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Primer post: 12 ago 2009Último post: 27 ago 2009
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¿Por qué escribir bien?
InfoporAnónimo8/12/2009

¿Por qué escribir Bien? Hace tiempo que me vengo preguntando esto, como posible planteamiento de aquellas personas que se dedican a destrozar el idioma. Es que es casi imposible en la sociedad en que vivimos verse rodeados de textos que devastan y deforman nuestra escritura a punto tal de volverla ilegible para muchos de nosotros, al menos en una primera lectura. Vemos a diario en muchos medios como nuestro rico idioma es convertido en un lenguaje que debemos descifrar, al romperse todas las estructuras de la escritura en castellano. Así que como un humilde aporte, decidimos volcar esta nota en nuestro blog, quizás como un llamado de atención para que nuestros lectores puedan convertirse en “guardianes” de nuestro idioma en el mundo que nos rodea. Planteado lo anterior, alguien siguiendo su lógica podría preguntarse ¿por qué debemos escribir bien? ¿Por qué debemos basar nuestra escritura en reglas previamente establecidas? Pues a nuestro entender la respuesta es muy sencilla, simplemente para lograr una eficaz comunicación entre la persona que escribe y aquella que lee lo escrito. Que nuestro idioma posea reglas que todos debemos cumplir, permite que todos aquellos que se precien de manejar nuestro idioma, puedan interpretar de manera correcta y sin lugar a dudas lo que la persona que escribe quiso poner. ¿No es el objetivo de nuestro idioma el lograr una perfecta comunicación entre dos interlocutores? Y ¿No es mejor idioma aquel que permite que las ideas sean expresadas sin que se corra el mínimo riesgo de una doble interpretación de lo escrito? Pues para poder lograr todo esto, ambos interlocutores deben apegarse a las mismas reglas para lograr una comunicación fluida y una correcta interpretación de las ideas. De lo contrario si cada uno impusiera sus propias reglas, nuestro lenguaje quedaría reducido a un conjunto de dialectos capaces solamente de ser interpretados por quienes los utilizan a diario. No existe necesidad de involucionar en este campo, si la evolución del hombre apunta a lograr desde su inicio una mejor comunicación con sus pares y de hecho es esto en muchos casos lo que lo hace sobrevivir ¿por qué en lugar de trabajar en pos de un lenguaje más rico? Permitimos que se desarme sin piedad por la inserción de nuevos términos y formas de escribir, que rompen con todas las reglas. Tampoco se trata de lograr que todo miembro de nuestra sociedad se vuelva un erudito del lenguaje, y menos que menos en ámbitos en los cuales pueden permitirse ciertas excepciones (léase mensajes de texto o mensajeros instantáneos). Pero sí que nuestros jóvenes y todos los integrantes de la sociedad tenga una fuerte formación y conocimiento del lenguaje que lo identifica para logar de esta manera mejor comunicación con sus pares; y por medio de una mejor comunicación lograremos un mejor entendimiento y así menor cantidad de problemas sociales. Esto último que quizás a muchos les parezca una extrema simplificación, es en realidad una de las bases de nuestra problemática social actual: la falta de comunicación. Pero… ¿qué hacemos para mejorar esto? Porque no es cuestión solo de elevar una crítica que caiga en saco roto. Existen múltiples estrategias que pueden aplicarse para lograr un enriquecimiento de nuestro idioma y un adecuado manejo del mismo por todos los integrantes de la sociedad. Quizás este sea tema a parte de una futura nota. Pero como un adelanto podemos plantear el tema de la lectura desde edades tempranas, dentro y fuera del ámbito escolar de libros adecuados para cada edad. Así la lectura frecuente permite a la persona la no solo la fijación visual de la ortografía de las palabras, sino también la asimiliación de su significado contextual. Es tarea de todos preservar nuestro idioma, acercándonos a la lectura y cuidando que nuestros jóvenes empleen nuestro idioma con el respeto que se merece

