el aspecto que le da, como si fuera un granito de esperanza a las personas que se encuentran solas, y las reconforta para decirles, que no todo es tristeza, y que cuando menos lo esperamos podemos encontrar la felicidad. También nos enseña a vivir la vida y aprovechar las ocasiones, porque al uno desperdiciarlas puede ser que uno las pierda y luego se arrepiente. Para concluir creo que tendría cabida una frase popular muy conocida: “Uno no sabe lo que tiene, hasta que no lo pierde.” 7) El es una persona muy recta en lo que hace, siempre decidido, inspira confianza a todo el que lo conoce, a tal punto que es confidente de como uno dice: “El libro entero”. Se siente muchas veces solo y rechazado y es muy nostálgico, o al menos lo era hasta que conoció a Avellaneda, dónde volvió a encontrar la felicidad que por mucho tiempo buscó. 8) Ya expuestos todos los detalles y pormenores sobre la novela, me resta dar una pequeña reseña sobre lo que dice el libro y mi entender. La novela la encontré muy buena, cargada siempre de como una intriga sin tenerla, pero te deja siempre con deseos con continuar leyendo pues siempre hay un excepto en incógnita que se leerá en la próxima fecha del diario. En verdad el libro es muy cautivante y tiene un mensaje muy adecuado a la realidad, y escrito en un ambiente real, como lo es Montevideo, lo que le da una pizca de mayor realidad y mucha mayor asociación con nuestras vidas actuales. El mensaje es muy bueno, y creo que el Sr. Benedetti hizo muy bien en escribirlo, ya que era necesario demostrarle, principalmente a todos/as los viudos/as y a cualquier persona que se siente deprimida y que cree que nunca más será feliz, que siempre Dios te da la oportunidad de ser feliz, sólo debes ser capaz de ver cuando se te dan esas oportunidades y aprovecharlas al máximo. En verdad creo que le saqué buen provecho a este libro, y en general, me lo encontré de muy buena calidad. - Persona Narrativa: El texto se desarrolla básicamente en primera persona, ya que está escrito en forma de diario, con algunas que alocuciones en 2da y 3ra persona. - Breve Biografía Sobre el Autor: Mario Benedetti nació el 14 de septiembre de 1920, en Paso de los Toros, Departamento de Tacuarembó, República Oriental del Uruguay. De 1938 a 1945 residió en Buenos Aires. En 1949 publicó “Esta mañana”, su primer libro de cuentos, y un año después, su primera novela “Quién de nosotros”. Con su novela “La Tregua” obtuvo trascendencia internacional. Desde 1973, por razones políticas, Benedetti vivió doce años de exilio en Argentina, Perú, Cuba y España. Su vasta obra literaria abarca todos los géneros; destacándose “Gracias por el fuego” novela de 1965, “El escritor latinoamericano y la revolución posible” que fue un ensayo de 1974, “Con y sin nostalgias” cuento de 1977 y “Viento del exilio” libro de poesía escrito en 1981. En 1987 recibió el premio Llama de Oro de Amnistía Internacional por su novela “Primavera con una esquina rota”. - Lenguaje (Palabras Desconocidas): Alhaja: Joya. Alharaca: Demostración excesiva de admiración, alegría. Asirlo (Verb. Asirse): Agarrarse de alguna cosa. Camandulero: Con hipocresía. Clisé: Cliché. Coetáneo: Contemporáneo. Farra: Juerga, jarana. Burla. Fiambre: Dícese de la comida que se deja enfriar para comerla más tarde sin calentarla. Horma: Molde para dar forma a algo. Huraño: Poco sociable. Incólume: Sin daño, sin lesión ni menoscabo. Ileso. Irrisorio: Ridículo, risible. Insignificante. Mayólica: Loza cubierta por una capa vidriada metálica. Morfinómano: Que abusa de la morfina (que son medicamentos narcóticos derivados del opio). Recoveco: Vuelta y revuelta de un camino, pasillo, arroyo, etc. Lo más oculto. Rezongara (Verb. Rezongar): Refunfuñar, regañar. Zaguán: Vestíbulo, entrada. ...FIN... AGRADECER NO KUESTA NADA!!!

Resumen: "Sobredosis" Deambulando por la orilla oscura (Basado en una historia real) Macana estaba vestida con su pinta típica, sus muñequeras negras, el pañuelo vaquero que solo le tapaba la mitad de la melena, la polera negra de los Guns y la chaqueta. Se había guardado el cuchillo ensangrentado entre su pierna y la bota. Las minas estaban seguras de que el Macana estaba loco por las pepas, y el Yoko no se pudo defender. Macana se dirigió al Apoquindo donde estaba toda la taquilla de parásitos que vegetaban por ahí haciéndose amiguitos y comiendo, ver que te vean. El odiaba ese lugar, quizás por eso iba tanto. El Macana subió hasta el estacionamiento y comenzó a bajar por las ramplas de los autos, al llegar a la última vuelta se encontró con dos guardias que tenían su mirada fija en él, uno saco su walkie-talkie, Macana comenzó a correr hacia el murallón de cemento que se extendía para arriba y trepó, pensaba que los cuerpos jóvenes igual se pudren, no hay nada mas que hacer; todo le parecía emocionante y entretenido. Se lanzó, volando por unos instantes y luego callo en el suelo trisado, el cuchillo reboto y calló debajo del único farol prendido. Amor sobre ruedas Sandra y Márgara eran amigas desde el colegio y ahora estudiaban en un instituto. Todos los fines de semana salían a buscar Minos, como ellas decían, después de un tiempo comenzaron a salir los martes y ya creían que quizás se les estaban pasando la mano. Ellas no llegaban hasta el final y no por que no quisieran, si no por la fama. Pero esta noche era otra cosa, era día martes pero tanto movimiento como si fuera sábado. Sandra anda con una polera muy apretada sin sostén con sus tetillas erguidas detrás del algodón que tiene estampado un “Any time you want” rojo; Márgara se puso, aunque en realidad no se la cree por que de fome fatale no tiene nada una falda con dos tajos que según ellas mata a cualquier tipo al tiro, arriba un peto negro súper brilloso que le queda medio suelto. Además se arreglo el pelo para verse como si recién viniera saliendo de una cacha con tutti, con sombra de ojos, en fin las vestimentas son como para ir a la pelea. Eran las nueve y se dirigían hacia El Faro donde se juntaba la taquilla, conversaban puras tonterías por lo cual no se habían dado cuenta de que como hace media hora las venia siguiendo un auto súper cerca. Era un auto negro brillante y luminoso. Sandra enciende un cigarro mira a Márgara y parecen decepcionadas, piensan en irse a casa, pero Márgara observa por el espejo retrovisor una luz estalla en su cara y el auto adelanta y se pone al lado de ellas. Ambas están calladas, Sandra con el vidrio abajo trata de ver quien esta dentro del auto, pero no consigue ver nada, las cuatro ventanas oscuras comienzan a bajar automáticamente y aparecen cuatro tipos, son bellísimos, cada uno es distinto pero tienen la misma mirada, fija dura y atrapante. Márgara sin darse cuenta cambia la emisora a la misma de ellos, se mantienen paralelos y ellos ni las miran. Ellas se ponen celosa al que ellos miran ansiosamente a las prostitutas que están paradas en la esquina. Márgara trata de llamarla la atención haciendo rugir el motor del auto, mientras que Sandra que ya esta afuera de la ventana toda loca y eufórica se agarra las tetas con las manos y las aprietas hasta que por pocos sus pezones le atraviesan la polera y les grita ¿quieren hueveo loco?, le tiran besos y hacen gestos lascivos, los tipos con sorpresiva comienzan a sonreír le devuelven los besos le gritan frases, garabatos y guiños de ojos. Sandra le dice a Márgara estos si van a la pelea, una buena cacha no le hace mal a nadie. El auto negro trata de chocarlas y sacarla de la pistas, comienza el encierro. Los tipos del auto negro les tira más garabatos, pollos y escupes, ellos se bajan los pantalones y se largan a mear sobre el auto de ellas, a juguetear con sus presas. De un momento a otro desaparecen dejando un estadillo en la brisa. Márgara y Sandra se sentaron en medio de Apoquindo se suben al auto y se van tratando de olvidar lo que pasó, cuando de repente aparecen cuatro autos negros del mismo tipo que el anterior, las encierran sin dejar salida, se detienen y una puerta se abre. Los muertos vivos El Drago era el único descartuchado del grupo y por eso le tenían mala. Después de volver del verano que pasaron en Tongoy a todo dar, se pusieron de acuerdo para celebrar los quince del Bambam, con revistas playboy y pent-house, los videos pornos, papel confort, quien se va cortado primero y quien lanza el chorro más largo. LOS GOONIES: Drago, Polo, Pipe, Bambam y el Rocky de trece. En Tongoy habían pocas minas, la pasamos en la casa del Polo. Su vieja tenía un nuevo amante milico, que les daba plata para que no jodieran en la noche. Los Durán-Durán, el Pipe los bautizo así por sus peinados se reventaban hasta morir podía pasar de todo y de hecho pasaba. Tenían pitos, tragos y edad, estaban en la universidad privada a puntos de ser echados. Eran chicos buenos pero malos a la perfección. El conejo era el líder heavy para las pepas, taquilla pura, todo pasando. Se jalaba sus líneas y le quebraba los vidrios a las minas que no se dejaban comer. Los Goonies, que tenían plata contrataron a los Durán para que los llevara a chulear por Tongoy, Coquimbo y otros lugares. Los Duran les bolseaban de todo y como pago los dejaban escuchar música en la parte de atrás de la camioneta mientras ellos entraban a bailar o echaban su cacha a oscuras en la arena. Entraban a primero medio pero todavía quedaba una semana. A todos les gustaba a Los Muertos vivos todos tenían sus pósters pegados en la puerta de sus closets o en los techos, compraban la Rockstock porque traían las letras. Los Muertos vivos distorsionaban ene por todas partes estaban contra Pinochet y sus matones pero reconocían que eran grossos. Como el viejo del Laucha, otro Durán, que fue jefe de un comando. Los Vivos eran leyenda hasta decían que eran del frente. El estrellato les llego un año antes cuando la alcaldesa culeada le dio la gaviota al Tiví y el huevón, puta el huevón simpático, se la pasó por la raja, le dio un beso con lengua a la vieja y la quinta se vino abajo y el grupo entero tuvo que pasar a la clandestinidad. Por mas que estuvieran prohibidos los Vivos mas se escuchaban algo los unían eran superior a las diferencias. Eran Los Muertos Vivos. Los Vivos iban a tocar y los Goonies tenían que estar ahí cueste lo que cueste, ni cagando, ya estaba bueno que los hicieran dormir temprano o los matarían que mañana estaremos mejor o el no se metan. Ya llevaban tres días en Santiago y realmente era la nada. La única salvación era escuchar a los vivos por el walkman o jugar a los games. El Drago se encontró con el Conejo y le pregunto si iba a ir a ver a los Muertos Vivos, pero Drago le dijo que no tenia entrada ni pase, no sabia ni donde iban a tocar. Iban a estar los locos de la MIR y del Frente, los Humanistas, prometen abastecer con toda la chicolombiana que alcancen a cosechar. El Drago nunca había visto tocar a los Vivos. El Conejo: ¿Te acordaí del Vaca? Termino con la Sofía y ahora anda con una mina media izquierdosa pero buena pal pico trabaja en una radio clandestina que tienen unos curas Irlandeses y escribe con seudónimo para la Rockstock, es una de las pocas que sabe donde van a tocar los Vivos, nos dio pases libres y ene de entradas. Si los pacos llegan a saber queda la media zorra, todos presos, seguro que fusilan a los Vivos ahí mismo y después dicen que fue un motín. Este pechito invita no te preocupi Drago, los Goonies van. Los paso a buscar a la casa del Pipe, quédate piola no más que tu padre es facho y con ese tipo de gente no se sabe. Estaban en la casa del Pipe viendo unos videos de la MTV que el Rocky se había conseguido, era tarde y los Durán todavía no los recogían. Por fin aparecen. Se subieron a la Van: estaba la Nany, la mina de la radio, al lado estaba el Vaca que no pesca una tal Solange el Laucha. Un par de semáforos, la carretera, desvíos, calles raras y oscuras. El Jaguar atina con la Sara que para variar andaba taquillando, el Laucha que siempre esta solo, cantaba temas del Tiví. El Conejo aspira un pito, se lo pasa al Gato que reparte una botella de pisco de 40, nadie se da cuenta y el Pipe toma hasta llenar su boca. Atrás el Conejo y el Gato comprimen a una mina. Media mina, les presento a la Marushka, una amiga, dice el Conejo. Saluda a los Goonies que la tienen chica, pero son calentones, como a ti te gustan, galla. Si se portan bien capaz que la Marushka les haga una francesa o algo. Le da feroces besos a cada Goonie: en la mejilla al Polo, en la nariz al Rocky, en la oreja al Bambam, casi en los labios al Drago y en la boca, con lengua y saliva, al Pipe. Hasta aquí no mas, ahora a caminar y callados por que si nos pillan, directo al sótano. Casas de adobe achatadas, basurales con olor a cadáveres y fogatas, al fondo se ve la sombra un campanario que oscurece aún más la calle de adoquín. La Marushka le toma la mano al Rocky y le agarra el paquete detrás de un paredón. Después lo mira y lo deja. No fue fácil entrar. La Nany los llevo a la iglesia vieja, donde la cúpula había caído con el último terremoto. Todos en fila india siguiendo a la Nany que abrió la puerta del confesionario y descendió. Una vez abajo un pasillo eterno que los llevaba a una central más iluminada llena de afiches de los años de la revolución. Poco a poco se escuchaba la música, los ritmos de unos grupos argentinos, llegaron al final de el pasillo un tipo con aspecto de canceroso les corto las entradas y lograron entrar. Los Muertos Vivos aún no aparecen y hay rumores de que fueron interceptados y que hay sapos en el público. Los Durán se mezclaron con la multitud buscando minas que en estas noches son aún mucho más fáciles y gratis. La Marushka medio chula, chulaza, pero rica, carnal, le sobra carne, le cuelga. Entera de negro, malla Newton- John apretadísima, que se le mete hasta adentro, blusa de raso que le aprieta las tetas, aros que brillan y provocan. Los Muertos empiezan a sonar y los Goonies gritando y cantando las letras. La Marushka se traga una píldora, mastica chile e infla un globo, se agacha para ajustar sus botas blancas que tienen flecos. Los cinco miran y cuartean. En el baño mojado hay gente que está tirando: minas arrodillas, tipos sentados sobre el wáter. La Marushka fuma un pucho, el Bambam la huevea, el Pipe la mira atento, el Polo la puntea, el Drago jura que esta enamorado. Estaba sudada, con sus axilas llenas de rizos masajeados con Etiquet, el gel escurre por sus mejillas arrastrando todo su maquillaje. El Rocky que jura tener un bajo en sus manos hace piruetas alrededor de la Marushka que suda como una llave abierta, se le moja alrededor de cierre. Da media vuelta y comienza a puntearle al Bambam y a rozarle lo que nunca le han rozado. El Pipe típico no atina y solo su cuerpo brinca se tira y comienza a besar las piernas duras y sube hasta llegar a la boca donde siente esa lengua que le hace cosquillas en sus amígdalas y que lo deja con sabor a pisco, tabaco y machas recién abiertas. Los cinco ya no daban más todo ya era una tortura. De forma muy rápida todos se transformaron enemigos por la Marushka. El recital termina y el Tiví ya no entiende nada, todos salen corriendo, arrancando por las escaleras oxidadas y los pasillos. Aparecen los Durán hechos sopas, en otra, hay que largarse rápido los tiras se enteraron y dicen que van a tirar lacrimógenas por las alcantarillas para ahogarnos a todos. La Marushka dice, vámonos que esto se va a poner peludo salen corriendo y la Marushka meneando su culo se aleja, el Conejo la abraza la detiene y se la atraca con firmeza. Recorren las calles iluminadas hasta encontrar la Van debajo de todos los cartones sana y salva, casi todos los Durán suben a ella tocan la bocina y prenden la radio. Apoyados en un kiosco, el Conejo atina con la Marushka. Es un callejón chico, la bocina sigue sonando. La Marushka tiene sus piernas alrededor del Conejo, la malla abajo. Él casi no entiende pero la puntea y la goza como buen conejo que es. Ella le mete la mano bajo sus jeans y lo aprieta. Los cinco Goonies la cuartean, encienden cigarros, el Conejo ya habían terminado y ella seguía jadeando por si sola. Se apartan el los mira y les guiña un ojos y les sonríe mostrando sus dientes de conejo. El Conejo se sube a la van, se acerca la Marushka y les dice, les tocara cuando sean más grandes, cuando crezcan. Se sube y parten. Los Goonies caminan lentamente hasta la avenida, el Polo pregunta ¿aún somos amigos o no? Seguro, responden. Dan unos pasos lentos hasta llegar a la esquina. El Pipe hace parar una micro. Pelando a Rocío Si yo no me la creo menos te la crees tú. No entiendo, cómo puede haber gente que puede cambiar tanto, ¿cachay?