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Usuario (Argentina)

Quizá la ex-ciudad de Epecuén (y el prefijo no es accidental) no responda a los parámetros normales de un destino turístico convencional. Su interés descansa más bien en la ausencia y en la desolación, en la viva imagen de la destrucción a manos de la madre naturaleza y de la impericia humana. Es que, como el título cuenta, la ciudad desapareció bajo el agua tras una sudestada que derivó en la destrucción del terraplén que la protegía, tras colapsar la laguna (que lleva el mismo nombre). Las ruinas pertenecen a lo que alguna vez fue conocido con el nombre de “Villa Epecuén”, un pueblo que albergó alrededor de 1500 habitantes, ubicado a casi 600 kilómetros de Capital Federal y al límite con la provincia de La Pampa, en el partido de Adolfo Alsina, Provincia de Buenos Aires. Ciudad que supo ser un importante destino turístico entre los años ’50 y ’70 dadas la excelente prensa de sus termas provenientes de la laguna Epecuén, una importante cuenca con altos niveles salinos. Fue en 1975, que el gobierno provincial llevó adelante la construcción del canal Ameghino, con el afán de conectar varias cuencas y regular el caudal de todas las lagunas de la región, evitando así que ninguna se seque y ni haya riesgos de inundación. Pero la falta de control a partir del golpe de Estado de 1976 derivó en que la laguna creciera entre 50 y 60 centímetros por año terminando con los sueños de una ciudad en crecimiento que llegó a recibir 25mil turistas en las temporadas de noviembre a marzo de sus últimas décadas. Hoy Villa Epecuén emerge del agua, dado el bajo nivel de la laguna y los restos y ruinas relatan la historia de lo que hoy es una ciudad fantasma. Casas y edificios colapsados, restos de antiguos automóviles, árboles secos, construcciones y restos metálicos totalmente corroídos por el salitre de más de 7 metros de inundación durante 20 años, forman un paisaje atípico que junto con los restos del icónico matadero y el cementerio de la ciudad, le aportan el ingrediente tenebroso al paseo. El paso del tiempo sigue afectando a la villa. Si bien el agua retrocedió unos cuantos metros (dejando pocas cuadras inundadas) los vestigios siguen derrumbándose tras el importante desgaste ejercido por el agua y la sal, que carcomen los restos sin importar la nostalgia y el recuerdo de aquellos que supieron habitar la costa de la laguna y que debieron, en gran parte, reubicarse dolorosamente en Carhué (7 kilómetros al norte). Hoy, la postal es de película, pero no dejará de sorprender a sus visitantes. Suba o no suba el agua otra vez, Villa Epecuén seguirá siendo la ciudad desaparecida.