FAltier
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Hu’lulkar el ser umbrío Una noche cualquiera mis amigos y yo decidimos salir para entrar en una fábrica abandonada ya que no teníamos nada que hacer y queríamos salir a algún lugar, al momento de salir todo parecía normal la noche era siniestra, por las calles recorría un silencio total y un aire frio, el cielo no tenía ninguna estrella aunque no se presentaran nubes. Seguimos nuestro camino hacia la fábrica aunque perdiendo la iniciativa, poco a poco me fui retrasando en el grupo, llegando un punto en el que salí de mi ser para empezar a escuchar sonidos extraños los cuales no sabían de donde provenían, de un momento a otro volví en mi para volver con el grupo, parecía que ellos no se habían dado cuenta de mi ausencia y estaban charlando de lo más normal. Aun quedaba un largo camino para llegar a la fábrica y yo sentía que no podía avanzar mucho más, tenia alucinaciones sonoras y todo me parecía muy extraño desde el momento que salimos, hubiera deseado no salir y simplemente dormir, pero mis amigos me habrían tachado de cobarde, por ende los seguí a pesar de mi malestar, el cual ellos no parecían notar. Avanzábamos rápidamente por las calles inhóspitas y mudas, con una luna desaparecida que daba la sensación de que todo el lugar estaba difunto, sin luces ni alguna forma de vida, las casas parecían abandonadas y sin gente, no había ni un solo perro ladrando, es como si todo el mundo estuviera expectante y al margen de lo que podría pasar en esta noche. Aunque a mí me parecía muy inusual el ambiente presente decidí callarme y no hacer un comentario sobre el tema, aun con tales condiciones atípicas no presentaban ningún tipo de imposibilidad para proseguir nuestro transcurso. Estando a mitad del camino empecé a escuchar ciertos sonidos intermitentes que no lograba asociar con ningún tipo de animal o cosa que conociera, me empezaba a doler la cabeza de escucharlo, luego de extrañarme tanto, decidí romper con el tabú autoimpuesto tratando de comentarles a mis amigos sobre lo extraño de la noche, les dije todo lo que ocurrió y ellos no parecieron percatarse, a pesar de todo no me escucharon y mis palabras fueron aludidas. Empecé a impacientarme con todo lo que pasaba sin darme cuenta que se lograba divisar la fábrica abandonada, me sentí un tanto irritado al darme cuenta que mis amigos se dieron la vuelta para hablarme como si nada hubiera pasado, como si fuera una noche oscura normal sin ningún tipo de extrañeza. Nos dispusimos a entrar en la fábrica ignorando las cadenas, entonces oxidadas por la antigüedad, todo parecía estar normal de nuevo, una fábrica abandonada sin luces y profanada por otras personas como nosotros que decidieron en algún momento entrar en la fábrica, las paredes estaban garabateadas con típicos dibujos de falos y bustos femeninos, frases dignas de un perturbado mental, colchones llenos de sustancias y gomas que sería mejor no tocar, mis amigos reían aunque yo estaba muy impaciente por salir de aquí y volver a mi casa. Por alguna razón de un momento a otro me encontraba sin compañía, no sabía en qué momento o hacía donde se fueron mis amigos, pero comencé otra vez a escuchar un sonido que parecía hacerse cada vez más cercano, el sonido me provoco un dolor de cabeza y una sensación horribles que no cesaban por más que trataba de no escuchar el sonido que parecía la voz de un sordo intentando hablar sin haber aprendido en su vida, pero era más que eso, parecía el sonido que hacían ciertos tipos de lechuzas por las noches, de cualquier modo el dolor y el sonido eran cada vez más intensos, hasta que en un momento logré divisar una masa saliendo por la esquina acompañada de una pestilencia indescriptible, parecía el olor de un animal muerto pero a la vez parecía azufre y una fetidez digna de una mofeta. No dude ni un solo segundo en que esa cosa tan repugnante que se movía profiriendo gritos y alaridos no iba a ser alguna clase de guía turístico atreves de una fábrica abandonada, lo primero que hice fue correr lo más rápido en dirección contraria de la que venía ese ser, parecía que habían chapoteos de un liquido gelatinoso detrás de mí, al mirar si perdí al monstruo logre ver que me seguía a buen ritmo y con gran velocidad chapoteándose con su propia sustancia gelatinosa y rojiza, parecía que moriría en ese momento pero por suerte logre meterme en una puerta en la cual esa cosa no podría pasar rápidamente, para mi buena suerte tenía una especie de ventanal por el cual podría arrojarme y escapar, sabía que un marco de puerta no retendría por mucho tiempo a esa cosa, sin pensarlo mucho tiempo salte sin darme cuenta que era un segundo piso, al aterrizar me torcí el tobillo y me herí los brazos sin poderlos levantar por obra del impacto y el dolor que me causo, corrí lo más rápido que pude hacía mi casa olvidándome de mis amigos, lo único que quería era sobrevivir, mientras corría la noche parecía normalizarse, la luna volvió a aparecer al igual que las estrellas, las calles volvieron a ser iluminadas y no ser tan silenciosas, al menos por el momento. Al llegar a mi casa no podía mover muy bien mis brazos aunque trate de escribir mi historia por foros, esperando con anhelo que alguien hubiera vivido una experiencia similar, después de día de espera no encontré a nadie que se lo tomara como algo serio o que hubiera vivido lo mismo que yo, con el tiempo empecé a desarrollar una fobia al estar afuera en la noche la cual iba empeorando cada vez que recordaba el olor y el sonido que generaba esa masa de carne y fauces pestilentes. Mi vida perdía el sentido cada vez que dormía en las noches muchas veces tocando el hilo entre la vida y el suicidio. Por alguna razón decidí ir a la fábrica abandonada durante el día, esperando de este modo a que se hiciera de noche a esperar mi muerte. Ahora mismo estoy escribiendo esto mientras espero por mi inminente y anhelada muerte, quisiera haber rechazado el haber salido esa noche y así no conocer esta criatura que me arruino la vida… Empiezo a escuchar los sonidos y oler la pestilencia típica del ser, supongo que mi vida útil termino en el momento que me tope con él y en el que me determino como una presa…