EsteAlberto59
Usuario (Argentina)
Del período Edo al Moderno. La caída del shogunato de Tokugawa y la restauración de Meiji en 1868. El período de Edo (1603 – 1868). Gobierno del Shogun. Para continuar dicha lectura visite: https://docs.google.com/document/d/1-vVZwpRo1BtljFN2Sbz9_rx3F38-AjOpQyVXcOd0Fdc/edit De una aldea muy pequeña de la provincia de Kozuke, ubicada en el Kanto, derivó el nombre Tokugawa y esta familia después se trasladó a la provincia de Mikawa. El castillo de Okazaki fue el cuartel general de un daimyo Sengoku, padre de Yeyasu, logrando gobernar cerca del 50 % de Mikawa en 1500; aunque él estuvo sometido al soberano de Imagawa. Oda Nabunaga venció a Imagawa Yoshimoto en 1560 mientras Ieyasu, convertido en jefe de su casa y aprovechando la victoria de Oda Nabunaga, gobernó en toda la provincia de Mikawa; los Hojo y Takeda no lograron vencer a Ieyasu y este último conquistó la mayor cantidad de tierras de Imagawa. Ieyasu continuó con sus éxitos militares en: Totomy y Suruga, cuando murió Nobunaga; él después avanzó hacia Kai y Shinano y en Sumpu, anterior capital de los Imagawa, estableció su cuartel general; en 1853 intentó convertirse en heredero de Nobunaga, pero la disputa con Hideyoshi duró poco y ambos establecieron relaciones amistosas. Ieyasu aunque se dedicó a extender sus territorios, no participó militarmente en el Shikoku ni en el Kyushu, durante las campañas de Hideyoshi; la excepción fue cuando aportó su contribución en Odawara contra los Hojo, recibiendo como recompensa 2.557.000 koku de tierras del vencido. El traslado de Ieyasu al Kanto permitió al mismo tener una base adecuada para administrar y controlar directamente un millón de koku; él repartió entre su vasallaje los demás feudos ubicados alrededor de su castillo de Edo, mientras sus vasallos más poderosos (castellanos) fueron destinados para residir en la periferia de su territorio; en su sistema de vasallaje entregó: 120 mil koku en Otaki en Takasaki a Ii, 100 mil koku en Tatebayashi a Sakakibara y 100 mil koku en Otaki a Honda; 38 señores feudales, vasallos de Ieyasu, tuvieron castillos. La muerte de Hideyoshi causó la disputa por la sucesión política entre los Maida, los Tokugawa, los Uesugi y los Mori; pero en 1599, Ieyasu fue convertido en el Señor del País al entrar en el castillo de Osaka, contando con las obediencias de los Maeda, otros daimios y la mitad de los daimios de liga toyotomi; estos últimos apoyaron a Ieyasu al final de dicho año y entregaron rehenes como los Maeda. En 1600, Ieyasu trasladó a sus militares y aliados al Kanto para luchar contra los Uesugi; el 21 de octubre de dicho año, los militares de Ieyasu Tokugawa derrotaron en la batalla de Sekigahara a la causa occidental; esta última reunió a los daimios alrededor de Osaka, entre ellos: los Ukita, los Mori, los Shimazu, los Chosokabe, los Nabeshima, los Ikoma y otros del Occidente, pero dicha alianza fracasó. La victoria de Ieyasu Tokugawa fue posible porque no intervino una parte importante de las fuerzas occidentales contra su militarismo y Kobayakawa, pariente de los Mori, desertó; después de esta matanza, Ieyasu entró en Osaka y sus militares prevalecieron. Con el triunfo de Ieyasu, 87 casas de daimios desaparecieron mientras otras cuatro, entre ellas la Toyotomi, no mantuvieron todas sus posiciones; la confiscación de 7.572.000 koku, además de aumentar las riquezas de Iayasu, permitió la distribución de las propiedades involucradas entre sus vasallos. Hideyori, el heredero de Hideyoshi, mantuvo un dominio de 650 mil koku y su castillo en Osaka; pero todavía los Tokugawa no contaron con daimios propios en el Occidente, por la importancia del juramento de los adeptos a los Toyotomi. Ieyasu conquistó la legitimidad con su título de Shogun; aunque él no dejó de rendir honores a Hideyori por su fuerza política, concentró una multitud de rehenes en su