Efradis
Usuario (España)
Cuando el tiempo juega en contra No siempre se tienen las ideas claras, y esto suele suceder cuando más falta te hace tenerlas, es por eso y por su ausencia lo que me ha animado a retratar lo que mi imaginación decida. Podría estar en cualquier sitio del mundo, pero no, ella yacía allí, en un prado verde, verde primavera, que siempre es algo más claro que en invierno o en verano, en aspa acariciando con sus pupilas las nubes que viajan sin equipaje y sin ningún compromiso. No calcule el tiempo que de esta manera la dibuje en mi imaginación, pero debió ser bastante longo, pues de un azul paraíso se trazo en un ocaso tranquilo, no se relantizo la temperatura con el transcurso del día, o muy absorta en sus pensamientos se encontraba, pues no parecía ni tener ni padecer ni frió ni hambre. Solo una llamada en la lejanía, la despertó del aquel coma cariñoso, que la abrazaba como madre primeriza, temiendo ser despojada de su primera criatura. ¡Mina! ¡Mina!., se escucho como el susurro que mecía el trigo, y ella como si de una cucharada de miel para sus oídos fuese esta caricia en la lontananza, se incorporo ante sus rodillas, disipo la mirada con su mano derecha, y viendo alguien conocido se levanto ahora si en erguida y corrió a la llamada. ¡Que brisa! O el perfume de los campos mezclado con la caída del sol era lo que sentía Mina mientras presurosa recorría el prado que la separaba de la llamada. Pues de carrera en carrera arremolinaba un baile como si aspas de molino fuesen sus brazos. Asi me imagino la felicidad completa, como una apatía sentida por mis cinco puntos cardinales, como holgazanería apostólica, sin más obligación que respira y trazar el tiempo entre mis ojos. Si hemos de reconocer que lo bueno siempre es escueto, por muy prolongado que se le haga a nuestro enemigo, pues aunque fugaz este sentimiento permanecerá inmortal en mi recuerdo, pues lo encantador con el tiempo parece que se convirtió en trauma. Ya que es ahora y a mis años cuando lo recuerdo con tal precisión que la nostalgia parece veneno recorriendo mis venas. Esto será porque se perfectamente que no lo viviré jamás, ni mis huesos ni mi cuerpo emprenderían tan osadía, la humedad que entonces me parecía brisa hoy estoy segura que seria como cuchillas de afeitar para mi osamenta. Me doy cuenta ahora trémula en esta silla prisionera de mi cuerpo, que a los pocos años de mi consciencia era inconciente del todo, ojala tuviera ahora los medios para disfrute que me ha cobrado la madurez, no dejaría un segundo de imprudencia ni de sentimiento lánguido en mi alma. En ocasiones se madura antes de tiempo, y la conclusión que denoto, no es otra que morir en vida, pues que recuerdos te quedan, cuando para soportar la desidia de veinticuatro horas inmóvil solo tienes la penicilina de sentir el recuerdo soñado. Yo corro en molinillos ahora imaginando lánguidamente el ayer, y canto y bailo, y otros devenires que entonces no apreciaba y ahora serian para mi tan caros que cada segundo de mí existencia se cobrarían. Rozo ya las ochenta primaveras, alegres, divertidas, trazadas de impaciencia, obligadas de recuerdos e inmóviles ahora. Por este ventanal en el que se reduce todo mi campo visual, dando a los trigales, nacen como si películas de un festival mundialmente reconocido mis recuerdos fuesen expuesto a mi consciencia para una vez más ser vitoreados por mi corazón, ya no tan fuerte, pero si consistente por los golpes que a todos sin excepción la vida nos regala. Mi bisnieta también Mina, me ha pedido encarecidamente que le cuente eso que con tanto rubor guardo en mi inconsciente, pues la conciencia ardua de hacerte la vida más llevadera lo aparta al fondo de este armario, para que no te duela tanto. Y para no andar como todos los que me entienden por parecer, y no aburrir a los que tanta prisa tienen empiezo. CAPITULO I No se encuentra lo que se busca. El invierno no lo recuerdo largo, pues en aquella época de mi vida las estaciones aparecían ante mi como una exhalación. Pero la primavera llego cargada de novedades, de colores e imprevisibles acontecimientos. No tendría más de catorce o quince años, y mi madre sin querer entender porque yo tomaba aquella iniciativa se encontraba tirante, reseca, e incluso en algunas ocasiones hasta apática en mi presencia. Desde que a mi querido y protector padre le comunique la decisión de seguir mis estudios, tanto apoyo recibí de el, como incomprensión por ella. Creo entender ahora que lo que entonces asumía como egoísmo ahora lo traduzco en envidia. La recrimine por cuestiones tales como. - Es que no quieres quedarte sola, con la casa, con padre, con los niños, y yo tengo otras miras, otras expectativas, yo no estoy dispuesta a ser lo que tus eres. Y que era mi madre sino un mártir más de esta injusta vida de machos, machitos y machotes, que tontería más grande, lo que pensaba que era su egoísmo ahora me doy cuenta que era el mió. Ella solo quería protegerme de eso. Eso la montaña más grande jamás inés pugnada, los hombres. Ahora querida nieta te parecerán mis palabras exageradas y algo inadecuadas, pero entonces las mujeres no tenían derecho, aunque se vislumbra por algunos resquicios sociales, no accedíamos sino aquello que a ellos les parecía femenino y practicable con la familia y los hijos. Enfermería, quizás asuntos sociales, maestra de escuela, o temas livianos y ligeros, sin un compromiso firme y social. Pues siempre llegaban como si de una vacuna se tratase el marido y los hijos. Yo no