… es verdad que cuando una persona nace loca, nace loca. Pero lo que yo no cacho es cómo alguien que nace decente, como nosotras tu sabes, y mejor aún, se puede volver tan así, tu sabes… como esta amiga mía de la que te estaba contando, pero no te e contado todo, el fin de semana busque en los diarios y leí cagada de miedo, hasta me puse a averiguar si todo era verdad, pero déjame seguir… …Bueno pide dos más, pero no tan secos, capaz que me cure, ya sabes con andar cortando diario no e ni almorzado. Incluso don Edmundo me pregunto si me pasaba algo, me sentí re mal, ultima, imagínate si llega a averiguar algo, quedo como chaleco de mono…, no es por pelar pero mira a esas comadres que acaban de entrar, ese tipo de minas les baja el nivel. Después las minas se creen la raja por andar metidas acá arriba, califas de mierda. Me sacan de quicio, calentonas de huevas. Todavía no entiendo como la Rocío se juntaba con gente como ellas, pero por lo menos estas se arreglan y no cachan nada, en cambio los tipos de la Rocío andaban con ponchos y a olor a ovejas, recitando todo el día y leyendo libros rusos, enfermos de densos, me repelen. Bueno galla, la cuestión es que el sábado me llamó una amiga, la Marisol Lagos, tu no la conocí, me hice amiga de ella en un Pre, en el Ceaci, más loca que una cabra; no entro a la Universidad y se dedico a hacer moda que vende en cantidad. Ahora trabaja en la galería Bellavista, lo pasa la raja, conoce a la cachá de gente, famosa. La cuestión es que esta mina me llamo para invitarme a una cita a ciega en una fiesta de su onda. Así que fui y me vestí lo más loca posible onda punk, taquilla, la cuestión era no salir de foco. El gallo que se suponía era pa mi, era súper exótico, cacha que sacó una cucharita y se puso a jalar coca ahí mismo. Después de un rato empezó el show de unos huevones raja de cocidos o inyectados, no se, llamados Los Pinochet Boys y después vino otro que se llamaba Generación Espontanea y cuando voy cachando el tipo que toca el bajo se me hacía conocido, era o es el esposo de la Rocío Patiño, esta súper amiga mía del colegio. Pero déjame empezar de cero, si falta harto para el toque, la Rocío y yo éramos súper amigas, poto y calzón, vivía en una casa fabulosa, es poco como para Vivienda y Decoración, una cuadra entera en Los Dominicos. Te hablo del 78 o 79, cuando estábamos en primero. En ese tiempo ya había toque de queda, pero igual nos la arreglábamos para tener vida nocturna, pero igual los viejos súper cartuchos. Éramos más fijadas. Así nos criaron. Mi hermano pobre, se casó la chula de la Valeria a los ocho meses, cara de raja, la Rocío ni si quiera la saludaba con lo clasista que era, pero con la media sorpresita con la que nos vino a salir después. La Rocío en esa época viajaba a cada rato, el papá tenía un empresa importadora y siempre le traía cosas, tenía ene de ropa como para ir a bailar a la disco, me prestaba y dejábamos la tendalada…, después que la Rocío se puso a pololear el Juan Luis encontraba de rotos la onda disco. Sabes una vez hablando con ella me dijo que resentía no haber sido más loca, claro que fue muchos meses antes de estar con el Juan Luis. No sé de repente por eso hizo todo, quizás se auto convenció o se agarro muy fuerte, con la mala surte que tuvo. No puedo creer que te cuente todo esto, pero no puedo dejar de hablar, como puedo ser tan re-concha-de-mi-madre, o sea somos o fuimos amigas, pero tu sabes las cosas cambian… De las mujeres del grupo del curso, nosotras éramos las más fomes, éramos terribles de tranquilas. Atracábamos súper poco y eso que no nos faltaban oportunidades, en realidad la que más atracaba era yo, ella solo calló una vez con el Javier Hamilton en un retiro, pero después volvieron al colegio y nada. Aparte de este mino pololeo primero con el Hugo Vaccaro, estuvieron como tres meses nada serio y después de estos dos vino el Juan Luis. Con esto último yo me cague la siquis, hasta que entendí que el Juan Luis era su hombre, eran tal para cual. Pero aún así me quito a mi mejor amiga. Una vez salí con un amigo de Juan Luis el Iván Chadwick, te juro era para buitrear. Hablaban de pura política, los dos de derecha mi papá estaba chocho. Lo que más me sorprendió fu que Rocío se metió tirándole chuchadas a Frei como si fuera su profesor y hablando de Pinochet como si fuera el yo máximo. Ahí cache que se había pasado al bando de los intelectuales que ya no era de mi onda. El Juan Luis era como un genio solo tenía un año más que nosotras pero ya estaba en tercero de Derecho. Cuando la Rocío dio la prueba sacó arriba de 700 puntos, pero entro a la Chile por desgracia suya y de sus viejos. La graduación que no fue tan mala la hicimos en el Sheraton y todo, yo fui con un gallo holandés, hijo del agregado cultural de la embajada, súper estupendo. Después de la fiesta nos fuimos todos en caravana hasta la playa llegamos a Santo Domingo a la casa de una compañera de curso, yo y el Horst nos metimos en ropa interior al agua y todos se escandalizaron. Y eso me calentó mas que la cresta, la Rocío se acerco y me reto caleta, que el Juan Luis estaba furia. Después de eso pesque al Horst y me lo atraque en la arena, al rato nos fuimos a la casa nos encerramos en una pieza y me culeó. BREVE RESUMEN DE LA OBRA Sobredosis, recopilación de cuentos de Alberto Fuguet publicada en 1990, es una obra con que la literatura chilena despertó de un profundo letargo, además de poner en jaque a más de un crítico circunspecto: exceso de marihuana y garabatos para los jóvenes de un Chile neoliberal de fines de los ’80. Cinco impactantes cuentos en los cuales se refleja la indiferencia de los adolescentes chilenos con respecto al gobierno militar de la época, además de hacer una crítica singular al incipiente consumismo y los problemas económicos del país, y las ganas de divertirse sin ser reprimidos. COMENTARIO O MOTIVO LITERARIO DE LA OBRA La idiosincrasia chilena de fines de los ’80 sufrió un fuerte revés en los últimos años del gobierno militar, y eso nadie lo duda. Sobredosis viene a ser una suerte de reflejo del cambio de mentalidad y forma de vida nuestros ciudadanos: de juntarse con los padres a almorzar siempre a la una y media de la tarde, a juntarse con los amigos a tomar o a tener sexo con la polola; de las reuniones familiares en casa se pasa a un consumismo y a una individualidad desmesuradas y sin control alguno, lo cual(a juicio personal) es la quinta esencia de la personalidad del chileno: ir a malls y multitiendas, juntarse a comer hamburguesas o completos en un local de comida rápida mientras los niños juegan tranquilamente, etc. Sobredosis también refleja el sentir de los jóvenes y su indiferencia contra el sistema político imperante y los constantes abusos de poder del gobierno de la época. PERSONAJES DE CADA CUENTO 1.- DEAMBULANDO POR LA ORILLA OSCURA Macana: Personaje principal, joven de 13 años que acaba de matar a un enemigo suyo, el Yoko. Yoko: Personaje secundario, enemigo de Macana. Guardias de seguridad: Personajes incidentales, tratan de detener a Macana cuando éste se va a lanzar al vacío. 2.- AMOR SOBRE RUEDAS Márgara: Personaje principal, es la que conduce el auto y posee un fuerte temperamento cuando los jóvenes la desafían. Sandra: Personaje secundario, amiga de Márgara. Jóvenes rebeldes: Personajes incidentales, tratan de sacar a Márgara del camino. 3.- LOS MUERTOS VIVOS Drago: Personaje principal, joven capitalino y alcohólico que desea ir al recital de Los Muertos Vivos Conejo: Personaje secundario, joven que ayuda a Drago a entrar al recital de Los Muertos Vivos. Polo: Personaje secundario, amigo de Drago. Pipe: Personaje secundario, amigo de Drago, Conejo y Polo. También asiste al recital de Los Muertos Vivos. Tímido y algo drogadicto. Vaca, Rocky, Bambam, Laucha, Tiví, Jaguar, Sara y Nany: Personajes incidentales, amigos de Drago y de Pipe. 4.- PELANDO A ROCÍO Rocío Patiño: Personaje principal, es la protagonista del relato contado por una voz narradora. Juan Luis: Personaje secundario, pololo de Rocío. Joven reservado de carácter y con su relación con Rocío. Horst, Ismael, amigos de Rocío: Personajes incidentales. Horst fue pareja de la narradora; Ismael fue esposo de Rocío luego que ésta última se convirtiese en mártir comunista. 5.- NO HAY NADIE ALLÁ AFUERA Narrador: Personaje principal, amigo de Miguelo. Miguelo Enríquez: Personaje secundario, amigo del narrador, de personalidad extraña y trabajólico. Eric, Cecilia: Personajes incidentales, amigos del narrador y de Miguelo. AMBIENTACIÓN FÍSICA Y PSICOLÓGICA DE CADA CUENTO Deambulando por la orilla oscura: Dada la brevedad del cuento, éste transcurre en un mall de Apoquindo, en Santiago, en donde Macana, un joven de 13 años acaba de matar a Yoko, su enemigo. Sintiéndose culpable de cometer un crimen a tan corta edad, se dirige a lo alto de los estacionamientos para lanzarse al vacío y morir, creyendo que sólo así podría liberarse de todas las trancas que tenía en su corta vida. Amor sobre ruedas: Una noche de martes, dos amigas se juntan en un restaurante de Apoquindo en busca de hombres atractivos y seductores para ellas. En medio de avenida Apoquindo, un auto negro repleto de hombres comienza a perseguirlas y chocarlas, haciéndole gestos obscenos. Los Muertos Vivos: Un grupo de jóvenes se juntan para asistir a un recital de rock del grupo Los Muertos Vivos, con cierto miedo a que se los lleven a la cárcel por violar el toque de queda en esa noche. Los jóvenes sólo quieren pasarla bien, sin que los padres los molesten, y con mucho alcohol y drogas. Pelando a Rocío: Dos amigas (una de las cuales es la narradora) se sientan en la mesa de un pub a conversar sobre Rocío Patiño, amiga de la narradora, quien piensa que la traicionó con su mejor amigo. No hay nadie allá afuera: Dos amigos se encuentran en un aeropuerto de EE.UU. El narrador protagonista pierde el rastro de su amigo Miguelo, en un intento desesperado por saber sus pasos, quedando sorprendido por el deceso de su amigo. CLÍMAX Y DESENLACE DE CADA CUENTO 1.- DEAMBULANDO POR LA ORILLA OSCURA: Macana sube a los estacionamientos del centro comercial, intentando escapar de los guardias (clímax); lanzamiento al vacío y desprendimiento del cuchillo ensangrentado de Macana (desenlace) 2.- AMOR SOBRE RUEDAS: Encierro del auto negro contra Márgara (clímax); captura de Márgara de parte de un grupo de autos negros (desenlace). 3.- LOS MUERTOS VIVOS: Llegada de Los Muertos Vivos a la discotheque, despliegue en vivo de la banda (clímax); huida del grupo de jóvenes del lugar, antes que los militares los arresten (desenlace) 4.- PELANDO A ROCÍO: Participación de Rocío en las Juventudes Comunistas de su universidad (clímax); visita de la narradora a casa de Rocío (desenlace) 5.- NO HAY NADIE ALLÁ AFUERA: Explicación del narrador de una película de Miguelo (clímax); entierro de Miguelo tras suicidarse (desenlace). CONCLUSIÓN (COMENTARIO PERSONAL) En Sobredosis podemos apreciar muchísimos cambios en la sociedad chilena de fines de los ’80, entre los cuales se resaltan éstos: menor tolerancia a los abusos de poder del gobierno militar, cambio de la forma de vida: de una vida reducida al círculo familiar a otra en que el exceso de alcohol y drogas, sumado a la concurrencia a centros comerciales y fiestas es la tónica de la noche santiaguina, sobre todo del sector oriente de la capital. Sin embargo, también se puede apreciar que el chileno común comienza a cambiar sus costumbres de manera radical: es más ‘parrandero’, más tolerante con sus pares y directo en su forma de ser, entre otros aspectos. Otro factor evidente en los personajes de Sobredosis es que ellos mismos se sienten oprimidos por el régimen militar, encontrando escasas posibilidades de surgir o de salir del país, siempre en busca de mejores expectativas personales. Necesariamente, los chilenos buscábamos expulsar la rabia que nos provocaba al represión gubernamental, por la restricción de libertades personales (sean de diversión o de expresión, etc.). Finalmente, hacia el término del régimen militar, la sociedad comienza a tener más ganas de proyectarse a futuro (a pesar de todos los problemas nacionales tras el retorno a la democracia) y comienza a forjar su estilo de vida tan característico, que ya he mencionado a lo largo de este informe. ARGUMENTACIÓN A FAVOR O EN CONTRA DEL ESTILO DE VIDA DE LOS PROTAGONISTAS DE CADA CUENTO En primer lugar, debo confesar que tengo algunas características de los personajes con respecto a estilo de vida: me gusta beber alcohol (pero con moderación), fumar y vestirme un tanto desordenado. Sin embargo, creo conveniente expresar mi opinión sobre la forma de vida de los protagonistas de cada cuento. En la medida que las personas nos libramos de ciertas ataduras, sacamos a relucir muchos aspectos de nuestra personalidad, teniendo mucho cuidado de nuestra imagen y la imagen que los demás tienen de nosotros. El cambiar de actitud frente a la vida lo demostramos de varias maneras: la vestimenta, el pensamiento, la forma de decir las cosas y de enfrentar las adversidades, etc. Pero, en más de una ocasión, nos ha pasado que nos faltan muchas cosas que aprender: a enfrentar nuestros problemas con humor (según el humorista Coco Legrand, nuestro país es bastante serio y ‘cartucho’), a ser más tolerantes e ingeniosos, entre otras cosas. Retomando el hilo de este espacio, me alzo a favor de que los adolescentes podamos tener espacios públicos en los que poder recrearnos y hacer valer nuestros derechos, aunque hay padres que sobre controlan a sus hijos. Sin embargo, la gran mayoría de los jóvenes nos vemos propensos al estrés, la drogadicción y la depresión, etc. Si buscamos respuestas de esto, la respuesta puede ser la sobrecarga de trabajo, estudios, responsabilidades familiares, etc. Otro punto importante que critico de la vida de los personajes es el punto de encuentro en el cual se reúnen con sus amigos o primos. En mi caso, yo no acostumbro ir muy seguido a centros comerciales, pubs, restaurantes o discotheques. Pienso que uno puede aprovechar mejor su tiempo libre estando en casa y haciendo actividades de interés personal. Para finalizar, las expectativas de vida de los personajes de Sobredosis parecían algo mediocres: casarse, tener hijos, tener una buena casa y tener un buen empleo. En los dos primeros puntos no estoy de acuerdo, porque creo que es como hacer un mal negocio. No tengo nada en contra de pololear por un par de meses, pero comprometerse seriamente con una sola mujer en mi vida, jamás. En los dos últimos puntos sí concuerdo, porque las demandas laborales se hacen cada vez más exiguas y las remuneraciones son cada vez menores. Pienso seriamente que uno siempre puede aspirar a más cosas, a viajar por el mundo, a tener mejores expectativas de vida: a tener, como dije, un mejor empleo; a ser un gran personaje, en fin. Hay muchas cosas que uno puede hacer y que, sin embargo, no nos damos el tiempo de descubrir. Quién sabe si me voy a Europa cuando tenga 30 años. A lo mejor me quedo, a lo mejor me voy. Sólo el tiempo me dará la razón. ...FIN... AGRADECER NO KUESTA NADA!!!