castillo de Edo y se convirtió en la autoridad central de la totalidad de los daimios del Japón en 1603; Ieyasu dominó militarmente la zona perteneciente a la capital después de establecer una guarnición suya en el castillo de Fushimi y a su gobernador militar en el castillo de Nijo, ubicado en Kyoto. El hijo de Ieyasu: Hidetada se convirtió en Shogun después que el primero se retiró como Shogun (Ogosho) en su castillo de Sumpu. Para deshacerse del prestigio de los Toyotomi, los daimios de Ieyasu atacaron el castillo de Osaka y la batalla en 1614 fue más sanguinaria que Sekighara; los Tokugawa perdieron 35 mil militares de sus 180 mil que combatieron contra los 90 mil de los Toyotomi; pero recién al año siguiente, Ieyasu exterminó a sus enemigos de Osaka recurriendo al engaño y aunque terminó con el prestigio de los Toyotomi, murió en 1416. (HALL, John Whitney, páginas 147, 148, 149 y 150). Tokugawa Ieasu fue un daimyo (señor feudal) de Edo (Tokio) y asumió el gobierno central después de la muerte del Hideyoshi, sucesor de Nobunaga y unificador del Japón en 1590; designado shogun por la corte imperial en 1603, inició su gobierno militar, de gran prestigio durante bastante tiempo, porque se prolongó durante 264 años. Al finalizar el período Edo entró en decadencia por los conflictos internos, políticos y económicos, debido a la exigencia por la reforma política a favor de la restauración imperial. (BITO, Masahide y WATANABE, Akio. Páginas 13, 14 y 15) El Mikado en vez de gobernar desde Kioto, se dedicó a su pereza; y los mayordomos del palacio Tokugaua o Chogún, con residencia en Edo (Tokio), se ocuparon del gobierno central, acompañados por la corte imperial de Yedo (Tokio). (CROUZET, 1975, Vol. V, pág. 315). Las clases sociales. Tres clases sociales integraron la sociedad japonesa: la más privilegiada era la gobernante, integrada por la clase militar samurái, mientras las otras eran: la agrícola (los campesinos) y la ciudadana, compuesta por los artesanos y los comerciantes (chomins). (BITO, Masahide y WATANABE, Akio. Pág. 13). “El confucianismo Chu Hsi sentó las bases teóricas del gobierno Tokugawa. La metafísica del confucianismo proponía la oposición de las fuerzas cósmicas, cielo y tierra, lo positivo y lo negativo, cuya presencia en la naturaleza trata de justificar un orden jerárquico en el mundo humano. De este modo, la distinción de clases sociales en las esferas militar, agrícola, industrial y comercial se estableció como el orden básico de sociedad no sujeto a cambios” (1) (Yutaka, Tazawa y otros, 1973, pág. 83). Pero con el paso del tiempo, la clase mercantil utilizando el capital comercial se enriqueció, mientras las clases: agrícola y guerrera y la economía comercial, dependientes de las riquezas de la tierra, conocieron la pobreza. (YUTAKA, Tazawa y otros, 1973, pág. 83). En Yedo (Edo) abundaron los deudores; los dineros provenientes de las ventas de arroz permitieron a los negociantes prestar dineros a los daimios y los mismos acapararon las tierras, perjudicando a los colonos; mientras la burguesía de procedencia muy dudosa y emparentada con el grupo usurero hasta compró los títulos nobiliarios del Japón, en 1816. La ciudad tuvo problemas por el desabastecimiento de la producción agrícola debido a la migración del campesinado hacia la urbe. (CROUZET, 1977, Vol. VI, pág. 512). La cultura. “Florecieron varias arte en la sociedad de los plebeyos, incluyendo las formas de arte distintas tales como el teatro Kabuki y la pintura de grabados al boj ukiyoe” (2) (Masahide, Bito y Watanabe, Akio. Pág. 14). (BITO, Masahide, Bito y WATANABE, Akio. Pág. 14). El empobrecimiento de la nobleza y los plebeyos convertidos en los nuevos ricos favorecieron los cuentos, las novelas y las estampas, con algunas licencias argumentales y hasta sátiras más del gusto popular. El drama sagrado (el no) fue cada vez más reemplazado