me quejo de esto, pues aquí estas tu, tu estudiando como deseas Ingeniería Aeronáutica, bien orgullosa del camino que trace me haces sentir, tres generaciones, y ahora las mujeres llegaran a decidir con los hombres, como cuando, y de que manera. Aquel año y después del verano, verano de descubrimientos, pues a esa edad la mujer que entonces despuntaba en mi vida descubrió demasiado para digerir en una sola comida. Ese año mi padre decidió traer a la finca al hijo de un antiguo amigo suyo para que le echara una mano, su amigo Ignacio viudo y sin más descendencia se lo pidió a mi padre en una misiva antes de morir, En aquel entonces los compromisos de hombres, eran más que una firma ante notario no se faltaba a la palabra, al honor ni a la familia, motivos estos de orgullo y sacrificio, quizá valores que ahora tu no entiendas. La juventud de hoy os complicáis con las causas comunes, las protestas, los foros en Internet, y todo a lo grande y en comandita, es lo que a traído la agilidad informativa, antes era todo más reducido y más personal, ahora nadie conoce a nadie, un pueblo no tiene alma, y una ciudad se expande en el horizonte como si de una peste se tratase, no existen las fronteras, eso es bueno, ni los limites, ni las reglas de expresión, se dice lo que se quiere cuando se quiera, sin importar el daño, si se hiciese. Pues la libre expresión, aun cuando te parezca lo mejor inventado, siempre guarda una cuchilla para un suicidad o un desquiciado mental que se beneficiara de las alas que le den las palabras escuchadas. Me vuelvo a rendir por la competencia de años, y se que te interesa mucho más lo que hice en aquellos, que lo que tienes en estos. Asi que retomo. Aquel varón de unos dieciocho años, fuerte, alto, medio rubio, con los ojos verdes, era Ignacio, como su padre ya fallecido, cuando a casa llego, las manos grandes, y trabajadas ya de pequeño, los ojos brillantes pero tristes por lo vivido, y una fuerza en la expresión que arrebataba a la sangre de cualquier chica adolescente con la cabeza llena de pájaros como la mía. Una tarde de finales de Mayo llamo a la puerta, con una gorrilla en la mano izquierda, y maleta en la derecha más abultada que llena, atada con cuerdas, como sus zapatos. Fue mi padre el que abrió pues andaba ya de refresco tras el día en el campo, mi madre estaba en el corral con las gallinas, y yo en el prado degustando el principio de esta historia. Padre grito a madre. -¡Mujer! ¡Mujer! Ha llegado el hijo de mi amigo Ignacio, Iñaqui. Haz el favor de venir a darle algo de beber y de comer, y llama a tu hija por Dios, que recibimiento es este al hijo de mi buen amigo. Y es por esto querida nieta, que desperté de aquel afrodisíaco sueño en el que me encontraba a gritos de mi madre, y por eso corrí sin ganas y jugando con el tiempo, pues entonces me sobraba. No me interese por el anuncio de su llegada, asi como me iba a importar el acontecimiento. Tuvo mi madre que nombrarme reiteradas veces para que yo me apresurase. La verdad que la llegada de aquel chico me importaba nada y menos, para mi era alguien que venia a echar una mano a mi padre, y a dar más trabajo a mi madre, eso antes era una regla de tres simple. Que sorpresa mi niña, una vez llegue a casa, como siempre que bajaba al prado, sin respiración artita de correr, entonces no había tantas cosas para distraerse como ahora, y un buen libro el aire y la soledad de uno en compañía en ocasiones, las más, era lo que se tenia, ni tele, ni mp3, ni Internet, ni nada parecido, eso en mis tiempos eran fantasmas donde yo vivía, date cuenta que era la segunda década de los años 1900, y aquí en España no corrían los locos años 20 New Yorkinos. Aquí la gran mayoría se moría de asco y de hambre, hambre en el más amplio sentido de la palabra, pues el índice de analfabetos era más grande que ahora los abonados a un canal digital. A lo que iba, Ignacio de enormes dimensiones, Me arrebato y lo digo como lo sentí entonces la mirada y el corazón en un parpadear, antes eso existía ahora no lo se. Mi padre con aquella voz de sargento, me reprendió. -¡Pero vamos a ver! Esos no son modales de una señorita, no se va una todo el día al campo a mirar las musarañas, dejando a tu madre con todas las faenas en las manos, y se viene a recibir a si al que como si lo fuese tu hermano. Mi padre aunque hombre de campo era persona ilustrada, de niño lo criaron los monjes pues fue sobrino de uno de ellos y no teniendo más familia lo recogió y lo medio crió, estos tan estudiosos como oradores enseñaron a mi padre conocimientos suficientes, luego ya de pollino, Nieta pollino se le llamaba al niño que ya andaba por la edad de diez u doce años, que ni es niño ni es adolescente, pues eso a la edad de pollino., lo recogió una familia bien situada de Guipúzcoa, que tenían un hijo de la misma edad, muy enfermo y delicado, para que este no se aburriera y amenizara su corta estancia en esta vida se llevaron a mi padre, aquel muchacho no llego a la mayoría de edad, y una vez fallecido dieron la libertad a mi padre con una dote y muchas palabras sabidas. Hombre de campo por gusto, lo invirtió en este lugar tan bonito, a orillas del Cantábrico, aquí aro su tierra, crió su ganado y paso su vida. Y doy gracias a Dios que siempre quiso algo más para mí que un holgazán que viniese bebido de la tasca y me arreara paliza tras paliza, pues el hombre en esos tiempos se gustaba de ser duro y austero con su esposa Y no dudaba en pulirme y reformarme para ser como el pretendía que yo fuese