Diego21
Usuario (Argentina)
Cambios Climáticos: Los efectos del Recalentamiento Global Este trabajo de investigación que realicé para su publicación en un medio de mi provincia (Santa Fe) está un poco desactualizado (es del año 2000 aproximadamente) pero me pareció interesante compartirlo con ustedes para seguir informando y creando conciencia sobre este problema mundial que YA ES UN HECHO, y mucho mas serio y preocupante de lo que la mayoría piensa. El Efecto Invernadero El clima terrestre está dirigido por un flujo de energía continuo desde el Sol, que llega principalmente en la forma de luz visible. Aproximadamente un 30% de esta energía es devuelta al espacio en forma inmediata, pero la mayoría del restante porcentaje pasa a través de la atmósfera para calentar la superficie terrestre. La Tierra necesita luego enviar esta energía de vuelta al espacio, y lo hace en forma de radiación infrarroja o térmica, similar al calor de una estufa eléctrica. Esto es así debido a que la Tierra, siendo mucho más fría que el Sol, no puede emitir energía como luz visible. Los gases de efecto invernadero en la atmósfera bloquean la radiación infrarroja y no le permiten escapar directamente desde la superficie al espacio, como sí puede la luz visible. En su lugar, la mayor parte de la energía emitida por la superficie es transportada por las corrientes de aire, escapando finalmente desde las alturas hacia el espacio, y sobre las capas más gruesas del manto de gases de efecto invernadero. Los principales gases de invernadero son el vapor de agua (H2O), el dióxido de carbono (CO2), el ozono (O3), el metano (CH4), el óxido nitroso (N2O) y los halocarbonos y otros gases industriales (CFC, HFC, PFC, etc.) Juntos constituyen menos del 1% de la atmósfera, pero son suficiente para producir un efecto invernadero natural que mantiene al planeta unos 30ºC más caliente de lo que estaría si no existieran, siendo entonces esenciales para la vida tal como la conocemos. El problema es que actualmente los niveles de todos los gases de efecto invernadero claves (con la posible excepción del vapor de agua) están creciendo como resultado directo de la actividad humana, y esto ya está cambiando el clima. A excepción de los industriales, los demás gases se producen todos naturalmente. Las emisiones de dióxido de carbono (principalmente provenientes de la combustión de carbón, petróleo y gas natural), metano y óxido nitroso (principalmente por la agricultura y los cambios en el uso de la tierra), ozono (generado por los escapes de gases de los autos y otras fuentes) y los gases industriales de larga vida están cambiando la forma en que la atmósfera absorbe la energía. Incluso los niveles de vapor de agua parecen estar creciendo debido a una retroacción positiva y todo esto está sucediendo a una velocidad sin precedentes. El resultado se conoce como el incremento del efecto invernadero. Entre tanto, los aerosoles que fabrica el hombre tienen un efecto general de enfriamiento. Las emisiones de azufre de las plantas de energía alimentadas por carbón o derivados del petróleo y la quema de material orgánico, también producen partículas microscópicas que pueden reflejar la luz del sol hacia el espacio y afectan las nubes. El enfriamiento resultante contrarresta en parte el calentamiento del efecto invernadero. Estos aerosoles, sin embargo, permanecen en la atmósfera por un tiempo relativamente corto en comparación con los gases de efecto invernadero de larga vida, así que su efecto de enfriamiento es localizado. Además, los mismos son causantes de lluvias ácidas y mala calidad del aire, lo que significa que no debemos contar con su efecto de enfriamiento. Cabe mencionar que los niveles de clorofluorocarbonos (CFC) ya se están estabilizando gracias a los controles en sus emisiones que se introdujeron con el Protocolo de Montreal. Estas regulaciones se instauraron en 1987 para proteger de su destrucción a la capa estratosférica de ozono, que resguarda al planeta de las radiaciones ultravioletas. Sin embargo, los niveles de los gases de larga vida HFC, PFC y hexafluoruro de azufre siguen en aumento. El ajuste climático natural El sistema climático mundial debe ajustarse a los niveles en aumento de los gases de efecto invernadero para mantener el balance energético global. Sin embargo, las emisiones de estos gases por parte de la humanidad ya lo han perturbado