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Baba Yaga habita los fríos bosques de Rusia y sobrevive devorando niños. Sin embargo la existencia de la bruja no es sólo para aterrorizar a los humanos, tiene la obligación de proteger la frontera entre el mundo mortal y el espiritual… La ogra del bosque La bruja Baba Yaga, una popular leyenda del antiguo folclore eslavo, propio de la narrativa skazki. La leyenda habla de una extraña mujer que habita los fríos bosques de Rusia y sobrevive devorando niños. Sin embargo la existencia de la bruja no es sólo para aterrorizar a los humanos, tiene la obligación de proteger la frontera entre el mundo mortal y el espiritual. Además de su crueldad también se conoce un lado positivo que depende de cómo su adversario o héroe negocie con ella. Naturaleza de la leyenda En un principio Baba Yaga estaba relacionada con la canción del coco: “Duerme tesoro, que viene el coco y se come a los niños que duermen poco”. Su presencia en canciones y cuentos de monstruos que se llevan a niños maleducados servía para que, por medio del miedo, los pequeños obedezcan a sus padres. La naturaleza siniestra de Baba Yaga pertenece a la brujería, y su labor también consiste en transmitir sus conocimientos de brujería a las mujeres. Estos “poderes”, eran transmitidos de madre a hija, de ellos se conocen las propiedades de las plantas para hacer pociones, y que en la antigüedad servían para curar, matar, enamorar, y como anticonceptivo. La apariencia de Baba Yaga varía dependiendo de cada relato, pero en la mayoría de ellos no es muy agraciada y la describen como una anciana alta, huesuda, arrugada y fea, que tiene la nariz aguileña de color azul. Sus pechos son de piedra al igual que su afilada dentadura. Sus dientes son capaces de roer la madera. A menudo es denominada “la de las patas huesudas” o “Baba Yaga pierna huesuda”. Su enmarañado cabello gris parece flotar, dándole siempre un macabro aspecto a su alargado rostro. Se rumoreo que la relación entre la bruja y la serpiente se debe a que Baba Yaga tiene solo una pierna. Cuando Baba Yaga aparece, su presencia es anticipada por los chasquidos de madera seca que los árboles hacen, seguido de un viento tempestuoso que la impulsa a salir del bosque como un torbellino malvado. La naturaleza ayuda a la bruja a emboscar a su presa, ya sea el héroe del cuento o los entrometidos niños que se perdieron en su territorio. Una vez que Baba Yaga aparece, ella procede a atacar a sus víctimas golpeándolas con sus pechos de piedra y mordiéndolas como un animal salvaje. Resulta imposible escapar de la bruja debido a su excelente olfato, el mismo que le permite rastrear a sus víctimas, dicen las leyendas que huele el miedo de sus presas. Baba Yaga en la historia De acuerdo a los textos antiguos de las leyendas rusas, Baba Yaga era una ancestral diosa de la tierra eslava, antes de que las deidades rusas ascendieran al poder. Sin embargo en otras mitologías es buscada por su sabiduría, por ser protectora de las “Aguas de la vida y de la muerte”, líquido con el que se pueden curar heridas y devolver la vida. Baba Yaga es también responsable de los ciclos de la naturaleza, los cuales son guiados por tres jinetes en armadura que controlan el tiempo. Los colores que usan son: blanco, rojo y negro, los que representan el amanecer; el día y la noche. La bruja está pendiente de ellos y en ocasiones los sigue montada en una especie de cubo, y rema el aire usando una escoba. El nombre de la bruja connota su naturaleza y labor en el mundo, el que está compuesto por dos elementos. El primero “Baba” se traduce como abuela o anciana en muchas de las variaciones eslovacas. Mientras “Yaga”, es un diminutivo femenino para el nombre Jadwiga. “Yaga” también se deriva del antiguo verbo ruso: “Yagat”, que significa abusar o encontrar faltas. Baba Yaga es una anciana soltera, pero en otros relatos rusos, ella está acompañada de su hija Marinka. También existen rumores de que es la abuela del Diablo, ésto sugiere que tuvo varios hijos, hasta 41 de acuerdo a muchas leyendas. El misterio de su hogar La casa de Baba Yaga está escondida en lo profundo del bosque del Este de Rusia, vivienda de madera conocida como izbushka. Ubicada en el límite del mundo de los mortales y de los espíritus, por ende la bruja es la protectora de la frontera entre los dos mundos. Su hogar no es como cualquiera, debido a que es sostenido por dos grandes patas de gallina, construcción que se mueve por voluntad propia. En algunas descripciones no tiene ventanas y en otras fábulas sí, también está adornada con los cráneos de infantes en los cuales pone velas dentro para iluminarla. La puerta de entrada normalmente está escondida y no se abrirá a menos que la frase mágica sea dicha: “Izbushka, izbushka, da la espalda al bosque y el frente hacia mí”. En castellano la oración se puede repetir como: “Casita, casita, da la espalda al bosque y gira hacia mí”. La vivienda está protegida por un sortilegio cuyo efecto hace variar su tamaño. En algunas ocasiones es más pequeña que un ataúd, es por eso que a veces se ve a Baba Yaga totalmente constreñida por las paredes de madera, con la cara aplastada en la ventana y las piernas encogidas. Pero en otros relatos la vivienda es mucho más grande, y rodeada de una cerca hecha de huesos, decorada con calaveras, cuya puerta está enmarcada con huesos de piernas y su cerradura es una boca con dientes afilados. El interior de la choza está atiborrado de carnes y vino, también está protegido por sirvientes invisibles que con manos espectrales atienden a la bruja. Esto sugiere que la casa tiene la capacidad de preservar la comida. En los cuentos de la bruja, ella usa la chimenea de su izbushka para salir por los aires y proteger su guarida. De acuerdo a las leyendas la izbushka de Baba Yaga protege la entrada de un mundo subterráneo, y es en este lugar donde el poder de la bruja es invencible, y hasta los animales le obedecen. Aquí es donde Baba Yaga crea pociones mágicas y objetos místicos, como por ejemplo el garrote que convierte todo lo que golpea en piedra, o el guslis, un instrumento de cuerdas que se toca solo en la vivienda. Finalmente están sus medios de transporte mágicos, como lo son alfombras voladoras y el mortero que monta, para merodear por el bosque en busca de nuevas víctimas. Fabulas y magia En muchos cuentos de la bruja Baba Yaga, se revelan sus habilidades. Ella es una anciana horrorosa y malévola, que vive en lo profundo del bosque sin las comodidades del mundo moderno. Sin embargo la bruja ha podido resolver el dilema de la juventud que las mujeres envidian, el secreto para convertirse de vieja a joven en segundos, sortilegio que usa para engañar al héroe de los cuentos y así poder matarlo. Entre sus hechizos, la bruja también tiene respuestas para cualquier duda, algunos relatos sugieren que puede responder la razón de la existencia del ser humano. Sin embargo cada pregunta que ella acepta la envejece un año, por ello la bruja no está dispuesta a responder siempre y para pedir su consejo hay que ir preparado con el espíritu limpio, aunque hay rumores que hablan de un té de rosas azules que niega los efectos de envejecimiento de cada pregunta. Las fabulas se han encargado de describir la naturaleza de Baba Yaga, quien gusta de comer niños pequeños, pero no por ello está en contra de alimentarse de adultos que husmeen en su territorio. En algunos cuentos, cuando la bruja ya ha capturado al héroe, éste engaña a las hijas de Baba Yaga para que entren primero al horno y por ende la anciana ermitaña termina comiéndose a sus hijas y no al héroe. También hay cuentos que hablan de los sirvientes de Baba Yaga, quienes se encargan de someter a las víctimas para después prepararlas en el horno. Es en este relato que la víctima se disfraza con la ropa de las hijas de la bruja y por ende los sirvientes cocinan a las hijas. Estas narraciones sugieren que Baba Yaga no está tan pendiente de sus víctimas, por lo que ha sido engañada en muchas ocasiones y el héroe ha vivido para contar su aventura. NOTA: Esta leyenda la he escrito como un artículo en lugar del formato habitual de relato ya que el folclore ruso es bastante desconocido y consideré que era más interesante presentar al personaje legendario que inventar un cuento con Baba Yaga como protagonista, ya que estoy seguro que muchos de vosotros no la conocíais.

