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El_Pacifista_

Usuario (Venezuela)

Primer post: 16 abr 2013Último post: 16 abr 2013
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Tendiendo puentes para la UNIDAD de Venezuela
InfoporAnónimo4/16/2013

Barcelona, 16 de abril de 2013 ODA AL GRAN DURMIENTE DEL ARAUCA VIBRADOR Un discurso, un enfoque y una actitud para los venezolanos Hermanos, en estos tiempos en los que asistimos a una patria dividida en parcelas ideológicas opuestas y en donde las manifestaciones de desencuentro y señalamientos entre un bando y otro se desbordan por doquier. Considero oportuno compartir con Uds. esta humilde opinión, la cual expongo responsablemente ante todos como un grano de arena en la playa de la unidad de nuestra amada Venezuela en las que todos estamos comprometidos a construir. Para que estas líneas puedan surtir el efecto deseado, les pido que por favor, en una especie de rapto de valentía y auténtico patriotismo, nos despojemos de los paradigmas ideológicos en los que hemos sido formados y de las conveniencias económicas particulares que por diversas vías hallamos conquistado, a fin de que podamos examinar su contenido de la manera más imparcial y desprejuiciada posible. Apelo pues a nuestra conciencia nacional para poder abordar la lectura del material que a continuación les ofrezco como auténticos venezolanos que somos. Siendo que la inteligencia no es una prerrogativa exclusiva de ninguna cultura, clase social o militancia política sea esta de izquierda o de derecha, estoy seguro que hasta el más humilde de mis hermanos al hacer uso de la capacidad de razonar que como ser humano posee, una vez haya leído con detenimiento estas líneas, podrá emitir su propio juicio enmarcado dentro de los parámetros de la coherencia y la sensatez, asintiendo aquellas ideas con las que se muestre de acuerdo y disintiendo de aquellas con las que difiera responsablemente; total la mejor de las interpretaciones humanas no es más que una mera aproximación a la realidad que pretende examinar, y estas líneas no son más que eso un esfuerzo de interpretación para comprender juntos la realidad política y social venezolana actual, y para comprendernos responsablemente dentro de ella. Cuando uno ve que hay naciones en el mundo como China por ejemplo, conformada por mil cuatrocientos millones de habitantes, cuando vemos a La India, con mil doscientos millones, Los Estados Unidos de América con trescientos veinte millones de habitantes, Rusia con ciento cincuenta millones. Japón con ciento treinta millones, cuando vemos esta realidad y descubrimos que ninguna de esas naciones posee en proporción de su extensión territorial con respecto a sus números de habitantes, probablemente ni la mitad de recursos probados que en diversidad de materia prima poseemos los venezolanos que somos escasamente treinta millones de habitantes, no podemos menos que avergonzarnos, no tenemos excusas, no hemos sabido administrar tanta riqueza, y a juzgar por las condiciones en las que estamos, no hemos sabido ser dignos merecedores de esta tierra de gracia, envidia del mundo y que con mucha sangre, sudor y lágrimas nos dejaron como herencia nuestros libertadores. La clave del caos histórico estriba a mi modo de ver, en la dificultad que hemos venido experimentando para pensarnos como Nación, luego que Miranda, Bolívar y compañía lograran convocar a esa mezcla de blancos criollos, mulatos, mestizos en pos de la conquista de la liberación del dominio español, luego de esa gesta emancipadora, luego de la caída de La Gran Colombia, la nuestra ha sido una historia de grupos, de partidos, donde la felicidad de un grupo se ha construido sobre la infelicidad del otro. Nuestra clase dirigente no ha sido lo suficientemente altruista y auténticamente patriota como para involucrar a todos los venezolanos en un plan de desarrollo integral de la Nación, sin tener que mediatizar su inclusión a expensas de su adhesión al proyecto político de turno y a sus conveniencias económicas particulares, esto no es nuevo hermanos, no en vano hemos ensayado ya cinco Repúblicas en doscientos años. Conservadores y liberales, paecistas, monaguenses, zamoranos y falconianos, ciprianistas y gomecistas, medinistas y galleguistas, chalbudistas y perezjimenistas, adecos y copeyanos, chavistas y caprilistas, qué cosas no. Aunque hay que reconocer que en los últimos años la polarización ideológica y la intolerancia entre nosotros ha alcanzado niveles preocupantes debido al desenfoque político con el que hemos tratado de enrumbar los destinos de La Nación. En todos esos períodos el pueblo no militante, que es la gran mayoría, sector en el cual me incluyo, hemos adoptado una postura unas veces más cómoda que otras, pero las más de las veces terminamos plegándonos a uno de los dos grupos u oferta de la clase política de turno, con la esperanza de que si gana la que apoyamos ésta termine por resolvernos nuestros problemas, y si no lo hacen criticamos, nos quejamos y punto, total la culpa es de los políticos. Los políticos por su parte al tener en sus manos el poder de administrar las riquezas de un país como el nuestro, unos períodos menos eficientes que otros, se han conformado con formular planes de gobiernos que más que perseguir el desarrollo integral de la Nación lo que han apuntado es a confiar el desarrollo de algunas áreas a algunos grupos económicos congraciados con la ideología de turno, bien sea esta de tendencia de derecha o de izquierda según ha sido el caso. Así las cosas, ante la ausencia de un monitoreo eficaz y controlador por parte del Estado y sus Instituciones, y frente a la conciencia laxa del pueblo no militante, que pocas veces atinamos a sentirnos corresponsable de lo que ocurre en el país, nuestra clase dirigente se ha venido sumiendo en la corrupción y el abuso de poder mientras la estructura moral del pueblo se ha debilitado a tal punto de instaurar en el país la más oprobiosa “Guiso Democracia” de nuestra historia Republicana. La verdad hermano, es que pareciera habernos ido acostumbrado al “guiso y al chanchullo”, en todos los estratos de la sociedad venezolana, llámese clase pobre, media o rica, los episodios del cuánto hay pa’ eso son de una magnitud alarmante, de igual modo en las distintas áreas del quehacer social y en las distintas dependencias e instituciones independientemente que sean éstas de cuño público o privado. El grueso de los esfuerzos de nuestros gobiernos se han dirigido a establecer alianzas con aquellos entes que le garanticen el respaldo suficiente para mantenerse en el poder en vez de concentrar sus neuronas en involucrar al pueblo en la concepción, formulación y ejecución de proyectos tendientes a procurar las soluciones estructurales de los grandes problemas de la Nación. Así las cosas, a juzgar