Falkreath
Usuario (Argentina)

un profesor universitario insultó e invitó a pelear a un alumno "Hijo de remil p...., me estás faltando el respeto hace cinco clases", se escucha decir al docente, de la Universidad de Belgrano. Fuentes de esa casa de estudios confirmaron que fue suspendido Aún nadie ha explicado qué generó la reacción del profesor. Sin embargo fuentes de la Universidad de Belgrano confirmaron a Infobae que el docente ya fue suspendido. "Estoy nervioso porque te quiero recontra cagar a trompadas, si querés vamos afuera, la reconcha de tu hermana". Es la primera frase que se escucha de boca del educador, de la carrera de Arquitectura de la Universidad de la Belgrano, quien fue grabado durante una fuerte discusión que mantuvo con un alumno dentro de un aula. Se trata de dos registros, un video y un audio, en los que el docente le recrimina al joven las reiteradas "faltas de respeto". "¿Quién carajo te pensás que sos? Yo voy a ir hasta las últimas, no voy a permitir que un pendejo como vos me venga a faltar el respeto como me faltás vos", le grita, mientras un bedel intenta calmarlo, sin éxito. En medio del cruce verbal, el alumno intenta responder que no hubo faltas de respeto, pero el docente insiste: "Me venís a cuestionar todas las clases y no te pego porque estamos acá adentro. Pelotudo de mierda". Fuentes de la Universidad de Belgrano confirmaron a este medio que el episodio ocurrió en una de sus aulas e indicaron que el catedrático fue suspendido. Aseguraron además que buscan testigos del hecho para determinar el grado de las sanciones y eventualmente avanzar con acciones legales. Infobae intentó comunicarse con Avelino Porto, presidente de la institución educativa y mencionado por el profesor en la grabación, pero sus allegados informaron que no se encuentra en el país. A continuación, el diálogo completo: – Alumno: ¿Está nervioso? – Profesor: Estoy nervioso porque te quiero re contra cagar a trompadas. Te quiero recontra cagar a trompadas, pendejo del orto. Si querés vamos afuera. Vamos afuera. Vení. Vení, vení, la reconcha de tu hermana. Vení, vamos afuera. Te voy a esperar afuera. Vos te vas recagado a trompadas. Hijo de re mil putas. Qué me venís a faltar el respeto. – Alumno: No te estoy faltando el respeto. – Profesor: Me estás faltando el respeto desde hace como cinco clases. ¿Quién carajo te pensás que sos? Yo voy a ir hasta las últimas con vos. Te puedo asegurar que con la trayectoria que tengo yo, no voy a permitir que un pendejo como vos me venga al faltar el respeto como me lo faltás. – Alumno: No te estoy faltando el respeto. – Profesor: Sí, me lo faltás. Me venís a cuestionar todas las clases y no te pego porque estamos acá adentro. Si no te recontra cago a trompadas. Pelotudo de mierda. – Alumno: Ya está, con lo que me dijo, me voy. – Profesor: Sí, andá a la concha de tu hermana. Andá a llamar a quién quieras. A Mónica Fernández (Decana de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UB), a (Avelino) Porto (Presidente de la UB), del primero al último. Traémelos a todos. Los atiendo de a uno. ¿O vos te pensás que yo necesito esta facultad para vivir? Siome. – Alumno: ¿Cómo? – Profesor: ¿Te pensás que me da miedo lo que vos me digas? Siome del orto. Puto. No te quiero ni ver. Tomatelás. Tomatelás de mis clases. No te quiero ver ni pintado. No te quiero ver ni a dos metros. Tomatelás. Tomatelás ya. Tomatelás y no vuelvas nunca más. Es más, voy a tratar de que no pises más esta facultad vos. Yo sé lo que voy a tener que hacer para eso. – Alumno: Yo creo que el que no la va a pisar más es usted. Y lo lamento. Realmente. – Profesor: Lo lamentás, las pelotas. A lo sumo lo vas a lamentar vos porque se van a perder un profesor como yo. Video
