Facuwt
Usuario (Argentina)
Un millón de palabras, no pueden hacer que vuelvas, tampoco un millón de lagrimas lo se porque he llorado hasta quedarme sin lágrimas, Hasta que el alma se me secó. Tal vez lo único que duele más que decirte adiós es no haber tenido la ocasión de haberme despedido de ti. Nuestros recuerdos de ayer durarán toda una vida. Guardar los mejores, olvidar los demás. Soñar como si fueses mia para siempre y vivir como si fueses mia hoy mismo. Los recuerdos construyen un camino que llega hasta el corazón y logra que siempre los sienta uno muy cerca, aunque en realidad estén muy lejos el uno del otro. Espero que leas esto completamente y no lo dejes para después continuarlo y para cuando hayas terminado de leerlo, espero que hayas entendido lo que te quise decir. Esto debe ser una de las cosas que más me costaron y dolieron hacer en todo este tiempo. Hay cosas que creí que no volverían a pasarme, porqué creí saber mucho acerca de esto del amor. Creí saber lo suficiente como para no equivocarme. Sin duda, es evidente que tengo que aprender que en esto del amor las experiencias a veces no sirven de mucho. Uno vuelve a caer una y otra vez en los mismos juegos, en las mismas trampas. Y lo peor de todo, que al darnos cuenta de eso a uno lo hace sentir como un tonto. Quisiera decirte tantas cosas. Lamentablemente no me queda nada más que dejarte dicho todo esto. Pero la única razón es porqué no podía hacerlo de otra manera. Si tal vez me vieras ahora lo entenderías. Yo soy siempre le que aconseja a todos mis amigos en temas del amor. Conozco muchas situaciones diferentes. Muchas que me tocaron vivir a mí, y situaciones que particularmente me hicieron tocar a veces no sé si el fondo, pero era demasiado hondo para mí. Otras que le han pasado a mis amigos y amigas y nunca término de sorprenderme. Pero hoy tengo que decirme todas esas cosas que yo dije a mis amigos y amigas, y hasta a mi mismo. Porqué simplemente no tengo con quién hablarlo. Tal vez por orgullo, y quizás también por vergüenza. Evidentemente algo se nota en mí, no puedo disimularlo. Porqué por esas cosas raras que tiene la vida, más que nunca estoy rodeado de mis amigos. Más que nunca me preguntan que me pasa estos últimos días. Que si dónde dejé esa felicidad que tenía no hace mucho. Donde dejé ese brillo de mis ojos. Donde dejé las ganas de pasarla bien con ellos. Me preguntan que si porqué no fui esta vez a verte. No son tontos, me conocen. Algunos lo suficiente como para darse cuenta cuando les hablo porqué también se me nota al hablar. Me duele tener que mentirles cuándo me preguntan ¿cómo estás?, y yo les digo, muy bien, aca ando. Digo con mi mejor cara cuándo no puedo disimular este dolor que a veces creo que podría matarme. Pero mucho más duele saber que ellos se dan cuenta, que es casi todo lo contrario lo que digo. Pero así son las reglas, y así es la tristeza. Yo siempre he dicho, prefiero un dolor agudo y corto, a uno largo y suave. Ahora solo tengo que esperar que llegue la hora en que todo pase por fin y volver de nuevo a empezar. Tal vez un poco más fuerte, porque eso es lo que dicen, lo que no te mate, sólo te hace más fuerte. Ya te imagino leyendo esto. Pero no te equivoques, ser fuerte no significa volverse insensible o frío. Eso es volverse cagon. Qué es muy distinto a ser fuerte. Yo podré ser muchas cosas, pero no un cagon. Siempre digo a los demás, eei? la vida sigue, el planeta sigue dando vueltas, vivi la vida, no te qedes sentado porqué estás mal Pero que difícil es seguir viviendo cuándo estás atado a algo y eso que te ata resulta ser algo que amas con más fuerza de las que tienen tus piernas para caminar. ¿Sabes algo? Creo que la única forma que me queda para salir de esto es sin mentir. No voy a salir a decir que no te amo, porqué es mentira. Y creo que ya me mentí conmigo mismo al estar contigo. Y al parecer así fue. No más mentiras. No más engaños. Solo la verdad. Y que sea tal vez lo que Dios quiera. Ya las cosas pasaron el dolor sigue aquí,ya dijimos y tomamos una decisión, aunque fue algo muy egoísta de mi parte,porque solo pense en mi tranquilidad en mi sentimientos.Te confieso siento que la vida se me acaba,no se como salir de esto,no se como acostarme sin pensar en ti , no se como hacer para no extrañarte tanto. Ya te dije la verdad tal vez muy tarde pero te la dije me siento mejor