Resumen: "Cruzada en Jeans" - Argumento: Cuando fracasó lo que tenia que haber sido un simple experimento de transportación al pasado, Rudolf queda atrapado en el año 1212 y decide acompañar a una cruzada de niños, a los que ayuda y acompaña. Gracias a él, las cosas cambiarán en esa arriesgada aventura. Espacio y tiempo Esta historia, salvo en las 5 primeras y últimas páginas, se desarrolla en el año 1212, a lo largo de toda Europa, en aquella época que había castillos en todos los condados. - Resumen: Rudolf es un joven, que se presta voluntario para ser el primer ser humano teletransportado a lo largo de la historia, ya que el científico que desarrolla el experimento es un compañero de trabajo de su padre. Lo que tendría que ser un viaje de una hora de duración a la edad media, se transforma en un viaje sin vuelta, ya que no puede estar en el momento y en el lugar en el que debería ser devuelto a casa. En su lugar, un campesino de la edad media es accidentalmente teletransportado al siglo XX. Desde ese momento, Dolf se da cuenta de que lo mejor que puede hacer es intentar sobrevivir en su nueva vida. Para ello, decide acompañar a un estudiante, Leonardo Fibonanci, en su viaje a su ciudad natal, Pisa. Ambos se hacen buenos amigos, y se transmiten conocimientos. Dolf, decide inventarse una nueva identidad: A partir de ese momento, es hijo de un noble, y ha decidido escaparse de casa de Holanda en busca de aventuras. Poco después de conocerse, encuentran una cruzada de niños, que liderados por Nicolás, se dirigen a Tierra Santa para liberarla. Al descubrir los desastres que en la cruzada ocurren, tanto Leo como Dolf deciden aliarse. En esa cruzada, hacen buenos amigos como María, Frank, Peter, Hans, Berto, Carolus, Fredo, Hilda, Frieda, Wilhelm, y todos juntos hacen de ese viaje una cruzada mejor. El tiempo pasa, y se hacen famosos dentro de la cruzada por su gran corazón. Al ser tan famosos, consiguen el apoyo de la gente más importante dentro de la cruzada, y con su ayuda, la organizan: “A la cabeza irán vigilantes que alejen los posibles peligros. Los seguirán inmediatamente los más pequeños y los más débiles, con algunos chicos mayores que los ayuden. Podemos utilizar un carromato para transportar a los que ya no son capaces de andar. […] Tras los pequeños debe marchar un grupo de muchachos robustos para atender a los regazados. Finalmente, debe haber otro grupo de vigilantes que protejan la retaguardia. […] Así ya no habrá niños que se queden atrás sin que nadie lo note y mueran abandonados en cualquier sitio.” El hecho de que Dolf fuera tan popular entra la gente de la cruzada enseguida despertó celos, y fue acusado de hereje por Dom Anselmus y por Nicolás. Se celebró el juicio, y en el todo el mundo sabía que la cruzada necesitaba a Dolf. El ambiente era realmente tenso, y él sabía que sus argumentos debían estar relacionados con el cristianismo si quería salir inocente. Los argumentos contra Dolf eran difíciles de combatir, ya que había hecho muchas cosas habituales en el siglo XX, pero no en la edad media. Finalmente, consigue salir inocente por tener el apoyo de todos los niños de la cruzada. Al poco tiempo, el ambiente sigue siendo tenso, y surge un motín. Varios centenares de niños decidieron abandonar la cruzada. Aun así, ¿qué eran varios centenares al lado de los 4000 niños que formaban la cruzada? Desgraciadamente, Fredo es quien dirige el motín, y Dolf se siente decepcionado por ver a su amigo actuar de esa manera. Otro de los problemas a los que se enfrentaba la cruzada, era el paisaje: Las montañas supondrían la muerte de muchos niños, y había que cruzarlas irremediablemente, ya que pretenden ir desde el río Rin hasta Génova, donde se abrirían las aguas para que fueran desde ahí hasta Jerusalén. Cerca de 300 niños morirían en ellas. Finalmente, llega el día que tantos niños esperaban: El día en el que Nicolás iba a hacer que las aguas se separasen. Cuando todo el mundo mira atentamente al mar, Nicolás alza sus brazos, y pide a Dios que se separasen las aguas. La gran decepción llega, ya que no ocurre nada, y deciden pasar ahí la noche. Esa noche, Augustus, arrepentido por sus pecados, decide confesar a Dolf lo que realmente pasaba: Ni Augustus ni Anselmus realmente son frailes, ni Nicolás santo. Este último, fue engañado por los supuestos frailes, quienes decidieron hacer esta cruzada, que en realidad lo que querían era conducir a los 3000 niños que quedaban a los barcos de Boglio, quien haciéndose pasar por un amigo de los frailes que les conduciría a Jerusalén lo único que realmente quiere es llevarlos al mercado negro de esclavos. Dolf se desespera, e intenta evitarlo, pero no sabe como impedir que 3000 niños sean esclavizados. Decide contarle todo a Leonardo, quien utilizando los contactos que tiene gracias a que su padre es un rico mercader, para convencer al duque de que las naves no deben abandonar el puerto. Consigue su propósito, pero surge la gran duda: ¿Qué hacen ahora 3000 niños en las calles de Génova? Por eso, deciden seguir su viaje, pero ahora por otra ruta diferente. Después de mucho tiempo, Leo encuentra algo que llama su atención, y decide dar a Dolf: Una pequeña cajita de aluminio, que al abrirla tenía un mensaje que decía: “Querido Dolf: Si encuentras esto, escribe un mensaje en este mismo papel, vuelve a meterlo en la cajita y colócala en el mismo lugar en el que la encontraste. […] Estamos tratando de localizar tu situación exacta. Firmado, Dr. Simiak” Desgraciadamente, no podía devolver la cajita a tiempo ya que la encontró hace más de una semana. Apenado y esperanzado a la vez, decidió continuar la cruzada pero ahora con una pequeña diferencia: Ahora buscará más cajetas como la anterior. El tiempo pasa, y después de otras muchas anécdotas y problemas, encuentra lo que tanto ansía: Otra cajita. Otra cajita idéntica a la anterior, y en su interior un papel idéntico al anterior. En su reverso, escribe: “Por favor, llevadme de vuelta a casa, estaré aquí 24 horas después de que usted haya leído esto. Dicen que es la festividad de San Mateo. Firmado, Dolf” Dejó la cajita en el mismo lugar en el que la encontró, y se quedo mirándola. Al poco rato, desapareció. Solo él sabía porque había desaparecido la cajita. Poco antes de la hora a la que Dolf había quedado con el doctor Simiak, corría para situarse en el sitio concreto. Al acercarse más, ve algo que le hace asustarse: Una procesión pasaba por el sitio en el que él tenía que estar. Sabiendo lo que le supondría seguir atrapado en la edad media, se sitúa en el lugar exacto. La gente le mira extrañada, y unos frailes intentan apartarlo mediante golpes y empujones. En ese momento, saca su cuchillo, y cae al suelo. Todo lo ve negro, y se siente extraño. De repente, todo el griterío se apaga, y una mano le agarra por el hombro. Dolf recoge el cuchillo, y lo alza en actitud amenazante, ya que necesita estar en el sitio concreto en el momento concreto. En ese momento, una voz extrañamente familiar le llama. Sin darse cuenta, había regresado a los laboratorios, donde su madre le miraba extrañada. Por fin estaba en casa, y en su siglo. - Personajes: Dolf: Su nombre completo es Rudolf Hefting, nació en Ámsterdam, y con solo 15 años se convierte en el jefe activo de la cruzada. Leonardo: Su nombre completo es Leonardo Fibonanci, y nació en Pisa, Italia. Es un inteligente estudiante de la edad media. María: Su edad no está definida, pero se estima entre los 8 y los 12 años. Antes de la cruzada era una vagabunda y mendiga, pero después se convirtió en una niña muy sensible. Frank: Es un hijo de un curtidor de colonia, y tiene 12 años. Peter: Es un bajo y fuerte 12añero, que vivió en las orillas de un lago en las posesiones de un arzobispo. En la cruzada se convirtió en el encargado de pesca. Hans: Sus conocimientos sobre los arboles aprecian ilimitados, ya que su padre era leñador. Berto: Un alto y fuerte muchacho, que no quería hablar de su pasado, ya que se sentía culpable. Dom Anselmus y Dom Augustus: Simulando ser frailes, y bajo las ordenes de Boglio, conducen a la cruzada al mercado negro de esclavos, aunque no lo consiguen. Nicolás: Engañado por los falsos frailes, cree ser un enviado divino, y era el jefe de la cruzada. Carolus: Joven noble, que se coronaría rey a su llegada a Jerusalén, de no ser por su muerte por apendicitis, enfermedad que en aquella época era mortal. Fredo: Robusto muchacho, que era hijo de un noble caballero, y en la cruzada se convirtió en el encargado del orden. Hilda: Era conocida como Hilda de Marburgo, siendo hija del conde Lugding, se crió en el palacio de su tío (el arzobispo de colonia), vivió con monjas, y su tío le ordenó que se viajase en la cruzada. Ya dentro de ella, se convirtió en la encargada de enfermería. Frieda: Hija de un siervo, y sabia mucho de bayas, hierbas y raíces comestibles. Gardulfo: Panadero, y con su ayuda y la de sus dos ayudantes y gente de la colonia, consiguió hacer 200 orlas de pan para evitar que los niños de la cruzada perecieran de hambre. Wilhelm: Muchacho robusto, siempre dispuesto a ayudar a Dolf. - Opinión personal: Este libro ha conseguido introducirme en la maravillosa edad media, de la que da todo tipo de detalles, y cuenta anécdotas que hacen imaginarse al lector los caballeros, los campesinos, así como las diferencias entre esas épocas y esta. Para ello, ayuda el hecho de que Dolf sea un muchacho del siglo XX, ya que el mismo compara el estilo de vida y las ventajas y facilidades que hoy en día tenemos. Sinceramente, recomendaría a todo aficionado a la lectura, así como a cualquier aficionado a la edad media la lectura de este libro. AGRADECER NO KUESTA NADA!!!

Resumen: "El extranjero" 1. Introducción En su novela “El Extranjero” Albert Camus describe en forma muy detallada la carencia de valores del mundo contemporáneo como consecuencia de la frustración y la desesperanza en la que Europa quedó sumergida después de la guerra. Meursault, el protagonista refleja la filosofía del absurdo, la sensación de alienación, de desencanto frente a la vida. El aburrimiento, la cotidianidad lo van haciendo insensible, indiferente y hasta casi despiadado. Parecería que da lo mismo ser de una forma que de otra. Sin embargo, también en la novela se afirman las cualidades positivas de la divinidad y la fraternidad humana. Considero que la obra debe llevarnos a una profunda reflexión acerca de la importancia de encontrarle un sentido a la vida. La costumbre no debe vencer al hombre, ninguna fuerza extraña debe dominarnos. Fuimos creados libres y con esa libertad debemos superar la cotidianidad, el absurdo, el sin sentido. Luego de basarme en la biografía de Albert Camus pasare al análisis del libro en el que trataré de demostrar como la ausencia de una meta, de un sentido en la vida, llevó a Meursault a tanta indiferencia, a ni siquiera luchar por su vida, a entregarse en el más absurdo y absoluto silencio. 2. Primera Parte Capitulo I Los hechos se suceden en Argel. El protagonista, Meursault recibe un telegrama en el que se le informa que su madre ha fallecido. Debe partir hacia Marengo, donde se encuentra el asilo de ancianos, lugar en el que se hallaba su madre. Pide permiso a su patrón y emprende el viaje. Una vez en el asilo, él esta abstraído en sus preocupaciones, se niega a ver el cuerpo de su madre y realiza reflexiones que demuestran su indiferencia ante un hecho de tanta importancia. En lugar de llorar a su madre, de expresarle su dolor, conversa con el conserje, de Paris. Fuma, se mantiene distante con los amigos de su madre que vienen a participar del velorio, le molesta el llanto de una de las mujeres… Se duerme. El entierro le resulta pesado, tortuoso por el calor de la jornada. Una vez concluido regresa a Argel con alegría pensando solamente en dormir. Nada hubo en él que expresara aflicción, pesar. Había muerto su madre, sin embargo, todo fue un trámite. Capitulo II Al despertar y darse cuenta que es sábado, siente el gozo de saber que tiene aun dos días de “vacaciones” y decide ir a bañarse al mar. Se encuentra con María Cardona, antigua mecanógrafa de su oficina, por la que había sentido deseos en el pasado. La invita al cine y luego pasa la noche con ella. Habían transcurrido pocas horas del entierro de su madre. Sin embargo, no pareció importante. En cambio, a María le impresionó, aunque no hizo ningún comentario. El, entendía que no era su culpa; ya se había disculpado con su patrón. Con ella no se disculparía. Llega el domingo, describe la gente que pasa por la calle, reflexiona acerca de lo que harán y donde irán y también expresa el aburrimiento que le provoca ese día. Pensó que ya era un domingo menos, que su madre estaba ahora enterrada, que volvería a su trabajo. Nada había cambiado. El vacío que vive es extremo. No hay ninguna expresión de sensibilidad en sus reflexiones. Todo en él acontece como en forma autómata. Capitulo III Vuelve a su trabajo. Su patrón lo saluda por el luto y le pregunta por la edad de su madre. No la recuerda. Da una edad aproximada. Demuestra aquí un gran desamor por ella… ¡No saber su edad! Algo extraño, sus afectos no significan mucho, pero si el hacho de que la toalla que utiliza para secar sus manos, esté húmeda por la tarde. Sale a almorzar con un amigo, duerme un poco y luego regresa a la oficina. Al regresar a su casa, se encuentra con Salamano, un vecino viejo que tiene un perro sarnoso. Describe la relación entre ambos. A continuación se encuentra con Raymond Sintes, un segundo vecino que lo invita a comer algo en su habitación. Acepta para no tener que cocinar. Raymond le cuenta una historia que ha vivido con una amante. Lo escucha pero casi sin interesarse por el relato. Por eso, cuando Raymond le pide consejo, le responde con oraciones breves y ante la propuesta de escribir la carta, responde afirmativamente de la misma forma que hubiera rechazado. Le era indiferente hacerlo o no. No le molestaba. Una vez terminada, vuelve a su departamento y escucha gemir al perro del viejo Salamano. A Meursault le daba lo mismo ser su camarada que no serlo. Total imparcialidad. Capitulo IV Trabajó mucho toda la semana. Fue dos veces al cine con Emmanuel. El sábado va nuevamente a la playa y pasan la noche juntos. El domingo almuerzan juntos. Sienten una discusión en la habitación de Raymond. Allí le cuenta a María la historia del amante del vecino. Termina interviniendo la policía. Él, debe salir de testigo, afirma que le “da lo mismo” aunque no sabia que debía decir. Cuando regresan se encuentran con Salamano que había extraviado su viejo perro. Su consuelo hacia el vecino es muy técnico, solo hace mención a la actitud de la perrera. No es capaz de captar la soledad y el dolor de Salamano. Capitulo V Un día en el que recibió varias propuestas: Raymond lo invita a pasar el domingo en una cabaña en la paya de un amigo, cerca de Argel. El patrón le propone enviarlo a una oficina que instalará en Paris. Meursault expresa que le da igual. Ante la pregunta de su jefe si no le interesa un cambio de vida, responde que nunca se cambia de vida, que todas valían lo mismo… He aquí la absoluta indiferencia. Su jefe observa que jamás responde directamente que no tiene ambiciones… Por la tarde María le pregunta si quería casarse con ella. Nuevamente la respuesta es: “me da igual”. No hay en él “si” o “no”. Pareciera que nada tiene sentido, nada le importa lo suficiente como para jugarse en una decisión personal única y responsable. María lo ama y se lo dice; él ciertamente no la quiere y lo dice. Para él, el matrimonio no es cosa seria. Pero si ella desea casarse él lo haría cuando ella lo disponga. Cena en lo de Celeste, una extraña mujercita se sentó a su mesa, pidió la cena y extrajo una revista radiofónica en la que marco las emisiones. Esto le llamo la atención a Meursault. Por ello al salir ella, él como no tenía nada que hacer, salió también y la siguió. Termino por perderla entonces, volvió a su casa, encuentra a Salamano desolado por la perdida de su perro. Habla con él, lo escucha, se aburre pero como no tiene nada que hacer, ni sentía sueño, se queda con su vecino. No es el afecto ni la preocupación del otro lo que lo hacen quedar con Salamano. Sólo el poder dejar pasar las horas. Capitulo VI Llego el domingo. Raymond, María y él marchan hacia la cabaña de la playa de Masson. Al salir, enfrente había un grupo de árabes, entre ellos estaba el hermano de la joven a la que Raymond golpeo. Sin embargo, no les dieron importancia. Siguieron su camino. Se bañan, almuerzan y luego los tres hombres salen a caminar. Se cruzan con dos árabes, que vienen tras Raymond a vengar la paliza que le dio a su amante. Raymond es herido. Lo llevan a un medico. Nuevamente vuelve a salir con Meursault y se encuentra otra vez con los árabes Raymond saca un arma pero no la dispara. Meursault se la pide. Regresan, pero él no quiere encontrarse con las mujeres y decide seguir caminando. El sol le molestaba, el calor lo sofocaba. Encuentra al árabe que hirió a Raymond, le muestra su cuchillo y él dispara. Meursault comprende que destruyó el equilibrio del día. Por primera vez un domingo fue diferente para él. Había sido feliz. Disparo cuatro veces más sobre el cuerpo y reconoce que así llama a la puerta de la desgracia. 3. Segunda Parte Capitulo I Es llevado a un juez de instrucción e interrogado. No había escogido abogado, le envían uno. El abogado decide ayudarlo, pero Meursault, absolutamente sincero le afirma que perdió la costumbre de interrogarse, de reflexionar. Todo porque su abogado le pregunto si sintió dolor el día del entierro de su madre. Los instructores saben de las muestras de insensibilidad de ese día y harán hincapié en ello el día del juicio. El abogado no logró convencerlo de decir que ese día había reprimido sus sentimientos naturales. Al poco tiempo, compadece nuevamente ante el juez. El juez buscaba el arrepentimiento de él, pero ni siquiera ante el crucifijo, se conmovió. Afirma no creer y más que culpable o arrepentido se confiesa aburrido. Las visitas del juez continuaron, pero él no le prestaba atención, estaba cansado de contar siempre lo mismo. Capitulo II María lo visita por primera y única vez ya que se lo prohibían por no ser su mujer. Allí comienza a sentir que esta prisionero. Aquí describe las sensaciones que siente en la prisión: la falta de una mujer, la prohibición de fumar, la falta de libertad. Reflexiona sobre el paso del tiempo estando encerrado. Por primera vez, algo parece importarle. Es el castigo, pero, confiesa no sentirse desgraciado. El único problema era matar el tiempo y para ello comenzó a recordar. Así terminó por no aburrirse. Confiesa que con las horas de sueño, los recuerdos, la lectura de una historia seca y la alternancia de la luz y la sombra discurrió el tiempo. Habían pasado cinco meses. Capitulo III Comienza su juicio. El abogado le informa que no es el más importante porque hay otro caso: homicidio. Este último concentró la atención de los periodistas, por ello hay mucha gente. Al entrar al juzgado le da la sensación de estar en un club. Todos se conocen, se saludan; él se siente un intruso, pero está tranquilo. Hasta que escucha los nombres de los testigos: el director y el conserje del asilo, Raymond, Massou, Salamano, María. Comienza a ser interrogado por el fiscal que hace hincapié en el tema de la madre, porque la llevó al asilo… Luego se les toma testimonio al director y al conserje del asilo. Ambos hablaron de su negación a ver el cuerpo, que no lloró, que se fue inmediatamente después del entierro sin recogerse ante su tumba, ni siquiera sabía la edad de su madre. El fiscal ante estas respuestas experimento una sensación de triunfo. Meursault se da cuenta que las cosas no van resultando a su favor porque no solo se lo juzga por su crimen sino también por no haber sido un buen hijo. María, Massou, Raymond, testimoniaron destacando sus cualidades, pero el fiscal se mantuvo en la misma línea: desacreditarlo. Capitulo IV Continúa el Juicio. El protagonista siente que se habla más de él que de su crimen. Se realizan los alegatos del fiscal y el abogado defensor. El fiscal insiste en que jamás lamentó haber asesinado al árabe. Meursault piensa que él jamás lamentó nada verdaderamente. Cuando el presidente del tribunal le pregunta si desea decir algo, expresa que no tuvo intención de matar al árabe, que todo fue por causa del sol. Todos rieron en la sala. El alegato del abogado defensor fue menos efusivo. El tribunal se retira de la sala. Delibera. Regresa y se da la sentencia: culpable de asesinato. Sería decapitado en una plaza pública y en nombre del pueblo francés. Capitulo V Por tercera vez se niega a recibir al capellán, no tiene deseos de hablar. Tan solo piensa en las posibilidades que se le presentan para volver a la libertad, pero se focaliza sobre todo en dos cosas: el alba y su petición de indulto. Paso sus noches esperando esa alba en la que lo ejecutarían. Cuando el amanecer pasaba y seguía vivo, reflexionaba sobre el indulto. Deseaba obtenerlo pero también se imaginaba que la petición era rechazada y todo volvía a comenzar. Finalmente el capellán entra en su celda e intenta explicarle porque necesita el consuelo de Dios. Él, sigue firme en su incredulidad y sostiene que todos estamos condenados a muerte, por lo que ese consuelo no tiene sentido, llega a molestarse mucho y a tomar al sacerdote por el cuello. Intervienen los guardias. El capellán lloró por él. Meursault recuperó la calma cuando éste se fue. Agotado, se dejo dormir. En el límite de la noche, las sirenas sonaron. Anunciaban su ejecución. Por primera vez, pensó en su mamá y se abrió “a la tierra indiferencia del mundo”. Deseaba la presencia de muchos espectadores que lo acogieran con gritos de odio. 4. Conclusión Queda claro que a todos siempre les llamó la atención la conducta, el proceder de Meursault. A su jefe cuando le ofrece trasladarlo a Paris y no se alegra. A María el hecho de que al día siguiente al entierro de su madre, vaya a bañarse, la invite al cine… Al director y al conserje que no llore no quiera ver el cuerpo de su madre… Todas actitudes que denotan indiferencia, insensibilidad, desamor. Meursault es el fin reflejo del aburrimiento, la decidía, el absurdo. Todo su proceder es casi inhumano. Parece aceptar la vida, el devenir como algo automático. La cotidianidad lo va socavando en su humanidad, en su dignidad. Su descreimiento, su falta de arrepentimiento, la carencia de valores todo en él, es un despropósito. El fiscal exploto al máximo sus errores para obtener la condena. Más que el crimen, su propia vida fue la razón de su ejecución. AGRADECER NO KUESTA NADA!!!