Antonio Vicente Lo tildaban de loco y plantó su propia selva A sus casi 84 años, Vicente todavía sube hasta las partes de más altas de su selva para mantener los senderos limpios. Sus vecinos lo tildaban de loco. ¿A quién sino se le ocurriría comprar un trozo de tierra despejada a unos 200 km de Sao Paulo, Brasil, y empezar a plantar árboles? "Cuando empecé a plantar, la gente me decía: 'No vas a poder comer las semillas, porque la planta tarda 20 años en dar frutos", le cuenta Antonio Vicente a Gibby Zobel, reportero de la BBC. link: https://www.youtube.com/watch?v=7Uq1Ahy1828&feature=youtu.be El coyol, la palmera que se perfila como el nuevo "oro verde" en Brasil "Yo les decía: 'Voy a plantar estas semillas, porque alguien plantó las que estoy comiendo ahora. Así que las plantaré para que otros las coman'". Vicente, a punto de cumplir 84 años, compró su terreno en 1973, una época en la que el gobierno militar ofrecía facilidades de crédito para invertir en tecnología agrícola, con la intención impulsar la agricultura. Pero su idea, era exactamente la opuesta. Criado en una familia numerosa de campesinos, Vicente veía con preocupación cómo la expansión de los campos destruía los bosques y la flora y fauna local, y cómo la falta de árboles afectaba los recursos hídricos. "Cuando yo era niño, los campesinos cortaban los árboles para crear pastizales y por el carbón. El agua se secó y ya no regresó", le dice Vicente al reportero de BBC Outlook. Por qué la exuberante selva del Amazonas no es tan virgen como se creía "Yo pensé: 'el agua es valiosa, nadie fabrica agua y la población no deja de crecer. ¿Qué va a pasar? Nos quedaremos sin agua'". Los bosques son fundamentales para la conservación del agua porque absorben y retienen agua en sus raíces. Además, evitan que se erosionen los suelos. Recuperar el bosque Cuando tenía 14 años se mudó a la ciudad, donde trabajó como herrero. Con el capital que hizo vendiendo su negocio pudo comprar unas 30 hectáreas en una región de montañas bajas, cerca de San Francisco Xavier, una localidad de unos 5.000 habitantes. La vida en la ciudad no fue fácil, recuerda. En un momento "terminé viviendo bajo un árbol porque no podía pagar la renta. Me bañaba en el río y vivía bajo el árbol rodeado de zorros y ratas. Juntando muchas hojas me hice un cama y dormía allí", le cuenta Vicente a Zobel. "Pero nunca tuve hambre. Comía sándwiches de banana de desayuno, almuerzo y cena". Tras regresar, empezó a plantar, uno por uno, cada uno de los árboles que hoy forman este bosque lluvioso tropical de cerca de 50.000 árboles. A contracorriente La labor de Vicente iba en contra de lo que ocurría a su alrededor: durante los últimos 30 años en que reforestó su terreno, cerca de 183.00 hectáreas de bosque atlántico en el estado Sao Paulo fueron deforestadas para dar lugar a la agricultura. Según según la Fundación Bosque Atlántico SOS y el Instituto Nacional de Brasil para la Investigación Espacial (INPE), el bosque Atlántico cubría originalmente el 69% del estado de Sao Paulo. Hoy día, sólo queda el 14%. El problema es más amplio: si bien los niveles de deforestación no son lo que fueron cuando alcanzaron su máximo en 2004, cuando se destruyeron 27.000 hectáreas de árboles, estos niveles están comenzando nuevamente a incrementarse en Brasil. Amazonía: la deforestación amenaza la mitad de las especies de árboles Entre agosto de 2015 y julio de 2016, por ejemplo, se destruyeron 8.000 hectáreas de selva. Esto representa un 29% más que el año anterior y el nivel más elevado desde 2008, según el INPE. El regreso de los animales y el agua Una pintura colgada en la pared de la casa de Vicente sirve de recordatorio de los cambios que ha conseguido con su trabajo a pulmón. "En 1973 no había nada, como puedes ver. Era todo un pastizal. Mi casa es más hermosa que lo que ves aquí, pero hoy no podrías tomar una fotos desde ese ángulo porque la tapan los árboles, que son tan grandes", dice. Y a esa selva han regresado muchos animales. "Hay tucanes, todo tipo de aves, un gran roedor llamado apaca, ardillas, lagartijas, zarigüeyas, e incluso están regresando los jabalíes". "Tenemos un pequeño jaguar y un ocelote, ¡que se come todas las gallinas!", dice riendo. Pero, y más importante aún, han regresado los cursos de agua. Cuando compró el terreno había sólo una fuente, hoy hay cerca de 20.
