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Primer post: 26 feb 2010Último post: 12 abr 2010
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La estatua de la Libertad (imagenes y curiosidades)
La estatua de la Libertad (imagenes y curiosidades)
InfoporAnónimo2/26/2010

. Historia, imágenes y curiosidades sobre el diseño y construcción de La celebre estatua, cuyo nombre original es La libertad iluminando el mundo, fue diseñada por el escultor alsaciano Frédéric Auguste Bartholdi (1834 – 1904). Recibió este encargo en 1876. El monumento fue un regalo del pueblo francés al pueblo estadounidense con motivo de la celebración del centenario de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Su construcción se costeo mediante donaciones, loterías, la venta de replicas en miniatura, conciertos de opera y otras formas. El diseño de la estructura metálica interna se le asigno al ingeniero Alexandre Gustave Eiffel, que a su vez encargo este trabajo al ingeniero estructural Maurice Koechlin. La idea originaria En 1867, mientras se terminaba de construir el Canal de Suez, Frédéric Auguste Bartholdi realizo el modelo de un monumental faro portado por una dama egipcia, al estilo del desaparecido Coloso de Rodas. Su idea era colocarlo a la entrada del canal. Envió los bocetos a Egipto, donde rechazaron su proyecto. No obstante, este le sirvió como idea previa de la futura Estatua de la Libertad. La madre En 1872, Pio Fedi (1816 – 1892) termino el modelo en yeso de una estatua llamada La Libertad de la Poesía, perteneciente al monumento funerario en honor del poeta Giovan Battista Niccolini que habría de figurar en la florentina Basílica de la Santa Cruz. Muchos han señalado que Bartholdi se baso en este trabajo de Fedi para el diseño de la Estatua de la Libertad, tras ver el modelo durante alguno de los viajes que el alsaciano realizo a Italia. En cualquier caso, parece ser que los rayos sobre la cabeza ya los presentaba el Coloso de Rodas, pues este representaba al dios griego Helios, el cual solía imaginarse coronado por la brillante aureola del sol. No obstante, hay que aclarar que los siete rayos de la Estatua de la Libertad representan a los siete océanos y continentes del mundo. Modelos a escala Bartholdi realizo muchos modelos a distintas escalas. Uno de ellos, en bronce, se encuentra en el parisino Jardín del Luxemburgo. Los trabajos Los trabajos se llevaron a cabo en el taller de Gaget, Gauthier et Cie, situado en la rue de Chazelles, París. El material usado para el exterior fue el cobre: 300 paneles de 2′37 mm. Para la estructura interna se utilizo hierro pudelado. El escultor uso como modelo a su madre, Charlotte Beysser Bartholdi, para crear la cara de la estatua. Durante la Exposición Universal de Filadelfia de 1876 (EEUU), se expuso la antorcha de la estatua (fue una de las primeras partes acabadas). Sirvió para recaudar fondos destinados a la construcción del pedestal de la misma. Quienes pagaban 50 céntimos podían subir al balcón de la antorcha. Durante la Exposición Universal de París celebrada en 1878, la cabeza fue exhibida al publico en la plaza del Trocadéro. Otras partes de la estatua se mostraron en el parque del Campo de Marte. Una vez terminadas todas las partes, la estatua se monto enteramente en París para comprobar que las piezas ensamblaban correctamente. Como en Nueva York aun no se había terminado de construir el pedestal por falta de fondos, permaneció en la capital francesa hasta 1885. Aquí la vemos a medio montar, sobre 1883. Una vista tomada desde la Rue de Chazelles, sobre 1884. En