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Primer post: 6 feb 2018Último post: 6 feb 2018
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La obra de Nietzsche, qué superhombre Dios!
Ciencia EducacionporAnónimo2/6/2018

Hola qué tal, acá dejo algunos conceptos interesantes sobre este gran hombre Friedrich Wilhelm Nietzsche, filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, pero por sobre todas las cosas... un TIPAZO con una obra impresionante que vale la pena visitar. El S. XIX constituyó para la filosofía un siglo de fuerte expansión y de creciente complejidad. Este crecimiento disciplinar tuvo frente a sí como desafío la necesidad de comprender y explicar los vaivenes de una realidad que se encontraba en estado de cambio y ebullición. Como aproximación general, el S. XIX fue una época tumultuosa y aunque las causas que podemos aducir son múltiples y variadas, un dato central que significa ese momento es la recepción de la Revolución Francesa. Este acontecimiento significó una fractura importante no sólo a nivel del sistema político, sino también y fundamentalmente en la dimensión de las prácticas culturales: en la reflexión de las personas sobre sus derechos, su relación con la comunidad, con las autoridades, con su historia, etc. GIF En este marco general se sitúa la obra de Friedrich Nietzsche (1844-1900), que es considerado por muchas corrientes filosóficas actuales como un autor de ruptura o de quiebre con una gran cantidad de supuestos acuñados en el transcurso de la modernidad que se habían internalizado en diversas corrientes de pensamiento. Nietzsche proyectó una serie de ideas que alternaron el pensamiento moderno y aportaron a la construcción de los cimientos del denominado pensamiento filosófico del S. XX. Formado en la lectura de la biblia en su juventud y luego en los filósofos y dramaturgos griegos, Nietzsche encuentra su fascinación por la filosofía a partir de la lectura de la obra de Schopenhauer "El mundo como voluntad y representación" de 1819, por la que se desplaza de la filología hacia la filosofía crítica. El conjunto de la obra de Nietzsche se compone de libros, como así también de ensayos cortos y dispersos, también encontramos poesía y por último las cartas que escribió. ¿Por qué es importante tener en cuenta el problema de la interpretación de la obra de Nietzsche? Porque su obra ha sido utilizada por distintas corrientes políticas a lo largo del S. XX que le confirieron distintos sentidos muy opuestos entre sí. El caso interpretativo más delicado es sin duda el del nazismo, el cual intentó encontrar en algunas ideas nietzscheanas un soporte ideológico para el desarrollo de sus políticas genocidas. (Este video para mí es de los que mejor ha expuesto la obra de Nietzsche) El concepto de Superhombre y su supuesta vinculación con el Nazismo: El Superhombre (Übermensch) según Nietzsche, es una persona capaz de generar su propio sistema de valores identificando como bueno todo lo que procede de su genuina voluntad de poder. Una de las ideas que Nietzsche ha defendido con mayor interés, es que los valores tradicionales representados por el cristianismo someten a las personas más débiles a una “moralidad esclava”. Para él, esos valores debían desaparecer para que pudieran aparecer otros nuevos que representaran su prototipo de hombre ideal, el Superhombre. El Superhombre no se deja llevar por la multitud; al contrario de las personas débiles, que sólo se dejan llevar por las tradiciones y las reglas establecidas. Este Superhombre se guía por sus pasiones y sentimientos, pero, a su vez, se domina a sí mismo; no busca sólo el placer, ésa sería la diferencia con “el último hombre” que anticipa al genuino Superhombre. Nietzsche contradice en esto totalmente a Platón, y a Sócrates , a quienes el filósofo alemán consideraba los culpables del surgimiento de “la moral de rebaño y esclava” , propia de la sociedad occidental. Muchas veces se ha asimilado la idea de “Superhombre” con el régimen Nazi, induciendo la idea de que Nietzsche era un epígono del nazismo. Esta homologación es incorrecta: 1) la noción de Superhombre se entiende en el marco de un sistema de