una señorita, damiselas como aquellas que recordaba que visitaban a su señoriíto Luís, tan distinguidas pálidas y alegres. Yo me pasaba las horas al Sol, asi que los colores de mis mejillas eran menos blancos y si dorados al sol, no caminaba como si flotase, corría que me las pelaba, eso si, el amor por las artes y las ciencias si me llego, y quería estudiar me daba igual como pero quería estudiar, llenar mi mente y mi alma, con versos, novelas y descubrimientos increíbles, me daba lo mismo una novela épica, que la historia de Platón, todo fascinaba mis sentidos, y nada saciaba mi sed de aprender, reconozco que no era diestra en aritmética y matemáticas, los números no eran mi fuerte, pero me defendía con soltura, era como decía mi padre un aprendiz de brujo,. Culta pero tosca Tras la bulla de mi progenitor, con los ojos en el suelo, me acerque a el, aun no me había percatado, y reteniendo como me enseñaron la sencillez y humildad en mis pupilas levante despacio mi cara, para observarle y agradecerle la llegada a casa sin descaro, Ahí hija, ojos como aquellos, ni en las ensoñación de la novela más romántica leída vi. Verdes, tan verdes como mí querido prado. Verde primavera, Es por eso que aquel día sin acordarme de detalles me acuerdo tanto de sentimientos. El habla se difumino como la niebla al atardecer, ni rastro, como tonta de bote allí permanecía. Asi que no tuvo mi padre otra cosa que reaccionar ante mi perplejidad. -No te quedes ahí como pasmarote, y prepara al muchacho un cuarto donde descansar, que sea el que esta al lado nuestro, que sea como digo, no quiero tener que lamentar. Padre hombre sabio donde los halla, o quizá por perro viejo, pues algo asi le paso a el cuando conoció a mi madre, y sabe lo que le corre a un zagal por las venas cuando se sorprende con una moza. No desviamos los ojos el uno del otro, y padre empuño en la mesa tal golpe que despertó al más pequeño que ya dormía en su cesta. Mi madre se quejo en bajo, asi lo hacia mi abuela, asi lo hacia ella, no queriendo ofender los gestos del marido, eso era como ofensa al gran Dios, no se desafiaba al marido, y mi padre hombre, como lo era, jamás pego a mi madre, como lo hicieran otros vecinos del lugar con las suyas, pero madre fue educada en la sumisión, y sumisa era. - Esposo no te alteres con los niños, dales su tiempo, o es que no te acuerdas de tu zagaleria, y no les acotes, que lo prohibido esta más rico. Mira niña solo fueron segundos de escudriñe Ocular, ni un par de minutos llego al caso, pero esos segundos debieron de ser tan intensos que hasta mi padre le llegaron. Tras el puñetazo corrí a la habitación que el me indico, mulli la cama, entonces los colchones no eran como ahora, entonces pesaban tanto que se tenia que hacer entre dos, puse sabanas limpias un candil y escupidera al uso, es que no existía el agua corriente ni el baño, y la luz en algunos casos tampoco llegaba a fincas tan lejanas de la ciudad, a no ser que fueran gente de dinero, en casa aun que yo recuerdo era el candil lo que alumbraba, la lumbre lo que calentaba, y el pozo lo que regaba. Otros tiempos, ni sombra esta casa de lo que era. Una vez preparé el dormitorio, me senté en la cama, imaginando, quien sabe el que, solo recuerdo la sensación y no el sueño. Esa pajarería que todos los jóvenes tienen en la cabeza, es como el ADN, no hay forma de alterarla ni suprimirla, cuando llega lo mejor es vivirla, una vez pasan los años ni rastro se va como se va el agne juvenil, sin avisar. Es triste pues quizá es lo mejor de esa década el pavo, se alimenta de los sueños de los planes de la capacidad recién encontrada de encauzar tu vida, quizá te sientes tan libre tan responsable, tan de tanto, que no eres nada de nada, pues sin la experiencia y la madurez esos valores no sirven, es como quien tiene un coche, si puedes desplazarte, puedes viajar el útil existe, pero si no tiene gasolina ¿a dónde vas si no puedes? Mi padre como todo padre de adolescente tenia la cualidad de despertarme de ese o cualquier trance, le debió parecer que me esmeraba demasiado en la preparación del dormitorio pues nuevamente grito. -¡Mina!, por Dios, que te he dicho que prepares un dormitorio, no que se lo hagas nuevo, ven a cenar de una vez. Desperté que remedio y recorrí despacio el trayecto que existía hasta la cocina, entonces este caserón no era como ahora, en la cocina casi se vivía, nos sentábamos a lado de la lumbre, y el chisporrotear de ella unificaba a la familia, ahora existe la tele, pero yo creo que no une, pero sobre este tema hay quien tiene diversidad de opiniones. Cuando llegue sin correr, una señorita ya te lo dije antes, siempre se toma su tiempo, es como si no tuviese prisa para nada, o al menos es lo que ha de demostrar, pues por eso los caballeros, ya acostumbrados esperan y esperan a las señoras y señoritas, ahora en estos tiempos que corren, también corren las personas, y nadie espera a nadie, ahora pierdes todo como lo encuentras en un tris-tras, te casas, te separas, te enfermas, te curas, te vas, vienes en fin, correr y correr. Retire la silla para que Padre se sentara, y retirar la suya para que hiciese lo mismo, como estrella fugaz su mano y la mía se encontraron en el respaldo, que escalofrió, aun cuando lo recuerdo se me crispa el bello, eso si fue una conexión, naderías pensareis los jóvenes de hoy, pero en aquel entonces la imaginación jugaba un gran papel en las relaciones. Te pasabas días, meses, e incluso años imaginando, ahora todo es practica, y la verdad