DanielMalan
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Unos 400 ilegales de origen subsahariano podrían haber accedido a Melilla tras saltar la valla fronteriza con Marruecos, lo que supondría una de las mayores entradas de inmigrantes a la ciudad autónoma. Según han informado fuentes policiales, se calcula, a la espera de los datos oficiales de la Delegación del Gobierno, que el intento ha estado protagonizado por unos 1.000 subsaharianos. El asalto se ha producido sobre las 5.30 horas por la zona del perímetro próxima al puesto fronterizo de Barrio Chino, el lugar por el que se han registrado las últimas tentativas de entradas masivas de subsaharianos. Pese al despliegue policial en el lado marroquí y en el español, reforzado desde el aire por un helicóptero de la Guardia Civil, casi la mitad de los que lo han intentado han conseguido superar el triple obstáculo que compone el vallado de Melilla. Tras saltar la valla, los subsaharianos se han dirigido corriendo hacia el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI), donde han sido recibidos por algunos de sus compatriotas. Cánticos, abrazos y gritos de júbilo han sido los protagonistas a las puertas del CETI, un centro absolutamente colapsado que, hasta hoy, antes de la entrada masiva, albergaba a unas 1.900 personas. Con los ilegales llegados hoy, el CETI, en el que ya hay tiendas de campaña instaladas, tanto en el interior como en el exterior, podría alcanzar la cifra de los 2.300 acogidos, más de cuatro veces su capacidad idónea, que es de 500 personas. Encaramados a la valla Algunos ilegale, en torno a una decena, se encaramaron a la valla, aunque se bajaron de la misma sobre las 7.30 horas, tras dos horas subidos a la zona más alta de este obstáculo. Tras bajarse de la valla, de la que ya han sido retirados los flejes superiores, los inmigrantes han sido entregados a Marruecos. Solo dos africanos permanecen subidos a farolas, según las fuentes. La entrada de hoy a Melilla es una de las más numerosas de las que se han producido y recuerda a la del pasado 18 del pasado 18 de marzo, cuando unos 500 subsaharianos accedieron a la ciudad aprovechando una densa niebla.

Surgimiento de la clase samurái El gobierno del Japón feudal inició un proceso de descentralización en el SVIII que hizo que la ejecución de la administración local tuviera dificultades. Durante el siglo IX Japón sufrió un grave declive económico a consecuencia de plagas y diversas hambrunas y a principios del siglo X tuvieron lugar numerosos disturbios, desórdenes y rebeliones debido a la situación que se vivía. El gobierno tomó la decisión de conceder amplios poderes a los gobernadores locales para reclutar tropas con luchadores de espada (katana), arqueros y caballería, alistando a los campesinos como sus seguidores y actuar contra las crecientes rebeliones conforme a lo que creyeran conveniente, lo que les dio a dichos gobernadores un enorme poder político. Es durante este periodo cuando se documenta por primera vez la palabra «samurái», «aquellos que sirven», en un contexto meramente militar.
Un francés de origen magrebí, de 29 años, buscado por su presunta relación con la muerte de cuatro personas en el ataque en el Museo Judío de Bruselas el pasado 24 de mayo fue detenido este viernes en Marsella, en el sur de Francia. Según las últimas investigaciones, se radicalizó en prisión y pasó un año en Siria donde contactó con islamistas radicales. Un joven árabe residente en Francia ataca el museo judío de Bruselas con un arma de fuego y mata a 4 personas. En el momento de su detención, Mehdi Nemmouche, originario de Roubaix (norte de Francia), portaba un fusil kaláshnikov, que estaba envuelto en una bandera con la inscripción Estado Islámico en Iraq y Levante (ISIS), un grupo terroristapresente en Siria. También llevaba un revolver del mismo tipo que el utilizado en la capital belga y portaba un vídeo con la reivindicación de la autoría del tiroteo. Según las autoridades francesas, el detenido estaba en posesión de una grabación en la que una persona graba las armas y la ropa (que llevaba el autor del ataque) y dice que cometió en Bruselas el ataque contra los judíos. El sospechoso fue detenido en la estación de autobuses Saint-Charles de Marsella y estaba fichado por la Dirección General de Seguridad Interior (DGSI), que sospechaba que en 2013 se desplazó a Siria a participar en la ‘yihad’. El arrestado se encontraba en un autobús procedente de Ámsterdam y entre sus pertenencias también había munición, una pequeña cámara de tipo GoPro y una gorra parecida a la que portaba el autor del ataque, según captaron entonces las cámaras de seguridad. Su detención, iniciada el viernes al mediodía, podría prolongarse hasta el jueves, un total de 144 horas, en caso de que los investigadores consideraran la hipótesis de amenaza terrorista “inminente”. En rueda de prensa el fiscal de la República, François Molins, ha facilitado algunos datos de las pesquisas llevadas a cabo hasta ahora. El joven había sido condenado en siete ocasiones por robo y conducción sin carnet, y encarcelado cinco veces, la última de ellas desde noviembre de 2007 a diciembre de 2012. Se cree que se unió a grupos de la Yihad en Siria durante 2013, pero no era conocido por la Policía belga o los servicios de seguridad del país, que ha mantenido la alerta de amenazas en el mismo nivel que la semana pasada, indicó el fiscal, quien señaló que el juez del caso ha pedido la extradición del sospechoso. En Francia sí estaba fichado porque en 2008 y 2009 había sido condenado en dos ocasiones por robo. Las autoridades de ambos países analizarán ahora las armas y las demás pruebas, pero el fiscal belga apuntó a la posibilidad de procesar al detenido por terrorismo y no solo por asesinato y tentativa de asesinato. “Hay que esperar todavía para determinar cómo vamos a proceder”, señaló. El ataque de 24 de mayo costó la vida a una pareja israelí de visita en Bruselas y a una mujer francesa, mientras que el encargado de la recepción, un joven belga de 25 años, se encuentra todavía entre la vida y la muerte, confirmó el fiscal.