julio de 1884, se termino de montar en París. El viaje El 21 de mayo de 1885, la fragata Isere partió desde el puerto de Ruan y llego al puerto de Nueva York el 17 de junio del mismo año. El monumento viajo por el Atlántico en 350 piezas distribuidas en 214 cajones de embalaje (previamente había sido trasladado desde París hasta Ruan en tren). El pedestal se termino de construir en abril 1886. El 28 de octubre de 1886 tuvo lugar la ceremonia de inauguracion. Frédéric Auguste Bartholdi, diseñador de la Estatua de la Libertad Planos de la estatua, realizados en 1885. Descripción y simbología Helios, personificación del Sol de la Antigüedad. Detalle de un sarcófago romano del siglo III. Los rayos de su diadema recuerdan a los de la Estatua de la Libertad. La estatua representa a una mujer en posición vertical, vestida con una especie de estola amplia y en su cabeza tiene una corona con siete picos, que simbolizan los siete continentes y los siete mares. Hay 25 ventanas en la corona que representan gemas encontradas sobre la tierra y los rayos del cielo que brillan sobre el mundo. La diadema recuerda a la que portaba Helios, personificación del Sol en la mitología griega. Bartholdi optó por la corona, y no se decidió por el gorro frigio, símbolo de libertad desde la Antigüedad. La estatua blande en su mano derecha una antorcha encendida, mantenida en alto. La antorcha nos remite al siglo de las luces, aunque algunos lo consideran un símbolo francmasón.[61] En su mano izquierda sostiene una tablilla, que sujeta cerca de su cuerpo. La tablilla evoca la ley o el derecho, y tiene grabada la fecha de la firma de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, escrita en números romanos: JULY IV MDCCLXXVI. La estructura está recubierta con una fina capa de cobre, que reposa sobre un gran armazón de acero inoxidable (que inicialmente era de hierro), a excepción de la llama que está recubierta con láminas de oro. La estructura reposa sobre una base de forma cuadrada, que a su vez se apoya sobre un primer zócalo en forma de estrella irregular de once puntas. La altura de la Estatua de la Libertad es de 46 metros, y alcanza los 93 metros desde el suelo hasta la antorcha. Al pie de la estructura se encuentran cadenas rotas que simbolizan la libertad. La estatua está orientada hacia el Este, es decir hacia Europa, con la que los Estados Unidos comparten pasado y valores. La coloración verde de la estatua es a causa de reacciones químicas, que produjeron sales de cobre y le dieron su actual color. La mayor parte de las estatuas de cobre situadas en exteriores, salvo que se tomen medidas adicionales, acaban adquiriendo finalmente este tono tras un proceso llamado patinación.[63] En la base del monumento, una placa de bronce lleva grabada una parte (el final) del soneto de la poetisa estadounidense Emma Lazarus titulado «The New Colossus» (El nuevo coloso). La placa de bronce no estaba cuando se inauguró, sino que se añadió en 1903. A continuación se muestra la parte del poema que está inscrito en la placa, y su traducción al español: EL NUEVO COLOSO No como el mítico gigante griego de bronce, De miembros conquistadores a horcajadas de tierra a tierra; Aquí en nuestras puertas del ocaso bañadas por el mar se erguirá. Una poderosa mujer con una antorcha cuya llama Es el relámpago aprisionado, y su nombre. Madre de los Desterrados. Desde el faro de su mano Brilla la bienvenida para todo el mundo; sus templados ojos dominan Las ciudades gemelas que enmarcan el puerto de aéreos puentes "¡Guardaos, tierras antiguas, vuestra pompa legendaria!" grita