por el comportamiento que venimos observando dentro y fuera de las distintas instituciones de La Nación, pareciera que nuestra conciencia nacional no posee una extensión mayor a la que exhibe un carnet político, ni mayor a la extensión de un contrato de licitación o conquista económica alcanzada por la adhesión oportunista y acomodaticia a quienes ostentan el poder. Incubando de esta manera la más perniciosa mediocridad avalada desde la inversión de valores que día a día nos hemos venido permitiendo, justificando lo injustificable, consintiendo lo inadmisible, y haciendo ver como virtuosas actitudes y acciones a todas luces erráticas e inmorales. Hermanos el punto acá es reconocer que nosotros El Pueblo, también tenemos nuestra gran cuota de responsabilidad en la construcción de la realidad a la que hoy asistimos, los políticos no son marcianos, son venezolanos, con las virtudes y defectos de nosotros los venezolanos, por eso debemos colocarnos la mano en el pecho y comenzar por asumir corresponsablemente los errores cometidos, para comenzar a corregirlos, implicándonos responsablemente lo más que podamos en el cambio de actitud requerida y en la toma de decisiones del país, apostando por lo correcto aunque no sea necesariamente placentero a los intereses particulares o de los grupos a los que pertenezcamos, sean estos de índole política o económica. Ya basta de arrimarnos a la piñata para ver que tanto confites logramos tomar a expensas de los compatriotas que quedaron más lejanos de la misma, ya basta de sentirnos víctimas, un pueblo víctima es un pueblo terriblemente irresponsable y tremendamente manipulable. Un pueblo víctima lo que produce son manipuladores de oficio, de allí que comúnmente los discursos politiqueros son estructuralmente similares, independientemente que su origen ideológico sea de izquierda o de derecha, la estructura es la misma, se conduelen del pueblo desvalido, identifican un culpable y se erigen como superhéroes signados por el destino y la gloria divina para reivindicar los derechos del pueblo oprimido ante sus verdugos. Hermanos los paradigmas ideológicos son para la política lo que las teorías científicas para el científico, modos de ver la realidad, pero ninguno de esos modos logran comprender la realidad en la que existen de manera absoluta, son simple perspectivas de aproximación, por ello son limitadas, la realidad siempre las supera y con creces. De allí que una de las características más importantes del conocimiento científico sea la falibilidad; es decir, el que es susceptible de ser construido sobre premisas erradas, razón por la cual el científico debe ser amplio de mente y humilde de actitud si quiere honrar su pretensión de que sus juicios se aproximen de manera acertada a la realidad estudiada; pues bien, si esto pasa con las ciencias naturales, las cuales se desarrollan dentro de un marco teórico sustentado en leyes más o menos estables en el tiempo, como no demandar esta actitud a quienes se desenvuelven dentro del ámbito de las ciencias sociales en general y de la política en particular. Entre otras cosas porque la realidad es cambiante, y es cambiante porque todos los seres existentes en ella evolucionamos en el tiempo y en el espacio que nos ha tocado coexistir independientemente de la complejidad de nuestra constitución física y/o biológica, de allí que la mejor de las lecturas hecha a la realidad bien sea desde la perspectiva científica, política o artística, debe exhibir de sus autores la humildad y valentía necesarias para poder abandonar por un momento sus seguridades teoréticas, ideológicas o de estilo, que le permitan descubrir la riqueza escondida tras perspectivas de análisis distintas a la propia, nadie puede responsablemente “arrogarse” para sí la posesión de una visión que sea absolutamente verdadera sobre ningún aspecto de la realidad, y menos si el mismo se enmarca dentro del ámbito de las realidades políticas y sociales. En los últimos años ha cobrado revuelo y vocería en el mundo el tema del calentamiento global, inducido, entre otros factores, por la inmensa emisión de gases tóxicos al ambiente fruto de la actividad industrial indiscriminada, esta realidad ha puesto en jaque la vida en el planeta, razón por la cual estudiosos de todas partes del mundo han alertado sobre el riesgo latente y han favorecido la realización de múltiples foros y dos grandes cumbres con la intención de concretar acuerdos tendientes al control de emisión de los referidos gases entre otros puntos de interés a la causa ambientalista, me refiero al Protocolo de Kioto (1997/2005) y más recientemente a la cumbre de Copenhague (2009), pues bien, paradójicamente entre las Naciones que más trabas han presentado para lograr estos acuerdos, esencialmente humanitario, es decir que beneficia a toda la especie humana en el planeta y por ende a ellos inclusive, conseguimos los nombres de Los Estados Unidos de América y La República Popular China, qué tal, sendos íconos de los paradigmas ideológicos políticos que han dominado la cosmovisión del mundo desde los albores del siglo veinte hasta nuestros días, los gringos capitalistas y los chinos comunistas, cuestionan el que no se incorporen a los países en vías de desarrollo y el que se pretenda verificar el cumplimiento de las cuotas de reducción de emisiones por el tema de la soberanía, bueno sus razones tendrán, pero seguro que humanitarias no serán. No porque seamos de izquierda o de derecha vamos a ser químicamente más puro uno que el otro, moralmente más probo uno que el otro, humanamente más sensato uno que el otro. Basta con revisar la lista sobre los casos de corrupción ventilados durante la IV República y compararlos con los que hemos estado escribiendo durante la V y tenemos para coger palco por un buen rato, hermanito. De manera que el problema debemos sacarlo de la esfera política ideológica y plantearlo a nivel de nuestra, hasta ahora endeble, conciencia nacional; somos los venezolanos quienes debemos asumir responsablemente nuestra condición de ciudadanos, independientemente de nuestra inclinación ideológica ya seamos adecos, copeyanos, chavistas, caprilistas, o independientes, etc., desde la más profunda y auténticamente patriota conciencia nacional, y no al revés, pretender asumir la comprensión de La Nación desde nuestra inclinación política particular. Cuando nos asomamos al mundo desde una ventana desprejuiciada de nuestro país y vemos como hay países que tienen gobiernos de izquierda que han sido medianamente exitosos, y países con gobiernos de izquierda que han sido y son un perfecto desastre, cuando corroboramos que hay países con gobiernos de derecha que han sido medianamente exitosos y otros con gobiernos de igual tendencia que son un perfecto desastre, no podemos menos que concluir que no está en la