en aproximadamente 2,5 W/m² (watts por metro cuadrado), lo cual equivale a un 1% del ingreso neto de la energía solar que dirige el sistema climático. Ésta puede parecer una cifra insignificante, pero si la tomamos en cuenta en la superficie total de la Tierra, suma la energía liberada por la combustión de 1,8 millones de toneladas de petróleo por minuto, o sea, más de 100 veces el consumo actual de energía comercial del mundo. Debido a que los gases de efecto invernadero son un subproducto del consumo de energía, es irónico que el monto utilizado de ella efectivamente por la humanidad sea minúsculo comparado con el impacto del efecto invernadero sobre los flujos de energía naturales en el sistema climático. En el largo plazo, la Tierra debe deshacerse de la energía en la misma proporción en que la recibe del Sol. Ya que el manto más grueso de gases de efecto invernadero reduce la pérdida de energía en el espacio, el clima debe cambiar de alguna forma para restaurar el balance entre la energía que ingresa y sale del planeta. El ajuste incluye un calentamiento global de la superficie de la Tierra y de la atmósfera baja, pero éste es solamente una parte, el modo más simple de deshacerse de la energía extra. Sin embargo, aún un pequeño aumento en la temperatura es acompañado por muchos otros cambios, por ejemplo, en los patrones de la cubierta nubosa y los vientos. Algunos de estos cambios pueden actuar para aumentar el calentamiento (retroacción positiva) y otros para contrarrestarlo (retroacción negativa) El impacto actual En la actualidad el sistema climático ya ha comenzado a materializar este ajuste. Las observaciones muestran que, desde finales del siglo XIX, el promedio de temperaturas globales ha aumentado 0,6 ± 0,2 ºC. Las pautas espaciales de calentamiento observadas, son consistentes con las predicciones de los modelos, en particular cuando se incluye el efecto de enfriamiento de los aerosoles. Por ejemplo, las mediciones de superficie, globo y satélite muestran que mientras la superficie de la tierra se calentó, la estratosfera se ha enfriado. La mayor parte del incremento en la temperatura tuvo lugar entre 1910-1940 y desde 1976 hasta el presente, siendo la década del ‘90 la más cálida del milenio y 1998 el año más caliente. En general, existe evidencia cada vez más fehaciente para aseverar que la mayor parte del calentamiento observado en los últimos 50 años es atribuible a las actividades humanas. Pero el calentamiento no es el único efecto ya observado en el ámbito global. El nivel del mar ha aumentado entre 10 y 20 cm, y en el último siglo el 70% de las líneas costeras de playas arenosas han retrocedido. La cubierta de nieve ha disminuido un 10% desde fines de los ‘60 en las latitudes altas y medias del Hemisferio Norte. También se cree que la duración anual del período de congelación de lagos y ríos se ha acortado dos semanas en el curso del siglo XX. Casi todos los glaciares de montaña registrados en regiones no polares se han retraído durante este tiempo. En las últimas décadas, la extensión de hielo en el Ártico ha disminuido entre 10 y 15% en primavera y verano, y se cree que a comienzos del otoño la capa de hielo es un 40% más delgada que en el pasado. Además, aumentaron las precipitaciones en muchas regiones del mundo. Se ha registrado un aumento entre 0,5 y 1% por década en la mayor parte de las latitudes medias y altas de los continentes del Hemisferio Norte, acompañado por una expansión del 2% en la cubierta de nubes. Las precipitaciones sobre las áreas de tierras tropicales (10º N a 10º S) parecen haber aumentado entre 0,2 y 0,3% por década. Por otra parte, se han observado durante el siglo XX descensos en los niveles de precipitaciones en las áreas subtropicales (10 a 30º N) de aproximadamente 0,3% por década. En algunas partes de África y Asia, la frecuencia e intensidad de las sequías parecen haberse agravado. El futuro impacto en el mundo El cambio climático tendrá probablemente un impacto significativo sobre el medio ambiente global. En general, cuánto más rápido es el cambio climático, mayor es el riesgo de daños. En el futuro, los modelos climáticos pronostican que la temperatura global aumentará entre 1,4 y 5,8 ºC para el año 2100 (2,5 a 10,4 ºF) Este cambio climático sería mucho mayor que cualquiera que haya ocurrido en los últimos 10.000 años. La proyección se basa en una