Futuro incierto Desde el día en que nació fue la alegría que tanto esperaba su madre, después de haber pasado por la amargura de perder a su amado, que falleció al poco tiempo de que ella quedara embarazada. Durante los nueve meses ella imaginaba lo parecido que seria a su esposo. Todas las esperanzas de volver a renacer estaban puestas junto a el, su hijo al que le llamó Thomas. Para el todo fue muy fácil en un principio, no tenía mayores preocupaciones y responsabilidades ya que su madre siempre se preocupo de que viviera su niñez sin notar la ausencia de su padre, por esto ella tubo una obligación impuesta por ella misma de trabajar para que al niño nunca le faltara nada. Sin darse cuenta que se estaba hundiendo en un gran error, del cual a medida que fueron pasando los años le fue muy difícil poder remediar, ya que su hijo se fue convirtiendo en un joven, despreocupado de su futuro y poco consiente de el esfuerzo que hacia por el. Thomas, influenciable como todos a su edad, creyendo tener el mundo en sus manos, dejándose llevar por aquellos que se decían ser sus amigos fieles; Fue dejando de lado sus estudios, por los buenos consejos y valores que le inculco su madre desde pequeño. Esto lo llevo a pertenecer a una banda delictual y de narcotraficantes, que se hacían llamar “Los pelados”. Su madre nunca supo que el se dedicaba a esto, le mintió y la engaño descaradamente aludiendo que todo era fruto de su trabajo, ya que supuestamente abandono sus estudios a temprana edad para trabajar y ayudar en la casa. Los años fueron pasando, pero ella con su intuición de madre presentía que algo andaba mal, lo notaba distraído y siempre a la defensiva, muchas veces le falto el respeto y otras le reprochaba de haber sido una madre ausente, hasta incluso llego a un punto en que se emborrachaba en su propia casa con sus amigos rompiendo todo tipo de reglas y normas de pertenecer a un hogar decente. Pero como todo tarde o temprano pasa la cuenta y sale a la luz. Thomas un día dejo en evidencia una serie de objetos robados y que posteriormente serian vendidos en el mercado negro, lo que su madre al entrar a su dormitorio noto inmediatamente que Thomas se había convertido en un delincuente, lo pensó un instante y el corazón de ella desbordaba en angustia de solo pensar de que el, su hijo amado la había defraudado enormemente, sus ojos se llenaron de lagrimas, la tristeza la invadía y el mundo se le callo a sus pies. Después de recobrar el aliento y pidiéndole a Dios la sabiduría necesaria habló con el, pero este no lo pudo admitir ante su madre y su enojo y rabia fueron mas fuertes contra ella, por lo que decidió irse de la casa y escapar de los brazos de su madre. El tiempo fue pasando la cuenta y el ya no tenia las mismas agallas de su juventud, por lo tanto todo callo por su propio peso y en el momento de una de sus a sañas con la banda, su destreza fue puesta a prueba, pero ya no era lo mismo con una bala en el muslo izquierdo, sus amigos no estuvieron ahí para levantarlo y llevarlo con ellos, por que a la final cada uno vela por si mismo cuando no existe cierto grado de amor al prójimo. Thomas fue capturado y enjuiciado, le dieron una condena de 10 años y un día. Lo único que no perdió fue el amor incondicional de madre, ella durante los diez años que el estuvo privado de la libertad, siguió dándole todo su apoyo y comprensión, perdonando su error y a la vez el de ella también, durante todo ese tiempo ella se dio cuenta que tanto sacrificio no valió la pena, el darle todo lo que ella podía no sirvió para nada mas que perjudicarlo y crearle un mal habito en el que pensaba que todo se podía conseguir fácilmente en la vida. Ahí también el pudo comprender todo lo que le decía su madre cuando era niño, que si tenia que salir adelante tenia que ser por su propio esfuerzo, que los amigos no son aquellos con los que sales a una fiesta o a pasarlo bien, si no que son los que te aconsejan siempre con la verdad y te hacen ver tus propios errores. Luego de cumplir su condena, Thomas regreso a su hogar con su madre, se rehabilito de una u otra forma y después de unos años conoció al amor de su vida, una mujer muy apuesta con la que formó su propia familia. Su madre falleció unos años mas tarde, en su agonía siempre estuvo satisfecha y feliz por que se reencontraría con su amado y a la vez con su conciencia tranquila de que hiso lo posible por ser buena madre, y dar todo por su hijo. ...FIN... AGRADECER NO KUESTA NADA!!!

Resumen: "La Metamorfosis" Parte II Sólo dos veces había sido necesario que su atenta hermana viese que la silla estaba bajo la ventana para que, a partir de entonces, después de haber recogido la habitación, la colocase siempre bajo aquélla, e incluso dejase abierta la contraventana interior. Si Gregor hubiese podido hablar con la hermana y darle las gracias por todo lo que tenía que hacer por él, hubiese soportado mejor sus servicios, pero de esta forma sufría con ellos. Ciertamente, la hermana intentaba hacer más llevadero lo desagradable de la situación, y, naturalmente, cuanto más tiempo pasaba, tanto más fácil le resultaba conseguirlo, pero también Gregor adquirió con el tiempo una visión de conjunto más exacta. Ya el solo hecho de que la hermana entrase le parecía terrible. Apenas había entrado, sin tomarse el tiempo necesario para cerrar la puerta, y eso que siempre ponía mucha atención en ahorrar a todos el espectáculo que ofrecía la habitación de Gregor, corría derecha hacia la ventana y la abría de par en par, con manos presurosas, como si se asfixiase y, aunque hiciese mucho frío, permanecía durante algunos momentos ante ella y respiraba profundamente. Estas carreras y ruidos asustaban a Gregor dos veces al día; durante todo ese tiempo temblaba bajo el canapé y sabía muy bien que ella le hubiese evitado con gusto todo esto, si es que le hubiese sido posible permanecer con la ventana cerrada en la habitación en la que se encontraba Gregor. Una vez, hacía aproximadamente un mes de la transformación de Gregor, y el aspecto de éste ya no era para la hermana motivo especial de asombro, llegó un poco antes de lo previsto y encontró a Gregor cuando miraba por la ventana, inmóvil y realmente colocado para asustar. Para Gregor no hubiese sido inesperado si ella no hubiese entrado, ya que él, con su posición, impedía que ella pudiese abrir de inmediato la ventana, pero ella no solamente no entró, sino que retrocedió y cerró la puerta; un extraño habría podido pensar que Gregor la había acechado y había querido morderla. Gregor, naturalmente, se escondió enseguida bajo el canapé, pero tuvo que esperar hasta mediodía antes de que la hermana volviese de nuevo, y además parecía mucho más intranquila que de costumbre. Gregor sacó la conclusión de que su aspecto todavía le resultaba insoportable y continuaría pareciéndoselo, y que ella tenía que dominarse a sí misma para no salir corriendo al ver incluso la pequeña parte de su cuerpo que sobresalía del canapé. Para ahorrarle también ese espectáculo, transportó un día sobre la espalda - para ello necesitó cuatro horas - la sábana encima del canapé, y la colocó de tal forma que él quedaba tapado del todo, y la hermana, incluso si se agachaba, no podía verlo. Si, en opinión de la hermana, esa sábana no hubiese sido necesaria, podría haberla retirado, porque estaba suficientemente claro que Gregor no se aislaba por gusto, pero dejó la sábana tal como estaba, e incluso Gregor creyó adivinar una mirada de gratitud cuando, con cuidado, levantó la cabeza un poco para ver cómo acogía la hermana la nueva disposición. Durante los primeros catorce días, los padres no consiguieron decidirse a entrar en su habitación, y Gregor escuchaba con frecuencia cómo ahora reconocían el trabajo de la hermana, a pesar de que anteriormente se habían enfadado muchas veces con ella, porque les parecía una chica un poco inútil. Pero ahora, a veces, ambos, el padre y la madre, esperaban ante la habitación de Gregor mientras la hermana la recogía y, apenas había salido, tenía que contar con todo detalle qué aspecto tenía la habitación, lo que había comido Gregor, cómo se había comportado esta vez y si, quizá, se advertía una pequeña mejoría. Por cierto, que la madre quiso entrar a ver a Gregor relativamente pronto, pero el padre y la hermana se lo impidieron, al principio con argumentos racionales, que Gregor escuchaba con mucha atención, y con los que estaba muy de acuerdo, pero más tarde hubo que impedírselo por la fuerza, y si entonces gritaba. « ¡Dejadme entrar a ver a Gregor, pobre hijo mío! ¿Es que no comprendéis que tengo que entrar a verle?» Entonces Gregor pensaba que quizá sería bueno que la madre entrase, naturalmente no todos los días, pero sí una vez a la semana; ella comprendía todo mucho mejor que la hermana, que, a pesar de todo su valor, no era más que una niña, y, en última instancia, quizá sólo se había hecho cargo de una tarea tan difícil por irreflexión infantil. El deseo de Gregor de ver a la madre pronto se convirtió en realidad. Durante el día Gregor no quería mostrarse por la ventana, por consideración a sus padres, pero tampoco podía arrastrarse demasiado por los pocos metros cuadrados del suelo; ya soportaba con dificultad estar tumbado tranquilamente durante la noche, pronto ya ni siquiera la comida le producía alegría alguna y así, para distraerse, adoptó la costumbre de arrastrarse en todas direcciones por las paredes y el techo. Le gustaba especialmente permanecer colgado del techo; era algo muy distinto a estar tumbado en el suelo; se respiraba con más libertad; un ligero balanceo atravesaba el cuerpo; y sumido en la casi feliz distracción en la que se encontraba allí arriba, podía ocurrir que, para su sorpresa, se dejase caer y se golpease contra el suelo. Pero ahora, naturalmente, dominaba su cuerpo de una forma muy distinta a como lo había hecho antes y no se hacía daño, incluso después de semejante caída. La hermana se dio cuenta inmediatamente de la nueva diversión que Gregor había descubierto - dejaba tras de sí al arrastrarse por todas partes huellas de su sustancia pegajosa - y entonces se le metió en la cabeza proporcionar a Gregor la posibilidad de arrastrarse a gran escala y sacar de allí los muebles que lo impedían, es decir, sobre todo el armario y el escritorio, ella no era capaz de hacerlo todo sola; tampoco se atrevía a pedir ayuda al padre; la criada no la hubiese ayudado seguramente, porque esa chica, de unos dieciséis años, resistía ciertamente con valor desde que se despidió la cocinera anterior, pero había pedido el favor de poder mantener la cocina constantemente cerrada y abrirla solamente a una señal determinada, Así pues, no leque sólo Gregor era dueño y señor de las paredes vacías, no se atrevería a entrar ninguna otra persona más que Grete. Así pues, no se dejó disuadir de sus propósitos por la madre, que también, de pura inquietud, parecía sentirse insegura en esta habitación; pronto enmudeció y ayudó a la hermana con todas sus fuerzas a sacar el armario. Bueno, en caso de necesidad, Gregor podía prescindir del armario, pero el escritorio tenía que quedarse; y apenas habían abandonado las mujeres la habitación con el armario, en el cual se apoyaban gimiendo, cuando Gregor sacó la cabeza de debajo del canapé para ver cómo podía tomar cartas en el asunto lo más prudente y discretamente posible. Pero, por desgracia, fue precisamente la madre quien regresó primero, mientras Grete, en la habitación contigua, sujetaba el armario rodeándolo con los brazos y lo empujaba sola de acá para allá, naturalmente, sin moverlo un ápice de su sitio. Pero la madre no estaba acostumbrada a ver a Gregor, podría haberse puesto enferma por su culpa, y así Gregor, andando hacia atrás, se alejó asustado hasta el otro extremo del canapé, pero no pudo evitar que la sábana se moviese un poco por la parte de delante. Esto fue suficiente para llamar la atención de la madre. Ésta se detuvo, permaneció allí un momento en silencio y luego volvió con Grete. A pesar de que Gregor se repetía una y otra vez que no ocurría nada fuera de lo común, sino que sólo se cambiaban de sitio algunos muebles, sin embargo, como pronto habría de confesarse a sí mismo, este ir y venir de las mujeres, sus breves gritos, el arrastrar de los muebles sobre el suelo, le producían la impresión de un gran barullo, que crecía procedente de todas las direcciones y, por mucho que encogía la cabeza y las patas sobre sí mismo y apretaba el cuerpo contra el suelo, tuvo que confesarse irremisiblemente que no soportaría todo esto mucho tiempo. Ellas le vaciaban su habitación, le quitaban todo aquello a lo que tenía cariño, el armario en el que guardaba la sierra y otras herramientas ya lo habían sacado; ahora ya aflojaban el escritorio, que estaba fijo al suelo, en el cual había hecho sus deberes cuando era estudiante de comercio, alumno del instituto e incluso alumno de la escuela primaria - ante esto no le quedaba ni un momento para comprobar las buenas intenciones que tenían las dos mujeres, y cuya existencia, por cierto, casi había olvidado, porque de puro agotamiento trabajaban en silencio y solamente se oían las sordas pisadas de sus pies. Y así salió de repente - las mujeres estaban en ese momento en la habitación contigua, apoyadas en el escritorio para tomar aliento -, cambió cuatro veces la dirección de su marcha, no sabía a ciencia cierta qué era lo que debía salvar primero, cuando vio en la pared ya vacía, llamándole la atención, el cuadro de la mujer envuelta en pieles, se arrastró apresuradamente hacia arriba y se apretó contra el cuadro, cuyo cristal le sujetaba y le aliviaba el ardor de su vientre. Al menos este cuadro, que Gregor tapaba ahora por completo, seguro que no se lo llevaba nadie. Volvió la cabeza hacia la puerta del cuarto de estar para observar a las mujeres cuando volviesen. No se habían permitido una larga tregua y ya volvían; Grete había rodeado a su madre con el brazo y casi la llevaba en voladas. ¿Qué nos llevamos ahora? - dijo Grete, y miró a su alrededor. Entonces sus miradas se cruzaron con las de Gregor, que estaba en la pared. Seguramente sólo a causa de la presencia de la madre conservó su serenidad, inclinó su rostro hacia la madre, para impedir que ella mirase ha su alrededor, y dijo temblando y aturdida: - Ven, ¿nos volvemos un momento al cuarto de estar? Gregor veía claramente la intención de Grete, quería llevar a la madre a un lugar seguro y luego echarle de la pared. Bueno, ¡que lo intentase! Él permanecería sobre su cuadro y no renunciaría a él. Prefería saltarle a Grete a la cara. Pero justamente las palabras de Grete inquietaron a la madre, se echó a un lado, vio la gigantesca mancha pardusca sobre el papel pintado de flores y, antes de darse realmente cuenta de que aquello que veía era Gregor, gritó con voz ronca y estridente: - ¡Ay Dios mío, ay Dios mío! - y con los brazos extendidos cayó sobre el canapé, como si renunciase a todo, y se quedó allí inmóvil. -¡Cuidado Gregor! - gritó la hermana levantando el puño y con una mirada penetrante. Desde la transformación eran estas las primeras palabras que le dirigía directamente. Corrió a la habitación contigua para buscar alguna esencia con la que pudiese despertar a su madre de su inconsciencia; Gregor también quería ayudar - había tiempo más que suficiente para salvar el cuadro -, pero estaba pegado al cristal y tuvo que des prenderse con fuerza, luego corrió también a la habitación de al lado como si pudiera dar a la hermana algún consejo, como en otros tiempos, pero tuvo que quedarse detrás de ella sin hacer nada; mientras que Grete revolvía entre diversos frascos, se asustó al darse la vuelta, un frasco se cayó al suelo y se rompió y un trozo de cristal hirió a Gregor en la cara; una medicina corrosiva se derramó sobre él. Sin detenerse más tiempo, Grete cogió todos los frascos que podía llevar y corrió con ellos hacia donde estaba la madre; cerró la puerta con el pie. Gregor estaba ahora aislado de la madre, que quizá estaba a punto de morir por su culpa; no debía abrir la habitación, no quería echar a la hermana que tenía que permanecer con la madre; ahora no tenía otra cosa que hacer que esperar; y, afligido por los remordimientos y la preocupación, comenzó a arrastrarse, se arrastró por todas partes: paredes, muebles y techos, y finalmente, en su desesperación, cuando ya la habitación empezaba a dar vueltas a su alrededor, se desplomó en medio de la gran mesa. Pasó un momento, Gregor yacía allí extenuado, a su alrededor todo estaba tranquilo, quizá esto era una buena señal. Entonces sonó el timbre. La chica estaba, naturalmente, encerrada en su cocina y Grete tenía que ir a abrir. El padre había llegado. ¿Qué ha ocurrido? - fueron sus primeras palabras. El aspecto de Grete lo revelaba todo. Grete contestó con voz ahogada, sin duda apretaba su rostro contra el pecho del padre: - La madre se quedó inconsciente, pero ya está mejor. Gregor se ha escapado. - Ya me lo esperaba - dijo el padre -, os lo he dicho una y otra vez, pero vosotras, las mujeres, nunca hacéis caso. Gregor se dio cuenta de que el padre había interpretado mal la escueta información de Grete y sospechaba que Gregor había hecho uso de algún acto violento. Por eso ahora tenía que intentar apaciguar al padre, porque para darle explicaciones no tenía ni el tiempo ni la posibilidad. Así pues, Gregor se precipitó hacia la puerta de su habitación y se apretó contra ella para que el padre, ya desde el momento en que entrase en el vestíbulo, viese que Gregor tenía la más sana intención de regresar inmediatamente a su habitación, y que no era necesario hacerle retroceder, sino que sólo hacía falta abrir la puerta e inmediatamente desaparecería. Pero el padre no estaba en situación de advertir tales sutilezas. - ¡Ah! - gritó al entrar, en un tono como si al mismo tiempo estuviese furioso y contento. Gregor retiró la cabeza de la puerta y la levantó hacia el padre. Nunca se hubiese imaginado así al padre, tal y como estaba allí; bien es verdad que en los últimos tiempos, puesta su atención en arrastrarse por todas partes, había perdido la ocasión de preocuparse como antes de los asuntos que ocurrían en el resto de la casa, y tenía realmente cpe haber estado preparado para encontrar las circunstancias cambiadas. Aun así, aun así. ¿Era este todavía el padre? El mismo hombre que yacía sepultado en la cama, cuando, en otros