Elindiomardel
Usuario (Argentina)

Taura volvió a La Trastienda para presentar una renovada y original edición vinilo de ‘El Fin del Color’, su disco más reciente. Sin sonar en los grandes medios ni entregarse en cuerpo y alma a los monstruos de las discográficas, el cuarteto de rock melancólico sigue demostrando que para que las cosas salgan bien hay que hacerlas uno mismo. Los resultados están a la vista: 13 años de carrera, 5 trabajos de estudio entre discos, EPs y simples, dos giras europeas, salas invariablemente llenas en cada show, y seguidores leales, de los difíciles de convencer, esos que buscan y buscan, quedándose sólo con lo que eligen concienzudamente, y no con cada espejito de colores que les ponen delante. En este contexto, el pasado 9 de Mayo Taura regresó a La Trastienda. En una época en que muchos músicos comienzan dudan de los formatos físicos Taura, sin correrse de su camino, presenta su apuesta más arriesgada – y acertada -: la edición vinilo de ‘El Fin del Color’. La gala arrancó pasadas las 21 con las primeras guitarras furiosas de ‘No Luz’, e inmediatamente después el igualmente violento ‘Rompevientos’. Los primeros dos sugerirían la tendencia de la velada: piezas crudas, pesadas y melancólicas. Ansiosas canciones de amor al particular estilo Taura. Seguirían ‘Dos’, ‘Nudo. Árido. Seco’, la oscura ‘Escalera’, más de la placa más nueva: ‘En las vértebras’ y ‘Jardín de cenizas’, y piezas de culto como ‘Jenízaro’ y ‘La Venganza del Sol’. Entre canciones inevitables y otras inesperadas pero gratamente recibidas, con una puesta visual introspectiva y elocuente, previo agradecimiento al público por estar allí y seguir apoyando a la banda, sonaría una hasta el momento inédita – de la época de Huesped (2008) -, que forma parte de la nueva apuesta vinílica: ‘Rick Hunter’. Luego, un huracán: ‘Soportar’, ‘Sueños Que Desesperan’, ‘Mi Refugio’, ‘Días Abandonados’, ‘Aconcagua’, ‘A Cántaros’, ‘Hombros Abatidos’. Para el cierre, sólo clásicos: ‘Mi Mejor Lugar’ y ‘Muelle’ antes de irse, ‘Mil Silencios’, al volver. Y nada más. Taura agradece, están emocionados. El telón se cierra, pero la gente no sale sino hasta que el personal del recinto comienza obligarlos. Aun así, no se rinden: una multitud esperará afuera, para abrazar cariñosamente a alguno de los cuatro mientras firman a pedido los exitosos vinilos. Y ellos siguen creciendo, a pulmón. En un mundo extraño, donde la autogestión, la – verdadera – independencia son interpretadas como “antipolítica”, “alienación”, “rebeldía”, “intereses espurios” ó motes similares, Gabriel “Chaimon” Raimondo, Santiago García Ferro, Alejo García Guraieb y Leonardo Della Bitta, humildes y receptivos, apuestan al paso a paso, a lo artesanal de la subjetividad y, sobre todo, a la confianza en y de su público. link: http://www.youtube.com/watch?v=re7qD3D0-44