ideología política “per sé” el quid del desarrollo de las naciones, sino en la sensatez de sus ciudadanos en administrar con probidad y eficiencia los recursos de la Nación en procura de las soluciones estructurales de los grandes problemas que padecen sus pueblos. Empecinarnos en clichés ideológicos a estas alturas del siglo XXI es una miopía enorme que dista mucho de la amplitud visionaria que requiere hoy nuestro país para comenzar a reencontrarnos como Nación y construir juntos la Patria libre y soberana que queremos; eso de que solamente en socialismo o solamente en capitalismo no es más que un burdo ardid manipulador de quienes se atreven sin estupor vociferar semejantes consignas a sabiendas de antemano que son falsas. Sea que procedan de tendencias de izquierda o de derecha, quienes desarrollan este tipo de discursos lo único que logran conquistar en quienes ingenuamente acceden a comprar semejante mensaje, es reforzarle su conciencia de víctima, atornillarles el grillete de la dependencia ideológica, asegurar la sumisión ante el Superhéroe quien se reafirma ante las masas como el único que debe pensar qué debe hacerse y qué no, porque a la víctima no le está permitido pensar, no es capaz de hacerlo dada su condición de minusvalía, de allí que el rol que le corresponda sea el del discípulo sumiso que ha de beber en las fuentes ideológicas del partido político oferente – su salvador -, por lo que debe convertirse en un perseguidor irracional del verdugo señalado. Esta actitud desarrolla una suerte de dogmatismo ideológico entre sus adeptos que les impide leer la realidad con imparcialidad, a menudo compleja y multicolor, colocándose unos lentes distintos a los simples y monocromáticos provistos por la ideología en la que militan con devoción dogmática y que a menudo derivan en acciones fanáticas e irracionales. Definitivamente ésta es una actitud que debemos superar si queremos construir una Nación Grande Noble y Justa; y para ello, con ser RESPONSABLEMENTE VENEZOLANOS basta y sobra. Cuando trato de comprender nuestros desafueros políticos en los últimos cincuenta años de vida Republicana, en esta suerte de quítate tú para ponerme yo y preferiblemente si me logro poner donde hay mejor, se me viene espontánea una imagen a mi mente; veo las caricaturas del Yanquee del sombrerote sentado a la derecha de una mesa, y frente a él, del lado izquierdo, veo sentada la caricatura del Gurú de la Izquierda Caribeña, sobre la mesa el mapa de Venezuela dividido en una especie de cuadrículas como semejando un tablero de ajedrez, y sobre ellos un pensamiento compartido por ambos, que reza así “Mientras ellos se empeñan en ser muy afectivos echándose la culpa unos a otros en vez de comprenderse, reconocerse y trabajar unidos, nosotros hemos sido muy efectivos” Hermanos, los que más se benefician de nuestras diferencias son otros, que en los inicios de la Patria debido a la corta conciencia nacional y ante el poco conocimiento de los recursos que poseíamos, hayamos optado por plegarnos a las propuestas “caudillescas” de entonces lo entiendo, que en la década de los sesenta coqueteáramos con el discurso marxista como alternativa a política intervencionista y belicista norteamericana, todavía puede comprenderse, pero que hoy en día sigamos creyendo que la salvación nos vendrá de esas ideologías desgastadas, con todo el respeto y estima que les profeso, ni lo entiendo ni lo comparto. Hermanos, nosotros los venezolanos no necesitamos que ni los gringos, ni los chinos, ni los cubanos nos vengan a decir cómo y hacia dónde debemos halar la carreta de nuestra patria, con el debido respeto debemos mantenerlos al margen de nuestras decisiones, tan sencillo como por el hecho de que cada vez que se apuesta por la imposición de una ideología a la fuerza la cantidad de muertes contabilizadas de un bando no tiene nada que envidiarle a la del otro, y al final después del desastre, sus líderes salvan su conciencia con la asquerosa firma de un tratado de paz luego que los muertos se contabilizan por miles, estoy seguro que los venezolanos no queremos una patria construida sobre este absurdo. Hermanos, los venezolanos podemos darnos el lujo de transitar por el camino del medio con la frente alta y nuestra dignidad incólume, pero tenemos que comenzar a apostar por lo correcto. No tenemos que sucumbir al chantaje ideológico del todo o nada para suscribir contratos de transferencia tecnológica con ninguna potencia a conveniencia de los intereses del partido de Gobierno y en detrimento de los más sagrados intereses de la Nación, me explico, si la Nación que posee mejor y mayor tecnología al tiempo que se ajuste a nuestras exigencias y nosotros a las de ella, siempre y cuando estas últimas no atenten contra la dignidad ni el patrimonio nacional, es la lusitana para ayudarnos a empujar la carreta en el área agrícola entre la diversidad de alternativas propuestas, entonces será con Portugal que suscribiremos el convenio para el desarrollo agrícola de nuestro país, si en materia de seguridad y armamentos son los Norteamericanos los más idóneos, entonces con ellos debemos suscribir el acuerdo en cuestión, si los Iraníes nos hacen una propuesta automotriz interesante bienvenidos sean, si en materia de minería son los Chinos, bueno es con ellos con quienes debemos suscribir ese acuerdo, el criterio siempre ha de ser el bien de nuestra Nación, lo que más nos convenga a todos, dándole preferencia a la participación de las iniciativas nacionales sobre las extranjeras, pero todo enmarcado dentro de un Plan de Desarrollo Integral de La Nación. Se impone pues el instaurar una ética nacionalista que nos impida en conciencia suscribir acuerdos con otras Naciones atendiendo a criterios particulares que convengan mezquinamente a los intereses de los partidos de gobierno y grupos económicos afines en detrimento de los intereses de La Nación, eso es una aberración política que coquetea con la Alta Traición a La Patria. La Nación extranjera que tratara de condicionar su apoyo a la nuestra sobre la base de una sujeción excluyente y discriminativa de otras Naciones opuestas a su ideología, bueno sencillamente tendríamos que inmediatamente agradecer su sinceridad y declinar su oferta, ya que la dignidad de nuestra Nación no se deja condicionar por potencia extranjera alguna, sean estas de tendencia de izquierda o de derecha. Nuestra visión, nuestra manera de situarnos ante el mundo ha de ser una visión esencialmente humanista y libre pensadora, lo que nos permitirá de manera imparcial, alzar respetuosa y decididamente nuestra voz de protesta ante el mundo cuando veamos atentados contra la dignidad humana, independientemente que estas sean perpetradas por gobiernos de izquierda o de derecha. En este orden de ideas, objeto de cuestionamiento ha de ser tanto la incursión