DarkVicent
Usuario (Argentina)

El otro día estaba pensando que regalarle a mi perro el próximo año. Una mansión pensé pero obviamente. A si que pensando se me ocurrió con bits. Sacando cuentas Necesitaría 12665000000 bits ¿Me ayudas a comprarle la casa a mi perro?

El Sol (del latín sol, solis, a su vez de la raíz protoindoeuropea sauel-)4 es una estrella del tipo espectral G2 que se encuentra en el centro del Sistema Solar y constituye la mayor fuente de radiación electromagnética de este sistema planetario. Pocos días atrás dimos rienda suelta a nuestra imaginación e hicimos diversas suposiciones en torno a la cuestión acerca de qué pasaría si la Tierra se detiene, ¿recuerdas? Después vimos 10 interesantes curiosidades sobre el Sol que nos dejaron maravillados y nos hicieron sentir realmente minúsculos, ¿también lo recuerdas? Pues hoy quiero invitarte a continuar en la misma línea y reflexionar sobre qué podría pasar si desparece Sol, ¿te imaginas? Si el Sol desaparece, nos daríamos cuenta 8 minutos después Lo primero que sucedería es que quedaríamos completamente a oscuras, pero como todos sabemos, no nos daríamos cuenta de inmediato, sino exactamente 8 minutos y 20 segundos más tarde. Hasta ese momento, no nos enteraríamos, pero cuando pase este tiempo, la confusión, la oscuridad y el pánico se apoderarían de nuestro planeta. Este no sería el problema en realidad, puesto que la fuerza gravitacional con la que el Sol tira y sostiene la Tierra también tardaría esos 8 minutos y 20 segundos, ya que las ondas de la fuerza de gravedad viajan a la misma velocidad que la luz (299.792.458 m/s). Esto significa que pasados los 8 minutos y 20 segundos desde que el Sol repentinamente desaparece, quedamos a oscuras y nos salimos de órbita, disparados tras perder su influencia gravitacional y la Tierra saldría disparada en una órbita recta hacia cualquier dirección del espacio exterior a 30 km/s. Mientras en pleno caos flotamos a la deriva por un Sistema Solar, ahora sin Sol, veríamos el resto de los cuerpos del sistema como si nada hubiese sucedido durante muchos minutos más, exactamente por la misma razón: la luz y la fuerza de gravedad seguiría viajando por varios minutos más hasta llegar a los otros planetas y provocar el mismo efecto. De esta manera, Júpiter, por ejemplo, continuaría como si nada por unos 30 minutos más y hasta tendríamos algo de luz en la Tierra por el reflejo que nos llegaría desde este gigante planeta, durante el doble de tiempo o más, hasta que la luz y la gravedad logre llegar allí y termine de reflejarse. El Sol se apagaría, en 30 minutos llegaría la luz a Júpiter y por otros tantos minutos, el reflejo iluminaría la Tierra. Sin la luz llegando desde el Sol o desde el reflejo de la misma que nos proporciona la Luna, no tendríamos más fuente lumínica que el Universo en sí y la oscuridad, seguida por los más intensos fríos que puedas imaginar, abrazarían la Tierra. La energía eléctrica y fósil nos darían algo de luz por un tiempo, dándole una solución inmediata a las ciudades y pueblos del mundo, logrando solucionar momentáneamente el problema de la luz, tal como ocurre ahora durante las noches. Sin el Sol no habría más fotosíntesis La fotosíntesis, el proceso natural gracias al cual se desarrolla nada menos que el 99.9% de toda la productividad orgánica de la Tierra y que funciona porque existe el Sol, se detendría inmediatamente (es decir en 8 minutos y 20 segundos). De este modo, ninguno de los organismos vegetales que inhalan dióxido de carbono y exhalan oxígeno, el elemento químico que sustenta la vida en nuestro planeta, podrían seguir haciendo esto. Bueno, por suerte, también nos salvaríamos de ésta. ¿Cómo? Pues en forma colectiva, todos, todos los seres humanos de la Tierra, las más de 7 mil millones de personas que vivimos en la Tierra, respiramos unos 6 millones de millones de kilogramos de oxígeno cada año, pero hay muchísimo, pero muchísimo más oxígeno en la Tierra. Quieres ver ésto en una representación numérica, ¿verdad que sí? Pues déjame mostrártelo así: En 1 año, los humanos respiramos 6.000.000.000.000 kg de oxígeno. En la atmósfera, ahora mismo hay 1.000.000.000.000.000.000 kg de oxígeno. Así que sin Sol, sin luz, orbitando por allí y sin fotosíntesis, incluyendo todos los animales, insectos, microorganismos y todo ser que consuma oxígeno para vivir, aún podríamos respirar prácticamente por 1000 años más. Eso sí, a las plantas no les iría nada bien y en unos pocos días, semanas y meses, todas morirían, a excepción de las de gran tamaño. Los árboles más grandes del mundo tienen el tamaño suficiente como para guardar el azúcar y la energía necesaria para técnicamente sobrevivir en la oscuridad durante años. El problema que van a enfrentar es el clima y no solo ellos, sino todos los que estaremos en este caótico planeta... Sin el Sol, la Tierra se congelaría en serio Al no haber Sol, los