pensamiento nihilista activo, es decir, nihilista crítico-constructivo, que procura destruir valores vetustos e implementar otros nuevos. Este concepto implica en Nietzsche, una separación y una superación de los valores tradicionales, y de la “Moral del Rebaño”, que es la moral basada en la creencia en una realidad trascendente, o sea, el legado del Cristianismo. El Superhombre supone el nacimiento de un hombre nuevo, emancipado de Dios, resultado, en efecto, de la “muerte de Dios”. El Hombre Nuevo ha organizado el caos de sus pasiones, convirtiéndose en creador de sí mismo y afirmando su vida sin resentimientos. Esto figura especialmente en "Así habló Zaratustra". 2) El Nazismo fue un regímen que defendió e hipostasió el culto del Estado, la raza y la cultura. Nietzsche, por el contrario, consideró al Estado como una perversión humana, que despersonalizaba la individualidad creadora de cada individuo. Además, nunca Nietzsche profesaría el culto a una universalidad, siendo precisamente, la base de su sistema la destrucción del platonismo y el socratismo. La imagen que presenta el filósofo por primera vez es la de un niño. Y el niño representa al hombre que toma la vida como un juego que se despliega en el devenir mismo. El niño simboliza la radicalidad crítica y creadora, la fuerza de Dionisios que retorna a un nuevo origen gracias a su potencial intempestivo. Las 3 críticas principales que esboza Nietzsche en sus obras: Crítica a la RAZÓN: En 1873 Nietzsche escribe "Sobre verdad y mentira en sentido extramoral". Este texto corresponde al primer período del corpus nietzscheano, el más crítico. El sentido de la palabra “extramoral” debe entenderse como la intención de desligar la relación entre estos términos y los juicios morales (donde la verdad se correspondería con el bien y la mentira con el mal). Nietzsche disocia estas 2 dimensiones en función de reconocer la mentira como un elemento propio de la potencia del ser humano en pos de la supervivencia y, por este motivo, concibe la mentira y la verdad como 2 estrategias humanas dispuestas en un mismo plano de posibilidades. En algún apartado rincón del universo hubo una vez un astro en el que animales astutos inventaron el conocer. El intelecto humano no existió siempre, hubo eternidades en las que no, cuando de nuevo se acabe todo para él no habrá sucedido nada. El intelecto, como un medio para la conservación del individuo, desarrolla sus fuerzas primordiales en la ficción, pues esta es el medio por el cual se conservan los individuos débiles y poco robustos, como aquellos a los que les ha sido negado, servirse, en la lucha por la existencia de cuernos o de la afilada dentadura de los animales carniceros. Lo primero que podemos notar en esta cita es el desplazamiento realizado por el autor de la razón o intelecto hacia la idea según la cual la razón no es más que un resultado, un invento producto de la necesidad de equiparar las posibilidades de la especie de conservación de la vida, con las garras y los colmillos de otros animales. Más que un origen noble o divino, el pensamiento obtiene, bajo esta perspectiva, un origen frágil y contingente. Lo que equivale a afirmar que podría no haber sucedido. El pensamiento es ya resultado y efecto de acontecimientos extrínsecos al desarrollo de la estructura humana. Lejos de detenerse solamente en una crítica al origen de la razón, la propuesta nietzscheana avanza sobre el desenvolvimiento de la misma: ya concebido un nuevo origen, la profundización de la capacidad de pensar está dado en el espacio de la imaginación, es decir, el espacio de lo no-real. De este modo, la fantasía se transforma en la dimensión sobre la que el intelecto va a transcurrir en su normal funcionamiento. Emerge aquí una crítica de Nietzsche a las ideas como representaciones de las cosas: las ideas no reflejan los objetos del mundo ni al mundo, por el contrario, las ideas son el producto de la fantasía que de ese mundo tenemos. La sospecha nietzscheana en este caso se focaliza sobre una larga tradición filosófica para la cual entre las ideas y los objetos o cosas del mundo debía haber una adecuación, es decir: las ideas debían expresar