conmigo mismo, aunque tu no me creas esa es la verdad. Pero bueno No voy a decirte que no te extraño, porque me muero de ganas de estar contigo. Tampoco voy a decirte que no te necesito, porqué me haces falta, y tal vez más que nunca. No voy a decirte que no quiero llamarte, porqué me pongo nervioso cada vez que tengo el teléfono en mi mano y mis dedos se van buscando tu número. Y para que mentir, si no puedo. Se me nota. Es algo que no puedo hacer. Lo lógico, es que tenga que decirte todo lo contrario para hacer las cosas un poco más fáciles. Pero hay algo más importante que mi orgullo, lo que te prometí. Prometí amarte mientras yo respire. Y eso me juego en contra ahora. Porqué podría dejar esto pasar de que podría quitar esas promesas, no puedo. Porqué no te voy a dar la posibilidad de que me digas: no cumpliste o me fallaste?eso nunca. No es que me arrepienta. No? para nada. Uno promete algo cuándo está seguro que puede cumplirlo. Y yo te prometí que te amaría toda la vida, para cuidarte hasta el último de mis días. De todas las cartas que te escribí esta la más sincera. Pero también la que más me duele. Porque a pesar de todo, la verdad duele. Más aún si tienes que imaginarla. Peor aún cuándo eso que imaginas termina siendo verdad, aún cuándo te dicen que eso que pensaste eran tonterías. Déjame decirte algo? a veces las tonterías terminan siendo reales. Ojala y algún día entiendas que todo fue verdad que jamás te mentí cuando te dije que te amaba y que eras lo más importante para mí. No te pedí que me amaras. No te pedí que me quisieras. Nunca te pedí que me extrañaras. Solo te pedí que estuvieras conmigo, que me dejaras estar a tu lado, que me dejaras amarte, cuidarte, solo quería ser feliz contigo, solo pretendía que tu llenaras los espacios de soledad que habían en mi, que llenaras mis tristezas. Perdóname, por amarte tanto, por haberte echo esclavo de mis sueños de mi amor de mi vida,una vida que esta muriendo, pero que igual cumple la promesa de amarte para siempre?Yo ya no estoy aquí definitivamente,mori. El mundo se me escapó de las manos y para mañana tengo que ir detrás de el, alcanzarlo y ponerme de nuevo en mi lugar y dejar algunas cosas atrás. Entre ellas? tú. En realidad duele, duele desprenderse de algo que amas con todas tus fuerzas. Pero tal vez sea algo necesario. El tiempo lo dirá. No quisiera hacer esto, pero sólo me voy a llevar algo que un día dejé en tus manos sin que me lo pidieras, por eso no puedo reprocharte nada, es mi corazón. No es que no quiera dejártelo, ojala y pudiera estar contigo para siempre. No puedo obligarte a salir de esa decisión si no quieres, aunque por dentro tengo la extraña sensación de que si quieres, porqué alguna vez me dijiste te amo. Dos palabras que no puedo arrancar de mi mente. Dos palabras que no puedo olvidar. Y jamás voy a olvidar. Porqué laten y se grabaron en mí, Pero lamentablemente no estás dispuesta a enfrentarlo. el mundo sigue dando vueltas. La verdad, que fue un gusto enorme conocerte, de verdad. Mucho más maravilloso fue amarte y tenerte conmigo un tiempo. Como alguna vez te lo dije, me haces sentir chiquito a tu lado y a la vez el chico más afortunado y grande del mundo. Tal vez no me creíste? Supongo que pensaste que fue otra mentira más. Ya no importa. No tenías porqué hacerlo. Es demasiado lindo, es demasiado tierno que te digan eso. Y esas cosas son como que le tienes temor. Te quedaste en algunos detalles negativos que no tuve oportunidad de cambiarlos, de acomodar. Pero bueno, ahora te estoy hablando con lo poco que queda de mí. Nunca hubo cosas que te dijeron que había. O que te inventaste tú mismo no se para qué. Tal vez? para buscar una excusa? Ahora ya no cuenta, no te preocupes, ya no importa, no voy a meter aquí todo lo que te dijeron tal vez tus amigos Para qué? no vas a entender nunca lo que tienes que entender hasta que una verdad te lastime, y espero no estar ahí cuándo eso pase. Y ahora, antes de irme, si me lo permites quiero devolverte algunas cosas y tal vez quedarme con algunas: te devuelvo esos pensamientos que pusiste en mi cabeza. También los que vas a poner. Cosas que ni pasaron, no pasan y tampoco van a pasar. Yo me quedo con lo que creo que es verdad. Me quedo con los hechos que hablan de ti por si mismos. Te devuelvo mis ilusiones Te devuelvo tus ojos, Tus CACHETITOS los más lindos un momento