tiempos, Gregor salía en viaje de negocios? ¿El mismo hombre que, la tarde en que volvía, le recibía en bata sentado en su sillón, y que no estaba en condiciones de levantarse, sino que, como señal de alegría, sólo levantaba los brazos hacia él? ¿El mismo hombre que, durante los poco frecuentes paseos en común, un par de domingos al año o en las festividades más importantes, se abría paso hacia delante entre Gregor y la madre, que ya de por sí andaban despacio, aún más despacio que ellos, envuelto en su viejo abrigo, siempre apoyando con cuidado el bastón, y que, cuando quería decir algo, casi siempre se quedaba parado y congregaba a sus acompañantes a su alrededor? Pero ahora estaba muy derecho, vestido con un rígido uniforme azul con botones, como los que llevan los ordenanzas de los bancos; por encima del cuello alto y tieso de la chaqueta sobresalía su gran papada; por debajo de las pobladas cejas se abría paso la mirada, despierta y atenta, de unos ojos negros. El cabello blanco, en otro tiempo desgreñado, estaba ahora ordenado en un peinado a raya brillante y exacto. Arrojó su gorra, en la que había bordado un monograma dorado, probablemente el de un banco, sobre el canapé a través de la habitación formando un arco, y se dirigió hacia Gregor con el rostro enconado, las puntas de la larga chaqueta del uniforme echadas hacia atrás, y las manos en los bolsillos del pantalón. Probablemente ni él mismo sabía lo que iba a hacer, sin embargo levantaba los pies a una altura desusada y Gregor se asombró del tamaño enorme de las suelas de sus botas. Pero Gregor no permanecía parado, ya sabía desde el primer día de su nueva vida que el padre, con respecto a él, sólo consideraba oportuna la mayor rigidez. Y así corría delante del padre, se paraba si el padre se paraba, y se apresuraba a seguir hacia delante con sólo que el padre se moviese. Así recorrieron varias veces la habitación sin que ocurriese nada decisivo y sin que ello hubiese tenido el aspecto de una persecución, como consecuencia de la lentitud de su recorrido. Por eso Gregor permaneció de momento sobre el suelo, especialmente porque temía que el padre considerase una especial maldad por su parte la huida a las paredes o al techo. Por otra parte, Gregor tuvo que confesarse a sí mismo que no soportaría por mucho tiempo estas carreras, porque mientras el padre daba un paso, él tenía que realizar un sinnúmero de movimientos. Ya comenzaba a sentir ahogos, bien es verdad que tampoco anteriormente había tenido unos pulmones dignos de confianza. Mientras se tambaleaba con la intención de reunir todas sus fuerzas para la carrera, apenas tenía los ojos abiertos; en su embotamiento no pensaba en otra posibilidad de salvación que la de correr; y ya casi había olvidado que las paredes estaban a su disposición, bien es verdad que éstas estaban obstruidas por muebles llenos de esquinas y picos. En ese momento algo, lanzado sin fuerza, cayó junto a él, y echó a rodar por delante de él. Era una manzana; inmediatamente siguió otra; Gregor se quedó inmóvil del susto; seguir corriendo era inútil, porque el padre había decidido bombardearle. Con la fruta procedente del frutero que estaba sobre el aparador se había llenado los bolsillos y lanzaba manzana tras manzana sin apuntar con exactitud, de momento. Estas pequeñas manzanas rojas rodaban por el sueño como electrificadas y chocaban unas con otras. Una manzana lanzada sin fuerza rozó la espalda de Gregor, pero resbaló sin causarle daños. Sin embargo, otra que la siguió inmediatamente, se incrustó en la espalda de Gregor; éste quería continuar arrastrándose, como si el increíble y sorprendente dolor pudiese aliviarse al cambiar de sitio; pero estaba como clavado y se estiraba, totalmente desconcertado. Sólo al mirar por última vez alcanzó a ver cómo la puerta de su habitación se abría de par en par y por delante de la hermana, que chillaba, salía corriendo la madre en enaguas, puesto que la hermana la había desnudado para proporcionarle aire mientras permanecía inconsciente; vio también cómo, a continuación, la madre corría hacia el padre y, en el camino, perdía una tras otra sus enaguas desatadas, y cómo, tropezando con ellas, caía sobre el padre, y abrazándole, unida estrechamente a él - ya empezaba a fallarle la vista a Gregor -, le suplicaba, cruzando las manos por detrás de su nuca, que perdonase la vida de Gregor. - Capitulo III: La grave herida de Gregor, cuyos dolores soportó más de un mes - la manzana permaneció empotrada en la carne como recuerdo visible, ya que nadie se atrevía a retirarla -, pareció recordar, incluso al padre, que Gregor, a pesar de su triste y repugnante forma actual, era un miembro de la familia, a quien no podía tratarse como un enemigo, sino frente al cual el deber familiar era aguantarse la repugnancia y resignarse, nada más que resignarse. Y si Gregor ahora, por culpa de su herida, probablemente había perdido agilidad para siempre, y por lo pronto necesitaba para cruzar su habitación como un viejo inválido largos minutos - no se podía ni pensar en arrastrarse por las alturas -, sin embargo, en compensación por este empeoramiento de su estado, recibió, en su opinión, una reparación más que suficiente: hacia el anochecer se abría la puerta del cuarto de estar, la cual solía observar fijamente ya desde dos horas antes, de forma que, tumbado en la oscuridad de su habitación, sin ser visto desde el comedor, podía ver a toda la familia en la mesa iluminada y podía escuchar sus conversaciones, en cierto modo con el consentimiento general, es decir, de una forma completamente distinta a como había sido hasta ahora. Naturalmente, ya no se trataba de las animadas conversaciones de antaño, en las que Gregor, desde la habitación de su hotel, siempre había pensado con cierta nostalgia cuando, cansado, tenía que meterse en la cama húmeda. La mayoría de las veces transcurría el tiempo en silencio. El padre no tardaba en dormirse en la silla después de la cena, y la madre y la hermana se recomendaban mutuamente silencio; la madre, inclinada muy por debajo de la luz, cosía ropa fina para un comercio de moda; la hermana, que había aceptado un trabajo como dependienta, estudiaba por la noche estenografía y francés, para conseguir, quizá más tarde, un puesto mejor. A veces el padre se despertaba y, como si no supiera que había dormido, decía a la madre: « ¡Cuánto coses hoy también!», e inmediatamente volvía a dormirse mientras la madre y la hermana se sonreían mutuamente. Por una especie de obstinación, el padre se negaba a quitarse el uniforme mientras estaba en casa; y mientras la bata colgaba inútilmente de la percha, dormitaba el padre en su asiento, completamente vestido, como si siempre estuviese preparado para el servicio e incluso en casa esperase también la voz de su superior. Como consecuencia, el uniforme, que no era nuevo ya en un principio, empezó a ensuciarse a pesar del cuidado de la madre y de la hermana. Gregor se pasaba con frecuencia tardes enteras mirando esta brillante ropa, completamente manchada, con sus botones dorados siempre limpios con la que el anciano dormía muy incómodo y, sin embargo, tranquilo. En cuanto el reloj daba las diez, la madre intentaba despertar al padre en voz baja y convencerle para que se fuese a la cama, porque éste no era un sueño auténtico y el padre tenía necesidad de él, porque tenía que empezar a trabajar a las seis de la mañana. Pero con la obstinación que se había apoderado de él desde que se había convertido en ordenanza, insistía en quedarse más tiempo a la mesa, a pesar de que, normalmente, se quedaba dormido y, además, sólo con grandes esfuerzos podía convencérsele de que cambiase la silla por la cama. Ya podían la madre y la hermana insistir con pequeñas amonestaciones, durante un cuarto de hora daba cabezadas lentamente, mantenía los ojos cerrados y no se levantaba. La madre le tiraba del brazo, diciéndole al oído palabras cariñosas, la hermana abandonaba su trabajo para ayudar a la madre, pero esto no tenía efecto sobre el padre. Se hundía más profundamente en su silla. Sólo cuando las mujeres le cogían por debajo de los hombros, abría los ojos, miraba alternativamente a la madre y a la hermana, y solía decir: « ¡Qué vida ésta! ¡Esta es la tranquilidad de mis últimos días!», y apoyado sobre las dos mujeres se levantaba pesadamente, como si él mismo fuese su más pesada carga, se dejaba llevar por ellas hasta la puerta, allí les hacía una señal de que no las necesitaba, y continuaba solo, mientras que la madre y la hermana dejaban apresuradamente su costura y su pluma para correr tras el padre y continuar ayudándole. ¿Quién en esta familia, agotada por el trabajo y rendida de cansancio, iba a tener más tiempo del necesario para ocuparse de Gregor? El presupuesto familiar se reducía cada vez más, la criada acabó por ser despedida. Una asistenta gigantesca y huesuda, con el pelo blanco y desgreñado, venía por la mañana y por la noche y hacía el trabajo más pesado; todo lo demás lo hacía la madre, además de su mucha costura. Ocurrió incluso el caso de que varias joyas de la familia, que la madre y la hermana habían lucido entusiasmadas en reuniones y fiestas, hubieron de ser vendidas, según se enteró Gregor por la noche por la conversación acerca del precio conseguido. Pero el mayor motivo de queja era que no se podía dejar este piso, que resultaba demasiado grande en las circunstancias presentes, ya que no sabían cómo se podía trasladar a Gregor. Pero Gregor comprendía que no era sólo la consideración hacia él lo que impedía un traslado, porque se le hubiera podido transportar fácilmente en un cajón apropiado con un par de agujeros para el aire; lo que, en primer lugar, impedía a la familia un cambio de piso era, aún más, la desesperación total y la idea de que habían sido azotados por una desgracia como no había igual en todo su círculo de parientes y amigos. Todo lo que el mundo exige de la gente pobre lo cumplían ellos hasta la saciedad: el padre iba a buscar el desayuno para el pequeño empleado de banco, la madre se sacrificaba por la ropa de gente extraña, la hermana, a la orden de los clientes, corría de un lado para otro detrás del mostrador, pero las fuerzas de la familia ya no daban para más. La herida de la espalda comenzaba otra vez a dolerle a Gregor como recién hecha cuando la madre y la hermana, después de haber llevado al padre a la cama, regresaban, dejaban a un lado el trabajo, se acercaban una a otra, sentándose muy juntas. Entonces la madre, señalando hacia la habitación de Gregor, decía: «Cierra la puerta, Grete», y cuando Gregor se encontraba de nuevo en la oscuridad, fuera las mujeres confundían sus lágrimas o simplemente miraban fijamente a la mesa sin llorar. Gregor pasaba las noches y los días casi sin dormir. A veces pensaba que la próxima vez que se abriese la puerta él se haría cargo de los asuntos de la familia como antes; en su mente aparecieron de nuevo, después de mucho tiempo, el jefe y el encargado; los dependientes y los aprendices; el mozo de los recados, tan corto de luces; dos, tres amigos de otros almacenes; una camarera de un hotel de provincias; un recuerdo amado y fugaz: una cajera de una tienda de sombreros a quien había hecho la corte seriamente, pero con demasiada lentitud; todos ellos aparecían mezclados con gente extraña o ya olvidada, pero en lugar de ayudarle a él y a su familia, todos ellos eran inaccesibles, y Gregor se sentía aliviado cuando desaparecían. Pero después ya no estaba de humor para preocuparse por su familia, solamente sentía rabia por el mal cuidado de que era objeto y, a pesar de que no podía imaginarse algo que le hiciese sentir apetito, hacía planes sobre cómo podría llegar a la despensa para tomar de allí lo que quisiese, incluso aunque no tuviese hambre alguna. Sin pensar más en qué es lo que podría gustar a Gregor, la hermana, por la mañana y al mediodía, antes de marcharse a la tienda, empujaba apresuradamente con el pie cualquier comida en la habitación de Gregor, para después recogerla por la noche con el palo de la escoba, tanto si la comida había sido probada, como si - y éste era el caso más frecuente - ni siquiera había sido tocada. Recoger la habitación, cosa que ahora hacía siempre por la noche, no podía hacerse más deprisa. Franjas de suciedad se extendían por las paredes, por todas partes había ovillos de polvo y suciedad. Al principio, cuando llegaba la hermana, Gregor se colocaba en el rincón más significativamente sucio para, en cierto modo, hacerle reproches mediante esta posición. Pero seguramente hubiese podido permanecer allí semanas enteras sin que la hermana hubiese mejorado su actitud por ello; ella veía la suciedad lo mismo que él, pero se había decidido a dejarla allí. Al mismo tiempo, con una susceptibilidad completamente nueva en ella y que, en general, se había apoderado de toda la familia, ponía especial atención en el hecho de que se reservase solamente a ella el cuidado de la habitación de Gregor. En una ocasión la madre había sometido la habitación de Gregor a una gran limpieza, que había logrado solamente después de utilizar varios cubos de agua - la humedad, sin embargo, también molestaba a Gregor, que yacía extendido, amargado e inmóvil sobre el canapé -, pero el castigo de la madre no se hizo esperar, porque apenas había notado la hermana por la tarde el cambio en la habitación de Gregor, cuando, herida en lo más profundo de sus sentimientos, corrió al cuarto de estar y, a pesar de que la madre suplicaba con las manos levantadas, rompió en un mar de lágrimas, que los padres - el padre se despertó sobresaltado en su silla -, al principio, observaban asombrados y sin poder hacer nada, hasta que, también ellos, comenzaron a sentirse conmovidos; el padre, a su derecha, reprochaba a la madre que no hubiese dejado al cuidado de la hermana la limpieza de la habitación de Gregor, a su izquierda, decía a gritos a la hermana que nunca más volvería a limpiar la habitación de Gregor; mientras que la madre intentaba llevar al dormitorio al padre, que no podía más de irritación, la hermana, sacudida por los sollozos, golpeaba la mesa con sus pequeños puños, y Gregor silbaba de pura rabia porque a nadie se le ocurría cerrar la puerta para ahorrarle este espectáculo y este ruido. Pero incluso si la hermana, agotada por su trabajo, estaba ya harta de cuidar de Gregor como antes, tampoco la madre tenía que sustituirla y no era necesario que Gregor hubiese sido abandonado, porque para eso estaba la asistenta. Esa vieja viuda, que en su larga vida debía haber superado lo peor con ayuda de su fuerte constitución, no sentía repugnancia alguna por Gregor. Sin sentir verdadera curiosidad, una vez había abierto por casualidad la puerta de la habitación de Gregor y, al verle, se quedó parada, asombrada, con los brazos cruzados, mientras éste, sorprendido y a pesar de que nadie la perseguía, comenzó a correr de un lado a otro. Desde entonces no perdía la oportunidad de abrir un poco la puerta por la mañana y por la tarde para echar un vistazo a la habitación de Gregor. Al principio le llamaba hacia ella con palabras que, probablemente, consideraba amables, como: « ¡Ven aquí, viejo escarabajo pelotero!» o « ¡Mirad el viejo escarabajo pelotero!». Gregor no contestaba nada a tales llamadas, sino que permanecía inmóvil en su sitio, como si la puerta no hubiese sido abierta. ¡Si se le hubiese ordenado a esa asistenta que limpiase diariamente la habitación en lugar de dejar que le molestase inútilmente a su antojo! Una vez, por la mañana temprano - una intensa lluvia golpeaba los cristales, quizá como signo de la primavera, que ya se acercaba -, cuando la asistenta empezó otra vez con sus improperios, Gregor se enfureció tanto que se dio la vuelta hacia ella como para atacarla, pero de forma lenta y débil. Sin embargo, la asistenta, en vez de asustarse, alzó simplemente una silla, que se encontraba cerca de la puerta, y, tal como permanecía allí, con la boca completamente abierta, estaba clara su intención de cerrar la boca sólo cuando la silla que tenía en la mano acabase en la espalda de Gregor. ¿Con que no seguimos adelante? - preguntó, al ver que Gregor se daba de nuevo la vuelta, y volvió a colocar la silla tranquilamente en el rincón. Gregor ya no comía casi nada. Sólo si pasaba por casualidad al lado de la comida tomaba un bocado para jugar con él en la boca, lo mantenía allí horas y horas y, la mayoría de las veces, acababa por escupirlo. Al principio pensó que lo que le impedía comer era la tristeza por el estado de su habitación, pero precisamente con los cambios de la habitación se reconcilió muy pronto. Se habían acostumbrado a meter en esta habitación cosas que no podían colocar en otro sitio, y ahora había muchas cosas de éstas, porque una de las habitaciones de la casa había sido alquilada a tres huéspedes. Estos señores tan severos - los tres tenían barba, según pudo comprobar Gregor por una rendija de la puerta - ponían especial atención en el orden, no sólo ya de su habitación, sino de toda la casa, puesto que se habían instalado aquí, y especialmente en el orden de la cocina. No soportaban trastos inútiles ni mucho menos sucios. Además, habían traído una gran parte de sus propios muebles. Por ese motivo sobraban muchas cosas que no se podían vender ni tampoco se querían tirar. Todas estas cosas acababan en la habitación de Gregor. Lo mismo ocurrió con el cubo de la ceniza y el cubo de la basura de la cocina. La asistenta, que siempre tenía mucha prisa, arrojaba simplemente en la habitación de Gregor todo lo que, de momento, no servía; por suerte, Gregor sólo veía, la mayoría de las veces, el objeto correspondiente y la mano que lo sujetaba. La asistenta tenía, quizá, la intención de recoger de nuevo las cosas cuando hubiese tiempo y oportunidad, o quizá tirarlas todas de una vez, pero lo cierto es que todas se quedaban tiradas en el mismo lugar en que habían caído al arrojarlas, a no ser que Gregor se moviese por entre los trastos y los pusiese en movimiento, al principio, obligado a ello porque no había sitio libre para arrastrarse, pero más tarde con creciente satisfacción, a pesar de que después de tales paseos acababa mortalmente agotado y triste, y durante horas permanecía inmóvil. Como los huéspedes a veces tomaban la cena en el cuarto de estar, la puerta permanecía algunas noches cerrada, pero Gregor renunciaba gustoso a abrirla, incluso