En los llanos de Colombia y principalmente de Venezuela, existe la leyenda de un espectro maldito que, tras matar a su padre, deambula por la llanura desde tiempos muy antiguos. Su espantoso silbido es sinónimo de muerte y desgracia, por eso le llaman “El Silbón”. Muchos son los habitantes de los llanos que cuentan haberlo visto sobre todo en verano, época en que la sabana venezolana arde bajo el rigor de la sequía y El Silbón se sienta en los troncos de los árboles y recoge polvo en sus manos. Pero es principalmente en los tiempos de humedad y lluvia cuando el espectro vaga hambriento de muerte y ávido por castigar a borrachos y mujeriegos y a una que otra víctima inocente. Y es que cuentan que a los borrachos les succiona el ombligo para beberse el aguardiente que ellos ingirieron cuando se los encuentra solos por el llano, y que a los mujeriegos los despedaza y les quita los huesos y los mete al saco donde guarda los restos de su padre. Algunas versiones dicen que es como un alargado gigante de unos seis metros, que camina moviéndose entre las copas de los árboles mientras emite su escalofriante silbido y hace crujir, dentro de su viejo y harapiento saco, los pálidos huesos de su infortunado padre; o, según afirman algunos, de sus múltiples víctimas. Otras versiones dicen que, sobre todo a los borrachos, se les presenta como la sombra de un hombre alto, flaco y con sombrero. Existe la creencia de que sus silbidos se suceden unos a otros en ciclos de do, re, mi, fa, sol, la, sí y que se escuchan cercanos cuando no hay peligro y lejanos cuando sí lo hay pues cuanto más lejanos suenan más cerca está. Unos piensan que escuchar su silbido es un presagio de la propia muerte, que puede oírsele en cualquier sitio y hora y que si lo oyes lejos entonces no te queda más salvación que el ladrido de un perro; o, para otros más optimistas, también el ají (un fruto rojo y muy picante que se emplea como condimento) y el látigo. Cuentan que, en ciertas noches, El Silbón puede aparecerse cerca de una casa, dejando en el suelo el saco y poniéndose a contar los huesos uno a uno. Si una o más personas lo escuchan, no pasará nada; si nadie lo escucha, al amanecer un miembro de la familia nunca despertará. En los llanos orientales de Colombia, donde le llaman “El Silbador”, creen que es el alma errante de un mujeriego parrandero que murió en soledad, la gente afirma que él busca la compañía de alguien que a esas horas de la noche ose cabalgar. Pero aquella versión amable es una excepción pues, también en Colombia, otros dicen que El Silbador persigue a las embarazadas, que su silbido penetra los oídos e infunde frío y que, si alguien lo escucha en tono agudo, pronostica la muerte de una mujer, mientras que si suena grave pronostica la de un hombre. En cualquier caso, esa mujer u hombres es generalmente alguien conocido por parte de quien ha escuchado el silbido. Orígenes La leyenda de El Silbón nació a mediados del siglo XIX en las llanuras de Guanarito, un municipio del estado La Portuguesa, dentro de Venezuela. Después la leyenda migró a los llanos de Cojedes y Barinas y hoy en día inclusive se la encuentra en ciertas zonas de la llanura colombiana. Versión 1: Cuentan que cierto joven descubrió que algo extraño estaba pasando entre su esposa y su padre. Unos dicen que el padre la había golpeado, pero generalmente se cuenta que la violó y que, cuando su hijo lo encontró cometiendo el crimen, únicamente se justificó diciendo: “lo hice porque es una regalada (mujer fácil)”. Entonces la cólera del joven se desató y ambos comenzaron un combate cuerpo a cuerpo, golpeándolo en medio de la lucha con un palo y asfixiando a su padre con éste (que yacía en el suelo tras el golpe), apretándolo con ferocidad hasta que dejó de respirar… El abuelo, que había escuchado toda la pelea, pues se encontraba cerca, fue corriendo a ver qué pasaba y se encontró con el atroz parricidio. Conmocionado, juró que castigaría al joven, quien siendo de su propia carne y sangre, osó dar muerte a quien le transmitió la vida… Así, poco tiempo después se encargó de que el homicida fuese atado, dándole entonces una lluvia de latigazos. “Eso no se le hace a su padre…¡Maldito eres pa´ toa´ la vida”, le dijo antes de frotarle ají en las heridas y echarle al perro Tureco para que lo persiguiera. Según la leyenda, el espíritu del perro le perseguirá hasta el fin de los tiempos… Versión 2: El Silbón era un joven caprichoso y consentido, acostumbrado desde niño a ser complacido en casi todo. Un día, al Silbón se le antojó comer asadura de venado (hecha con el hígado, el corazón y el pulmón del animal); su padre inmediatamente salió de cacería a buscarle un venado… Pero he aquí que el padre tuvo una mala jornada de cacería y, tras regresar con las manos vacías, se encontró con la cólera de su hijo, el cual se descontroló y terminó matándolo y sacándole las partes necesarias para hacer la asadura. Después le entregó las partes a la madre, quien no sabía nada del asesinato; ésta acabó por darse cuenta de que las partes para la asadura no se ablandaban como de costumbre, sospechó de su hijo y avisó al abuelo. Tras descubrir el crimen, el joven fue maldecido por su abuelo y su hermano (según algunos, también por la madre), quienes lo ataron, le pelaron la espalda a latigazos, le frotaron ají en las heridas, lo echaron con violencia de la casa y le soltaron al perro Tureco para que lo persiga. Variante de la versión 2: Dicen que El Silbón era un muchacho mimado, un joven que había crecido con tales excesos de libertad que, en su adolescencia, se fue de casa simplemente porque le apetecía “ver mundo” y hacer “lo que le diera la gana”. Fuera de casa, El Silbón llevó una vida libertina en la que las fiestas, los excesos de alcohol y el sexo desenfrenado y promiscuo estaban a la orden del día. Como era violento, cuentan que mató a varias personas y que por ello estuvo muchas veces en prisión (no se sabe cómo salía tan rápido). Pero finalmente El Silbón se cansó de todos los golpes y maltratos que le costaban los excesos de su vida pendenciera y libertina, por lo cual un buen día volvió al rancho de sus padres y allí, pese a todas sus atroces proezas, fue recibido con alegría y afecto. Ya pasados algunos días, El Silbón invitó a su padre de cacería; y, cuando estaban algo adentrados en el bosque después de que el muchacho guiara al padre por un buen rato, encontraron un árbol delgado y torcido que les obstaculizaba el paso. Surgió entonces el siguiente diálogo entre el hijo y su padre: Papá, ¿por qué no enderezas ese palo? Está atravesando el camino. ¿Por qué no lo enderezas?” ¡Ay, hijo!, ese ya no se puede enderezar, debía hacerse cuando estaba tierno, cuando estaba chiquito, ya está muy formado y crecido, ya no se puede. ¡Ah! Si usted sabía que las cosas torcidas se enderezan cuando están pequeñas: ¡¿por qué entonces no me enderezó cuando podía, cuando estaba a tiempo?! Usted me dejó crecer malo, torcido y caprichoso… No sabe cuánto he sufrido por eso. He tenido que matar tanta gente y sufrir tantos golpes para estar vivo ahora… Llegado el momento, el hijo le confesó al padre que pensaba matarlo, que tenía que vengarse por todo lo que había sufrido por culpa de él. Así y sin darle tiempo de huir, lo agarró del cuello, lo apuñaló y le sacó las partes (hígado, corazón y pulmón) con que se hace el asado. Después dejó el cuerpo tirado y fue a casa con las partes de su padre para que la madre hiciera un asado… No obstante la madre se dio cuenta del crimen, entró en ira, lo maldijo y, junto al hermano y el abuelo, lo ataron, le arrancaron la piel de la espalda a latigazos, le frotaron ají, lo exiliaron para siempre de casa y mandaron al perro Tureco para que lo persiga, lanzándole la maldición de que sería errante y no tendría descanso pues oiría los ladridos del perro cada vez que se detuviera a descansar…