amplia gama de hipótesis sobre las principales fuerzas que incidirán en las futuras emisiones (tales como el aumento de la población y el cambio tecnológico), pero no refleja los esfuerzos que puedan realizarse para controlar éstas en función de la preocupación que genera el cambio climático. Se prevé que el nivel medio del mar se elevará de 9 a 88 cm para el año 2100. Esto sería causado principalmente por la expansión térmica de las capas superiores del océano a medida que se calienten, con contribuciones provenientes del descongelamiento de los glaciares. La incertidumbre sobre el alcance de este suceso es amplia, y la presencia de corrientes oceánicas cambiantes, movimientos territoriales y otros factores podría resultar en aumentos de los niveles del mar a escala local o regional mucho mayores o menores que la media global. El descongelamiento más rápido de los hielos de la Antártida y Groenlandia probablemente sea contrarrestado por el aumento de las nevadas en ambas regiones. En la medida en que el calentamiento incida más profundamente en los océanos, y el hielo continúe derritiéndose, el nivel del mar continuará aumentando mucho después de que la temperatura se haya estabilizado. Esto determinaría la inundación de zonas costeras e islas pequeñas, que son extremadamente vulnerables, junto a otros daños importantes. Cabe mencionar también que las regiones continentales se calentarán más rápidamente que los océanos y las zonas costeras. El motivo es el retardo oceánico, que impide que la superficie del mar se caliente rápido como la tierra. La envergadura del retardo dependerá de qué tan profundamente penetre el calentamiento en los océanos, ya que en la mayor parte de éstos los primeros cientos de metros bajo la superficie no se mezclan con el agua que está debajo. Estas capas superiores se calentarán en unos pocos años, en tanto que el océano profundo permanecerá frío. En algunas regiones muy frías, como los mares de Groenlandia y la Antártida, el agua solamente se mezcla con las profundidades oceánicas. Allí, el calentamiento se demorará porque se necesita calentar mucha más agua para lograr el mismo cambio de la temperatura al nivel de la superficie. Otros efectos adicionales, como las modificaciones en los patrones de precipitaciones a escala global, afectarían entre otras a la agricultura. Los modelos climáticos muestran en forma consistente que las precipitaciones extremas se volverán más frecuentes en muchas áreas (provocando inundaciones, deslizamientos de tierras y mayor erosión del suelo) y que el riesgo de sequía será mayor en los veranos de las regiones continentales. En la zona del Pacífico Sur, por supuesto, esto incluiría la intensificación del fenómeno de “El Niño”. También hay evidencias que se producirían cambios en la severidad y frecuencia de los eventos extremos, aunque para fenómenos como las tormentas y los tornados, el estado actual de conocimientos no permite realizar proyecciones certeras. Los ciclones tropicales y huracanes serían más intensos en algunas áreas (con fuertes vientos y más precipitaciones) y también podrían recrudecerse los monzones asiáticos. Las zonas climáticas sufrirían un desplazamiento hacia los polos y en forma vertical, lo que significaría la distorsión de bosques, desiertos, praderas y otros ecosistemas no manejados. Como resultado, muchos de estos ecosistemas se verían reducidos o fragmentados y podrían extinguirse distintas especies individuales. El desafío humano La sociedad humana enfrentará nuevos riesgos y presiones. Es improbable que se ponga en riesgo la seguridad alimentaria mundial, pero es muy probable que en algunas regiones se experimente escasez de alimentos y hambruna. Además, los recursos hídricos se verán afectados en la medida en que los patrones de precipitación y evaporación cambien en todo el mundo. La reducción en las reservas de agua dulce agregaría nuevas tensiones. La infraestructura física también será afectada, en particular por el aumento del nivel del mar y la presencia de eventos climáticos extremos. Los cambios inducidos por el clima en el polen, las esporas y otros contaminantes, podrían promover el asma, las alergias y los padecimientos cardiorrespiratorios. Las temperaturas más altas también podrían alterar la distribución geográfica de especies transmisoras de enfermedades. Algunas tales como el dengue, la malaria y la fiebre