ella. "¡Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres Vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad El desamparado desecho de vuestras rebosantes playas Enviadme a estos, los desamparados, sacudidos por las tempestades a mí ¡Yo elevo mi faro detrás de la puerta dorada!" Emma Lazarus, 1883 * El rostro de la Estatua de la Libertad se dice que fue modelada en base al de la madre del escultor - Frédéric Auguste Bartholdi. * Esta colosal estatua fue inspirada en las esculturas clásicas de Grecia y Roma. * La Estatua de la Libertad fue un presente de Francia a los Estados Unidos en 1886. * La corona de la estatua tiene 25 ventanas y 7 picos. * Se piensa que los siete picos de la corona representan los siete continentes así como los siete océanos del mundo. Sin embargo, los picos en realidad son rayos de sol y el círculo es un halo o lo que en arte se llama un "nimbo". * El peso de la Estatua de la Libertad, lo conforman 31 toneladas de cobre, 125 toneladas de acero y 27.000 toneladas de concreto. * La antorcha de la estatua ha estado cerrada al público desde 1916. * Cuando el viento supera los 80 km por hora, la estatua se ladea unos 8 cm, mientras la antorcha lo hace con unos 12 cm. * En la Estatua de la Libertad han ocurrido al menos tres suicidios a lo largo de los años * Desde los comienzos de la cinematografía, la Estatua de la Libertad, ha sido utilizada como escenario de una multitud de películas. Una de esas películas en la que apareció fue en el filme de 1917, El Inmigrante, de Charles Chaplin. La estatua de la Libertad en cifras Altura de la estatua, desde la antorcha hasta la base 46,05 m Altura total del monumento, desde el suelo hasta la antorcha 92,99 m Altura desde los pies de la estatua a la corona 33,86 m Altura de la base, desde el suelo hasta la estatua 46,94 m Longitud de la mano 5,00 m Dedo índice 2,44 m Cabeza, desde el mentón al cráneo 5,26 m Ancho de la cabeza 3,05 m Ancho del ojo 0,76 m Longitud de la nariz 1,37 m Longitud del brazo derecho 12,80 m Ancho del brazo derecho 3,66 m Ancho de la boca 0,91 m Altura de la tablilla 7,19 m Ancho de la tablilla 4,14 m Grosor de la tablilla 0,61 m Peso del cobre 31 t Peso del acero 125 t Peso de los cimientos de hormigón 25.500 t Grosor de las planchas de cobre 2,38 mm La estatua de la Libertad en Google Earth coordenadas dijo: 40 41 23.30N, 74 2 40.14W La yapa va con un poco de humor ... LAS OTRAS CARAS DE LA ESTATUA DE LA LIBERTAD Primero, veamos una versión clásica, emulando a la mítica "Venus de Milo" (¡Bueno, han tenido que ponerle brazos para que pudiera sostener la antorcha y la Constitución!) Otro modelo en plan clásico, esta vez coronando una conocida pirámide maya. Aquí con un aire un poco más femenino, y yo diría que hasta angelical. Esta parece la hija de Shreck y Fiona ... Aquí la tenemos un poquito "americanizada" ya, ¡claro, con tanto tiempo allí!. Bueno, debe ser por la comida basura (fijense el logo que lleva donde debería llevar la Constitución). Y en esta otra la tenemos emparejada con "El Cristo Redentor" de Rio de Janeiro. No sé yo si l@s brasileñ@s dejarían marchar a este símbolo suyo. Un poquito mas futurista ... Y la última, que ojalá no la veamos nunca, en plan apocalíptico. Para el final de una gran hecatombe, y nos recuerda el final de la película "El planeta de los simios". La Estatua de la Libertad sumergida en el lago Mendota en 1979: una broma de tamaño natural..

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Carta de Sinead O’Connor en respuesta al papa.
Carta de Sinead O’Connor en respuesta al papa.