por la descripción de las costumbres, con sus vicios y extravagancias; Iku pintó a las muchedumbres y Hokusai, perteneciente a la escuela vulgar: ukiyo-ye de Katsura, se dedicó a la pintura de cualquier menester y los japoneses tradicionalistas lo tildaron de pintamonas. Motoori, denunció el relajamiento de la moral debido al confucionismo formalista y los Kangakussa a través de su escuela defendieron la austeridad filosófica de China, pero los Vangakussa optaron por los preceptos del shinto por el honor del mismo y los orígenes nacionales. Motoori además de contribuir a formar el lenguaje escrito del Japón: el vabun, argumentó a favor de los derechos de la dinastía acallada en Kioto en su obra Kojiki y Hirata reclamó el culto imperial. Varios historiadores japoneses trabajaron para esta nueva escuela; ellos eran contemporáneos de los historiadores románticos europeos y su objetivo era volver a la gloria de su país en otra época anterior. (CROUZET, 1977, Vol. VI, pág. 512). Los artistas del período Edo progresaron porque la sensibilidad artística llegó a la plebe; la Escuela Kano fue patrocinada por el shogunato de Tokugawa, se convirtió en la escuela oficial y su arte se ocupó de las banalidades. Los opositores crearon otras escuelas: la Sotatsu-Korin rescató las tradiciones propias de Yamto-e, pero agregándola otra faceta decorativa y los biombos plegables perteneciente a Sotatsu Tawaraya se cuentan: la Danza Bagaku, el Cuento de Genji y Dios del Viento y Dios del Trueno; a su vez Korin Ogata mostró el estilo fresco de dicha escuela en su obra Flores Rojas y Blancas de Ciruelo y también en otra: Iris. Otra escuela reaccionaria ante la oficialista Kano fue una meridional: Bunjin-ga, dedicada a la pintura cuyo modelo artístico se remontó a las dinastía Ming y Ching; dicha escuela no mostró interés por el espíritu mundano y el individualismo caracterizó la misma, mientras la población consideró dicho arte como distinta a las obras artesanales de los pintores profesionales. Sus exponentes abundaron y se destacaron entre ellos: Yosa-no-Buson, Taiga Ikeno, Mokubei Aoki, Gyokudo Uragami, Buncho Tani, Chikuden Tanomura y Kazan Watanave. Goshun Matsumura y Okyo Maruyama representaron la naturaleza de una manera realista y su técnica se caracterizó por la facilidad y la ligereza de su estilo. En el Período Edo los artistas japoneses accedieron al arte de Occidente y un ejemplo fue el entusiasta del arte holandés: Kohan Shiba; este último consiguió en Nagasaki los libros dedicados a la pintura al óleo y aguafuerte, ilustrando textos de astronomía, medicina y geografía; él también pintó el paisaje tridimensional valiéndose de la perspectiva y el sombreado occidental. Pero además del arte destinado a la plebe, los artistas japoneses se dedicaron al arte clásico de un nivel más elitista, clásico, decorativo y tradicional; era la época del trabajo artístico artesanal porque todavía no abundaron las máquinas y los artistas trabajaron para los productos de cerámica, laca y porcelana de ventas más factibles porque aumentó el poder adquisitivo de una parte de la población dispuesta a comprar las artesanías industriales. (YUTAKA, Tazawa y otros, 1973, páginas 89 y 90). La educación fue extendida al 43 % de los varones y al 10 % de las mujeres en 1968 y en 1875 los porcentajes de habitantes con escuelas elementales finalizadas fueron: el 54 % para los hombres y el 19 % para la población femenina. (NAKAMURA, Takafusa y GRACE, B. R. G., 1985. Pág. 31). La escuela (Terakoya) era pequeña, privada y regentada por un solo maestro durante el shogunato de Tokugawa; miles de centros escolares con dichas característica funcionaron en el Japón en dicha época. (ISHIZAKA. Pág. 6). La economía feudal. La agricultura y la productividad del arroz durante el siglo XVII. Las nuevas industrias. La administración samurái consolidó su prestigio con el aumento