una correspondencia estricta con la naturaleza del mundo para ser ideas claras. Así, entre la dimensión del pensamiento y la dimensión de lo concreto intermediaba la necesidad de adecuarse uno a otro. Al postular las fantasías como elemento de la razón, producto de la lucha, las nociones de verdad y mentira, dejan de ser requerimientos de un estado de cosas del mundo y pasan a ser comprendidas como herramientas de intervención en el intento por procurar la supervivencia. De aquí que la mentira valga tanto igual que la verdad ya que las virtudes de ambas se desplazan hacia los resultados que estas producen, hacia sus consecuencias. Leamos un poco más: El hombre nada más que desea la verdad en un sentido análogamente limitado: desea las consecuencias agradables de la verdad, aquellas que conservan la vida, y está hostilmente predispuesto contra las verdades que puedan tener efectos perjudiciales y destructivos. El eje sea situado en las consecuencias que estas tienen para la vida. Nietzsche intenta responder a la pregunta de ¿por qué el ser humano es capaz de mentir? La respuesta es que la mentira no es un subproducto o un error de la verdad, sino una estrategia de acción sobre el mundo. Este giro de las nociones en-sí recoloca al ser humano a la propuesta de que no existe un conocimiento del mundo independiente de las necesidades y de la voluntad del ser humano. Ahora bien, si el lenguaje no representa, no se adecua, a las cosas del mundo, la operación que mediante el mismo realizamos sobre el mundo es el de la imposición. El lenguaje contiene así una violencia sobre las cosas, por ejemplo, en el hecho de nombrar: Creemos saber algo de las cosas mismas cuando hablamos de árboles, colores, nieve, y no poseemos, sin embargo, más que metáforas de las cosas, que no corresponden en absoluto a las esencias primitivas. El lenguaje muestra toda su violencia sobre el mundo cuando conceptualiza, transfigurando la realidad en imágenes e imprimiéndolas en las cosas como descripciones de las mismas. Así al nombrar, la operación que realizamos es de homogeneización de las cosas entre sí, equiparando lo distinto a lo igual. El problema de la violencia del lenguaje es que se pierde de vista lo que para Nietzsche constituye la faz más positiva del ser humano: su cuerpo. El costo de la autoconciencia, construido sobre el imperio de la verdad, es el olvido de lo instintivo, de lo animal en el ser humano. La potencia creadora, la invención, la lucha, la imposición se ven sustituidas por la seguridad que presta el mundo racional o racionalizado. En cuanto al olvido, el problema es el de la naturalización: la pérdida de la dimensión histórica del origen de la verdad y la mentira, elimina el conflicto como situación originaria y permite concebir el conocimiento como tendiente a la concordia. En este punto Nietzsche presenta ciertas similitudes con el empirismo de Hume al proponer que esta operación se realizó en base al hábito producido por la repetición del nombrar. Crítica a la VALORES MORALES: En 1887 se edita en Alemania la "Genealogía de la Moral", una obra dedicada por completo al análisis de la formación de los valores morales y a la dinámica que esos valores le imprimen a la vida. La elección del término genealogía y no historia de la moral puede explicarse a partir del intento de diferenciar su crítica de las visiones que comprenden el estudio de los valores como un simple compendio, y también de aquellos que consideran los valores como un acto que no contiene elementos de poder en su seno. Nietzsche utiliza la genealogía para escudriñar en el pasado, en la búsqueda del origen y restituir así a la moral su dimensión histórica no como acto libre de comprensión, sino como expresión del sometimiento. Esta situación se vinculaba con la suposición por parte del autor de que el mundo era un lugar de confrontación y lucha. Nietzsche despliega todo su arsenal filológico para alcanzar el sentido de la raíz de ciertos conceptos en distintas culturas y momentos históricos. El objetivo del texto es volver a la historia para mostrar cómo los significados con los que han contado estas palabras no responden a una disposición