militar de Estados Unidos en Irak a pesar de tener el veto del Consejo de Seguridad de la ONU por no haberse encontrado indicios objetivos de elaboración de armas químicas en el país árabe, como la entronización de la “sui géneris” democracia cubana, la cual lejos de oxigenarse con una variedad de liderazgos alternativos como expresión de la evolución de la revolución, se ha petrificado en un régimen a todas luces personalista que derivó en nepotismo, admitir que en Cuba no hay mente más pensante que la de Fidel y los Castro para asumir el liderazgo del país caribeño, es estimar en muy poco las mentes brillantes de los hijos de Martí; el que los cubanos en pleno ejercicio del principio internacional de autodeterminación de los pueblos hayan decidido y aún se mantengan firmes en darse un gobierno esencialmente personalista, no significa que nosotros los venezolanos demócratas y humanistas tengamos que comprar su modelo como inspiración y ejemplo de socialismo alternativo y plural para Venezuela. El personalismo de hoy es un límite político que debemos superar como Nación y que hemos heredado del caudillismo de ayer, con matices “cogollísticos” incorporados en la IV República, liderazgos frescos y alternativos que en su momento se gestaron dentro de las filas de Acción Democrática y Copei, fueron asfixiados por los cogollos de la alta dirigencia de ambos partidos sin que pudieran llegar a desplegarse en instancias decisorias de mayor trascendencia nacional, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Claudio Fermín y Antonio Ledezma por Acción Democrática mientras que Eduardo Fernández y Oswaldo Álvarez Paz por Copei, son botones de muestra del ajuar bipartidista que en los últimos certámenes electorales agotaron sus propuestas en torno a las figuras de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, respectivamente. Lo propio ocurrió con la alternativa que nos dimos en estos últimos catorce años, hubo que esperar un desenlace fatal para poder conocer el nombre de otro venezolano emerger desde dentro de las filas del Chavismo como propuesta de liderazgo alternativo para la Nación. Nos hubiera gustado a los venezolanos no militantes, que el nuevo fuera un liderazgo que surgiera más de la base de una conciencia popular afín al movimiento, que del deseo expresado como última voluntad del líder personalista que los formó, esto como muestra de la superación de la tendencia personalista y “cogollística” tantas veces criticada a la dirigencia política de la IV República. En este sentido seguimos lloviendo sobremojado, aunque conviene honrar acá una diferencia importante. La conciencia social de los venezolanos creció en términos importantes con el chavismo, aunque esto no signifique que hayamos logrado articular un plan eficiente para alcanzar la industrialización del país y consecuente superación de la pobreza, esto al igual que en la IV en la V República sigue siendo una deuda de la dirigencia política actual, que ha decidido reiteradas veces priorizar la consolidación ideológica en detrimento de la capacidad productiva del país. Si tomamos en cuenta que en la IV República los venezolanos nos dimos gobiernos que en su política petrolera, optaron en buena parte por plegarse a un esquema de maximización de la producción petrolera, a sabiendas que la sobreproducción del crudo era un ingrediente perjudicial para los precios del mismo, y que mermaban de manera dramática la recepción de divisas que por ese concepto percibía La Nación, es claro que dicha decisión favorecía más los grandes países consumidores de petróleo que adquirían el producto a muy bajo precio al tiempo que mantenían sus reservas energéticas intactas que a Venezuela, si consideramos estos elementos tendríamos que concluir que dicha decisión no parecía ser muy patriótica que digamos, amén que en 1998 PDVSA se cotizaba como la tercera corporación petrolera más eficiente del mundo occidental y la primera en materia de seguridad industrial del hemisferio. Con la llegada del Chavismo al poder, nuestra política petrolera cambió, se asumió una política de reducción de producción la cual aunada a la confluencia de algunos conflictos bélicos en el mundo y la tenencia de un invierno intenso en los países asiáticos, disparó los precios del crudo a niveles nunca vistos. Con tantos recursos, no se escatimó en desplegar políticas asistenciales en favor del sector más desposeído del país, se bajaron al pueblo más recursos que probablemente los destinados en gobiernos anteriores, entre otras cosas porque aquéllos no contaron con la misma fluidez financiera, salvo el primer gobierno de Carlos Andrés que fue el que más se le acercó, aunque quedó lejos, y porque tampoco atinaron a formular programas prioritarios para ese sector de la población. Durante el período chavista, se esperaba pues que los venezolanos aprovecháramos el grueso del dinero que estaba entrando para diversificar la economía y enrumbar de una vez por todas al país hacia senderos de industrialización, pero no fue así. Los venezolanos integrantes del gobierno chavista optaron por desplegar toda una política de ayuda a países latinoamericanos con la intención de formar una coalición como alternativa al modelo capitalista. Pues bien, acometer esta empresa antes de haber alcanzado la independencia económica a través de la diversificación de la economía venezolana, al tiempo que se desplomaba la capacidad productora interna fruto de la recurrente política de importación de bienes y servicios provenientes de países aliados a la ideología del gobierno y en detrimento del sector industrial venezolano, constituye un infeliz ejemplo de patriotismo dado por el gobierno venezolano en los últimos años. No porque la unidad y solidaridad con los pueblos de América esté reñida con los valores de los venezolanos, no, sino que la misma debe ser entendida dentro del marco de una política autosustentable que favorezca su prosecución en el tiempo sin que las erogaciones realizadas comprometan el logro de las metas estratégicas del desarrollo nacional; es decir, mal podremos ayudar a levantarse a una nación cuando apenas estamos comenzando a gatear, primero debimos hacernos fuertes y en la medida que nos hiciéramos fuertes económicamente podíamos gradual y estratégicamente comenzar a ayudar a otra nación, de manera que la ayuda no se transformara en un peso para la economía nacional, y luego entre las dos naciones ayudar a una tercera, y así sucesivamente, y una vez estemos todos en pie por nuestros propios medios aliarnos y darle un ejemplo de integración latinoamericana al mundo. No así, como lo quisimos hacer. No crecimos a lo interno y ayudamos a creer economías foráneas, algo similar hicimos con las políticas asistenciales llamadas Misiones, pues bien lo que hemos hecho es hacerle un poco más