de la producción del arroz, porque la cantidad de este cereal se duplicó durante el siglo XVII. También se incrementó el comercio, con los productos de algunas industrias nuevas. Los mercaderes más grandes aumentaron su poder económico frente a los samuráis. (BITO, Masahide Y WATANABE, Akio. Páginas 13 y 14). La población se incrementó 2,5 veces entre 1600 y 1720, aumentando 0,77 anualmente, mientras la tasa de mortalidad infantil bajó de 40 % al 10 % al terminar el período Edo. Esta población más numerosa trabajó en las industrias tradicionales y la agricultura, dedicándose en esta última actividad económica a las verduras, el arroz, los frijoles de soja y el té; los campesinos solamente compraron los productos más necesarios afuera de sus aldeas: los medicamentos, la sal y el algodón. Pero al aumentar la urbanización, los campesinos pasaron a la economía monetaria; ellos dejaron la producción agrícola de subsistencia para favorecer otra dirigida al mercado y parte del campesinado migró hacia las urbes. Antes de concluir el período Edo, aparecieron propietarios rurales parasitarios; los mercaderes de las urbes compraron las tierras, pero ellos y los terratenientes más poderosos no trabajaron las granjas sino arrendaron las mismas a un nuevo grupo de arrendatarios; los terratenientes lucraron como prestamistas, vendedores de abonos, dueños de las casas de empeño, además de fabricar salsa de soja, pastas de frijoles y sake. También al finalizar dicho período histórico aumentaron los intercambios comerciales entre las aldeas agrícolas y las mismas se integraron en una economía productiva, con su división del trabajo. El comercio se favoreció por los transportes terrestres y costeros a pesar de las limitaciones infraestructurales, obligadas por el shogunato de Tokugawa por su aislamiento antiimperialista; se prohibieron construir buques muy grandes y se restringieron los puentes sobre los ríos. (NAKAMURA, Takafusa y GRACE, B. R. G., 1985. Páginas 29, 30 y 31). El censo de la población japonesa más digno de confianza fue el de 1721 y mostró una población de 30 millones de japoneses, incluidos los samuráis; a mediados del siglo XIX la misma fue de 32 millones y a diferencia del crecimiento poblacional de China, en Japón aumentó poco debido a la economía de subsistencia. Las sequías y el fracaso en la agricultura fueron perjudiciales para la población japonesa; la hambruna de 1732 afectó negativamente a un millón seiscientas mil japoneses en la parte occidental de dicho y el bakufo y los daimios intentaron disminuir el hambre con la distribución de arroz. “Pero la carestía fue, seguramente, un factor que impidió el aumento de la población. Como es sabido, ésta era sometida también a reducciones voluntarias, especialmente por medio del infanticidio (llamado eufemísticamente mabiki, es decir, adelgazamiento), aunque es difícil decir en qué proporción” (3) (Hall, John Whitney, pág. 184). Otras crisis agrícolas afectaron durante los años: 1675, 1680, 1783 y el año siguiente, 1787 y 1836 hasta el año posterior. (HALL, John Whitney, pág. 184). Japón era para sus habitantes un país bendecido por los dioses, escribió Robert Schnerb; y él agregó: no hay “…suficiente cantidad imágenes deleitosas para expresar el reconocimiento de los seres que tienen la dicha de vivir en el país del Sol Naciente, (…) donde cada uno tiene su sitio señalado, desde el Archito Tenno, dios viviente entre los hombres, hasta el más humilde de los campesinos que cultivan el arroz, incluido el sei-i-té chogún, el general vencedor de los bárbaros, a quien el país debe su independencia, defendida con el concurso de los magníficos daimios y de los valientes samuráis” (4) (Crouzet, 1977, Vol. VI, páginas 510 y 511). Pero durante el shogunato de Tokugawa el aislamiento fue extremista y 30 millones de habitantes combatieron el hambre en un archipiélago, bastante