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Usuario (Estados Unidos)

Leonhard Euler fue uno de los más grandes genios que las Matemáticas han dado. Pues bien, otra faceta de la que al propio Euler le gustaba hablar era la de calculista. Sus investigaciones en teoría de números se vieron apoyadas por el hecho de que dominaba mentalmente no sólo los 100 primeros números primos (1,3,5,7,11,13…), sino también sus cuadrados, cubos, cuartas, quintas y sextas potencias. Era capaz de hacer mentalmente difíciles cálculos, algunos de los cuales requerían retener en la cabeza hasta 50 cifras. Como anécdota que trata de la estima en que se tenía a Euler en su época, es que cuando el ejército ruso invadió Alemania en 1760 y saqueó una granja de su propiedad, al llegar el acto a conocimiento del general, la pérdida le fue inmediatamente remediada, y a ello se añadió un obsequio de cuatro mil florines, hecho por la emperatriz Isabel cuando se enteró del suceso. John Wallis fue un excelente matemático (precursor del cálculo infinitesimal) que fue amigo e influyó en Newton. Se cuenta de Wallis que en una noche de insomnio llegó a calcular la raíz cuadrada de un número de 40 cifras, recordándolo y escribiéndolo al día siguiente. Carl Friedrich Gauss fue otro de los genios matemáticos dotados de una excelente habilidad con los números. A la edad de 3 años se cuenta que corrigió la nómina de los empleados de su padre. Con 8 años, su profesor le mandó sumar los 100 primeros números para así tomarse un descansoen. Sólo necesitó unos segundos, y lo consiguió con un ejemplo de su genialidad: sumó 100 +1, 99 + 2 ... y se dio cuenta de que sumaban 101 y se repetía 50 veces y 101 x 50 = 5.050 André Marie Ampere fue uno de esos prodigios que de vez en cuando da la humanidad. A la edad de 4 años aprendió a calcular, es la aritmética una de las cualidades que primero empiezan a manifestarse en este tipo de genios, y esta facultad ya no le abandonó a lo largo de toda su vida. Srinivasa Ramanujan fue un genio autodidacta dotado de unas portentosas cualidades con los números. Cuenta el gran matemático Hardy que cuando lo fue a visitar al hospital le comentó que el taxi en el que había venido tenía una matrícula un tanto sosa: 1729. A lo que Ramanujan respondió: "En absoluto lo es, querido Hardy, 1729 es el menor número que puede ser expresado como la suma de dos cubos perfectos". John Von Neumann realizaba todos los cálculos con su cabeza. Durante las reuniones habidas en Los Alamos durante la Segunda Guerra Mundial, y que dieron lugar a la creación de la bomba atómica, físicos de la talla de Richard Feynmann o Enrico Fermi realizaban sus cálculos con una regla o una pequeña máquina mientras Von Neuman lo hacía con su cabeza e incluso más rápido y preciso. Alexander Craig Aitken El mejor de los calculistas mentales recientes, no comenzó a calcular mentalmente hasta la edad de 13 años. Impresionaba en sus conferencias a la audiencia realizando cálculos mentales como la memorización del número pi (?) hasta el decimal 1000, colocando los dígitos en filas de cincuenta, dividiendo cada una de ellos en grupos de cinco y luego leyéndolas a un ritmo particular. Alguien le pidió comenzar en el decimal 301. Cuando había citado cincuenta dígitos se le rogó que saltase al lugar 551 y dar 150 más. Lo hizo sin error, comprobándose los números en una tabla de pi Podía memorizar los primeros 1000 decimales del número infinito PI… George Parker Bidder Aprendió a calcular a la edad de 6 años jugando con piedrecillas y botones porque su padre, un picapedrero, sólo le enseñó a contar. Cuando Bidder tenía 10 años, pidió a alguien que le escribiera un número de cuarenta dígitos y que se lo leyera. Lo repitió de memoria inmediatamente. Tenía nueve años cuando se fue de gira con su progenitor y entre las preguntas que le planteaban los espectadores puede elegirse la que de calcular el tiempo, que tardaría el sonido (viaja a 6.437’376 metros por minuto) en llegar a la Luna desde la Tierra (dista 198.361.304’064 metros) en el caso de que pudiese. En menos de un minuto el niño respondía: 21 días, 9 horas y 34 minutos. Cuando se le preguntó (a los 10 años) por la raíz cuadrada de 119.550.669.121, contestó 345.761 en 30 segundos. Zerah Colburn fue un genio del cálculo muy famoso en toda Europa al ser el primer calculista