placentera la pobreza al pobre, y eso aunque de forma desarticulada con un plan de desarrollo integral, digamos que estuvo bien, hay que apuntalar a los menos favorecidos de la sociedad, pero si no logramos incorporarlos a un plan de desarrollo económico integral de la Nación, sino que los contentamos a través de las dádivas asistenciales e ilusionamos con la prédica ideológica, lo único que conseguimos es garantizarle que permanecerán alegremente en su pobreza hasta que los recursos petroleros alcancen. Y es que un país monoproductor es un país altamente vulnerable, urge como nunca diversificar la economía, y más nosotros que tenemos tantos recursos, si no lo hacemos y despilfarramos el erario público mientras nuestra capacidad industrial se postra en el deterioro, incluso la de nuestra industria petrolera, no hay que ser un profeta del desastre para vislumbrar un futuro en el que ya ni los recursos petroleros serán suficientes para atender a las misiones. Ya nuestra reducción en la cuota de producción petrolera dejó de responder sólo a una decisión estratégica sino que además y ante todo, obedece a un deterioro gradual y progresivo de nuestra infraestructura petrolera. De manera pues que podemos afirmar que las misiones sí han ayudado al pueblo a vivir mejor su pobreza pero poco han contribuido a que la supere, es decir, ha sido un populismo efectivo. Fíjense en algo, en la década de los treinta recibimos una oleada importante de inmigrantes isleños que huían despavoridos de la guerra civil española, en la década de los cuarenta recibimos grandes grupos de inmigrantes portugueses, italianos, árabes a causa de la segunda guerra mundial y recientemente un grupo importante de asiáticos -yo no conozco las cifras exactas ni aproximadas si quiera, Fedecámaras, Consecomercio y el Gobierno sin duda sí las deben tener-, pero creo que no sería temerario afirmar que más del cincuenta por ciento del sector comercial está en manos de extranjeros naturalizados o no en nuestra tierra. Atento, esto no habla para nada mal de ellos, quienes con su esfuerzo y trabajo tesonero y constante vienen dándonos ejemplo del valor del enfoque y del orden, pero no habla muy bien que digamos de nosotros mismos hermanos. Hay un viejo adagio, me parece que de origen vasco que expresa lo siguiente “uno no puede halar y empujar la carreta al mismo tiempo” quien hala la carreta se supone conoce el destino a donde la lleva, y quienes la empujan confían en que quienes la halan la llevan al mejor de los destinos y lo ayudan plegándose a ese proyecto, pues bien, haciendo la transferencia de la metáfora del adagio que nos ocupa a nuestra historia, tenemos que admitir que a los venezolanos y sólo a los venezolanos nos toca halar la carreta y a los extranjeros de buena fe, que siempre serán bien recibidos en nuestras tierras les toca ayudarnos a empujarla. Lo que ha pasado es que nosotros los venezolanos no hemos atinado a dar con un destino común a todos hacia dónde conducir la carreta, nos hemos malgastado en diferencias ideológicas y de grupos en vez de enfocarnos hacia la INDUSTRIALIZACIÓN DEL PAÍS. Los extranjeros que han llegado a nuestra tierra asumimos que con la mejor de las intenciones, ante la ausencia de un proyecto nacional que marque el destino hacia dónde halar la carreta del país y en el que ellos puedan incorporarse para ayudarnos a empujarla, no les ha quedado más alternativa que halar la propia carreta de sus familias, de sus grupos étnicos, y lo han hecho muy bien, han progresado económicamente al tiempo que nos han prestado un servicio, bien por ellos. La mera ausencia de una política inmigratoria seria en nuestro país da cuenta del desenfoque en el que estamos inmersos desde hace décadas. Pero si eso nos preocupa debemos ser más acuciosos en nuestro análisis y advertir, que aunque nuestra participación en el sector comercial es modesta, debemos lograr ver la urgencia, la apremiante necesidad de apuntar hacia La Industrialización del País, un país no se desarrolla sólo con buhoneros, a punta de ventas de shawarmas, mueblerías, de areperas, bares, restaurantes chinos, de abastos y bodegas hermanos, no, Venezuela se ha de desarrollar en la medida que seamos capaces de INDUSTRIALIZAR AL PAÍS, que diversifiquemos nuestra economía. Esto no sólo es un tema de economía, sino además y sobre todo un tema de soberanía nacional y seguridad de Estado. Sobre este particular, me gusta soñar con una Venezuela en las que sus líderes, despojándose de sus paradigmas ideológicos salgan al encuentro de los venezolanos más capaces que en cada sector y área de desarrollo de la sociedad tenemos, y sí que los hay, individualidades brillantes nos sobran dentro de los distintos partidos políticos, en la academia, en el comercio, en las artes, en las ciencias, en el deporte, en cada casa, en fin, lo que tenemos es que salir de los grupos en los que estamos y responder al llamado de la patria, sin condicionamiento ideológico alguno, urge un gobierno de coalición con los mejores de esta tierra independientemente de su formación ideológica, pero tienen que ser venezolanos a los que le queme en el pecho el amor por Venezuela más que el amor por el partido, más que el amor por su cartera. Me gusta pensar que son convocados, imagino que son emplazados para que a la vuelta de un trimestre le presenten a La Nación, planes alternativos para el desarrollo e industrialización de La Agricultura, La Ganadería, La Minería, El Turismo, El Fortalecimiento Moral de la Familia Venezolana en el que humildemente estoy en disposición de aportar mi granito de arena, La Educación, La Profundización y Expansión de nuestra Industria Petrolera, La Industria Textil y otros, y a la mejor usanza de las cadenas incorporadas por el Presidente Chávez en su momento, estos compatriotas le expongan al país las implicaciones del desarrollo de cada sector, en términos de tiempo, recursos financieros, humanos, alianzas tecnológicas etc., estimo que podríamos invertir unos cuantos domingos y lunes por la noche frente al televisor enterándonos de las propuestas adelantadas por nuestros expertos, pero no vamos a dejarle al gobierno que tome sólo las decisiones, no, ese error no creo que volvamos a cometerlo, luego de emplear los meses que sean necesarios para articular las propuestas, escucharlas y evaluarlas, el tiempo que sea requerido, ni más ni menos, sin prisa pero sin pausa, conscientes de que si hemos estado desenfocados doscientos años, que nos tardemos unos meses para comenzar a trabajar juntos y trazarle un destino provisor a La Nación, para comenzar juntos a hacer lo correcto me parece que bien vale la pena; luego de ese tiempo, considero necesario que se convoque a un Gran Referéndum Consultivo a fin de que todo el pueblo de Venezuela se exprese en virtud de cual área de desarrollo