Mary Ann era una chica de deslumbrante belleza que estaba acostumbrada a ser el centro de atención de los hombres, además su soberbia la impulsaba a tratar con desprecio a los menos agraciados que ella. Hasta que un día… Todo comenzó en Tetbury, una pequeña localidad de cierta campiña inglesa situada a unos cuarenta minutos de Oxford. Se dice que allí, hace muchos años, vivía una chica de deslumbrante belleza llamada Mary Ann Sawford. Sus cabellos eran largos, ondulados y de un dorado semejante al oro, su cuerpo era todo un monumento y su rostro tenía facciones tan bellas y finas que parecía el rostro de un ángel. Por todo ello Mary Ann estaba acostumbrada a ser el centro de atención, un imán que por donde iba monopolizaba las miradas masculinas y que, con una sola mirada de sus ojos azul-zafiro, era capaz de hacer que cualquier chico del pueblo caiga rendido a sus pies. Pero su apariencia era sólo el bello envoltorio de un alma insensible y algo cruel. Detrás de su rostro angelical latían una soberbia y una arrogancia sin límites pues Mary, cegada por la vanidad y la superficialidad, creía que por ser tan hermosa era superior a los demás, mirando casí siempre con desdén a las otras personas, particularmente a aquellas que no habían tenido la suerte de ser tocadas por la belleza. Fue así que aquella detestable actitud de Mary consiguió que, con el tiempo, la envidia que las chicas del pueblo le tenían acabase por transformarse en una peligrosa combinación de celos y odio. En su crueldad, Mary Ann encontraba un gran deleite en amargarle la vida a una chica jorobada de nombre Elizabeth: la trataba con apodos, le lanzaba bromas denigrantes, la dibujaba, entre otras cosas…Y todo eso durante años. Un día cruzó los límites y humilló fuertemente a Elizabeth delante de Robert, el chico que Elizabeth amaba. Esa noche Elizabeth lloró y juró que ya había sufrido demasiadas humillaciones y que era hora de hacer justicia y vengarse de Mary Ann. Quería hacerle algo horrible sin importar las consecuencias, algo que le haga pagar por haber adoptado por tanto tiempo la actitud aborrecible de la niña mimada en la que se había convertido… Tres días más tarde Elizabeth fue arrestada después de lanzar una sartén de aceite hirviendo al rostro de Mary. Mary Ann sobrevivió, incluso conservó la vista…pero el precio fue muy alto, tan alto que ella habría preferido morir: su rostro angelical quedó tan desfigurado por la severidad de las quemaduras que parecía el de un monstruo infernal, su pecho y su cuello habían quedado en un estado lamentable y había perdido una buena parte de su dorada cabellera. Dicen que la primera vez que vio su nuevo aspecto estuvo toda la noche gritando, y que entró en una crisis nerviosa tan terrible que sus alaridos estuvieron resonando por gran parte de Tetbury hasta casi entrada la mañana. Jamás volvió a ser la misma: se había transformado en un ser traumatizado y atormentado. Pasaba todo el tiempo encerrada en su casa, no permitía visitas. Cubrió con viejas sábanas todos sus espejos para así evitar el suplicio de mirar su horrendo aspecto. Pasaba horas enteras peinándose el poco pelo que le quedaba mientras se repetía una y otra vez que era la chica más bella del pueblo. Cuentan que si pasabas cerca de su casa podías casi siempre oírla sollozar, incluso dicen que a veces por las noches se ponía a gritar como loca. Con el tiempo fue enloqueciendo cada vez más, aunque no permaneció mucho tiempo mas entre los vivos, ya que después de que perdiera su belleza: un día, incapaz de seguir aguantando su suplicio, Mary destapó uno de sus espejos y, al ver su monstruosa imagen, comenzó a gritar, rompió el espejo y luego se cortó las venas con uno de los pedazos del afilado cristal… Pasados unos días se encontró su cuerpo desangrado encima de los pedazos del espejo. Cuentan que nadie acudió a su funeral, el odio y envidia que había despertado en vida la habían dejado sola en sus últimos momentos. Con el paso de los años empezaron a nacer extraños rumores en Tetbury: se decía que el espíritu de Mary Ann estaba penando y que hasta se podía invocar. Todo lo que había que hacer era estar solo en tu casa de noche, escribir el nombre de Mary Ann en un espejo y luego acostarte. Supuestamente, a la mañana siguiente encontrarías el espejo roto y verías que tu reflejo ha desaparecido para siempre, y en su lugar aparecerá el rostro quemado de Mary Ann en cada espejo a tu alrededor, el espíritu te estará vigilándo desde el más allá mientras se peina su raída melena… En un comienzo creerás que se trata de alucinaciones pero luego la verás cada vez más: en el cristal de la ducha, en el vidrio de la ventana, en la pantalla del ordenador, en tus sueños… Mas solo tú podrás ver el rostro aterrador de Mary Ann, nadie más lo verá y si lo cuentas los demás pensarán que estás loco y al final tarde o temprano acabarás tan trastornado como la propia Mary Ann… Seguirás viéndola hasta que un día te hartes y rompas uno de los malditos espejos en que Mary Ann te observa peinándose. Pero cuidado: el día que hagas eso, ten por seguro que morirás, ya que Mary Ann enfurecerá y mientras duermes poseerá tu cuerpo y te obligará a suicidarte cortándote las venas con los afilados restos del espejo igual que ella se quitó la vida abandonando su sufrimiento en este mundo…

Todo comenzó en 1941 cuando el sueco Einar Pettersson-Skämtkvis escapó del ejército nipón que le tenía retenido como prisionero de guerra. El destino quiso que Einar no fuera recapturado y así logró nadar lo suficiente como para dejar atrás a sus captores. No obstante la casualidad hizo que las corrientes marinas condujeran a Einar a un misterioso y hasta entonces desconocido archipiélago en algún lugar del Océano Pacífico. Allí, Einar descubriría un oasis zoológico en el que el mismísimo Charles Darwin habría caído presa del asombro. Y es que, en aquel archipiélago, los mecanismos genéticos de la evolución habían tomado unos cauces excéntricamente distintos al del resto de seres vivos que se conocen, tal vez debido al aislamiento geográfico. Fue así que Einar se encontró con un extraño abanico de especies de mamíferos que habían desarrollado sus apéndices nasales de un modo inimaginable que les había permitido adaptarse a los diversos entornos de la isla y cumplir multitud de funciones según la necesidad. Seres como ratones que volaban con las orejas y se apoyaban con una fusión entre pata y nariz, pequeños roedores que recordaban a los pulpos porque se desplazaban sobre varias narices parecidas a tentáculos… Aquellas fueron sólo algunas de las fascinantes criaturas que poblaban el archipiélago que posteriormente sería bautizado como Hi-yi-yi o Hi-IAY islands. Años después los misteriosos seres serían conocidos como snouters o rhinogrades; ya que, pese al descubrimiento de Einar, no hubo un estudio científico sobre las criaturas hasta 1957, año en que el naturalista alemán Harald Stümpke se decidió a investigar a aquellas narigudas criaturas y elaboró así su gran monografía “Bau und Leben der Rhinogradentia” (Forma y vida de los Rhinogrades). Según los estudios del profesor Stümpke, los Rhinogradentia conformaban un orden biológico independiente que se caracteriza por su particular morfología y su método de movimiento, el cual consistía en que, en lugar de usar sus patas, usaban su nariz larga y extendida (o sus narices) para desplazarse. Los Rhinogradentia podían tener una o varias narices, razón por la cual se dividen en dos familias: la Monorrhina (de una sola nariz) y la Polyrrhina (de varias narices). El género con el que fueron catalogados “Rhinogradentia” proviene de la partícula “rhino” o “nariz” en latín. Stümpke describió 26 géneros y 189 especies dentro del orden Rhinogradentia, hablándonos entre las líneas de su obra sobre rhinogrades que usaban sus apéndices nasales para funciones tan variadas como pescar, caminar y sujetarse de las ramas, posarse sobre el suelo y capturar insectos con sus colas pegajosas, etc. Seguramente Stümpke habría publicado más sobre los rhinogrades si una prueba nuclear realizada cerca del archipiélago no hubiera provocado una explosión con un radio de unos 100 kilómetros, una detonación que acabó con las 18 islas del archipiélago, hundiéndolas en el Océano Pacífico con Stümpke y los otros científicos que en ese momento estaban celebrando un congreso en una de las islas… Ese fue el fin de los rhinogrades y, si no hubiera sido porque tiempo atrás Stümpke había publicado su obra, quizá nunca hubiésemos conocido el orden Rhinogradentia. ¿Existieron realmente los Rhinogrades? Pero… ¿Acaso existieron los rhinogrades? NO. En realidad todo fue inventado por el eminente zoólogo alemán Gerolf Steiner de la Universidad de Karlsruhe. Steiner inventó una historia tan cargada de detalles que parecía real: Al prisionero sueco Einar Pettersson-Skämtkvis, el archipiélago Hi-yi-yi, al profesor Stümpke (usó su identidad ficticia para firmar como si Stümpke existiera y fuera el autor de “Forma y vida de los Rhinogrades”) y, desde luego, 189 especies de rhinogrades, animales totalmente inventados e imposibles de encontrar en la naturaleza. Lo que Steiner creó fue en realidad una brillante mofa a la Ciencia, una parodia del género de la monografía científica en la cual puso todo su ingenio y su conocimiento zoológico para hacer dibujos técnicos, descripciones, categorizaciones y sistematizaciones con el rigor de una obra verdadera… Sin embargo y a pesar de lo descabellado de sus descripciones, la precisión y perfección con la que fueron descritas en el libro “Bau und Leben der Rhinogradentia” confundieron a un gran número de zoológos, ni que decir tiene que muchas personas dieron por cierta la monografía y el texto aún a día de hoy se puede comprar por internet en portales como Amazon. En numerosos portales de internet incluso se ha tratado esta noticia como cierta y es bastante habitual encontrar extractos y dibujos del libro en webs de criptozoología de muchos países. Como dato curioso debe citarse que en 1970 fue nombrada en honor de Steiner una especie de mariposa recién descubierta con el nombre de "Rhinogradentia steineri". Imágenes y Dibujos de los Rhinogrades, también conocidos como Snouters Para finalizar el artículo os dejo con una galería de ilustraciones del libro y recreaciones de cual sería el aspecto de los rhinogrades, en las que puede apreciarse la morfología de estos seres imaginarios y la gran cantidad de especies que supuestamente existieron.