tuve. Me quedo tan sólo con algunas de tus miradas. Te devuelvo mis ganas a que llegue la noche para verte. Te devuelvo mis ilusiones de dormir una noche juntos, de irte a buscar y abrazarte. Te devuelvo ese encuentro imaginario que siempre tuve. Te devuelvo mis planes para cuando estuvieras acá compartiendo mucho de lo que tenía para ti, cuando no pudiste entender en realidad que mi vida está aquí, no en otro lugar. Me quedo con la primera vez que te conocí, por cierto, un día muy especial como voy a olvidar "eee como es" jaja. Tal vez algún día sepas porqué. Te devuelvo mis pensamientos de la veré o no, esta vez. Me quedo con tus palabras ofensivas que me hacían reír y alegrarme, y que pensaste que yo pensaba que eran insultos por tu manera de expresarlas. Me quedo con esas despedidas que duraban hasta el amanecer y que tal vez en el fondo deseaba con toda el alma que no amaneciera porque no quería irme Me quedo con esos largos y lindos momentos que a veces me dejaban sin aire. Te devuelvo mis ganas de algún día ayudarte con lo que me pediste. También te regalo todo ese tiempo que ahorré para poder hacerlo. Te devuelvo las pocas historias que te conté mientras parecía que no me escuchabas o estabas en otro lugar. Te devuelvo las lágrimas que no lloré mientras te ibas a otro lado. Te dejo mi deseo de que seas feliz. Te dejo mis ganas de cuidarte. Te dejo mis celos, celos tontos que no eran de desconfianza. Celos que no supiste entender que causabas y después no te los aguantabas. Te dejo todas las lágrimas que derramé mientras escribía esta carta. Te dejo mi falta de aire, el dolor que en este momento siento, el dolor. Mi coraje. Todo te lo dejo aquí. Y me quedo con lo que no puede dejar de sonar en mi alma, dos palabras TE AMO. Parece que después de todas estas lagrimas estoy un poco mejor. Sentía la necesidad de escribirte todo esto. Al final tú estás feliz y eso me alegra enormemente Aunque no sea a mi lado. Te amo, Gracias por absolutamente todo.
"Cuando me muera quiero que me toquen cumbia" Cuando me mueran quiero que me toquen cumbia es un relato magistral de Cristian Alarcón, quien bajo la influencia simultánea de Rodolfo Walsh y Pedro Lemebel reconstruye la vida y la muerte de los jóvenes lúmpenes del conurbano bonaerense. Cristian Alarcón, redactor de Página/12, fue distinguido en Nueva York con el premio Samuel Chavkin a la integridad en periodismo, por su libro Cuando me muera quiero que me toquen cumbia. PROLOGO DEL LIBRO Cuando llegué a la villa sólo sabía que en ese punto del conurbano norte, a unas quince cuadras de la estación de San Fernando, tras un crimen, nacía un nuevo ídolo pagano. Víctor Manuel "El Frente" Vital, diecisiete años, un ladrón acribillado por un cabo de la Bonaerense cuando gritaba refugiado bajo la mesa de un rancho que no tiraran, que se entregaba, se convirtió entre los sobrevivientes de su generación en un particular tipo de santo: lo consideraban tan poderoso como para torcer el destino de las balas y salvar a los pibes chorros de la metralla. Entre los trece y los diecisiete años el Frente rodaba al tiempo que ganaba fama por su precocidad, por la generosidad con los botines conseguidos a punta de revólveres calibre 32, por preservar los viejos códigos de la delincuencia sepultados por la traición, y por ir siempre al frente. La vida de Víctor Vital, su muerte, y las de los sobrevivientes de las villas de esa porción del tercer cordón suburbano –la San Francisco, las 25 de Mayo y La Esperanza–, son una incursión a un territorio al comienzo hostil, desconfiado como una criatura golpeada a la que se le acerca un desconocido. La invocación de su nombre fue casi el único pasaporte para acceder a los estrechos caminos, a los pequeños territorios internos, a los secretos y las verdades veladas, a la intensidad que se agita y bulle con ritmo de cumbia en esa zona que de lejos parece un barrio y de cerca es puro pasillo. Quizás hubiera sido mejor revelar la identidad de un asesino, la mecánica de un fusilamiento, un mensaje de la mafia, la red de poder de un policía corrupto, un crimen pasional cometido con una faca bien afilada. Detrás de cada uno de los personajes se podría ejercer la denuncia, seguir el rastro de la verdad jurídica, lo que los abogados llaman "autor del delito" y el periodismo, "pruebas de los hechos". Pero me vi un día intentando