algunas noches en las que había estado abierta no se había aprovechado de ello, sino que, sin que la familia lo notase, se había tumbado en el rincón más oscuro de la habitación. Pero en una ocasión la asistenta había dejado un poco abierta la puerta que daba al cuarto de estar y se quedó abierta incluso cuando los huéspedes llegaron y se dio la luz. Se sentaban a la mesa en los mismos sitios en que antes habían comido el padre, la madre y Gregor, desdoblaban las servilletas y tomaban en la mano cuchillo y tenedor. Al momento aparecía por la puerta la madre con una fuente de carne, y poco después lo hacía la hermana con una fuente llena de patatas. La comida humeaba. Los huéspedes se inclinaban sobre las fuentes que había ante ellos como si quisiesen examinarlas antes de comer, y, efectivamente, el señor que estaba sentado en medio y que parecía ser el que más autoridad tenía de los tres, cortaba un trozo de carne en la misma fuente con el fin de comprobar si estaba lo suficientemente tierna, o quizá; la madre y la hermana, que habían observado todo con impaciencia, comenzaban a sonreír respirando profundamente. La familia comía en la cocina. A pesar de ello, el padre, antes de entrar en ésta, entraba en la habitación y con una sola reverencia y la gorra en la mano, daba una vuelta a la mesa. Los huéspedes se levantaban y murmuraban algo para el cuello de su camisa. Cuando ya estaban solos, comían casi en absoluto silencio. A Gregor le parecía extraño el hecho de que, de todos los variados ruidos de la comida, una y otra vez se escuchasen los dientes al masticar, como si con ello quisieran mostrarle a Gregor que para comer se necesitan los dientes y que, aún con las más hermosas mandíbulas, sin dientes no se podía conseguir nada. - Pero si yo tengo apetito - se decía Gregor; preocupa do -, pero no me apetecen estas cosas. ¡Cómo comen los huéspedes y yo me muero! Precisamente aquella noche ¿Gregor no se acordaba de haberlo oído en todo el tiempo? - se escuchó el violín. Los huéspedes ya habían terminado de cenar, el de en medio había sacado un periódico, les había dado una hoja a cada uno de los otros dos, y los tres fumaban y leían echados hacia atrás. Cuando el violín comenzó a sonar escucharon con atención, se levantaron y, de puntillas, fueron hacia la puerta del vestíbulo, en la que permanecieron quietos de pie, apretados unos junto a otros. Desde la cocina se les debió oír, porque el padre gritó: ¿Les molesta a los señores la música? Inmediatamente puede dejar de tocarse. - Al contrario - dijo el señor de en medio -. ¿No desearía la señorita entrar con nosotros y tocar aquí en la habitación, donde es mucho más cómodo y agradable? - Naturalmente - exclamó el padre, como si el violinista fuese él mismo. Los señores regresaron a la habitación y esperaron. Pronto llegó el padre con el atril, la madre con la partitura y la hermana con el violín. La hermana preparó con tranquilidad todo lo necesario para tocar. Los padres, que nunca antes habían alquilado habitaciones, y por ello exageraban la amabilidad con los huéspedes, no se atrevían a sentarse en sus propias sillas; el padre se apoyó en la puerta, con la mano derecha colocada entre dos botones de la librea abrochada; a la madre le fue ofrecida una silla por uno de los señores y, como la dejó en el lugar en el que, por casualidad, la había colocado el señor, permanecía sentada en un rincón apartado. La hermana empezó a tocar; el padre y la madre, cada uno desde su lugar, seguían con atención los movimientos de sus manos; Gregor, atraído por la música, había avanzado un poco hacia delante y ya tenía la cabeza en el cuarto de estar. Ya apenas se extrañaba de que en los últimos tiempos no tenía consideración con los demás; antes estaba orgulloso de tener esa consideración y, precisamente ahora, hubiese tenido mayor motivo para esconderse, porque, como consecuencia del polvo que reinaba en su habitación, y que volaba por todas partes al menor movimiento, él mismo estaba también lleno de polvo. Sobre su espalda y sus costados arrastraba consigo por todas partes hilos, pelos, restos de comida... Su indiferencia hacia todo era demasiado grande como para tumbarse sobre su espalda y restregarse contra la alfombra, tal como hacía antes varias veces al día. Y, a pesar de este estado, no sentía vergüenza alguna de avanzar por el suelo impecable del comedor. Por otra parte, nadie le prestaba atención. La familia estaba completamente absorta en la música del violín; por el contrario, los huéspedes, que al principio, con las manos en los bolsillos, se habían colocado demasiado cerca detrás del atril de la hermana, de forma que podrían haber leído la partitura, lo cual sin duda tenía que estorbar a la hermana, hablando a media voz, con las cabezas inclinadas, se retiraron pronto hacia la ventana, donde permanecieron observados por el padre con preocupación. Realmente daba a todas luces la impresión de que habían sido decepcionados en su suposición de escuchar una pieza bella o divertida al violín, de que estaban hartos de la función y sólo permitían que se les molestase por amabilidad. Especialmente la forma en que echaban a lo alto el humo de los cigarrillos por la boca y por la nariz denotaba gran nerviosismo. Y, sin embargo, la hermana tocaba tan bien... Su rostro estaba inclinarlo hacia un lado, atenta y tristemente seguían sus ojos las notas del pentagrama. Gregor avanzó un poco más y mantenía la cabeza pegada al suelo para, quizá, poder encontrar sus miradas. ¿Es que era ya una bestia a la que le emocionaba la música? Le parecía como si se le mostrase el camino hacia el desconocido y anhelado alimento. Estaba decidido a acercarse hasta la hermana, tirarle de la falda y darle así a entender que ella podía entrar con su violín en su habitación porque nadie podía recompensar su música como él quería hacerlo. No quería dejarla salir nunca de su habitación, al menos mientras él viviese; su horrible forma le sería útil por primera vez; quería estar a la vez en todas las puertas de su habitación y tirarse a los que le atacasen; pero la hermana no debía quedar se con él por la fuerza, sino por su propia voluntad; debería sentarse junto a él sobre el canapé, inclinar el oído hacia él, y él deseaba confiarle que había tenido la firme intención de enviarla al conservatorio y que, si la desgracia no se hubiese cruzado en su camino la Navidad pasada - probablemente la Navidad ya había pasado - se lo hubiese dicho a todos sin preocuparse de réplica alguna. Después de esta confesión, la hermana estallaría en lágrimas de emoción y Gregor se levantaría hasta su hombro y le daría un beso en el cuello, que, desde que iba a la tienda, llevaba siempre al aire sin cintas ni adornos. - ¡Señor Samsa! - gritó el señor de en medio al padre, y señaló, sin decir una palabra más, con el índice hacia Gregor, que avanzaba lentamente. El violín enmudeció, en un principio el huésped de en medio sonrió a sus amigos moviendo la cabeza y, a continuación, miró hacia Gregor. El padre, en lugar de echar a Gregor, consideró más necesario, ante todo, tranquilizar a los huéspedes, a pesar de que ellos no estaban nerviosos en absoluto y Gregor parecía distraerles más que el violín. Se precipitó hacia ellos e intentó, con los brazos abiertos, empujarles a su habitación y, al mismo tiempo, evitar con su cuerpo que pudiesen ver a Gregor. Ciertamente se enfada ron un poco, no se sabía ya si por el comportamiento del padre, o porque ahora se empezaban a dar cuenta de que, sin saberlo, habían tenido un vecino como Gregor. Exigían al padre explicaciones, levantaban los brazos, se tiraban intranquilos de la barba y, muy lentamente, retrocedían hacia su habitación. Entre tanto, la hermana había superado el desconcierto en que había caído después de interrumpir su música de una forma tan repentina, había reaccionado de pronto, después de que durante unos momentos había sostenido en las manos caídas con indolencia el violín y el arco, y había seguido mirando la partitura como si todavía tocase, había colocado el instrumento en el regazo de la madre, que todavía seguía sentada en su silla con dificultades para respirar y agitando violentamente los pulmones, y había corrido hacia la habitación de al lado, a la que los huéspedes se acercaban cada vez más deprisa ante la insistencia del padre. Se veía cómo, gracias a las diestras manos de la hermana, las mantas y almohadas de las camas volaban hacia lo alto y se ordenaban. Antes de que los señores hubiesen llegado a la habitación, había terminado de hacer las camas y se había 'escabullido hacia afuera. El padre parecía estar hasta tal punto dominado por su obstinación, que olvidó todo el respeto que, ciertamente, debía a sus huéspedes. Sólo les empujaba y les empujaba hasta que, ante la puerta de la habitación, el señor de en medio dio una patada atronadora contra el suelo y así detuvo al padre. - Participo a ustedes - dijo, levantó la mano y buscaba con sus miradas también a la madre y a la hermana - que, teniendo en cuenta las repugnantes circunstancias que reinan en esta casa y en esta familia - en este punto escupió decididamente sobre el suelo -, en este preciso instante dejo la habitación. Por los días que he vivido aquí no pagaré, naturalmente, lo más mínimo; por el contrario, me pensaré si no procedo contra ustedes con algunas reclamaciones muy fáciles, créanme, de justificar. Calló y miró hacia adelante como si esperase algo. En efecto, sus dos amigos intervinieron inmediatamente con las siguientes palabras: - También nosotros dejamos en este momento la habitación. A continuación agarró el picaporte y cerró la puerta de un portazo. El padre se tambaleaba tanteando con las manos en dirección a su silla y se dejó caer en ella. Parecía como si se preparase para su acostumbrada siestecita nocturna, pero la profunda inclinación de su cabeza, abatida como si nada la sostuviese, mostraba que de ninguna manera dormía. Gregor yacía todo el tiempo en silencio en el mismo sitio en que le habían descubierto los huéspedes. La decepción por el fracaso de sus planes, pero quizá también la debilidad causada por el hambre que pasaba, le impedían moverse. Temía, con cierto fundamento, que dentro de unos momentos se desencadenase sobre él una tormenta general, y esperaba. Ni siquiera se sobresaltó con el ruido del violín que, por entre los temblorosos dedos de la madre, se cayó de su regazo y produjo un sonido retumbante. Queridos padres - dijo la hermana y, como introducción, dio un golpe sobre la mesa -, esto no puede seguir así. Si vosotros no os dais cuenta, yo sí me la doy. No quiero, ante esta bestia, pronunciar el nombre de mi hermano, y por eso sola mente digo: tenemos que intentar quitárnoslo de encima. Hemos hecho todo lo humanamente posible por cuidarlo y aceptarlo; creo que nadie puede hacernos el menor reproche. - Tiene razón una y mil veces - dijo el padre para sus adentros. La madre, que aún no tenía aire suficiente, comenzó a toser sordamente sobre la mano que tenía ante la boca, con una expresión de enajenación en los ojos. La hermana corrió hacia la madre y le sujetó la frente. El padre parecía estar enfrascado en determinados pensamientos; gracias a las palabras de la hermana, se había sentado más derecho, jugueteaba con su gorra por entre los platos, que desde la cena de los huéspedes seguían en la mesa, y miraba de vez en cuando a Gregor, que permanecía en silencio. - Tenemos que intentar quitárnoslo de encima - dijo entonces la hermana, dirigiéndose sólo al padre, porque la madre, con su tos, no oía nada -. Os va a matar a los dos, ya lo veo venir. Cuando hay que trabajar tan duramente como lo hacemos nosotros no se puede, además, soportar en casa este tormento sin fin. Yo tampoco puedo más - y rompió a llorar de una forma tan violenta, que sus lágrimas caían sobre el rostro de la madre, del cual las secaba mecánicamente con las manos. - Pero hija - dijo el padre compasivo y con sorprendente comprensión -. ¡Qué podemos hacer! Pero la hermana sólo se encogió de hombros como signo de la perplejidad que, mientras lloraba, se había apoderado de ella, en contraste con su seguridad anterior. - Si él nos entendiese... - dijo el padre en tono medio interrogante. La hermana, en su llanto, movió violentamente la mano como señal de que no se podía ni pensar en ello. - Si él nos entendiese... - repitió el padre, y cerrando los ojos hizo suya la convicción de la hermana acerca de la imposibilidad de ello -, entonces sería posible llegar a un acuerdo con él, pero así... - Tiene que irse - exclamó la hermana -, es la única posibilidad, padre. Sólo tienes que desechar la idea de que se trata de Gregor. El haberlo creído durante tanto tiempo ha sido nuestra auténtica desgracia, pero ¿cómo es posible que sea Gregor? Si fuese Gregor hubiese comprendido hace tiempo que una convivencia entre personas y semejante animal no es posible, y se hubiese marchado por su propia voluntad: ya no tendríamos un hermano, pero podríamos continuar viviendo y conservaríamos su recuerdo con honor. Pero así esa bestia nos persigue, echa a los huéspedes, quiere, evidentemente, adueñarse de toda la casa y dejar que pasemos la noche en la calle. ¡Mira, padre - gritó de repente -, ya empieza otra vez! Y con un miedo completamente incomprensible para Gregor, la hermana abandonó incluso a la madre, se arrojó literalmente de su silla, como si prefiriese sacrificar a la madre antes de permanecer cerca de Gregor, y se precipitó detrás del padre que, principalmente irritado por su comportamiento, se puso también en pie y levantó los brazos a media altura por delante de la hermana para protegerla. Pero Gregor no pretendía, ni por lo más remoto, asustar a nadie, ni mucho menos a la hermana. Solamente había empezado a darse la vuelta para volver a su habitación y esto llamaba la atención, ya que, como consecuencia de su estado enfermizo, para dar tan difíciles vueltas, tenía que ayudarse con la cabeza, que levantaba una y otra vez y que golpeaba contra el suelo. Se detuvo y miró a su alrededor; su buena intención pareció ser entendida; sólo había sido un susto momentáneo, ahora todos le miraban tristes y en silencio. La madre yacía en su silla con las piernas extendidas y apretadas una contra otra, los ojos casi se le cerraban de puro agotamiento. El padre y la hermana estaban sentados uno junto a otro, y la hermana había colocado su brazo alrededor del cuello del padre. « Quizá pueda darme la vuelta ahora», pensó Gregor, y empezó de nuevo su actividad. No podía contener los resuellos por el esfuerzo y de vez en cuando tenía que descansar. Por lo demás, nadie le apremiaba, se le dejaba hacer lo que quisiera. Cuando hubo dado la vuelta del todo comenzó enseguida a retroceder todo recto... Se asombró de la gran distancia que le separaba de su habitación y no comprendía cómo, con su debilidad, hacía un momento había recorrido el mismo camino sin notarlo. Concentrándose constantemente en avanzar con rapidez, apenas se dio cuenta de que ni una palabra, ni una exclamación de su familia le molestaba. Cuando ya estaba en la puerta volvió la cabeza, no por completo, porque notaba que el cuello se le ponía rígido, pero sí vio aún que tras de él nada había cambiado, sólo la hermana se había levantado. Su última mirada acarició a la madre que, por fin, se había quedado profundamente dormida. Apenas entró en su habitación se cerró la puerta y echaron la llave. Gregor se asustó tanto del repentino ruido producido detrás de él, que las patitas se le doblaron. Era la hermana quien se había apresurado tanto. Había permanecido en pie allí y había esperado, con ligereza había saltado hacia adelante, Gregor ni siquiera la había oído venir, y gritó un « ¡Por fin!» a los padres mientras echaba la llave. « ¿Y ahora?», se preguntó Gregor, y miró a su alrededor en la oscuridad. Pronto descubrió que ya no se podía mover. No se extrañó por ello, más bien le parecía antinatural que, hasta ahora, hubiera podido moverse con estas patitas. Por lo demás, se sentía relativamente a gusto. Bien es verdad que le dolía todo el cuerpo, pero le parecía como si los dolores se hiciesen más y más débiles y, al final, desapareciesen por completo. Apenas sentía ya la manzana podrida de su espalda y la infección que producía a su alrededor, cubiertas ambas por un suave polvo. Pensaba en su familia con cariño y emoción, su opinión de que tenía que desaparecer era, si cabe, aún más decidida que la de su hermana. En este estado de apacible y letárgica meditación permaneció hasta que el reloj de la torre dio las tres de la madrugada. Vivió todavía el comienzo del amanecer detrás de los cristales. A continuación, contra su voluntad, su cabeza se desplomó sobre el suelo y sus orificios nasales exhalaron el último suspiro. Cuando, por la mañana temprano, llegó la asistenta - de pura fuerza y prisa daba tales portazos que, aunque repetidas veces se le había pedido que procurase evitarlo, desde el momento de su llegada era ya imposible concebir el sueño en todo el piso -, en su acostumbrada y breve visita a Gregor nada le llamó al principio la atención. Pensaba que estaba allí tumbado tan inmóvil a propósito y se hacía el ofendido, le creía capaz de tener todo el entendimiento posible. Como tenía por casualidad la larga escoba en la mano, intentó con ella hacer cosquillas a Gregor desde la puerta. Al no conseguir nada con ello, se enfadó y pinchó a Gregor ligeramente, y sólo cuando, sin que él opusiese resistencia, le había movido de su sitio, le prestó atención. Cuando se dio cuenta de las verdaderas circunstancias abrió mucho los ojos, silbó para sus adentras, pero no se entretuvo mucho tiempo, sino que abrió de par en par las puertas del dormitorio y exclamó en voz alta hacia la oscuridad: - ¡Fíjense, la ha diñado, ahí está, la ha diñado del todo! El matrimonio Samsa estaba sentado en la cama e intentaba sobreponerse del susto de la asistenta antes de llegar a comprender su aviso. Pero después, el señor y la señora Samsa, cada uno por su lado, se bajaron rápidamente de la cama, el señor Samsa se echó la colcha por los hombros, la señora Samsa apareció en camisón, así entraron en la habitación de Gregor. Entre tanto, también se había abierto la puerta del cuarto de estar, en donde dormía Grete desde la llegada de los huéspedes; estaba completamente vestida, como si no hubiese dormido, su rostro pálido parecía probarlo. ¿Muerto? - dijo la señora