Conocido principalmente en Argentina, Brasil y Paraguay, el Pombero es un duende del bosque que se encarga de proteger la fauna y flora de aquellos que matan más animales de los que van a comer o talando árboles que no van a utilizar… El Pombero es un ser originario de la mitología guaraní (algunos autores difieren en esto), muy popular en Paraguay, en ciertas partes del sur de Brasil, y en zonas argentinas como Misiones, Corrientes o Entre Ríos. Este ser gusta de acosar y violar mujeres, asesinar a quienes deterioran innecesariamente la naturaleza, y castigan a quienes osan pronunciar su nombre en voz alta o les faltan el respeto imitando su silbido, que según cuentan es escalofriante y de hasta 30 segundos. . Su nombre En guaraní, el nombre que se le da es “Cuarahú-Yara”, lo cual significa “Dueño del Sol”. Sin embargo, esto es sólo aparente, pues aquel es el nombre de un viejo rojizo con un solo ojo en la frente, dientes de perro, brazos largos y enormes manos. Este ser, según indica el especialista Félix Coluccio, no es una modalidad del Pombero sino un ente diferenciado. Así, los verdaderos orígenes de su nombre habría que buscarlos en el sur de Brasil, donde se llama “pombeiro” al que espía, y en los aborígenes de las pampas argentinas, que llaman “bombero” al explorador que marcha en la línea de avanzada cuando se están efectuando tareas de reconocimiento. De allí, se cree que el nombre puede ser una fusión de ambos, o una deformación de uno u otro. . Versión tradicional del Pombero Las primeras referencias al Pombero lo muestran como un ser alto, flaco, fornido, feo, y muy peludo. Sin embargo, esta versión carece de importancia en la actualidad, no solo porque prácticamente no existe información sobre la misma, sino porque, de una forma que podríamos llamar “casi oficial”, el Pombero es popularmente conocido como una especie de duende. Esta es la versión tradicional, tanto en el folclore actual como en el de hace décadas atrás. En la versión (la tradicional) que nos ocupa, el Pombero es una especie de hombrecillo pequeño, feo, fuerte, moreno, muy peludo, de brazos largos y manos enormes, codos y rodillas sin articulaciones (por lo cual hace movimientos toscos y grotescos), piernas cortas con pies invertidos que desorientan a quien lo intenta rastrear, un enorme miembro viril para abusar carnalmente de las mujeres, una barba larga —en ciertas versiones, tan grande que le cubre el miembro—, un sombrero de paja y una bolsa al hombro, aunque lo de la bolsa es dudoso, pues proviene de su confusión con el Kari-Vosá, otro ser mitológico. Sean cuales sean los detalles de su aspecto, el Pombero ronda por los bosques, suele refugiarse en casas u otras construcciones abandonadas para descansar, y nunca deja de viajar, al menos entre las zonas en que se lo ha visto. Sus habilidades son diversas: puede hacerse invisible y delatar su presencia a través de algo tan sutil como un escalofrío en quien supuestamente es tocado; puede deslizarse en espacios muy estrechos, correr velozmente en cuatro patas, imitar el canto de muchas aves (sobre todo nocturnas), el silbido de una persona y el sonido de víboras u otros animales. La misión principal del Pombero es la de cuidar a la Naturaleza, vigilando el monte y velando por las vidas de los animales salvajes. Por ello y si bien permite la cacería, se enfurece cuando ve que un cazador mata más de lo que consumirá, cuando un pescador solo busca entretenerse, cuando un leñador corta madera que no empleará y, en suma, cuando cualquiera produce injustificadamente un daño a la flora o fauna. Su vigilancia es casi imposible de burlar, ya que supuestamente puede metamorfosearse y, por ejemplo, estar observando todo en forma de lechuza… A la hora de castigar, el Pombero puede ser realmente implacable y cruel. Por ejemplo, en algunas partes de Argentina creen que, si encuentra a un niño cazando pájaros, lo tomará a la fuerza y lo abandonará lejos de casa, muerto o atontado, dependiendo del caso. Concretamente en el Chaco (Argentina), se cree que el Pombero puede chuparles la sangre a los niños, dejándolos secos y colgados de algún árbol… Tal y como los duendes tradicionales, el Pombero puede ser travieso y fastidioso: libera vacas y otros animales de sus corrales, dispersa gallinas u otros grupos de animales domésticos o salvajes, roba tabaco, desparrama maíz, consume miel si la encuentra a su alcance, se coge los huevos de las gallinas, y tumba a los jinetes de sus caballos, entre otras cosas. Particularmente conocida es la lascivia del Pombero. Éste, aprovechándose de su invisibilidad, suele despertar a las mujeres con caricias malintencionadas, sobre todo si duermen fuera, como sucede a menudo en verano. Ciertas mujeres han sido violadas por el Pombero, y cuando tienen un hijo de él, suele ser algo parecido al padre, desgraciadamente… En este tipo de afán el Pombero, cuando se ha prendado de la belleza de determinadas jóvenes, ha llegado a raptarlas (dicen algunos que, para esto, puede hipnotizar), las ha violado en el bosque, y ahí las ha dejado abandonadas, generalmente embarazadas, con la ropa rasgada y el cuerpo cubierto de tierra y mal olor (el Pombero apesta). Sin embargo, gusta de violar salvajemente, a manera de castigo, a las esposas infieles y a las jóvenes que han crecido sin bautizarse. Hasta aquí parecería que las elegidas del Pombero están perdidas, pero muchos creen que, si éstas le ofrecen miel o tabaco de buena manera, el Pombero habrá de dejarles intacto “el honor”. Ahora, y pese a ser violador, el Pombero también tiene su lado sensible con las mujeres. En efecto, en Corrientes (Argentina) creen que éste se suele enamorar de las embarazadas que están gestando niñas, y que las protege cuando duermen o andan solas en la oscuridad, delatando a veces su presencia en algo tan suave como un piar de pollito. Por otra parte, uno puede ganar la amistad o simpatía del Pombero si le hace regalos. Hay que dejarle tabaco, miel o licor, en algún banco o silla o en un lugar visible atrás de la casa, pronunciando una corta oración o ruego. Cuentan que, si se llega a obtener su amistad, éste cuidará la casa, el rancho, los animales y las pertenencias del favorecido, además de que le guiará donde están las presas más grandes para cazar, los peces más gordos y jugosos, y los frutos más frescos y exquisitos… Sin embargo, ganar la amistad del Pombero no es tarea sencilla, pues las ofrendas deben hacérsele por treinta noches seguidas sin interrupción; aunque también, si se desea un favor concreto —sobre todo en lo que es encontrar cosas perdidas y tener éxito con los cultivos y los animales de granja—, se puede pedir primero el favor, decirle lo que se le habrá de dar por treinta noches seguidas, esperar a que el favor esté cumplido y entonces proceder a cumplirle lo ofrecido. Y es mejor que así sea, porque el Pombero se enfurece cuando hace un favor y no es retribuido… Como contraparte a lo anterior, hay quienes se han ganado la enemistad del Pombero. Si esto es así, la persona enemistada oirá ruidos extraños en casa, verá objetos que se mueven, puertas que se abren, cosas que se caen sin explicación, o incluso pasos y voces sin fuente aparente… Esa persona mejor no debería salir de cacería, pues el Pombero intentará confundirle en la espesura del bosque, de la cual quizá no vuelva vivo… Otra cosa a tener en cuenta, es que alguien puede irritar al Pombero sin llegar a ser su enemigo, pero sí experimentando desagradables consecuencias y, de reincidir, seguramente tendrá la enemistad del Pombero. Cosas que lo irritan, además de dañar innecesariamente la flora y fauna, son el pronunciar su nombre en voz alta, el imitarlo (esto hará que conteste con estremecedores sonidos) y el no hacerle jamás ningún regalo. Según creen, posibles consecuencias de irritarlo son episodios de temblor, mudez o confusión, estados todos que el Pombero puede inducir con solo dar un roce de sus manos peludas. . Aún creen en el Pombero Todavía en la actualidad, pero sobre todo en el campo, muchos afirman tener experiencias que delatan la presencia del Pombero: ramas que se mueven sin motivo, ruidos de animales que no se ven, asnos sin cabeza o cosas de ese tipo, sonidos de ciertas especies de ave al atardecer, animales de granja que se dispersan sin motivo aparente, etc… Jorge Alberto Martínez, argentino que investigó sobre la vigencia de la creencia en el Pombero, cuenta al respecto lo siguiente: “Lo cierto es que además, dicho mito, sigue en este año 2000, existiendo y no sólo entre la gente sin estudios, sino incluso entre estudiantes universitarios a los que he analizado. Hace menos de un mes, a uno de ellos le referí la historia del Pombero como un mito, y se ofendió, diciéndome que él mismo lo había visto y que así como embaraza a las mujeres, con los hombres puede ser un juerguista insoportable o un aliado valioso, tanto en las cosechas como en sus propias relaciones con las mujeres. La sensación que me transmitió del Pombero fue tan vívida, que por poco me lo creí. Creo que un error que a veces podemos cometer es pensar en los mitos como en algo que pasó, no como algo viviente, que hoy en día sigue sustentándose a partir de experiencias como las que acabo de relatar (…). Si bien mi conocimiento del Pombero comenzó hace casi 20 años a través de una empleada doméstica paraguaya, cuando me fui internando en la cultura de ese país por otros fines, descubrí que tiene una presencia casi tan importante como el Espíritu Santo dentro de la mitología católica.” . ¿Evidencias de su realidad?… Hace poco, en internet se publicó un vídeo donde se ve a unos niños caminando por el bosque en Misiones, noreste de Argentina. Mientras conversan, uno de los niños ve algo al costado de un árbol, aunque la mala calidad del vídeo no deja ver bien qué es, pero se supone que es el Pombero: link: http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=TZapjBBb_zY