InfoporAnónimo4/12/2010

. Esta es la carta que Sinead O’Connor dio a conocer en Estados Unidos la semana pasada tras las disculpas de Benedicto XVI por los abusos de menores cometidos en Irlanda por curas católicos. Cuando era chica, Irlanda era una teocracia católica. Si se acercaba un obispo por la calle, la gente se apartaba para dejarle el paso. Si asistía a un evento deportivo, el equipo se acercaba a arrodillarse y besarle el anillo. Si alguien cometía un error, en vez de decir “Nadie es perfecto”, decíamos “Podría pasarle hasta a un obispo”. Esta última frase era más acertada de lo que imaginábamos. Hace unos días, el papa Benedicto XVI escribió una carta personal en la que pedía perdón –por llamarlo de algún modo– a Irlanda por las décadas de abusos sexuales a menores cometidos por unos sacerdotes en los que, se suponía, debían confiar esos niños. Para muchos irlandeses, esa carta del Papa es un insulto no sólo a nuestra inteligencia sino a nuestra fe y a nuestro país. Para entender por qué, hay que tener en cuenta que los irlandeses hemos sufrido una variante brutal del catolicismo basada en la humillación de los niños. Yo misma lo viví. Cuando era una niña, mi madre –una madre maltratadora, lo opuesto de lo que debe ser una buena madre– me animaba a que robara en las tiendas. Una vez me atraparon y pasé 18 meses en el Centro de Formación An Grianán, una institución para niñas con problemas de conducta, en Dublín, por recomendación de una trabajadora social. El Centro An Grianán era una de las hoy tristemente célebres “lavanderías de las Magdalenas”, patrocinadas por la Iglesia, que albergaban a adolescentes embarazadas y jóvenes poco dóciles. Trabajábamos en el sótano, lavando la ropa de los curas en fregaderos con agua fría y panes de jabón. Estudiábamos matemática y mecanografía. Teníamos poco contacto con nuestras familias. No cobrábamos ningún sueldo. En mi caso, por lo menos, una de las monjas fue buena conmigo y me regaló mi primera guitarra. An Grianán era producto de la relación del gobierno irlandés con el Vaticano; la Iglesia gozó de una “posición especial” contemplada en nuestra Constitución hasta 1972. Todavía en 2007, el 98 por ciento de los colegios irlandeses estaba en manos de la Iglesia Católica. Pero los colegios para niños difíciles han estado siempre plagados de castigos físicos salvajes, maltratos psicológicos y abusos sexuales. En octubre de 2005, un informe encargado por el gobierno identificó más de 100 acusaciones de abusos sexuales cometidos por sacerdotes entre 1962 y 2002 en Ferns, un pueblo a unos 100 kilómetros al sur de Dublín. La policía no investigó a los sacerdotes acusados: se dijo que padecían un problema “moral”. En 2009, un informe similar involucró a los arzobispos de Dublín en el ocultamiento de varios escándalos de abusos sexuales sucedidos entre 1975 y 2004. ¿Por qué se toleraba esa conducta criminal? Según el informe de 2009, el “importantísimo papel que ha desempeñado la Iglesia en la vida irlandesa es el motivo por el que se consintió que no se pusiera fin a los abusos cometidos por una minoría de sus miembros”. A pesar de la larga relación de la Iglesia con el gobierno irlandés, la carta en la que Benedicto XVI pide, en teoría, perdón no asume ninguna responsabilidad por las infracciones de los curas irlandeses. Dice que “la Iglesia en Irlanda debe reconocer ante el Señor y ante otros los graves pecados cometidos contra unos niños indefensos”. ¿Qué hay de la complicidad del Vaticano en esos pecados? En su texto, Benedicto da la impresión de que se ha enterado hace poco de los abusos y se presenta como una víctima más: “No tengo más remedio que compartir la desolación y la sensación de traición que habéis experimentado tantos de vosotros al saber de estos actos pecaminosos y criminales, y de cómo se ocuparon de ellos las autoridades eclesiásticas en Irlanda”. Sin embargo, la carta de infausta memoria que envió Benedicto en 2001 a los obispos de todo el mundo les ordenaba guardar secreto sobre las acusaciones de abusos