árboles se congelarían y morirían conforme pase el tiempo y comience a solidificarse el agua en el mundo. En este preciso momento, la temperatura en la Tierra, promediando todos los climas y las diversas variantes posibles, podría redondearse entre unos 15 °C, pero sin el Sol proporcionando energía calórica, la Tierra sólo explusaría calor y no lo repondría, enfriándose en forma letal. Una semana, con 8 minutos y 20 segundos, desde que el Sol desapareció, la temperatura de la Tierra sería de 0°C, es decir al punto de congelamiento. Es verdad que estamos acostumbrados a esto, sobre todo los que vivimos muy al norte o muy al sur, pero ¿qué pasa comúnmente cuando la temperatura alcanza este punto hoy en día? Claro, el caos, el desabastecimiento, el aislamiento y todo un amplio abanico de problemas. ¿Imaginas cuál sería la situación entonces? Ahora bien, quizá la primer semana no la pasemos tan mal, de hecho quizá el primer mes tampoco, pero al final del primer año sin Sol, la temperatura de la Tierra sería de... -57 °C. La única solución que podría encontrarse a esta cuestión sería mantenernos lo más cerca de las regiones con fuentes de energía geotérmica o hidrotermal en el planeta, ya que la Tierra produce su propio calor. Aunque otra vez, ¿te imaginas a 7 mil millones de personas viviendo en Islandia? El aire se condensaría y solo habría agua líquida cerca del núcleo Suponiendo haber sobrevivido a todo esto, en el correr de los siguientes 10 o 20 años, todo se volvería húmedo, pero húmedo de verdad. El aire se volvería líquido, puesto que alcanzaría el frío suficiente como para que los gases se condensen, se formarán espesas húmedas y lloverá intensamente. Estas precipitaciones constantes, con el tiempo, se volverán sólidas y no dejará de nevar mucho, todo el tiempo. Para respirar en el exterior, tal como lo imaginó el escritor de ciencia ficción Fritz Leiber en su historia A pail of air, el aire condensado y congelado tendría una consistencia tal que para poder respirar necesitaríamos, por ejemplo, encender una fogata y respirar a su alrededor. Finalmente, podemos mencionar que cuando los océanos se congelen y el planeta se convierta en una enorme bola de hielo en el exterior y una potente bola de fuego en el centro, en medio habría agua. De hecho, habría vida como la hay hoy en las más oscuras profundidades, donde el calor desde el núcleo sería lo suficientemente intenso como para derretir el agua y mantenerla en estado líquido, mientras que arriba, habrían kilómetros de agua congelada. Allí, diversas formas de vida continuaría como si nada, tal como ahora ocurre en las profundas aguas de los polos. Los organismos sobrevivirían sin siquiera enterarse que el Sol ha desaparecido... o más bien, sin enterarse de que una vez existió algo como el Sol, pues ellos no lo necesitan para nada.
Aparece en Londres el cadáver de una mujer. El análisis de ADN da resultados, pero la sospechosa ha muerto semanas antes que la víctima. ¿Cómo es posible? El científico forense Mike Silverman explica uno de los casos más extraños de su carrera. Fue un misterio real que podría haber salido de las páginas de una novela de detectives moderna, una mujer había sido brutalmente asesinada en Londres y se había encontrado material biológico debajo de sus uñas, algo que indicaba que posiblemente había arañado a su agresor justo antes de morir, Se analizó una muestra de ese material, el resultado fue comparado con la base nacional de datos británica de ADN y rápidamente se halló una correspondencia. El problema es que este acierto identificó a una mujer que había sido asesinada tres semanas antes de la muerte de su supuesta "víctima". Sin ninguna señal de conexión entre las dos mujeres y sin nada que sugiriera que se habían encontrado alguna vez, el escenario más "probable" era que las muestras se habían mezclado o contaminado en el único lugar obvio en el que habían estado juntas: el laboratorio forense. Uñas de leopardo El oficial en jefe de investigación presentó una reclamación. Era 1997 y yo era jefe nacional de cuentas del Servicio de Ciencia Forense en aquel tiempo, por lo tanto, era mi responsabilidad averiguar si se había cometido un error en el laboratorio. Mi primera idea fue que quizás los restos de uñas de la segunda víctima habían sido mal etiquetados y en realidad pertenecían a la primera mujer. Pero tan pronto pude observar las muestras vi que no era el caso. La víctima más reciente se había pintado las uñas con distintivo motivo de piel de leopardo y los trozos recogidos tenían exactamente el mismo patrón. No había dudas de que eran las correctas. Entonces verifiqué los registros del laboratorio para ver si las muestras podían haberse mezclado accidentalmente de alguna manera Esto también resultó infructuoso, ya que los dos conjuntos de muestras nunca habían estado fuera del depósito del laboratorio al mismo tiempo. En cualquier