debe recibir atención prioritaria en cuanto a la asignación porcentual del presupuesto nacional. Cabe mencionar aquí que debemos buscar la manera de que la población penitenciaria se haga partícipe tanto de las cadenas informativas como del Referéndum, porque ellos también son venezolanos y aquí nos necesitamos todos. Dependiendo los resultados que arroje el Referéndum el Gobierno elaborará su presupuesto respetando las proporciones según el orden en que hayan quedado favorecidas las opciones en la consulta nacional, destinando mayor cantidad de recursos a la más votada y así sucesivamente. Luego en concordancia con la decisión de un pueblo implicado en las grandes decisiones de su país, un pueblo partícipe y auténticamente comprometido con el trazado de los destinos de su nación, un pueblo finalmente sujeto y protagonista de primera línea de su propia historia, sin cortapisas ideológicas y económicas de ninguna especie, luego de todo eso deberíamos desarrollar en la misma proporción la profundización de la misión salud, la misión vivienda, la misión escuela, la misión universidad, misión seguridad, misión vialidad, la misión familia, etc. en los estados implicados. Es decir, yo no termino de entender, y disculpen verdaderamente mi ignorancia en temas de políticas públicas, no es falsa modestia, pero por más que intento comprender no logro dar con lo siguiente, si el grueso de nuestra población está concentrada en la región centro norte del país, y un número importante de la fuerza de trabajo útil está empleada en el sector informal, y tenemos grandes extensiones de tierra rica en recursos de distinta índole a la espera de su industrialización, que estamos haciendo construyéndonos casas al lado de la maltrecha, en dónde vamos a trabajar, cómo vamos a ayudar a halar la carreta así. Ojo, no es que dejemos de hacer las inversiones que sean necesarias en las ciudades y localidades del norte del país, no, sino que la proporción de las inversiones deben corresponderse con el esquema de priorización definido en la consulta. Ahora si yo como venezolano me implico desde el inicio al Plan de Desarrollo Integral de La Nación y yo he votado por él y el Estado me facilita casa, escuela, salud para mis muchachos y seguridad para mi familia, con gusto me mudo para alguno de esos estados, pero no me voy a pasar trabajo me voy a trabajar por mi país en alguna de las áreas definidas. De esta manera daríamos más y mayor poder al pueblo de comprometerse con las grandes decisiones de La Nación y no sólo nos conformaríamos con participar en los Consejos Comunales para decidir si hay que cambiar un poste o reparar una cloaca, sino que nos implicaríamos de lleno en las decisiones trascendentales del desarrollo La Nación. Del mismo modo tendríamos que diseñar una política migratoria donde finalmente le digamos a nuestros amigos extranjeros hacia dónde necesitamos que nos ayuden a empujar la carreta, y en concordancia priorizar las solicitudes de inmigración. Pero ojo, es para que nos ayuden a empujar, no necesitamos activistas políticos que ignorando nuestra soberanía pretendan indicarnos hacia dónde debemos halar la carreta, estimados consejeros respetuosamente cumplo con informarles que el destino de nuestra patria nos corresponde a los venezolanos definirlo a conveniencia de La Nación no a conveniencia de ideología política alguna y menos a conveniencia de sistemas políticos foráneos sean estos de tendencia de izquierda o de derecha. Miren es increíble la cantidad de plata y recursos que hemos botado los venezolanos por nuestra descoordinación, quien le escribe fue beneficiado dos veces con el programa Gran Mariscal de Ayacucho, la primera vez con Beca para el Pre-Grado y la segunda con Financiamiento Educativo para el Post Grado, y en ninguna de las dos ocasiones supe que existiera un Plan de Desarrollo Nacional en el que pudiera insertarme para retribuirle a mi País la inversión que hizo de manera planificada, fueron programas muy buenos pero aislados, desconectados, por lo que se convirtieron en una expresión más de populismo, después de recibir los beneficios del Estado, los venezolanos implicados tuvimos que arreglárnosla y echar para adelante halando nuestra carreta personal, en el país o fuera de él, sencillamente porque no había manera de asirnos a la carreta de la Nación. Como ven hace falta una gran coordinación nacional y yo sé que contamos con venezolanos capaces para favorecerla desde los niveles más altos hasta los más básicos, pero esa coordinación es tarea de los venezolanos que hacen vida política en los partidos, en las Instituciones del Estado y es tarea de nosotros el exigirle que se pongan a trabajar en beneficio de la Nación, pero hay muchas, pero muchísimas cosas que dependen de nosotros, del ciudadano de a pie, y aquí debo señalar responsablemente que tenemos unos cuantos esquemas mentales hermanos que poco nos ayudan a asumir una actitud madura y responsable de nuestro quehacer histórico. Cuando uno escucha a jóvenes profesionales, mujeres de mediana edad dialogar en estos términos, “¿chama que edad tienes tú?, treinta y dos, treinta y dos y tú no has parido, no mi amor Ud. Se me está quedando, dormida se te va a pasar la edad, Ud., es una mujer bonita echada para adelante, preparada, Ud. se merece tener su muchachito, así que métale el ojo a un candidato por ahí antes que se le pase el tiempo, si el hombre le sale bueno bien y si no tranquila, total, a esa criatura no le va a faltar nada.” O cuando uno escucha a hombres de esta tierra con un diálogo similar porque ya están cercanos a los cuarenta, “mi pana, tú no tienes chamos, versia chamo qué pasa loco?, tú sabes cosa triste llegar a viejo solo chamo sin tener quien te cuide” O la adolescente que asume como algo normal que tras un descuido en la prevención de su experiencia sexual precoz, “sea lógico que quede embarazada, que más pues”. Hermanos discúlpenme que toque este tema personal acá, pero créanme que es un tema de Interés Nacional, me explico. La Familia es la base fundamental de toda sociedad, que sea matricentrada, patriarcal o como quiera que sean los visos que tome en cada cultura es harina de otro costal, por eso urge asumir más responsablemente su constitución. Un hijo no es un trofeo que deba recibirse de forma ligera para honrar la capacidad maternal de la mujer, y menos a expensas del derecho que tiene la criatura de nacer dentro de un hogar estable con un padre y una madre responsables y conscientes del proyecto de vida que han elegido libremente construir juntos; un hijo tampoco es una suerte de enfermero geriátrico cuya misión en el mundo es acompañar los últimos años de cualquier compatriota que tras decidir dedicar los mejores años de su vida a otros proyectos opta en edades postreras asegurar compañía a su vejez, y un hijo tampoco