Una escalofriante leyenda urbana japonesa habla de una chica que tras ser asustada, en una broma por unas compañeras de clase, acabó en las vías del tren donde murió partida en dos. Desde entonces vaga convertida en un torso… Entre los japoneses circula una escalofriante leyenda que habla de un espíritu femenino al que le falta la mitad inferior del cuerpo. Dicen que se arrastra con las manos (terminadas en dedos largos, con garras que pueden cortar carne como mantequilla) y que se desplaza haciendo un sonido del cual recibe su nombre: “Teke Teke”. La versión más difundida cuenta que, en vida, aquel espectro era una joven mujer, que esperaba el tren pero cayó en las vías, no tuvo tiempo de escapar de una muerte horrenda en la que su cuerpo, fue partido en dos… Muy probablemente algunos la vieron caer y no la ayudaron, ya que el Teke Teke es un fantasma que arde en ira, buscando afanosamente compartir con cuantos pueda su amargo destino. Así, cuentan que ha empujado a personas que estaban esperando el tren, que ha atacado con sus garras dejando caras y espaldas sanguinolentas, o incluso, según los más extremistas, que es capaz de arrastrarte y lanzarte a las vías del tren o, si te la encuentras solo en alguna oscura noche, puede destrozarte y usar sus garras para dividir tu cuerpo en dos. Pero el asunto va aún mas lejos; pues, en cualquiera de los casos en que la víctima muere, la versión extrema de la leyenda afirma que se convierte en otro “teke teke” más… ¿Víctima de una mala broma? Una teoría dice que el Teke Teke es el fantasma de una colegiala japonesa que vaga por las estaciones de tren en Japón. En vida era una chica asustadiza e impresionable, y eso la hacía blanco frecuente de bromas pesadas. Un día de verano (temporada de cigarras en Japón) esas bromas fueron demasiado lejos, y sus compañeros, viéndola que esperaba el tren con la mirada perdida, se acercaron sigilosamente por atrás y le lanzaron una cigarra en el hombro, haciéndola dar un brinco que la hizo terminar en las vias férreas, donde un veloz Shinkansen (tren de alta velocidad) la partió en dos. Desde ese día, ella pena cerca de las estaciones, buscando acabar con bromistas como los que la precipitaron a su muerte, aunque no duda en acabar con inocentes también… La historia del escolar asesinado Esta historia, supuestamente real, es ampliamente conocida entre los escolares japoneses. Trata sobre una víctima del fantasma y es como sigue: Un estudiante de una escuela solo para hombres salió más tarde de lo debido, cuando de pronto, antes de que abandonara el colegio, escuchó un extraño ruido detrás de él. Inquietado, el muchacho se giró y vio que, observándolo desde una de las ventanas del segundo piso de un edificio lleno de aulas, estaba una hermosa chica de misterioso aspecto. Ella lo veía con los brazos apoyados en el alféizar y la cara entre las manos, él no podía ocultar el asombro que le producían aquellas dulces facciones y aquellos ojos negros, profundos y templados. ¿Qué hacía una chica así en un colegio de hombres? Él no lo sabía, y dejó de importarle cuando ella sonrió coqueta y maliciosamente, pero este no fue más que el principio del fin, porque tras un par de segundos ella saltó por la ventana y cayó al pavimento, sin destrozarse, y revelando que su cuerpo carecía de mitad inferior… Congelado por el terror, el muchacho la vio arrastrarse con los brazos, haciendo un ruido que era como “tek, tek, tek, tek, tek”… Trató de gritar pero la voz no le salía, trató de salir corriendo pero sus piernas solo podían temblar y temblar… Ahora sabía que se trataba del Teke Teke, pero era demasiado tarde; y ella, que iba dejando una estela de sangre nacida de sus órganos expuestos, saltó violentamente sobre él, sacó una guadaña —así dicen, aunque es más creíble pensar que lo mató sin guadaña— y lo cortó en dos, condenándolo con ello a ser otro “teke teke” más. Kashima Reiko, la leyenda hermana Muy semejante a la leyenda del Teke Teke, es la leyenda de Kashima Reiko, una chica que también murió pisada por un tren, aunque no fue dividida en dos sino que simplemente perdió sus dos piernas. Desde entonces, dicen que ronda por los baños en busca de víctimas, que toca la puerta y pregunta al ocupante dónde están sus piernas. Kashima espera que la persona le diga que sus piernas están en la Estación Meishin, y que fue ella misma quien se lo dijo. Si la víctima responde indebidamente, Kashima le arrancará salvajemente sus propias piernas… Explicación racional Hay varios hechos que nos permiten entender racionalmente la leyenda. Para empezar, la historia (expuesta anteriormente) del chico que murió a manos de una teke teke o de la Teke Teke, es generalmente contada entre los escolares, y son los mismos maestros quienes la alimentan y agregan detalles como aquello de que el espectro persigue a los niños que andan solos por la noche. Esto hace pensar en la leyenda de Hanako San, pues los profesores dicen que Hanako (una chica fantasma) pena sobre todo en baños sucios y descuidados. Como se ve, este tipo de leyendas, al menos en gran parte, sobreviven en la tradición oral pues los profesores, aprovechándose de la credulidad de los estudiantes de primaria, las usan para hacer que los alumnos no hagan ciertas cosas. Desde otro ángulo muy diferente, esta leyenda, al igual que la de Kashima Reiko, constituye una proyección simbólica, a nivel de las tradiciones orales, del miedo a sufrir una muerte particularmente terrible. De allí que, tanto el Teke Teke como Kashima, no se contentan con aterrorizar sino que buscan hacer que otros mueran de la misma manera; aunque estas situaciones, como bien puede intuirse, están vinculadas a una tendencia cultural que ha atravesado diversas épocas y lugares: la tendencia a percibir a los fantasmas como entes malignos. De todas formas, estas sencillas explicaciones no invalidan la posibilidad de que algunas víctimas de trenes japonesas hayan quedado partidas por la mitad y posteriormente hayan penado. Así que, si el lector va algún día a Japón, será mejor que no ande solo de noche en las estaciones de tren, porque podría ver algún fantasma partido arrastrándose y, si está cerca de las vías del tren, el susto podría ser suficiente para hacerlo caer y convertirse en un teke teke más…
Algunos de ustedes habrán oído que Disney es responsable de al menos un real y «vivo» pueblo fantasma. Disney construyó el centro turístico Isla Tesoro en la Bahía de Barker en las Bahamas. ¡No comenzó como un pueblo fantasma! Los cruceros de Disney realmente llegaban al centro y dejaban turistas para que se relajaran a todo lujo. Esto es un hecho, pueden buscarlo. Disney invirtió $30,000,000 en el lugar… sí, treinta millones de dólares. Luego lo abandonaron. Disney culpó a las aguas poco profundas que «no permitían a sus barcos navegar adecuadamente», e incluso culpó a los empleados, diciendo que como eran de las Bahamas eran muy holgazanes como para trabajar en un horario preestablecido. Ahí es donde los argumentos de su historia terminan. No fue por la arena, y obviamente no fue porque «los extranjeros son holgazanes». Ambas son excusas convenientes. No, dudo sinceramente que esas razones fueran legítimas. ¿Por qué no creo la historia oficial? Por el Palacio de Mowgli. Cerca de la ciudad costera de Isla Esmeralda en California del Norte, Disney emprendió la construcción del Palacio de Mowgli a finales de la década de los noventa. El concepto del parque temático era la jungla, con un gran palacio en el centro del lugar. Si no están familiarizados con el personaje de Mowgli, quizá deberían tratar de recordar la historia El libro de la jungla. Mowgli es un niño que fue abandonado en la jungla, en donde fue criado por animales y a la vez amenazado y perseguido por otros animales. El Palacio de Mowgli fue un proyecto