nieta no se que es mejor. Madre me miro, fue tan tierna aquella mirada, pero realmente ausente, seguro no fue comprensión ante el acontecimiento, ahora pienso que se recreo en el hecho de alguna vivencia pasada, luego volvió en si. -Mina hija, pon el pan y el vino, pon las cosas que faltan. Escueta, siempre fue asi, tanto temía meter la pata, que callaba, y de seguro que daría rienda suelta a su imaginación, lo ves hija, todo era cuestión de imaginación, la mujer no tenia poder real, pero la imaginación la entrenaba desde bien joven, piensa que era su recurso de expansión, se imaginaba cualquier cosa, una excusa perfecta para escapar en muchas ocasiones de la cruel realidad, la mente es ingeniosa y practica, cuando varias mujeres se juntaban, también se realizaba terapia en grupo, no penséis que es un invento novedoso, eso siempre a existido, y sin la necesidad de que algún medico prestigioso lo recomendara, pienso que el alarde de este hecho tuvo alcance, cuando se fijaron en el acto, varias mujeres se reúnen, y hablan y hablan de sus desgracias, buena terapia, por que al escuchar las penas de el de alado piensas que las tuyas son menos, y descargas en ese momento, toda la ansiedad guardada y te sirve de mucho, a ver quien tenia cita en un psiquiatra, en aquel entonces, la psiquiatría era una ciencia en estudio. Mujer, superviviente nata de épocas y cambios, agazapada, a la expectativa siempre de lo que decidan los hombres, por ellos y para ellos, ahora en los tiempos que corren las decisiones trémulas parecen ser conscientes de nuestra existencia, de nuestros problemas, de nuestras ilusiones, de nuestras necesidades, carentes entonces de realidad. Pobre Madre mía, que angustia de vida, quien va a ser feliz asi, sin opinión, sin nada, nada más que lo que cupiese entre sus manos, y como mi madre tantas otras, nieta si no sabes aprovechar los recursos que a tu disposición existen hoy en día, eres tonta, pues quien tiene cama y duerme en el suelo, no hay que tenerle duelo, piensa que no ha sido siempre asi, y que las mujeres de hoy tenéis más que una obligación moral con todas nosotras, victimas del tiempo pasado. Iñaqui no dejaba que sus ojos descansasen, me seguía con la mirada en cada movimiento, ahora si innato, como trébol que nace en primavera, pues eso nieta si que no me lo enseñaron, me puse a coquetear, una mirada que se encuentra, un acercarse para colocar algo, todo, y cuando digo todo, era todo, no había movimiento ni gesto que yo hiciera que no fuese para llamar su atención, que estupidez, caemos, siempre caemos en las cosas más insulsas, yo que quería cambiar el mundo, mi mundo, en tres segundos lo vendí por un par de ojos verdes, y la llamada de la naturaleza. Iñaqui sin saberlo entorpeció mi mente, bloqueo mis ilusiones, congelo mi destino, mi mente ya no dibujaba libros, ni teorías ni estudios, mi mente solo dibujaba ¡Iñaqui! ¡Iñaqui!, ¡ahy! Nieta tu destino puede cambiar en un solo segundo, como puede ser tan poderosa la naturaleza, que difícil es ir en su contra, cuando la corriente de un río es poderosa, no se puede nadar en su contra. Por eso los pocos momentos que volvía a pisar el suelo me repetía a mi misma, yo no quiero, yo no quiero. Esto te lo cuento por que igual que por naturaleza actué yo, el también actuaba el, y luego ante aquel desbordamiento existía a Dios gracias un dique de contención, mis padres. Los primeros días fueron tímidos, casi sin hablarnos nos decíamos todo con los gestos y las miradas, que recatados, nos hervía la sangre, y sin embargo apretábamos los puños con fuerza para que no se notase, para que no se notase no deje de bajar al prado, tan intimo como de costumbre le cambie las conversaciones que tanto tiempo mantuvimos juntos, ahora ya no me escuchaba recitar versos, ni la lectura de una peculiar novela, en esos momentos solo me escuchaba,-“ Me gusta cuando coge las alpacas con sus manos fuertes, o cuando se refresca bajo el cubo”, el erotismo supuraba por cada gesto cotidiano, la insinuación era tan imaginaria como real la vida misma. Allí sola en vez de estudiar y prepararme para lo que me acontecería en septiembre, andaba pensando en Iñaqui, pensamientos nieta, que son tan latentes como ayer en el día de hoy, el amor es una cosa que ni el tiempo puede destruir, y yo querida nieta sin saberlo me había enamorado, en el peor momento de mi vida, pero quien lo escoge, no me quejo, hay quien tras recorrer toda su vida no ha tenido la suerte de enamorarse, suerte o desgracia, por que es algo incontrolable, y como la persona de la que te enamores no sea la conveniente te arrastra como un alud. El amor tema tratado por tantos sabios, y del que se sabe tan poco, te quita el hambre, y te la vida, se retuerce en tu interior como una culebra sin existir tal bicho, ese punto energético capaz de mover montañas, tiene tal fuerza que no existe ni medicina para su cura, quien lo padece lo goza o lo sufre, pues no tiene los mismos síntomas en todas las personas, Hombres que padecieron este mal fueron capaces de realizar proezas, escribir obras grandiosas, pintar, esculpir, matar o dar vida, siempre en todo lo grande el ingrediente secreto es el amor, pero no hemos de negar el odio, siempre prosiguiendo al amor, siempre, siempre mi querida nieta tras el amor viene el odio, por eso no niegues nunca su existencia, procura entenderlo, no luches no entres en guerra con el, no ganaras nunca. Que hermoso es sentirse enamorado, tocando el cielo, sin tener alas, asi me sentía yo, volaba, corría