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El Origen de las Vacunas. Viruela
Salud BienestarporAnónimo8/27/2009

Los historiadores calculan que la viruela apareció por primera vez en el momento en que el hombre realizó sus primeros asentamientos agrícolas, hace unos 10.000 años. La primera prueba tangible de su existencia provino de momias egipcias pertenecientes a la XVIII dinastía (1580-1350 antes de Cristo) y la del Faraón Ramsés V (1157 A.C.). Sin embargo, las primeras descripciones conocidas de la enfermedad no se realizaron hasta el siglo IV D.C. en China y el siglo X D.C. en el sudeste asiático. La viruela no se importó a Occidente hasta el siglo XVI. Luego siguieron epidemias catastróficas que literalmente diezmaron las tribus de indígenas americanos y aniquilaron los imperios azteca e inca. La viruela se había convertido en una enfermedad mundial. En Asia, donde era prevalente la variola mayor, las tasas de mortalidad promedio eran del 20%, pero se elevaban al 40% o al 50% en niños menores de un año. En Europa, a fines del siglo XVIII, unas 400.000 personas sucumbían por viruela cada año, y un tercio de los sobrevivientes quedaban ciegos. No menos de cinco reyes murieron de viruela en el siglo XVIII, enfermedad que alteró la línea de sucesión de los Habsburgo cuatro veces en cuatro generaciones. Hacia fines del siglo XIX, las únicas epidemias conocidas de viruela eran de variola mayor. La variola menor se describió por primera vez en Sudáfrica y los Estados Unidos. Se volvió la forma más prevalente de la enfermedad en todos los Estados Unidos, en ciertas regiones de Sudamérica y en Europa, así como en ciertas regiones del este y sur de África. En los siglos recientes, la viruela se convirtió en una de las enfermedades más temidas, dado que podía atacar en cualquier lugar y no existía un tratamiento efectivo. A diferencia de la malaria y la fiebre amarilla, la viruela no requería de un vector, y podían desatarse epidemias en cualquier momento, independientemente de la estación del año. Además, las mejoras en los servicios sanitarios y las condiciones de vida, que tenían un efecto positivo sobre la incidencia del cólera y la fiebre tifoidea, no tenían tal efecto sobre la viruela. En Gran Bretaña, la observación de que los ayudantes de establo y las ordeñadoras eran en apariencia inmunes a la viruela se atribuyó por lo general a la exposición anterior a la vaccinia. Esta enfermedad, conocida comúnmente como viruela vacuna, es una enfermedad infecciosa caracterizada por la erupción de un rash pustular en vacas que causa sólo síntomas de poca importancia y lesiones cutáneas en el hombre. Edward Jenner, un boticario y cirujano de Berkeley, ubicado en el condado rural de Gloucestershire, había notado que los que habían sufrido previamente viruela vacuna demostraban resistencia cuando se exponían a la viruela, y que esta protección podía extenderse hasta 53 años. Con la ayuda de su sobrino, Henry Jenner, recopiló datos epidemiológicos de 28 individuos, los que proporcionaron la evidencia para fundamentar su hipótesis de que la inoculación con viruela vacuna podía prestar un servicio enorme a la humanidad. El 14 de mayo de 1796, tres días antes de cumplir 47 años, Jenner comenzó un experimento crucial. Extrajo pus de una pústula de la mano de Sarah Nelmes, una ordeñadora que había contraído viruela vacuna de su vaca lechera "Blossom", e inoculó a James Phipps, un niño saludable de 8 años, mediante dos incisiones superficiales. El niño desarrolló una leve enfermedad entre el 7º y el 9º día. Se formó una vesícula en los puntos de inoculación, que desapareció sin la menor complicación. El 1º de julio, se inoculó al niño con la temida viruela mediante varios pinchazos e incisiones leves, pero no se enfermó. Jenner publicó sus resultados en 1798 a su propio costo, en una monografía hoy famosa titulada: "Investigación de las causas y efectos de la vacuna antivariólica". Al hacerlo, acuñó el