amarilla, por ejemplo, podrían expandir su presencia a latitudes y altitudes más altas donde la población no haya desarrollado aún inmunidad contra ellas. Los ecosistemas, las actividades socioeconómicas, los asentamientos y la salud humana, entonces, sufrirán efectos directos e indirectos. Y es un hecho que los pobres y los menos privilegiados son los más vulnerables a las consecuencias negativas a escala mundial. Existen muchas incertidumbres sobre la proporción y los impactos del cambio climático, en particular a escala regional. A raíz del efecto retardante de los océanos, las temperaturas de la superficie no responden inmediatamente a las emisiones de los gases de invernadero, y por este motivo el cambio climático continuará durante cientos de años después de que las concentraciones en la atmósfera se estabilicen. La reducción de las incertidumbres sobre los impactos del cambio climático y los costos de las distintas opciones de respuesta es vital para los responsables de las políticas. Estabilizar o reducir las emisiones en todo el mundo tendría consecuencias sobre casi todas las actividades humanas. Los líderes políticos mundiales dicen que para decidir si vale la pena, necesitamos saber cuánto nos costaría y cuáles son las consecuencias negativas que sufriríamos si continuamos dejando que las emisiones crezcan. Existen, además, cuestiones morales fundamentales: ¿cuánto estamos dispuestos a pagar por el clima del siglo XXII, que solamente podrán ver los hijos de nuestros hijos? Rumbo a la adaptación (los organismos mundiales) Los pueblos y los ecosistemas deberán adaptarse a los futuros regímenes climáticos. Las emisiones pasadas y presentes ya han comprometido en algún grado la existencia del cambio climático en el siglo XXI. Pero la adaptación a estos procesos requiere de una comprensión adecuada de los sistemas socioeconómicos y naturales, su sensibilidad al cambio climático y su capacidad inherente de adaptación. La 1º Conferencia Mundial sobre el Clima, en 1979, reconoció el grave problema del cambio climático. Esta reunión científica estudió cómo podría afectar el cambio climático a la actividad humana. La Conferencia emitió una declaración convocando a los gobiernos del mundo a «controlar y prever potenciales cambios en el clima provocados por el hombre que pudiesen resultar adversos al bienestar de la humanidad» También dio su aval a los planes para establecer un Programa Climático Mundial (WCP) bajo la responsabilidad conjunta de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Consejo Internacional para las Ciencias (ICSU) A finales de la década del ‘80 se realizaron algunas conferencias intergubernamentales sobre el tema que, junto con la creciente evidencia científica, aumentaron la conciencia internacional. Los participantes fueron funcionarios gubernamentales, científicos y ambientalistas que acordaron la necesidad de acción a escala mundial. Las políticas ambientales deben basarse en conceptos científicos sólidos y las medidas a adoptarse deben estar fundadas en el análisis riguroso, cuidadoso y balanceado de la mejor información científica y técnica. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente y la Organización Meteorológica Mundial lanzaron entonces en 1988 el llamado Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (siglas en inglés IPCC) El IPCC ha desarrollado un proceso que involucra a cientos de expertos de primera línea en el análisis de la literatura más actualizada y revisada de los aspectos científicos y técnicos del cambio climático. La investigación y el monitoreo intensivo del clima le otorga a los científicos una mayor confianza en la comprensión de las causas y las consecuencias del calentamiento global. El IPCC también integra sus evaluaciones en un formato de tipo universalmente aceptado por los responsables de las políticas, el cuál sirve de base para la toma de decisiones de los países miembros de la Convención sobre el Cambio Climático. La Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático fue firmada en Río de Janeiro por 185 países durante la llamada "Cumbre de la Tierra" del año 1992. Este organismo busca estabilizar las concentraciones atmosféricas de los gases de efecto de invernadero a niveles seguros. Además, compromete a todos los países a reunir información relevante, desarrollar posibles estrategias de adaptación al cambio climático