por ese prado que tu ves ahora desde donde estamos, fíjate que han pasado años, y el sigue hay, que poco cuesta disfrutar de los sentimientos en soledad. Cuando en aquellos días mi soledad cambio de perspectiva, casi sin saberlo estaba sufriendo una mutación. Deje el egoísmo de mi mundo para compartir mis sensaciones, todo lo soñaba compartido, cuando miraba las nubes las veía con sus ojos, cuando corría sentía las ganas de correr para llegar a el, el destino hija por mucho que lo esquives siempre te encuentra. Y asi paso, creo recordar que eran mediados de Agosto cuando mi padre tuvo que marchar a una feria de ganado, pues nunca falto a esa cita, y estaba todo bajo control, claro que, Iñaqui le ayudaba mucho, asi que mi padre se fue tranquilo, que error, error que pagaríamos los dos bien caro. La señora Marcelina se quedo viuda aquel día, y mi madre como buena vecina se acerco para velar junto a ella a su marido. Asi fue como nos quedamos solos, solos con aquel calor, ni mis hermanos pequeños, ni el pudor pudieron parar aquel ciclón de sensaciones, nos buscamos, nos encontramos, y desde luego yo inconsciente de las contraindicaciones me tome todo el bote de medicamento de golpe, pues no sabia ya desde hacia días con que tratar el mal que padecía, y entre sus brazos perdí la noción de la realidad, me deje llevar por aquella fuerza, fuerza tan intensa que perdurara con el paso del tiempo. Mentira, todo mentira, ni bajo sus brazos, calme aquel desazón, mientras más me buscaba, más me abrazaba, más me quemaba. Desde aquel día, solo existieron excusas, excusas que dábamos a padre, nos encontrábamos, nos besábamos y nos amábamos. En el amor y en la guerra todo vale. Y llego el día, día que yo tenia olvidado. Aquella tarde, regrese de por unas compras que me mando madre, cuando llegue la maleta yacía sobre mi cama, como si me clavasen un puñal, un puñal ya vaticinado, ¡Que horror! Me marcho a un colegio mayor, que desgracia mayor que aquella, pues mi mente ya a un lado, había dejado paso al corazón, y no quería dejar a Iñaqui, no tenia tiempo para pensar, que tendría que pensar, si lo hubiera pensando antes tu no estarías aquí. No tenía salida, padre lo tenía todo hablado, yo iría a Guipúzcoa, me encargaría de la biblioteca del colegio mayor, y con eso pagaría mi estancia y todo lo que pudiera hacer a partir de ese punto era responsabilidad mía. No pondría estar mejor acompañada, que por los decanos de la Universidad, por los futuros médicos, abogados, gente toda tan de bien. Con lo que me costo convencerle de mi destino, ahora quería otro, quería a Iñaqui, no soportaría vivir sin el. Ilusa si ya lo sabia por que me deje llevar por la corriente, ¿cómo retractarme? Esa noche sin ganas, sin ilusión, me retire pronto a mi dormitorio, padre pensó que eran los nervios, e Iñaqui permanecía con la mirada baja, no quería enfrentarse a mi, y no lo hizo en ese momento, espero a que todos durmieran, bien sabia que yo no lo hacia, yo, lloraba, y lloraba, mis ilusiones, mis sueños, se tornaron en una cadena perpetua que tenia que cumplir, pensaba que Dios me castigaba por vanidad, por orgullo, por egoísmo, tienes la oportunidad que muchas mujeres no tienen, pues no tendrás lo que muchas mujeres tienen. Que injusta pensaba que era en aquel entonces la vida, y claro que lo es, pero contra eso no se puede hacer nada, debes temer lo que deseas, pues en algunas ocasiones se cumple, y no siempre es para bien. Y cual era el inconveniente, me dirás nieta, pues no es otro que no le vería en muchos, pero muchos meses, antes las distancias no eran tan cortas como hoy, el desplazamiento era costoso y problemático, y quien marchaba tardaba en volver. Y la comunicación, no había teléfono, y la posibilidad del correo, nula, nieta, completamente nula, de todo lo que sabia yo el carecía. Dieron las tres de la mañana, y como no podía dormir salí fuera, a mi prado, a mi querido prado, allí tumbada viendo las estrellas, sin poder pensar, apareció el, ni un reproche, ni una mala contestación, sus palabras solo de animo no me consolaron, -Mira Mina, yo no se ni leer, ni escribir, tu eres una mujer ilustrada, tienes el deber como me has dicho tantas veces de sembrar eso que dices. -Precedente Iñaqui, de sembrar precedente, pero yo no quiero sembrar ahora nada, yo solo te quiero a ti, -Y yo a ti Mina, pero no podría vivir pensando que le quite las alas a una paloma que sirve para volar, tu no eres ave de corral. Eres más como un halcón o una golondrina. -Iñaqui, yo no voy a poder vivir sin ti, no conseguiré olvidarte. Como recuerdo esos momentos, gravados a fuego en mi mente y mi corazón, pasó el tiempo, y volvimos después de fundir una vez más nuestra pasión a casa para seguir manteniendo en secreto nuestro idilio. Otro gran error. Y me fui, me fui a Guipúzcoa, no se estaba mal, yo no acostumbrada a una gran ciudad, todo me asombraba, todo me llamaba la atención, con los nervios, los buenos propósitos, me centre en mi destino de nuevo, y rodeada de hombres eruditos, con respeto y educación pase aquellos meses hasta Diciembre, llegaban las navidades, y las ganas de llegar a casa se hacían incipientes, contaba las horas, los días, contaba los segundos. Pero llego el día, y regrese, yo pensaba que era la misma, pero no, cambie, cambie una vez más, volví como una verdadera señorita, ya no me apetecía correr, perdí todo el color del campo, mi refinamiento fue tal que impresione a mis padres, y no te quiero contar que impresión se llevo Iñaqui. Cuando llegué