Dangerr_Fenix
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Un extraño Sueño que debía contar a alguien o publicar para ser leído algún día, (Las imágenes son sólo un ejemplo). Soñé que llevaba una niña de 3 años y medio apróximadamente, alzada en mis brazos y corría detrás de un autobús para alcanzarlo, ya que ahí estaba la madre de esa niña. Pero fue inútil, no logré alcanzarlo, a pesar de que estaba lloviendo lo seguí hasta la parada principal donde entregué la niña a la madre, dejó de llover y salió la luz del sol. El chofer del autobús ya se encontraba descansando en una silla fuera del autobús, había cambiado de turno y ahora había un segundo chofer que se encontraba listo para conducir. En esa parada había un perro callejero que no tenía dueño el cual estaba jugando conmigo, abordé el autobús, pero el perro se quedó algo triste. Antes de arrancar el autobús, sentí lástima y bajé a para llevar el perro conmigo, pero sólo conseguí un peluche azul tirado en el piso a un lado del vehículo el cual recogí para lavarlo y regalárselo a mi hija al llegar a casa. Subí rápido al autobús el cual arrancó para continuar con la ruta, era un autobús nuevo y de color gris brillante muy similar es este: Me encontraba dentro de un autobús lleno de mucha gente, me tocó de pie en el pasillo, sin embargo, mi alegría estaba centrada en ese peluche que le regalaría a mi hija. Durante nuestro diálogo él fue muy amable y cordial con los que estábamos a su alrededor. Incluso llegó a comentar una historia acerca de un regalo similar que él le hizo a un niño en una ocasión, pero con el ruido del vehículo y la gente hablando no pude escuchar la narración de esa historia que contó. Luego llegó a un sitio en el que debía estacionar el autobús en reversa. Por poco golpea con la parte trasera del autobús a un joven que estaba distraído en la calle. Pude ver claramente cómo golpeó con la parte trasera del autobús la puerta pequeña de un Banco privado del País. Una vez que logró estacionar el vehículo, el repartió bandejas de comida a guardias y soldados. Después de terminar con el reparto, siguió con la ruta por una avenida en la que había mucha gente protestando, en una marcha o manifestación, casi no dejaban pasar el vehículo por esa avenida. Al llegar a una plaza vi dos estanques de agua... ...con personas dentro, una de ellas era una mujer que estaba sumergida, parecía estar muerta… Fin del sueño. No soy el único que ha tenido ese tipo de sueños, por esa razón que quise compartirlo. No he de temer porque Jehová está conmigo. Isaías 41:10 "No temas, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, sí, te sostendré con la diestra de mi justicia." Salmos 56:4,11 "En Dios, cuya palabra alabo, en Dios he confiado, no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?…"
¿Es difícil recordar algo que haya pasado cuando sólo teníamos 3 años de vida verdad...? Sin embargo esta historia está basada en hechos de la vida real, de los cuales damos testimonio mi madre y yo. 1.- Los recuerdos que mi madre relata (están escritos tipográficamente en letra cursiva). 2.- Mis propios recuerdos (están escritos tipográficamente en letra negrita). Dos recuerdos que al unirse han formado esta historia que hoy 31 de octubre de 2014, 35 años después, documentaré en este Post. Viernes 14 de septiembre de 1979, somos una familia humilde que vivíamos en San Cristóbal (Venezuela), mi madre y yo estábamos alquilados en una pieza o cuarto, en la casa que pertenecía a mis abuelos paternos. Era una casa antigua en la que vivían alquiladas 5 familias. Esa noche me encontraba sentado jugando en la cuna, ¡cuando de repente tocaron la puerta...! Era doña Trina, una señora que estaba alquilada en otra pieza de la misma casa, entonces le dijo a mi mamá. Trinidad Mendoza (Doña Trina). Doña Trina dice: "¡María...! Carmelita, acaba de morir." Eran las 8:00 pm. Aproximadamente cuando mi mamá recibió esa noticia. María se llamaba mi mamá y Carmelita era la mamá de mi papá (mi abuela). Mi madre le respondió: "ahora cuando termine de hacer la cena y alimente a mi hijo paso a mirarla." Doña Trina comentó: "bueno, pero vaya sola porque el frío es dañino para el niño." Mi madre le dijo: "no se preocupe, gracias por decirme, ahora voy." Después de eso mi madre me tomó entre sus brazos, me abrazó fuertemente y volvió a sentarme en la cuna. Luego se dirigió a la cocina para terminar de preparar la cena. Fue ahí en ese momento cuando sucedió lo que menos me imaginaba, con su piel pálida y grandes ojeras que le adornaban el rostro, salió justo de abajo de la cuna mi abuela, sí esa misma señora, la que acababa de morir minutos antes… Carmelita Chacón de Soto (mi abuela paterna). Mi abuela paterna en vida fue una mujer que nunca llegó a quererme, nunca aceptó que llevara su sangre en mis venas, nunca me aceptó como su nieto, simplemente por el hecho de ser el hijo de una mujer extranjera. Cuando me veía solo me pellizcaba, me halaba el cabello, me halaba las orejas, me trataba mal, algo malo inventaba siempre para causarme algún daño, realmente disfrutaba verme llorar. …Y ahora, justo en ese momento la tenía al frente mío, sentí cuando colocó sus manos frías sobre mis piernas. Lo más extraño es que luego soltó mis piernas y juntó la palma de sus manos como pidiendo perdón, por unos segundos me quedé privado observando su pálido rostro y su cuerpo semitransparente, su cintura se hacía cada vez más pequeña, parecía flotar en el aire. Sus labios no pronunciaban ni una sola palabra, sólo estaba ahí, al frente mío, juntando la palma de sus manos como pidiendo perdón. Obviamente sentí mucho miedo al verla demacrada, despeinada y tan deforme que cerré mis ojos y reaccioné gritando con desespero y llorando del susto que me dio esa señora. Rápidamente mi madre preocupada por mí, salió de la cocina y corrió hacia la cuna, cuando escuché su voz que me decía "¿Qué te duele hijo? ¿Por qué lloras?" abrí mis ojos y ya no estaba ese horrible espectro de mi abuela. Mi madre me tomó nuevamente entre sus brazos y me tranquilizó. Para la sorpresa y asombro de mi madre cuando trató de sentarme en la cuna inmediatamente yo comencé a llorar, suplicando que no quería estar ahí, repetía una y otra vez que mi abuela estaba escondida debajo de la cuna. A pesar de que en muchas ocasiones mi madre insistió mostrándome que no había nada ahí abajo, nunca más desde ese día volví a dormir en esa cuna. Después de varios años volvimos a comentar con mi madre lo que había pasado esa noche, me abrazó y luego me dijo: “Es muy probable que tu abuela haya venido a pedirte perdón después de muerta por todo lo malo que te había hecho en vida para poder irse a descansar en paz.” Funeral de mi abuela paterna Carmelita Chacón de Soto, 16 de septiembre de 1979. Fue algo inolvidable sin duda alguna, y aunque nunca más volví a saber nada mi abuela, jamás olvidaré esa experiencia que cambió mi vida para siempre a los tres años de edad. La recuerdo, como si hubiera sido hoy...