Samsa, y levantó los ojos con gesto interrogante hacia la asistenta a pesar de que ella misma podía comprobarlo, e incluso podía darse cuenta de ello sin necesidad de comprobarlo. - Digo, ¡aya lo creo! - dijo la asistenta y, como prueba, empujó el cadáver de Gregor con la escoba un buen trecho hacia un lado. La señora Samsa hizo un movimiento como si quisiera detener la escoba, pero no lo hizo. - Bueno - dijo el señor Samsa -, ahora podemos dar gracias a Dios - se santiguó y las tres mujeres siguieron su ejemplo. Grete, que no apartaba los ojos del cadáver, dijo: - Mirad qué flaco estaba, ya hacía mucho tiempo que no comía nada, las comidas salían tal como entraban. Efectivamente, el cuerpo de Gregor estaba completamente plano y seco, sólo se daban realmente cuenta de ello ahora que ya no le levantaban sus patitas, y ninguna otra cosa distraía la mirada. - Grete, ven un momento a nuestra habitación - dijo la se ñora Samsa con una sonrisa melancólica, y Grete fue al dormitorio detrás de los padres, no sin volver la mirada hacia el cadáver. La asistenta cerró la puerta y abrió del todo la ventana. A pesar de lo temprano de la mañana, ya había una cierta tibieza mezclada con el aire fresco. Ya era finales de marzo. Los tres huéspedes salieron de su habitación y miraron asombrados a su alrededor en busca de su desayuno; se habían olvidado de ellos: ¿Dónde está el desayuno? - preguntó de mal humor el señor de en medio a la asistenta, pero ésta se colocó el dedo en la boca e hizo a los señores, apresurada y silenciosamente, señales con la mano para que fuesen a la habitación de Gregor. Así pues, fueron y permanecieron en pie, con las manos en los bolsillos de sus chaquetas algo gastadas, alrededor del cadáver, en la habitación de Gregor ya totalmente iluminada. Entonces se abrió la puerta del dormitorio y el señor Samsa apareció vestido con su librea, de un brazo su mujer y del otro su hija. Todos estaban un poco llorosos; a veces Grete apoyaba su rostro en el brazo del padre. - Salgan ustedes de mi casa inmediatamente - dijo el señor Samsa, y señaló la puerta sin soltar a las mujeres. ¿Qué quiere usted decir? ¿Hijo el señor de en medio algo aturdido, y sonrió con cierta hipocresía. Los otros dos tenían las manos en la espalda y se las frotaban constantemente una contra otra, como si esperasen con alegría una gran pelea que tenía que resultarles favorable. - Quiero decir exactamente lo que digo - contestó el señor Samsa; se dirigió en bloque con sus acompañantes hacia el huésped. Al principio éste se quedó allí en silencio y miró hacia el suelo, como si las cosas se dispusiesen en un nuevo orden en su cabeza. - Pues entonces nos vamos - dijo después, y levantó los ojos hacia el señor Samsa como si, en un repentino ataque de humildad, le pidiese incluso permiso para tomar esta decisión. El señor Samsa solamente asintió brevemente varias veces con los ojos muy abiertos. A continuación el huésped se dirigió, en efecto a grandes pasos hacia el vestíbulo; sus dos amigos llevaban ya un rato escuchando con las manos completamente tranquilas y ahora daban verdaderos brincos tras de él, como si tuviesen miedo de que el señor Samsa entrase antes que ellos en el vestíbulo e impidiese el contacto con su guía. Ya en el vestíbulo, los tres cogieron sus sombreros del perchero, saca ron sus bastones de la bastonera, hicieron una reverencia en silencio y salieron de la casa. Con una desconfianza completa mente infundada, como se demostraría después, el señor Samsa salió con las dos mujeres al rellano; apoyados sobre la barandilla veían cómo los tres, lenta pero constantemente, bajaban la larga escalera, en cada piso desaparecían tras un determinado recodo y volvían a aparecer a los pocos instantes. Cuanto más abajo estaban tanto más interés perdía la familia Samsa por ellos, y cuando un oficial carnicero, con la carga en la cabeza en una posición orgullosa, se les acercó de frente y luego, cruzándose con ellos, siguió subiendo, el señor Samsa abandonó la barandilla con las dos mujeres y todos regresaron aliviados a su casa. Decidieron utilizar aquel día para descansar e ir de paseo; no solamente se habían ganado esta pausa en el trabajo, sino que, incluso, la necesitaban a toda costa. Así pues, se sentaron a la mesa y escribieron tres justificantes: el señor Samsa a su dirección, la señora Samsa al señor que le daba trabajo, y Grete al dueño de la tienda. Mientras escribían entró la asistenta para decir que ya se marchaba porque había terminado su trabajo de por la mañana. Los tres que escribían solamente asintieron al principio sin levantar la vista; cuando la asistenta no daba señales de retirarse levantaron la vista enfadados. ¿Qué pasa? - preguntó el señor Samsa. La asistenta permanecía de pie junto a la puerta, como si quisiera participar a la familia un gran éxito, pero sólo lo haría cuando se la interrogase con todo detalle. La pequeña pluma de avestruz colocada casi derecha sobre su sombrero, que, des de que estaba a su servicio, incomodaba al señor Samsa, se balanceaba suavemente en todas las direcciones. ¿Qué es lo que quiere usted? - preguntó la señora Samsa, que era, de todos, la que más respetaba la asistenta. - Bueno contestó la asistenta, y no podía seguir hablan do de puro sonreír amablemente -, no tienen que preocuparse de cómo deshacerse de la cosa esa de al lado. Ya está todo arreglado. La señora Samsa y Grete se inclinaron de nuevo sobre sus cartas, como si quisieran continuar escribiendo; el señor Samsa, que se dio cuenta de que la asistenta quería empezar a contarlo todo con todo detalle, lo rechazó decididamente con la mano extendida. Como no podía contar nada, recordó la gran prisa que tenía, gritó visiblemente ofendida: « ¡Adiós a todos!», se dio la vuelta con rabia y abandonó la casa con un portazo tremendo. - Esta noche la despido dijo el señor Samsa, pero no recibió una respuesta ni de su mujer ni de su hija, porque la asistenta parecía haber turbado la tranquilidad apenas recién con seguida. Se levantaron, fueron hacia la ventana y permanecieron allí abrazadas. El señor Samsa se dio la vuelta en su silla hacia ellas y las observó en silencio un momento, luego las llamó: - Vamos, venid. Olvidad de una vez las cosas pasadas y tened un poco de consideración conmigo. Las mujeres le obedecieron enseguida, corrieron hacia él, le acariciaron y terminaron rápidamente sus cartas. Después, los tres abandonaron el piso juntos, cosa que no habían hecho des de hacía meses, y se marcharon al campo, fuera de la ciudad, en el tranvía. El vehículo en el que estaban sentados solos es taba totalmente iluminado por el cálido sol. Recostados cómodamente en sus asientos, hablaron de las perspectivas para el futuro y llegaron a la conclusión de que, vistas las cosas más de cerca, no eran malas en absoluto, porque los tres trabajos, a este respecto todavía no se habían preguntado realmente unos a otros, eran sumamente buenos y, especialmente, muy pro metedores para el futuro. Pero la gran mejoría inmediata de la situación tenía que producirse, naturalmente, con más facilidad con un cambio de piso; ahora querían cambiarse a un piso más pequeño y más barato, pero mejor ubicado y, sobre todo, más práctico que el actual, que había sido escogido por Gregor. Mientras hablaban así, al señor y a la señora Samsa se les ocurrió casi al mismo tiempo, al ver a su hija cada vez más animada, que en los últimos tiempos, a pesar de las calamidades que habían hecho palidecer sus mejillas, se había convertido en una joven lozana y hermosa. Tornándose cada vez más silenciosos y entendiéndose casi inconscientemente con las miradas, pensaban que ya llegaba el momento de buscarle un buen marido, y para ellos fue como una confirmación de sus nuevos sueños y buenas intenciones cuando, al final de su viaje, fue la hija quien se levantó primero y estiró su cuerpo joven. ...Fin... AGRADECER NO KUESTA NADA!!!

Resumen: "El Túnel” Argumento: El pintor Juan Pablo Castel, nos hace partícipes con un tono existencialista del crimen que cometió. Castel conoce a María Iribarne por quien se obsesiona y mantiene una extraña relación. María está casada con Allende, un hombre ciego mayor que ella y según sospechas de Juan Pablo, María también mantiene relaciones con Hunter, primo de Allende, que vive en una estancia fuera de Buenos Aires que María visita frecuentemente. Atormentado por sus dudas y por el misterio que envuelve a María, Castel la mata. Confiesa a Allende sus sospechas de infidelidad que según él lo justifican de haberle dado muerte a su esposa. Allende se suicida y Juan Pablo Castel se entrega a las autoridades. Desarrollo: Esta novela es narrada en primera persona como si fuese el pintor Juan Pablo Castel que estuviese relatando la novela. Juan Pablo Castel es un pintor quien estando en la cárcel por el asesinato que cometió contra María Iribarne, recuerda todos los momentos que lo llevaron a hacerlo. La historia comienza cuando en una exposición de pintura, Juan Pablo Castel presenta su cuadro y se da cuenta que uno de los observadores (María Iribarne), una bella joven es la que mas contempla su pintura, Castel ve que entre la pintura de él y la bella joven hay una extraña relación por lo cual decide acercársele pero ella se pierde entre las numerosas personas que hay en esta exposición. Castel desde el primer día que vio a esta joven, nace la ansiedad de volver a verla y no descansó hasta encontrarla. Un día que el iba por la calle se la encontró y empezó a perseguirla, hasta que llegó a un edificio llamado La Compañía T., ella se dio cuenta porque Castel le había hecho una pregunta sobre el nombre del edificio, ella le respondió sin darse cuenta de quien era este señor, después de responderle la pregunta se sonrojó un poco a lo cual Castel empieza a interrogarla sobre la pintura y sobre si lo recordaba. Cuando Castel le pregunta sobre la pintura que él había creado ella estaba a punto de llorar a lo cual Castel siente un poco de pena y se despide de la joven quien lo sigue y le pide que no se valla; tienen un dialogo y ella se vuelve a asustar y sale corriendo ahora la perseguía Castel quien le pareció inútil seguirla y la dejó ir pensando que la podría seguir viendo en la oficina pero después al cabo de un rato dudó de que trabajase en esta empresa. La estuvo esperando todo el día en la salida del edificio pero no logró encontrarla; al día siguiente Castel madrugó a la misma empresa a esperarla, logró encontrarla y la llevó a la plaza de San Martín a hablar o resolver la situación sobre aquella pintura. Juan Pablo Castel conociendo a María logra conquistarla y ser el amante de ella, con ella vive el amor, pero cuando ella empieza a negarse y a irse para la estancia, Castel empieza a sacar unas muchas conclusiones de celos contra ella. En una de las ausencias de ella, el va hasta su casa a buscar noticias de la mujer que lo tiene obsesionado, y allí se encuentra con un caballero de cierta edad, alto, flaco, de ojos muy abiertos e inmóviles y turbios, es ciego. Este caballero recibe a Juan Pablo muy cortésmente preguntándole si es Castel. Ante su respuesta afirmativa, el ciego le revela que su apellido es Allende y que es el esposo de María. Le cuenta que María usa siempre su apellido de soltera. En seguida, el ciego le entrega una carta que María ha dejado para el pintor y que, lógicamente, Allende no ha podido leer, ignorando su contenido. El golpe que esta revelación produce en el espíritu y la mente del artista, es enorme. Piensa en el suicidio y luego se revela ante la certidumbre de que el ciego y su esposa se están burlando de él. Otro día la entrevista de los amantes en el estudio del pintor se desarrolla en un ambiente de máxima violencia, insultos, recriminaciones. Pero de pronto Juan Pablo se arrepiente y llora, se humilla y se lanza recriminaciones, pidiéndole a maría que le perdone. Pero las relaciones entre los dos ya no son las mismas, desde el momento en que el pintor sabe que su amante está casada con un inválido. En una de sus discusiones, el le grita: "engañas a un ciego". La convicción de que María ha sido de muchos hombres, persigue enfermizantemente a Juan Pablo, quien en un arranque de celos, se lo grita al marido ciego. En una de las escapadas a la "Estancia", María invita a Juan Pablo a que valla él también al lugar. Hunter los recibe con irónica amabilidad, en compañía de una mujer de la familia llamada Mimmi Allende. María tardo mucho en salir, pues el pintor Juan Pablo Castel le tocó comer en la mesa con aquellos sujetos que no hacían si no hablar de novelas rusas, policíacas, etc. Esto incomodó mucho a Castel quien disimuló su aburrimiento y su impaciencia mientras esperaba a María. Durante un momento de los días de permanencia en la finca, el pintor y María se alejan hasta las orillas del mar. Ella entonces le revela varias etapas de su pasado, no muy limpio, y entonces el pintor siente inmensos deseos de matarla, para luego arrojarla al mar, esto lo piensa mientras María le cuenta su pasado el cual Castel no le puso mucha atención. Juan Pablo Castel decide regresar inmediatamente a la ciudad y allí, en Buenos Aires, a solas con sus pensamientos, queda en una terrible crisis psicológica, parece un loco, empieza a cometer actos impuros, como emborracharse hasta quedar tendido en una de las calles, asistía a bares, se relacionaba con las prostitutas que al estar con una de ellas una de sus expresión se parecía a la de María, cuando sucedió esto, Castel se enfureció y hecho a patadas a esta prostituta con cierta cantidad de dinero. Castel luego llama a María presionándola para que viniera rápido con la advertencia de que si no venía inmediatamente se suicidaría, María acepto y quedaron de encontrarse en uno de los parques a las que ellos frecuentaban en su amorío a las 5 de la tarde. Castel estuvo esperándola media hora antes de la cita hasta las 6 de la tarde pero ella no fue, le incumplió. Juan Pablo Castel entonces decide regresar en mitad de la noche a la estancia, creyendo que María está en brazos de Hunter. Castel se esconde en un lugar del parque para ver salir a María con Hunter, y así fue, los vio en el parque junto pero luego se tuvieron que entrar por que estaba comenzando un terrible vendaval. Castel al ver que María y Hunter ya entraban a la casa se fijó en las habitaciones, más que todo en la de María, para darse cuenta cuando llegaba. Cuando María llegó a su habitación, Castel entró a la casa por la terraza para entrar también a la habitación de María sin que nadie se diese cuenta, saca el cuchillo que había traído del taller, lo empuña y entra a la habitación de María, ella se asombra al ver a Juan Pablo y le interroga sobre de lo que va a hacer, el cogiéndola le responde que la tiene que matar por que lo ha dejado solo y con gran tristeza lloró y le clavó el cuchillo en su pecho y ella lo miró con gran tristeza lo cual provocó en Juan Pablo furor que hizo que le clavara muchas veces mas el cuchillo. Juan Pablo regresó a la ciudad e inmediatamente fue a la casa de Allende a enterarlo de todo lo que le había hecho María diciéndole que lo habían engañado con el y con Hunter, esto provocó tanta tristeza con Allende que empezó a perseguir a Castel, pero el logró escapar. Allende al cabo de un tiempo se suicidó. Castel luego fue a la comisaría y se entregó confesando todo lo que había hecho, y ahora está encerrado en la cárcel arrepentido, reflexionando y pagando todo lo que hizo. Personajes principales: * Juan Pablo Castel: Protagonista y narrador de la historia. Solitario e incomprendido cree encontrar en María la comprensión y el amor que no ha tenido, por ser ésta la única persona que ha entendido su pintura. Su obsesión por María es llevada al límite y la mata creyéndose engañado. Psicológicamente es un personaje muy intenso, con una habilidad mental se cuestiona y cuestiona al lector sobre la existencia humana. * María Iribarne: Un tono de misterio y confusión envuelve la historia de María. Responde al interés que Castel siente por ella pero nunca logra entregarse del todo, tal vez por su estado civil (está casada con Allende), sin embargo, según sospechas de Castel mantiene relaciones afectivas con Hunter a quien visita frecuentemente. Se siente identificada con Juan Pablo Castel a través de sus pinturas. Personajes secundarios: * Allende: Esposo de María. Está ciego y conoce a Castel porque le entrega una carta que María le dejó antes de partir por primera vez a la estancia de Hunter su primo. Al enterarse por boca de Castel de las infidelidades de María y de su muerte, lo llama "insensato" y termina por suicidarse. * Hunter: Primo de Allende y al parecer amante o amigo cercano de María. Fede: * Castel se obsesiono con María, en no la amaba, solo deseaba poseerla. El amor de Castel era enfermizo ya que estaba cegado por los celos y la pasión, esto lo condujo a cometer el crimen. * En la realidad casos semejantes se presentan, ya que las pasiones desenfrenadas destruyen al hombre. * Lo que despierta el interes de Castel al conocer a María fue la sensibilidad que compartían hacia el arte. * Castel ahoga sus frustraciones en el alcohol y la prostitucion. * El amor no es un sentimiento que destelle, pero el sentimiento de Castel hacia María no era amor, era una pasión enfermiza que lo destruyó a el y a María. * Las pasiones desenfrenadas conducen al hombre a la destrucción. * El amor es un sentimiento acompañado de muchos valores pero las pasiones descontroladas corrompen el amor. * Todos los seres humanos buscamos según nuestra espiritualidad un alma gemela y creemos encontrar la felicidad cuando hallamos alguien con nuestros mismos sentimientos. * Me parece que es una buena obra, aunque no un buen ejemplo. * Contiene intriga y suspenso y mantiene al lector a la expectativa del desenlace. * La novela permite una mejor comprensión, ya que esta escrita en primera persona. * María dice a Castel que la ventana le parecía un mensaje de esperanza y le dice que nada ganara con verla porque le hace daño a todos los que se acercan. * Castel al recordar los momentos felices con María, la sueña como niña corriendo en un caballo con su pelo al viento… en todo caso había un solo túnel, oscuro y solitario: el mío, el túnel en que había transcurrido mi infancia, mi juventud, toda mi vida. Comprende que siempre existió un muro de vidrio que separa a María de el. ...FIN... AGRADECER NO KUESTA NADA!!!