caso, varias semanas habían pasado entre el análisis de los primeros y los segundos trozos de uñas y había involucrado a diferentes miembros del equipo forense. Determinado a llegar hasta el fondo del misterio, decidí fijarme con más detalle cómo habían sido recolectadas las muestras y descubrí que las autopsias de los dos cuerpos habían sido realizadas en la misma morgue, aunque habían llegado allí con semanas de diferencia. Las autopsias forenses, aquellas que se realizan en caso de asesinato o muerte sospechosa, son mucho más detalladas y completas que las autopsias estándar no criminales. Entre otros exámenes, se toman muestras de sangre y órganos para pruebas toxicológicas, se recoge y analiza el contenido del estómago y se recortan las uñas de los dedos de las manos. Fui revisando los registros de la morgue cuando se me ocurrió una respuesta posible. Las tijeras Sucedió que el cuerpo de la primera víctima había sido mantenido en refrigeración durante varias semanas mientras la policía realizaba su investigación inicial. Había sido removido del refrigerador para que el patólogo pudiera tomar muestras de uñas adicionales el día antes de que llegara a la morgue el cadáver de la segunda víctima. Al día siguiente, se había usado el mismo par de tijeras para cortar las uñas de la segunda mujer. Aunque las tijeras habían sido limpiadas, no podía dejar de preguntarme si era posible que hubiera sobrevivido a la limpieza suficiente material genético como para ser transferido a las uñas de la segunda víctima y para producir un perfil de ADN en el análisis posterior. Empecé mi carrera en ciencias forenses a finales de la década de 1970 y en aquel entonces la idea de poder identificar a alguien a partir de unas pequeñas gotas de sangre parecía de ciencia ficción. En aquellos tiempos, raramente usábamos vestimenta de protección en la escena del crimen o nos preocupábamos por la potencial contaminación porque simplemente no había un método para analizar material biológico que fuera más pequeño de lo que el ojo podía ver. Hoy, todos los que ingresen a una escena del crimen deben vestir un mono de papel limpio, cobertores de zapatos y guantes ya que las técnicas de recuperación de ADN son tan sensibles que incluso rozar levemente un objeto –como el picaporte de una puerta o el mango de un cuchillo- puede dejar restos suficientes como para arrojar resultados en un análisis de ADN. En 1997, el momento del crimen misterioso, la investigación a través del ADN tenía sólo unos pocos años y, como estaba a punto de descubrir, la tecnología estaba mejorando tan rápidamente que estaban comenzando a aparecer problemas no previstos. Mandé a analizar las tijeras de la morgue y descubrí que no solo dos sino tres perfiles separados de ADN estaban presentes. Investigaciones posteriores encontraron contaminación de ADN en otros varios instrumentos de la morgue, pero las únicas que iban a presentar problemas eran las tijeras para cortar uñas. Los cuchillos de autopsia, por ejemplo, tenían restos de ADN de diferentes personas, pero dado que sus incisiones no tenían como fin recoger muestras de ADN, la contaminación no era un problema. Inmediatamente envié una nota urgente a todos los médicos, morgues y patólogos forenses del país señalando el problema y sugiriendo que en el futuro todas las muestras de uñas se recortasen con tijeras descartables y que estas tijeras fueran incluidas en la bolsa de la evidencia junto con los trozos de uñas para confirmar que habían sido usadas una sola vez. Es un sistema que se mantiene al día de hoy. La mujer de los 40 crímenes El análisis moderno de ADN es tan sensible que la contaminación es un gran problema, con el potencial de alejar las investigaciones criminales en la dirección equivocada. En Alemania en 2007, restos de ADN pertenecientes a una mujer no identificada fueron hallados en la escena del asesinato de un policía. Cuando se comparó con la base de datos alemana, se observó que ADN idéntico había estado presente en la escena de otros cinco asesinatos en Alemania y Francia, junto a varios asaltos y robos de coches. Habían encontrado el ADN de la mujer en 40 escenas criminales separadas, las autoridades alemanas pasaron dos años buscando a la culpable, solo para descubrir que el ADN había estado presente en los bastoncillos de algodón que los investigadores habían utilizado para recoger las muestras. Los bastoncillos habían sido contaminados accidentalmente por una mujer que trabajaba en la fabrica que los producía, durante años el ADN ha sido visto como el arma infalible en la lucha contra el crimen, con condenas resultantes a partir incluso de los mas pequeños rastros, pero en muchos sentidos el analisis de ADN se ha convertido en una victima de su propio éxito, ahora que tenemos la capacidad de crear perfil de ADN a partir de unas pocas células humanas, los restos pueden encontrarse en cualquier parte