Edwinjohnny
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Serendipia es un hallazgo inesperado donde encontramos aquello que no estábamos buscando. Quizá a cualquiera de ustedes, les parezca demasiada mala suerte, coincidencia, o posiblemente vivieron algo parecido. Si alguna vez se salvaron de sufrir algún grave accidente o morir. Pues seguramente dirán, no es nada extraño, a cualquiera le puede pasar que se salve de algo así. Y hasta yo mismo podría decir, si, nada de raro hay en eso. Sin embargo salvarse, dos veces o tres veces, podría ser más inquietante, ahora imagínense que se logran salvar cuatro veces de no estar más en este mundo. Las posibilidades de que sucedan cosas son infinitas, podemos decidir, irnos antes de la cena, fiesta, cumpleaños, o quedarnos a dormir en casa de un amigo, conocido, familiar. Decidir dormir mientras viajamos o quedarnos despiertos, sentarse junto a la ventana o no. Irnos con aquel compañero que se encuentra en estado de ebriedad, pues dice no pasa nada. O irnos por nuestra cuenta en automóvil, taxi. Comprar una moto o un automóvil Decidir cruzar cuando el semáforo está en amarillo o esperar el rojo o verde. Siempre decidimos. Mientras cruzaba la calle escuche un gran golpe, luego las luces aparecieron, y me veía levantando una moto, para salvar a una mujer que se encontraba debajo de ella. Había sufrido un traumatismo craneoencefálico, con otorragia, preámbulo de muerte. Repetía las imágenes en mi mente una y otra vez, no soy fornido, ni corpulento para poder levantar peso alguno. Normalmente no realizo actividades peligrosas, llevo una vida tranquila, acompañado de la lectura, la brisa de la tarde y el agua aromática de cedrón, que como raptor se lleva los pesares del alma. No suelo perder la calma con facilidad, el licor, no es de mi preferencia, el humo del cigarro no es mi elección, las fiestas no son lo mío al menos no por iniciativa propia. Cuido cada palabra que sale de mi boca. Sin embargo en este suceso, me intereso más salvaguardar el bienestar de aquella mujer, que había sufrido el accidente. Que velar por mí, durante esos segundos no existió egoísmo, la adrenalina fluía a borbotones, mis sentidos estaban exacerbados, escuchaba los mínimos sonidos, los pasos de curiosos que se acercaban presurosos a ver lo sucedido. Veía los colores de aquella moto, destrozada, sentía en mí el respirar del viento, se detuvo el tiempo. No perdí el aliento, me sentí contento de ayudar. Un gran bienestar. No era sueño, ni ilusión o fantasía, estaba sucediendo a plena luz del día. Unos centímetros faltaron para que sea yo la persona a la que tendrían que velar y acompañar al sepelio. Pues las luces que vi cerca de mis ojos, eran despojos de aquella moto que a toda velocidad se fue a estrellar contra el pavimento. No es la primera vez que me pasa, que me salvo de las sombras de la parca Situación similar la padecí, lástima que recuerdos los perdí, tengo fragmentos, flashes, de cómo era arrastrado por la calle, por un automóvil, manejado por un individuo enajenado de conciencia, los golpes, moretones y dolores fueron mi certeza que lo que viví no eran ideas en mi cabeza. Por varios metros fui arrastrado por un vehículo, desbordado, el responsable fugo, airado, como brisa que tiene prisa. Sin embargo la sonrisa en mi ser, aquella situación no pudo detener. He visto la bruma que aparece cuando todo se oscurece, era marzo me parece, cuando una situación disruptiva me aconteció, no recuerdo como sucedió, pues mi cabeza se golpeó contra aquellas gradas que miraban a la calle. Recuerdo, luces blancas acompañarme, de antiguas lámparas que resplandecían lentamente. Escuchaba zumbidos en mis oídos y adolorido me encontraba, estaba viendo la otra cama en la que alguien herido esperaba, tenía fracturas por doquier, me vio a los ojos, las miradas se cruzaron, me pidió “agua amigo”, por favor, me sentí impotente, solo pude decir no puedo levantarme, perdóname, y luego él, falleció. A veces mi vida parece una historia escrita por algún guionista surrealista, no entiendo porque de entre todas las personas, me toco a mi vivir esta existencia, llena de experiencias disruptivas, claro no generalizo, pero algunas de ellas no han sido positivas. He dedicado mi vida al menos los últimos años, de mis seis lustros a servir a los demás, sin redito alguno, siento que no existe mayor amor, que el que se da por los demás. He conocido personas maravillosas, cada una un mundo, divertidas, serias, serenas, impulsivas, decididas, introvertidas, mitómanas, duplicistas, artistas, pintores, poetas, cantores. Cada uno ha servido de experiencia a mi denominada existencia. En mi etapa de infancia, recuerdo con añoranza, aquellos bellos momentos en los que un parque simple, con columpios, era tesoro valioso. Claramente tengo presente en mente, que en aquel pizarrón de tiza, me dijeron imperativamente, que la vida era una meta, que lo consigue aquel que no se queda con la maleta de sueños, que con empeño, dedicación, confianza, lograría alcanzar la denominada felicidad. Fueron años, de intentos fallidos, la felicidad era estrella distante, lejana, enajenada de la realidad. Pensé mucho tiempo que era falacia, alcanzable para los de la llamada alta sociedad. Sin embargo el tiempo lentamente fue avanzando, y aprendí que la gente rica, sufre más, pues en su afán de conquistar las olas, se olvidan del mar. Están tan contentos atrapando aire en sus frascos de desolación, (no soledad) en esto se debe tener precaución. La desolación es condición del que por buscar piedras en la playa, pierde las perlas en la marea. Del que aunque vea el mundo, no lo percibe, solo concibe aquello que desea alcanzar, son como peces, que no saben que están en el mar. Me acostumbrado hablar, decir lo que siento, ahora, que lo pienso lo conseguí olvidando los condicionamientos, o sea los conocimientos caducos, de personas que en algún momento en afán de ayudar, colaboraron para que la mente se distorsione, claro, que lo hicieron sin intención de dañar, solo repetían, lo que les dijeron también. Eran viejos programas mentales, por llamarlos de alguna manera, pues las personas algunas de ellas, ascendían como palmeras y caían como cocos, en sus acciones, si no me equivoco, las frases eran la letra sangrienta dura más que las brisas de calma. Con esas ideas calaron el alma de aquellos seres que solo deseaban vivir el momento. Cosa que por el momento es posible, aunque parezca intangible, inefable, es esperable que el silencio nos hable. Gracias por leerme Es la primera vez que lo hago. Las imágenes no son de mi autoría.