es sólo la sorpresa tras el descuido de los jóvenes de nuestra patria. Engendrar, procrear, concebir, dar a luz o parir una cría es un acto meramente biológico, fruto del apareamiento entre el macho y la hembra de distintas especies en su caminar evolutivo, es decir es un acto instintivo animal, no se necesita quemar mayor cantidad de neuronas, ya que su ejecución responde a una capacidad biológica innata de los individuos de cada especie. Estamos claros que los hombres y las mujeres somos los machos y las hembras de la especie humana, pero nuestra naturaleza animal se ve enaltecida y trascendida con creces por nuestra condición humana, así las cosas, para procrear un muchacho sólo hace falta el apareamiento de un macho y una hembra humana, pero para formar una familia y traer un hijo al mundo hace falta más que un mero macho y una mera hembra, hace falta un hombre y una mujer con principios y valores de profunda responsabilidad existencial y social, dispuestos a embraguetarse con su educación, con su formación, con su acompañamiento a lo largo de toda la vida, dispuestos a dar el mejor de los ejemplos desde el testimonio de una vida llena de principios y valores familiares y nacionales, proveyéndole la seguridad necesaria en todas las dimensiones humanas, sean éstas de índole afectivas, psicológicas, intelectuales, biológicas, espirituales o sociales. Para mi es difícil entender el concepto de patria si antes no he entendido el concepto de familia, porque para mí la patria es una familia grande, quizás uno de nuestros errores haya sido el intentar durante décadas construir una patria sobre los pilares de una familia desecha, eso debemos irlo corrigiendo hermanos, sobre todo con el reconocimiento de nuestros propios errores ante los adolescentes a fin de que ellos asuman una paternidad mucho más responsable de la que como nación hemos asumido hasta ahora. De la familia sale el taxista, el panadero, el carpintero, el médico, el ingeniero, el concejal, el alcalde, el gobernador, el ministro, el cura, el pastor, el presidente. Y la familia es sin duda el lugar privilegiado en donde se gestan y asumen los valores que regirán nuestro comportamiento social. Soy de los que piensa, salvo honrosas excepciones, que ni la escuela, ni el liceo, ni la universidad te forman en valores, te podrán instruir en valores, y podrás desarrollar toda una teorética del valor e incluso dictar charlas y conferencia sobre los valores haciendo gala de la más prolija erudición axiológica, pero a la hora del té, usted se comporta según los valores o antivalores que asumió en su familia, como dice el refrán popular “a la hora de la chiquita, la burra coge pal monte” el individuo tiene que haberse sometido a una experiencia fuerte de convivencia dentro de un ambiente rico en valores y haber tenido tiempo para vivenciarlos y asumirlos para que pueda estar en capacidad de iluminar las trazas traumáticas que arrastra de una vida familiar conflictiva y accidentada. La experiencia de internado es un buen ejemplo, en aquellos casos en los que se logran constituir ambientes ricos en valores humanos y con estructura moral ecuánimamente sólida se pueden favorecer experiencias que enaltezcan la condición humana traída de casa (Seminarios, Academias Militares, Policiales, etc.), o en el peor de los casos, en los ambientes más promiscuos, las experiencias terminan por destrozar la psique del individuo a tal punto de desvirtuar su condición humana, este es el caso de nuestros compatriotas recluidos en las distintas penitenciarías del país. Ahora, todos sabemos que la mayoría de nosotros crecemos en entornos familiares, no de internados. Si en mi casa he aprendido que cualquier excusa vale para que los padres abandonen a sus hijos, con las honrosas excepciones que de seguro ameritan la separación de los padres como la mejor de las salidas, si en casa aprendo que cualquier cosa vale con tal de satisfacer mis caprichos, si aprendo que es normal que un hombre abandone su familia porque él tiene derecho a hacer su vida, porque la mujer no tolera al hombre y lo descalifica continuamente ante sus hijos y viceversa, si la familia que ha de ser uno de los valores más sagrados para los seres humanos la tratamos con tanta ligereza, cómo pretendemos que surjan de ella ciudadanos altruistas, sacrificados, abnegados por el bien social, si desde su concepción nuestros niños venezolanos han vivido en entornos plagados de egoísmo. No es imposible corregir esto, tampoco es el caso de todas nuestras familias, pero sabemos que un buen número de ellas ha padecido de estas incongruencias. En la calle, en los bancos en las escuelas, las normas de cortesía, el respeto a las señales de tránsito, el gusto por lo correcto, por ser bien hablado, estos valores se han venido deteriorando cada vez más. Todos tenemos que querer cambiar para poder tener cada día mejores políticos, abogados, jueces, sacerdotes, pastores, policías, militares, médicos, bomberos carpinteros, mejores venezolanos, debemos descubrir juntos el gusto por el orden por el respeto a los demás por lo correcto, los antiguos latinos solían decir “conserva el orden y el orden te conservará a ti”. Hoy más que nunca nuestra Venezuela espera de sus hijos ordenar el caos en la que la hemos colocado. Aunque elijamos a los mejores gobernantes, y es un deber patrio el hacerlo así como también es un deber patrio de los gobernantes rodearse de los mejores compatriotas independientemente de sus ideologías políticas para gobernar, si el ciudadano no gusta el observar la ley y los funcionarios, que son ciudadanos con una función social no gustan de dar ejemplo y hacerla cumplir, difícilmente construiremos la patria soñada. Es impensable tener un policía por cada venezolano y si el policía es un venezolano faltón entonces cómo hacemos. Esto sólo es un ejemplo, pude haberme referido, a los abogados, los políticos, etc. Lo que quiero decir es que, o nos comprometemos con un cambio profundo todos y cada uno de nosotros, sabiendo que no se trata de nada del otro mundo, que todas las sociedades civilizadas lo han logrado y que nosotros tenemos talento suficiente para conseguirlo, no porque seamos los “sobraotes” del mundo, no, sino porque somos seres humanos y como tales somos capaces de ser responsables con nuestras familias e hijos, somos capaces de respetar el semáforo, cruzar por las esquinas, botar la basura en las papeleras, hablar sin proferir ofensas ni groserías, etc. etc., etc.; o es inútil esperar que sólo los políticos nos resuelvan el problema con una barita mágica, de ser así estaríamos retornando a la posición inmadura de la víctima que no asume su responsabilidad ante la sociedad de formar familias estables y unidas que provean hijos bien formados a la sociedad, venezolanos cívicamente educados a la Nación, nuestro