al pueblo, todo el mundo me miraba, ya note algo extraño porque susurraban a mis espaldas, no queriendo dar importancia, pues en Guipúzcoa nadie se fijaba en nadie, era ciudad industrial en pleno apogeo y su vaivén frenético ni se asemejaba a las fiestas del pueblo. Asi que no le dí la menor importancia, me arremangue el vestido, cogí mi maleta y me puse andar por el camino embarrado hasta casa, claro que para no mancharme el vestido, lo alcé bastante, cosa que escandalizo a los hombres, ¿Quién es? ¿Dónde ira?, por favor si me conocían todos, como eran capaces de no reconocerme. Si que había cambiado, solo unos meses antes, hubiese corrido hasta casa, sin parar, como alma que lleva el diablo, y ahora paso a paso, sin quererme ensuciar, cuidando las formas, con esmero en las maneras, y todo esto sin proponérmelo sucedía con naturalidad. Atardecía, no serian pues más de la cinco de la tarde cuando me encontré en la puerta de casa, ya nadie se encontraba fuera y llame, pues intente abrirla y no hubo forma, asi que cerré mi puño y repique varias veces, fue la voz de mi padre la que escuche. - ¡Ya va! ¡Ya va! Me puse nerviosa, las piernas me temblaban, era la primera vez, que para entrar en mí casa tenia que llamar, eso también había cambiado. Cuando padre abrió la puerta y me vio, se quedo petrificado, con la boca abierta, y la mano en la cara no supo que decir por unos instantes, luego si, me abrazo con fuerza, me hizo pasar y grito. - Es Mina, ¡Mina ha vuelto! Me zarandeo, me volteo, su sorpresa al verme, era más que latente. -Hija como has cambiado, ahora si que eres toda una señorita, que guapa estas. Mi madre permanecía al lado de la puerta de la cocina, con el mandil, y el cazo sujeto por sus manos, como si llevase una daga entre las manos, sus ojos llorosos, contaban otras sensaciones, ella espero que yo fuese a su encuentro, no sabia que estaba delante de su hija, no enfrente de una desconocida. -Madre soy yo, no me da un beso. Me acerque a besarla, y en ese acto note que estaba de nuevo en estado, la toque el vientre, la mire con ternura y la volví a besar. -Madre otra vez esperamos familia, ¿para cuando? -Para primavera hija, para primavera seremos uno más. La verdad que mi hermano Servio, fue el último en llegar, mis padres después de que yo nací tardaron mucho en volver a tener familia, a los doce años de edad llego Francisco, a los dos años de Francisco vino Jacinto, y era Jacinto el niño que andaba en la cuna cuando yo fui al colegio mayor cuando encargaron a Servio. Tres varones y una hembra tuvo mi madre. Ella decía que antes de nacer yo perdió a dos varones más que murieron por unos fríos. El caso paradoja de la vida, mi madre en estado, y yo con un camino que parecía diferente, la pobre corrió a por mi maleta, como si ella fuese mi criada, claro que no consentí, también había madurado mucho, tantos meses fuera de casa, y por primera vez, te cambian mucho. -¡Madre no! La pobre soltó la maleta como si hubiese hecho algo malo, me di cuenta al instante, la volví a abrazar. -No madre, ya lo hago yo, usted ya tiene bastante, y yo tengo fuerzas para esto y para un poco más. Sus ojos ya no expresaban nada, pero nada de nada, se dio la vuelta y prosiguió en la cocina. -No sabia que venias hija, si lo hubiera sabido habría preparado algo más de cena. -No te preocupes madre, yo tampoco lo supe hasta última hora. Buscaba mientras actuaba con la mayor naturalidad posible a Iñaqui, pero no le veía, los nervios se apoderaban poco a poco de mi, ¿dónde estaba?, a mi padre se le veía contento, mis hermanos a su lado jugaban en el suelo cerca de la chimenea. -Padre si no le importa, me voy a poner algo más cómoda y a refrescarme del viaje. -Como quieras hija, no tardes estoy ansioso por conocer todos los detalles de tu estancia en el colegio mayor, desde luego han hecho maravillas, ya no eres la niña revoltosa del verano, has venido hecha toda una mujer y una señorita. Los nervios se arrojaban a mis piernas, como si fuesen perros rabiosos, Haber si con tanto cambio Iñaqui ya no estaba aquí. Pero no era cierto, salí fuera a por agua, aun vestida de calle, cuando arroje el cubo al pozo unas manos fuertes agarraron con migo la cuerda, fue entonces cuando los nervios pudieron con migo, perdí las fuerzas, y mis piernas perdieron estabilidad, Iñaqui pensando que me desmayaba me cogió por la cintura soltando la guía del cubo, y yo pensé que me caía asi que también la solté, cayendo el cubo al fondo del pozo y yo en sus brazos, me recogió como si recogiera una pluma del cielo, con tal delicadeza, con tal dulzura, que fue entonces cuando volvieron a mi todos y cada uno de los sentimientos que parecían haberse desvanecido, embarazos me entro en casa, yo ni rechiste me agarre a su cuello, como si hiciese falta alguna, y no aparte la mirada ni un segundo de sus ojos, notaba como su corazón bailaba con el mió, parecía que a ambos se nos saldrían de los pechos, latían con tal fuerza y al unísono como si un ejercito de caballería entrase en encrucijada. Padre se asusto, al ver aquel cuadro. -¡Pero que le paso a la niña! Esta blanca, blanca como la cal, pero hija, hija. Nervioso corrió detrás de Iñaqui, que como si de un tesoro se tratase, no me soltaba, y yo tampoco a el. Me dejo en la cama. No tuve más remedio que calmar los nervios de todos, pues madre también se asusto. -No os preocupéis, es que no dormí bien, con las ganas de llegar tampoco pude comer, y he debido flojear, al verme en casa con los míos, gracias a Dios que estaba