controversial desde un inicio. Disney compró una tonelada de tierra de alto valor para ello y, de hecho, hubo un escándalo circundando a algunas de las compras. El Gobierno local los acusó de querer «dominar» su territorio, y luego cambió de parecer y vendió las propiedades a Disney. En un punto, una casa que apenas había sido construida fue demolida sin que se dieran motivos. La tierra que el Gobierno tomó estaba destinada a un proyecto ficticio de la construcción de una carretera. El pueblo, sabiendo de qué iba el asunto, comenzó a llamarla «La pista de Mickey Mouse». Luego vino el arte conceptual. Un grupo de empleados estirados de Disney convocaron a las personas a una presentación pública. Su intención era venderles la idea de lo lucrativo que sería el proyecto para todos. Cuando mostraron el arte conceptual, ese gigantesco palacio indio rodeado de una jungla, lleno de hombres y mujeres vestidos con taparrabos y equipamiento tribal… baste con decir que todos perdieron la cabeza. Estamos hablando de un enorme palacio indio, jungla y taparrabos no sólo en el centro de un área relativamente rica, sino también en un área del sur de los Estados Unidos un tanto xenofóbica. Era una mezcla cuestionable para ese punto de la historia. Pero Disney se apropió de la comunidad y no había nada que se pudiera hacer o decir al respecto. Los medios de comunicación estuvieron en contra del parque desde un comienzo, pero una extraña conexión entre las holdings de los medios de comunicación de Disney y otras instancias locales entró en juego y sus opiniones fueron en dirección opuesta. Como sea, Isla Tesoro, las Bahamas. Disney puso esos millones y luego partió. Lo mismo sucedió con el Palacio de Mowgli: las instalaciones estaban terminadas, personas realmente llegaron al parque, las comunidades cercanas se atestaron de tráfico y se produjeron los contratiempos usuales asociados a la afluencia de turistas perdidos e irritados. Luego todo paró. Disney lo clausuró y nadie supo qué demonios pensar. Pero estaban felices por ello. La pérdida de Disney fue muy hilarante para un enorme grupo de ciudadanos que no querían nada de eso para empezar. Honestamente, no volví a pensar en ese lugar desde que escuché que cerró hace más de una década. Vivía quizá a cuatro horas de Isla Esmeralda, así que en realidad sólo escuché los rumores y nunca experimenté nada de primera mano. Entonces leí este artículo de alguien que había explorado Isla Tesoro y publicado todo un blog sobre las cosas extrañas que encontró ahí. Cosas… que simplemente abandonaron. Cosas rotas, inutilizables, probablemente arruinadas por los disconformes empleados que habían perdido su trabajo. Hombre, seguramente los habitantes de todo el lugar colaboraron en destruir el centro. Esas personas se debieron de sentir tan enojadas con Isla Tesoro como se sintieron aquí con el Palacio de Mowgli. Bueno, a lo que trato de llegar es que ese blog sobre Isla Tesoro me puso a pensar. Aun cuando habían pasado muchos años desde que cerró, supuse que sería interesante hacer una expedición al Palacio de Mowgli. Tomar algunas fotos, escribir sobre mi experiencia y probablemente ver si hay algo que me podía llevar a casa como recuerdo. No voy a decir que no perdí tiempo en llegar ahí, porque sinceramente me tomó un mes desde que encontré ese blog sobre Isla Tesoro animarme a ir a Isla Esmeralda. En el curso de ese mes, por supuesto, investigué mucho sobre el parque temático… o mejor dicho, lo intenté. Naturalmente, ningún sitio oficial de Disney hacía ninguna mención de él. Aún más extraño, sin embargo, era que aparentemente nadie antes que yo había pensaba en publicar algo acerca del lugar o siquiera subir una fotografía. Ninguno de los programas de televisión local o sitios web de periódicos había dicho nada sobre el parque, aunque eso era lo esperado, puesto que habían decidido seguir el mismo camino que Disney. No iban a estar exhibiendo sus fracasos, ¿saben? Recientemente aprendí que las organizaciones pueden pedirle a Google, por ejemplo, que remueva enlaces de los resultados de búsqueda… básicamente por ningún motivo. Pensándolo bien, probablemente no era que nadie habló del lugar, sino que sus palabras se hicieron inaccesibles. Así que en conclusión apenas y podía encontrar el parque. Los lugareños no me ayudaron en nada, pues la mayoría eran inmigrantes que se habían mudado a la playa en años recientes… o antiguos residentes que sólo me hicieron mala cara al momento que empecé preguntar, «¿sabe a dónde puedo encontrar el Palacio de…?». El viaje en auto me llevó a un excesivamente largo camino de maleza. Plantas tropicales habían crecido descontroladamente y saturado el área junto con las especies de flora nativas que realmente pertenecían ahí, e intentaban reclamar su tierra. Estaba asombrado cuando llegué a la entrada principal del parque. Era una inmensa puerta monolítica de madera, cuyos soportes en ambos lados parecía como que si se hubiesen extraído directamente de secoyas gigantes. La puerta en sí había sido agujerada en varios lugares por pájaros carpinteros y carcomida desde la base por insectos excavadores. Colgando en la puerta estaba una lámina de metal con letras garabateadas con pintura negra: «ABANDONADO POR DISNEY». Claramente la obra de algún antiguo residente o empleado que quería hacer una pequeña protesta. La puerta estaba lo suficientemente abierta como para entrar caminado, pero no en auto, así que agarrando mi cámara digital, seguí mi camino a pie. Los adentros del lugar estaban tan llenos de vegetación como la entrada. Palmeras descuidadas sobre pilas de sus propios cocos; matas de plátano en un estado similar, recubiertas de su propio desecho apestoso y plagado de insectos. Había cierto choque entre orden y caos, ya que plantas perennes sembradas cuidadosamente se mezclaban con la maleza y pestilentes hongos ennegrecidos. Todo lo que quedaba de la estructura exterior estaba arruinado, sólo era madera podrida y varios trozos carbonizados de materiales inidentificables. Lo más interesante era una estatua de Baloo, el oso amistoso de El libro de la Jungla, que se encontraba en una especie de patio enfrente del edificio principal. Estaba esculpido en una posición jovial con los brazos extendidos hacia uno, viendo a la nada con una sonrisa infantil, con mierda de ave cubriéndole su «pelaje» y enredaderas por toda su plataforma. Me acerqué al edificio principal, el palacio, encontrándome con que la fachada estaba llena de grafiti en donde la pintura original aún no se había descarapelado. Las puertas de la entrada no sólo estaban abiertas, sino que habían sido separadas de sus bisagras y robadas. Por encima de las puertas, o el amplio espacio en donde una vez habían estado, alguien pintó una vez más la frase «ABANDONADO POR DISNEY». Me gustaría poder contarles sobre todas las cosas increíbles que encontré dentro del palacio. Estatuas olvidadas, cajas registradoras abandonadas, una súper secreta sociedad de vagabundos… pero no. El interior del edificio estaba tan escueto, tan vacío, que creo que incluso se robaron la moldura de las paredes. Todo lo que era demasiado grande como para ser robado, mostradores, mesas, árboles artificiales gigantes, se encontraban reposando entre ese espacio deshabitado que amplificaba el sonido de cada paso que daba. Revisé todos los lugares que podrían parecer interesantes de alguna forma. La cocina era como se imaginarían, un área para preparar alimentos industriales con todos los utensilios y el espacio, sin escatimar gastos. Cada superficie de vidrio estaba rota, cada puerta colgaba de sus bisagras, cada superficie de mental abollada y dentada. Todo el lugar olía a orina. El enorme congelador, ahora ni siquiera remotamente helado, tenía estante tras estante vacío. Había ganchos adheridos al techo, probablemente para colgar carne. Los baños se encontraban en el mismo estado que el resto del lugar. Había una capa como de dos centímetros de agua estancada en el suelo, así que no me quedé mucho tiempo. Lo raro era que los inodoros y lavados (y los bidés en el baño de mujeres, sí fui ahí) goteaban o estaban húmedos, cuando lo lógico era que tuvieron que deshabilitar el servicio de agua desde hace demasiado tiempo. Había muchos cuartos en el parque, pero naturalmente no tenía tiempo para revisarlos todos. Los pocos que sí revisé estaban igualmente destruidos, y no esperaba encontrar nada en ellos. Pero pensé que había un televisor o radio en una habitación, porque me parece haber escuchado una conversación silenciosa viniendo de ella; aunque eran más como susurros, tal vez el eco de mi respiración o sólo otro caso del sonido de agua fluyendo engañando a mi mente… pero sonó como esto: 1: «No lo creía». 2: (respuesta corta, desconocida). 1: «No lo sabía. No lo sabía». 2: «Tu padre te lo dijo». 