dedicado profesionalmente a ello. Con 6 años se cuenta que, entre otras hazañas, elevó al cuadrado el número 1.449 en pocos segundos. El niño aprendió la tabla de multiplicar hasta el 100 antes de que pudiese leer o escribir. Podía multiplicar cualesquiera números de cuatro dígitos casi instantáneamente, pero dudaba un momento ante los de cinco. Jedediah Buxton era un granjero inglés nacido en 1.702 en Elmton que aprendió a calcular a la edad de 12 años y era un fanático de la memoria. Su fama como calculista le llevó a Londres, donde alguien le llevó a ver una representación de Ricardo III. Al final, cuando le preguntaron si le había gustado, el respondió que el actor principal había dicho 14.445 palabras y dado 5.202 pasos. Para Buxton era una manía contarlo y medirlo absolutamente todo. Esta capacidad para memorizar le llevaba a hacer grandes multiplicaciones mentales, recordando las partes de la multiplicación durante largos periodos de tiempo. Giacomo Inaudi es uno de los casos mejor documentados, ya que fue estudiado por el famoso psicólogo Alfred Binet. Fue pastor de ovejas, pero pronto se ganó la vida con exhibiciones por cafés y teatros. Curiosamente aprendió a leer y escribir a edad tardía, mucho después de aprender a calcular. Su cráneo fue estudiado por Broca, siendo de un tamaño excesivamente grande y presentando irregularidades. Inaudi tenía una extraordinaria memoria para los números que contrastaba con ser una persona olvidadiza. Era un calculador de tipo auditivo, de tal forma que no necesitaba ver los números para calcular. Johan Dase tenía una gran capacidad para multiplicar y dividir grandes números definiéndole Schumacher como "extraño genio del cálculo". Dase logró en tan sólo dos meses presentar el número infinito pi con 200 decimales. Otra de sus contribuciones a las matemáticas fue el calcular todos los números primos entre 7.000.000 y 10.000.000. Dase tenía una enorme capacidad para multiplicar números muy grandes, así se cuenta que llegó a multiplicar dos números de 20 dígitos en 6 minutos o dos números de 48 dígitos en 40 minutos Este es mi primer post, espero que sea de tu agrado, por favor comenta Y sígueme no te voy a defraudar
El dispositivo, creado por Toshiba, identifica determinadas conexiones como fiables, mientras que para el resto los datos quedarían inaccesibles La compañía japonesa Toshiba ha fabricado un disco duro que tiene la capacidad de formatearse automáticamente o denegar el acceso a su contenido si es conectado a un dispositivo desconocido. A partir de la configuración que realice el usuario, el producto puede identificar determinadas conexiones como fiables, mientras que para el resto los datos quedarían inaccesibles. El nuevo disco duro de Toshiba, de la familia MKxx61GSYS, dispone de cinco discos de un tamaño entre 160 GB hasta 640 GB, que funcionan a una velocidad de 7200 RPM. Pero especificaciones técnicas aparte, el disco duro de Toshiba tiene una característica novedosa. Ésta destaca por encima de otras medidas de seguridad puestas en marcha hasta ahora. Consiste en que el dispositivo detecta a dónde está conectado. De esta forma, si conoce el puerto al que se ha enchufado, se desbloquea. Si por el contrario se conecta a un dispositivo que no está en su memoria, cierra el acceso a su contenido. Lo hace de dos formas: la primera consiste en bloquear la información (o al menos cierto tipo de información, que el usuario selecciona previamente) para que nadie pueda examinarla. Destruir información La segunda forma de impedir el acceso a los datos es más radical. Se trata de dar formato al disco duro. Esto lo hace el producto automáticamente según las indicaciones del usuario y dependiendo de las situaciones que se le hayan propuesto. Así se destruye toda la información y no hay manera de que alguien acceda a ella. Para casos en los que el disco duro sea robado y, tratándose de instituciones estatales u organizaciones con información clasificada, de alto riesgo, la idea de Toshiba cobra bastante importancia. Se trata de un paso más en la seguridad de la información. Justo cuando la privacidad en internet está en duda y cuando mucha gente está tomando cada vez más conciencia de la relevancia que tiene conservar los datos, estas iniciativas para cuidar los aspectos referentes a este campo suponen un avance para los usuarios.