Iñaqui llegando, si no caigo al suelo o dentro del pozo quien sabe. -Lo ves hija, tu te envalentonas con tu madre, y ya quisieras tener tu la fuerza que ella tiene, tu eres diferente, ahora descansa, ya te trae Iñaqui el agua templada para el aseo. Como podría mi padre vejar a si a mi madre, dejándola en ese lugar, casi la compara con un burro de carga, lo que no supo reconocer mi padre es que pudieron más mis nervios que mis fuerzas, tantos días soñando con sus brazos, que cuando los encontré casi me muero. Mimos, mimos y mimos, solo tuve esos, los quince días que pase en casa, Iñaqui ni acercarse, y hacia tanto frió en la pradera que los encuentros se propusieron negarse, como los días de sol, y asi me fui, sin más, sin rechistar de nuevo a Guipúzcoa. Retome mis estudios, me sentía naufraga en la vida, y como si de una balsa se tratase para no sufrir, trabajaba y estudiaba, ni percatarme de los presentes en el colegio, a pesar de que no había muchas mujeres, yo parecía un alma viviente, y no se fijaban en mi persona, ni yo en la de ellos, como crisálidas fui transformándome lentamente, llegando la primavera el decano de Historia tuvo la osadía de invitarme a un acontecimiento familiar, triste suceso, como me iba a imaginar yo , que Iñaqui iría a Guipúzcoa a informarme del nacimiento de Servio, para indicarme que regresara a casa pues mi madre no se encontraba del todo bien. Todo el invierno guardando sus espaldas y para una ocasión que no lo hago aparaceré en el colegio. Al no dar con migo allí, teniendo las indicaciones encuentra del bedel, se fue corriendo a casa del decano, y espero, espero pues por su indumentaria no le dejaron entrar, y miro, y curioseo hasta ver mi comportamiento, y seguro sufrió, pues era yo tan cercana y tan inalcanzable como una estrella en el cielo, llevaría como tres cuartos de hora esperando cuando alguien se acerco al decano. -Hay un muchacho que pregunta por la Señorita Carmina Sanchis, dice que es urgente. Al percatarme de mi nombre y de la situación me acerque, cual fue mi sorpresa. - ¡Iñaqui! Ante el acontecimiento, me disculpe ante el decano, y los invitados, salimos de su finca presurosos, pero no habíamos llegado a la gran verja de entrada, cuando me llamo. - ¡Señorita Carmina! No se puede ir, sin decirme cual es el suceso que la apresura tanto, y si puedo prestarle ante el algún tipo de ayuda. Mire a Iñaqui, pues aun no sabia del porque de su presencia. Chico listo como era, sin querer dejarme en mal lugar contesto. -Su padre me manda buscarla, para que regrese a casa cuanto antes, la buena noticia es que su madre le dio un hermano nuevo, bien sano, pero ella no se encuentra bien, y reclama su atención. -Dios mió, y como le han tenido ante tal acontecimiento esperando en el recibidor. Esto no tiene perdón, ahora mismo, para paliar este desavisado, le busco un coche y le lleva señorita Carmina hasta su familia, que ¿vive? -Mi familia vive en una casita de campo en Ajo, Santander. -Pues ya esta dicho, ahora busco voluntario para ese viaje, pasen de nuevo, le daremos al sirviente algo de beber y de comer, que al muchacho se le ve cansado. Pobre Iñaqui lo que le faltaba por oír, yo me alejaba como un tren expreso de su acceso, lo que el no sabia que eso a mi me importaba poco, no quise dejarle solo, pero me fue imposible, a el le metieron en cocina, y a mi me llevaron a un saloncito pequeño, El decano fuera en el jardín hablo con unos muchachos, no tardo mucho en entrar con la solución. -Señorita Carmina, le presento al Ingeniero Eduardo de Monte-Real y García, su padre es embajador Español en Sudamérica, propietario de algunos astilleros sitos en esta ciudad, y con algunos negocios en la bahía de Santander, tenia que viajar en breve para zanjar algunos asuntos comerciales, y no duda en avanzar la fecha para que a usted no le resulte gravoso el ofrecimiento. Virgen del amor, como me veía yo en ese berenjenal, mi familia era humilde, y me reconocían y me trataban como dama de corte, era un hecho real, yo ya no era una niña de campo. -Muchas gracias, pero yo no quisiera ser la molestia de tal apresuramiento. -No, lo hago del todo encantado, me dijo el Decano, que vive usted en el colegio Mayor, me gustan las mujeres osadas, que deciden que hacer con su vida, esta dicho le pasó a buscar en una hora, le parece tiempo suficiente. Besándome el haz de mi mano, sello el trato, asentí con la cabeza, no estaba en lugar de desestimar la ofrenda. -Pues bien le diré a mi cochero que os acerque para que te de tiempo a preparar lo necesario. Iñaqui ni palabra dijo mientras nos trasladaban al colegio mayor, y una vez allí, no tuvo más remedio que esperar en los jardines, no le permitían el paso. Eduardo fue puntual como un reloj de precisión suizo, Una hora ni un minuto mas ni un minuto menos, toco el claxon un par de veces, interrumpiendo el silencio de la entrada al colegio, juventud escandalosa. Encaminando mis pasos hacia el vehiculo, vi como Eduardo salía del coche y reprendía a Iñaqui. -Como permites, que cargue la señorita con las maletas, ve y llévalas al coche. Me quede de piedra, pobre Iñaqui, esto que sucedía se le hacia tan grande como a mi, sin ni siquiera rechistar hizo lo propuesto recogió los bultos y los llevo al coche, un Maxwell de color azul, realmente bonito. Mientras colocaba Iñaqui las maletas, Eduardo me condujo hasta el vehiculo, me abrió la puerta, y una vez sentada, ordeno el equipaje nuevamente, y se sentó delante del volante, estupefacta le dije. - y ¿él? - No se