Durante tres años, el mecánico Paen Long se quedaba despierto después de que su esposa se acostara, y pasaba innumerables horas viendo videos en YouTube. Pero estos no eran clips virales o videos de música. Long, que vive al lado de una carretera en el sureste rural de Camboya, tenía una obsesión singular: los aviones. "Al principio, escribí la palabra 'jet'", dice. A partir de ahí, fue encontrando videos que mostraban aviones despegando y aterrizando, simulaciones de vuelo y recorridos virtuales de plantas que fabrican aviones. Long, uno de seis hijos de una pareja de granjeros de arroz, creció en los años en que Camboya estaba luchando para recuperarse de la devastación causada por el brutal régimen del Jemer Rojo (1975-1979) y nunca se había subido a un avión. Después de ver un helicóptero cuando tenía unos 6 años de edad, dice, el impulso de volar ocupó su mente, durante décadas. "Siempre soñaba con aviones en las noches, siempre quise tener mi propio avión", cuenta. Alprincipio, no era más que un sueño. Long abandonó la escuela anticipadamente y se entrenó como mecánico, una de las pocas profesiones no agrícolas disponibles para los jóvenes sin educación secundaria, en su provincia natal, Svay Rieng. Pero en 2016, su fascinación por el vuelo se apoderó de él y Long, que ya tenía 30 años y dirigía su propio puesto en un garaje, creyó que ya había ahorrado suficiente dinero para convertir en realidad su fantasía infantil. "Se me cayeron las lágrimas" "Comencé a construir un avión en secreto", dice. "Tenía miedo de que la gente se burlara de mí, así que a veces trabajaba de noche". Creyendo que un helicóptero sería más complejo de recrear que un avión, Long basó su diseño en un avión japonés utilizado en la Segunda Guerra Mundial. Le tomó casi un año construir la nave de un solo asiento, con una envergadura de alas de 5,5 metros, y a partir de materiales en su mayoríareciclados. El asiento del piloto es una silla de plástico con patas cortadas, el panel de control es el de un automóvil y el cuerpo está hecho de un viejo recipiente de gas. El momento de la verdad llegó el 8 de marzo. Justo antes de las tres de la tarde, Long encendió el motor del avión. Tres personas ayudaron a empujarlo hacia su "pista" de despegue: un camino de tierra cercano que conducía hacia arrozales. Según los pobladores, entre 200 y 300 personas (Long calcula que el tamaño de la multitud era de unas 2.000 personas) llegaron ver a su primer aviador local en acción. Se puso un casco de motociclista -su única medida de seguridad- y se sentó en la cabina. El avión ganó velocidad y se levantó brevemente en el aire, antes de despegar. Long dice que alcanzó una altura de unos 50 metros y se estrelló sin ceremonias en el suelo. Las espectaculares cifras del Stratolaunch, el avión más grande jamás construido que acaban de presentar Al bajar, fue recibido con risas. "Estaba allí y se me cayeron las lágrimas. Estaba sensible, porque no podía soportar todo lo que me decían", dice. Long culpa del fracaso al peso de 500 kilos de su máquina. Pero después de este revés, se sintió más decidido que nunca a tener éxito, y pronto volcó su atención en un nuevo proyecto. Próxima prueba Ahora, está construyendo un hidroavión -también a partir de materiales reciclados- y cree que lo puede hacer lo suficientemente ligero para hacerlo despegar. No importa que su aldea en la comuna de Prey Chhor se encuentre a unos 200 km del océano. Una vez construido, Long planea transportar el nuevo prototipo en camión y lanzarlo desde un río. Calcula que construir el primer original le costó más de US$10.000 y hasta la fecha ha gastado US$3.000 dólares en el hidroavión, sumas no pequeñas en un país donde el salario mínimo es de US$153 mensuales y el 13,5% de la población vive por debajo de la línea de pobreza. El avión que estuvo desaparecido más de medio siglo Además, por esa cantidad de dinero, Long podría haber llevado a toda su familia a unas exuberantes vacaciones en el extranjero. Pero, para Long, ya no se trata simplemente de volar. Se trata de hacer posible lo imposible. "Nunca pensé en gastar dinero en otras cosas", dice. "Nunca siento pena de gastar todo este dinero". Aparte de los que se burlaron de él, muchos otros en la zona se sienten asombrados ante su vecino excéntrico. "Nunca he conocido a una persona con una idea como esta", dice Sin Sopheap, un comerciante de 44 años. "Es raro para mí", dice Man Phary, de 29 años, que dirige un restaurante junto a la carretera cerca de la casa de Long. "Entre nuestra gente camboyana nadie lo haría". La esposa de Long, Hing Muoyheng, una vendedora de autopartes, dice estar preocupada por la seguridad de su esposo, sobre todo porque la pareja tiene dos hijos pequeños, pero lo apoya. "No sé cómo funcionan los aviones y él no tiene a ningún experto para ayudarlo", dice la mujer, de 29 años. "Unas cuantas veces traté de pedirle que parara porque tengo miedo, pero él dijo que no correría ningún peligro, así que tengo que apoyar su idea". Su próximo vuelo de prueba será en julio. Aunque Long espera reducir los riesgos a su vida y la de otros realizando la maniobra sobre el agua, es muy consciente de que su fantasía depende de una serie de variables, muchas de ellas fuera de su control. "El peligro", dice, "no podemos predecirlo".