pequeño; y explicó el mismo historiador sobre el Japón: “…cubierto en sus tres cuartas partes por las rocas y el bosque. El aborto y el infanticidio son remedios inconfesables y condenados, pero corrientemente practicados; este malthusianismo originado por la superpoblación se conoce con el nombre de mabiki, que es el arte de clarear las legumbres” (5) (Crouzet, 1977, Vol. VI, pág. 511). (CROUZET, 1977, Vol. VI, páginas 510 y 511). El aislamiento y las prohibiciones del shogunato de Tokugawa. Los historiadores criticaron el regreso al sistema feudal y el aislamiento del Japón durante el shogunato de Tokugawa; al respecto John Whitney Hall escribió: “sus sistemas sociales conservadores habían originado un retorno al feudalismo (…) (y) sus enérgicas medidas de control político impusieron un tiránico y despreciado estado de guarnición del pueblo japonés. La supresión del cristianismo y la política de aislamiento adoptada por los Tokugawa están consideradas como deliberados intentos de apartar al Japón de la corriente principal de la historia del mundo, de modo que, durante doscientos años, el Japón estuvo literalmente estancado en el aislamiento” (6) (Hall, John Whitney, pág. 146). (HALL, John Whitney, pág. 146). Durante el período Edo, las autoridades centrales sometieron a los pobladores del archipiélago japonés a un aislamiento muy estricto. Los misioneros portugueses, cristianos europeos, terminaron proscriptos desde 1616 en el Japón, acusados de favorecer el imperialismo europeo. En 1630 prohibieron a los japoneses practicar el cristianismo y los portugueses nunca más entraron con sus barcos, por orden del shogunato de Tokugawa. En 1637 se prohibió al pueblo japonés abandonar su país y cualquier intento al respecto, era castigado con la muerte. El puerto de Nagasaki. El único puerto japonés habilitado para el comercio exterior era el ubicado en la bahía de Nagasaki; en esta bahía, los holandeses contaron con su factoría en el islote de Deshima para su comercio de las mercaderías europeas, pero sufrieron humillaciones y vejaciones. El otro país permitido en dicho puerto era China y los juncos llegaron con sus productos de lujos; el resto del comercio mundial fue prohibido debido al aislamiento del Japón. (CROUZET, 1975, Vol. V, pág. 315). “La escasez de numerario y el control del mercado de arroz explican el creciente poderío de los mercaderes privilegiados y de los cambistas, los llamados chonins (literalmente, hombres de la ciudad). El deseo de prevenir el éxodo de las especies comestibles es una de las razones que explica y motiva el cierre del país” (7) (Crouzet, 1977, Vol. VI, pág. 512), escribió Robert Schnerb. El comercio se centró mucho en Osaka por tener los graneros más importantes del Japón y después en Nagasaki por sus negocios con los extranjeros, seguido por Yedo (Edo) con la economía de los Fudasachi; estos últimos integraron una asociación de comerciantes de arroz, para su venta al por mayor. Los Tuaya eran los Chonins dedicados a los negocios marítimos de los granos, más difíciles de transportar por vía terrestre porque no abundaron los animales utilizados para cargar los mismos y por el encarecimiento de dicha actividad económica debido a los peajes señoriales. (CROUZET, 1977, Vol. VI, pág. 512). El poder político del shogunato de Tokugawa frente a los grandes señores feudales vencidos. Los campesinos ricos y los pobres. El aislamiento japonés fue para impedir cualquier alianza militar y económica entre los señores feudales vencidos y los militares extranjeros. Los mayordomos del palacio Tokugawa eran muy poderosos y muchos daimios o barones, samuráis o caballeros fueron sus vasallos. Los herederos de los daimios ocuparon los puestos públicos jerárquicos y ellos pertenecieron a ciento cincuenta familias; los mismos fueron premiados por su fidelidad al gobierno Tokugawa y porque sus antepasados sirvieron