problema mayor proviene de fábrica hermanos, debemos meterle el pecho a la familia. Eso de que la mujer venezolana es padre y madre a la vez, además de ser una frase engañosa por cuanto ninguna mujer puede sustituir al hombre en su rol de padre, y menos aún, ningún hombre puede sustituir a una mujer en su rol de madre, lejos de ayudar a la asunción de una paternidad responsable, habla muy mal del sentido de responsabilidad del hombre venezolano y muy mal de la mujer que pareciera estar convencida de que con suplir las demandas económicas del hijo ya sustituyó al padre, pareciera estar convencida que ella sola se basta y se sobra. Hermanos el llamado acá es a la conciencia, si algún hombre y mujer venezolanos, no se sienten responsablemente dispuestos a emprender la opción familiar como opción de vida, deberían en principio abstenerse de traer hijos al mundo, venezolanos a la patria, esto porque los niños necesitan de su padres para crecer bien, si bien es cierto que a menudo los hijos se señalan como el tesoro de la familia, no es menos cierto que los padres constituyen el cofre de ese tesoro, y si el cofre se raja el tesoro se desparrama hermano y luego cuesta un mundo recoger su dispersión moral, afectiva, psicológica, intelectual, espiritual, etc. Al reconocer lo mucho que nos viene costando mantenernos constantes en el desarrollo de nuestro proyecto familiar, cuando advertimos lo mucho que nos cuesta mantener nuestra familia unida, cuando miramos esta realidad en profundidad, comenzamos a comprender mejor porqué nos cuesta tanto ser constantes en los negocios que emprendemos, y porqué nos viene costando tanto unirnos en torno a un ideal nacional. A cambiar esta realidad estamos convocados todos los venezolanos a fuerza de conciencia y responsabilidad. Ha llegado la hora de crecer como nación, a lo largo de estos doscientos años Venezuela ha parido hijos insignes de nuestra patria, cuyos nombres han brillado en el firmamento universal, nombres de venezolanos están escritos en las páginas del deporte, del arte, de las ciencias, de la política a nivel mundial, pero son individualidades, llegó la hora de comenzar a exhibirnos al mundo con logros nacionales, llegó la hora de que nos demostremos a nosotros mismos ante todo, que no sólo tenemos Un Gran País, tierras fértiles para la agricultura, sabanas propicias para la cría de ganado, mares inmensos, minerales diversos, petróleo por montón, paisajes afines a geografías de cuatro estaciones durante todo el año para desarrollar el turismo como queramos, no sólo tenemos a Dudamel, Miguel Cabrera, Pastor Maldonado, Sandoval, las Mujeres más Hermosas del planeta, no sólo eso, no sólo somos grandes individualidades, no solo somos puro chistes y chalequeo, llegó la hora de demostrarnos con hechos más que con frases que somos ante todo UNA GRAN NACIÓN. Particularmente pienso que tanto El Presidente Chávez como Carlos Andrés Pérez, fueron venezolanos que amaron profundamente a su Patria, y que ambos hicieron lo que su conciencia política les indicaba como necesario realizar a favor del país, sólo que ambos quedaron atrapados dentro de los paradigmas ideológicos e interpretativos en los que bebieron, al no atreverse a quitarse esos espejuelos ideológicos no pudieron apreciar la inmensa policromía del tricolor nacional que tuvieron el honor de servir, hicieron felices a muchos venezolanos y desdichados a otros tantos, no sigamos transitando nosotros los derroteros del desencuentro. Los venezolanos acabamos de asistir a unas elecciones presidenciales, en medio de una gran pugnacidad política, la diferencia de votos a favor de la opción ganadora es poca a la luz de la polarización que vive el país y de cara al cambio profundo de actitud que debemos experimentar los venezolanos en pos del Desarrollo Integral de La Nación, en tal sentido y en aras de contribuir con la creación del mejor de los ambientes para el reencuentro de todos los venezolanos tan vital para construir La Nación próspera que todos deseamos, esperamos que el árbitro electoral despeje las dudas que se han expresado por la mitad de los venezolanos que votaron y cuya opción fue anunciada como perdedora. El árbitro debe despejar las dudas, porque este país necesita de todos, no sólo de los que votaron por la opción de Maduro, o Capriles, o los que se abstuvieron, o los que aún no votan, este país nos necesita a todos unidos y si hay sospechas sobre los resultados ofrecidos, y sospechas fundamentadas por demás, difícilmente conseguiremos la unidad inicial requerida para formular juntos nuestro Plan de Desarrollo Integral, el CNE debe ser garante de transparencia y generador de confianza en el electorado, si no lo hace podría estar respondiendo a intereses distintos a los que Nación Toda Reclama en estos tiempos de polarización, negarse a contribuir a que las sospechas se disipen y la polarización desaparezca es una actitud poco patriótica en estos momentos en los que necesitamos tender puentes que unan a La Nación, no en torno a un proyecto ideológico de izquierda o de derecha, sino en torno a un gran ideal nacional La Unidad de todos los venezolanos para alcanzar juntos la Industrialización del País y la Superación de La Pobreza. Sea quien sea el que haya resultado vencedor debe contar con el reconocimiento de todos los venezolanos, sin dudas de ninguna especie, y sea quien sea el ganador está comprometido con La Nación Toda más allá de su visión ideológica de preferencia, la cual en todo caso ha de servirle de inspiración para resolver los grandes problemas de La Nación pero nunca para anteponer los intereses de su partido a los intereses de La Nación conformada por treinta millones de venezolanos y no solo por siete millones y tantos, de allí que sea quien sea el triunfador, mal podrá desvirtuar el mandato popular so pena que ¡Dios y La Patria se os demande! Para quienes como yo, nos cuesta leer entre líneas permítanme señalar concretamente lo que a lo largo de estas páginas he tratado de sustentar, el discurso es el de la Corresponsabilidad de todos los venezolanos adiós a la víctima y al mesianismo político de los superhéroes personalistas, el enfoque es el de la Industrialización del País y superación de la pobreza, todo lo que hagamos debe estar orientado a coronar juntos estas metas, y la actitud es la de Cooperación, todos debemos arrimar el hombro para halar nuestra carreta hacia el destino trazado, el desarrollo de nuestro país como expresión de La Grandeza de Nuestra Nación. Seguro de que juntos los venezolanos lograremos encontrar en paz el camino del desarrollo y el bienestar para nuestro pueblo, independientemente de las ideologías que profesemos. Se despide de Uds., Atentamente; Juan Carlos Álvarez González Orgullosamente VENEZOLANO

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