Esta pregunta, a raíz de los eventos geológicos que hemos sufrido en el planeta, se me ha realizado en numerosas ocasiones a lo largo de las últimas semanas y meses. ¿Por qué hay más terremotos? ¿Qué está provocando esta inusitada actividad geológica en la Tierra? ¿Es la actividad solar, el cambio climático, un cambio geomagnético…? ¿Qué es lo que está pasando? A primera vista parece que hay algo importante sucediendo bajo la corteza terrestre, en las profundidades de nuestro planeta. Terremotos como los de Haití, Chile o Turquía acabaron en pocos días con cientos de miles de personas, sin contar con la actividad volcánica que mantuvo en jaque al espacio aéreo europeo durante días y provocó un caos circulatorio en los desplazamientos por avión. Sin embargo, si nos abstraemos un poco de la histeria mediática generada a partir de estos eventos y raspamos en la historia y la estadística, nos damos cuenta de que podemos negar la mayor. Simple y llanamente, no está pasando nada, vivimos en un planeta violento donde los eventos geológicos son parte de nuestro pasado, nuestro presente y estarán ahí en nuestro futuro. Los números Para obtener la información histórica sobre estadísticas de terremotos, acudiremos a la página web del US Geological Survey National Earthquake Information Center centro que recoge y estudia la información sismológica mundial. Allí, podemos observar la tabla que nos muestra con qué asiduidad se producen terremotos de un cierto rango dentro de la escala Richter a lo largo del año. Nos centraremos en los terremotos de mayor fuerza, 6 o superior, dado que son aquellos susceptibles de causar mayores daños. Para terremotos con un valor de 8 o superior, se estima un valor medio de 1 terremoto al año, mientras que para valores entre 7 y 7,9 se asciende a 15 eventos al año. Cuando hablamos de terremotos entre 6-6,9 la media anual se dispara hasta los 134. Desde luego, no hay que perder de vista que esto es un valor promedio sujeto a variaciones dentro de un cierto rango. Por ejemplo 2007 tuvo 4 terremotos de más de 8 grados mientras que hubo varios años en la década de 1990 sin ningún terremoto en este rango. Lo mismo podemos ver en los terremotos de 7-7,9 donde hubo varios años en la década de 1990 con hasta 18 sacudidas, estando el mínimo en 9 en el año 2006. A lo largo de 2010 los valores que tenemos pueden observarse en el enlace anteriormente indicado. Para terremotos por encima de 8 grados, este año tenemos 1, el de Chile con un valor de 8,8. Para terremotos en el rango 7-7,9 tenemos 9 en total hasta el momento. Dado que hemos superado el ecuador del año, suponiendo que se mantenga el ritmo actual, estaríamos a final de año en un valor de 18, algo por encima de la media pero no lejos de valores típicos de otros años. Para los seísmos entre 6 y 6,9 el valor es de 91, de la misma forma que antes, la estimación es de 182, este sí, por encima de la media de 134 sobradamente. No obstante debemos señalar que este dato está un poco sesgado debido a que se concentraron muchos terremotos en este rango debido a las réplicas del terremoto chileno y a lo largo del año debería normalizarse. Este mismo ejercicio realizado con datos de principios de abril (final del primer trimestre) daba unas cifras de 53 terremotos, al multiplicar por 4 ofrecía un valor de 212 para el anual. Vemos cómo con los datos del segundo trimestre la estimación ha descendido hasta los 182. Parece claro que, mirando las cifras, no tenemos un aumento significativo del número de terremotos, ni de su intensidad en lo que lleva de año. Tal vez este año no, pero… Con un sencillo ejercicio de observación de datos hemos podido comprobar que no hay nada inusual en el comportamiento terrestre en lo que a cifras de este año se refiere. Pero, ¿y si es una tendencia al alza a lo largo de las últimas décadas, como sugieren algunos? Para esto acudimos a la recopilación de datos sismográficos más completa, el Centennial Earthquake Catalog. Efectivamente se