Resumen: "El extranjero" 1. Introducción En su novela “El Extranjero” Albert Camus describe en forma muy detallada la carencia de valores del mundo contemporáneo como consecuencia de la frustración y la desesperanza en la que Europa quedó sumergida después de la guerra. Meursault, el protagonista refleja la filosofía del absurdo, la sensación de alienación, de desencanto frente a la vida. El aburrimiento, la cotidianidad lo van haciendo insensible, indiferente y hasta casi despiadado. Parecería que da lo mismo ser de una forma que de otra. Sin embargo, también en la novela se afirman las cualidades positivas de la divinidad y la fraternidad humana. Considero que la obra debe llevarnos a una profunda reflexión acerca de la importancia de encontrarle un sentido a la vida. La costumbre no debe vencer al hombre, ninguna fuerza extraña debe dominarnos. Fuimos creados libres y con esa libertad debemos superar la cotidianidad, el absurdo, el sin sentido. Luego de basarme en la biografía de Albert Camus pasare al análisis del libro en el que trataré de demostrar como la ausencia de una meta, de un sentido en la vida, llevó a Meursault a tanta indiferencia, a ni siquiera luchar por su vida, a entregarse en el más absurdo y absoluto silencio. 2. Primera Parte Capitulo I Los hechos se suceden en Argel. El protagonista, Meursault recibe un telegrama en el que se le informa que su madre ha fallecido. Debe partir hacia Marengo, donde se encuentra el asilo de ancianos, lugar en el que se hallaba su madre. Pide permiso a su patrón y emprende el viaje. Una vez en el asilo, él esta abstraído en sus preocupaciones, se niega a ver el cuerpo de su madre y realiza reflexiones que demuestran su indiferencia ante un hecho de tanta importancia. En lugar de llorar a su madre, de expresarle su dolor, conversa con el conserje, de Paris. Fuma, se mantiene distante con los amigos de su madre que vienen a participar del velorio, le molesta el llanto de una de las mujeres… Se duerme. El entierro le resulta pesado, tortuoso por el calor de la jornada. Una vez concluido regresa a Argel con alegría pensando solamente en dormir. Nada hubo en él que expresara aflicción, pesar. Había muerto su madre, sin embargo, todo fue un trámite. Capitulo II Al despertar y darse cuenta que es sábado, siente el gozo de saber que tiene aun dos días de “vacaciones” y decide ir a bañarse al mar. Se encuentra con María Cardona, antigua mecanógrafa de su oficina, por la que había sentido deseos en el pasado. La invita al cine y luego pasa la noche con ella. Habían transcurrido pocas horas del entierro de su madre. Sin embargo, no pareció importante. En cambio, a María le impresionó, aunque no hizo ningún comentario. El, entendía que no era su culpa; ya se había disculpado con su patrón. Con ella no se disculparía. Llega el domingo, describe la gente que pasa por la calle, reflexiona acerca de lo que harán y donde irán y también expresa el aburrimiento que le provoca ese día. Pensó que ya era un domingo menos, que su madre estaba ahora enterrada, que volvería a su trabajo. Nada había cambiado. El vacío que vive es extremo. No hay ninguna expresión de sensibilidad en sus reflexiones. Todo en él acontece como en forma autómata. Capitulo III Vuelve a su trabajo. Su patrón lo saluda por el luto y le pregunta por la edad de su madre. No la recuerda. Da una edad aproximada. Demuestra aquí un gran desamor por ella… ¡No saber su edad! Algo extraño, sus afectos no significan mucho, pero si el hacho de que la toalla que utiliza para secar sus manos, esté húmeda por la tarde. Sale a almorzar con un amigo, duerme un poco y luego regresa a la oficina. Al regresar a su casa, se encuentra con Salamano, un vecino viejo que tiene un perro sarnoso. Describe la relación entre ambos. A continuación se encuentra con Raymond Sintes, un segundo vecino que lo invita a comer algo en su habitación. Acepta para no tener que cocinar. Raymond le cuenta una historia que ha vivido con una amante. Lo escucha pero casi sin interesarse por el relato. Por eso, cuando Raymond le pide consejo, le responde con oraciones breves y ante la propuesta de escribir la carta, responde afirmativamente de la misma forma que hubiera rechazado. Le era indiferente hacerlo o no. No le molestaba. Una vez terminada, vuelve a su departamento y escucha gemir al perro del viejo Salamano. A Meursault le daba lo mismo ser su camarada que no serlo. Total imparcialidad. Capitulo IV Trabajó mucho toda la semana. Fue dos veces al cine con Emmanuel. El sábado va nuevamente a la playa y pasan la noche juntos. El domingo almuerzan juntos. Sienten una discusión en la habitación de Raymond. Allí le cuenta a María la historia del amante del vecino. Termina interviniendo la policía. Él, debe salir de testigo, afirma que le “da lo mismo” aunque no sabia que debía decir. Cuando regresan se encuentran con Salamano que había extraviado su viejo perro. Su consuelo hacia el vecino es muy técnico, solo hace mención a la actitud de la perrera. No es capaz de captar la soledad y el dolor de Salamano. Capitulo V Un día en el que recibió varias propuestas: Raymond lo invita a pasar el domingo en una cabaña en la paya de un amigo, cerca de Argel. El patrón le propone enviarlo a una oficina que instalará en Paris. Meursault expresa que le da igual. Ante la pregunta de su jefe si no le interesa un cambio de vida, responde que nunca se cambia de vida, que todas valían lo mismo… He aquí la absoluta indiferencia. Su jefe observa que jamás responde directamente que no tiene ambiciones… Por la tarde María le pregunta si quería casarse con ella. Nuevamente la respuesta es: “me da igual”. No hay en él “si” o “no”. Pareciera que nada tiene sentido, nada le importa lo suficiente como para jugarse en una decisión personal única y responsable. María lo ama y se lo dice; él ciertamente no la quiere y lo dice. Para él, el matrimonio no es cosa seria. Pero si ella desea casarse él lo haría cuando ella lo disponga. Cena en lo de Celeste, una extraña mujercita se sentó a su mesa, pidió la cena y extrajo una revista radiofónica en la que marco las emisiones. Esto le llamo la atención a Meursault. Por ello al salir ella, él como no tenía nada que hacer, salió también y la siguió. Termino por perderla entonces, volvió a su casa, encuentra a Salamano desolado por la perdida de su perro. Habla con él, lo escucha, se aburre pero como no tiene nada que hacer, ni sentía sueño, se queda con su vecino. No es el afecto ni la preocupación del otro lo que lo hacen quedar con Salamano. Sólo el poder dejar pasar las horas. Capitulo VI Llego el domingo. Raymond, María y él marchan hacia la cabaña de la playa de Masson. Al salir, enfrente había un grupo de árabes, entre ellos estaba el hermano de la joven a la que Raymond golpeo. Sin embargo, no les dieron importancia. Siguieron su camino. Se bañan, almuerzan y luego los tres hombres salen a caminar. Se cruzan con dos árabes, que vienen tras Raymond a vengar la paliza que le dio a su amante. Raymond es herido. Lo llevan a un medico. Nuevamente vuelve a salir con Meursault y se encuentra otra vez con los árabes Raymond saca un arma pero no la dispara. Meursault se la pide. Regresan, pero él no quiere encontrarse con las mujeres y decide seguir caminando. El sol le molestaba, el calor lo sofocaba. Encuentra al árabe que hirió a Raymond, le muestra su cuchillo y él dispara. Meursault comprende que destruyó el equilibrio del día. Por primera vez un domingo fue diferente para él. Había sido feliz. Disparo cuatro veces más sobre el cuerpo y reconoce que así llama a la puerta de la desgracia. 3. Segunda Parte Capitulo I Es llevado a un juez de instrucción e interrogado. No había escogido abogado, le envían uno. El abogado decide ayudarlo, pero Meursault, absolutamente sincero le afirma que perdió la costumbre de interrogarse, de reflexionar. Todo porque su abogado le pregunto si sintió dolor el día del entierro de su madre. Los instructores saben de las muestras de insensibilidad de ese día y harán hincapié en ello el día del juicio. El abogado no logró convencerlo de decir que ese día había reprimido sus sentimientos naturales. Al poco tiempo, compadece nuevamente ante el juez. El juez buscaba el arrepentimiento de él, pero ni siquiera ante el crucifijo, se conmovió. Afirma no creer y más que culpable o arrepentido se confiesa aburrido. Las visitas del juez continuaron, pero él no le prestaba atención, estaba cansado de contar siempre lo mismo. Capitulo II María lo visita por primera y única vez ya que se lo prohibían por no ser su mujer. Allí comienza a sentir que esta prisionero. Aquí describe las sensaciones que siente en la prisión: la falta de una mujer, la prohibición de fumar, la falta de libertad. Reflexiona sobre el paso del tiempo estando encerrado. Por primera vez, algo parece importarle. Es el castigo, pero, confiesa no sentirse desgraciado. El único problema era matar el tiempo y para ello comenzó a recordar. Así terminó por no aburrirse. Confiesa que con las horas de sueño, los recuerdos, la lectura de una historia seca y la alternancia de la luz y la sombra discurrió el tiempo. Habían pasado cinco meses. Capitulo III Comienza su juicio. El abogado le informa que no es el más importante porque hay otro caso: homicidio. Este último concentró la atención de los periodistas, por ello hay mucha gente. Al entrar al juzgado le da la sensación de estar en un club. Todos se conocen, se saludan; él se siente un intruso, pero está tranquilo. Hasta que escucha los nombres de los testigos: el director y el conserje del asilo, Raymond, Massou, Salamano, María. Comienza a ser interrogado por el fiscal que hace hincapié en el tema de la madre, porque la llevó al asilo… Luego se les toma testimonio al director y al conserje del asilo. Ambos hablaron de su negación a ver el cuerpo, que no lloró, que se fue inmediatamente después del entierro sin recogerse ante su tumba, ni siquiera sabía la edad de su madre. El fiscal ante estas respuestas experimento una sensación de triunfo. Meursault se da cuenta que las cosas no van resultando a su favor porque no solo se lo juzga por su crimen sino también por no haber sido un buen hijo. María, Massou, Raymond, testimoniaron destacando sus cualidades, pero el fiscal se mantuvo en la misma línea: desacreditarlo. Capitulo IV Continúa el Juicio. El protagonista siente que se habla más de él que de su crimen. Se realizan los alegatos del fiscal y el abogado defensor. El fiscal insiste en que jamás lamentó haber asesinado al árabe. Meursault piensa que él jamás lamentó nada verdaderamente. Cuando el presidente del tribunal le pregunta si desea decir algo, expresa que no tuvo intención de matar al árabe, que todo fue por causa del sol. Todos rieron en la sala. El alegato del abogado defensor fue menos efusivo. El tribunal se retira de la sala. Delibera. Regresa y se da la sentencia: culpable de asesinato. Sería decapitado en una plaza pública y en nombre del pueblo francés. Capitulo V Por tercera vez se niega a recibir al capellán, no tiene deseos de hablar. Tan solo piensa en las posibilidades que se le presentan para volver a la libertad, pero se focaliza sobre todo en dos cosas: el alba y su petición de indulto. Paso sus noches esperando esa alba en la que lo ejecutarían. Cuando el amanecer pasaba y seguía vivo, reflexionaba sobre el indulto. Deseaba obtenerlo pero también se imaginaba que la petición era rechazada y todo volvía a comenzar. Finalmente el capellán entra en su celda e intenta explicarle porque necesita el consuelo de Dios. Él, sigue firme en su incredulidad y sostiene que todos estamos condenados a muerte, por lo que ese consuelo no tiene sentido, llega a molestarse mucho y a tomar al sacerdote por el cuello. Intervienen los guardias. El capellán lloró por él. Meursault recuperó la calma cuando éste se fue. Agotado, se dejo dormir. En el límite de la noche, las sirenas sonaron. Anunciaban su ejecución. Por primera vez, pensó en su mamá y se abrió “a la tierra indiferencia del mundo”. Deseaba la presencia de muchos espectadores que lo acogieran con gritos de odio. 4. Conclusión Queda claro que a todos siempre les llamó la atención la conducta, el proceder de Meursault. A su jefe cuando le ofrece trasladarlo a Paris y no se alegra. A María el hecho de que al día siguiente al entierro de su madre, vaya a bañarse, la invite al cine… Al director y al conserje que no llore no quiera ver el cuerpo de su madre… Todas actitudes que denotan indiferencia, insensibilidad, desamor. Meursault es el fin reflejo del aburrimiento, la decidía, el absurdo. Todo su proceder es casi inhumano. Parece aceptar la vida, el devenir como algo automático. La cotidianidad lo va socavando en su humanidad, en su dignidad. Su descreimiento, su falta de arrepentimiento, la carencia de valores todo en él, es un despropósito. El fiscal exploto al máximo sus errores para obtener la condena. Más que el crimen, su propia vida fue la razón de su ejecución. AGRADECER NO KUESTA NADA!!!