1: (respuesta desconocida, o posiblemente sólo sollozos). Lo sé, lo sé, suena ridículo. Solamente les estoy contando lo que vivencié, por qué creí que podría haber alguien en esa habitación —o peor, unos maleantes que se habían ocultado ahí y probablemente me habrían acuchillado—. Cuando había vuelto a la entrada del palacio supuse que no había encontrado nada que valiera la pena y había perdido mi tiempo. Mientras miraba fuera de la puerta, noté algo interesante en el patio, que aparentemente había pasado por alto. Algo que podría darme al menos una cosa que mostrar y que me retribuyera lo que invertí en el viaje, aun si se trataba de una fotografía. Había una estatua realista de una pitón, quizá de 20 metros, enrollada y «asoleándose» en el pedestal ubicado en el centro de la zona. Ya casi era tiempo para que el sol se metiera, así que la luz caía sobre el objeto en el ángulo perfecto para una fotografía. Me acerqué a la pitón y le tomé la foto. Luego me puse de puntillas y le tomé otra. Me acerqué un poco más para ver los detalles de su rostro. Lentamente, casualmente, la pintón levantó su cabeza, miró directamente hacia mis ojos, se giró y bajó del pedestal, yendo hacia los árboles. Todos los 20 metros. Su cabeza desapareció entre el bosque antes de que su cola siquiera abandonara el pedestal. Estaba atontado, completamente estupefacto. Mi boca debió de estar abierta una eternidad antes de que volviera en sí y la cerrara. Parpadeé un par de veces y retrocedí de donde había estado la serpiente, hacia el palacio. Aunque ya se había ido, no me iba a exponer a nada y regresé al edificio. Di un respiro y me abofeteé la cara para recobrar la noción de dónde estaba. Busqué un lugar para sentarme, ya que mis piernas se sentían como gelatina en ese momento. Por supuesto, no había ningún lugar para sentarse, a menos que quisiera reclinarme en las esquirlas de vidrio y la alfombra de plantas muertas o apoyarme sobre la mesa de fiabilidad cuestionable. Había visto unas escaleras cerca del vestíbulo del palacio, y decidí ir ahí para sentarme hasta que me sintiera mejor. Las escaleras estaban lo suficientemente lejos de la parte anterior del edificio como para estar relativamente limpias, aparte de una ligera concentración de polvo. Tomé una lámina de metal de la pared con el mismo lema de «ABANDONADO POR DISNEY» al que ya me había acostumbrado. Puse la lámina sobre el escalón y me senté en ella para mantenerme un tanto limpio. La escalera conducía hacia abajo, por debajo del nivel del suelo. Usando el flash de mi cámara como una linterna improvisa, pude ver que los escalones terminaban en una puerta de malla metálica con un candado. Había un letrero en la puerta, un letrero real, que decía, «¡SÓLO MASCOTAS! ¡GRACIAS!». Esto me levantó un poco los ánimos, por dos razones. Primero, porque un área de «sólo mascotas» definitivamente tuvo que tener cosas interesantes en sus días. Segundo, porque el candado seguía en su lugar; nadie había ido ahí abajo, ni vagos, ni maleantes, nadie. Ese podría ser el único lugar «explorable», y tal vez encontraría algo para fotografiar o robar —había ido al palacio mentalizado de que estaba bien llevarme cualquier cosa, porque, hey, «abandonado»—. No me llevó mucho romper el candado, el tiempo había hecho la mayor parte del trabajo. El área fue un cambio agradable del resto del edificio. Para empezar, cada dos o tres lámparas de techo había una que sí funcionaba, aunque parpadeaba y se apagaba de un momento a otro. Tampoco había sido robado o roto nada aún. Las mesas tenían libretas y bolígrafos, había relojes, las sillas estaban regadas y había un pequeño cuarto de recreo con un viejo televisor en estática y comida y bebidas caducadas en los mostradores. Parecía una de esas películas post-apocalípticas en las que todo permanece como se encontraba para el momento de evacuación. Mientras caminaba por los corredores de ese sub-sótano, los escenarios se volvían más y más interesantes. Las mesas y escritorios estaban caídos, había papeles en el suelo hechos una masa en el piso mojado, y una larga capa de moho estaba cubriendo el originalmente rojo tapiz del suelo. Todo estaba severamente humedecido. Los productos de madera se desintegraban cuando le aplicaba la más mínima fuerza, y las vestimentas colgadas en ganchos en una de las habitaciones simplemente se deshilaban cuando trataba de descolgarlas. Algo que me molestó fue que las luces se volvían cada vez más escasas en tanto me adentraba en los acuosos y sofocantes interiores de ese lugar. Eventualmente, llegué a una puerta pintada de negro y amarillo, con las palabras «ARREGLO DE PERSONAJES 1» pintadas en la parte superior. Supuse que era probablemente en donde guardaban los disfraces, y definitivamente quería una foto de ese desastre lúgubre y apestoso. Dentro, el cuarto era exactamente como me lo imaginaba. Varios disfraces de Disney colgados en las paredes como extraños cadáveres de caricatura colgando de lazos invisibles. Había todo un estante de taparrabos y vestimentas «nativas» al final. Lo que encontré extraño, y lo que quería fotografiar de inmediato, era un disfraz de Mickey Mouse en el centro del cuarto. A diferencia de los demás disfraces, éste estaba recostado sobre su espalda en el centro como la víctima de un asesinato. El pelaje del disfraz estaba raída y descosiéndose, resultando en varios agujeros en la tela. Lo que era aún más extraño, sin embargo, eran los colores del disfraz. Se veía como el negativo de una fotografía del Mickey Mouse real. Negro donde debería ser blanco y blanco donde debería ser negro. Su overol rojo era azul claro. La escena me desconcertó lo suficiente como para que decidiera fotografiarlo de último. Le tomé fotos a los disfraces colgando de las paredes. Ángulos hacia arriba, ángulos hacia abajo, tomas laterales para mostrar una entera fila de rostros de caricatura congelados y pútridos, a algunos faltándole un ojo de plástico. Luego decidí armar una escena. Sólo una de las cabezas de esos personajes desaliñados en el resbaloso y mugriento piso. Me acerqué a la cabeza del disfraz del Pato Donald y la retiré cuidadosamente para que no se fuera a deshacer en mis manos. En lo que miraba a la mohosa cabeza de ojos grandes, un fuerte sonido de algo cayendo me hizo sobresaltarme. Vi hacia mis pies, y entre mis zapatas había un cráneo humano. Había caído de la cabeza de la mascota y se había hecho añicos en el suelo; sólo quedaban el rostro vacío y la mandíbula inferior, viendo hacia mí. Solté la cabeza del pato inmediatamente, como se esperaría, y me moví hacia la puerta. Mientras estaba parado en la entrada, volteé a ver al cráneo en el suelo. Le tenía que tomar una foto, ¿saben? Tenía que, por un sin número de razones que pueden sonar tontas, pero sólo si no lo piensan a fondo. Iba a necesitar pruebas de que esto pasó, especialmente si Disney iba a hacerlo desaparecer de alguna manera. No tenía ninguna duda en mi cabeza, desde el comienzo, de que aun si sólo se trataba de negligencia grave, Disney era responsable de esto. Ahí fue cuando Mickey, esa versión en negativo de él a la mitad del cuarto, se empezó a levantar. Primero sentándose, luego apoyándose sobre sus rodillas. Ese disfraz de Mickey Mouse… o lo que estaba dentro de él, se puso de pie, viéndome fijamente con su rostro falso mientras yo murmuraba «No…» una y otra vez. Con mis manos temblándome, mi corazón palpitando violentamente y piernas que de nuevo se habían convertido en gelatina, alcancé a levantar la cámara y apuntarla a la criatura que ahora me estudiaba. La pantalla de la cámara digital mostraba sólo pixeles muertos en la forma de esa cosa. Era una silueta perfecta del disfraz de Mickey. Cuando la cámara se movía por mi pulso tembloroso, los pixeles se dispersaban, alterando la pantalla a donde quisiera que la silueta de Mickey se moviese. Luego la cámara murió. La pantalla se tornó negra y silenciosa… e inservible. Alcé la vista de nuevo hacia el disfraz de Mickey. «Oye», dijo con una voz débil y distorsionada, pero que remedaba perfectamente a la de Mickey Mouse, «¿quieres ver cómo me quito la cabeza?». Comenzó a tirar de su propia cabeza, posando sus torpes dedos enguantados alrededor de su cuello con movimientos impacientes, como un herido que trata de liberarse de las mandíbulas de su depredador. Mientras empujaba con sus manos desde su cuello… tanta sangre… Me di la vuelta, escuchando el enfermizo sonido de prendas y carne siendo rasgadas… sólo me interesa salir. Arriba de la entrada del cuarto, vi el último mensaje tallado en el metal: «ABANDONADO POR DIOS». Nunca logré sacar las fotos de la cámara. Nunca hice la entrada de blog sobre ello. Luego de que hui de aquel lugar, de que hui por mi cordura, si no es que por mi vida, comprendí por qué Disney no quería que nadie se enterara de su existencia. No querían que nadie como yo entrase. No querían que nada como eso saliese.