y cooperar en la investigación y los temas tecnológicos. También compromete a sus miembros a tomar medidas que apunten a limitar sus emisiones, para que éstas retornen a los niveles de 1990. El más reciente compromiso mundial, el Protocolo de Kyoto, fue elaborado en 1997 y exige a los gobiernos tomar medidas aún más severas. Las partes de la Convención acordaron por consenso que los países desarrollados deberían aceptar un compromiso legalmente vinculante de reducir sus emisiones colectivas de los seis principales gases de efecto de invernadero al menos un 5%, tomando como base los niveles de 1990, durante el período 2008-2012. El Protocolo también establece un mecanismo para el “desarrollo limpio”, un régimen de comercio de emisiones y la implementación conjunta. El Protocolo entrará en vigor 90 días después que lo hayan ratificado al menos 55 miembros de la Convención, entre ellos, los países que producían al menos el 55% de las emisiones de dióxido de carbono en 1990. Sin embargo, la falta de acuerdo político ha demorado el proceso de ratificación, ya que aún no ha recibido aprobaciones suficientes. Ya firmaron por su ratificación 64 países, pero el porcentaje de emisiones es de sólo 44,2%. Hasta ahora no han firmado países como Australia, Croacia, Egipto, Indonesia, Rusia y Estados Unidos, y estos dos últimos especialmente tienen porcentajes importantes de emisión. Argentina firmó por la ratificación del protocolo el 28 de septiembre del 2001. Posibles estrategias a aplicar Afortunadamente, hay muchas estrategias disponibles para nuestra adaptación a los efectos previstos del cambio climático. Sin embargo, la estabilización de las concentraciones atmosféricas de los gases de invernadero demandará la realización de grandes esfuerzos. Sin políticas para controlar la emisión del dióxido de carbono, las concentraciones de éste aumentarían de 367 partes por millón (ppm), que es el valor actual, a un valor entre 490 y 1.260 ppm para el año 2100. Esto constituiría un incremento del 75 al 350% al considerar como punto de referencia las concentraciones del año 1750. La estabilización de las concentraciones, por ejemplo, a un valor de 450 ppm requeriría que las emisiones de todo el mundo cayeran por debajo de los niveles de 1990 en las próximas décadas. Tomando en cuenta la actual economía mundial en expansión y el crecimiento de la población mundial, esto requeriría un drástico aumento en la eficiencia energética y cambios fundamentales en otros sectores económicos que marquen tendencias favorables al clima, tanto en la demanda como en el consumo de energía. Los consumidores clave de la energía incluyen las industrias, los hogares, las oficinas, los vehículos y la agricultura. La eficiencia energética podría mejorarse en gran parte si se proporcionara un marco regulatorio y económico adecuado para consumidores e inversores. Este marco debería promover las opciones de energía que tengan la menor relación costo-efectividad, las mejores tecnologías, y soluciones que tengan sentido en el plano económico y ambiental independientemente del cambio climático. Medidas como impuestos, normas regulatorias, permisos de emisiones comerciables, programas de información y de voluntarios, y la eliminación progresiva de los subsidios contraproducentes, pueden influir positivamente. Los cambios en las prácticas y los estilos de vida, desde una mejor planificación del transporte urbano hasta los hábitos personales como apagar las luces, también son importantes. Será necesario equilibrar las preocupaciones sobre los riesgos y daños con las referentes al desarrollo económico. El IPCC considera que con políticas bien diseñadas y orientadas al mercado, es posible reducir las emisiones y los costos de adaptación a los impactos inevitables del cambio climático, a la vez que se generan simultáneamente beneficios económicos significativos. La respuesta prudente al cambio climático, por tanto, consiste en adoptar una serie de acciones que apunten a controlar las emisiones, adaptarse a los impactos, y alentar la investigación científica, tecnológica y socioeconómica. Fuente: Traducción y edición, realizada por la Unidad de Cambio Climático de la Dirección de Medio Ambiente de Uruguay, de la publicación “Climate Change, Information Kit” elaborada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Secretaría sobre el Cambio Climático (CMNUCC)