de elementos propios de los conceptos sino a la expresión de fuerzas que disputan por el sentido de ellas. En tanto los juicios morales resultan de la existencia de alguna fuerza, la moral en su faz sistémica puede comprenderse como un campo de batalla entre fuerzas que luchan por las significaciones de los términos como bueno, noble, justo, etc. Si la moral expresa esta batalla, sin embargo, impide que la misma se refleje en el relato histórico, y por eso la genealogía toma como tarea el develamiento de los mecanismos de imposición de esta. Para poder captar la acción concreta es necesario partir de los efectos que ellas producen: Exigir de la fuerza que no se manifieste como fuerza, que no sea un querer someter, un querer enseñorarse, una sed de enemigos y resistencias y triunfos, es tan absurdo como exigir a la debilidad que se manifieste como fuerza. Solo bajo la seducción del lenguaje que entiende y malentiende toda eficacia como causada por algo que es eficaz, por un sujeto, puede parecer de otro modo. El obrar lo es todo. Es importante remarcar que en la perspectiva nietzscheana siempre encontramos un principio de pluralidad de las fuerzas, por el cual no podemos afirmar ni que toda la realidad está compuesta de una única fuerza, ni tampoco que la realidad está compuesta por 2 fuerzas abstractas. El principio de pluralidad de las fuerzas remite al hecho de que cada sociedad y cada momento histórico contienen sus propias fuerzas particulares, distintas entre sí y que se expresan de variados modos. Ahora bien, el objetivo de toda fuerza es imponerse sobre las demás. Sin embargo no todas las fuerzas actúan de la misma forma. Nietzsche va a referirse a 2 grandes grupos: el de las fuerzas activas y el de las fuerzas reactivas. Una fuerza es activa cuando afirma la vida como valor superior, cuando busca imponer su modo de comprender el mundo, de ordenarlo a partir de la valoración propia. Las figuras de los nobles o los fuertes son un ejemplo. En cambio, una fuerza deviene reactiva cuando en vez de dirigirse sobre el mundo, se interioriza, se vuelve contra sí misma. Cuando el objeto sobre el que aplica su sometimiento es su propia vida. Se vuelve débil. El problema de las fuerzas reactivas a la vida es que su elemento característico es la negación de ésta, y los ideales que construye son los de la debilidad y la impotencia. La pregunta es ¿cómo logró imponerse finalmente un sistema de poder que crea sujetos subordinados? La lucha por el poder en la filosofía de Nietzsche es la lucha por la capacidad de imponer, en el marco de un conjunto social, una forma de vida generadora de sujetos con ciertas características. El problema de Nietzsche es tratar de explicar que la moral imperante de Alemania del S. XIX se origina en una reacción a la capacidad del ser humano como tal, en un intento de sujetarlo a valores fundados en el resentimiento. En definitiva, a un intento de domesticarlo: Sospechamos que todo sigue yendo para abajo hacia lo más tenue, bondadoso, prudente, cómodo y cristiano: el hombre, no cabe duda, se está haciendo cada vez mejor. Precisamente esto es lo fatídico para Europa, que con el temor al hombre hayamos perdido también la esperanza en él, la voluntad de él. Ahora ver al hombre cansa, ¿qué es hoy el nihilismo si no es esto? Estamos cansados del hombre. ¿Qué es el NIHILISMO?: Nietzsche plantea una crítica a toda la tradición occidental, sobre todo a Platón, ya que considera a éste como el origen de dicha civilización y de la filosofía cristiana. Le culpa de haber traicionado el espíritu filosófico, el perspectivismo o la perspectiva de la vida, introduciendo un planteamiento antinatural y antivital y negando a la vida de los instintos vitales que son sustituidos por unos valores fuera de este mundo. A esta posición la denomina Nihilismo. No era un nihilista, predicaba el advenimiento del nihilismo. Si alguna vez aceptó serlo fue en consideración de ser un hombre de su época, en la que él comprendió que los valores supremos habían perdido su valor. Eso era el nihilismo para él: un proceso histórico de su tiempo, con la pérdida del sentido del valor de lo verdadero, lo bueno, lo