torpemente respetar el ritmo bascular de los chicos ladrones de San Fernando, sentado durante horas en la misma esquina viendo cómo jugaban al fútbol y sancionaban a las patadas al mal zaguero central. Me vi sumergido en otro tipo de lenguaje y de tiempo, en otra manera de sobrevivir y de vivir hasta la propia muerte. Conocí la villa hasta llegar a sufrirla. Con el tiempo y el progreso del asfalto y la urbanización impuesta por el municipio, la villa San Francisco, y a sus costados norte la 25, y sur La Esperanza, se fueron convirtiendo en un barrio. Sobre el natural caos de la edificación no planificada se trazaron algunas calles y algunos ranchos desaparecieron bajo las topadoras para dar lugar al cemento y al orden. Pero la traza colonial sólo logra dar la impresión de un barrio con esas fachadas en las que a pesar de la pobreza se ha puesto esmero. Es una delantera amable de la villa: entre casa y casa, entre frente y frente, se abren los pasillos que llevan a los caseríos de los fondos. Detrás de cada zaguán se esconden las casillas de chapa mejoradas con improvisadas paredes de bloques o ladrillos. Justo entre la 25 y La Esperanza ha quedado intacta una porción de la vieja villa de ranchos encimados con cuatro pasillos internos. En uno de ellos, al que se entra por la calle General Pinto, a una cuadra de su casa, fue asesinado el Frente Vital la mañana del 6 de febrero de 1999. Muy de a poco el campo de acción en el lugar se fue ampliando para mí, abriéndose hasta dejarme entrar a los expendios de droga, a las casas de los ladrones más viejos y retirados, a los aguantaderos. Al principio sólo podía circular por la cuadra del Frente, sólo ver cómo, al llegar la hora de comer, las mujeres comenzaban a hacer una recolección sistematizada de préstamos entre los vecinos de siempre. Media taza de aceite de un rancho, un poco de arroz de otro, una cebolla, un precioso pedazo de carne más allá. Las madrazas en busca del faltante para resolver el hambre se cruzaban de vereda a vereda rescatando porciones a reciclar con unapericia que evidenciaba el entrenamiento en la faena de llenar la olla del día, la inmediata necesidad de saciar los estómagos de cada familia. Al Frente lo enterraron en una tumba del sector más pobre del cementerio de San Fernando, donde conviven los mausoleos señoriales de la entrada y las pedestres sepulturas sobre la tierra. Adornados por flores de plástico, los muertos quedan como sembrados a lo largo de una planicie en la que resalta hoy la tumba de Víctor Vital. Resplandece entre las demás por las ofrendas. Grupos de chicos enfundados en sofisticados equipos de gimnasia y zapatillas galácticas se reúnen para compartir con el Frente la marihuana y la cerveza. Las ofrecen para pedirle protección. San Fernando es ese partido del conurbano bonaerense cuya estación del ferrocarril Mitre es casi la última antes de llegar a Tigre, a poco del Río de la Plata, entre Beccar y Carupá: es la zona del país donde la brecha entre pobres y ricos es abismal. La fortuna ajena parece al alcance de la mano: allí se da la maldita vecindad entre el hambre y la opulencia. A dos años de mi llegada al barrio, los chicos de la generación que creció sin el particular y cuestionable orden que defendía al Frente Vital les roban a las ancianas y los niños del lugar. Buscan diez pesos para una próxima dosis de mentirosa altivez. Se conforman ya no con la reivindicación del propio ser al tomar por asalto el status prohibido de las marcas famosas sino con un paraíso artificial que da una bolsa de Poxirán o intoxicados con las pastillas diseñadas para calmar la angustia del perfecto pequeño burgués diluidas en el peor vino ofertado por el almacenero, al que tarde o temprano asaltarán, simplemente porque los tiempos han cambiado en contra nuestra y ya no hay ley, no hay iguales, no existe el milagro de la salvación. Como si él y su poderío místico incluyeran la condena y la salvación, el mito del Frente Vital me abrió la puerta a la obscena comprobación de que su muerte incluye su santificación y al mismo tiempo el final de una época. Esta historia intenta marcar, contar ese final y el comienzo de una era en la que ya no habrá un pibe chorro al que poder acudir cuando se busca protección ante el escarmiento del aparato policial, o de los traidores que asuelan como el hambre la vida cotidiana de la villa.