militarmente al shogunato de Tokugawa. Los otros señores, aunque no tuvieron dicho privilegio público, porque pertenecieron a familias del bando contrario, tampoco fueron molestados por gobierno central; la única excepción a esta política, fue considerada solamente para mantener el orden por parte del shogunato de Tokugawa. Estos señores feudales de la familia Tozama vivieron en sus feudos y gozaron de ciertas autonomías. La lealtad de cinco mil caballeros mesnaderos y de quince mil guerreros aumentaron las posibilidades del shogunato de Tokugawa para permanecer en el gobierno del Japón. Los daimios y los samuráis pertenecieron a la casta feudal y se entrenaron para la guerra; ellos fueron mantenidos económicamente por los campesinos, quienes proveyeron altos cánones de arroz a dicha nobleza mientras los campesinos apenas se quedaron con el arroz necesario para su subsistencia. Los objetos fabricados en las nuevas industrias eran vendidos por los mercaderes a la Corte y también a los feudos; ellos lograron ganancias enormes, porque compraron los productos a precios baratos y vendieron muy caros los mismos. Entre los artesanos y los campesinos, estos últimos terminaron más perjudicados por los precios irrisorios pagados por sus productos y varios mercaderes se convirtieron en señores feudales, porque compraron muchas tierras. El shogunato de Tokugawa se ocupó de mantener la paz entre sus vasallos y el gobierno central, porque las familias: Chimadzu, Maeda y Data, con muchas tierras y poderosas militarmente, contaron con las alianzas de otros daimios y samuráis; dichas familias eran muy peligrosas para la autoridad central. (CROUZET, 1975, Vol. V, páginas 315 y 316). La administración del shogunato de Tokugawa. El shogunato de Tokugawa aisló al Japón del comercio con otros países, no utilizó las rutas comerciales del mundo ni permitió que entraran los intereses occidentales en el archipiélago japonés, excepto en el único puerto autorizado. El período Tokugawa se caracterizó por el aislacionismo y la lucha contra la autonomía local de los daimios, pero dicho aislamiento no fue consecuencia de una predeterminación rigurosa y se desarrollaron las instituciones y la cultura, argumentó el historiador japonés John Whitney Hall; pero el Japón, gobernado por el shogunato de Tokugawa, debido a su feudalismo no aceptó la cultura de Europa y tampoco compartió las concepciones políticas y científicas propias de los estados modernos de dicho continente, agregó el autor mencionado. Después de la guerra civil y con la gran paz (Taihei), la aristocracia militar gobernó Japón, se elaboró la filosofía gubernamental, los samuráis formaron la élite de la burocracia, la organización y la racionalización caracterizaron la administración pública, con la nueva legislación y los reglamentos se establecieron la posición y las responsabilidades de cada clase, el confucianismo fue utilizado como orientación espiritual y los comerciantes más ricos hasta se permitieron la costumbre burguesa del ocio. (HALL, John Whitney, páginas 146 y 147). El sistema político Tokugawa fue el denominado baku-han y el dinamismo caracterizó la tensión política entre dos instituciones políticas del Japón: un shogunato –bakufu- como autoridad central y los 250 dominios de daimios -han- como gobernadores regionales. Pero la terminología han fue utilizada recién en el siglo XIX, porque anteriormente se denominó ryo; aunque los historiadores japoneses consideraron a los dominios de daimios como han, desde una época anterior a dicho siglo. (HALL, John Whitney, páginas 150 y 151). Los productos de la agricultura escasearon aunque esta última se practicó concienzudamente mientras la pesca fue más abundante en el mar y además de los mariscos, la población consiguió la sal y un abono extraído de unas cuantas algas; pero la industria, con algunos talleres dedicados a fabricar