bello, suceso que interpretaba como la desvalorización de Dios: “Dios ha muerto”. Ya no importaban los ideales, las ideas, las metas ni los principios que determinaban lo que es y puede ser una forma digna de vida humana, cuya consecuente desvaloración no era una aceptación pasiva sino, por el contrario, el reclamo apasionado por la creación de nuevos valores sociales que sustituyesen los perdidos. No es difícil aceptar los argumentos de Nietzsche si uno considera las injusticias sociales del incipiente industrialismo y el ambiente de belicismo de su época que más adelante precipitaría a las dos guerras mundiales que ha sufrido la humanidad. Crítica a la TRASCENDENCIA: GIF El debate entre las posturas que consideran la organización del mundo a partir de un elemento superior, diferente o externo al mismo, y aquellos proyectos filosóficos que consideran al mundo organizado a partir de los elementos propios del mismo, proviene de larga data. A las posturas del primer grupo se las denomina filosofía de la trascendencia, a las del segundo, filosofías de la inmanencia. A lo largo de la historia de la filosofía la diferencia entre trascendencia e inmanencia ha tomado variadas formas. Sin embargo, lo destacable de esta dicotomía continúa siendo la disposición frente al hecho que se pretende explicar: sea la organización de la sociedad o el orden de la naturaleza, la explicación puede partir de hallar un elemento que, aún formando parte del conjunto, se destaque sobre los demás y constituya un principio explicativo del conjunto al otorgarle al mismo un fin o finalidad (trascendencia); la explicación también puede partir de la disposición de las partes, sin jerarquizar ninguna de ellas por sobre las demás, y constituir un principio explicativo sin apelar a una finalidad por fuera del mismo conjunto de elementos (inmanencia). La filosofía de Nietzsche debe considerarse dentro de las filosofías de la inmanencia. Su obra "Así habló Zaratustra" (1875) contiene una serie de propuestas que se articulan en torno a un proyecto filosófico inmanente en relación al hombre y al mundo. La obra presenta un personaje, Zaratustra, que funciona como figura contrapuesta a la de Jesús, y que en vez de predicar el advenimiento de un “reino de los cielos” predica la existencia de un mundo librado a su propia suerte. De todas las ideas que expresan una lógica trascendente de ver el mundo, la noción de Dios (fundamentalmente el Dios cristiano) es la idea de trascendencia paradigmática, por eso Zaratustra comenzará su recorrido por anunciar una de sus fórmulas más potentes: “Dios ha muerto”. Esta fórmula expresa mucho más que un simple ataque sobre la religión católica, aunque utiliza esta confrontación como condición de posibilidad, para desplegar una filosofía inmanente. Para la filosofía de Nietzsche, los conceptos de pecado-más allá-castidad-desprecio del cuerpo-idolatría-ascetismo, conforman una cadena de nociones equivalentes por la cual se desvaloriza la vida terrenal en función de la vida por venir. A los sujetos que conciben el mundo como imperfecto frente a un mundo perfecto ubicado en un más allá, Zaratustra los denomina trasmundanos. La muerte de Dios permite comenzar a pensar en la creación de nuevos valores, que se asienten en una afirmación de la vida terrenal y del mundo. Como consecuencia en la creencia en la inmortalidad del alma y la existencia de un mundo extraterrenal, se le impone a la vida real o terrenal una desvalorización en función de alcanzar un destino. En "El Anticristo", Nietzsche precisa un poco más esta idea: La gran mentira de la inmortalidad personal destruye todo lo que existe de razón y de naturaleza en el instinto. Vivir de tal modo que no tenga sentido vivir. La vida pierde sentido porque el sentido está situado en otra parte, en un más allá. Por eso la figura de Dios es la figura que encierra una concepción de la vida que debe ser combatida. La segunda consecuencia que podemos extraer de la fórmula “Dios ha muerto”, es de carácter estructural. Nietzsche no es el primero en suprimir la idea de Dios, esta fórmula de hecho explicita una situación de época producto de la progresiva laicización del