nombre en latín para la viruela vacuna, variolae vaccine. En todas sus publicaciones, Edward Jenner utilizó el término "vaccine" (vacuna) para el virus y la enfermedad, sin emplear jamás la palabra "vacunación". Este término fue utilizado por primera vez en 1800 por Richard Dunning, un cirujano de Plymouth, con la aprobación de Jenner. Luego, la palabra sería adoptada por Louis Pasteur. En 1881, Pasteur empleó por primera vez la palabra "vacuna" en sentido general ("Le vaccin du charbon, Comptes rendus de l'Academie des Sciences de Paris" y propuso que se emplearan las palabras "vacuna" y "vacunación" como términos generales durante una conferencia internacional en Londres. La vacunación se introdujo en las colonias españolas del Nuevo Mundo mediante transfusiones de brazo a brazo entre niños huérfanos. En cinco años, la monografía "Investigación ..." de Jenner se tradujo a otros seis idiomas: holandés, francés, alemán, italiano, portugués y latín. Poco a poco la vacunación reemplazó a la variolación (inoculación de un sujeto sano con una aguja que penetra la piel con una pequeña cantidad de pus obtenido de un sujeto infectado con una forma benigna de viruela, dejando grandes espacios de piel sana entre pústulas), que fue prohibida en Gran Bretaña en 1840. La vacunación de niños pequeños contra la viruela fue obligatoria en 1853, y se prohibió la vacunación de brazo a brazo en 1898. En la época de Jenner, la vacunación se practicaba en Gran Bretaña por transfusión de brazo a brazo, a diferencia de lo que se hacía en el resto de Europa. Se descubrió que la vacuna se podía transferir sucesivamente de un individuo a otro sin perder sus propiedades. La Conferencia de Lyon de 1864 marcó el comienzo de la producción masiva de la vacuna contra la viruela cultivada en cuero de ternero, método iniciado a principios del siglo XIX por investigadores italianos. La vacuna se formulaba en base a pústulas que se formaban luego de inocular al ternero en varios lugares. El extracto luego se molía en un mortero y se suspendía en glicerina. No fue sino hasta 1925 que se adoptaron reglamentaciones sobre calidad de las vacunas en Gran Bretaña o en cualquier otro país. A principios de la década de 1950, Collier finalmente desarrolló un método para producir una vacuna liofilizada activa en escala comercial. Este desarrollo persuadió al Director General de la OMS de que propusiera un programa de erradicación global de la viruela en 1953. Su decisión se vio motivada por el hecho de que la URSS había eliminado con éxito la viruela en los 50 mediante una campaña de vacunación y revacunación masiva obligatoria que logró una tasa de cobertura por vacuna superior al 80%. La decisión de organizar campañas de vacunación masivas contra la viruela fue tomada por la Asamblea Mundial de la Salud en 1959. Esta iniciativa trajo aparejada la eliminación de la viruela en varios de los países endémicos menores, pero hacia 1965 quedó claro que se necesitaba un programa mucho más amplio e intensivo. Esto marcó el inicio del famoso Programa Intensificado de Erradicación de la Viruela, que se basó en dos elementos para su éxito: un abastecimiento adecuado de vacuna de alta calidad, seguido de supervisión y contención. Durante este período, la OMS distribuyó 465 millones de dosis de vacuna en 27 países. Cada año de 1967 a 1979, la OMS despachó entre 15 y 45 millones de dosis de vacuna a los países endémicos. Antes de 1967, la vacunación se realizaba mediante un método de escarificación o una técnica de presión múltiple. El Programa Intensificado brindó la oportunidad de desarrollar nuevos métodos. Primero llegó la pistola de inyección, y luego la aguja bifurcada mucho más efectiva que aplicaba una única dosis de vacuna. Luego de sumergir las agujas en un vial de vacuna reconstituida, la dosis se depositaba sobre la piel y se realizaban 15 pinchazos verticales a través de la gota. Fuente: http://www.revistamedica.8m.com/histomed102.htm

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