armamentos y monedas, fue una actividad económica menos importante y agregada a la economía rural, en la cual era importante la producción arrocera; una estricta reglamentación social no incentivó la innovación económica, sino se limitó a proveer los bienes de consumo a la población japonesa. El bakufu repartió el arroz y el campesinado fue vigilado con recelo; todas las tierras tuvieron sus propietarios y una parte de la producción agrícola del campesinado se reservó para su subsistencia, pero la otra parte fue entregada a los graneros públicos; la clase de propietario rural, aunque no explotó en forma directa la tierra, se quedó con una porción de dicha producción rural. Las prohibiciones del shogunato de Tokugawa eran muy estrictas: no se permitió abondonar la tierra al campesinado sin permiso, tampoco dejar de cultivar la tierra arable ni cambiar el cultivo de arroz por otro producto agrícola, pero los daimios hipotecaron sus reservas y su economía fue cada vez más decadente; la fidelidad de los daimios al shogunato de Tokugawa se recompensó con la distribución de koku de arroz. La residencia del guerrero en Yedo (Edo) durante un año de cada dos fue obligatoria y ante el alejamiento del mismo de dicho lugar, por el tiempo permitido, debió dejar rehenes; la clase guerrera dedicada al servicio, conservó el privilegio de portar los dos sables curvados. “Por otra parte, si el poder señorial ha permanecido intacto en el Oeste, en Hondo y en Kiu-Siu, en el Kuanto -un país del Este, en relación al Fuji- los Tokugawa han logrado domesticar a los castellanos de la región”. (8) (Crouzet, 1977, Vol. VI, pág. 512), escribió Robert Schnerb. (CROUZET, 1977, Vol. VI, páginas 511 y 512). El equilibrio de poder de los Tokugawa se logró a través de la distribución territorial; pero después de la batalla de Seighara, el Shogun fue cada vez más poderoso porque al vencer en Osaka quedó disponible 650 mil koku. Pero dicho reparto de las tierras no fue solamente consecuencia de la victoria militar sino que se consiguieron territorios con otros procedimientos y 10 millones de Koku se volvieron a distribuir, entre 1600 y 51 años después; estas tierras eran de los daimios muertos sin dejar herederos en una cantidad de 4.570.000 koku, mientras 6.480.000 koku se agregaron con las confiscaciones de las propiedades por causas disciplinarias. La casa del Shogun aumentó en similar cantidad a las caídas de 24 casas de daimyo externas y sus dominios se incrementaron de 2 a 6,8 millones de koku. “Estas tierras mantenían a unos 23.000 subalternos directos (jikisan). Estos incluían a unos 17.000 hombres de la casa (gokenin), que no tenían el privilegio de audiencia y que, generalmente, eran asalariados, y a unos 5.000 de la bandera (hatamoto), que gozaban del privilegio de entrar en presencia del Shogun, y que, en la mayoría de los casos, eran enfeudados” (9) (Hall, John Whitney, pág. 151). (HALL, John Whitney, pág. 151). El shogunato de Tokugawa estableció un sistema de controles para gobernar el Japón, asegurando la supremacía institucional del Shogun y fue creado fundamentalmente por Iayasu, consolidándose en 1651 cuando murió el tercero en la sucesión: el Shogun Iemitsu; el shogunato de Tokugawa utilizó un sistema muy reglamentado, con sus precedentes legales, para asegurar la autoridad del Shogun ante el Emperador, la Corte, los daimios y los religiosos. Nabonaga, Hideyhosi y Tokugawa defendieron el respeto público al Emperador; Tokugawa mostró el mismo comportamiento que sus antecesores ante el Emperador y la Corte mientras exigió a los daimios respetar a las autoridades mencionadas. Por su objetivo de controlar al Emperador, Tokugawa alejó a los daimios del Emperador pero se ocupó económicamente de reconstruir sus palacios y entregó 187 mil koku repartidos entre la familia imperial y otras casas de kuge. (HALL, John Whitney, páginas 152 y 153).