conocimiento. Sin embargo, la eliminación de la figura de Dios en los términos que propone la ciencia no anula el lugar estructural que este ocupaba, sino que simplemente lo deja vacío. Lo suprasensible, es decir, el espacio asignado a Dios tradicionalmente, puede ser ocupado por otras formas u otras ideas, manteniendo la estructura del pensamiento trascendente, en palabras de Heidegger: “En lugar de la autoridad de Dios y de la iglesia aparece la autoridad de la conciencia, el dominio de la razón”. Esto es un intercambio que no elimina la estructura, Nietzsche denomina a este movimiento con el nombre de nihilismo y a la figura del hombre que viene a ocupar el lugar que Dios deja vacante como el último hombre. Esta figura es la que ha matado a Dios pero en su lugar ha puesto a la figura del hombre como fin en sí mismo. No ha eliminado el modo de valorar del cristianismo, sólo ha suplido una por otra, ha ocupado el lugar vacante de Dios, y por eso el filósofo considera que esta figura sigue negando la vida. Frente a la figura del último hombre, Zaratustra opondrá la doctrina del superhombre. Esta figura constituye la propuesta superadora de la filosofía de Nietzsche. El elemento diferencial de esta figura, con respecto a la anterior, es que el superhombre es aquel que crea valores, pero también aquel que crea una nueva forma de valorar. Es el devenir activo de una fuerza, que parte de la superación del nihilismo del último hombre. La doctrina del superhombre propone superar al hombre, pero esta superación no debe entenderse en términos biológicos o raciales, sino como el establecimiento de nuevas relaciones con la tierra y con los hombres. Esta suprema posibilidad humana a la que refiere la cita es la dimensión creativa del hombre, su dimensión afirmativa de la vida, de los instintos. La instancia de aparición del superhombre implica un momento de ruptura de lo establecido, de aquí las 3 figuras por las que debe pasar el hombre en su devenir superhombre que propone Zaratustra: el camello, que carga con los valores establecidos; el león, que sacude el peso de lo dado; el niño, que crea lo nuevo por medio del juegoSituación de ruptura y creación que se denominará con el concepto de transvaloración. Esto significa una nueva forma de valorar. El momento de la ruptura, de la destrucción, es el punto de inflexión en el cual se diferencian las figuras del nihilismo y la del superhombre: el primero sostendrá la estructura, negará sólo por sostener la negación; el segundo negará sólo en función de una afirmación, de un nuevo modo. Transmutar no es sustituir, es transformar, y transformar es crear una nueva estructura de pensar, de vivir, de valorar. ¿Por qué Zaratustra no enuncia los nuevos valores? Una tabla de juicios morales que diferencie aquello que está bien de aquello que está mal estaría reconstruyendo una forma trascendente de pensar, repitiendo la estructura de valorar propia de la cristiandad o del último hombre. Estaría rompiendo el lazo horizontal de comunicación. ALGUNAS CONCLUSIONES: Frente a una historia de la filosofía que se construía en términos dialécticos, donde el presente era la síntesis del pasado, surgió la figura del Nietzsche intempestivo, inesperado. La inquietud de Nietzsche se plasma en la profundidad de la crítica, se han repasado 3 de ellas: la crítica a la razón como principio “natural” del hombre y a las nociones de verdad y mentira, en pos de la dimensión de la supervivencia; la crítica a los valores morales, tanto en su pretensión de universalidad, como así también en su ocultamiento de la voluntad de poder como motor de su desarrollo; la crítica a la trascendencia como estructura de un modo de pensar la realidad. Estas 3 críticas se articulan bajo un mismo objetivo, configurar un proyecto filosófico que reintroduzca la noción de valor en la filosofía y que desplace la primacía de la subjetividad concebida en términos individuales. La filosofía de Nietzsche va a desplegarse y proponer una filosofía del valor, del sentido, de la pluralidad. Toda una filosofía crítica que inaugurará una forma de filosofar “a martillazos”.

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