sexuales so pena de excomunión, es decir, actualizaba una perniciosa política de la Iglesia, expresada en un documento de 1962, que establecía que tanto los sacerdotes acusados de delitos sexuales como sus víctimas debían “observar el más estricto secreto” y “atenerse a un silencio eterno”. Benedicto, entonces Joseph Ratzinger, era cardenal cuando escribió esa carta. Hoy, cuando ocupa el sillón de San Pedro, ¿vamos a creer que su opinión ha cambiado? ¿Y vamos a conformarnos ante las recientes revelaciones de que en 1996 se negó a destituir a un sacerdote acusado de haber abusado de hasta 200 niños sordos en el estado norteamericano de Wisconsin? La carta de Benedicto afirma que su preocupación es “sobre todo ayudar a sanar a las víctimas”. Sin embargo, les niega lo que podría sanarles: una confesión inequívoca del Vaticano de que ocultó los abusos y ahora está tratando de ocultar el ocultamiento. Asombrosamente, el Papa invita a los católicos a “ofrecer vuestro ayuno, vuestras oraciones, vuestra lectura de las Escrituras y vuestras obras de misericordia para obtener la gracia de la curación y la renovación de la Iglesia de Irlanda”. Y sugiere, cosa aún más asombrosa, que las víctimas irlandesas pueden sanar acercándose más a la Iglesia, la misma Iglesia que exigía votos de silencio a los niños víctimas de los abusos, como ocurrió en 1975 en el caso del padre Brendan Smyth, un sacerdote irlandés que más tarde acabó en la cárcel por delitos sexuales repetidos. Muchos irlandeses, cuando se nos pasó la risa, nos dijimos que la idea de que necesitamos la Iglesia para aproximarnos a Jesús es una blasfemia. Para los católicos irlandeses, lo que insinúa Benedicto –que los abusos sexuales en Irlanda son un problema irlandés– es arrogante y blasfemo. El Vaticano está actuando como si no creyera en un Dios que todo lo ve. Quienes dicen ser los guardianes del Espíritu Santo se dedican a aplastar todo lo que el Espíritu Santo representa. Benedicto es culpable de dar una imagen falsa del Dios al que adoramos. Todos sabemos, en el fondo de nuestro corazón, que el Espíritu Santo es la verdad. Por eso sabemos que Cristo no está con esos que le invocan con tanta frecuencia. Los católicos irlandeses tienen una relación disfuncional con una organización que comete abusos. El Papa debe hacerse responsable de las acciones de sus subordinados. Si hay sacerdotes católicos que abusan de los niños, es Roma, y no Dublín, la que debe responder de ello, con una confesión inequívoca y sometiéndose a una investigación criminal. Mientras no lo haga, todos los buenos católicos –incluidas las ancianitas que van a misa todos los domingos, no sólo los cantantes de protesta como yo, a quienes el Vaticano puede ignorar sin problema– deberían dejar de acudir al templo. Ha llegado la hora de que en Irlanda separemos a nuestro Dios de nuestra religión y nuestra fe de sus supuestos dirigentes. Hace casi 18 años rompí una foto del papa Juan Pablo II en un episodio de Saturday Night Live. Muchos no entendieron la protesta; la semana siguiente, el presentador invitado del programa, el actor Joe Pesci, dijo que, si hubiera estado presente, me “habría dado una bofetada”. Yo sabía que mi acción iba a causar problemas, pero quería provocar un debate necesario; ése es uno de los ingredientes de ser artista. Lo único que lamenté fue que la gente pensara que no creía en Dios. No es verdad, en absoluto. Soy católica de nacimiento y cultura, y sería la primera en presentarme a la puerta de la Iglesia si el Vaticano ofreciera una reconciliación sincera. Mientras Irlanda soporta la ofensiva carta con la que Roma pide perdón y un obispo irlandés dimite, pido a los estadounidenses que comprendan por qué una mujer católica irlandesa que sobrevivió a los malos tratos de niña pudo querer romper la foto del Papa. Y que piensen si a los católicos irlandeses, por no atrevernos a decir “merecemos algo mejor”, se nos debe tratar como si mereciéramos algo peor.. Sinead O’Connor Fuente

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