observa una acusada tendencia al alza a partir de la década de 1960, no obstante esto, como bien se explica en la misma web del catálogo se debe más a una mejora en la toma de datos, que a un aumento significativo en la actividad. “En los últimos años (1964–actualidad) se ha elegido una magnitud de corte de 5,5 para el catálogo, y el mismo está completo hasta este umbral. Para el periodo anterior a 1964 (también referido como periodo de instrumental histórico, o simplemente periodo histórico) el corte considerado es la magnitud 6,5. Entre la década de 1940 y 1963 el catálogo está completo hasta un umbral de magnitud 6,5, pero antes de esto, el catálogo sólo está completo hasta una magnitud de 7,0″. Basándonos en el estudio realizado por Eric Mamajek, profesor asistente del Departamento de Física y Astronomía en la Universidad de Rochester, podemos apreciar que la gráfica de la izquierda, la cual describe los terremotos más fuertes (7 o más) es bastante plana, incluso con cierta tendencia descendente. Es decir, la mejora en los sistemas de detección ha permitido que podamos registrar de forma exhaustiva terremotos de magnitud cada vez menor. No suceden más terremotos, simplemente ahora tenemos mejores medios para monitorizarlos. Pero no sólo ha mejorado la calidad en la detección de los terremotos, asimismo ha aumentado la cantidad de estaciones dispersas por todo el mundo, de las poco más de 300 en la década de 1930 a casi las 4000 actuales, que nos permiten controlar zonas despobladas y remotas en las que un terremoto podría pasar desapercibido en otro caso. ¿Pero son más letales? Como hemos visto hasta el momento, no tenemos más terremotos en este año, no tenemos una tendencia alcista a lo largo del último siglo, que es del que disponemos de datos fiables, pero ¿podría ser que los terremotos liberasen más energía y se hicieran más letales? El Dr. Kurtis Williams nos presenta un par de gráficos con la energía total acumulada por los terremotos de magnitud mayor de 5 anualmente desde 1990. Podría parecer que existe cierta tendencia a liberar más energía en 2004 y 2010 (gráfico a la derecha), pero esta gráfica está un tanto falseada por el hecho de que en estos años hubo dos terremotos excepcionalmente energéticos, Indonesia y Chile. Eliminando sólo estos dos terremotos (gráfica de la izquierda) de entre los miles producidos vemos que la tendencia general es bastante estable. No obstante, sí podríamos decir que los terremotos actualmente causan más bajas que en épocas pasadas. Esto en realidad no tiene nada que ver con una mayor fuerza en las sacudidas, sino en la explosión demográfica mantenida desde hace un par de siglos. Donde antes no había más que extensiones despobladas, ahora se agolpan grandes urbes abarrotadas de gente susceptibles de sufrir las consecuencias de un terremoto. En línea con esto, Paul Earle, sismólogo de la USGS comentaba en un artículo publicado aquí hace algún tiempo que “los terremotos no matan gente, lo hacen los edificios”. Resulta bastante evidente esta afirmación si observamos las bajas causadas por el terremoto de Haití (7,0 más de 200 mil) con el terremoto de Baja California (7,2 y dos bajas). Los estándares de construcción de Haití, o su falta de ellos, hicieron que ante la sacudida se derrumbasen los edificios, acabando con la vida de sus habitantes. Un terremoto de fuerza similar en una zona más desarrollada como es la Baja California apenas dejó un par de fallecidos. Conclusión Analizando los datos podemos concluir que no hay nada fuera de lo habitual en la actividad sísmica terrestre. La sensación de pánico generalizado tiene más que ver con la atención mediática prestada a tales eventos, debido a su enorme gravedad en algunos casos, que con una problemática real. No hay más terremotos ni son más letales, simplemente, a veces parecemos olvidar que vivimos en un universo violento, sobre un mundo en constante cambio. fuente: cienciakanija.com Por favor comenta y recomiendalo a tus seguidres