Erikingr
Usuario (Argentina)
Buenas! No tengo forma de definir o ponerle un nombre puntual a lo estoy por contar, por lo tanto, desde MI punto de vista lo voy a considerar como una "experiencia paranormal". Lo que si puedo hacer es intentar decirles lo que pasó de la manera más precisa posible. El pasado viernes 28 de marzo de 2014, volvía a casa de la facultad. Yo curso de 18:30 a 22:30, por lo que obviamente cuando salgo de clases ya es de noche. Sin embargo, por cuestiones personales mías, decidicí bajarme varias paradas antes con el colectivo. La noche estaba tranquila y el clima era agradable, así que me puse los auriculares, dejé sonando algunos temas de Korpiklaani y empecé a caminar a casa para relajarme. La Ciudad de Buenos Aires suele ser ruidosa a toda hora, pero esta vez estaba agradablemente silenciosa, no había mucha gente en la calle, ni autos circulando, etc. Estaba perfecta para una buena caminata. Pasado ya un rato (serían eso de las 23:45) llego a Plaza Irlanda, un bonito espacio verde sobre la Avenida Gaona, frente al enorme y majestuoso edificio del Policlínico Bancario, en el barrio de Caballito. Me sorprendió que todavía estuviese abierta, así que entré a pesar de que no llegué a ver a nadie dentro. Quizás esto no haya sido muy sensato de mi parte teniendo en cuenta las condiciones de inseguridad que se viven hoy en día, pero en ese momento sólo quería sentirme un poco aislado de todo y relajarme (NO, no fumo ni me mando nada, de hacerlo no se me habría ocurrido pensar que lo que pasó fue algo paranormal sino más bien el efecto de alguna droga) Luego de caminar unos minutos sin cruzarme a nadie, me senté en uno de los banquitos que se ven en la rotonda de la tercer foto. Me recosté boca arriba, me quité los auriculares y me quedé contemplando el cielo un rato, casi en completo silencio a excepción de un auto o colectivo que cada tanto pasaba por Avenida Gaona. No sé cuanto tiempo me habré quedado así (calculo que no habrán sido mas de 15 minutos) cuando de repente escucho que alguien se acerca. Me incorporo y miro a mi alrededor. Un hombre con su perro venían circulando por la rotonda en mi dirección. Al principio no llegué a distinguir ningun rasgo ni detalle con claridad, sólo que se trataba de un hombre alto y delgado y de un perro mediano y de caminar pesado. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, logré notar un rostro normal de unos 50 o 55 años y un ovejero alemán de aspecto bastante viejo y triste. De repente el hombre pregunta, con una voz suave y tono solemne. - Disculpame, ¿sabés cómo puedo hacer para salir? Están todas las rejas cerradas. Y para mi sorpresa, así era. La reja por la que yo había entrado se encontraba cerrada y las otras dos que llegaba a ver desde donde me encontraba también. Me levanto de mi asiento intentando formular una respuesta que darle al hombre, pero al ver mi expresión se me adelantó y me dice con un tono algo más amistoso. - Parece que nos dejaron encerrados. - Eso parece - respondo yo - Qué raro, veamos si las demás están abiertas... - Siempre me pasa lo mismo - dice el hombre mientras empezamos a caminar a la par hacia alguna salida - Saco al perro, vengo a dar vueltas a la plaza y me dejan adentro. Realmente me sorprendió que me dijera eso. Así que mientras caminaba a la par con él a mi derecha mirando a mi alrededor buscando alguna reja abierta le pregunté: - ¿Ya le había pasado antes? ¿Y cómo salió en las demás ocasiones? No obtuve respuesta, así que me volteé para mirarlo y... PUM, el hombre y su perro ya no estaban. Me volví a voltear buscándolos, mirando a TODOS lados. Pero nunca los encontré- LITERALMENTE se desvanecieron en el segundo que desvié la vista buscando una salida. A estas alturas ya estaba un poco asustado, por lo que ni siquiera me animé a levantar la voz para llamarlo y esperar una respuesta. El corazón se me aceleró mucho y apuré el paso en dirección a la calecita de la plaza y por suerte la reja de salida que va hacia la calle Neuquén y Morelos estaba abierta. Salí corriendo prácticamente y una vez que estuve fuera de la plaza me sentí más aliviado. Cuando estuve lo suficientemente lejos de la reja, me di vuelta para echar un vistazo. Lo que ví me hizo casi tropezar con el cordoncito de la bicisenda y sentí como si el corazón se me subiera a la garganta y me cortara la respiración. Ahí estaban el hombre y su perro caminando tranquilamente, cruzando la reja por la que yo acababa de salir. Estaban entrando a la plaza nuevamente, como si nada hubiese pasado. Llegué a casa casi a la 1 de la mañana y vale aclarar que no pegué un ojo en toda esa noche. Hoy mismo, una semana más tarde, me siento algo más tranquilo como para compartirlo por acá. Estaría bueno que me den sus opiniones y comentarios al respecto para sacarme las dudas y saber si realmente se trataba o no de un "fantasma". Y aclaro y repito antes de que salten teorías, yo me encontraba totalemente sobrio, lúcido y conciente en todo momento Gracias por leer, saludos!