preocupe, que vuelva como vino. Mi rostro debió de se una Biblia escrita, pues no arranco el vehiculo, se bajo, saco una billetera del bolsillo interior de su chaqueta y le entrego unos billetes. - Vuelve a casa, con este dinero cubrirás los gastos. No podía permitir que eso pasara, asi que reaccione instantáneamente. Baje del coche los más deprisa que pude. - Eduardo, si no le importa, prefiero que venga con nosotros, he de preguntarle algunas cosas, no hemos podido hablar, y me quedaría más tranquila si nos acompañara ¿comprende? Eduardo me miro con ternura, tomo mis manos con las suyas. - Es cierto que desconsiderado por mi parte, usted y yo apenas nos conocemos, y seria una osadía por mi parte emprender un viaje asi, sin la presentación de la familia. Perdóneme una vez más, las cosas han de hacerse bien. Tiene razón. Pues que venga con nosotros si asi usted viaja más tranquila, aunque le aseguro que no es mi intención hacerle ningún daño. Mi mente reacciono ágil, aprovechando la inversión que tomaron los acontecimientos, calle de nuevo, asentí con la cabeza, era mejor no dar ni detalles ni explicaciones. Libere mis maños con un gesto sencillo, volviendo sobre mis pasos subí al coche no me dio tiempo cuando Eduardo nuevamente cerro la puerta de mi lado. Ya estábamos todos situados, Iñaqui en los asientos traseros, compartiendo sitio con el equipaje, Eduardo en el volante, y ahora si emprendimos viaje, recuerdo que los primeros minutos fueron tan densos como el aceite, Iñaqui no me quitaba ojo, me di cuenta perfectamente por que de manera disimulada lo verificaba por el espejo de mi polvera, instrumento que me pareció tonto hasta ese momento, su mirada agonizaba de rabia e ironía. Iñaqui no tardo mucho en darse cuenta de mi gesto y para paliar mi ansiedad, y castígarme por los acontecimientos, levanto la visera de la gorrilla que llevaba y la coloco a modo de toldete en posición de me voy a dormir y ni me mires. Como lo entendí a la perfección, cerré mi polvera, la guarde en el bolso de mano y suspire. -Tranquilícese Carmina, seguro que su madre esta mejorando, y cuando lleguemos no la encontrara tan mal como usted se imagina. Pero dígame ¿Qué estudia en la Universidad? Quería entablar conversación, y yo no quería más que abrazar a Iñaqui, contarle que yo era la misma, mi mente era un torbellino de nervios, y ni le había escuchado, asi que volvió a insistir. - ¿Es asi de callada? O es que le parece impropio que le hable sin más. Reaccione en esta ocasión. - No, disculpe, mis pensamientos estaban lejos, tan lejos que no preste atención a sus palabras. ¿Me pregunto? - ¿Qué que estudia usted? -Aprovechare su pregunta para desenmascarar este entuerto en el que me veo envuelta. Soy la Bibliotecaria, y los conocimientos que adquiero no son otros que los solicitados por las tutorías de la universidad o las pequeñas ayudas que proporciono a los Decanos en la preparación de sus clases. Eduardo sonrió, no me dejo terminar la explicación. -No se preocupe en situarme, ya lo hizo el Decano, además yo conozco a su familia y por eso tuve la osadía de ofrecerme. Perpleja ahora si que estaba del todo perpleja, no comprendía nada de nada. -Pero ¿Cómo? Volvió a no dejarme terminar la frase. -Permítame encauzarle en su desazón, Mi tío crió a su padre, ha sido el Decano quien me puso en conocimiento de la historia, pues es con él con quien su padre se puso en contacto para que usted estuviese protegida en el Colegio Mayor, y los contactos que el padre de usted utilizo, fueron el nombre de mi familia, por lo tanto, y aunque usted no lo crea en cierto modo estoy en la obligación moral de prestarle este auxilio aun sin pedirlo. - Ya que fue su padre participe de los pocos y felices años que mi primo paso en este mundo, y se muy bien donde esta su casa, pues fue mi padre quien se la cedió al suyo en agradecimiento por esos momentos. Esto cada vez se complicaba más y más, .Pero nada me cuadraba, si el era hombre joven, por lo menos en apariencia, mucho más joven que mi padre. - Le diré para su tranquilidad, que su padre y yo, no tenemos el placer de conocernos, bueno de conocernos si, pero no de reconocernos, tenia yo días de vida cuando su padre dejo la casa familiar de Guipúzcoa, de eso ya va hacer ya cerca de treinta años. Ahora si, organizándome en el tiempo cuadraba un poco más su historia. -También le digo que la última vez que estuve en esa casa tenia yo la corta edad de cinco o seis años, fue antes de morir mi padre y después de morir mi tío. Usted claro no había venido al mundo, estoy seguro de que si fuera asi la recordaría, pero no su padre no tenía familia aun. -Pero mi padre no estaba casado en esos tiempos. -No desde luego que no, el hecho es que tardo en encontrar esposa, paso unos años allí solo, pues el grato acontecimiento sucedió teniendo yo ya los diez año, lo recuerdo perfectamente por que mi madre fue a comprar el regalo de bodas con migo estando en Paris. - ¡claro! La cheslón del dormitorio de mis padres fue el regalo de su madre. - En efecto, ¿aún la conserva? - Desde luego, mi madre la mima como si fuese de oro. - Ve, por lo que no ha de temer nada malo de mi persona, somos conocidos aunque no tengamos el placer de conocernos. Bueno este baile en los acontecimientos, me dejaba algo más relajada, desde luego no tendría que dar explicaciones de mi vida, por lo menos de forma detallada. Ahora si podría puntualizar la relación que tenía con Iñaqui, por lo menos el trasfondo familiar, y todo volvería a la normalidad.