La policía investiga a alumnos ficticios y empresas creadas para cobrar subvenciones a través de la Junta de Andalucía Sobre el papel, las empresas solicitaban una subvención para impartir ciclos de formación con compromiso de contratación dirigidos a desempleados. La Junta, a través del Servicio Andaluz de Empleo (SAE), les entregaba un 75% de la ayuda y retenía el 25% restante hasta la conclusión del expediente. Los alumnos se apuntaban y el curso se realizaba. Sobre el papel. Porque, en la práctica, no siempre era así. Los agentes del ‘caso Edu’, que investigan a una veintena de empresas por un supuesto fraude en los cursos de formación destapado en Málaga, han detectado en algunas de ellas indicios de haber sido creadas para percibir estas ayudas. Y que muchos de los asistentes a los cursos no eran tales. Solo nombres y apellidos destinados, presuntamente, a conseguir fondos públicos por la vía de la subvención. Esa es la hipótesis en la que trabajan los investigadores de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía, que indagan en un supuesto fraude que intuyen de decenas de millones de euros. Las pesquisas, no obstante, se encuentran en una fase muy inicial, aunque la hoja de ruta de los agentes pasa por examinar los 3.700 millones en ayudas para la formación concedidas entre 2009 y 2011 en Andalucía. El primer capítulo de la investigación, que comenzó cuando los inspectores de la Seguridad Social detectaron unas anomalías en alumnos que no habían sido dados de alta, se ha plasmado en un informe que ya está en manos de la Fiscalía Anticorrupción de Málaga. El Ministerio Público abrió diligencias en mayo de 2013. Expedientes de 17 empresas El pasado 14 de enero, la UDEF reclamó a la Junta de Andalucía los expedientes relativos a 17 empresas, 16 radicadas en la provincia de Málaga y una en Granada, que obtuvieron subvenciones por valor de 1,5 millones de euros durante el año 2010 para impartir estos cursos. El Gobierno autonómico remitió el 6 de febrero la documentación por la que se había interesado la policía. Los expedientes, de los cuales sólo uno estaba cerrado -el resto se encontraba pendiente de comprobación por parte de la Junta-, se refieren a dos asociaciones en el Valle del Guadalhorce y la Axarquía, 13 academias y centros de formación (desde informática hasta estética), una carpintería y un particular. Los agentes de la UDEF empezaron a vislumbrar las posibles dimensiones del caso tras tomar declaración la semana pasada a 200 supuestos alumnos de los cursos, repartidos a lo largo y ancho de la provincia. Los investigadores se encontraron con la sorpresa de que, al parecer, algunos ni siquiera sabían que estaban inscritos en esos ciclos formativos. Otros simplemente se habían apuntado, pero luego no los realizaron. También habría familiares o amigos de los empresarios que percibieron las subvenciones por, supuestamente, impartirlos. Y, en un último escalón, descubrieron que algunos de los asistentes incluso se les habría obligado a firmar un poder notarial en el que rechazaban la oferta de trabajo. Del lado de los beneficiarios, los investigadores se han encontrado con empresas de todo tipo. Desde centros perfectamente reglados que cumplieron los compromisos por los que habían sido subvencionados, hasta sociedades supuestamente creadas ad hoc para percibir las ayudas -la Junta adelanta el 75% al inicio-, y que dejaban de tener actividad poco después, según las fuentes. De ahí que, en esos casos, nadie reclamara el 25% restante de la ayuda, que permanecía en las arcas de la administración. También se investiga a centros formativos que se comprometieron a impartir ciclos y que, a priori, no tienen capacidad ni empleados para ello -los hay hasta con un solo trabajador-, o a empresas que cobraron ayudas para dar cursos con una temática completamente distinta a su actividad habitual o la que aparece en su razón social. Con estos mimbres, el horizonte de la investigación ha comenzado a extenderse al resto de la región. Los agentes sospechan que las irregularidades destapadas en Málaga podrían salpicar también a otras provincias. Será la siguiente fase de la ‘operación Edu’.