Creo que todos hemos jugado alguna vez a las escondidas. Una persona cuenta, otra persona se esconde, luego la persona que contó debe buscar a quien está escondido. Como hija única, tengo que decir que es un juego que he aborrecido siempre… pero aquí hay una solución para quienes no tienen con quién jugar. Sólo debo advertirte que una vez hayas empezado, deberás continuar hasta el final… dejarlo a la mitad es muy peligroso para ti y tus seres queridos. Quienes, por cierto, no deben estar en la casa al momento que juegues. Se recomienda también dejar todas las puertas sin cerrojo y mantener un celular contigo todo el tiempo, por si acaso. Para este ritual vas a necesitar un muñeco de algodón que tenga brazos y piernas, arroz, una aguja e hilo color rojo, una taza de agua salada, un cuchillo o cualquier herramienta punzante y un lugar donde esconderte —en lo posible, una habitación purificada con incienso— que tenga un televisor en buen estado. Extrae todo el relleno del muñeco y reemplázalo con arroz; esto representará los órganos del muñeco y atraerá a los espíritus. Corta alguna de tus uñas y colócala dentro del muñeco. Ahora cose al muñeco de nuevo utilizando el hilo, y ata el resto del hilo a su alrededor para representar a una artería, sellando así al espíritu que invocaste. Llena una bañera o algún recipiente grande con agua y pon la taza de agua salada en la habitación donde te esconderás. Ponle un nombre al muñeco —el que quieras, excepto el tuyo—. Empecemos a jugar… A las 3:00 a.m. dile al muñeco tu nombre y «es el primero». Tú serás el primero en buscar. Ve al baño y pon el muñeco en la bañera con agua. Apaga todas las luces de la casa, ve hacia tu escondite y enciende el televisor. Cierra los ojos, cuenta hasta diez, vuelve al baño y apuñala al muñeco con el cuchillo. Ahora di, «Tú eres el siguiente», seguido del nombre del muñeco, al tiempo que lo pones en el piso del baño. En cuanto el muñeco toque el piso corre hacia tu escondite. Has roto el sello que retenía al espíritu dentro del muñeco; ahora ese espíritu está enojado, y te busca. En tu escondite podrás sentir la presencia de lo que sea que está buscándote mediante el televisor. Éste empezará a comportarse de modo extraño a medida que «ello» esté más cerca de ti. No te muevas ni hagas ningún sonido. Si purificaste el ambiente con incienso, el espíritu no entrará. Cuando te canses, pon en tu boca media taza del agua con sal —sin tragarla ni escupirla; así te mantendrás protegido de lo que merodea por tu casa— y, con el resto de la taza en tu mano, sal de la habitación y comienza a buscar a tu compañero de juegos. De más está decirte que no se encontrará en el baño. Cuando lo encuentres, échale el resto del agua salada y escupe sobre él la que tienes en tu boca. Grita tres veces «Yo gano». Deja que el muñeco se seque, quémalo y luego deshazte de él. No extiendas este ritual por más de dos horas.
Las imagenes que veras a continuación pueden ser perturbadoras para algunas personas. SE RECOMIENDA DISCRECION FIN
Hola, quien esté leyendo esto espero que sea alguien que me crea sobre algo que me paso hace meses , algo escalofriante que cada vez que me acuerdo tengo unas tremendas ganas de darme un tiro en la cabeza porque de ninguna manera lo puedo olvidar… Todo sucedió un día que el frío amenazaba fuerte, así que la gente se quedaba en sus casas. Recuerdo que ese día no iban a haber clases en la secundaria por que iba a ser una junta de maestros. Como siempre aproveche para entrar en la red y revisar mi Facebook , sin embargo me di cuenta que había recibido un mensaje de un usuario llamado Hell666. Aunque su nombre era algo raro no me asuste ya que mucha gente se ponía esos nombres para que le tuviesen miedo o ser conocido. Abrí el mensaje: era un link de una página (no les puedo decir cual es la pagina debido a que después de mostrársela a las autoridades la cancelaron y borraron todo rastro de ella). Una vez que entré, la página no era más que color negro de fondo y rojo en los bordes y letras lo que me sorprendio a primera vista fue que el rojo color sangre se veia híper-realista, como si estuviera viéndolo en 3D pero sin las gafas. De repente se empezó a bajar un archivo pero no lo podía cancelar debido a que el boton de cancelar no estaba remarcado, osea que no estaba disponible la opción. Me asusté un poco y se me hacia muy raro, debido a que tenia la opción de antes de descargar un archivo revisarlo primero. Encontré este archivo en descargas y decidí probarlo: la pantalla se puso de color negro y se estuvo así unos 3 minutos. No podía esperar mas y cuando estaba a punto de apagar la computadora se puso una especie de juego llamado: “El juego del diablo”. La portada de inicio era algo aterradora: parecía un tipo de DOOM pero éste un poco mas despiadado. Se veía gente descuartizada y lo peor era la música de fondo: era un piano tocando una melodía muy triste, pero no parecía que lo estaban tocando si no golpeando. Oprimí Enter para comenzar. Me pedía mi nombre así que lo puse, le puse Enter de nuevo y me salió un pequeño mensaje que decia : “Bienvenido al juego del diablo. Prepárate para saber como será tu visión del infierno.” Luego venia una pregunta con 2 opciones a elegir: 1. ¿Serías capaz de matar a una persona joven? a) Sí, por supuesto b)No, soy un cobarde Decidí poner la primera. No me importó, pues creí que era un juego. Entonces apareció un mini-vídeo. Le dí play y el vídeo se trataba de un niño tirado en el suelo de un sótano en un charco de sangre. No se podía mover, pues parecía que le habían roto las piernas para evitar que escapara. Una sombra comenzó a acercarse y empezó a darle de martillazos al niño. Lo único que se oía del niño es que estaba llorando y gritando mientras que el del martillo lo silenciaba a golpes. Lo más cruel es que el que estaba filmando se estaba riendo a carcajadas. Por ultimo se ve una toma del niño diciendo entre susurros: “tu me hiciste esto….” y el video termina. Me asusté mucho y estaba a punto de apagar la computadora pero salió otro mensaje diciendo: “Te vas tan pronto? quédate un poco más, a menos que quieras que tus padres sean los siguientes”. Cuando leí esto me quede muy frío, además apareció una foto de mis padres así que decidí seguir jugando. Ya no se me hacia un juego, sino algo real como si alguien hubiera diseñado este juego para mi. El siguiente mensaje decía que cada vez que cometía un error, la foto de mis padres se iría desvaneciendo hasta no quedar nada eso significaba que mis padres estarían muertos. La siguiente pregunta era: 2. ¿Serias capas de de matar a un adulto? Las opciones eran las mismas: por supuesto o no. Quería poner la opción NO, pero cuando estaba apunto de darle click apareció una vez mas la foto de mis padres desvaneciéndose poco a poco. Me asusté y una vez mas decidí poner por supuesto. El vídeo esta vez se trataba de un hombre atado a una silla con un solo ojo, como si le hubieran sacado el otro. Estaba diciendo: “Donde esta mi hijo, cerdos malagradecidos?” A lo cual los hombres respondían: “Está muerto como tu lo estarás” Parecía que era padre del niño del vídeo anterior. Le empezaron a dar de golpes hasta que uno sacó una motosierra cortándole un brazo al hombre. La pantalla se batió de sangre y ya no lograba ver nada. El camarógrafo la limpió con la mano revelando al hombre con la boca destrozada, los pocos dientes que le quedaban colgando y la mandíbula inferior colgando. Uno le dijo: “Eso es para que te calles”. El vídeo termina. Yo me encontraba inmóvil, vomitando sobre el suelo y teclado de la computadora. Entonces aparece la última pregunta: 3. ¿Serías capaz de matar una mujer? Como no quería ver morir a mis padres le puse que SI. El vídeo trataba de una mujer sin piernas arrastrándose, diciendo entre lloriqueos: “¿Dónde está mi hijo?”. Los lloriqueos eran tan fuertes que quebraban a cualquiera en pedazos. La pobre mujer era golpeada mientras la pisaban hasta que se quedó inmóvil. El vídeo acaba. Por último sale un mensaje que decia: “Eres fuerte resististe estos vídeos como un hombre, sin embargo a nosotros nos gusta acabar con ustedes.” Sale un vídeo de mis padres bañados en gasolina. Yo gritaba: “NOOO POR FAVOR”. Mis padres me estaban diciendo: “Huye hijo, que no te alcancen”. Lo último que vi era un hombre acercándose con un lanzallamas, terminando de una vez por todas con mis padres. Corrí llorando lejos de la computadora deseando que nunca hubiera pasado, mientras se oían los gritos desgarradores de mis padres. Lo único que recuerdo es que esa es mi visión del infierno, y lo estoy viviendo con esas horribles imagenes despiadadas por el reto de mi vida…. Espero que estos medicamentos lo dejen en el pasado……